viernes, 10 de octubre de 2014

La muerte de las universidades por Terry Eagleton • • • • •

25/12/10


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¿Están a punto de desaparecer las humanidades de nuestras universidades? La pregunta es absurda. Sería como preguntar si está a punto de desaparecer el alcohol de los pubs, o la egolatría de Hollywood. Igual que no puede haber un pub sin alcohol, tampoco puede existir una universidad sin humanidades. Si la historia, la filosofía y demás se desvanecen de la vida académica, lo que dejarán tras de sí serán instituciones de formación técnica o institutos de investigación empresarial. Pero no será una universidad en el sentido clásico del término, y sería engañoso denominarla así.
Tampoco, empero, puede haber una universidad en el sentido pleno del término cuando las humanidades existen aisladamente de otras disciplinas. La manera más rápida de devaluar estas materias – aparte de deshacernos enteramente de ellas – estriba en reducirlas a un agradable complemento. Los hombres de verdad estudian Derecho e Ingeniería, mientras que las ideas y valores están para los mariquitas. Las humanidades deberían constituir el núcleo de cualquier universidad digna de ese nombre. El estudio de la historia y la filosofía, acompañado de cierto conocimiento del arte y la literatura, debería contar tanto para abogados e ingenieros como para quienes estudian en facultades de artes. Si las humanidades no se encuentran tan gravemente amenazadas en los Estados Unidos es, entre otras cosas, porque se contemplan como parte integral de la educación superior como tal.    
 Cuando surgieron en su actual configuración a finales del siglo XVIII, las llamadas disciplinas humanas tenían un papel social crucial, que consistía en nutrir y proteger la clase de valores para los que un orden social filisteo tenía poco de su precioso tiempo. Las humanidades modernas y el capitalismo industrial estuvieron más o menos emparejados al nacer. Para conservar un conjunto de valores e ideas asediados, hacían falta entre otras cosas instituciones conocidas como universidades, apartadas de algún modo de la vida social de todos los días. Ese apartamiento significaba que el estudio humano podía ser lamentablemente inútil. Pero permitía asimismo a las humanidades emprender la crítica del saber convencional.  
 De vez en cuando, como a finales de los años 60 y en estas últimas semanas en Gran Bretaña, esa crítica se lanza a la calle, y se dedica a confrontar cómo vivimos en realidad con como podríamos vivir. 

De lo que hemos sido testigos en nuestro tiempo es de la muerte de las universidades como centros de crítica. Desde Margaret Thatcher, el papel de mundo académico ha consistido en servir al status quo, no en desafiarlo en nombre de la justicia, la tradición, la imaginación, el bienestar humano, el libre juego de la mente o las visiones alternativas de futuro. No cambiaremos esto simplemente con una mayor financiación de las humanidades por parte del Estado, por oposición a un recorte que las deje en nada. Lo cambiaremos insistiendo en que una reflexión crítica sobre los valores y principios debería ser central para cualquier cosa que acontezca en las universidades, y no sólo el estudio de Rembrandt o Rimbaud.
 En última instancia, las humanidades sólo pueden defenderse poniendo de relieve cuán indispensables son; y esto significa insistir en su papel vital en el conjunto del aprendizaje académico, en lugar de protestar diciendo que, como a algún pariente pobre, cuesta poco alojarlas.  
 ¿Cómo puede lograrse esto en la práctica? Financieramente hablando, no ha lugar. Los gobiernos están empeñados en reducir las humanidades, no en extenderlas.  
 ¿Pudiera ser que invertir demasiado en enseñar a Shelley significase quedar rezagados respecto a nuestros competidores económicos? Pero no hay universidad sin indagación humana, lo que significa que las universidades y el capitalismo avanzado son fundamentalmente incompatibles. Y las implicaciones políticas que eso conlleva van bastante más allá de la cuestión de las tasas estudiantiles.    
 Terry Eagleton, una de las figuras más reconocidas de la crítica cultural  anglosajona en la tradición marxista británica de Raymond Williams, ocupa actualmente la Cátedra de Literatura Inglesa en el Departamento de Inglés y Escritura Creativa de la Universidad de Lancaster, en el Reino Unido.


Traducción parawww.sinpermiso.info: Lucas Antón
 
 
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domingo, 5 de octubre de 2014

La crisis de la profesión

Artículo publicado en el Link
http://www.lemondediplomatique.cl/La-Crisis-de-la-profesion-Por.html



Morín (2011:142), afirma que en la base de la crisis de la humanidad existe una crisis cognitiva. Sostiene que “Nuestro modo de conocimiento no ha desarrollado suficientemente la aptitud para contextualizar la información e integrarla en un conjunto que le dé sentido”. Es una crisis cognitiva sistémica porque la ciencia que hoy predomina en la educación tiende a estudiar la realidad, indagando sólo sobre el carácter científico supuesto de las distintas ciencias, su funcionamiento, sus fines de investigación y no la complejidad sistémica de esa realidad. Es una epistemología que no teoriza sobre la ciencia misma, a pensar lo pensado, manteniéndose por ello como epistemología de primero orden. Estamos sometidos, según este autor, a la fragmentación y la compartimentación del conocimiento, a disciplinas que no se comunican, con predominio de la hiperespecialización que rompe el tejido complejo de lo real,  y con un predominio de lo cuantificable que sólo busca asegurar en el sistema educacional lo que algunos llaman la “cientificidad” a través de la medición, ocultando otras formas de evaluar. La profesión expresa teórica y prácticamenhte esta forma de pensar.

Osorio (2012) denuncia además, que los saberes institucionalizados en la ciencia separan la cultura científica de la humanista, provocando una escisión entre la vida humana y la vida del planeta y del universo, expresándose con mucha fuerza en la currícula de las profesiones tradicionales universitarias. Buganza y Sarquis (2009) agregan que esta ruptura entre ciencia y cultura se ha consumado en los sistemas de la educación superior actuales. Esto sucede en la educación superior tanto de Chile como en general en Latinoamérica. Los departamentos de ciencia y los departamentos de cultura en las instituciones universitarias se han separado. La ciencia no tiene acceso a la cultura humanista de carácter social, y ésta al prestigio de la ciencia autodenominada como “exacta”. Ambas culturas aparecen como antagónicas, de espaldas una hacia las otras, ignorándose mutuamente. A partir de esta situación de divorcio entre ambas culturas, el sistema educacional ha transformado a los profesionales como sujetos de conocimientos supuestamente capaces de observar su entorno objetivamente, independientemente de su propio pensamiento, incapacitados para trasponer epistemologías de primer orden, cartesianos. Este autor plantea que el conocimiento re-presentacionista es una de las características de la epistemología de la ciencia clásica que predomina en todo el sistema de formación profesional de nuestros países. Han transformado a nuestras sociedades en organizaciones con un paradigma que cree que puede reflejar en una imagen la copia fiel de su entorno real, transformándolo como presupuesto filosófico del conocimiento. El sujeto es pasivo, como el espejo para percibir esa realidad exterior. Locke (1982:110, tomado de Osorio 2012) lo señala de la siguiente manera: “Nuestra observación (…) es la que abastece a  nuestro entendimiento con todos los materiales del pensar. Cuando las ideas simples se ofrecen a la mente, el entendimiento no puede rehusar tenerlas, ni alterarlas cuando están impresas, ni borrarlas para hacer otras nuevas, de la misma manera que un espejo no puede rehusar, alterar o destruir las imágenes o ideas que los objetos puesto delante de él producen”.

En estos marcos, la ciencia clásica configura la currícula del actual sistema educacional planetario en general y de nuestro país en particular, con un enfoque legaliforme que se expresa fundamentalmente en una metodología cartesiana de  lenguaje fundamentalmente matemático, verificable desde la lógica y la contrastación experimental. Esta metodología que incluye hoy día a la inter-disciplina y la multi-disciplina como una forma de suavizar la rigidez de esta forma de pensar de las disciplinas profesionales, prevalece en la formación profesional, transforma a la razón como único fundamento del conocimiento científico. Es una metodología que entiende a la naturaleza como una máquina perfecta posible de conocer a través de sus fundamentos o leyes invariables primigenias que la sustentan. Se piensa que el universo no cambia y puede ser explicado también por leyes simples. Este paradigma está formando a miles y miles de profesionales que separan el pensar como proceso de lo que es pensado, logrando, según Maturana y Varela (1990) separar artificialmente la vida como conocimiento y el conocimiento como actividad fundamental de la vida, manteniendo la educación, entonces, en una situación que le impide navegar con una epistemología de segundo orden, dañando seriamente con esta posición la formación de los alumnos y profesionales actuales.  
      
Según Hawking (2007), desde la física clásica, se aseguraba que era posible evaluar y medir la realidad y para ello era necesario un conjunto de condiciones iniciales, una cantidad determinada de causas que son las que definen el comportamiento de los sucesos con casi absoluta certeza. Tenemos entonces un profesional hiper-especializado  con mentalidad pre-cuántica que plantea que la existencia de determinadas causas provocaba determinadas consecuencias y que las mismas causas provocaban situaciones iguales, es decir, en condiciones idénticas, los resultados deberían ser también idénticos. Los objetos son observados aislados, sometidos a leyes objetivas universales. Todo suceso es pensado por el profesional en plenitud ontológica y autosuficiente en su ser, sin capacidad de auto-transformación, como entidad cerrada, constituyente de sus propias propiedades sin ningún tipo de participación del entorno.

Esta nueva situación puso al mundo frente a ignorancias globales divulgadas por el propio sistema educacional oficial. Fortaleció en el profesional un pensamiento mutilado, un reduccionismo donde predominan los elementos sobre la totalidad de los componentes complejos, un binarismo que transforma todo en verdadero o falso, una causalidad lineal que ignora los bucles retroactivos y un maniqueísmo que todo lo reduce a lo bueno o a lo malo, profesionales, en definitiva, formado en el sistema de enseñanza superior profesional ajenos a los avatares llenos de incertidumbres del planeta y sus sociedades humanas. Esta disyunción predominante en las actuales universidades con sus departamentos, facultades y escuelas profesionales desvinculadas entre ellas como departamentos estancos, no es capaz de entender los problemas reales de la vida, y más bien perpetúan  irracionalidades de muchas de las políticas que se aprueban. Ello está en la base de la crisis ecológica, social, política y ética de la humanidad.

Por el contrario, una formación sobre la base de la complejidad y transdisciplinariedad es una manera de organizar el conocimiento científico que articula en otro sentido los saberes, Esta nueva visión paradigmática que va más allá de la disciplina, inter disciplina y multi-disciplina debiera aproximarnos a una mejor comprensión de la realidad en el sistema educacional que vivimos para posibilitarnos una forma distinta de habitar la tierra en esta era planetaria. Estas transformaciones que las teorías de la complejidad y transdisciplinariedad (ver Yanes, 2013) podrían provocar en el sistema educacional planetario, permitiría a los profesionales establecer vínculos necesarios para entender los sucesos, hechos, imágenes, acontecimientos, representaciones y diversas acciones, entre otros, lo que nos permitiría comprender mejor el Eros del aprendizaje constante, de toda la vida, porque la creatividad de los seres humanos se basa en esta forma de ver la realdad que los envuelve como algo en permanente vinculación de todos los sucesos, de esta interacción constante, de la búsqueda de conocer todos los niveles posibles de realidad.

Frente a esta crisis del cometido llamado profesional, la  propuesta es recuperar la concepción de Licenciatura que es un grado académico de entre cuatro y seis años de duración necesario para continuar postgrados en Magister y Doctorado. La Licenciatura tradicionalmente no se entrega en la perspectiva de un oficio concreto, de un empleo sesgado. La Universidad forma a los actuales profesionales (Yanes, 2012)  con invariantes de contenidos que sintetizan un modo determinado y de actuación con un objeto de trabajo muy limitado, con una formación teórica de corto alcance, sistémica en la cercanía de los problemas que trata, ordenamiento teórico sólo relativo a su “objeto” a fin a la profesión, con una currícula muy rígida y estricta, que no se sale en lo fundamental de que encarna su práctica. La Licenciatura, por el contrario,  ha tenido tradicionalmente una currícula más generalista que se imparte en las facultades, y se desarrollan en torno a un área del saber, no de un oficio o profesión limitante. Implica una formación global de determinados procesos en relación a fenómenos socio-culturales más amplios. Permite análisis de sucesos  no sólo desde la cercanía de los problemas que observa, sino que desde la totalidad de la que forma parte, con una visión holística, transdisciplinar y sistémica compleja. Tiene además una fuerte formación en modelos pedagógicos de aprendizaje, paradigmas metodológicos y epistemológicos que permitiría generar una nueva visión de los problemas planetarios. 

Bibliografía
Buganza, J., Sarquís, J. (2009).  La teoría del conocimiento transdisciplinar a partir del Manifiesto de Basarab Nicolescu Fundamentos en Humanidades Universidad Nacional de San Luis – Argentina Año X – Número I (19/2009) pp. 43/55.
Hawking, W.  St., (2007). A Hombros de Gigantes Barcelona: Editorial Crítica. Edición Ilustrada. Maturana, H. & Varela F. (1990) El árbol del conocimiento. Las bases biológicas del conocimiento. Madrid: Debate.
Morín, E. (2011) ¿Cómo vivir en tiempos de crisis? Buenos Aires: Nueva Visión.
Osorio, G., Sergio, N. (2012) El pensamiento complejo y la Transdisciplinariedad: fenómenos emergentes de una nueva racionalidad. Revista Facultad de Ciencias Económicas: Investigación y reflexión, Volumen XX, N° 1, junio 2012, pp.269-291. Universidad Militar Nueva Granada. Bogotá. Colombia.





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