viernes, 27 de febrero de 2015

Prólogo de la Dra Virginia Gonfiantini, de la Multiversidad "Mundo Real" Edgar Morín, a mi nuevo libro "Complejidad y Calidad de la Educación".

        



El ser se entiende de muchas maneras… así comenzaba Aristóteles el libro IV de su Metafísica. Vivimos hoy en un mundo donde nuestras categorías de análisis modernas y cartesianas no dan respuestas a los procesos globalizadores, al proyecto neoliberal ni a la liquidez de nuestra modernidad, tampoco encontramos demasiadas respuestas para delinear y tratar de entender sus efectos colaterales. Desde una reflexión multidimensional y multirreferencial, teniendo en cuenta lo social, lo político, lo económico, lo educativo, lo cultural, lo antropológico, surge el presente libro Complejidad y Calidad de la Educación.
Situándose desde un Pensamiento del Sur[1], el autor realiza una crítica histórica, filosófica y pedagógica sobre la impronta constitutiva e institucional que el cartesianismo, la objetividad clásica y el determinismo realizaron a la incipiente educación moderna, laica y de masas de la modernidad. Mandato fundacional que traspasó fronteras y épocas hasta llegar hasta nuestros días. Y es justamente con el advenimiento del siglo XX que el mundo occidental comienza a “extrañar su horizonte”, a configurar y pensar nuevas categorías de análisis para poder entender a la naciente sociedad y a su educación. Es interesante también comprender que cada vez que abordamos un hecho educativo no podemos analizarlo “desencarnado”, es decir, sin tener en cuenta el contexto que lo determina y lo constituye recursivamente.
Parece importante preguntarnos entonces ¿qué sucedió para que el edificio moderno comience a ser cuestionado desde todos sus frentes?, ¿desde qué lugar provienen las voces de la crítica?, ¿cómo comienza a re-configurarse a partir de las mismas el mundo científico? De las “ciencias duras” aparecen las primeras manifestaciones de incomodidad y se introducen significaciones –especialmente a partir de Einstein al abolir los conceptos de tiempo y espacio- que permiten adquirir otras miradas al desterrarse los erróneos supuestos de objetividad y neutralidad. Es a mediados de uno de los siglos más convulsionados por la celeridad, el XX, cuando irrumpe la complejidad “tejiendo en conjunto” tres tipos de conocimiento: la cibernética, la teoría de la información de Shannon y Wiener y la teoría de sistemas de von Bertalanffy. El avance teórico suscitado genera nuevas cosmoviciones que obligan a revisar teorías “simples, universales, cerradas y perfectas”, pues nada es ya tan sencillo como parece, sino la manifestación superficial de fenómenos que se entrelazan y permanecían ocultos por la única razón de no contar con los elementos y medios para llegar a ellos.

Tiempo de definiciones: de lo complejo y de lo simple...
Las teorías que estudian lo complejo, como teorías auto-eco-re-organizantes, posibilitan el análisis de la realidad en general y de la educación y la calidad educativa en particular. Es un camino de búsqueda constante por una nueva manera de pensar, sentir, actuar y abordar la realidad, (hoy ya ubicada en el campo de la reflexión y nombrada como complejidad o pensamiento complejo[2]),  no rechaza la claridad, el orden, el determinismo, pero los cree insuficientes; él mismo se enuncia como una acción más rica y menos mutilante (recordemos las ruinas que las visiones simplificantes han hecho a la humanidad, efecto de un pensamiento parcial y unidimensional) como un mapa con diferentes rutas azarosas, recursivas e inciertas para la búsqueda que ha emprendido la humanidad de un pensamiento más complejo[3].
El paradigma de la simplicidad intentó poner orden en el universo reducido a un principio que vé lo uno y lo múltiple, pero no que ambos se contienen; un principio que separa (disyunción) o unifica (reducción); una búsqueda de disipar la aparente complejidad de los fenómenos. Su dominio en el ámbito ciéntifico y académico, aún permanece en algunas áreas que no descubren la insuficiencia de sus postulados, que no se atreven a ingresar a las arenas de la transformación, de la imperfección que incluye la incertidumbre y el reconocimiento de lo irreductible. Es decir, que no puede dar el paso a la complejidad. Morin al proponer un nuevo methodo, distinto al método cartesiano, seguro, certero, universal abrió nuevas puertas: sólo puede formularse en la búsqueda, en la recursividad de los vericuetos de los distintos caminos que convergen en el valle. Y esa es la indagación que se propone en esta obra.
La calidad educativa configura el espíritu del valle, lo que hace urgente y esencial, para que nos preguntemos por la misma. ¿Qué entendemos por calidad educativa?, ¿qué organismo multinacional la sostiene?, ¿la calidad educativa es la misma para la educación pensada con los parámetros de lógica norte-sur?, ¿a qué proyecto político responde?, ¿en qué lugar quedan los sujetos pedagógicos, verdaderos protagonistas de nuestra educación?, ¿podremos recuperar desde un discurso educativo y de calidad, sostenido desde lo genuino, lo viable, lo comprometido, una educación como práctica de la libertad, auténtica y compleja?
La sociedad hoy ha incrementado la complejidad del mundo. Comprenderlo, analizarlo y vivirlo implica construir, desde la alteridad, una nueva forma de pensar lo pensado. En este contexto, la dialógica educación ó complejidad ó calidad en recursividad con individuo ó sociedad ó especie hace que comencemos a delinear cambiar de Vía para que, desde la complejidad de los mismos objetos ó sujetos ó relaciones ó contextos comencemos a re-configurar, desde lo multirreferencial, lo transdisciplinar y lo complejo una Educación desde la Calidad y desde la Complejidad necesaria para vivir sin mutilar, convivir con tolerancia, dialogar con escucha en nuestra Tierra Patria.
Dra. Virginia Gonfiantini
Universidad Nacional de Rosario- Argentina
Multiversidad Mundo Real Edgar Morin- México






[1] Pensamiento del Sur, dentro de las teorías de la complejidad de Edgar Morin, hace referencia a las alternativas que surgen fuera del contexto hegemónico del Norte. Acá nos referimos a las teorías, experiencias, actividades, emergencias que, desde el Sur, se están organizando para el cambio educativo. Desde una perspectiva multirreferencial estaríamos pensando en la dialógica calidad <=> complejidad <=> educación.
[2] Entendemos por complejidad el “complexus”, (lo que está tejido en conjunto), es un tejido de constituyentes heterogéneos inseparablemente asociados, presenta la paradoja de lo uno y de lo múltiple. Si profundizamos más es el tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares que constituyen nuestro mundo fenoménico.
[3] Gonfiantini, V. Concretamente ¿qué es la complejidad? Revista Proyectándonos. ISPP 4008. San Miguel. Año II. N° II: págs. 10-11.  Arroyo Seco. Argentina.

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