sábado, 22 de noviembre de 2014

La microfísica y la epistemología de la complejidad


(Este artículo forma parte del Cuarto Capítulo de mi libro próximo a salir "Complejidad y Calidad de la Educación")

Morín (2003) señala  que Niels Bohr es uno de los pioneros en la construcción de una epistemología de la complejidad. Bohr fue capaz, según Morín, de comprender las “implicaciones de las transformaciones teóricas que él estaba protagonizando en el campo de la microfísica…” (: 62), entendió como nadie sus alcances epistemológicos que ponía fin a la idea determinista de la ciencia clásica. Planteaba que el sujeto y el objeto no eran separables. Avanzó además, según Morín, en la comprensión de la “complementariedad” en la microfísica al señalar que los “aspectos corpusculares y ondulatorios de una misma realidad no son paradójicos sino complementarios” (idem). ¿Cómo se van manifestando estas características de la microfísica en la educación? ¿Qué es lo “corpuscular y lo ondulatorio” cuando se analiza un suceso en el aula?
Los diversos programas educacionales deberían tener presente lo que Capra (2003) sostiene en el sentido de que todos los fenómenos naturales y sus “leyes” correspondientes son creaciones del mapa conceptual limitado y aproximativo de la mente humana. Es decir, siempre estamos en una comprensión aproximada de los fenómenos que investigamos. Y ello implica que también todas las teorías y modelos científicos son aproximaciones a la verdadera naturaleza de las cosas que se investigan. Se van construyendo, entonces, teorías tras otras teorías no acumulativas, a través de saltos revolucionarios que una vez instaladas se transforman en lo que Kuhn (1996) llama ciencia normal, que supone que los científicos ya conocen el funcionamiento del mundo en un momento determinado. Pero, sin embargo, estas denominadas ciencias normales sólo aproximan a los alumnos al o los problemas que se están investigando como sucesos, pero ninguno llega a ser un informe completo del objeto que se investiga. Esto es así, según Capra (2007: 380-404) porque “todas las leyes de la naturaleza son mudables y están destinadas a  ser sustituidas por futuras leyes más exactas, a medida que se van perfeccionando las teorías”. Nos vamos acercando a la realidad, pero nunca llegamos a entenderla en su completud. Lo que hay que tener presente desde el punto de vista de la epistemología es que en la misma medida en que muchas fuerzas de interacción gravitacional de partículas son ignoradas por ser magnitudes muy débiles, en el entorno de los estudiantes no siempre son percibidas todas las fuerzas gravitantes en un medio que siempre perturba los sucesos, porque estas anomalías podrían ser ondulatorias, y por esta razón no siempre son percibidas de inmediato. O hay debilidades epistemológicas al no ser construidos los caminos que corresponden para cada suceso, o sencillamente dificultades ontológicas, porque muchas anomalías que perturban el suceso no se conocen, incluso, lo más probable es que componentes del suceso no sean comprendidos a cabalidad, o sencillamente ignorados por el observador.


Nota: En la imagen, una sección de 10 millones de años luz de ancho de una simulación del Universo temprano muestra como la materia se fusiona en galaxias conectadas por filamentos de gas. Pero la duda es si es posible conocer toda la materia que da vida a estas galaxias. (3 de marzo 2014).

Los cosmólogos han ido desarrollando simulaciones computarizadas de la estructura del cosmos. En este modelo estándar construido gracias al observatorio espacial Planck, se puede observar como la materia se arracima en filamentos y nodos como una gigante red cósmica bajo la fuerza de gravedad y que expresaría la unidad de todo el cosmos. En esta red existen pequeñas excitaciones que conforman el cuanto del campo de Higgs que es muy inestable, se desintegra rápidamente y su media de vida es del orden del zeptosegundo. Con la existencia de los bosones de Higgs los cosmólogos señalan que al interactuar éstos con las partículas del universo desarrollan la existencia de masa en el resto de las partículas elementales. Los que no interactúan con estos bosones no poseerían masa, y por estas razones no darían vida al resto de los cuerpos del universo.
Estas concepciones de la física cuántica ayudan a superar también en los procesos educacionales todas aquellas concepciones que disjuntas, disgregan las cosas. Por el contrario, nos ofrece la posibilidad de entender la unidad básica del universo de problemas sociales a los cuales nos enfrentamos. Lo que le da existencia y “masa” en un cono del pasado a sus componentes es la interacción de los paradigmas trinitarios que se construyen  por el observador para entender los componentes de ese pasado. La visión del observador le da vida lógica a esos componentes y hace constituir el suceso y su futuro. Aquello que no es “tocado” por ese arquetipo, no adquiere “vida” en el cono del pasado del suceso, se desintegra muy rápidamente. A pesar del “toque de objetividad” de cada partícula, no se ven fuera de los marcos del patrón de pensamiento del que configura los sucesos.
El cosmos y la naturaleza en general, y por derivación, los sucesos que son  observados a través del proceso de aprendizaje en particular, pueden ser considerados dinámicamente, vivos, orgánicos, espiritual y material, ondulatorio y corpuscular al mismo tiempo y como una realidad inseparable, no como multiplicidad de cosas desligadas las unas de las otras. Con ello se van derribando las concepciones cartesianas que nos mostraban una realidad física con sus rígidas leyes respectivas, y que nos impedía ver que existían paralela y complementariamente otras realidades vinculadas a la primera y que condicionaban también los cambios en su trayectoria espacial.
La visión holística del universo desprende una mirada epistemológica en la educación que plantea que ningún problema puede ser analizado sin su debida contextualización, sino que observado en los marcos de la totalidad a la cual pertenece, teniendo como base la idea  de que todo está interconectado, unido a lo demás, incluso las formas no humanas que nos rodean en una compleja red de vida. El holón es una totalidad en el contexto, simultáneamente, una parte de otro contexto. May (2001:28) señala que el nuevo pensamiento busca la integralidad de las cosas, porque el holismo reconoce al universo como una totalidad no dividida, tomando como primicia fundamental el supuesto de unidad, según el cual “...el cosmos nos muestra un todo interrelacionado de energía en constante intercambio y transformación, una red vibratoria donde cualquier pulsación en cualquier parte, “toca” a todo el universo…”. Una educación en que no existe visión de continuidad genera personas sin sentido, con vidas fundamentalmente individualistas indiferentes al legado de miles y millones de años que nos entrega no sólo la humanidad y su cultura, sino el cosmos en su totalidad.
      El Físico y Astrónomo Mario Hamuy (2008) plantea que los humanos somos ciudadanos del universo, no sólo extraterrestres, sino que extrasolares. Ni uno de los átomos que conforman nuestro cuerpo se originó en el Planeta Tierra. Somos polvo de estrellas, como lo señalaron  Burbidge, M., Burbidge, G., Fowler, W., Hoyle, (1957), un concentrado de estrella diluido en hidrógeno, somos todos hijos del más allá. Según Hamuy, el Universo se originó en un Big Bang o estado muy compacto, denso y caliente a partir del cual comenzó la expansión que hoy se conoce. Luego de millones de años en un marco de nuevas condiciones el hidrógeno y el helio se condensaron y formaron estrellas. Son estrellas masivas que luego evolucionaron rápidamente y explotaron al cabo de tres millones de años, liberando nuevos elementos. A partir de estas explosiones se formaron planetas como el nuestro que están constituidos por especies atómicas fabricados en los núcleos de estrellas de una generación anterior a nuestro sol. De aquí parte Hamuy para  llegar a la conclusión de la unidad del universo.
De esta unidad del universo se puede derivar una epistemología de la unidad del pensamiento. La evolución del pensamiento hasta llegar a lo que es hoy día tiene miles de años, y en ese período de tiempo ha sufrido infinidades de “explosiones” que van generando distintas formas de entender la historia humana, la naturaleza y el cosmos. Es un desarrollo paradigmático que va creando visiones distintas en la comprensión de lo que rodea al ser humano. En efecto, la ciencia ha construido determinados conocimientos entendidos como los normales para una época determinada. Pero en una actitud lineal, ha cerrado momentáneamente toda posibilidad de comprensión de las anomalías que se van desarrollando y que esta ciencia no las acoge. Pero llega un momento, de acuerdo a Kuhn, que la tradición  existente que predomina ya no puede ignorarlas  más. Se produce entonces lo que este autor califica de revolución científica, es decir, una tradición cae y otra se levanta en su lugar, la cual impone nuevos compromisos profesionales para entender la realidad.
      El físico Ramón Lapiedra (2008) señala que el universo es altamente homogéneo. La distribución de materia y energía es la misma en todas direcciones, a pesar de las inhomogeneidades a pequeña escala cosmológica que se encuentran en las estrellas, galaxias, cúmulos de galaxias, etc. Lapiedra  sostiene que existiendo inhomogeneidades en la distribución de la materia, y que si la dejamos evolucionar, pero sometida sólo a las fuerzas gravitacionales, ellas se incrementarán, porque allí donde hay más masas, más masa se concentrará en el futuro. Y esto a pesar de la existencia de una fuerza contraria como el calor que tiende a dispersar esas masas. Así es como se van intensificando. Podemos señalar que en este universo unitario, el bucle gravitación-dispersión inducida por la temperatura produce más inhomogeneidades, que a su vez al incrementar la existencia de estas formas de materia, aumenta al mismo tiempo la relación gravitación-temperatura. Esas inhomegenidades también se descubren en la sala de clases. Una acelerada discusión, una cantidad importante de argumentos o novedosos descubrimientos tiende a provocar posiciones heterogéneas, dispares, que se incrementan sin cesar mientras no se descubra un sistema conceptual que construya conocimientos superiores como base de la unidad para resolver estas situaciones contradictorias.
            Cuando Lederman (Citado por Shwaurtzmann, 1994:119) sostenía que “los físicos de partículas dirigen sus microscopios hacia abajo y que los astrofísicos miran con sus telescopios hacia lo alto, y ambos descubren que están mirando casi lo mismo”, nos está señalando la unidad del universo. Por  otro lado, la unificación einsteniana del ser del cosmos se manifiesta en la unidad existente entre el espacio, tiempo, curvatura y gravitación. En esta unidad se desarrollan todos los eventos físicos del Universo, y para que ello sea posible de acuerdo a la teoría de la relatividad, es fundamental la consistencia entre lo que sucede y lo que denomina como el ser del cosmos. Einstein tuvo la intuición de la relación entre curvatura y gravitación, y que debió abandonar  la concepción newtoniana de tiempo y espacio para plantear esta unidad.
Esta relación espacio, tiempo, curvatura y gravitación permitió también desarrollar la teoría de sucesos de Hawking (1996). Los agujeros negros de acuerdo a la nueva teoría de Hawking (2013), ya no son entendidos como “cárceles” espaciales que atrapan partículas sin que puedan escapar de ellos. Esto es incompatible, según este autor, con la teoría cuántica. La actual teoría elimina el concepto de horizonte de sucesos como barrotes que impiden que nada salga de él, ni siquiera la luz. Habla ahora de horizonte aparente que aprisiona materia e información temporalmente, pero que permite su liberación del agujero negro, aunque confusa y caótica. Esta liberación es producto de los efectos cuánticos alrededor del agujero negro que provoca fluctuaciones violentas que impiden fronteras definidas. Pero su tesis aún debe ser comprobada.
Esta teoría de sucesos también tiene consecuencias epistemológicas en el análisis de sucesos sociales. En el cono del pasado se encontrarían los antecedentes del suceso en un espacio y tiempo determinado, que al curvarse a valor nulo por gravitación o interacción de todos ellos, generaría un suceso social específico que se desarrollaría en el cono del futuro en condiciones especiales. La línea del horizonte del suceso sería permeable a las fluctuaciones del entorno que provocaría que la información que guarda ese suceso se expanda por la sociedad como otros sucesos, complejizando la vida social.
          Prigogine (citado por Schwartzmann, 1994:486) también avanza en el mismo sentido de Einstein al sostener que “Uno de los objetivos de la evolución creadora es mostrar que el Todo es de la misma naturaleza que el yo, y que es aprehendido mediante una profundización cada vez más completa de uno mismo”. Se plantea también que no sólo existe un código genético sino que también uno cósmico. Schwartzmann señala que “…el físico Heinz R. Pagels (1984) acuña fecundas ideas ilustrativas de este nuevo código. Para Pagels, la gran interrogante apunta a indagar si la historia del universo recién descubierta por el código cósmico, tal como se nos revela en la “arquitectura del universo”, representa “actualmente el programa para el cambio histórico posible” (citado por Schwartzmann, 1994:77). Para Heinz Pagels, según Schwartzmann,  “el universo es una especie de mensaje codificado, él es el código cósmico, cuyo sentido debemos descifrar. ¿No tendremos también un “código social” que nos permitiría obtener determinadas tendencias epistemológicas que nos sirvieran para ordenar la comprensión de los sucesos sociales?
          No se trata de volver al determinismo cartesiano. Sino que entender los sucesos sociales desde la teoría de Hawking como un evento con un cono del pasado que lo sustenta y otro del futuro que se va desarrollando en los marcos de flechas termodinámicas, cósmicas y psicológicas, y de la teoría del caos y la incertidumbre. Pero que además el portador de la flecha psicológica debería conocer a fondo teorías como la de la autopoiésis, autoreferencia, autoorganización, cogitación, sistema, etc., en los marcos de un entorno de redes significativo.

          Desde el punto de vista de Morín (1999), hay que reemplazar la concepción newtoniana de un universo mecanicista regido por leyes absolutas por una concepción de cosmos auto-organizador en los marcos de la dialógica entre orden y desorden, de una biósfera y de ecosistemas de la naturaleza que tiene repercusiones para la antropología. La unidad planetaria de la sociedad hace pertenecer al hombre al cosmos y a la naturaleza viviente en unidualidad compleja con una cultura que es histórica y que “sobrepasa” esta relación, pero sin separarse del cosmos y la naturaleza a la cual pertenece. Se trata de desarrollar una conciencia ecológica reintegrando nuestro entorno cósmico, ecosistémico y de la biósfera en nuestra conciencia antroposocial compleja. Es la fundación de un pensamiento ecologizado que expresa la unidad de sus componentes físicos, biológicos y sociales, como ya lo hemos señalado anteriormente.  Es contrario a la hiperespecialización de las disciplinas científicas, y exige un saber global competente, paradigmático complejo de la auto-eco-organización contrario al paradigma de simplificación y disyunción. La unidad planetaria de la sociedad, en fin, está orientada en la concepción del hombre como ser bío-físico-socio-cultural, donde la organización físico cósmica, según Morín, se inscribe en nuestra organización viviente, transformando todos los problemas y sucesos de la sociedad en una dimensión planetaria. Esta concepción trinitaria le daría la “materialidad”, cierto toque de objetividad por sus propiedades ondulatorias al desarrollo histórico de las ideas y sucesos, que aunque puedan ser de influencia débil, como ya lo hemos señalado, le darían vida, “masa”, cierta objetividad al resto de las ideas que interactúen con estas percepciones que podríamos llamar primigenias a partir de esta concepción bío-físico-antropológica de los conocimientos previos. 

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