jueves, 10 de septiembre de 2015

Algunas ideas de Federico Nietzsche

              

(Apuntes obtenidos de los libros:”Historia de la Teoría Política” (Vol. Nº 5)
 de Fernando Vallespin y “Vida de Nietzsche” de Daniel Halévy;)



Nietzsche, el Arte y la Verdad


a.       Propugna una fuerza individual indómita a toda servidumbre procedente de una colectividad en crisis, cuya rebeldía ha de asentarse en el porvenir de una expresión artística, que es radicalmente distinto del establecimiento autoritario de una soberanía militar, basado en el reforzamiento de los lazos religiosos y plegado a las tradiciones morales del pasado;

b.      Nietzsche otorga una virtud al arte de la que la verdad está exenta. La creación estética deja discurrir la apariencia e impulsa la continua transfiguración de la vida;

c.       La verdad –no cabe apariencia más engañosa- es la apariencia fija, que establece y conserva la vida en una perspectiva establecida. Tal consolidación de la vida no es sino su bloqueo, inmovilización y destrucción;

d.      Mientras el arte es voluntad transfiguradora de las apariencias, la verdad representa la engañosa estabilización de una perspectiva que, pretendiendo conservar la vida, la destruye;

e.       Esta oposición entre arte y verdad se ve impulsada por la voluntad de poder, como acrecentamiento de la vida, voluntad de verdad, en cuanto fijación y degeneración de la vida;

f.       Frente al nihilismo, el arte ha de materializar, para Nietzsche, la afirmación de lo sensible en cuanto elevación, sobrepasamiento, afirmación de los rasgos más extremos. Esto supone una transformación en la jerarquía del conocimiento: prevalecimiento de lo sensible sobre lo suprasensible, lo cual prepara un futuro más pródigo;

g.      Su alma se siente colmada, habiendo encontrada su verdad. Esta verdad es dura, pero ¿qué importa? Desde hace largo tiempo su instinto le ha prevenido y preparado. “¿Qué buscamos?, había escrito a su hermana; ¿el reposo, la felicidad? No; nada más que la verdad, por espantable y mala que pueda ser...” (V. de N. p 373-8);

h.      Nietzsche quería demostrar que los sabios deben resolver este conflicto aceptando el criterio de los artistas. (V. de N. p. 59);

i.        “El arte – escribe Ricardo Wagner dirigiéndose a Luis ll- me permite indicarlo a mi muy querido amigo, es la tierra prometida y bienhechora. Si él no puede elevarnos de una manera total y real por encima de la vida, al menos nos eleva a las más altas regiones de la vida misma. (V. de N. p. 63);

j.        Sin disciplinas y sin jerarquías, había escrito él, no puede subsistir la cultura. No todos tienen derecho a participar de la belleza; la inmensa mayoría debe vivir humildemente, trabajando para sus amos y respetando sus vidas. Tal es la economía que garantiza su fuerza a las sociedades, y, en recompensa de su fuerza, la delicadeza, la gracia y la belleza; tal es el orden que Europa vacila en mantener. (V. de N. p. 96);

k.      Deploré profundamente que el valor metafísico del arte no se pueda manifestar a las pobres gentes; pero aún existe una misión más alta que cumplir. Nunca, por vivo que fuese mi dolor (el incendio del Loubre en la guerra civil francesa de 1848), habría yo arrojado la primera piedra a esos sacrílegos, que no son a mis ojos sino los portadores de la culpa de todos, culpa sobre la que hay mucho que pensar...(V. de N. p. 97);

l.        -¡Debemos hacer un ensayo con la verdad!- responde Zarathustra-. Y si la verdad debe destruir a la humanidad, pues bien, ¡que así sea! (V. de N. p. 246);

m.    El mundo metafísico no existe, y los racionalistas sueñan; no existe el mundo moral, y los moralistas sueñan. ¿Qué queda, pues? “¿El mundo de las apariencias, tal vez? No hay tal cosa; con el mundo de la verdad hemos abolido el mundo de las apariencias.” Sólo existe la energía renovada a cada instante. (V. de N. p. 323);



Nietzsche y el “eterno retorno”

Es una posición ética de Nietzsche que consiste en no buscar sólo pequeñas compensaciones, alegrías suficientes, gratos placeres, sino el acrecentamiento sin paliativos de la propia potencia transformadas en acciones que quisiéramos repetir eternamente;

Esta potenciación de sí mismo es superior a todo condicionamiento exterior.  Querer ser uno mismo, rebasar los propios límites, para ser aquello que uno es, exige sustraerse a toda fuerza externa que paralice el propio devenir sobreabundante;

Negar toda forma impuesta desde el exterior no significa asumir la desorganización de la propia potencia. Asume la capacidad autolegisladora del “gran estilo” que es fundamentalmente querer ser uno mismo, afirmarse, no en estado subsistente sino en devenir al propio ser, a la máxima potencia;

El “eterno retorno” satisface la exigencia de un mundo perspectivista y en continuo devenir. Esto plantea la exigencia de un nuevo principio rector: la incondicionada afirmación del mundo sensible y un firme rechazo de cualquier fin trascendente;

La gravedad normativa del “eterno retorno” no supone la coagulación o la anemia de la vida, muy al contrario representa la constancia del caos como superfluo fluir de múltiples formas posibles;

Una religión diferente está reservada a quienes puedan soportar el eterno retorno. A través del lenguaje la voluntad moviliza al mundo hacia su ser más extremo. La palabra de Zaratustra legisla diciendo qué debe ser el mundo: la palabra que otorga el sentido del mundo, como si se tratase de una profecía, se encuentra así ligada a la propia voluntad y no al entendimiento o a la razón;

¿Qué es, pues, la humanidad? Apenas lo sabemos: ¿un grado en un conjunto, un período en un devenir, una creación arbitraria de Dios? ¿El hombre, es otra cosa que una piedra evolucionada a través de los mundos intermedios de las flores y las faunas? ¿Es ya un ser acabado, o qué le reserva la historia? ¿No tendrá fin este devenir eterno? ¿Cuáles son los resortes de este gran reloj? Están ocultos; pero por largas que sea la duración de la gran hora que llamamos historia, son los mismos en cada instante. Las peripecias están escritas sobre el cuadrante; la aguja avanza y, cuando la duodécima hora ha sido alcanzada, recomienza una serie: da principio a un nuevo período en la historia de la humanidad. (V. de N. P. 21)

...la humanidad es una bagatela, una creación arbitraria de Dios; un devenir absurdo la arrastra hacia comienzos sin término, hacia retornos eternos; (V. de N. P. 21);

¿Crees tú esta aceptación más difícil que el luchar contra los hábitos, en la duda y el aislamiento, sometidos a todas las depresiones del alma, más digo: a los remordimientos, desesperado con frecuencia, pero siempre orientado hacia el eterno fin, ya que el descubrimiento de las vías nuevas llevan a lo verdadero, lo bello y a lo bueno? (V. de N. p. 34);

… una corriente poderosa me lleva hacia ideas positivas; todos los días gozo de horas exuberantes que me colman de ricos puntos de vista, de concepciones reales; …jamás dejo de enviarte una larga carta llena de pensamientos y buenos deseos; y la lanzo a través del cielo azul, confiando, para que la lleve hasta ti, en la electricidad que une nuestras almas. (V. de N. p. 65);

¡Seamos fuertes, queridos, queridísimos amigos! Yo siempre tengo fe en el progreso, en nuestro progreso; creo que siempre iremos creciendo en ambiciones leales y en fuerza; creo en el éxito de nuestra carrera hacia metas cada vez más nobles y lejanas. ¡Sí, las alcanzaremos; luego, vencedores, descubriendo metas más distantes, nos lanzaremos hacia ellas, siempre fuertes! ¿Qué nos importa que sean pocos numerosos, tan poco numerosos, los espectadores cuyos ojos pueden seguir nuestra carrera? ¡Qué importa, si tenemos por espectadores a aquellos cuyas cualidades los hacer ser los únicos capaces de juzgar el combate!! (V. de N. p. 117);

La vida, decía Schopenhauer, es una mera voluntad de vivir; todo ser aspira a perseverar en el ser. Es poco decir, piensa Nietzsche; la vida aspira constantemente a extenderse, a crecer; quiere, no conservarse a sí misma, sino acrecerse; un principio de conquista y de exaltación debe ir ligado a su esencia. (V. de N. p. 198);


Lou Salomé había oído en Bayreuth el misterio cristiano, la historia del dolor humano sufrido como una prueba y consolado finalmente por la bienaventuranza. Federico Nietzsche le enseño un misterio todavía más trágico: el dolor es nuestra vida y nuestro destino mismo; no esperemos pasar a través de él; aceptémoslo más plenamente de lo que hicieron los cristianos. Detengámonos en él, desposémonos con él, amémoslo con un amor activo, seamos ardientes e implacables como él, duros para con los demás como para con nosotros mismos; aceptémoslo con su crueldad, aceptémoslo con su brutalidad; atenuarlo es ser cobarde; y meditemos, para templar nuestro valor, el símbolo del Retorno Eterno. (V. de N. p. 223);

Ninguno de los antiguos valores será abandonado; todos reaparecerán, transfigurados, sin duda, más poderosos, más intensos, en un mundo iluminado hasta lo más profundo por la ciencia. Todo lo que de niños y adolescente hemos amado; todo lo que ha sostenido y exaltado a nuestros padres, lo volveremos a encontrar. Un lirismo y una bondad, las virtudes más sublimes y también las más humildes, las volveremos a encontrar, cada una en su gloria y dignidad. Pero, antes, es preciso consentir en la noche, es menester renunciar y buscar. (V. de N. p. 258);


Noetzsche y el Superhombre

La idea del superhombre es el símbolo de un progreso real que modifica las cosas y es promesa de una evasión posible más allá del azar y la fatalidad. (V. de N. p. 230);

Ricardo Waygner ha querido mostrar a la humanidad salvada de su flaqueza por el misterio eucarístico, la sangre turbia de los hombres renovada por la sangre eternamente vertida de Cristo. Federico Nietzsche quiere mostrar a la humanidad salvada de su flaqueza por la glorificación de su propia esencia, por las virtudes de un grupo escogido, que purifica y renueva su sangre voluntariamente. (V. de N. p. 231);+

El Eterno Retorno no lo satisface ya, pues no acepta el vivir prisionero dentro de una naturaleza ciega. La idea del Superhombre, que es un principio de acción y una esperanza de salvación, por el contrario lo seduce (V. de N. p. 231);

¿Cuál es el sentido de esta idea? ¿Es una realidad o un símbolo? ¿Una ilusión o una esperanza? Imposible decirlo. El espíritu de Nietzsche es rápido y siempre oscilante. La vehemencia de la inspiración que lo arrastra no le deja ni el tiempo ni la fuerza de definir; no acaba de comprender las ideas que lo agitan y él mismo las interpreta en diversos sentidos. (V. de N. p. 231);

A veces, el Superhombre le parece una realidad muy seria; pero con más frecuencia, al parecer, descuida o desdeña toda creencia literal, y su idea no es sino una fantasía lírica que ejecuta para animar a la baja humanidad. Es una ilusión, una ilusión útil y bienhechora, diría, si aún fuese wagneriano y si se atreviera a emplear de nuevo el vocabulario de  sus treinta años. En esos momentos gustaba de repetir la máxima de Schiller: atrévete a soñar y a mentir... El Superhombre, creemos nosotros, es sobre todo el sueño y la mentira de un poeta lírico. Cada especie tiene sus límites, que no puede franquear. Nietzsche lo sabe, y lo escribe. (V. de N. p. 232);

El hombre noble se halla siempre en peligro de convertirse en un insolente, en un burlador y un destructor. (...) Por mi amor y mi esperanza, te conjuro: ¡no arrojes al héroe que hay en tu alma; cree en la santidad de tu más alta esperanza! (V. de N. p. 232);

“¡Hermanos míos, permaneced fieles a la tierra, con toda la fuerza de vuestro amor! Que vuestro pródigo amor y vuestro conocimiento concuerden con el sentido de la tierra. Yo os lo suplico y os conjuro a ello..¡No dejéis a vuestra virtud volar lejos de las cosas terrestres y aletear contra muros eternos! ¡Ay, hubo siempre tanta virtud extraviada! ¡Como yo, traed de nuevo hacia la Tierra a la virtud extraviada; sí, hacia la carne y hacia la vida, a fin de que dé su sentido a la tierra, un sentido humano! (V. de N. p. 233);

Pero choca sobre todo con una dificultad de fondo, que tal vez no concibe claramente: los dos símbolos sobre los cuales hace reposar su poema, el “Retorno Eterno” y el Superhombre, constituyen conjuntamente un desacuerdo que hace imposible la terminación de su obra. El “Retorno Eterno” es una áspera verdad, que suprime toda esperanza; el Superhombre es una esperanza y una ilusión. De uno a otro no hay puente alguno, y la contradicción es completa. Si Zarathustra enseña el Retorno Eterno, no podrá suscitar en las almas una creencia apasionada en la superhumanidad; y si enseña el Superhombre, no podrá propagar el terrorismo moral del “Retorno Eterno”. No obstante, Federico Nietzsche, obligado a refugiarse en este absurdo por el desorden y la premura de sus pensamientos, impone a Zarathustra esta doble tarea. (V. de N. p. 248);

Zarathustra ahuyenta a sus huéspedes: él quiere obreros nuevos para un mundo nuevo. ¿Los encontrará alguna vez? Cuando menos los llama: Hijos míos, raza mía de sangre pura, mi hermosa raza nueva; ¿qué es lo que retiene a mis hijos en sus islas? (V. de N. p. 267-8);


lunes, 7 de septiembre de 2015

Repensar la reforma educativa según "Edgar Morin"


Ramón E. Azócar A
Edgar Morin es uno de los pensadores franceses más importantes de su época. Director emérito de investigaciones en el Centro Nacional de Investigación Científica;.tiene una obra múltiple que está guiada por la preocupación de un conocimiento que no esté mutilado ni dividido, capaz de abarcar la complejidad de lo real, respetando lo singular a la vez que lo integra en su conjunto. En este sentido: ha efectuado investigaciones en sociología contemporánea (El espíritu del tiempo, edit. Grasset, 1962-1976); se ha esforzado por concebir la complejidad antroposocial incluyendo la dimensión biológica y la dimensión imaginaria (El hombre y la muerte, Seuil, 1951, El cine o el hombre imaginario, Minuit, 1956, El paradigma perdido: la naturaleza humana, Seuil, 1973); enuncia un diagnóstico y una ética para los problemas fundamentales de nuestro tiempo (Para salir de siglo XX, Nathan, 1981, Pensar Europa, Gallimard, 1987, Tierra Patria, Seuil, 1993, Une politique de civilisation, con Sami Naïr, Arléa, 1997); y finalmente ha elaborado en veinte años (1977-1991) un Método (1. La Naturaleza de la naturaleza, 2. La Vida de la vida, 3. El Conocimiento del conocimiento, 4. Las Ideas, su hábitat, su vida, sus costumbres, su organización, Seuil) que permitiría una reforma del pensamiento.

La complejidad humana (Flammarion, 1994) reúne conceptos clave de la obra de Edgar Morin (fragmentos de sus principales obras) y permite un primer acercamiento al "pensamiento complejo". Morin desemboca en una visión del hombre basada en la super e hiperanimalidad humana, en la bioculturalidad que define lo humano y en la demencia consustancial a lo humano. Morin considera al cerebro como el epicentro organizativo de las diversas esferas constitutivas del universo antropológico y establece una relación entre la hipercomplejidad cerebral y la demencia constitutiva de lo humano.

Edgar Morin resulta también muy relevante por su interés actual en la reforma del sistema de enseñanza. Debido al prestigio multidisciplinar de que goza, el gobierno francés le encargó la reforma del sistema educativo en Francia. Sus propuestas han quedado plasmadas en libros como La mente bien ordenada, Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, o La Cabeza bien puesta. En estos momentos un equipo transdisciplinar, e internacional acomete un programa de investigación sobre la reforma de la enseñanza universitaria.

Morin no es un “moralista”, un predicador de normas y de “buenas costumbres”. No nos presenta una lista de cosas que deben hacerse y otra de cosas prohibidas. El seguimiento de morales normativas puede llegar a resultar humanamente muy doloroso y destructivo en ciertas circunstancias, pero intelectualmente y éticamente resulta una “vía fácil”, en la que desaparece el cuestionamiento de lo que hacemos y la perplejidad ante lo real. La ética que nos propone Morin es ética de resistencia a la crueldad. Pero también es ética creadora de realización de la vida humana.

Visión general del pensamiento de Morin en el texto “La Cabeza bien puesta”Para entender el cuerpo teórico que está implícito en el texto “La Cabeza bien puesta” de Edgar Morin, hay que entender un tanto la nomenclatura de eso que se llama complejidad.

Lo simple y lo simplificado
Lo simple es lo que puede concebirse como “una unidad elemental indescomponible”, excluye lo complicado, lo incierto, lo ambiguo, lo contradictorio. La aplicación de un “pensamiento” – “teoría” – “método” simple a un fenómeno complejo conduce a una simplificación, la cual es la disyunción entre entidades separadas y cerradas, la reducción a un elemento simple, la expulsión de lo que no entra en el esquema lineal. En una palabra lo resume Morin: “Lo simple no existe: solo existe lo simplificado”.

La complejidad es lo que no es simple; lo que no puede resumirse en una palabra maestra, a una ley. Es un tejido de constituyentes heterogéneos inseparablemente asociados, una paradójica relación de lo uno y lo múltiple, una mezcla íntima de orden y desorden. ¿Cómo se nos presenta? Como lo inextricable, lo enredado, lo ambiguo, la incertidumbre. Por ello, la educación debe estar orientada a comprender la incertidumbre y no a desviarse de su influencia, tratando, erróneamente, de alcanzar soluciones que terminan por ser “ilusiones”, es decir, pensamiento superficial.
Debemos ser prudentes para no caer en ilusiones La complejidad conduce a la eliminación de la simplicidad. La confusión de la complejidad con la completud, hace que no se perciba la realidad en el contexto real en que se encuentra en nuestras relaciones en sociedad: la totalidad es la no verdad.

La confusión de la complejidad con complicación, hace creer que lo complejo puede resumirse en la palabra complejidad, retrotraerse a una “ley de complejidad”. Creer en la posibilidad de eliminar la contradicción, la incertidumbre y lo irracional, es el inmenso laberinto en el que se encuentra el Sistema Educativo actual.


Por un pensamiento complejo se ha de entender en el ámbito de la Reforma Educativa como el reconocimiento de un principio de incompletud y de incertidumbre en el seno de todo conocimiento; ante el cual se ha de aspira a un saber no parcelado, no dividido, no reduccionista, evitando un conocimiento-acción unidimensional y mutilante.

Lograr un pensamiento multidimensional que sea capaz de concebir la complejidad de lo real, hace necesario la búsqueda de un método para “Unir lo separado” – “Articular lo que está desunido”

Ello lleva a un planteamiento concreto en el texto La Cabeza bien puesta: La Educación ha de ser Organizador de la organización; es decir, donde los individuos conocen, piensan y actúan en conformidad con los paradigmas culturalmente inscriptos en ella.

El paradigma orienta, gobierna y controla la organización de nuestros razonamientos y sistema de ideas. Es organizador de la organización en tanto gobierna los principios de pensamiento y se encuentra en el corazón de los sistemas de ideas, y comporta un múltiple enraizamiento: lingüístico-lógico-ideológico y también cerebral-psíquico-sociocultural.
Necesitamos Reformar la Educación para motivar el surgimiento de un pensamiento que se dé cuenta de que el conocimiento de las partes depende del conocimiento del todo, y que el conocimiento del todo depende del conocimiento de las partes; así mismo, que reconozca y analice los fenómenos multidimensionales en lugar de aislar, mutilando, cada una de sus dimensiones y analice las realidades que son al mismo tiempo solidarias y conflictivas. Ello sin obviar el respete a lo diverso, en donde al mismo tiempo se reconozca la unidad.

Según Edgar Morin los principios para una reforma del pensamiento generará un pensamiento del contexto y de lo complejo. Un pensamiento que vincule y afronte la falta de certeza, reemplazando la causalidad lineal por una causalidad multireferencial.

A todo esto, Morin se pregunta: ¿Quién educará a los educadores? Y se responde: Una minoría de educadores, animados por la fe en la necesidad de reformar el pensamiento y en re-generar la enseñanza, los cuales proporcionaran una cultura para contextualizar, distinguir, globalizar, preparar las mentes para que respondan a los desafíos complejos, para enfrentar las incertidumbres y educar para la comprensión humana.

Otro aspecto que toca Morin en su texto La Cabeza bien puesta, es el error, el cual es muy común en la actual visión simple del pensamiento. Para evitar las cegueras, o errores en el conocimiento, se hace necesario reconocer sus imperfecciones, debilidades y errores. No subestimar estos componentes, enseñar a convivir y dialogar con el error y la ilusión. La búsqueda de la verdad exige meta-puntos de vista.

Morin en los capítulos del 1-4 del texto La Cabeza bien puesta, hace hincapié, de manera muy general, en los principios de un conocimiento pertinente. Él expresa que en nuestra era planetaria es necesario un conocimiento que entienda los problemas globales, en su contexto y en su conjunto. Ese conocimiento debe superar las antinomias de los conocimientos hiperespecializados e identificar la falsa racionalidad (abstracta y unidimensional); pero a la vez ese conocimiento ha de venir acompañado por la enseñanza de condición humana, en donde el proceso formativo esté guiado en aprehender al ser humano, situado en el universo y a interrogarse sobre nuestro devenir.

Ahora bien, para Morin enseñar la condición humana implica crear condiciones en las cuales cada persona reconozca su identidad terrenal, rdevelando lo humano de la humanidad y su pertenencia a una comunidad de destino, a una tierra-patria.

El siglo XX representó, según Morin, una era de antagonismos que dejó una mundialización unificadora y global pero conflictiva y desigual. El siglo XXI enfrenta retos descomunales, dando cuenta de las nuevas incertidumbres en la ciencia para demostrar las debilidades del paradigma de la simplicidad. Así mismo, se incluye la incertidumbre como variable en nuestro pensamiento, para pensar estratégicamente y no programáticamente. Ese es el gran “desafío”. (Capítulo I- Los Desafíos, págs.13-21)

Pensar en el futuro como incertidumbre, es asumir el nuevo tiempo con la mente calzada en el esquema real de los nuevos desafíos educativos. Enseñar la comprensión es estudiar las raíces de esa incomprensión, fuente de males para el hombre (racismo, xenofobia, discriminación).

La misión espiritual de la educación es enseñar a comprender al ser humano, y luchar por una ética de la comprensión humana, para lograr una paz planetaria.

La ética del género humano es promover una educación que mire a una antropoética, la cual reconozca y forme conciencia de la trinidad individuo-sociedad-especie; que muestre a la humanidad como comunidad planetaria; que fomente una educación para la toma de conciencia de nuestra tierra-patria y traducirla a una ciudadanía terrenal; y que consiga una reforma del pensamiento, una política del hombre y una política de civilización. (Capítulo II- La Cabeza bien puesta, págs.23-35)

Cuando Morin se refiere a la complejidad se refiere a lo enredado, al desorden, a la ambigüedad, a la incertidumbre, lo que implica la necesidad de un pensamiento múltiple y diverso que permita su abordaje. El no reconocimiento de esta dialógica orden/desorden nos sumerge en lo que él llama una “inteligencia ciega”, que no ve más allá de sus propios límites y ni siquiera reconoce esos limites. Morin entiende por “paradigma de la complejidad”, un principio de distinciones/relaciones/oposiciones fundamentales entre algunas “nociones matrices” que generan y controlan el pensamiento, es decir la constitución de teoría y la producción de los discursos de los miembros de una comunidad científica determinada. De ello resulta una evidente ruptura epistémica, una transformación fundamental de nuestro modo de pensar, percibir y valorar la realidad signada por un mundo global que interconecta pensamientos y fenómenos, sucesos y procesos, donde los contextos físicos, biológicos, psicológicos, lingüísticos, antropológicos, sociales, económicos, ambientales son recíprocamente interdependientes.

Morin distingue acciones concretas entre dos términos: educación y enseñanza. Por un lado, la palabra “enseñanza” no basta, y por el otro, la palabra “educación” implica algo de más y una carencia. Por esta razón, piensa en una enseñanza educativa. La misión de esta enseñanza es trasmitir, no saber puro, sino una cultura que permita comprender nuestra condición y ayudarnos a vivir. Al mismo tiempo, debe favorecer una manera de pensar abierta y libre.

Morin busca favorecer la autonomía del pensamiento. Por esta razón, un pensamiento capaz de no estar encerrado en lo local y lo particular, que pueda concebir los conjuntos seria capaz de favorecer el sentido de la responsabilidad y de la ciudadanía. La reforma del pensamiento tendrá consecuencias existenciales y éticas.

El conocimiento es una orientación del hombre en el mundo, es una forma de dar coherencia y sentido a su posición interna con respecto a su realidad y a la de los otros.

Por su naturaleza, el ser humano es a la vez físico, biológico, psíquico, cultural, social e histórico. Morin remarca, que esta unidad compleja que es la naturaleza humana, está completamente desintegrada en la educación. Por esta razón, hay que restaurarla de tal manera que cada uno, -desde donde esté- tome conciencia al mismo tiempo de su identidad compleja y de su identidad común a todos los demás humanos. Así, la condición humana tendría que ser objeto esencial de cualquier educación. (Capítulo III- La Condición Humana, págs.37-48)

En el desenvolvimiento e intercambio con los otros, el sujeto sufre una constante interferencia de su posición interna como de su proceder en el mundo. De este feed back entre individuos se constituye lo socio-cultural, el medio en donde se organiza y reorganiza la vida tanto singular de los sujetos como toda la posibilidad de construcción común de los conocimientos. La ciencia, la educación, la política, los procesos sociales y económicos no puede escapar al condicionamiento cultural. Las manifestaciones científicas y culturales ligadas a los conceptos emergentes están involucradas en circuitos recursivos, en interacciones no lineales dentro de la ciencia y la cultura misma.

La subjetividad y las relaciones socio-culturales se organizan en el trazado de ciertas metáforas, de ciertos horizontes que generan presuposiciones y expectativas, configurando creencias y visiones a futuro. (Capítulo V- Aprender a vivir, págs.49-57)

Con "La Cabeza Bien Puesta, Repensar la Reforma, Reformar el Pensamiento", Edgar Morin (1999), quiso sentar las bases para una verdadera reforma educativa. Más allá de la connotación reduccionista que puede significar el término "enseñanza" en el sentido de "instrucción", Morin plantea una "enseñanza educativa" cuya misión habría de ser, no sólo la transmisión de conocimientos, sino de una cultura que permita comprender nuestra condición y ayudarnos a vivir.

El "paradigma de la simplificación", formulado por Descartes, que ha sido rector del saber occidental desde el siglo XVII, postuló como principio de toda verdad las ideas "claras y distintas" (Descartes, 1637) y la búsqueda de reglas fijas para descubrir verdades. Este pensamiento disyuntor, terminó por entorpecer el camino de la ciencia hacia su propio conocimiento, coartándole la posibilidad de reflexionar sobre sí misma.

En todo el pensamiento cartesiano se distinguen dos importantes principios: el de separación y el de reducción, teniendo este última una doble articulación: por una parte, la reducción del conocimiento del todo, al conocimiento de la suma de las partes; y por la otra, la limitación de lo cognoscible a lo mensurable, donde lo verdadero es lo evidente y lo evidente a su vez, debe estar definido por la claridad y la distinción.

La historia del pensamiento moderno estuvo signada por este esfuerzo de comprender la naturaleza de las cosas y los sucesos simplificando permanentemente los fenómenos para su mejor comprensión. Y fue, precisamente, bajo el manto de este pensamiento mecanicista, que se produjo la reducción de lo complejo a lo simple y la hiperespecialización, fragmentando profundamente el entramado complejo de la realidad hasta llegar a la ilusión de admitir que una mirada reducida sobre lo real, puede llegar a tomarse por la realidad misma.

La educación no ha sido ajena a este pensamiento simplificador. Frente a realidades cada vez más complejas que ponen en evidencia la necesidad de un conocimiento multidisciplinario, la educación, tradicionalmente, ha formado al ser humano con esquemas disyuntores, que buscan la comprensión a través de la separación de las partes.

Una verdadera reforma educativa, requiere un profundo cambio en los esquemas tradicionales de enseñanza. Una postura abierta a la realidad en sus múltiples facetas, desde sus distintas aristas, enmarcada en una dialógica de aspectos que pueden ser, al mismo tiempo, antagónicos y complementarios.

En este sentido, la reforma que plantea Morin, trasciende a la reforma curricular, porque entraña el concepto de un hombre que entrelaza una vertiente biofísica y otra psico-socio-cultural, ambas en permanente.


domingo, 6 de septiembre de 2015

Surgimiento y desarrollo de los sistemas.

Jaime Yanes Guzmán
Santiago de Chile, julio de 2009

Un sistema surge cuando un conjunto de elementos comienza a conservar una dinámica de interacciones y de relaciones, dando origen a un “clivaje” operacional que separa a un subconjunto (sistema) de otros elementos (entorno). El sistema está compuesto de una organización o configuración relacional entre elementos al separarse de otros elementos o entorno, y de una estructura que comprende al conjunto de elementos y relaciones que realizan esa organización en la unidad operacional particular que surge separada de ese medio(Maturana,H. y Varela, F, 1974). Para Ackoff (1960) “Un sistema es la unidad resultante de las partes en mutua interacción”. Morín (1977) nos señala que “Un sistema es una unidad global organizada de interrelaciones entre elementos, acciones o individuos”.


El nacimiento de un sistema es el surgimiento de un orden determinado a partir del caos como formación espontánea de sistema y medio, sin entender con esto al sistema exclusivamente como un principio  de ordenación. Todo surge del caos cuando lo que se forma es el inicio de la conservación de una organización que no preexistía, porque, según ambos autores, el observador no la podía deducir desde sus coherencias operacionales (mecanismo generativo) donde lo nuevo tiene sentido relacional.

Para Maturana y Varela (1995), la comunicación y el lenguaje juegan un rol determinante en la formación y desarrollo de los sistemas sociales humanos. El fenómeno social como sistema, agregan ambos autores, está asociado a la participación de los organismos en la constitución de unidades de tercer orden. Estos sistemas sociales humanos satisfacen sus ontogenias mediante acoplamientos mutuos en la red de interacciones a través de la  comunicación. La comunicación, según estos autores,  es una clase particular de conducta que se da en el operar de los organismos en los sistemas sociales. Su efecto lo determina la dinámica estructural del sistema social y no el agente perturbador, no depende de lo que el agente le envía como efecto entrópico recibe, sino de la reacción del sujeto que lo recibe.

Los sistemas sociales humanos existen como unidades orgánicas que conservan su adaptación  al medio. Su identidad depende de la conservación de la adaptación de los seres humanos no sólo como organismos sino también como componentes de los dominios lingüísticos que constituyen, a sus conductas lingüísticas. Estos sistemas, según Maturana y Varela,  requieren componentes acoplados estructuralmente en dominios lingüísticos, donde los componentes pueden operar con lengüaje, ser observadores y ampliar el dominio del lengüaje, ampliando la creatividad individual.

Morín (1981) señala que la verdadera textura de un sistema no se acerca a una unidad indivisible, sino que por el contrario se desarrolla como unidad compleja, definida por su naturaleza organizacional que no se explica por sus elementos constituyentes, sino que por el contrario, es el sistema el que va recreando las características de cada uno de sus componentes.

El universo, plantea este autor, es una arquitectura de sistemas, tiene carácter polisistémico organizado. No existen partículas elementales, objetos, piezas separadas unas de otras. Todos ellos son sistemas en un “archipiélago de sistemas” (Morin, 1981) en un universo siempre desordenado. Señala este autor que existe una trinidad totalidad-interrelación-auto-organización. Agrega Morin que « En efecto, no es suficiente asociar interrelación y totalidad, hace falta ligar totalidad a interrelación por la idea de organización. Mejor dicho, las interrelaciones entre elementos, eventos o individuos, en cuanto tienen un carácter regular o estable, se vuelven organizacionales y constituyen un “horno”. La organización, concepto ausente de la mayoría de las definiciones del sistema, estaba como aplastada entre la idea de totalidad y la idea de interrelaciones, mientras las vincula, las tres nociones se vuelven indisociables. Desde entonces, podemos concebir el sistema como unidad organizada de interrelaciones entre elementos, acciones o individuos » (El Método, Tomo I, p.102)


La filosofía “bootstrap” de Geoffrey Chew (Ver Capra, 2003) sostiene que las cosas deben entenderse plenamente a través de su autoconsistencia, de sus relaciones mutuamente consistentes, de la consistencia entre sí y consigo mismo. También la filosofía “bootstrap” abandona la idea de bloques fundamentales de materia, no acepta ninguna entidad fundamental en absoluto, constante, ley ni ecuación fundamental. (Cf: Montaigne: “Le monde est une branloire perenne” )Señala que el Universo es una red dinámica de sucesos interrelacionados. Ninguna de las partes de dicha red es fundamental; todas se desprenden de propiedades de otras partes y la consistencia global de sus interrelaciones determina la estructura de la totalidad de lo real.

Chew indica que la naturaleza debe entenderse como red de sucesos interconectados; que las partículas son pautas dinámicas en esta red; que cada partícula está relacionada con todas las demás, incluso consigo mismo. Desde este punto de vista, plantea este autor, la ciencia del futuro no tendrá cimientos firmes, la metáfora de la construcción será reemplazada por la de la red o el entrelazamiento, en que ninguna parte es más fundamental que cualquier otra.(Cf: Metáfora de JLLM de la construcción del conocimiento como isla volcánica).


Señala además la conjetura “bootstrap” que la existencia de la conciencia junto con todos los demás aspectos de la naturaleza, es necesaria para la autoconstrucción del conjunto. Ocurre un fenómeno social cuando el observador ve dos o más organismos en interacciones recurrentes que siguen un curso operacional de aceptación mutua (Maturana, H. y Varela, F. 1974).

La Cibernética (N. Wiener, 1948) es un neologismo griego para denominar el campo de la teoría del control y la comunicación en máquinas y animales. Cuando deseamos que un movimiento siga su patrón determinado, la diferencia entre este patrón y el movimiento realmente efectuado se denomina feedback (retroalimentación), el cual se utiliza como nuevo impulso para que la parte regulada se mueva de tal modo que su movimiento se aproxima más al previsto por el patrón. Y en la medida que el movimiento se acerque al objetivo propuesto por el patrón definido, disminuye progresivamente este movimiento.

 Según W. Roos, los temas de la cibernética son la coordinación, la regulación y el control porque invisten mucho interés para la biología y la práctica. La cibernética también es una teoría de las máquinas, pero no estudia objetos, sino modos de comportamiento. Pregunta fundamentalmente ¿qué hace?. Es, por lo tanto, esencialmente funcional y conductista.

Para Newton, dentro de su concepción mecanicista, un sistema era un mecanismo que opera según leyes inmutables. Conforme lo expone Bertalanffy, un sistema puede definirse como un complejo de elementos f1,f2...fn en interacción, definición a la cual, según Rodríguez Delgado convendría añadirle la característica de poseer una frontera o límite –más o menos borroso- que separa al sistema de su entorno. Francois caracteriza el sistema como una entidad autónoma dotada de una cierta permanencia y constituida por elementos interrelacionados que forman subsistemas estructurales y funcionales, que se transforma dentro de ciertos límites de estabilidad, gracias a regulaciones internas que le permiten adaptarse a las variaciones de su entorno específico. Por su parte Ackoff y Gharajedagi dicen que un sistema es un todo que funciona y que no puede ser dividido en partes independientes.

El tema de la cibernética (Venegas, 2001) es el ámbito de todas las máquinas posibles y tiene importancia secundaria el hecho de que algunas de ellas aún no hayan sido construidas o que no se den en la naturaleza. Lo que la cibernética ofrece es una estructura en la cual se pueden comprender, ordenar y describir todas las máquinas singulares. La cibernética trabaja con lo amplio y general y no inquiere de una máquina ¿qué acto singular realiza aquí y ahora?, sino ¿cuáles son todos sus modos de comportamiento posible? No se trata ya de explicar un fenómeno de manera causalista, sino de entender su comportamiento natural o artificial, en función de su capacidad de finalizarse durante un tiempo.

La teoría de la cibernética desempeña un papel esencial en el tema, pues dicha teoría se caracteriza fundamentalmente por tratar siempre conjuntos de posibilidades; tanto los datos primarios como los enunciados finales se refieren siempre al conjunto como tal y no a elemento particular alguno del mismo.

La cibernética pregunta por qué un sistema evoluciona hacia una forma y no hacia otra. La cibernética encara un conjunto de posibilidades mucho más amplio que el real, y entonces se pregunta por qué el caso particular se adecua a la restricción particular ordinaria. Carece de importancia  (W. Ross) que el sistema sea cerrado o abierto a la energía; lo que interesa es hasta qué punto el sistema está sujeto a factores determinantes y de control. En este sentido, según Ross, la cibernética podría definirse como el estudio de sistemas abiertos en cuanto a la energía y cerrados en cuanto a la información y al control, es decir, sistemas de “información herméticamente cerrada”.

La cibernética entrega un método para el enfoque científico de sistemas en los cuales la complejidad es notable. Hay sistemas complejos en los que no puede aplicarse el método de variar los factores uno por uno (Walras), pues estos sistemas son tan dinámicos e interconectados que la alteración de una variable actúa inmediatamente como causa de variación de otras o muchas otras.

Según Ernesto Grún  en su visión sistémica y cibernética del Derecho, Kelsen participó con algunos notables tratadistas en esta área de las ciencias en el descubrimiento del sistema como meta de la investigación, entendido como una totalidad cuya estructura, una vez individualizada permite explicar la composición, el movimiento y el cambio de los elementos específicos. A partir de las ideas de Kelsen, Ross, Hart, Raz y otros autores insinúan una apertura y conexión del sistema kelsesiano, aun prácticamente encerrado en sí mismo, a otros sistemas y realidades que se conectan con él, el sistema social, el sistema económico, el sistema político, y aún el sistema ecológico.

Grún afirma que el sistema tiene características de objeto, o sea, un conjunto estructurado de elementos que podemos  percibir como un conjunto en un momento dado. Pero al mismo tiempo tiene una forma (gestalt), entendida como la configuración de un grupo de elementos percibida como una totalidad organizada. Las partes no existen previo al todo sino que sus características derivan del todo. Su organización no es caprichosa, sino que están definidas por las interconexiones  de sus elementos o susbsistemas entre sí. El comportamiento de un sistema, agrega Grún, está condicionado esencialmente por la interacción de todos sus subsistemas o de una gran parte de ellos y no por la suma de sus acciones independientes;

La termodinámica juega un gran papel en la comprensión de los sistemas. En primer lugar termina con el modelo mecanicista del llamado “mundo reloj” que plantea la existencia de leyes universales que muestran a la naturaleza como un mecanismo simple y finalizado. Por el contrario, la segunda ley de la termodinámica introduce nuevas nociones como estructura, función, historia (Prigogine, 1993). En esta nueva perspectiva, la irreversibilidad es fuente de orden y creadora de organización.

Esta superación de una concepción estática de la naturaleza por una concepción  dinámica con la introducción de un universo termodinámico, implica una drástica revisión del concepto de tiempo que en la ciencia actual ya no es solamente un parámetro del movimiento, sino que mide evoluciones internas hacia un mundo en no-equilibrio.

Hay entonces un segundo aporte a la teoría de sistemas con la irreversibilidad del tiempo tanto microscópica como cosmológica. De acuerdo a Prigogine existen sistemas dinámicos tales que ningún conocimiento finito de las condiciones iniciales permite prever resultado del juego. Para estos cuerpos o sistemas sólo basta que cambie infinitesimalmente estas condiciones para que se produzca otro suceso o sistema. En el caso de la irreversibilidad cosmológica, ella sucede constantemente en todo el universo.

Un tercer aporte y quizás el más importante, es la concepción que desarrolla Prigogine  de estructuras disipativas. Ellas son propiedades de sensibilidad y por tanto movimientos coherentes de gran alcance; son posibilidades de estados múltiples y en consecuencia historicidad de las “elecciones” adoptadas por los sistemas. En condiciones de equilibrio, señala el autor, cada molécula ve sólo lo más próximo que la rodea. Pero en las estructuras o sistemas de no-equilibrio, los elementos de la materia empiecen a ver más allá, y la materia o sistema se vuelva “sensible”.

La introducción de la segunda ley de la termodinámica en la visión del desarrollo de los cuerpos nos muestra sistemas sensibles que se abren a las perturbaciones del entorno. En estas condiciones los sistemas van incorporando todas las otras propiedades físicas, es decir, la gravitación, los campos electromagnéticos, la luz, el clima. (Prigogine, 1983). Estamos en presencia, entonces, de sistemas que poseen una química abierta –al decir de Prigogine- al mundo externo. Esta flexibilidad de los cuerpos entendidos como sistemas permite que éstos presenten muchas propiedades  y estados posibles en su condición de estructuras desipativas, sensibles al medio. Esto no sucede con cuerpos en equilibrio: todo está en orden, es lineal y no hay más que una solución.

Otro punto de vista interesante para entender los sistemas es la entropía. La entropía, según Prigogine,  es una función termodinámica que es una medida de la parte no utilizable de la energía contenida en un sistema. Podemos decir además que es una medida del desorden de un sistema. La entropía existe como un flujo entrópico proveniente del mundo externo, y una producción de entropía propia del sistema considerado como fuerza negentrópica que restablece el orden momentáneamente.

 La producción de entropía contiene siempre dos elementos “dialécticos”: un elemento creador de desorden, pero también un elemento creador de orden. El orden y el desorden aparecen a la vez. Este fenómeno requiere un cambio de mirada, porque se asoció el orden al equilibrio (caso de los cristales) y el desorden al no-equilibrio (caso de la turbulencia). La turbulencia es un fenómeno altamente estructurado, en el cual millones y millones de partículas se insertan en un movimiento extremadamente coherente. El universo del no-equilibrio, de acuerdo a Prigogine,  es un universo coherente. Y esto contradice todo lo que se pensaba hasta hace muy pocos años. El no-equilibrio constituye el dominio por excelencia de la multiplicidad de soluciones.

Según E. Morín, siempre se ha tratado a los sistemas como objetos, cuando en realidad hay que entender a los objetos como verdaderos sistemas. El sistema ha reemplazado a los objetos en la mirada al cosmos y a la vida en general, y él se niega a ser reducido a sus elementos constitutivos. Son sus partes los que reciben la influencia del sistema en su totalidad y los van recreando constantemente. Los sistemas están todos engarzados entre sí. Existe un encadenamiento de sistemas de sistemas, y ello rompe con la idea de objeto cerrado y autosuficiente.

Saussure (1931) entiende los sistemas como una totalidad hecha de elementos solidarios que no pueden ser definidos más que los unos con relación a los otros en función de su lugar en esta totalidad. Morín afirma que no es suficiente comprender a un sistema sólo a través de su interrelación en la totalidad. Además es preciso unir la totalidad a las interrelaciones de sus elementos mediante la idea de organización, es decir, interrelaciones regulares y estables. Sólo de esa manera pueden constituir la totalidad, es decir, la organización de los sistemas. Desde esta perspectiva, Morín concibe a los sistemas como unidad global organizada de interrelaciones entre elementos, acciones o individuos.

Según Morín, la organización es la forma en que los componentes o individuos disponen sus relaciones con el fin de conseguir una unidad compleja o sistema, el cual está dotado de cualidades desconocidas en cada uno de los componentes o individuos. Es la disposición de las partes dentro del todo. La organización es la que une de forma interrelacional los componentes diversos que por este hecho se transforman en los integrantes de un todo. La organización es la que transforma constantemente a sus componentes, los mantiene vinculados entre sí y produce nuevos elementos del sistema si es necesario para su supervivencia. Esto es lo que asegura solidez relativa a las uniones y su duración del sistema en el tiempo a pesar de las perturbaciones constantes del entorno.

La relativa estabilidad de la interrelación  adquiere un carácter organizacional y produce las condiciones para la el surgimiento y desarrollo de los sistemas. La interrelación está relacionada a la manera en que se unen los componentes entre sí y entre éstos y el todo. Esta vida de los sistemas está condicionada por la relación circular mutua entre interrelación, organización y sistema.

El sistema según Morin (1981) es el carácter fenoménico y global que toman las interrelaciones cuya disposición constituye la organización del sistema. Es la unidad compleja del todo interrelacionado, a sus caracteres y a sus propiedades fenoménicas.

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