jueves, 10 de septiembre de 2015

Algunas ideas de Federico Nietzsche

              

(Apuntes obtenidos de los libros:”Historia de la Teoría Política” (Vol. Nº 5)
 de Fernando Vallespin y “Vida de Nietzsche” de Daniel Halévy;)



Nietzsche, el Arte y la Verdad


a.       Propugna una fuerza individual indómita a toda servidumbre procedente de una colectividad en crisis, cuya rebeldía ha de asentarse en el porvenir de una expresión artística, que es radicalmente distinto del establecimiento autoritario de una soberanía militar, basado en el reforzamiento de los lazos religiosos y plegado a las tradiciones morales del pasado;

b.      Nietzsche otorga una virtud al arte de la que la verdad está exenta. La creación estética deja discurrir la apariencia e impulsa la continua transfiguración de la vida;

c.       La verdad –no cabe apariencia más engañosa- es la apariencia fija, que establece y conserva la vida en una perspectiva establecida. Tal consolidación de la vida no es sino su bloqueo, inmovilización y destrucción;

d.      Mientras el arte es voluntad transfiguradora de las apariencias, la verdad representa la engañosa estabilización de una perspectiva que, pretendiendo conservar la vida, la destruye;

e.       Esta oposición entre arte y verdad se ve impulsada por la voluntad de poder, como acrecentamiento de la vida, voluntad de verdad, en cuanto fijación y degeneración de la vida;

f.       Frente al nihilismo, el arte ha de materializar, para Nietzsche, la afirmación de lo sensible en cuanto elevación, sobrepasamiento, afirmación de los rasgos más extremos. Esto supone una transformación en la jerarquía del conocimiento: prevalecimiento de lo sensible sobre lo suprasensible, lo cual prepara un futuro más pródigo;

g.      Su alma se siente colmada, habiendo encontrada su verdad. Esta verdad es dura, pero ¿qué importa? Desde hace largo tiempo su instinto le ha prevenido y preparado. “¿Qué buscamos?, había escrito a su hermana; ¿el reposo, la felicidad? No; nada más que la verdad, por espantable y mala que pueda ser...” (V. de N. p 373-8);

h.      Nietzsche quería demostrar que los sabios deben resolver este conflicto aceptando el criterio de los artistas. (V. de N. p. 59);

i.        “El arte – escribe Ricardo Wagner dirigiéndose a Luis ll- me permite indicarlo a mi muy querido amigo, es la tierra prometida y bienhechora. Si él no puede elevarnos de una manera total y real por encima de la vida, al menos nos eleva a las más altas regiones de la vida misma. (V. de N. p. 63);

j.        Sin disciplinas y sin jerarquías, había escrito él, no puede subsistir la cultura. No todos tienen derecho a participar de la belleza; la inmensa mayoría debe vivir humildemente, trabajando para sus amos y respetando sus vidas. Tal es la economía que garantiza su fuerza a las sociedades, y, en recompensa de su fuerza, la delicadeza, la gracia y la belleza; tal es el orden que Europa vacila en mantener. (V. de N. p. 96);

k.      Deploré profundamente que el valor metafísico del arte no se pueda manifestar a las pobres gentes; pero aún existe una misión más alta que cumplir. Nunca, por vivo que fuese mi dolor (el incendio del Loubre en la guerra civil francesa de 1848), habría yo arrojado la primera piedra a esos sacrílegos, que no son a mis ojos sino los portadores de la culpa de todos, culpa sobre la que hay mucho que pensar...(V. de N. p. 97);

l.        -¡Debemos hacer un ensayo con la verdad!- responde Zarathustra-. Y si la verdad debe destruir a la humanidad, pues bien, ¡que así sea! (V. de N. p. 246);

m.    El mundo metafísico no existe, y los racionalistas sueñan; no existe el mundo moral, y los moralistas sueñan. ¿Qué queda, pues? “¿El mundo de las apariencias, tal vez? No hay tal cosa; con el mundo de la verdad hemos abolido el mundo de las apariencias.” Sólo existe la energía renovada a cada instante. (V. de N. p. 323);



Nietzsche y el “eterno retorno”

Es una posición ética de Nietzsche que consiste en no buscar sólo pequeñas compensaciones, alegrías suficientes, gratos placeres, sino el acrecentamiento sin paliativos de la propia potencia transformadas en acciones que quisiéramos repetir eternamente;

Esta potenciación de sí mismo es superior a todo condicionamiento exterior.  Querer ser uno mismo, rebasar los propios límites, para ser aquello que uno es, exige sustraerse a toda fuerza externa que paralice el propio devenir sobreabundante;

Negar toda forma impuesta desde el exterior no significa asumir la desorganización de la propia potencia. Asume la capacidad autolegisladora del “gran estilo” que es fundamentalmente querer ser uno mismo, afirmarse, no en estado subsistente sino en devenir al propio ser, a la máxima potencia;

El “eterno retorno” satisface la exigencia de un mundo perspectivista y en continuo devenir. Esto plantea la exigencia de un nuevo principio rector: la incondicionada afirmación del mundo sensible y un firme rechazo de cualquier fin trascendente;

La gravedad normativa del “eterno retorno” no supone la coagulación o la anemia de la vida, muy al contrario representa la constancia del caos como superfluo fluir de múltiples formas posibles;

Una religión diferente está reservada a quienes puedan soportar el eterno retorno. A través del lenguaje la voluntad moviliza al mundo hacia su ser más extremo. La palabra de Zaratustra legisla diciendo qué debe ser el mundo: la palabra que otorga el sentido del mundo, como si se tratase de una profecía, se encuentra así ligada a la propia voluntad y no al entendimiento o a la razón;

¿Qué es, pues, la humanidad? Apenas lo sabemos: ¿un grado en un conjunto, un período en un devenir, una creación arbitraria de Dios? ¿El hombre, es otra cosa que una piedra evolucionada a través de los mundos intermedios de las flores y las faunas? ¿Es ya un ser acabado, o qué le reserva la historia? ¿No tendrá fin este devenir eterno? ¿Cuáles son los resortes de este gran reloj? Están ocultos; pero por largas que sea la duración de la gran hora que llamamos historia, son los mismos en cada instante. Las peripecias están escritas sobre el cuadrante; la aguja avanza y, cuando la duodécima hora ha sido alcanzada, recomienza una serie: da principio a un nuevo período en la historia de la humanidad. (V. de N. P. 21)

...la humanidad es una bagatela, una creación arbitraria de Dios; un devenir absurdo la arrastra hacia comienzos sin término, hacia retornos eternos; (V. de N. P. 21);

¿Crees tú esta aceptación más difícil que el luchar contra los hábitos, en la duda y el aislamiento, sometidos a todas las depresiones del alma, más digo: a los remordimientos, desesperado con frecuencia, pero siempre orientado hacia el eterno fin, ya que el descubrimiento de las vías nuevas llevan a lo verdadero, lo bello y a lo bueno? (V. de N. p. 34);

… una corriente poderosa me lleva hacia ideas positivas; todos los días gozo de horas exuberantes que me colman de ricos puntos de vista, de concepciones reales; …jamás dejo de enviarte una larga carta llena de pensamientos y buenos deseos; y la lanzo a través del cielo azul, confiando, para que la lleve hasta ti, en la electricidad que une nuestras almas. (V. de N. p. 65);

¡Seamos fuertes, queridos, queridísimos amigos! Yo siempre tengo fe en el progreso, en nuestro progreso; creo que siempre iremos creciendo en ambiciones leales y en fuerza; creo en el éxito de nuestra carrera hacia metas cada vez más nobles y lejanas. ¡Sí, las alcanzaremos; luego, vencedores, descubriendo metas más distantes, nos lanzaremos hacia ellas, siempre fuertes! ¿Qué nos importa que sean pocos numerosos, tan poco numerosos, los espectadores cuyos ojos pueden seguir nuestra carrera? ¡Qué importa, si tenemos por espectadores a aquellos cuyas cualidades los hacer ser los únicos capaces de juzgar el combate!! (V. de N. p. 117);

La vida, decía Schopenhauer, es una mera voluntad de vivir; todo ser aspira a perseverar en el ser. Es poco decir, piensa Nietzsche; la vida aspira constantemente a extenderse, a crecer; quiere, no conservarse a sí misma, sino acrecerse; un principio de conquista y de exaltación debe ir ligado a su esencia. (V. de N. p. 198);


Lou Salomé había oído en Bayreuth el misterio cristiano, la historia del dolor humano sufrido como una prueba y consolado finalmente por la bienaventuranza. Federico Nietzsche le enseño un misterio todavía más trágico: el dolor es nuestra vida y nuestro destino mismo; no esperemos pasar a través de él; aceptémoslo más plenamente de lo que hicieron los cristianos. Detengámonos en él, desposémonos con él, amémoslo con un amor activo, seamos ardientes e implacables como él, duros para con los demás como para con nosotros mismos; aceptémoslo con su crueldad, aceptémoslo con su brutalidad; atenuarlo es ser cobarde; y meditemos, para templar nuestro valor, el símbolo del Retorno Eterno. (V. de N. p. 223);

Ninguno de los antiguos valores será abandonado; todos reaparecerán, transfigurados, sin duda, más poderosos, más intensos, en un mundo iluminado hasta lo más profundo por la ciencia. Todo lo que de niños y adolescente hemos amado; todo lo que ha sostenido y exaltado a nuestros padres, lo volveremos a encontrar. Un lirismo y una bondad, las virtudes más sublimes y también las más humildes, las volveremos a encontrar, cada una en su gloria y dignidad. Pero, antes, es preciso consentir en la noche, es menester renunciar y buscar. (V. de N. p. 258);


Noetzsche y el Superhombre

La idea del superhombre es el símbolo de un progreso real que modifica las cosas y es promesa de una evasión posible más allá del azar y la fatalidad. (V. de N. p. 230);

Ricardo Waygner ha querido mostrar a la humanidad salvada de su flaqueza por el misterio eucarístico, la sangre turbia de los hombres renovada por la sangre eternamente vertida de Cristo. Federico Nietzsche quiere mostrar a la humanidad salvada de su flaqueza por la glorificación de su propia esencia, por las virtudes de un grupo escogido, que purifica y renueva su sangre voluntariamente. (V. de N. p. 231);+

El Eterno Retorno no lo satisface ya, pues no acepta el vivir prisionero dentro de una naturaleza ciega. La idea del Superhombre, que es un principio de acción y una esperanza de salvación, por el contrario lo seduce (V. de N. p. 231);

¿Cuál es el sentido de esta idea? ¿Es una realidad o un símbolo? ¿Una ilusión o una esperanza? Imposible decirlo. El espíritu de Nietzsche es rápido y siempre oscilante. La vehemencia de la inspiración que lo arrastra no le deja ni el tiempo ni la fuerza de definir; no acaba de comprender las ideas que lo agitan y él mismo las interpreta en diversos sentidos. (V. de N. p. 231);

A veces, el Superhombre le parece una realidad muy seria; pero con más frecuencia, al parecer, descuida o desdeña toda creencia literal, y su idea no es sino una fantasía lírica que ejecuta para animar a la baja humanidad. Es una ilusión, una ilusión útil y bienhechora, diría, si aún fuese wagneriano y si se atreviera a emplear de nuevo el vocabulario de  sus treinta años. En esos momentos gustaba de repetir la máxima de Schiller: atrévete a soñar y a mentir... El Superhombre, creemos nosotros, es sobre todo el sueño y la mentira de un poeta lírico. Cada especie tiene sus límites, que no puede franquear. Nietzsche lo sabe, y lo escribe. (V. de N. p. 232);

El hombre noble se halla siempre en peligro de convertirse en un insolente, en un burlador y un destructor. (...) Por mi amor y mi esperanza, te conjuro: ¡no arrojes al héroe que hay en tu alma; cree en la santidad de tu más alta esperanza! (V. de N. p. 232);

“¡Hermanos míos, permaneced fieles a la tierra, con toda la fuerza de vuestro amor! Que vuestro pródigo amor y vuestro conocimiento concuerden con el sentido de la tierra. Yo os lo suplico y os conjuro a ello..¡No dejéis a vuestra virtud volar lejos de las cosas terrestres y aletear contra muros eternos! ¡Ay, hubo siempre tanta virtud extraviada! ¡Como yo, traed de nuevo hacia la Tierra a la virtud extraviada; sí, hacia la carne y hacia la vida, a fin de que dé su sentido a la tierra, un sentido humano! (V. de N. p. 233);

Pero choca sobre todo con una dificultad de fondo, que tal vez no concibe claramente: los dos símbolos sobre los cuales hace reposar su poema, el “Retorno Eterno” y el Superhombre, constituyen conjuntamente un desacuerdo que hace imposible la terminación de su obra. El “Retorno Eterno” es una áspera verdad, que suprime toda esperanza; el Superhombre es una esperanza y una ilusión. De uno a otro no hay puente alguno, y la contradicción es completa. Si Zarathustra enseña el Retorno Eterno, no podrá suscitar en las almas una creencia apasionada en la superhumanidad; y si enseña el Superhombre, no podrá propagar el terrorismo moral del “Retorno Eterno”. No obstante, Federico Nietzsche, obligado a refugiarse en este absurdo por el desorden y la premura de sus pensamientos, impone a Zarathustra esta doble tarea. (V. de N. p. 248);

Zarathustra ahuyenta a sus huéspedes: él quiere obreros nuevos para un mundo nuevo. ¿Los encontrará alguna vez? Cuando menos los llama: Hijos míos, raza mía de sangre pura, mi hermosa raza nueva; ¿qué es lo que retiene a mis hijos en sus islas? (V. de N. p. 267-8);


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