viernes, 27 de febrero de 2015

Prólogo de la Dra Virginia Gonfiantini, de la Multiversidad "Mundo Real" Edgar Morín, a mi nuevo libro "Complejidad y Calidad de la Educación".

        



El ser se entiende de muchas maneras… así comenzaba Aristóteles el libro IV de su Metafísica. Vivimos hoy en un mundo donde nuestras categorías de análisis modernas y cartesianas no dan respuestas a los procesos globalizadores, al proyecto neoliberal ni a la liquidez de nuestra modernidad, tampoco encontramos demasiadas respuestas para delinear y tratar de entender sus efectos colaterales. Desde una reflexión multidimensional y multirreferencial, teniendo en cuenta lo social, lo político, lo económico, lo educativo, lo cultural, lo antropológico, surge el presente libro Complejidad y Calidad de la Educación.
Situándose desde un Pensamiento del Sur[1], el autor realiza una crítica histórica, filosófica y pedagógica sobre la impronta constitutiva e institucional que el cartesianismo, la objetividad clásica y el determinismo realizaron a la incipiente educación moderna, laica y de masas de la modernidad. Mandato fundacional que traspasó fronteras y épocas hasta llegar hasta nuestros días. Y es justamente con el advenimiento del siglo XX que el mundo occidental comienza a “extrañar su horizonte”, a configurar y pensar nuevas categorías de análisis para poder entender a la naciente sociedad y a su educación. Es interesante también comprender que cada vez que abordamos un hecho educativo no podemos analizarlo “desencarnado”, es decir, sin tener en cuenta el contexto que lo determina y lo constituye recursivamente.
Parece importante preguntarnos entonces ¿qué sucedió para que el edificio moderno comience a ser cuestionado desde todos sus frentes?, ¿desde qué lugar provienen las voces de la crítica?, ¿cómo comienza a re-configurarse a partir de las mismas el mundo científico? De las “ciencias duras” aparecen las primeras manifestaciones de incomodidad y se introducen significaciones –especialmente a partir de Einstein al abolir los conceptos de tiempo y espacio- que permiten adquirir otras miradas al desterrarse los erróneos supuestos de objetividad y neutralidad. Es a mediados de uno de los siglos más convulsionados por la celeridad, el XX, cuando irrumpe la complejidad “tejiendo en conjunto” tres tipos de conocimiento: la cibernética, la teoría de la información de Shannon y Wiener y la teoría de sistemas de von Bertalanffy. El avance teórico suscitado genera nuevas cosmoviciones que obligan a revisar teorías “simples, universales, cerradas y perfectas”, pues nada es ya tan sencillo como parece, sino la manifestación superficial de fenómenos que se entrelazan y permanecían ocultos por la única razón de no contar con los elementos y medios para llegar a ellos.

Tiempo de definiciones: de lo complejo y de lo simple...
Las teorías que estudian lo complejo, como teorías auto-eco-re-organizantes, posibilitan el análisis de la realidad en general y de la educación y la calidad educativa en particular. Es un camino de búsqueda constante por una nueva manera de pensar, sentir, actuar y abordar la realidad, (hoy ya ubicada en el campo de la reflexión y nombrada como complejidad o pensamiento complejo[2]),  no rechaza la claridad, el orden, el determinismo, pero los cree insuficientes; él mismo se enuncia como una acción más rica y menos mutilante (recordemos las ruinas que las visiones simplificantes han hecho a la humanidad, efecto de un pensamiento parcial y unidimensional) como un mapa con diferentes rutas azarosas, recursivas e inciertas para la búsqueda que ha emprendido la humanidad de un pensamiento más complejo[3].
El paradigma de la simplicidad intentó poner orden en el universo reducido a un principio que vé lo uno y lo múltiple, pero no que ambos se contienen; un principio que separa (disyunción) o unifica (reducción); una búsqueda de disipar la aparente complejidad de los fenómenos. Su dominio en el ámbito ciéntifico y académico, aún permanece en algunas áreas que no descubren la insuficiencia de sus postulados, que no se atreven a ingresar a las arenas de la transformación, de la imperfección que incluye la incertidumbre y el reconocimiento de lo irreductible. Es decir, que no puede dar el paso a la complejidad. Morin al proponer un nuevo methodo, distinto al método cartesiano, seguro, certero, universal abrió nuevas puertas: sólo puede formularse en la búsqueda, en la recursividad de los vericuetos de los distintos caminos que convergen en el valle. Y esa es la indagación que se propone en esta obra.
La calidad educativa configura el espíritu del valle, lo que hace urgente y esencial, para que nos preguntemos por la misma. ¿Qué entendemos por calidad educativa?, ¿qué organismo multinacional la sostiene?, ¿la calidad educativa es la misma para la educación pensada con los parámetros de lógica norte-sur?, ¿a qué proyecto político responde?, ¿en qué lugar quedan los sujetos pedagógicos, verdaderos protagonistas de nuestra educación?, ¿podremos recuperar desde un discurso educativo y de calidad, sostenido desde lo genuino, lo viable, lo comprometido, una educación como práctica de la libertad, auténtica y compleja?
La sociedad hoy ha incrementado la complejidad del mundo. Comprenderlo, analizarlo y vivirlo implica construir, desde la alteridad, una nueva forma de pensar lo pensado. En este contexto, la dialógica educación ó complejidad ó calidad en recursividad con individuo ó sociedad ó especie hace que comencemos a delinear cambiar de Vía para que, desde la complejidad de los mismos objetos ó sujetos ó relaciones ó contextos comencemos a re-configurar, desde lo multirreferencial, lo transdisciplinar y lo complejo una Educación desde la Calidad y desde la Complejidad necesaria para vivir sin mutilar, convivir con tolerancia, dialogar con escucha en nuestra Tierra Patria.
Dra. Virginia Gonfiantini
Universidad Nacional de Rosario- Argentina
Multiversidad Mundo Real Edgar Morin- México






[1] Pensamiento del Sur, dentro de las teorías de la complejidad de Edgar Morin, hace referencia a las alternativas que surgen fuera del contexto hegemónico del Norte. Acá nos referimos a las teorías, experiencias, actividades, emergencias que, desde el Sur, se están organizando para el cambio educativo. Desde una perspectiva multirreferencial estaríamos pensando en la dialógica calidad <=> complejidad <=> educación.
[2] Entendemos por complejidad el “complexus”, (lo que está tejido en conjunto), es un tejido de constituyentes heterogéneos inseparablemente asociados, presenta la paradoja de lo uno y de lo múltiple. Si profundizamos más es el tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares que constituyen nuestro mundo fenoménico.
[3] Gonfiantini, V. Concretamente ¿qué es la complejidad? Revista Proyectándonos. ISPP 4008. San Miguel. Año II. N° II: págs. 10-11.  Arroyo Seco. Argentina.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Espacio y tiempo y teoría de sucesos Un enfoque cosmológico de la epistemología.


Por Jaime Yanes Guzmán
Si lo desea, Copiar este link en google para llegar al artículo que está en la Web de Le Monde Diplomatique
http://www.lemondediplomatique.cl/Espacio-y-tiempo-y-teoria-de.html

Introducción
Ya no hay dudas que estamos en presencia de una profunda crisis de la epistemología cartesiana basada en el pensamiento lineal de la física tradicional newtoniana. Urge, entonces, la búsqueda de una nueva forma de pensar que cambie la visión que hoy  día se tiene del cosmos, la naturaleza y la sociedad.
Si en el pasado fue la física newtoniana la que inspiraron los modelos metodológicos y epistemológicos, superada la física tradicional por la cuántica, corresponde a esta entregarnos una nueva manera de entender nuestro entorno. Este artículo va en ese camino, cuando planteamos una cosmogénesis para entender el desarrollo del Universo y de nuestro planeta. Este nuevo enfoque nos debe  permitir superar la disyunción de los sucesos y su expresión de la totalidad. Por el contrario, buscamos una epistemología que nos muestre la interacción de todo lo que existe en el universo y la sociedad planetaria.
La primera tarea en el artículo fue establecer la relación entre espacio  y tiempo y sus propiedades. Tratamos de aclarar lo que se entiende por realismo cosmológico, que plantea el postulado de la no localidad, donde el universo y el mundo surge como sistema cuántico, en que todos los sucesos cósmicos tienen relaciones, interactúan sin ningún sentido determinado, por muy separados que se encuentren. 
Hay un esfuerzo por explicar la teoría de sucesos,el cual lo entendemos como una superficie determinada en este espacio-tiempo, marcando al mismo tiempo las posible direcciones para los rayos de luz que actúan en el espacio sideral en un momento determinado en un momento dado.  Se trata de hacer entender que un suceso es algo que ocurre en un punto particular del espacio y en un instante específico de tiempo.
Cómo aplicar esta situación a los problemas sociales entendiéndolos como sucesos? Para ello es necesario entender 
que el desorden termodinámico, la incertidumbre microfísica, el carácter aleatorio de las mutaciones genéticas entre otros logros del conocimiento actual, nos obligan a transitar por caminos desconocidos en busca del nuevo método de la ciencia, que asuma esta complejidad. Hoy se acepta que la incertidumbre y la confusión son las propiedades naturales de la complejidad del cosmos, de la naturaleza y de la vida humana. Para entender esta incertidumbre es necesario, como ya hemos señalado de acuerdo Morín, articular la ciencia antropo-social a la ciencia de la naturaleza, y ambas a la física. Entonces se acepta que la relación circular física/biología/antropo-social empuja a la incertidumbre de la realidad –según Morín-, que hace que los fundamentos ontológicos de ella se vayan perdiendo e imposibiliten el conocimiento objetivo.
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a.    La relación espacio y tiempo y sus propiedades

La cosmología se ocupa de estudiar las tendencias del origen y desarrollo del universo y de nuestro mundo. Es un tratado o discurso del cosmos. Estudia la estructura y la historia de ese universo y el lugar que ocupa la humanidad en él.[1] Tiene como objetivo de estudio el universo, el cosmos, el mundo como totalidad, y por extensión, una mirada epistemológica de la sociedad humana en su generalidad, como pluralidad de los sucesos que lo conforman, su esencia, origen, propiedades, desarrollo y caracteres más importantes, y de su lugar en el universo que conocemos en un momento histórico determinado.
La cosmogénesis[2] de la mirada epistemológica del mundo y de la sociedad humana en particular,  nos plantea  la exigencia de una contemplación del pasado histórico de los sucesos que conforman el desarrollo de la sociedad humana, el pasado anterior al surgimiento de cada suceso, su delimitación. Surge la pregunta de ¿qué había antes de cada suceso? ¿El surgimiento de un suceso entendido como singularidad afecta o no afecta a la totalidad del espacio de la sociedad? ¿Hay o no una ruptura total con los sucesos anteriores? ¿Existen o no conexiones entre sucesos anteriores y ulteriores? ¿Cómo resolver esta aporía[3]?
Planck (1908) (citado por Schwartzmann (1994:120) sostenía  que las irracionalidades en la observación del cosmos y del mundo, “reside en el hecho de que el sabio mismo es una de las partes constitutivas del universo. Le resulta imposible aislarse  completamente de ese mismo universo, lo que sería con todo, necesario para obtener un conocimiento plenamente objetivo”. (…) Así, no se juzga como desvaríos especulativos, afirmar que el universo es auto-consistente,  tal que las leyes conocidas, dejan ver la posibilidad de que el mundo construya sus propias leyes por esa misma auto-consistencia”.
Schwartzmann llama a esta imagen de lo existente como realismo cosmológico[4]. Una epistemología con enfoque cosmológico plantea el postulado de la no-localidad, donde el universo y el mundo surge como un sistema cuántico[5] en que todos los sucesos, por muy separados que se encuentren en el tiempo y el espacio tienen relaciones, interactúan sin ningún sentido determinado. Este planteamiento se basa, de acuerdo a Schwartzmann (:172-3), en el argumento de Einstein que señalaba que la materia “… al mismo tiempo que están ligadas por la conexión causal, están por entero lógicamente separadas la una de la otra: son el éter granítico y el campo electromagnético, o como todavía podrían llamarse, el espacio y la materia”.
Konstantinov (1977: T. 18, pág 181) citando a Lenin recuerda que éste sostenía que en el universo no hay más que materia en movimiento, y la materia en movimiento no puede moverse de otro modo que en el espacio y en el tiempo. La existencia del espacio es real, aunque no sea visto por todos de la misma manera, y es el modo de existencia de la materia en permanente movimiento. En el coexiste toda la materia, todos los sucesos de una manera determinada respecto al orden en que están situadas unas respecto de otras. También tanto los sucesos como la materia en general existen en el universo con cierta sucesión, con fases o etapas diferentes unas de otras. Es el método en que estos fenómenos suceden en el tiempo. Podemos concluir que los sucesos y la materia en general no pueden existir fuera del espacio y el tiempo. Esta forma de existencia de las cosas nos muestra al mismo tiempo que el espacio y el tiempo están vinculados orgánicamente.
Otra de las propiedades del espacio es que es  infinito. Cualquiera sea la dirección en que nos movamos y la distancia en que nos alejemos de un determinado punto inicial, no hay fronteras ni límites que detengan el movimiento. El espacio contiene una cantidad de cuerpos celestes que hace imposible medirla, porque es incalculable, donde existen conglomerados inimaginables en su tamaño y cantidad. Por su parte, el tiempo también transcurre extendiéndose sin ningún tipo de límites: los sucesos suceden precedidos por otros sucesos y se prolongan en nuevos sucesos en forma indeterminada e infinita.
El espacio es tridimensional, tiene tres dimensiones. Esto significa que si en un punto del espacio cualquiera trazamos dos rectas en una dirección deseada, podremos siempre dibujar una tercera línea perpendicular a ambas, y esta tercera recta será única. De esta forma podremos calcular la distancia de un punto respecto a los tres planos dibujados,  Por ello se habla que todo volumen de un  objeto o la existencia de un suceso son forzosamente tridimensional.
Pero la relación espacio-tiempo tiene una cuarta dimensión. Esta dimensión la pone el tiempo, que expresa la duración de éste transcurrido desde un momento determinado señalado como comienzo del cálculo del intervalo que se mide. Los sucesos tienen un lapso de duración y siguen una sola dirección pasado-presente-futuro, a diferencia de lo que sucede en el espacio donde los cuerpos se mueven a la derecha, a la izquierda, hacia arriba o hacia abajo. En el tiempo, los sucesos no pueden moverse del presente o futuro hacia el pasado. Estamos en presencia, entonces, de un mundo cuatridimensional donde los sucesos reales sólo existen de esta forma. Kosntantinov (1977: T. 18:192-193) planteaba que "el hombre y la naturaleza sólo existen en el tiempo y en el espacio; los seres fuera del tiempo y del espacio, (...) son productos de una fantasía enfermiza, tretas del idealismo filosófico…” El espacio y el tiempo existen sólo en las cosas materiales. El tiempo y el espacio sin materia no son nada, son sólo representaciones  existentes en nuestra conciencia.
Podemos afirmar que existe un nexo indisoluble del espacio y el tiempo con la materia. Konstantinov (1986) señala que el científico Lobachevski demostró que las propiedades del espacio no son inmutables, iguales siempre y en todas partes, sino que cambian en dependencia de las propiedades de la materia y de los procesos físicos que tienen ocurrencia en los cuerpos materiales. Lobachevski señalaba que al cambiar las condiciones materiales, se modificaban al mismo tiempo las formas espaciales, la dimensión de los objetos. Fue la creación y desarrollo de la geometría no euclidiana[6] lo que permitió el nexo entre espacio y materia y la modificación del primero por la constante aparición de nuevas propiedades de la materia.
Leibniz (citado por Schwartzmann (: 267) refiriéndose al espacio, señala que éste no es otra cosa que el orden o relación de los cuerpos y sucesos, “y no es nada en absoluto sin los cuerpos”. Lo mismo sostiene respecto del tiempo, cuando escribe: “Los instantes fuera de las cosas, no son nada”.
            Konstantinov (1986) resalta que las tesis de Lobachevski sobre la relación tiempo y espacio fueron desarrolladas en la teoría de la relatividad por Alberto Einstein. Este último descubrió características nuevas de la conexión del espacio y del tiempo con la materia en constante movimiento. Einstein, continua Konstantinov (1986), señala por primera vez en su teoría de la relatividad que la simultaneidad de los acontecimientos es relativa, no es absoluta. Un suceso de un sistema material A es distinto, a pesar de su simultaneidad, a un sistema material B porque las condiciones del movimiento, sus dimensiones espaciales son distintas. Esto acaece porque la distancia entre los cuerpos en los diversos sistemas materiales no es igual. Si un cuerpo acelera su velocidad de desplazamiento, se reduce la distancia o longitud con los otros cuerpos, mientras que en el cuerpo que mantuvo la misma velocidad su longitud respecto a los demás se mantiene igual. Asimismo tiende a suceder algo parecido en dos cuerpos con intervalos de tiempo distinto en distintos sistemas en movimiento. Al aumentar la velocidad en un cuerpo dicho intervalo de tiempo entre los sucesos es diferentes para cada sistema material en movimiento. Dependiendo de su velocidad, los intervalos cambian: a mayor velocidad menor intervalo de tiempo, y viceversa.
El estudio del campo gravitacional en la teoría general de la relatividad, condujo a la hipótesis que cuanto mayor  es la masa de los cuerpos que se encuentran en el espacio,  mayor es, por consiguiente, el campo gravitacional. Se produce el fenómeno denominado “torcedura” o “curvatura” del espacio. La curvatura del espacio está condicionada por la magnitud, la distribución y el movimiento de las masas materiales, es decir, por la tensión del campo de gravitación. Lo anterior tiene como consecuencia que cambiando el campo gravitacional, cambian las características tanto del espacio como del tiempo. Desde la perspectiva de la teoría de la relatividad de Einstein, señala Konstantinov (1986), cuanto mayores son las masas materiales más fuerte es el campo gravitacional, y tanto más lento es el transcurso del tiempo. Al desarrollar su movimiento, la materia se auto-configura y engendra nuevas formas, constituyendo al mismo tiempo nuevas relaciones de espacio y tiempo. Podemos afirmar, de acuerdo a  Schwartzmann (1994) que estamos en presencia de una concepción revolucionaria sobre la relación entre el espacio-tiempo y la materia: la presencia de materia determina una curvatura del espacio-tiempo, y ésta determina el movimiento de la materia. El carácter irreversible de este fenómeno genera constantemente lo nuevo a partir de la cada vez mayor entropía que se produce en la materia, dando paso al advenimiento de lo nuevo, lo imprevisible. Con esto se supera la visión estática de la cosmología einsteniana amarrada a una concepción religiosa del inicio del cosmos que impide la irrupción de lo nuevo. Desde esta perspectiva, las relaciones simétricas entre el tiempo-espacio y la materia heredada de la concepción newtoniana de la acción gravitacional de las masas es rota y la singularidad inicial empujada por mano divina da paso a la inestabilidad de un universo, fundamentalmente porque la materia es portadora de la entropía del cosmos, generando con ello inestabilidad permanente. Nos encontramos entonces, ante un proceso irreversible de creación y re-creación eterna del universo.
            Konstantinov (1986) nos expone que el espacio y el tiempo tienen un carácter contradictorio interno. Su contradicción consiste en que al mismo tiempo ambos son absolutos y, a la vez, relativos. Son absolutos en su carácter de forma objetiva de existencia de la materia. Son relativos, porque las propiedades concretas del tiempo y el espacio están condicionadas por las propiedades de la materia mutable que existe y se desarrolla en los marcos de esa relación tiempo/espacio. Simultáneamente es contradictoria la situación de que el tiempo y el espacio representen la unidad de lo infinito y lo finito: la infinitud del espacio se forma de las dimensiones finitas de los distintos objetos materiales, y la infinitud del tiempo, de las duraciones finitas de los diversos procesos materiales.
Siguiendo con Konstantinov (1986), el espacio y el tiempo son continuos y, a la vez, discontinuos  o discretos. El espacio es continuo en el sentido que entre dos de sus elementos, cualesquiera que ellos sean existe siempre realmente un elemento que los une en una dimensión espacial única. Dicho de otro modo: entre los elementos de la dimensión espacial no hay ninguna separación o desmembración absoluta, sino que pasan de uno a otro estado a través de otro elemento que actúa de puente. De la misma manera, continua este autor, el tiempo también es continuo en el sentido de que entre dos de sus intervalos, cualesquiera que sean, existe siempre realmente una duración temporal que une esos intervalos en un torrente único de sucesión temporal. La discontinuidad del espacio y del tiempo consiste en que ambos están compuestos de elementos que se distinguen unos de otros por sus propiedades internas, por una estructura que corresponde a la diferencia cualitativa de los propios objetos y procesos materiales. En estos marcos, podemos concluir que, al igual que la materia, el espacio y el tiempo son inagotables.
En esta perspectiva, a juicio de René Tom (citado por Schwartzmann (1994: 264-5), Aristóteles ya había realizado el sueño que él siempre había mantenido, de  “desarrollar una matemática del continuo”[7]. “Aristóteles –enfatiza Tom- postula fundamentalmente la noción de  continuo… hasta el extremo de erigir el continuo por sí solo en el sustrato esencial de toda movilidad”; y lo reitera: “el “continuo” de toda materia surgiría de las reflexiones de Aristóteles sobre lo infinito”.  (…) “El infinito posee un sustrato  intrínseco que es el continuo sensible
Hawking (1988:189-90) también sostiene que la mecánica cuántica de la gravedad[8] está planteando que no existiría ninguna frontera del espacio-tiempo, ningún borde que establezca las condiciones de contorno de este espacio-tiempo. Este autor señala que  “la condición de contorno del universo es que no tiene ninguna frontera. El universo estaría completamente auto-contenido y no se vería afectado por nada que estuviese fuera de él. No sería ni creado ni destruido. Simplemente SERIA”.
Si no hay frontera que contenga el espacio-tiempo, ¿cómo comenzó, entonces el universo? Hawking recurre al principio de incertidumbre[9]. Este principio, señala el autor que comentamos, debió haber permitido la formación del actual universo con la mínima no uniformidad. Ello habría generado que en el período llamado inflacionario, el universo se hubiese expandido a gran velocidad, y que en las regiones más densas esta expansión se frenase en algún momento, contrayéndose,  formando las actuales estructuras que conocemos: galaxias, planetas, sistemas solares, estrellas, etc. De este modo, señala Hawking (:195) “todas las complicadas estructuras que vemos en el universo podrían ser explicadas mediante la condición de ausencia de frontera para el universo, junto con el principio de incertidumbre de la mecánica cuántica”.
            Pero si el universo está en proceso constante de alejamiento de nosotros construyendo espacio y tiempo, significaría, de acuerdo a lo señalado por Hubble en 1929 (citado por Hawking :27), que el universo se está expandiendo. Pero agrega que si hoy día se sigue expandiendo, debió haber un tiempo en que todos los objetos de ese universo (espacio) debieron de estar juntos, “…en el mismo lugar exactamente, y en el que, por lo tanto, la densidad del universo era infinita”.  Esta observación de Hubble planteaba la existencia del Big Bang, donde el universo era infinitamente denso. Y si de repente empieza a expandirse, seguramente existía un principio que lo permitía.
            Friedman (citado por Hawking :79) también sostiene que si “todas las galaxias se están alejando directamente unas de otras, de tal modo que no es sorprendente que en algún tiempo pasado estuvieran todas juntas en el mismo lugar”.  En ese momento llamado big bang, tanto la densidad del universo como la curvatura del espacio-tiempo habrían sido infinitas. Einstein (citado por Hawking :161) en su teoría de la relatividad general[10] predijo en el mismo sentido que Friedman, “que el espacio-tiempo comenzó en la singularidad[11] del big bang y que iría hacia un final, bien en la singularidad del big crunch (“gran crujido”, “implosión”) (si el universo entero se colapsase de nuevo) o bien en una singularidad dentro de un agujero negro[12] (si una región local, como una estrella, fuese a colapsarse)”.
Hawking (:170-1) señalaba que la ciencia “… parece haber descubierto un conjunto de leyes que, dentro de los límites establecidos por el principio de incertidumbre, nos dicen cómo evolucionará el universo en el tiempo si conocemos su estado en un momento cualquiera. En este marco, el autor que comentamos coincide con todos los autores científicos de que los hechos no ocurren de forma arbitraria, porque reflejan, según ellos un cierto orden subyacente. Asume que en el principio de los tiempos existieron condiciones de “contornos caóticos”. Hawking (: 171-2) insinúa que en estas condiciones “… o bien que el universo es espacialmente infinito o bien que hay infinitos universos”.
El universo, al comienzo en un estado suave y ordenado, se volvería grumoso y desordenado a medida que el tiempo pasase. Lo que explicaría la existencia de la flecha termodinámica del tiempo. La existencia de la flecha termodinámica[13] es fundamental para que la vida inteligente exista. Para sobrevivir, según Hawking (:208), “los seres humanos tienen que consumir alimentos, que es una forma ordenada de energía, y convertirlo en calor, que es una forma desordenada de energía. Por tanto, la vida inteligente no podría existir en la fase contractiva del universo”. De acuerdo a este autor, esto explicaría que tanto las flechas termodinámicas como cosmológica[14] tengan la misma dirección. Hawking (:208) sostiene que “No es que la expansión del universo haga que el desorden aumente. Más bien se trata de que la condición de no frontera hace que el desorden aumente y que las condiciones sean adecuadas para la vida inteligente sólo en la fase expansiva”
¿Estamos a un paso de descubrir cierto código de la historia de la sucesión de sucesos en el cosmos y la propia historia de la humanidad? Como todos ya sabemos, se ha descubierto un código o mensaje genético[15] que permite traducir la información encriptadas en el material genético de los seres vivos, y con ello su arquitectura y futuro. El físico Heins R. Pagels (citado por Schwartzmann (1994:77) habla también de la existencia de un código cósmico. La interrogante es si este descubrimiento de la historia del universo  que se nos revela en la “arquitectura del universo”, representa “actualmente el programa para el cambio histórico posible”. Para Pagels, continua Schwartzman, el propio universo es un mensaje codificado, un código que hay que descifrar. Descifrarlo podría permitir conocer el “programa” de los cambios cósmicos en el futuro. ¿No habrá algo parecido en la sociedad humana? ¿No existirá un código de nuestra sociedad planetaria, que de suceso en suceso y dentro de los marcos de libertad, conciencia que poseemos, de la teoría de la incertidumbre y del aumento constante de la complejidad,  nos iría mostrando el necesario desarrollo  social y económica de la humanidad en determinados espacios y tiempo? A juicio de Pagels, continua Schwartzman “vivimos la más grande revolución desde Copérnico, a pesar de que las teorías de la relatividad, las cosmologías junto a la mecánica cuántica hayan alcanzado un nivel de abstracción casi inaccesible.  “El código cósmico –escribe- ha llegado a ser invisible. Pero lo invisible está influenciando lo que se ve”. Luego, añade, -en lo que sigue a Wheeler[16]- que el espacio vacío lejos de serlo y de despertar el horror griego al “vacío”, es fuente de energías y fenómenos explosivos en el universo”.

b.    La teoría de sucesos

Un suceso, de acuerdo a Hawking (1988: 47), “es una superficie determinada en el espacio-tiempo que marca las posibles direcciones para los rayos de luz que actúan en el espacio sideral en un momento dado. Un suceso es algo que ocurre en un punto particular del espacio y en un instante específico de tiempo. Por ello, se puede describir por medio de cuatro números o coordenadas. La elección del sistema de coordenadas es de nueva arbitraria; uno puede usar tres coordenadas espaciales cualquiera bien definidas y una medida del tiempo. En relatividad, no existe una distinción real entre las coordenadas espaciales y la temporal, exactamente igual a como no hay ninguna diferencia real entre dos coordenadas espaciales cualquiera”.
Desde esta perspectiva, un suceso es algo que tiene lugar en un punto específico en el espacio-tiempo, de tal manera que la densidad de materia y elementos que lo componen, y la curvatura de ese espacio-tiempo que lo incluye, se hacen infinitas. La singularidad o suceso se forma cuando distintos acontecimientos tienden a agruparse densamente con volumen nulo, creando un colapso gravitacional. Luego de formada esta nueva singularidad, ella tiende a su expansión. Cualquier sistema que colapsa, tanto del cosmos, de la naturaleza o la sociedad, termina en una singularidad, y a su vez, a partir de esa densidad de materia, espacio y tiempo, el sistema se expande.
Para que un hecho cualquiera se transforme en suceso se necesita una cantidad de energía mínima que no puede ser arbitraria, sino que tiene que tener la condición de perturbar al hecho mismo, dándole mayor velocidad en una cantidad que no puede ser predicha de antemano. Esto hace imposible calcular con precisión la posición del hecho porque la velocidad está siendo fuertemente perturbada. Para salir de la posición relativamente pasiva en que se encuentra el hecho, desde el punto de vista de su velocidad, y poder transformarse en suceso, necesitará entonces un gasto mayor de energía (sinergía) para aumentar drásticamente esa velocidad. Con ello, su posición no podrá ser observada con facilidad. En una situación de estas características no se pueden predecir con exactitud los acontecimientos futuros del conjunto de sucesos de un sistema cosmológico, de la naturaleza y de la propia sociedad y del pensamiento humano. Se podrán percibir las tendencias de su desarrollo, pero no el estado presente ni menos el futuro con absoluta precisión.
De acuerdo a la descripción de Hawking, cada suceso forma un cono de luz[17], que es el conjunto de todos los posibles caminos luminosos en el espacio-tiempo emitidos en ese suceso. Cada suceso forma dos conos: un cono de luz relacionado con el futuro del suceso, y otro cono con el pasado de un suceso P. La singularidad provoca una división  del espacio tiempo donde ésta sucede en tres regiones. Se crea una zona con el futuro absoluto del suceso que comprende la región interior del cono de luz futuro de P. Es el conjunto de todos los sucesos que pueden en principio ser afectados por lo que sucede en P.  Se forma otra zona con el pasado absoluto de P con la región interna del cono de luz pasado. Es, por consiguiente, el conjunto de todos los sucesos que en un principio pueden afectar a lo que sucede en P. Si se conoce lo que sucede en un instante particular en todos los lugares de la región del espacio que cae dentro del cono de luz pasado de P, se puede predecir lo que sucederá en P. De acuerdo a Hawking, el “resto” es la región del espacio-tiempo que está fuera de los conos de luz futuro y pasado de P. Para cada suceso en el espacio-tiempo se puede construir un cono de luz y dado que la velocidad de la luz es la misma para cada suceso y en cada dirección, todos los conos de luz serán idénticos y estarán orientados en la misma dirección.
Capra (2003) plantea que de acuerdo a la filosofía bootstrap en esta red dinámica de sucesos interrelacionados, ninguno de ellos es fundamental, porque todas las partes se configuran a partir de las  propiedades de las otras partes, y la consistencia consigo misma y con la totalidad de las interrelaciones determina la estructura de la totalidad de lo real.
En el mundo real del cosmos, de la naturaleza y la sociedad la complejidad estaría determinada porque existirían partículas con propiedades únicas, incluso la de carecer de masa. Con una visión lineal habría sido imposible entender estas propiedades de las partículas. Este autor nos dice que sólo una visión hermenéutica que generó un consenso intersubjetivo de muchos físicos cuánticos permitió descubrir una interobjetividad observada en los marcos de una omnijetividad, historicidad de nuestro contexto, que generaba estas propiedades de las partículas. Los nuevos teóricos de la física no clásica necesitaban poseer creatividad ontológica desde una perspectiva epistemológica hermenéutico-contextualizante. Esta propiedad de dichas partículas les permite actuar dentro del resto de las partículas, provocando pequeñas perturbaciones, pero suficientes para generar cambios significativos a través de perturbaciones no sólo en la partícula donde actúan, sino que a través de ellas en toda la red cósmica de sucesos.
Estos sucesos de apariencia débil modifican las características de la observación y la medición, y de la propia realidad objetiva. Un observador en apariencia ve objetos fijos, aislados, interrelacionados pero casi sin movimiento. No ve este potente proceso de transformación constante de todas las partículas por la influencia de estos sucesos débiles, pero que transforman constantemente la globalidad de la red interrelacionada.
Entonces podemos concluir que la realidad llamada objetiva es una situación en constante movimiento y cambio. Hay que partir de esta idea, no aceptando por ello conceptos absolutos, porque la existencia de estas partículas sin masa que se introducen en el resto de las partículas o sólo en algunas de ellas, transforma en puntos débiles y cambiantes la totalidad de la red de sucesos. Desde esta perspectiva, la teoría bootstrap indica que para la autoconstrucción de la realidad objetiva es necesaria la participación de la conciencia junto con los demás aspectos de la naturaleza. Entonces la ciencia –plantea Chew-  (Citado por Capra, 2003) tiene que cambiar su sentido, de una concepción absoluta con leyes del universo y la naturaleza inamovible a otra metáfora denominada de red o entrelazamiento, en que nada es fundamental. Y como lo existente está en red, cualquier explicación puede partir de cualquier parte. Vivimos en un holomovimiento donde lo que importa es la estructura de ese movimiento y la diversidad y la unidad del universo, desde donde emergen todas las formas de aquel.Ello se debe a que los sucesos y sus componentes no poseen posición y velocidad definitiva por separado, sino que una combinación de ambas llamada estado cuántico.
Por su parte, la visión del físico cuántico Lapiedra (2008) es que tanto el macrocosmos, el universo en general y todos los objetos macroscópicos clásicos que contiene, accesibles a la experiencia, incluida la conciencia y su libertad, han sido producidos desde el microcosmos o mundo germinal de la materia. Tanto el cosmos como sus objetos macroscópicos son una consecuencia de la organización compleja del espacio sideral según su naturaleza, el tiempo, la materia y propiedades ontológicas, es decir, de su esencia, substancia, de su ser en general, de sus posibilidades de existencia desde su apertura originaria.
Este autor sostiene que es en la materia microfísica donde debe hallarse el fundamento de la existencia del universo, del alcance y la forma de comprender su determinismo. Es al mismo tiempo lo que nos permitiría entender lo que es real o  ilusión en nuestro mundo de percepción de lo que nos rodea. Ya hemos señalado que la función de onda de las partículas es el principio de la dualidad corpúsculo-onda. Ellas tienen un valor (Psi) que depende de la posición en el espacio y en el tiempo y de otras variables.  El valor (Psi) de acuerdo a Lapiedra se transforma en valor (Psim) cuando es un valor posible en un incremento de la cantidad de su energía de una determinada magnitud “M”.
Lapiedra (2008) asevera que estos sucesos complejos de apariencia débil, aislados modifican las características de la observación y la medición y de la realidad objetiva. Un observador no ve este potente proceso de transformación constante de todas las partículas por la influencia de estos sucesos débiles, pero que mutan constantemente la globalidad de la red interrelacionada.
La visión hermenéutica de los físicos cuánticos les permite concluir que la actuación de estas partículas carentes de masa dentro del resto de la realidad crea una variedad de estados posibles y que no se realizan, base de la complejidad de los procesos. Al actuar como ondas no actúan como movimiento de la materia, sino que “en” la materia, dentro de ella trasmitiendo energía, información, “novedades”. Esto es posible por la existencia de la realidad holográfica como forma natural de interconexión indivisible de los componentes de la realidad, que hace que todas las partículas estén comunicadas entre sí, con un trasfondo de realidad que desconocemos por ser posiblemente de otra dimensión, y sólo la presentimos separada porque la mirada humana fracciona la realidad. Esto nos obliga a desarrollar teorías intersubjetivas complejas denominadas de red o entrelazamiento, en que nada es fundamental. Los científicos deben ser capaces de descubrir que los sucesos que investigan están inmersos en un holomovimiento, en una interobjetividad donde lo que importa es la estructura de ese movimiento y la diversidad y la unidad del universo, desde donde emergen todas las formas de aquel.
Ello implica que se encuentra en posibles localizaciones superpuestas con la probabilidad de materializarse dentro de determinados valores espacio-temporales al producirse un determinado campo gravitacional y densidad cero. En esas condiciones se produce el colapso de la función de onda que significa que el estado cuántico de superposición queda concretado a su mayor velocidad y capacidad de perturbar a una de ellas, pasando así desde la superposición a la concreción de un valor preciso o (Psim). Entonces colapsar implica que una onda superpuesta en un conjunto de localizaciones posibles como partícula, se concreta en sólo una de ellas, haciéndolo en un punto determinado de atracción gravitatoria suficiente, asumiendo un sólo valor de sus magnitudes. Esto nos muestra que la actividad cuántica de las partículas está en continuas transición con sus influencias de apariencia débil de unas sobre otras, produciendo colapsos que transmiten  sus efectos al mundo macroscópico a través de la emergencia constante de nuevos sucesos.
Al mismo tiempo, desde el punto de vista del principio de incertidumbre de Heisenberg (citado por Hawking, 1988), los elementos de un suceso (sus partículas) no tienen una posición bien definida, ocupando el espacio del suceso o cono del suceso (Hawking, 1988) con cierta distribución de probabilidad. Ello se debe a que la energía que posee cada elemento de un suceso, y la energía total de éste, no pueden ser medidas con exactitud. Desde esta perspectiva de la mecánica cuántica, en los elementos de un suceso y en el propio suceso es imposible calcular con precisión y seguridad la posición y la velocidad. Esta situación hace que la emergencia y el desarrollo de estos nuevos sucesos suceden con grados de incertidumbre, y ello se deriva por supuesto de la naturaleza de las partículas y de los estados de superposición. Como es sabido, se hace prácticamente imposible medir con cierta precisión dos variables como la posición y la velocidad de las partículas de un sistema cuántico. Lograr medir una de ellas produce de inmediato un efecto de incertidumbre en el valor de la otra. Es esto lo que crea las relaciones de incertidumbre entre los sistemas cuánticos y de éstos con los sistemas macroscópicos.
En este sentido, el desarrollo del mundo cósmico no está establecido, sino que vive un proceso continuo de creatividad. Esta creatividad se constituye porque sólo emergen continuamente algunos valores con cierta exactitud de entre un conjunto de posibilidades superpuestas, las cuales el grueso de ellas nunca llegarán a ser realidad. Por ello que el desarrollo de la realidad cuántica está sometida sólo a conceptos y a fórmulas probabilísticas. Podríamos derivar a partir de Lapiedra, que el universo macroscópico es un bullir interactivo de colapsos y superposiciones en una ontología cuántica profunda.
Los sucesos también se mueven en los marcos de las denominadas flechas del tiempo, que se refieren al desorden y la entropía con que se va desarrollando cada suceso. Existen tres flechas del tiempo. La primera de ellas --según Hawking-- es la flecha termodinámica que nos muestra la dirección del tiempo en la que aumenta el desorden o la entropía. De acuerdo a la segunda ley de la termodinámica, hay una mayor tendencia al desorden que al orden. Esto significa que desde que emerge un suceso como suceso ordenado, y en la medida que transcurre el tiempo, esta singularidad irá evolucionando y su estado irá cambiando, mutando, metamorfoseando. Los observadores deben ser capaces  de observar estas mutaciones.
Debido a su relación con un entorno fuertemente perturbador, el sistema tenderá en su evolución a desordenarse constantemente, pudiendo incluso saltar hacia otro estado cualitativamente distinto. La complejidad al ser resuelta, aumenta la complejidad. Esto genera nuevos sucesos y la necesidad de generar nuevas visiones que permitan el entendimiento de lo nuevo como un nuevo conocimiento generado por el o los observadores.

Lapiedra nos indica que la ciencia cuántica nos va señalando que los procesos germinales creadores de la realidad son en parte indeterminados, y como ya se señaló, sólo conocidos por estadística y probabilidad. Hoy se hacen preguntas si es posible conocer estos procesos primordiales. Algunos sostienen que es sólo una insuficiencia de la capacidad de conocer que los humanos tenemos de las pequeñas fluctuaciones y variaciones de las condiciones iniciales de las partículas microscópicas. Es decir, se trata de un problema epistemológico real, porque estas “variables ocultas” hasta el momento son imposibles de conocer. Se trataría de la segunda flecha señalada por Hawking como la flecha psicológica, la cual está relacionada con la mirada o visión de los observadores, cómo éstos sienten que pasa el tiempo, que ven de una manera determinada el suceder del suceso, que observan como éste se expande. Esta segunda flecha está fuertemente determinada por la flecha termodinámica porque los observadores van advirtiendo la expansión del suceso en la misma medida en que la entropía aumenta, en que el desorden crece.
Otros apuestan a que el asunto es más profundo, y que tiene un alcance real ontológico, la imposibilidad de conocer la forma de existencia  de las fluctuaciones de estas partículas. Son variables no visibles que expresan un determinismo causal objetivo aplicables a los fenómenos cuánticos y macroscópicos, que sucede realmente en el mundo, independientemente de la existencia de los observadores. Concluye el autor que estas indeterminaciones cuánticas que surgen de los colapsos de estos sistemas cuánticos en superposición de estados posibles, son los que transmiten sus efectos hacia el mundo macroscópico, causando las  indeterminaciones de éste.
Por último, está la flecha cosmológica que se refiere a la dirección del tiempo en que se expande el universo o se desarrolla la naturaleza y la sociedad, entorno que le imprime fuertemente su impronta al suceso, situación que hay que tener presente para observar su desarrollo.



c.    Una aproximación a lo simple y lo complejo en el método
Schwartzmann (1994) sostiene que cualquier teoría física es siempre provisional, en el sentido de que es sólo una hipótesis: nunca se puede probar definitivamente. Agrega el autor que a pesar de que los resultados de los experimentos pueden concordar con la teoría, no siempre va a ser así, y hechos posteriores pueden introducirla.
Karl Popper (citado por Schwartzmann (1994:29)   señala que “una buena teoría está caracterizada por el hecho de predecir un gran número de resultados que en principio pueden ser refutados o invalidados por la observación. Cada vez que se comprueba que un nuevo experimento está de acuerdo con las predicciones, la teoría sobrevive y nuestra confianza en ella aumenta. Pero si por el contrario se realiza alguna vez una nueva observación que contradiga la teoría, tendremos que abandonarla o modificarla.
El método complejo lo que busca es que, frente a la aceptación de que la realidad es compleja, de que existen sistemas complejos, se deben desarrollar estrategias de conocimientos también complejos. Se trata de abandonar el paradigma de simplicidad positivista y proponer un nuevo método. Un método con una visión global, cosmológica que permita contextualizar en los marcos de sus interrelaciones los objetos singulares investigados.
Vulgarmente se ha reconocido que lo complejo es un pensamiento difícil de comprender, por ello turbio y enredado. En contrapartida a esta complejidad muchas veces se ha buscado un pensamiento simple, bien pensado y de fácil comprensión. Trasladado esto a la investigación, se ha llegado a pensar, señala Morín (1998:21), que muchos investigadores plantean que el conocimiento científico busca “… disipar la aparente complejidad de los fenómenos, a fin de revelar el orden simple al que obedecen”.
Morín (1999:22-3) plantea que la complejidad no conduce a la eliminación de lo simple. Lo simple no es aquello que podemos ver sin su relación con el sistema al cual pertenece. Ni tampoco como objeto simplificado porque reconocemos que tiene interacción con otros objetos. Tampoco podemos entender lo simple como aquello que sigue el camino de “poner orden” y de precisión en el conocimiento como pretenden los partidarios de simplificar los problemas de la realidad, de desintegrar lo “complicado” a través de exhaustivas tareas de análisis. Lo complejo, por el contrario, reconoce las interrelaciones y los vínculos de los fenómenos con el resto de los acontecimientos, que requiere una perspectiva sistémica para su comprensión, interacción, reconocer en él organización. No mutila, no reduce, no es unidimensionalizante, sino por el contrario, es pluridimensional en su mirada de la realidad. Pero tampoco el pensamiento complejo es sinónimo de completud. Porque este tipo de pensamiento no es posible, no hay omnisciencia, no hay pensamiento completo, conocer las últimas causas de todo y llegar a la verdad absoluta de algo es absurdo desde la perspectiva compleja del conocimiento.
Las visiones de lo simple y lo complejo tienen su base en las ciencias. La física cuántica nos señala la complejidad de lo real sobre la base de postulados que emergen de la segunda ley de la termodinámica[18], las capacidades de autoorganización del cosmos y la propia vida, la teoría de sucesos y la autopoiésis, entre otras. La complejidad nos muestra interacciones, interrelaciones, interferencias, perturbaciones, anomalías, mutuas influencias entre subsistemas y sistemas. Aún en los propios seres vivos se observa que participan en sus procesos de auto-organización millones de moléculas y células. En la sociedad sucede lo mismo a través de la información que va constituyendo sistemas y subsistemas, y en todos estos procesos tanto de la naturaleza como de la vida social hay incertidumbres, indeterminaciones, fenómenos aleatorios que definen su complejidad. Pero según Morín, la complejidad no es reducible sólo a la incertidumbre, porque es la incertidumbre en el seno de los sistemas ricamente organizados. La complejidad es una mezcla de “orden y de desorden”.
El tratamiento epistemológico hermenéutico complejo[19] del saber (Sotolongo y otros, 2006:51) es aquel que, a diferencia del gnoseológico y fenomenológico, no se propone "desconectar" ni al sujeto ni al objeto. Este enfoque penetra en la circularidad hermenéutica, según estos autores, de objetividades-subjetividades interrelacionadas e interactuantes en una determinada historicidad. Es una reflexión de las objetividades en los marcos de la totalidad que lo rodea. Pero es una historicidad o mundialidad que no se transforma en algo pétreo, sino que va permitiendo que los sujetos se vayan comprendiendo epistemológicamente de formas diversas en los procesos cognitivos en la medida que va pasando el tiempo.
Los sujetos del saber no reflejan la realidad “tal cual es”, no son reducibles a la razón y menos son algo ya acabados. Los sujetos viven procesos de configuración constante de su subjetividad influidos por su entorno y por su propio inconsciente que determinan a la vez lo que pudiera entenderse por razonable. Y en esa autoconfiguración constante, auto-organización permanente van construyendo el objeto como constructos teóricos del saber, con toques de objetividad pero condicionados por las propiedades creativas del sujeto. Es una realidad ontológico-razonable creada que va enriqueciendo la complejidad en este proceso intersubjetivo en el lenguaje. Porque todo proceso transcurre, según estos autores inmersos en determinadas intersubjetividades, con ausencia de “robinsones” cognitivos, remitiéndonos a innumerables resultados anteriores y a objetos articulados con muchos otros objetos, es decir no sólo existe intersubjetividad sino además interobjetividad, objetos determinados por otros objetos, expresando con ello la unidad de lo social, la hologamia de lo universal, la complejidad del cosmos, de la naturaleza y la propia sociedad. En otras palabras, de acuerdo a los autores que analizamos, consenso intersubjetivo de una inter objetividad observada en los marcos de una omnijetividad, historicidad de nuestro contexto. Es decir, la creatividad (:58) ontológica desde una perspectiva epistemológica hermenéutico-contextualizante.
Para el enfoque hermenéutico, de acuerdo a Sotolongo y Delgado, el objeto es definible en su relación con el sujeto, el cual crea una construcción representativa del mundo, pero no es el mundo. Es un producto de la subjetividad humana. Entonces, para la investigación hermenéutica –compleja o de segundo orden según estos autores-, el sistema observador forma parte de la investigación como sujeto en proceso, superando la disyunción entre sujeto-objeto abriendo camino a estructuras reticulares e interaccionales semejantes a una red.
Si hacemos una interpretación hermenéutica del cosmos y la sociedad nos muestra que se van moviendo de lo simple a lo complejo y sólo puede ser explicada a través de teorías complejas. Pensar en forma compleja implica aceptar que en esta red dinámica de sucesos interrelacionados en la naturaleza y la sociedad, ninguno de ellos es fundamental porque todas las partes y los sucesos se configuran a partir de las propiedades de las otras partes y sucesos, y la consistencia consigo misma y con la totalidad de las interrelaciones. Todo ello es lo que determina la estructura de la totalidad de lo real. La existencia compleja no tiene formas fijas.
Por su parte, Morín (1986) señala que el desorden termodinámico, la incertidumbre microfísica, el carácter aleatorio de las mutaciones genéticas entre otros logros del conocimiento actual, nos obligan a transitar por caminos desconocidos en busca del nuevo método de la ciencia, que asuma esta complejidad. Hoy se acepta que la incertidumbre y la confusión son las propiedades naturales de la complejidad del cosmos, de la naturaleza y de la vida humana. Para entender esta incertidumbre es necesario, como ya hemos señalado de acuerdo a Morín, articular la ciencia antropo-social a la ciencia de la naturaleza, y ambas a la física. Entonces se acepta que la relación circular física/biología/antropo-social empuja a la incertidumbre de la realidad –según Morín-, que hace que los fundamentos ontológicos de ella se vayan perdiendo e imposibiliten el conocimiento objetivo.
Al circularizar la relación física/biológica/antropológica, Morín enfatiza que el pensamiento complejo se distancia del principio de disyunción/simplificación, rechazando la reducción de un suceso a principios mutilantes, rechazo a aceptar conceptos fundamentales que se encuentran en la base del conocimiento como la materia, el espíritu, Dios, etc. Se avanza, entonces, decididamente en el camino lleno de trampas del verdadero conocimiento objetivo, paradójico, incierto, complejo. Con una visión de estas características podemos entender que en cada suceso pueden existir proposiciones entendidas como verdaderas pero que se niegan al relacionarse, y esta negación no está fatalmente destinada a liquidarse mutuamente, superando necesariamente una a la otra, sino que nos obliga a aceptar su relación en disyunción pero interdependientes como dos caras de una verdad compleja. Esta forma de plantear el método transforma los círculos viciosos en virtuosos, en pensamiento reflexivo, circular, complejo.



d.    Una nueva epistemología
El antiguo enfoque newton-cartesiano nos ha hecho creer que la conducta humana es producto de un sistema biológico que debe ser entendido como computador neuronal, que procesa información como si tuviera programas determinados por la evolución natural. Sería un determinismo que nos transformaría en simples robots.
El cerebro no es una máquina pasiva que recibe en forma de input instrucciones del exterior como plantea el enfoque ingenieril lineal; no es un simple depósito de imágenes o saberes que luego son procesados y enviados al exterior en forma de output. El cerebro de las personas no procesa como máquinas alopoiéticas, como los computadores u otras creadas por los seres humanos, sino que al ser seres vivos, se transforman en seres autopoiéticos, y crean conocimientos efectivamente a partir de sus propios conocimientos previos porque son máquinas no tribiales.
Según Maturana y Varela (1984), esta propiedad autopoiética que poseen los observadores como seres humanos consiste en que se trata de unidades organizadas como sistemas que generan  sus propios procesos de producción de componentes y relaciones entre ellos a través de sus continuas interacciones y transformaciones, y constituyéndose de esta manera como unidad en un espacio físico determinado. Los seres humanos se transforman en sus procesos de entropías internas gatillados –y sólo gatillados- por el entorno con sus anomalías y perturbaciones, pero los cambios que se especifican dentro de ellos  son  seleccionados por los propios observadores afectados en función de su mantención como seres con características autopoiéticas.
Los seres humanos son “máquinas no triviales” no responden siempre de la misma manera, sino que lo hacen según su estado momentáneo. Los observadores/as son sistemas funcionales diferenciales y no dependen de cuándo y cómo ha empezado algo en el entorno que lo rodea. Lo que para ellos cuenta del entorno al cual pertenecen lo van determinando ellos mismos de acuerdo a criterios propios, internos de cada uno. La mecánica cuántica no predice un único resultado de cada observación. En su lugar, predice un cierto número de resultados posibles y nos da las probabilidades de cada uno de ellos. Es decir, si se realizara la misma medida sobre un gran número de sistemas similares, con las mismas condiciones de partida en cada uno de ellos, se encontraría que el resultado de la medida sería A o B, pero no se podría predecir el resultado específico de una medida concreta. Así pues, la mecánica cuántica introduce un elemento inevitable de incapacidad de predicción, una aleatoriedad en la ciencia.
Morín (1986) por su parte sostiene que hay un bucle indisociable entre computación y cogitación. La nueva relación ética entre tutores y aprendices en el aula debe generar las condiciones para comprender que la actividad computante de los alumnos/as organiza de una manera el conocimiento, y la cogitación produce una nueva forma de organización de ese conocimiento de tal manera que pueda ser reflexivamente considerado.
La relación de bucle entre la computación cerebral y la cogitación es fundamental, porque permite desarrollar en el aula una interrelación tutor/aprendiz  de lógica compleja, que busca asociar lo que la primera (la actividad computacional humana) disyunta, buscando la conjunción de lo separado artificialmente, coordinando palabras e ideas en discursos, sistematizándolas, etc. De este modo, afirma Morín, la asociación y la disociación adquieren esta forma lógica de conjunción, disyunción, afirmación, negación, condición, conmutación, distribución, entre otras.
La estructura del cerebro de los seres humanos está determinada por el contexto histórico del desarrollo celular y que las posibles combinaciones de neuronas se realizan en cifras expresadas con un diez con un millón de ceros. Esta interconexión de neuronas o mapas sinápticos es importante porque organiza el cerebro y favorece la adaptación del organismo a los entornos complejos cambiantes, lo que transforma al ser humano en un ser anticaosógeno (Yanes, 2010), en un ser energocibernético[20]. Esta situación es potenciada hoy día exponencialmente por las tecnologías de la información y las comunicaciones.
May (2001:24) nos dice que hoy , como nunca en la historia de la humanidad, “…podemos interactuar con la diversidad de hechos, culturas, enfoques, visiones, valores mundiales y esto, que indudablemente representa un enriquecimiento y ampliación de la conciencia es, al mismo tiempo, sin un fondo ordenador, algo que nos deja confusos, sobrestimulados, en un caos donde ya no somos capaces de descifrar un sentido, algo que organice y nos devuelva la sensación, que muchos pueblos anteriores a nosotros tuvieron, de vivir en un “cosmos”  en un todo armónico en el cual podamos ubicar la experiencia integrada a un sustrato de fondo que dé dirección a la vida”. El ser humano busca incesantemente comprender el mundo que vivimos, presiente que hay razones que no las ve que podrían definir nuevos horizontes, un “todo” que integre la multiplicidad de nuestras vidas en una esfera más abarcante que nos haga sentir que ésta cobra rumbo, pulso, que tras los múltiples latidos hay un solo corazón. (May:26). La autora coincide con los teóricos cuánticos de que el  cosmos es un todo interrelacionado de energía en constante intercambio y transformación, una red vibratoria donde cualquier pulsación en cualquier parte, “toca” a todo el universo.  Esta nueva forma de pensar supera la mecánica-clásica de entender el mundo, reubicándonos como seres humanos y planeta en un todo sideral, como uno más, comprendiéndonos sólo como una partícula de polvo cósmico en el universo”.

Estamos cada vez más cerca de entender que somos simplemente parte de una red universal.  Esta naturaleza cósmica a la cual pertenecemos es una mente colectiva que entrega pautas de expresión a todas las formas de existencia universal. Son fluctuaciones cuánticas microcósmica que al colapsar se transforman en sucesos macroscópicos de todas las múltiples existencias como los minerales, vegetales, animales y el propio ser humano. De esta manera nos transformamos en expresión “del alma colectiva que da la pauta” a todos los reinos, entre ellos el humano, alma colectiva que no reflexiona ni crea ideas, pero define con sus fluctuaciones cuánticas todo la conducta en el vivir macroscópico de todos los seres que en ella vive.

En este marco, las potencialidades de las estructuras de los seres energocibernéticos como el ser humano, están relacionadas con sus capacidades de incremento constante de la variedad residual estructural que poseen como seres vivos, lo cual les permite generar profundos cambios internos con el fin de superar la resistencia del medio o entorno caosógeno, condicionado por la segunda ley de la termodinámica, la complejidad, la incertidumbre y el caos. Esta  propiedad del hombre como especie compleja le permite crear los sistemas adaptativos correspondientes, conservando sus propiedades autopoiéticas y de identidad, a través de las diversidades de lenguajes, sistemas de comunicación, visiones paradigmáticas y epistemológicas, el pensar el saber, diversos meta-conocimientos científicos, redes nerviosas digitales, realidades virtuales, cultura tecnológica, nuevas invenciones, conocimiento profundo de la sociedad, inteligencia artificial, en fin, con el conjunto de la cultura que la sociedad ha ido creando, todo lo cual ayuda a conocer su entorno, pensar lo pensado y aprender a vivir en este medio complejo y hostil, garantizando su existencia, desarrollo y permanencia como organismo vivo complejo. ¿Pero ésta reacción frente a las fluctuaciones resuelve el problema epistemológico del conocer? ¿Y el problema ontológico de las fluctuaciones cuánticas superpuestas y luego colapsadas que nos muestran estas nuevas formas de realidad, de realidad mecánico-cuántica que transforma constantemente los sistemas macroscópicos, cómo las enfrentamos?
Lapiedra (2008) señala que el determinismo no es el soporte físico apropiado para explicar estas nuevas formas de realidad cuántica. Agrega que este soporte para explicar la conciencia y la libertad de los seres humanos podría encontrarse en la ontología cuántica, en la propia forma de ser  de la realidad física de nuestros cerebros. A esta forma de comprensión él la denomina “neurología cuántica”[21]. Ella es capaz de amplificar a niveles macroscópicos sus fluctuaciones cuánticas, esas partículas de onda que perturban nuestro cerebro y de las cuales no tenemos conciencia inmediata, pero que las conocemos sólo cuando se transforman en sucesos visibles. Ello transforma también a los seres humanos en seres no predecibles, al igual que el resto de los seres vivientes. Esta conducta macroscópica impredecible de los humanos son las transiciones de la información imperceptible que como partículas de onda  incrementadas por la velocidad de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs) en la época actual, tienen lugar en nuestros cerebros. Los problemas sociales de alta complejidad que se escapan momentáneamente de la comprensión de toda construcción epistemológica son expresión de aquellos. ¿Cómo conocer esa frontera en que lo cuántico en nuestro cerebro comienza a construir la evolución de los estados posibles en las decisiones de los seres humanos, creando con ello objetos macroscópicos que se harán realidad explotando como sucesos con sus conos del pasado y del futuro?




e.    El pensamiento vinculante
La observación de este nuevo cosmos lleno de incertidumbres necesita terminar con aquellos principios que han mutilado nuestras visiones, y la de los alumnos en nuestras universidades.  Es necesario, como plantea Morín (1986), articular la ciencia antro-social a la ciencia de la naturaleza, recreando con ello la estructura actual del saber. Este autor nos invita a plantear una nueva concepción del hombre como un concepto trinitario individuo-sociedad-especie, donde ningún término se subordine al otro. Nos invita también a vincular la esfera antropo-social a la esfera biológica y ambas a la esfera física. Y además nos señala que hay que reintegrar al observador en la observación, porque el sujeto observante y conceptualizador es un ser cultural, y por ello toda realidad concebida no sólo se remite al objeto sino que también a ese sujeto cultural conceptualizador.
De esta manera la realidad antro-social se proyecta, siguiendo a Morin, en la esencia misma de la física y de las ciencias naturales, terminando con la disyunción que condenan a las ciencias humanas a la inconsistencia extra-física, y a las ciencias naturales a la inconsistencia de su realidad social, haciéndolas por el contrario, dependientes entre sí. Esta nueva situación nos permitiría de mejor manera entender las superposiciones de las partículas cuánticas que al adquirir mayor velocidad por incremento de su energía, perturban con fuerza el mundo macrofísico haciendo posible la emergencia de los sucesos.
La ciencia hoy día, señala Morin, es capaz de controlar los objetos de ella, pero no ha creado ningún método científico que ponga a la ciencia misma como objeto de la ciencia y al científico como sujeto de este objeto: no hay ciencia de la ciencia y mientras eso sea así, la relación planteada más arriba será un círculo vicioso. Y es un círculo vicioso porque no articula las ciencias físicas, biológicas y antro-social, no vuelve a unir lo que se ha desunido, dando como consecuencia la incomprensión de la emergencia de los sucesos sociales desde las perturbaciones cuánticas de nuestro propio cerebro.
Morín llama a poner en duda metódicamente el método científico cartesiano, que provoca la disyunción de los objetos entre sí, de las nociones entre sí, la disyunción entre objeto y sujeto. Esa es la gran tarea histórica de esta época: encontrar un método que nos ayude a develar las uniones, las articulaciones, las interdependencias y complejidades de todo lo que existe. Hay que denunciar la ignorancia oculta, la simplificación mutiladora, la disyunción, las certidumbres, el reduccionismo, en fin, la incapacidad de nuestros saberes en lo que llamamos conocimiento científico.         Por el contrario, hay que poner a la vista de todos el desorden termodinámico, la incertidumbre microfísica, la irrupción de los sucesos macrofísicos a partir de las fluctuaciones de las partículas cuánticas, el carácter aleatorio de las mutaciones genéticas, las interrelaciones, las confusiones que van abriendo paso al pensamiento complejo.
La relación física-biología-antropo-social es circular, y se nos muestra como un círculo vicioso porque presenta en su relación tres problemas no disipados aún: la imposibilidad del saber enciclopédico, epistemológico o la ausencia de un nuevo principio de organización del saber, la presencia del principio de disyunción, y, la muralla lógica o presencia del círculo vicioso.
Morín plantea la necesidad de transformar el círculo vicioso en círculo virtuoso, transformándolo en un movimiento reflexivo del pensamiento sobre el pensamiento, generador de un pensamiento complejo. La circularidad no debe ser rota, señala Morin, pero su ruta debe ser en espiral, poniendo el saber en ciclo activo para generar aprendizaje, articulando los puntos de vista disjuntos del saber en un movimiento permanente, evitando encerrar la realidad en la lógica de un sistema,  energetizar a los conocimientos cruciales, los puntos estratégicos, los nudos de comunicación, las articulaciones organizacionales superando la disyunción. La barrera enciclopédica para instaurar un nuevo método de la ciencia para la ciencia consiste en dejar de entender el enciclopedismo como acumulación de conocimientos en términos de totalidad, sino que debe entenderse, como señala Morín, en términos de organización y de articulación de saberes en el seno de un proceso circular activo.
Lo que está pendiente para superar el viejo método científico cartesiano que disyunta lo que siempre ha estado unido es la constitución de un nuevo principio organizador del conocimiento que, según Morín, asocie a la descripción del objeto la descripción de la descripción y el surgimiento del  descriptor, dando fuerza a su vez tanto a la articulación y a la integración, como a la distinción  y a la oposición. Concluye Morín señalando que “Nos servimos de nuestra estructura de pensamiento para pensar. Necesitamos también servirnos de nuestro pensamiento para repensar nuestra estructura de pensamiento. Nuestro pensamiento debe volver a su fuente en un bucle interrogativo y crítico”, pensando lo pensado.



Bibliografía
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Visitada el 9 de mayo 2014
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[2] Cosmogénesis: Estudio de la secuencia de eventos involucrados en el desarrollo del Universo, y por ello, del mundo y de la sociedad humana.
[3]  Las aporías se presentan como dificultades lógicas casi siempre de índole especulativa.
[4] Realismo cosmológico (Bohm): Asume la primordialidad del suprarrealismo de la no-localidad frente a la separabilidad, a entender lo singular y los sucesos separados unos de otros y sin expresar la totalidad. Hay una interacción permanente entre todos los elementos que componen esa totalidad sin existencia de separabilidad, y ello es una característica propia de la naturaleza porque el universo emerge como un sistema cuántico que no tiene sentido determinado. Regularidad: (Varela) Explica nuestro mundo como un mundo que traemos a la mano con otros seres, como una mezcla de tendencia regular y mutabilidad, como un mundo que aparece como sólido y movedizo al mismo tiempo. La regularidad es propia del acoplamiento estructural de los grupos sociales en su tradición cultural, como una manera de ver y actuar. Es lo que Varela denomina enacción que implica traer a la mano o hacer emerger.
[5] Cuántico (estado, Hawking):  Cuando los sucesos y sus componentes no poseen posición y velocidad definitiva por separado, sino que una combinación de ambas.

[6] Geometría no Euclidiana: Cualquier sistema de geometría que no está basado en el postulado paralelo de Euclídes, que dice que una línea y sólo una línea se puede trazar a través de un punto fuera de una línea dada, paralela a esa línea. La geometría Euclidiana trata de la geometría de nuestro mundo diario. El postulado paralelo de Euclídes parece intuitivamente claro, pero nadie ha sido capaz de demostrarlo. Si sustituimos el postulado paralelo de Euclídes con el supuesto que existe más de una línea paralela a una línea dada a través de un punto dado, tenemos una geometría no Euclidiana llamada geometría hiperbólica. Si asumimos que no existen líneas paralelas, tenemos una geometría no Euclidiana llamada geometría elíptica. http://www.mathematicsdictionary.com/spanish/vmd/full/n/non-euclideangeometry.htm


[8]Teoría de la Mecánica Cuántica (Schwartzmann 1994:33; 83; 88)
a. La mecánica cuántica se ocupa de los fenómenos a escala extremadamente pequeñas, tales como una billonésima de centímetro.
b.  La teoría la relatividad general sólo pretende ser una teoría parcial, de forma que lo que el teorema de la singularidad realmente muestra es que debió haber habido un  tiempo, muy al principio del universo, en que éste esta tan pequeño que ya no se puede ignorar los efectos de pequeña escala de la otra gran teoría parcial del siglo XX, la mecánica cuántica.
c. Se reformula la mecánica con una nueva teoría llamada mecánica cuántica, basada en el principio de incertidumbre. En esta teoría las partículas ya no poseen posiciones y velocidades definidas por separado, pues éstas no podrían ser observadas. En vez de ello, las partículas tienen un estado cuántico, que es una combinación de posición y velocidad.
d. En general, la mecánica cuántica no predice un único resultado de cada observación. En su lugar, predice un cierto número de resultados posibles y nos da las probabilidades de cada uno de ellos. Es decir, si se realizara la misma medida sobre un gran número de sistemas similares, con las mismas condiciones de partida en cada uno de ellos, se encontraría que el resultado de la medida sería A o el B, pero no se podría predecir el resultado específico de una medida concreta. Así pues, la mecánica cuántica introduce un elemento inevitable de incapacidad de predicción, una aleatoriedad en la ciencia. (88

[9] Principio de incertidumbre: (Hawking) nunca se puede estar totalmente seguro acerca de la posición y la velocidad de una partícula; cuanto con más exactitud se conozca una de ellas, con menos precisión puede conocerse la otra.
[10] La teoría de la relatividad general  (Schwartzmann 1994: 31-2; 59-60; 95; 197)
a. Describe la fuerza de la gravedad y la estructura a gran escala del universo, es decir, la estructura a escala que van desde sólo unos pocos kilómetros hasta un billón de billones (un 1 con 24 ceros detrás) de kilómetros, el tamaño del universo observable.
b. En la teoría de la relatividad no existe un tiempo absoluto único, sino que cada individuo posee su propia medida personal del tiempo, medida que depende de donde está y de cómo se mueve.
c. En la teoría de la relatividad, el espacio y el tiempo son cantidades dinámicas: cuando un cuerpo se mueve, o una fuerza actúa, afecta a la curvatura del espacio y del tiempo, y, en contrapartida la estructura del espacio-tiempo afecta al modo en que los cuerpos se mueven y las fuerzas actúan. El espacio y el tiempo no sólo afectan, sino que también son afectados por todo aquello que sucede en el universo.. De la misma manera que no se puede hablar acerca de los fenómenos del universo sin las nociones de espacio y tiempo, en relatividad general no tiene sentido hablar del espacio y del tiempo fuera de los límites del universo.
d.  La teoría de la relatividad general de Einstein parece gobernar la estructura a gran escala del universo. Es lo que se llama una teoría clásica, es decir, no tiene en cuenta el principio de incertidumbre de la mecánica cuántica, como debería ser para ser consistente con otras teorías. La razón por la que esto no conduce a ninguna discrepancia con la observación es que todos los campos gravitatorios, que normalmente experimentamos, son muy débiles.
e. Sin embargo, el descubrimiento de que la velocidad de la luz resultaba ser la misma para todo observador, sin importar cómo se estuviese moviendo éste, condujo a la teoría de la relatividad, y en ésta tenía que abandonarse la idea de que había un tiempo absoluto único. En lugar de ello, cada observador tendría su propia medida del tiempo, que sería la registrada por un reloj que él llevase consigo: relojes correspondiente a diferentes observadores no coincidirían  necesariamente. De este modo, el tiempo se convirtió en un concepto más personal, relativo al observador que lo medía.

[11] Singularidad: (Hawking) un punto en el espacio-tiempo en el cual la curvatura del espacio-tiempo se hace infinita.
[12]Agujero negro: (Hawking) región del espacio-tiempo de la cual nada, ni siquiera la luz, puede escapar, debido a la enorme intensidad de la gravedad.

[13] Flecha termodinámica: Nos muestra la dirección del tiempo en la que aumenta el desorden o la entropía en el universo.
[14] Flecha cosmológica: Se refiere a la dirección del tiempo en que se expande el universo. El entorno le imprime fuertemente su impronta al suceso, situación que hay que tener presente para observar su desarrollo.
[15] Llamamos código genético al código que asegura la traducción del mensaje genético para cada célula. Específicamente, la molécula denominada ARN mensajero lleva varias secuencias de bases nitrogenadas. Cada trinomio de bases representa una secuencia que codifica o simboliza un aminoácido, que es la base para la formación de proteínas. Por lo tanto, el código genético permite traducir las informaciones encriptadas en nuestro material genético con el fin de producir las proteínas necesarias para el funcionamiento de nuestro organismo. (http://salud.kioskea.net/faq/15291-codigo-genetico-definicion)

[16] John Archibald Wheeler fue un físico teórico estadounidense. Se doctoró en la Universidad Johns Hopkins. Hizo importantes avances en la física teórica. Wikipedia

[17] Cono de luz: (Hawking) Superficie en el espacio-tiempo que marca las posibles direcciones para los rayos de luz que pasan por un suceso dado.  
[18]Termodinámica (2° principio):  Existe una tendencia al desorden y al caos en la naturaleza, y de aquí se puede extender esta característica a las diversas formas de vida de la naturaleza, incluida la propia sociedad humana. Esto los transforman en estructuras disipativas, cambiantes al ser sensibles a las influencias del medio.
[19] Epistemología compleja (Morín): Es una epistemología de segundo orden o del conocimiento del conocimiento,  cuyo esfuerzo se oriente, no tanto al estudio de los sistemas observados, como a las dinámicas reflexivas. Descubrir las implicaciones de las transformaciones teóricas del campo de la microfísica, de la biología y de las demás ciencias humanas. Ningún problema puede ser analizado sin su debida contextualización, sino que analizado en los marcos de la totalidad a la cual pertenece, teniendo como base la idea  de que todo está interconectado, unido a lo demás.

[20] Energocibernéticos (seres): Son holoestructuras, son cuerpos que se prolongan  en las tecnologías que ha creado como extensión de su cerebro y que se rehacen sin cesar. Son cuerpos que pasan de lo material a lo virtual y viceversa, y en su viaje van adquiriendo infinidad de formas como la luz y su propiedad multiforme de onda-corpúsculo. El ciberespacio es el ambiente que crea a este ser luminizado. La tecnología electrónica con sus computadores, redes de comunicación y ambientes virtuales son los sostenes del ciberespacio donde los seres energocibernéticos navegan como holoestructuras. En él, estas holoestructuras en su navegar incesante unifican la tecnología, el conocimientos y la invención, los cuales se materializan es este ser energocibernético. Son seres que pasan de la tecnología a la inteligencia, a la sabiduría y a la invención, transformándose en este juego de pasos reales-virtuales-reales a través de la pedagogía lumínica en poderosos dueños de los nuevos secretos informáticos,

[21] Conciencia, libertad y mecánica cuántica 

Ha existido, y sigue existiendo, una explicación determinista del hombre (y por ende de los seres vivos) en el marco causal de la mecánica clásica. Las nuevas teorías computacionales del hombre han supuesto hoy una versión renovada de ese determinismo, por cuanto la conducta humana estaría producida por el sistema biológico entendido como computador neuronal que procesa la información y emite las respuestas deterministas de acuerdo con programas que responden a la evolución natural. 

Lapiedra es consciente de estos determinismos y los expone sumariamente. Sin embargo, considera que el determinismo no puede dar razón de la experiencia fenomenológica de libertad que constatamos incuestionablemente en nuestra experiencia individual y social. Podríamos decir que el determinismo no es un soporte físico apropiado para explicar nuestra libertad. No somos robots. 

Por consiguiente, ¿dónde hallar un soporte físico apropiado para explicar la conciencia y la libertad? Lapiedra entiende que este soporte podría estar (e incluso cabe suponer que debe estar) en la ontología cuántica de la realidad física de que están hechos nuestros cerebros. Opta, pues, sin ambajes y con toda honestidad, por la línea de pensamiento que hoy podríamos llamar “neurología cuántica”. 

“Es nuestro hardware, el cerebro, nos dice Lapiedra, el que amplificando hasta niveles macroscópicos las fluctuaciones cuánticas nos convierte, a los humanos, en unos seres no totalmente predecibles, en contra de lo que establecería nuestra reducción a un mero software clásico, por más sofisticado que sea” (179). Este indeterminismo viviente de origen cuántico no sólo se aplicaría al hombre, sino también al mundo viviente en general. 

“La imposibilidad práctica de predecir los repentinos cambios en el movimiento de un pez en una pecera podría venir, no únicamente de la dificultad de determinar en la práctica las condiciones iniciales de un movimiento supuesto predecible en principio, o incluso de las limitaciones fácticas de predicción que comporta el caos dinámico, sino, también, del hecho de que en sus movimientos el pez podría estar amplificando, hasta el nivel de su conducta macroscópica, las transiciones cuánticas imprevisibles que tienen lugar en su propio cerebro” (191). 

Como antes veíamos, la indeterminación cuántica podría ser discutida por la apelación a un fondo de “variables ocultas” que permitiera explicar una última causalidad determinista de las fluctuaciones cuánticas y de los colapsos. Sin embargo, la violación de las desigualdades de Bell parece finalmente obligarnos a aceptar el indeterminismo ontológico real del mundo cuántico. También en relación al mundo de la libertad-conciencia podría arguirse una causalidad determinista, abierta como posibilidad no descartable. Por ello, Lapiedra propone una vía que pudiera servir de experimento crucial para descartar que la explicación de la libertad-conciencia pudiera ser clásica (determinista) y no cuántica (indeterminista). Por ello, sugiere que esta vía quizá pudiera consistir en hallar algo parecido a lo que son las desigualdades de Bell para el mundo físico, pero aplicables al mundo neurológico. Su violación permitiría concluir la existencia ontológica real de un indeterminismo neuronal. 

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