sábado, 16 de agosto de 2014

Hacia un nuevo concepto de calidad de la educación

Artículo publicado en la Revista Le Monde Diplomatique, edición chilena de agosto 2014, p. 9


            Introducción
Una concepción sobre calidad de la educación desde la complejidad no se ha desarrollado aún entre las autoridades educacionales de nuestro país, ni menos entre los directivos universitarios, de colegios secundarios y primarios, incluidas la educación inicial y entre los profesores, incluso, entre los dirigentes estudiantiles, ni de los de ayer ni los de hoy. Es un término que se utiliza pero que no se explica porque no se entiende, lo hacen depender fundamentalmente de factores externos a la sala de clases como fundamentos jurídicos, aspectos, ideológicos, equidad, contexto social, cobertura, gratuidad, la mala formación de los profesores, las pésimas condiciones laborales, proteger la educación pública, etc. Todos factores importantes, pero no son decisivos en la calidad de la educación.
            El punto de vista tradicional de calidad de la educación
Para las empresas transnacionales, la calidad de la educación se manifiesta cuando las universidades preparan a sus “clientes-alumnos” para la competencia, formando actores económicos eficientes, rentables, especialistas altamente profesionalizados, flexibles y dinámicos, fuertemente tecnologizados e informatizados, pero sin ningún tipo de preocupación por saber qué tipo de ser humano está formando, más allá del homo económicus. Los economistas Stella Venegas y Oliver Mora (2003:11) también denuncian que "Las políticas educativas impulsadas por los organismos multilaterales de crédito en América Latina apuntan (...) a una superficialidad formativa que sólo abarque el conocimiento inmediato técnico y funcional del saber", negando con ello toda posibilidad de calidad real de la educación.
Pero además la formación de los profesores separa, según Depujadas (:63), la “cosa pensante” de la “cosa extensa”, el mundo intelectual del mundo físico. Estamos frente a “charlatanes de la nueva pedagogía” como lo señala Morín, citado por Depujadas. Esta aseveración se hace notar con mucha fuerza en la actual crisis de calidad de la educación en Chile. Según este último autor, la formación entregada a los profesores hasta hoy día es un enfoque cartesiano vulgarizado que necesita profesores dóciles como “gozne entre el aparato oficial y los alumnos” (: 78) que entreguen a estos últimos “sistemas envasados” (:89) de baja calidad. La escuela es concebida sólo como una agencia de servicios, materia prima y fuente de competitividad en la guerra económica generalizada que vive el mundo globalizado neoliberal, sin preocupación mayor por la calidad real de ella.
Por su parte, Juan Casassus (2003) se plantea la calidad de la educación haciendo girar el eje de las dificultades para desarrollar calidad y equidad desde los factores externos a la escuela a los internos, sin menospreciar lo que fuera de ella la condiciona. En el prefacio a la obra de Casassus (:8), Alain Touraine manifiesta que “…lo que estalla como un cañonazo es que las variables internas a la escuela tienen un peso mayor, respecto de la igualdad o desigualdad, que las variables externas a ella”. Esto implica que son las relaciones entre profesores y alumnos, entre tutores y aprendices, entre otras, las que generan los avances o retrocesos en la calidad en el aula.

Calidad de la educación, ciencia y complejidad
Según Capra, (citado por Yanes, 2014), la calidad hace referencia al movimiento, a los procesos, a las funciones o al cambio, en especial a los cambios vitales importantes en un área determinada del conocimiento científico aplicados epistemológicamente a la educación. Podríamos señalar que es una pauta dinámica estructurada de relaciones, definida de un modo direccional bajo la influencia de determinadas ciencias de punta. Desde este punto de vista, la calidad del aprendizaje en el aula está determinada por una gran cantidad de factores que los aprendices deben incluir en su currículo y su visión paradigmática, como los niveles actuales de desarrollo de la ciencia y la tecnología y sus derivaciones epistemológicas para el aprendizaje. La calidad del aprendizaje en el aula también está determinado por el conocimiento que los aprendices pueden adquirir del vasto círculo de problemas sociales y morales que engendran los procesos anteriores referidos al desarrollo científico-tecnológico, así como también la producción de valores espirituales, de las relaciones de las personas entre ellas y con los intereses de la sociedad, las diversas visiones del mundo, producción de servicios, de la gestión en la producción de conocimientos, la eficacia y la eficiencia de las investigaciones científicas, el fortalecimiento continuo de los conocimientos previos y los niveles de tecnologización e informatización de las diversas personas e instituciones, entre otros.
Las actuales visiones pedagógicas deben ser llevadas al aula en los marcos de un enfoque sistémico, holístico, tecnológico y complejo que permita entender la actual sociedad del conocimiento y la movilidad, en conocerla y saber vivir en ella. Educación2020 y Waissbluth (2010:76)  encuentran suficiente que “si se logra universalmente la suficiencia de lectoescritura, de operaciones matemáticas simples, y tener encendido el fuego de la curiosidad, el rigor y la convivencia, nos daríamos por más que satisfechos”. Un tutor y un aprendiz de cualquier área de la educación, respetando por supuesto su nivel, con sólo competencias de “suficiencia” de lectoescritura, de operaciones matemáticas simples, y tener encendido el fuego de la curiosidad, el rigor y la convivencia, no nos da calidad en la educación. La calidad se consigue cuando se  manejan lecturas complejas teniendo como herramientas las visiones de los grandes teóricos del pensamiento en los marcos de una sociedad altamente complejizada. ¿Operaciones matemáticas simples o complejas? Las operaciones matemáticas simples no llevan tampoco a la calidad de la educación, porque los sistemas o los problemas que se observan son dinámicos, inestables y complejos. Los problemas van evolucionando por zonas de incertidumbre donde no reinan las leyes eternas de la física clásica. Para asegurar calidad de la educación, lo que los estudiantes deben dominar son las estadísticas complejas, porque la realidad depende de muchas circunstancias inciertas, porque cualquier variación del entorno del problema da muchas posibilidades de solución.
La educación debe reformar el conocimiento en la perspectiva de un enfoque epistemológico y reflexivo, reintroduciendo en las formas de pensar la autoexaminación y la autocritica sobre sí mismo.  Esta reforma de la educación debe desarrollar un pensamiento que entienda la complejidad de lo real, la multidimensionalidad de los fenómenos, las relaciones, las interacciones y las implicaciones mutuas de todo lo que existe. Ya ciencias como la de la Tierra y la cosmología rompen el reduccionismo de la explicación por lo elemental, y asumen que las partes y el todo se generan y organizan mutuamente. La enseñanza de calidad exige saber contextualizar, globalizar, multidimensionar, es decir, saber ser complejos en el pensar. La educación a través del pensamiento complejo nos puede entregar esas armas para lograrlo, porque él nos hace tomar conciencia de las contradicciones lógicas que hay que afrontar.

Bibliografía
Casassus, J. (2003) La Escuela y la (des)igualdad. Santiagao: Primera Edición.  LOM Ediciones.
Depujadas, G.  (1991) Calidad de la Educación. Los nuevos Educadores.  Santiago: Corporación de Promoción Universitaria.
Mora T., O., Venegas C., St. (2003). La óptica mercantilista de la
banca multilateral. Selección de artículos de Le Monde Diplomatique. Santiago: Editorial Aún Creemos en los Sueños.
Waissbluth, M. (2010) Se acabó el recreo. Santiago: Debate.
Yanes, G., Jaime (2014)  http://www.pensarlopensado.com/
Capra, F., ver en Yanes, J.  La OCDE y la crisis de la educación en




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