domingo, 12 de julio de 2015

La complejidad del mundo actual y sus carencias cognitivas por. Jaime Yanes Guzmán

Artículo publicado en la Revista Multiuniversitaria de Complejidad Año 1, Volumen 1, Número 0 "Ludus Complexus"



Resumen
El ser humano, por la complejidad en la sociedad actual, tiene dificultades para entender los sucesos en que se ve envuelto. La educación no ha sido capaz de salir de las tradiciones ya centenarias de la linealidad, la cual impide ver las inter-retroacciones que envuelven la vida cotidiana, que transforma en ambigüedad aparente todo lo que sucede. La educación actual nos impide  captar la complejidad, el sentido de los acontecimientos. La llamada globalización, occidentalización y desarrollo, transformadas en una sola crisis está amenazando la vida planetaria tal cual la conocemos hoy día. Para evitar esta amenaza, es necesario cambiar de forma de ver, apostando a una nueva educación que tenga en el centro de la formación, una necesaria visión sobre nuevas inter-solidaridades y fecundidades culturales y la autonomía de lo local, sustituyendo la unilateralidad del crecimiento en una metamorfosis  que nos lleve a través de una mirada compleja, a otra forma de vida en el planeta tierra-patria.

Palabras claves
Complejidad, educación, linealidad, globalización, solidaridad, planeta, metamorfosis.

Abstract

Human being experiences difficulties to understand events that surround him, because of ‘complexity’ in present society. Education has not been able to leave out the centenary tradition of linear thinking, which impedes to observe the inter-retroactions surrounding daily life, and it transforms everything that happens in an apparent ambiguity. Current education makes difficult for us to perceive the complexity and the meaning of events. Westernization, development and the popularized globalization converted into ‘one only crisis’ that is threatening the planetary life as we know today. In order to avoid this threat, it is necessary to change the way to observe, to bet for a new education which positions education as a center, which has a necessary vision about new inter-solidarities, cultural fecundities and local autonomy of performances. This way to view can substitute the unbalanced growth into another system of life on the earth-mother planet/country as a metamorphosis through the perspective of complexity. 

Keywords
 
Complexity, education, linearity, globalization, solidarity, planet, metamorphosis.
 
            Hegel, citado por Morín (2011:19), decía que el conocimiento respecto a lo inmediato se dificulta porque “El ave de Minerva  levanta el vuelo al crepúsculo”. Esta autor señala que los acontecimientos de todo tipo son casi siempre perceptibles primero en la superficie porque hay fuerzas subterráneas y corrientes que no se ven a simple vista y que hacen creer en la solidez de las apariencias. La propia velocidad de los acontecimientos de la sociedad de la movilidad altamente tecnologizada y compleja, dificultan su comprensión. Este retraso de la conciencia (ave de Minerva) sobre lo vivido aumenta y se acelera por la velocidad en que acontecen los sucesos y por su complejidad, que implica imprevisibilidad y fluctuaciones, creador de nuevos órdenes y estructuras. Estas incomprensiones de los sucesos, según Morín, están atravesados por las “inter-retro-acciones entre procesos extremadamente diversos (económicos, sociales, demográficos, políticos, ideológicos, religiosos, etc.)” (:19).

            Este autor llegó a la conclusión que “El desarrollo de la globalidad es un desafío de la complejidad” (:13). Y es un desafío porque la complejidad exige adaptarse a la ambigüedad y a la ambivalencia de la realidad. La ambigüedad se presenta cuando un suceso aparece bajo “el aspecto de dos verdades diferentes o contrarias”, como dos caras que hacen difícil entender cuál de ellas es la verdadera. Morín recordando a Pascal nos indica que esta doble faceta del ser humano consiste en que tiene en sí tanto lo mejor como lo peor. La sociedad moderna, según este autor, nos muestra a cada paso esa misma ambigüedad en su desarrollo. Así, una Europa, por ejemplo, imperial, brutal, sanguinaria en sus dominios por una parte, por otra parte y simultáneamente, es cuna de la democracia. La ambivalencia tiene también un sentido parecido: Europa defensora de los valores de la libertad, pero al mismo tiempo conculca esas mismas libertades en los que llama pueblos bárbaros, negando incluso la calidad de humanos a los pueblos originarios de las Américas en tiempos de la colonia.

            Pero este autor denuncia además que nosotros los occidentales sufrimos dos tipos de carencias cognitivas: una ceguera que tiene su origen en la compartimentación de los saberes, que tiende a desintegrar los problemas que exigen un conocimiento mulidisciplinar, y en segundo lugar, por el profundo centrismo del mundo occidental que nos hace creer en una racionalidad de muchas certezas. En efecto, Morín (:13) plantea que “El recorte de las disciplinas las vuelve incapaces de captar la complejidad, (lo que está tejido en conjunto)”. Estas razones hacen que en esta modernidad que desconoce la complejidad, seamos “poco capaces de comprender el sentido de los acontecimientos”.

            Esta sociedad moderna de extrema complejidad se presenta según este autor (:41) con rasgos “excepcionalmente positivos y excepcionalmente negativos, de los que no podremos predecir cuáles se convertirán en dominantes”, porque además se constituyen como un “conjunto interrelacionado en bucle, donde cada elemento es a la vez producto y productor, causa y efecto, y donde no podemos aislar un determinante “en última instancia”, que permitiría a una palabra-maestra explicarlo todo y, por ello, mismo, encontrar fácilmente una solución simple”. Los sucesos se presentan de esa manera porque una vez desatados se manifiestan como un juego de interacciones y de retroacciones en el medio que los acoge, donde las consecuencias últimas son impredecibles.

            Según Morín, la globalización es el estadio actual de la mundialización que ya había comenzado a finales del siglo XV con la conquista de las Américas y los viajes de Vasco de Gama. Señala que comienza con la caída de lo que él señala como las llamadas “economías socialistas”. La define como el “fruto de la conjunción entre un bucle retroactivo del auge desenfrenado del capitalismo (que, bajo la égida del neoliberalismo, invade los cinco continentes) y el auge de una red de telecomunicaciones instantáneas (fax, teléfono móvil, Internet). Esta conjunción hace posible la unificación tecno-económica del planeta”. (:20). Pero esta nueva situación, según Hessel y Morín (2013:15) “… ha provocado más empobrecimiento que enriquecimiento. Bajo su égida, la globalización, el desarrollo, la occidentalización –tres caras del mismo fenómeno- se han mostrado incapaces, según estos autores, de tratar los problemas vitales de la humanidad”.

            De acuerdo a Morín, como reacción a la globalización suceden tres procesos culturales que son antagónicos y concurrentes. Nos encontramos frente a “un proceso de homogenización y de estandarización según los modelos norteamericanos; un contrapeso de resistencia y de revitalización de culturas autóctonas; y finalmente, un proceso de mestizaje cultural” (:20). La globalización creó la infraestructura de una sociedad-mundo, creándose para el planeta una economía mundializada. Pero esta economía mundializada no se encuentra bajo control, y ello impide que la sociedad planetaria se convierta según Morín, en “Tierra-Patria”. Ninguna de las actuales instituciones como la ONU, la FAO, la OMC o la propia UNESCO tiene la autoridad suficiente para dirigir a la humanidad como la patria de todos. Sin embargo están emergiendo nuevas instituciones que encarnan la conciencia humana como el Club de Roma u ONG humanitarias como Greenpeace, Médicos sin Frontera y tantos otros.

            Morín  en su Conferencia en la Escuela de Gobierno para Jóvenes en Buenos Aires[1] señaló que nos encontramos frente a la muerte de la modernidad. Esta primera muerte es el fin de la omnipotencia benéfica de la técnica y del desarrollo económico como base del desarrollo humano. Queda cada vez más al descubierto que de ninguna manera el desarrollo técnico-económico tomado como base del desarrollo de las potencialidades humanas, asegura desarrollo humano. Por el contrario, dicho “desarrollo” nos enfrenta a la muerte ecológica y la destrucción de la biósfera. Morín señala con mucha fuerza que este avasallamiento y conquista occidental del mundo debe terminar porque nos lleva o al suicidio nuclear o al suicidio ecológico.

            Para contener estos suicidios planetarios es necesario detener el dominio en nuestras economías de las hipertrofias del crédito, la especulación financiera con el petróleo, los minerales, los alimentos, entre otros. Morín (2011:23) cita a Alan Greenspan, que en su libro “La Era de las Turbulencias” señala que las finanzas mundiales” se han convertido en un barco ebrio, desconectado de las realidades productivas”. Pero además Morín señala que la crisis de la civilización occidental tiene también otras raíces: el egocentrismo egoísta, el consumismo intoxicador, el incremento de las desigualdades, las megalópolis asfixiadas, los condominios fortificados y temerosos de las poblaciones segregadas, la desertificación acelerada por el tipo de producción de monocultivos en el campo, alimentos degradados por el uso excesivo de hormonas y antibióticos, las religiones en procesos de corrupción, pero también los laicismos vacíos de principios y la ausencia de un humanismo planetario que se desarrolle entre la unidad y la diversidad humana.

            Morín agrega además que globalización, occidentalización y desarrollo constituyen una sola crisis. La globalización occidentalizada se ha transformado en la locomotora del desarrollo tecno-económico y amenaza seriamente con la estabilidad alimentaria del planeta. En su rápida y desenfrenada carrera por alcanzar este desarrollo, la economía China, denuncia este autor, busca competir con la sociedad norteamericana en tanto pueda alcanzar una cifra de tres automóviles por cada cuatro habitantes. Esto significaría crear carreteras en una superficie parecida a la que hoy se destina al cultivo del arroz. Actitudes parecidas encontramos en todos los países llamados emergentes. La intoxicación consumista y las necesidades artificialmente creadas crecen continuamente. Esta situación, señala el autor, ha desatado una tremenda avaricia y fines de lucro que han terminado con la solidaridad y potenciado el egocentrismo, el individualismo y la criminalidad. Pero al mismo tiempo se han expandido los barrios marginales con una pobreza que contrasta brutalmente con el consumismo de las capas medias y de los pocos millonarios que existen en esos países. Morín cita un Informe de Naciones Unidas para el desarrollo del año 2003 que “mencionaba 54 países que eran más pobres que en 1990; la esperanza de vida había retrocedido en 36 de ellos”, y pregunta ¿quién dijo que “El desarrollo es un viaje que comprende más náufragos que pasajeros…”? (:26).
            En esa misma Conferencia en Buenos Aires, Morín plantea que uno de los desafíos actuales más importantes de la humanidad es poner bajo control el desarrollo anárquico de la ciencia, la tecnología y los procesos económicos. Nos encontramos frente a un exceso de información que sobrepasa la capacidad del ser humano para entender, comprender toda la información que la sociedad humana genera hoy día. Se necesitan nuevas formas de organizar la información y nuevas epistemologías para comprenderla. El asunto no es acumularla, sino tratarla de tal manera que permita organizarla en núcleos o constelaciones para su comprensión. Deberá existir un juego entre las actuales poderosas computadoras y la mente humana con criterios, visiones y arte suficiente que las organice para su comprensión. Hay que conocer los puntos centrales del saber que permitan prever los propios acontecimientos que el ser humano genera con sus descubrimientos. La predicción del futuro no debe llegar a rangos de imposibilidad. Las cosas nuevas deben dejar de ser invisibles porque, como señala Morín, tengan un nacimiento “microscópico”. No se previó de inmediato, señala el autor, el descubrimiento del código genético. Lo mismo sucedió con el descubrimiento de la estructura del átomo en los años ’30. Parece ser, sentencia Morín, que lo nuevo, lo microscópico, lo “invisible” es una desviación porque se enfrenta a las ideas ya conocidas.

            Morín señaló también que si queremos salvar al mundo de la autodestrucción debemos darle un nuevo sentido a los conceptos conservación y revolución. Ambos conceptos se condicionan y se excluyen al mismo tiempo. Se excluyen porque no hay conservación absoluta. Las cosas están en permanente cambio y transformación, y no se mantienen inmóviles en su estado. El concepto revolución incluye también el de conservación porque esta última no es tabula rasa, no destruye todo el pasado. Conserva los gérmenes culturales que le han dado vida a la sociedad. La llamada sociedad de la información necesita también de la filosofía para su mejor comprensión. ¡Informática sin Shakespeare es inconcebible!

            Morín (2011:27) acusa que “¡La idea de desarrollo es una idea subdesarrollada!”. En primer lugar porque organiza a las sociedades de modo compartimentalizado, con lo cual se pierde la visión de conjunto. Predomina al mismo tiempo una racionalización tecno-económica que es confundida con la racionalidad humana. El cálculo es lo fundamental para desarrollar el conocimiento, pretendiendo medir todo con indicadores altamente estandarizados. Esta racionalización instrumental ignora la totalidad, los contextos humanos y culturales, transformándose en ecocida o en etnocidio. Esta occidentalización frenética del desarrollo crea justamente su contrario: un subdesarrollo intelectual, ético, físico, humano. Transforma las soluciones en problemas mayores que lo que pretendió superar. Tampoco el término de desarrollo sustentable supera las atrocidades de esta forma de convivencia: estamos frente a una multicrisis que está minando las bases del mundo actual. Morín acusa que nos encontramos ante una gigantesca crisis planetaria que se presenta como “la crisis de la humanidad que no logra acceder a la humanidad” (2011:29).

            La incapacidad de la modernidad y occidentalización de tratar los actuales problemas que genera pone en peligro a la sociedad entera a su desintegración o regresión. ¿Es posible cambiar de Vía? Hessel y Morín (2013:17-8) nos dicen que “Hay que saber globalizar y desglobalizar. Es preciso seguir con la globalización, que nos proporciona una comunidad de destino como seres humanos (…) Proponemos perpetuar y desarrollar todo lo que la globalización aporta al concepto de  inter-solidaridades y de fecundidades culturales, pero, al mismo tiempo, proponemos devolver las autonomías vitales a lo local, a lo regional, a lo nacional, así como salvaguardar y favorecer por todas partes las diversidades culturales”. Continúan estos autores señalando que “Tenemos que desglobalizar para ceder todo el espacio a la economía social y solidaria, para proteger la economía de la región, preservar la agricultura de subsistencia y la alimentación ligada a ella, la artesanía y los comercios de proximidad, con el fin de atajar la desertificación de los campos y la disminución de los servicios en las áreas periurbanas en dificultad”. En fin, de acuerdo a Hessel y Morín, se debe sustituir la unilateralidad del crecimiento por una mirada compleja del crecimiento que determine lo que debe seguir creciendo y lo que debe decrecer: reducir la agricultura industrializada, las energías fósiles y nucleares, la intoxicación consumista, la economía de los bienes superfluos.

            Morín plantea que la sociedad vive una doble oportunidad en estos momentos de crisis: no resuelve sus problemas y la sociedad se degrada; o, crea un metasistema que le permita entender y resolver sus problemas, y entonces metamorfosearse. Y de aquí la pregunta que se hacen Hessel y Morín: ¿Será capaz el sistema planetario de  crear “… las condiciones de su propia metamorfosis, lo cual lo haría capaz de sobrevivir y de transformarse al mismo tiempo”? (: 15). Morín es optimista, aunque confiesa que es muy difícil lograrlo. La sociedad humana no tiene otro camino, si no quiere desaparecer, que enfrentar el peligro nuclear, la degradación de la biósfera, el descontrol de la economía mundial, las hambrunas, la mala formación y educación de sus jóvenes y profesionales y los conflictos etno-político-religiosos.

            Haciendo referencia a la metáfora de la oruga transformada en mariposa, Morín (2011:32)  nos dice que “el nacimiento de la vida puede concebirse como la metamorfosis de una organización físico-química que, al llegar a un punto de saturación, crea una metaorganización, la auto-eco-organización viviente, la cual, aunque involucra exactamente los mismos constituyentes físico-químicos, lleva asociadas unas cualidades nuevas, entre las cuales están la auto-reproducción, la auto-reparación, la alimentación a partir de energía exterior y la capacidad cognitiva”. Morín cree que esto es posible, porque a diferencia de Fukuyama que creía que la capacidad creadora de la evolución humana se había agotado, nos plantea que es la actual “historia la que está agotada, y no las capacidades creadoras de la humanidad”. El autor nos invita a “repensar todo y volver a empezar”. En el mundo se empiezan a desarrollar ideas iniciales en distintas localidades que buscan la regeneración de la sociedad, de la economía, de la política, de la educación cognitiva, ética, moral, etc. Se trata ahora de descompartimentar estas ideas, terminar con la disyunción de ellas y reconocerlas para crear un camino de transformaciones globales posibles. Es necesario crear una nueva Vía que lleve a esta metamorfosis deseada a que nos prometa la salvación del planeta y la humanidad. Morín cita a Heidegger que señala que “el origen está en nosotros”. La metamorfosis apunta Morín, sería, realmente, un nuevo origen. ¿Será posible asumir la herencia del germen que se encuentra en la base de lo humano, del embrión para desarrollar un nuevo nacimiento planetario?

Algunos aspectos de la situación en América Latina

            ¿Qué impulsa este proceso de profundas transformaciones en todo el planeta, y en particular en Latinoamérica? La característica principal de este proceso es la globalización, que según Castells (1994) se produce cuando determinadas actividades funcionan en tiempo real a escala planetaria, apoyadas por un poderoso sistema tecnológico de información. Por ello este proceso también se denomina informacional. Estas nuevas características de la época actual, según el mismo autor, han articulado a todo el planeta en una red de flujos. Una de las consecuencias denunciadas como negativas es la contradicción entre este proceso globalizador y la desconstrucción de las identidades nacionales en Latinoamérica, que en la práctica ha significado el debilitamiento del Estado-nación y la emergencia del Estado-red que tiende a reemplazarlo. Este proceso informacional y  de globalización al mismo tiempo debilita la identidad nacional en nuestros países, está creando las bases para el surgimiento de identidades locales e individuales. ¿Por qué se desarrollan las identidades como principios constitutivos de la acción social en la era de la información? Castells plantea la hipótesis, de que estas nuevas expresiones de identidad es producto del debilitamiento del Estado-nación por la globalización. Este Estado tiene como preocupación fundamental ahora atender los flujos globales de toda índole, desprotegiendo a sus propios pueblos. En estas condiciones, señala este autor, surge oposición a la globalización y al estado ex-nacional como agente globalizador.

            En América Latina se ha creado una nueva realidad macroeconómica, se ha liberado el mercado monetario, se ha controlado la inflación y se ha logrado la estabilidad monetaria. Al mismo tiempo se ha desregulado la economía y se han privatizado las empresas públicas. Se han firmado importantes tratados comerciales en todo el continente. Pero al mismo tiempo, América Latina debido a su crisis educacional, no ha sido capaz de superar su escasa inserción en la producción informacional por su debilidad en la producción de ciencia y tecnología, a excepción de Brasil. Y en general el costo social que el subcontinente ha tenido que pagar por este proceso ha sido alto. En efecto, en los distintos países se observan amplios sectores sociales y territorios excluidos de este proceso de modernización globalizada. Castells afirma que no es seguro que ese proceso, aunque irreversible, sea sostenible en lo económico, en lo social y en lo político.

            En este marco, Ginés Mora (2004) sugiere que nos encontramos frente a un nuevo entorno para la educación, y que ella debe ser transformada para ser capaz de enfrentar las nuevas exigencias de este mundo globalizado. Esto implica que el mercado laboral de los graduados universitarios también en Latinoamérica se ha globalizado, con nuevas exigencias en su formación  y en la propia vida de las instituciones de educación. Una de esas características fundamentales es la velocidad con que se mueve el conocimiento, superando la época de los saberes constante de la sociedad industrial. Hay además un proceso de liberación en la educación en la sociedad global que está generando mayor libertad y movilidad en el ejercicio de la profesión, que obliga a mayor competitividad de las universidades a escala planetaria.

             Al mismo tiempo el surgimiento y fortalecimiento constante de la sociedad del conocimiento en nuestro continente presiona sobre el funcionamiento de las universidades. En efecto, vivimos una época de fuerte aceleración de la innovación científico-tecnológica, rapidez de los flujos de información y nueva dimensión del espacio y del tiempo, y aumento del riesgo, de la incertidumbre, de la complejidad, de la no-linealidad y de la circularidad. Esto hace que el rol de las universidades se fortalezca y aumente en relación a la sociedad industrial, porque la mayor parte de este desarrollo del conocimiento, de la innovación y de la creatividad se realiza en estas nuevas universidades como incubadoras de nuevos saberes. Estamos frente al surgimiento de universidades universales que están formando a grandes masas de la población en nuestros países. Ello se caracteriza, según Ginés Mora por su gran expansión territorial, cubriendo las principales ciudad de nuestros países. Incluso han surgido las universidades virtuales que permite la formación superior desde cualquier lugar del planeta. Asimismo, la formación ya no es sólo un  privilegio de los jóvenes, sino que se ha extendido a un proceso que dura toda la vida debido a exigencias culturales para los adultos. El acceso también se ha universalizado, aumentando la matrícula en los establecimientos de enseñanza superior de manera exponencial.


Conclusión

Podemos concluir que nos encontramos frente a una problemática de formación y educación que contrapone por un lado a una nueva sociedad, la sociedad del conocimiento, la información y la movilidad, sociedad profundamente compleja, con un pensamiento que no es capaz de comprenderla, lineal, ingenieril, que analiza los sucesos en los marcos de su cercanía. Es una educación de mala calidad que posee un pensamiento que no forma ciudadanos del planeta tierra, que no aborda aún los verdaderos problemas de la civilización, de nuestras vidas cotidianas, de la humanización y revitalización de la vida planetaria, que no busca regenerar la vida social, política e individual, que está llevando a nuestra Latinoamérica a un subdesarrollo intelectual, afectivo, moral, de predominio de pensamientos simplificantes/mutilantes ingenieriles confundidos con racionalidad, que pone en peligro de nuevo a la democracia alcanzada.

Superar esta situación requiere, desde una mirada moriniana, de una revolución epistemológica que tenga en cuenta la complejidad de esta realidad multidimensional. Es decir, una educación compleja y de calidad que englobe todas las dimensiones que pudiesen perturbar cada suceso: éticas, políticas, ecológicas, económicas, científicas, antropológicas, biológicas, sociales, entre tantas otras. Resolver esta problemática obliga a asumir transformaciones educacionales tan profundas que requiere una reforma fundamental del pensamiento. No se trata de una reforma programática, sino paradigmática, con una nueva epistemología basada en el pensamiento complejo que tenga efectos estratégicos en las visiones de profesores y alumnos y que organice de manera nueva el conocimiento y la sociedad.



Bibliografía
Castells, M. (1994) El desafío tecnológico. Madrid: Alianza Editorial.
Ginés Mora, J. (2004) La necesidad del cambio educativo para la sociedad del conocimiento." Organización de Estados Iberoamericanos: Revista Iberoamericana de Educación N° 35.
Hessel, St., Morín, E. (2013) El camino de la esperanza. Buenos Aires: Editorial Paidós.
Morín, E. (2011) ¿Cómo vivir en tiempos de crisis? Buenos Aires: Nueva Visión.






[1] Morin, Edgar Introducción al Pensamiento Complejo morin, e. - Inet  Compilación de ensayos y presentaciones del pensador francés Edgar Morin realizadas entre 1976 y 1988,

1 comentarios:

M.V.Garay Moffat G. dijo...

Interesante planteamiento

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