lunes, 26 de mayo de 2014

La Transdisciplinariedad Manifiesto

Babsarab Nicolescu

París, 1° de enero de 1996
http://www.edgarmorin.org/libros-sin-costo/85-la-transdisciplinariedad-manifiesto.html

MAÑANA SERÁ DEMASIADO TARDE

Dos verdaderas revoluciones han atravesado este siglo: la revolución cuántica y la revolución informática. La revolución cuántica podría cambiar de manera radical y definitiva nuestra visión del mundo. Sin embargo, nada ha ocurrido desde principios del siglo XX: las masacres de los humanos por los humanos aumentan sin cesar y la visión tradicional sigue siendo el amo de este mundo.

¿De dónde proviene esta ceguera? ¿De dónde proviene ese eterno deseo de hacer algo nuevo con lo viejo? La novedad irreductible de la visión cuántica sigue siendo dominio de una pequeña élite de científicos de punta. La dificultad de transmisión de un nuevo lenguaje hermético -el lenguaje matemático- es, desde luego, un obstáculo considerable; pero no es infranqueable.

¿De dónde proviene ese pretendido desprecio, sin ningún argumento formal, por la naturaleza discreta e impotente en cuanto al sentido de la vida? La revolución informática, que se muestra ante nuestros ojos maravillados e inquietos, podría
llevarnos a una gran liberación del tiempo consagrado a nuestra vida y no, como lo cree la mayoría de los seres de esta tierra, a nuestra supervivencia. Podría  llevarnos a compartir conocimientos entre todos los humanos como preludio de una riqueza planetaria compartida. Pero aquí, tampoco ocurre nada. Los comerciantes se apresuran por colonizar el ciberespacio y profetas desconocidos nos hablan sólo de peligros inminentes. ¿Por qué somos tan ingeniosos, en cualquier situación, para develar todos los peligros posibles e imaginables, pero tan pobres cuando se trata de proponer, de construir, de edificar, de hacer surgir lo nuevo y lo positivo, no para un futuro lejano, sino para el presente, aquí y ahora?

El crecimiento contemporáneo de los saberes no tiene precedente en la historia humana. Hemos explorado escalas inimaginables en otra época: de lo infinitamente pequeño a lo infinitamente grande, de lo infinitamente breve a lo infinitamente largo. La suma de los conocimientos en el Universo y los sistemas naturales, acumulados durante el siglo XX excede, de lejos, todo lo que se ha podido conocer en todos los demás siglos reunidos. ¿Cómo es posible que
cuanto más conocemos de qué estamos hechos, menos comprendemos quiénes somos? ¿Cómo es posible que la proliferación acelerada de las disciplinas vuelva cada vez más ilusoria la unidad del conocimiento? ¿Cómo es posible que cuanto más conocemos el universo exterior, más insignificante -incluso absurdo- se vuelve el sentido de nuestra vida y de nuestra muerte? ¿Será que la atrofia del ser interior es el precio que tenemos que pagar por el conocimiento científico?

La felicidad individual y social que el cientificismo nos prometía se aleja indefinidamente como un espejismo. Tal vez se nos dice que la humanidad siempre ha estado en crisis y que siempre ha encontrado la manera de salir adelante. Esta afirmación era cierta en otro tiempo, y hoy sólo equivale
a una mentira, porque, por primera vez en su historia, la humanidad tiene la posibilidad de autodestruirse, por completo, y sin ninguna posibilidad de regreso.
Dicha autodestrucción potencial de nuestra especie tiene una triple dimensión: material, biológica y espiritual.

En la era de la razón triunfante, lo irracional actúa más que nunca. Las armas nucleares acumuladas en la superficie de nuestro planeta pueden destruirlo por
completo varias veces, como si una sola vez no fuera suficiente. La guerra blanda remplaza la guerra fría. Ayer, algunas potencias guardaban celosamente sus armas; hoy, se pasean de un lugar a otro del planeta con sus piezas separadas bajo el brazo y mañana, las mismas estarán a disposición de cualquier tirano. ¿Por medio de qué milagro de la dialéctica se piensa siempre en la guerra hablando de la paz? ¿De dónde proviene esa locura homicida del ser humano? ¿De dónde proviene esa misteriosa e inmensa capacidad de olvido? Millones de muertes, sin sentido, aparecen hoy ante nuestros ojos hastiados, a nombre de ideologías pasajeras y de conflictos sin nombre, cuya motivación profunda se desconoce.
Por primera vez en su historia, el ser humano puede modificar el patrimonio genético de su especie. En ausencia de una nueva visión de mundo esta huída hacia adelante equivale, ante todo, a una autodestrucción biológica potencial. No hemos avanzado ni un ápice en las grandes preguntas metafísicas, pero nos hemos permitido intervenir los trasfondos de nuestra era biológica. ¿A nombre de quién?

Sentados en nuestra silla, podemos viajar a la velocidad límite permitida por la Naturaleza –la velocidad de la luz-. El tamaño de la Tierra se reduce poco a poco hasta un punto, el centro de nuestra conciencia. Por medio de una unión insólita entre nuestro propio cuerpo y la máquina informática, podemos modificar nuestra voluntad y nuestras sensaciones hasta crear una realidad virtual, aparentemente más verdadera que la realidad de los órganos de los sentidos.

De manera imperceptible, nace un instrumento de manipulación de las conciencias a escala planetaria. Entre manos inmundas, este instrumento puede conducir a la autodestrucción espiritual de nuestra especie. Esta triple autodestrucción potencial –material, biológica y espiritual- es, por supuesto, el producto de una tecnociencia ciega, pero triunfante que sólo obedece a la implacable lógica de la eficacia por la eficacia. Pero, ¿cómo pedirle a un ciego que vea?

Paradójicamente, todo está dado para nuestra autodestrucción, pero también está dado para una mutación positiva comparable con los grandes virajes de la historia. El desafío de la autodestrucción tiene su contrapartida de esperanza y de autonacimiento. El desafío planetario de la muerte tiene su contrapartida en una conciencia visionaria, transpersonal y planetaria, que se alimenta del crecimiento fabuloso del saber. No sabemos de qué lado se va a inclinar la balanza. Por
esta razón, es necesario actuar con premura, ahora. Porque mañana puede ser demasiado tarde.

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More

 
Powered by Blogger