domingo, 6 de septiembre de 2015

Surgimiento y desarrollo de los sistemas.

Jaime Yanes Guzmán
Santiago de Chile, julio de 2009

Un sistema surge cuando un conjunto de elementos comienza a conservar una dinámica de interacciones y de relaciones, dando origen a un “clivaje” operacional que separa a un subconjunto (sistema) de otros elementos (entorno). El sistema está compuesto de una organización o configuración relacional entre elementos al separarse de otros elementos o entorno, y de una estructura que comprende al conjunto de elementos y relaciones que realizan esa organización en la unidad operacional particular que surge separada de ese medio(Maturana,H. y Varela, F, 1974). Para Ackoff (1960) “Un sistema es la unidad resultante de las partes en mutua interacción”. Morín (1977) nos señala que “Un sistema es una unidad global organizada de interrelaciones entre elementos, acciones o individuos”.


El nacimiento de un sistema es el surgimiento de un orden determinado a partir del caos como formación espontánea de sistema y medio, sin entender con esto al sistema exclusivamente como un principio  de ordenación. Todo surge del caos cuando lo que se forma es el inicio de la conservación de una organización que no preexistía, porque, según ambos autores, el observador no la podía deducir desde sus coherencias operacionales (mecanismo generativo) donde lo nuevo tiene sentido relacional.

Para Maturana y Varela (1995), la comunicación y el lenguaje juegan un rol determinante en la formación y desarrollo de los sistemas sociales humanos. El fenómeno social como sistema, agregan ambos autores, está asociado a la participación de los organismos en la constitución de unidades de tercer orden. Estos sistemas sociales humanos satisfacen sus ontogenias mediante acoplamientos mutuos en la red de interacciones a través de la  comunicación. La comunicación, según estos autores,  es una clase particular de conducta que se da en el operar de los organismos en los sistemas sociales. Su efecto lo determina la dinámica estructural del sistema social y no el agente perturbador, no depende de lo que el agente le envía como efecto entrópico recibe, sino de la reacción del sujeto que lo recibe.

Los sistemas sociales humanos existen como unidades orgánicas que conservan su adaptación  al medio. Su identidad depende de la conservación de la adaptación de los seres humanos no sólo como organismos sino también como componentes de los dominios lingüísticos que constituyen, a sus conductas lingüísticas. Estos sistemas, según Maturana y Varela,  requieren componentes acoplados estructuralmente en dominios lingüísticos, donde los componentes pueden operar con lengüaje, ser observadores y ampliar el dominio del lengüaje, ampliando la creatividad individual.

Morín (1981) señala que la verdadera textura de un sistema no se acerca a una unidad indivisible, sino que por el contrario se desarrolla como unidad compleja, definida por su naturaleza organizacional que no se explica por sus elementos constituyentes, sino que por el contrario, es el sistema el que va recreando las características de cada uno de sus componentes.

El universo, plantea este autor, es una arquitectura de sistemas, tiene carácter polisistémico organizado. No existen partículas elementales, objetos, piezas separadas unas de otras. Todos ellos son sistemas en un “archipiélago de sistemas” (Morin, 1981) en un universo siempre desordenado. Señala este autor que existe una trinidad totalidad-interrelación-auto-organización. Agrega Morin que « En efecto, no es suficiente asociar interrelación y totalidad, hace falta ligar totalidad a interrelación por la idea de organización. Mejor dicho, las interrelaciones entre elementos, eventos o individuos, en cuanto tienen un carácter regular o estable, se vuelven organizacionales y constituyen un “horno”. La organización, concepto ausente de la mayoría de las definiciones del sistema, estaba como aplastada entre la idea de totalidad y la idea de interrelaciones, mientras las vincula, las tres nociones se vuelven indisociables. Desde entonces, podemos concebir el sistema como unidad organizada de interrelaciones entre elementos, acciones o individuos » (El Método, Tomo I, p.102)


La filosofía “bootstrap” de Geoffrey Chew (Ver Capra, 2003) sostiene que las cosas deben entenderse plenamente a través de su autoconsistencia, de sus relaciones mutuamente consistentes, de la consistencia entre sí y consigo mismo. También la filosofía “bootstrap” abandona la idea de bloques fundamentales de materia, no acepta ninguna entidad fundamental en absoluto, constante, ley ni ecuación fundamental. (Cf: Montaigne: “Le monde est une branloire perenne” )Señala que el Universo es una red dinámica de sucesos interrelacionados. Ninguna de las partes de dicha red es fundamental; todas se desprenden de propiedades de otras partes y la consistencia global de sus interrelaciones determina la estructura de la totalidad de lo real.

Chew indica que la naturaleza debe entenderse como red de sucesos interconectados; que las partículas son pautas dinámicas en esta red; que cada partícula está relacionada con todas las demás, incluso consigo mismo. Desde este punto de vista, plantea este autor, la ciencia del futuro no tendrá cimientos firmes, la metáfora de la construcción será reemplazada por la de la red o el entrelazamiento, en que ninguna parte es más fundamental que cualquier otra.(Cf: Metáfora de JLLM de la construcción del conocimiento como isla volcánica).


Señala además la conjetura “bootstrap” que la existencia de la conciencia junto con todos los demás aspectos de la naturaleza, es necesaria para la autoconstrucción del conjunto. Ocurre un fenómeno social cuando el observador ve dos o más organismos en interacciones recurrentes que siguen un curso operacional de aceptación mutua (Maturana, H. y Varela, F. 1974).

La Cibernética (N. Wiener, 1948) es un neologismo griego para denominar el campo de la teoría del control y la comunicación en máquinas y animales. Cuando deseamos que un movimiento siga su patrón determinado, la diferencia entre este patrón y el movimiento realmente efectuado se denomina feedback (retroalimentación), el cual se utiliza como nuevo impulso para que la parte regulada se mueva de tal modo que su movimiento se aproxima más al previsto por el patrón. Y en la medida que el movimiento se acerque al objetivo propuesto por el patrón definido, disminuye progresivamente este movimiento.

 Según W. Roos, los temas de la cibernética son la coordinación, la regulación y el control porque invisten mucho interés para la biología y la práctica. La cibernética también es una teoría de las máquinas, pero no estudia objetos, sino modos de comportamiento. Pregunta fundamentalmente ¿qué hace?. Es, por lo tanto, esencialmente funcional y conductista.

Para Newton, dentro de su concepción mecanicista, un sistema era un mecanismo que opera según leyes inmutables. Conforme lo expone Bertalanffy, un sistema puede definirse como un complejo de elementos f1,f2...fn en interacción, definición a la cual, según Rodríguez Delgado convendría añadirle la característica de poseer una frontera o límite –más o menos borroso- que separa al sistema de su entorno. Francois caracteriza el sistema como una entidad autónoma dotada de una cierta permanencia y constituida por elementos interrelacionados que forman subsistemas estructurales y funcionales, que se transforma dentro de ciertos límites de estabilidad, gracias a regulaciones internas que le permiten adaptarse a las variaciones de su entorno específico. Por su parte Ackoff y Gharajedagi dicen que un sistema es un todo que funciona y que no puede ser dividido en partes independientes.

El tema de la cibernética (Venegas, 2001) es el ámbito de todas las máquinas posibles y tiene importancia secundaria el hecho de que algunas de ellas aún no hayan sido construidas o que no se den en la naturaleza. Lo que la cibernética ofrece es una estructura en la cual se pueden comprender, ordenar y describir todas las máquinas singulares. La cibernética trabaja con lo amplio y general y no inquiere de una máquina ¿qué acto singular realiza aquí y ahora?, sino ¿cuáles son todos sus modos de comportamiento posible? No se trata ya de explicar un fenómeno de manera causalista, sino de entender su comportamiento natural o artificial, en función de su capacidad de finalizarse durante un tiempo.

La teoría de la cibernética desempeña un papel esencial en el tema, pues dicha teoría se caracteriza fundamentalmente por tratar siempre conjuntos de posibilidades; tanto los datos primarios como los enunciados finales se refieren siempre al conjunto como tal y no a elemento particular alguno del mismo.

La cibernética pregunta por qué un sistema evoluciona hacia una forma y no hacia otra. La cibernética encara un conjunto de posibilidades mucho más amplio que el real, y entonces se pregunta por qué el caso particular se adecua a la restricción particular ordinaria. Carece de importancia  (W. Ross) que el sistema sea cerrado o abierto a la energía; lo que interesa es hasta qué punto el sistema está sujeto a factores determinantes y de control. En este sentido, según Ross, la cibernética podría definirse como el estudio de sistemas abiertos en cuanto a la energía y cerrados en cuanto a la información y al control, es decir, sistemas de “información herméticamente cerrada”.

La cibernética entrega un método para el enfoque científico de sistemas en los cuales la complejidad es notable. Hay sistemas complejos en los que no puede aplicarse el método de variar los factores uno por uno (Walras), pues estos sistemas son tan dinámicos e interconectados que la alteración de una variable actúa inmediatamente como causa de variación de otras o muchas otras.

Según Ernesto Grún  en su visión sistémica y cibernética del Derecho, Kelsen participó con algunos notables tratadistas en esta área de las ciencias en el descubrimiento del sistema como meta de la investigación, entendido como una totalidad cuya estructura, una vez individualizada permite explicar la composición, el movimiento y el cambio de los elementos específicos. A partir de las ideas de Kelsen, Ross, Hart, Raz y otros autores insinúan una apertura y conexión del sistema kelsesiano, aun prácticamente encerrado en sí mismo, a otros sistemas y realidades que se conectan con él, el sistema social, el sistema económico, el sistema político, y aún el sistema ecológico.

Grún afirma que el sistema tiene características de objeto, o sea, un conjunto estructurado de elementos que podemos  percibir como un conjunto en un momento dado. Pero al mismo tiempo tiene una forma (gestalt), entendida como la configuración de un grupo de elementos percibida como una totalidad organizada. Las partes no existen previo al todo sino que sus características derivan del todo. Su organización no es caprichosa, sino que están definidas por las interconexiones  de sus elementos o susbsistemas entre sí. El comportamiento de un sistema, agrega Grún, está condicionado esencialmente por la interacción de todos sus subsistemas o de una gran parte de ellos y no por la suma de sus acciones independientes;

La termodinámica juega un gran papel en la comprensión de los sistemas. En primer lugar termina con el modelo mecanicista del llamado “mundo reloj” que plantea la existencia de leyes universales que muestran a la naturaleza como un mecanismo simple y finalizado. Por el contrario, la segunda ley de la termodinámica introduce nuevas nociones como estructura, función, historia (Prigogine, 1993). En esta nueva perspectiva, la irreversibilidad es fuente de orden y creadora de organización.

Esta superación de una concepción estática de la naturaleza por una concepción  dinámica con la introducción de un universo termodinámico, implica una drástica revisión del concepto de tiempo que en la ciencia actual ya no es solamente un parámetro del movimiento, sino que mide evoluciones internas hacia un mundo en no-equilibrio.

Hay entonces un segundo aporte a la teoría de sistemas con la irreversibilidad del tiempo tanto microscópica como cosmológica. De acuerdo a Prigogine existen sistemas dinámicos tales que ningún conocimiento finito de las condiciones iniciales permite prever resultado del juego. Para estos cuerpos o sistemas sólo basta que cambie infinitesimalmente estas condiciones para que se produzca otro suceso o sistema. En el caso de la irreversibilidad cosmológica, ella sucede constantemente en todo el universo.

Un tercer aporte y quizás el más importante, es la concepción que desarrolla Prigogine  de estructuras disipativas. Ellas son propiedades de sensibilidad y por tanto movimientos coherentes de gran alcance; son posibilidades de estados múltiples y en consecuencia historicidad de las “elecciones” adoptadas por los sistemas. En condiciones de equilibrio, señala el autor, cada molécula ve sólo lo más próximo que la rodea. Pero en las estructuras o sistemas de no-equilibrio, los elementos de la materia empiecen a ver más allá, y la materia o sistema se vuelva “sensible”.

La introducción de la segunda ley de la termodinámica en la visión del desarrollo de los cuerpos nos muestra sistemas sensibles que se abren a las perturbaciones del entorno. En estas condiciones los sistemas van incorporando todas las otras propiedades físicas, es decir, la gravitación, los campos electromagnéticos, la luz, el clima. (Prigogine, 1983). Estamos en presencia, entonces, de sistemas que poseen una química abierta –al decir de Prigogine- al mundo externo. Esta flexibilidad de los cuerpos entendidos como sistemas permite que éstos presenten muchas propiedades  y estados posibles en su condición de estructuras desipativas, sensibles al medio. Esto no sucede con cuerpos en equilibrio: todo está en orden, es lineal y no hay más que una solución.

Otro punto de vista interesante para entender los sistemas es la entropía. La entropía, según Prigogine,  es una función termodinámica que es una medida de la parte no utilizable de la energía contenida en un sistema. Podemos decir además que es una medida del desorden de un sistema. La entropía existe como un flujo entrópico proveniente del mundo externo, y una producción de entropía propia del sistema considerado como fuerza negentrópica que restablece el orden momentáneamente.

 La producción de entropía contiene siempre dos elementos “dialécticos”: un elemento creador de desorden, pero también un elemento creador de orden. El orden y el desorden aparecen a la vez. Este fenómeno requiere un cambio de mirada, porque se asoció el orden al equilibrio (caso de los cristales) y el desorden al no-equilibrio (caso de la turbulencia). La turbulencia es un fenómeno altamente estructurado, en el cual millones y millones de partículas se insertan en un movimiento extremadamente coherente. El universo del no-equilibrio, de acuerdo a Prigogine,  es un universo coherente. Y esto contradice todo lo que se pensaba hasta hace muy pocos años. El no-equilibrio constituye el dominio por excelencia de la multiplicidad de soluciones.

Según E. Morín, siempre se ha tratado a los sistemas como objetos, cuando en realidad hay que entender a los objetos como verdaderos sistemas. El sistema ha reemplazado a los objetos en la mirada al cosmos y a la vida en general, y él se niega a ser reducido a sus elementos constitutivos. Son sus partes los que reciben la influencia del sistema en su totalidad y los van recreando constantemente. Los sistemas están todos engarzados entre sí. Existe un encadenamiento de sistemas de sistemas, y ello rompe con la idea de objeto cerrado y autosuficiente.

Saussure (1931) entiende los sistemas como una totalidad hecha de elementos solidarios que no pueden ser definidos más que los unos con relación a los otros en función de su lugar en esta totalidad. Morín afirma que no es suficiente comprender a un sistema sólo a través de su interrelación en la totalidad. Además es preciso unir la totalidad a las interrelaciones de sus elementos mediante la idea de organización, es decir, interrelaciones regulares y estables. Sólo de esa manera pueden constituir la totalidad, es decir, la organización de los sistemas. Desde esta perspectiva, Morín concibe a los sistemas como unidad global organizada de interrelaciones entre elementos, acciones o individuos.

Según Morín, la organización es la forma en que los componentes o individuos disponen sus relaciones con el fin de conseguir una unidad compleja o sistema, el cual está dotado de cualidades desconocidas en cada uno de los componentes o individuos. Es la disposición de las partes dentro del todo. La organización es la que une de forma interrelacional los componentes diversos que por este hecho se transforman en los integrantes de un todo. La organización es la que transforma constantemente a sus componentes, los mantiene vinculados entre sí y produce nuevos elementos del sistema si es necesario para su supervivencia. Esto es lo que asegura solidez relativa a las uniones y su duración del sistema en el tiempo a pesar de las perturbaciones constantes del entorno.

La relativa estabilidad de la interrelación  adquiere un carácter organizacional y produce las condiciones para la el surgimiento y desarrollo de los sistemas. La interrelación está relacionada a la manera en que se unen los componentes entre sí y entre éstos y el todo. Esta vida de los sistemas está condicionada por la relación circular mutua entre interrelación, organización y sistema.

El sistema según Morin (1981) es el carácter fenoménico y global que toman las interrelaciones cuya disposición constituye la organización del sistema. Es la unidad compleja del todo interrelacionado, a sus caracteres y a sus propiedades fenoménicas.

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