miércoles, 1 de julio de 2015

Por qué la tecnología va a ayudar a transformar la educación

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Javier Martínez Aldanondo
Gerente de Gestión del Conocimiento de Catenaria
jmartinez@catenaria.cl y javier.martinez@knoco.com Twitter: @javitomar

Ni contigo ni sin ti, tienen mis males remedio, contigo, porque me matas y sin ti, porque me muero (copla popular)

Aunque parezca un contrasentido, la tecnología por sí misma no va a arreglar la educación pero sin ella, no es posible solucionar el problema. Es evidente que añadir tecnología a un modelo que no funciona, no solo no lo mejora sino que lo empeora. Sin embargo, repensar la educación a partir de las posibilidades que brindan las TICs abre un escenario radicalmente distinto, además de esperanzador. El modelo educativo actual está limitado por las restricciones impuestas por las tecnologías imperantes en una época remota. Los libros, la pizarra y la tiza son tecnologías anticuadas que en su momento fueron innovadoras y que explican que todavía trabajemos con aulas, horarios, cursos, asignaturas o exámenes y aun necesitemos que alumnos y profesor coincidan en el mismo lugar y a la misma hora. Por fortuna, la situación está cambiando.

Últimamente, me he dedicado a recoger ejemplos de iniciativas que proponen un sistema educativo diferente, algo que muchos consideran una herejía:
¿Será casualidad que aparezcan tantas iniciativas que desafían el status quo? Desde hace ya tiempo, criticar el sistema educativo es el deporte de moda, liderado por los más pintorescos actores, tengan o no relación directa con la educación. Lamentablemente, los resultados de tan frenética actividad acusadora han sido casi nulos. Fíjense en el titular de uno de los principales periódicos en Chile: “Más del 74% de los futuros profesores sacó menos de 600 puntos en la PSU”. ¿Ignorancia o maldad? La educación tiene problemas evidentes que no tienen nada que ver con lo que sostienen la prensa y los políticos. La aberración de evaluar un modelo educativo en función de los resultados de pruebas estandarizadas que se realizan a nivel nacional (SIMCE, PSU, Selectividad, SAT…) o internacional (PISA) es justamente lo que nos impide salir del agujero negro en que nos encontramos. Es muy simple culpar a los profesores por estar mal preparados o a los alumnos por no estudiar lo suficiente. Pero si la educación está fracasando es porque no es capaz de cumplir con la promesa de preparar a los jóvenes para el mundo en el que se tendrán que desempeñar. Reiteradamente, sostengo que los principales problemas de la educación son dos:

1. Qué enseñamos. Cada vez más personas reconocen que apenas existe relación entre lo que se enseña en el colegio y la universidad y lo que los jóvenes se encontrarán en su vida adulta ¿Es lógico insistir en que los niños y los profesores se esfuercen en estudiar y enseñar asignaturas y contenidos irrelevantes para la vida personal, laboral y social?
2. Cómo enseñamos. Existe consenso respecto de que aprendemos haciendo, cometiendo errores y reflexionando para corregirlos. ¿Es sensato seguir usando metodologías de aprendizaje obsoletas y que contradicen los objetivos del proceso educativo? ¿Por qué no enseñamos practicando en lugar de escuchando?

Discutir acerca del rol de las TICs en la educación no ha sido un ejercicio que se realizase públicamente sino más bien un asunto reservado a docentes y especialistas en la materia. Pero también este ámbito está cambiando. En la edición del mismo día, me topé, en el diario El País, con 2 artículos sobre educación y TICs: “La tecnología y la transformación de la escuela” firmado por el jefe de la división de políticas sectoriales, TIC y educación de la Unesco y “Siete razones por las que se debe encender el móvil en clase”. Hace solo 5 años, algo así hubiese sido impensable. ¿Se estarán colocando las esperanzas de mejorar la educación sobre las anchas espaldas de la tecnología? Tendremos que estar muy atentos, ya que la siguiente trampa será exigir a las TIC la responsabilidad de resolver este entuerto. La paradoja es que esos problemas, a pesar de no ser causados por las TICs, difícilmente se pueden resolver sin tecnología. Por suerte, se dan varias condiciones que van a favorecer que la situación cambie de forma irreversible:

1. La necesidad de aprender no está en discusión, mientras sí lo está la forma en que hacemos que las personas aprendan. No hay nada más importante que aprender pero el error radica en cómo estamos enfrentando ese proceso, olvidándonos de la manera en que ocurre naturalmente. Las instituciones educativas han sido las más reticentes a la hora de innovar, lo que a estas alturas resulta insostenible. Si el mundo asistió atónito al impacto de internet en sectores como los medios de comunicación, los viajes, el entretenimiento o la música, ahora le ha llegado el turno a la educación. Igual que es inconcebible trabajar y vivir sin el apoyo de la tecnología, va a resultar imposible aprender sin tecnología. Hasta hace poco, las posibilidades de innovar en educación estaban condicionadas por las limitaciones físicas y geográficas antes mencionadas: la obligación de concurrir diariamente a una sala de clases cercana al lugar de residencia de alumnos y profesores. Hasta el desembarco de internet, las reglas en la educación parecían inmutables (profesores que enseñan asignaturas, alumnos que estudian y hacen tests) pero las TIC se han convertido en un elemento que lo va a trastocar todo. Todos sabemos que la educación no tiene lugar únicamente en un aula. Para los que llevamos tiempo con esta cruzada, a comienzos de este mileno y en plena eclosión de internet, el escenario no era tan auspicioso y la resistencia de muchos estamentos a la tecnología era frontal. Quienes antes se oponían tajantemente, hoy preguntan ¿cómo puedo integrar las TIC en mi sala de clase? Isaac Asimov afirmaba “No tengo miedo de los computadores, tengo miedo de la falta de computadores”.

2. El computador tiene el potencial para alterar la naturaleza de la educación, modificando Qué se enseña y Cómo. Tras 8 siglos de monopolio, el libro está siendo desafiado por las pantallas. Jostein Gaarder, autor de “El mundo de Sofía” declaraba que no necesitamos libros pero sí las historias ya que lo relevante es el contenido y no el contenedor. Es urgente entender que aprender no tiene nada que ver con acumular información sino con acumular experiencias. Internet está repleto de información pero no de conocimiento. La web es, hoy por hoy, un gran medio de distribución de información pero todavía muestra debilidades a la hora de provocar experiencias. Resulta descabellado que el papel de los profesores sea transmitir información (algo en lo que nunca podráncompetir con los computadores) en lugar de convertirse en diseñadores de experiencias. Dado que el desafío ya no es acceder a la información sino cómo aplicarla, defender una educación centrada en la entrega de información no tiene sentido. Hay que exigirle que entregue habilidades, que garantice saber hacer.

La tecnología permite justamente hacer todo aquello que las aulas presenciales no permiten. Si aprendemos haciendo, un computador es precisamente una herramienta para hacer y no para leer o mirar, para eso ya tenemos tecnologías arcaicas como el libro o la televisión. Ante un computador es difícil quedarse dormido, permanecer pasivos y aburrirse. El computador invita a actuar, a hacer y nos entrega el poder de elegir el camino que nos interesa, nos concede el privilegio de decidir.

Ahora bien, pulsar íconos no es sinónimo de Interactivo. Aprendizaje virtual no significa leer en la pantalla del computador lo que antes leíamos en un papel. Ni multimedia (animaciones, sonidos, imágenes, videos) o redes sociales son sinónimo de aprendizaje. Hemos estado acostumbrados a tratar a los alumnos como oyentes que consumen lo que se les ofrece sin opción de escoger, obligados a escuchar sin poder practicar, robándoles la posibilidad de arriesgarse y equivocarse, de tomar decisiones y comprobar sus consecuencias. ¿Cómo esperamos que generaciones que crecen con los videojuegos, el teléfono móvil e Internet sientan atracción por los monólogos aburridos de un profesor? ¿Qué tiene de divertido, de motivante, de retador? Una película te muestra una situación mientras un videojuego te hace vivirla. Hemos pasado de una generación de espectadores dominados por la televisión y la radio, a una de actores, devotos del computador, la consola y el smartphone, que ya no se conforman con sólo mirar, sino que quieren actuar y que esperan que el aprendizaje sea colectivo.

3. La pregunta que debemos hacernos respecto de la tecnología es ¿qué me permite hacer que no podía hacer anteriormente y que mejora el aprendizaje? El aspecto crucial es que nos facilita que cada uno pueda escoger cómo quiere aprender: si prefieres empezar accediendo a la teoría e investigando, puedes hacerlo. Si prefieres empezar por ver cómo se hace, puedes observar un ejemplo. Si prefieres practicar pero, paso a paso, y con ayuda de alguien, puedes hacerlo. Y si quieres tirarte a la piscina y empezar experimentando, puedes hacerlo.

“El computador es un medio de expresión humana y si todavía no tiene sus Shakespeare, Miguel Angel o Einstein, pronto los tendrá” (Seymour Papert).

Predecir el impacto de la tecnología en nuestras vidas no deja de ser arriesgado. ¿Llegaremos a desarrollar relaciones afectivas con los computadores como muestra la película Her? ¿Qué porcentaje de la experiencia educativa será virtual? ¿Sustituiremos a los profesores por robots como este experimento en una universidad china? ¿Qué impacto tendrá la inteligencia artificial en el aprendizaje? Evidentemente, no va a cambiar el Cómo aprendemos sino que, al contrario, va a acelerar el proceso de brindar experiencias en lugar de contenidos que es justamente la razón por la que están floreciendo los juegos como alternativa educativa irresistible. Lo que sí cambiará drásticamente es el Qué enseñamos. Sabemos que todo proceso de aprendizaje tiene por objetivo prepararte para lo que tendrás que enfrentar después y, por ende, tiene que ser lo más parecido posible. Pero, además, tiene que consistir en practicar lo que te espera para que cuando lo enfrentes, sepas hacerlo. La oportunidad que nos ofrecen las TIC no consiste en mejorar lo que tenemos sino en hacer cosas que hasta ahora no sabíamos ni podíamos hacer. Ya no tendrá ningún sentido memorizar las ingentes cantidades de datos, conceptos, teorías, etc. que forman parte de los inacabables curriculums actuales porque Google lo hace mejor que nosotros. La pregunta que va a hacer realmente apasionante el debate educativo en los próximos años será ¿Qué es importante aprender y cuál es la mejor manera de hacerlo? La tecnología no es la solución pero sin tecnología no hay solución posible. Las TICs son el medio para cambiar la educación, pero mejorarla dependerá de las personas.

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