sábado, 1 de febrero de 2014

¿Pueden la UNESCO y la OCDE entregar directrices sobre calidad de la educación si nunca la han definido bien?



Esta es una autocorrección que me hago por un error de información.La verdad es que hay una definición de calidad por la UNESCO. La hizo en el primer estudio internacional comparativo del proyecto Integral Comunitario (PFIC) realizado por esta organización internacional en 2001. Según Juan Casassus se definió el concepto de calidad "como un nivel aceptable  en cuanto al rendimiento o logro académico" y se consideró como rendimiento o logro académico "al puntaje que se obtiene de respuestas correctas en los items de las pruebas de lenguaje y matemáticas". Pero también es una definición ambigua porque no se comprende claramente qué es un nivel aceptable en el momento en que se aplica el test y como no está definida, el porcentaje de las respuestas correctas son irrelevantes.Esta no definición del mporcentaje correcto de las respuestas contamina a la misma definición de calidad, debilitándola o negándola. Es evidente  que por ahí tampoco está el camino para definir calidad de la educación.  Además agrava más esta situación ambigua de lo que es calidad el hecho de  que la UNESCO trate de definirla en los marcos del mparadigma cartesiano lineal ingenieril cuantitativo. No implica ningún cambio paradigmático. Seguimos en más de lo mismo. Y nuestros "especialistas" siguen pegados a esas concepciones de la época de la sociedad industrial y no del conocimiento, que es la socfiedad en la cual vivimos hoy. No son capaces de generar sus propias concepciones pertinentes a la actualidad. 

Sigue el documento con mínimas correcciones:

La UNESCO el año 2006 entregó una serie de directrices en materia de calidad de la educación que han sido asumidas por los países de la Organización y Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), entre otras organizaciones internacionales. Las directrices proponen “instrumentos y una síntesis de las prácticas idóneas a fin de ayudar a los Estados miembros a evaluar la calidad y pertinencia  de la educación superior transfronterza  y proteger a los estudiantes  y demás partes interesadas  contra una educación superior de mala calidad” (Nota de la secretaría). Estas directrices sobre calidad de la educación superior están dirigidas a autoridades nacionales; instituciones y proveedores de educación superior, incluidos los profesores; asociaciones estudiantiles; organismos de garantía de calidad y convalidación de diplomas; organismos de reconocimiento académico y organismos profesionales.

Analizando las directrices de la UNESCO y la OCDE destinadas a las autoridades nacionales respecto a Calidad de la educación es posible afirmar que no se encuentra una concepción sobre calidad, sino que se llama a proteger un concepto no definido con claridad, ni explicado bien, ni comprendido. Se llama a establecer registros transparentes, de habilitación a los proveedores de enseñanza superior, dispositivos de garantía de la calidad, consulta a órganos competentes sobre calidad (que tampoco la definen), información precisa sobre calidad, firma de convenios sobre convalidación de diplomas, de ser parte de los convenios regionales de la UNESCO, en fin, resguardos de algo que no se entiende aún que es.

En las directrices a las instituciones y proveedores de educación superior  sucede algo parecido. Se les solicita que se cercioren de que la enseñanza que imparten es de calidad; que asuman que la enseñanza y la investigación de calidad depende de la calidad de los profesores; que desarrollen una gestión de calidad en la educación; compartan las buenas prácticas en educación; realicen convalidaciones reconociendo cualificaciones equivalentes; acepten los criterios y procedimientos de la UNESCO para la evaluación de títulos y diplomas; proporcionen información fiable sobre calidad; y, se les pide transparencia en las condiciones financieras  de las instituciones y programas educativos. Tampoco aquí en estas recomendaciones no se perfila una comprensión conceptual sobre calidad.

Respecto de las directrices a las asociaciones de estudiantes, nos encontramos que la UNESCO y la OCDE solicitan que los estudiantes participen en el establecimiento de una educación de calidad y la fomenten; que formulen preguntas adecuadas sobre la calidad de la educación en los planes educativos que se matriculen. Tampoco aquí hay una comprensión de  lo que es calidad de la educación.

En las directrices a los organismos de garantía de calidad y convalidación tampoco hay definiciones claras de calidad. Se solicita que se resguarde algo que no se entiende claramente. Se les pide, por ejemplo, que creen un dispositivo de garantía de calidad y convalidación; sostengan y consoliden redes regionales e internacionales de calidad; se establezcan nuevos vínculos de colaboración internacional que promocionen la calidad de la educación; se entreguen normas precisas para garantizar la calidad; se pongan en prácticas los documentos de la UNESCO sobre buenas prácticas transfronterizas de calidad; se recomienda la homologación internacional de evaluación en los exámenes para observar la comparatibilidad entre países. Nuevamente no encontramos un entendimiento sobre calidad.


Respecto a las directrices destinadas a los organismos de reconocimiento académico tiene el mismo sentido respecto a lo que se entiende por calidad que las directrices anteriores, enfatizando que  los convenios regionales de la UNESCO sobre convalidación  de títulos y diplomas son los adecuados para el reconocimiento de estos títulos en la actual movilidad internacional entre estudiantes y profesores altamente calificados. Y por último, en las directrices dirigidas a los organismos profesionales se recomienda establecer  canales de información nacionales e internacionales para el reconocimiento profesional, mejorar los métodos de evaluación y garantía de calidad y convalidación; afinar criterios y procedimientos de evaluación  y mejorar en el plano internacional la accesibilidad actualizada, precisa y completa sobre los acuerdos de reconocimiento mutuo en las diferentes profesiones. Resumiendo podemos concluir que tanto la UNESCO como la OCDE no precisan ninguna conceptualización clara sobre calidad. Entregan directrices para salvaguardar una calidad que no se entiende lo que es. Esto es grave porque está en la base de la crisis de la educación que se profundiza día a día en Latinoamérica y en Europa. Los distintos estudios que se muestran en este capítulo así lo prueban.

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