domingo, 26 de enero de 2014

Por una educación compleja

Estamos frente a un nuevo gobierno que ya designó un Ministro de Educación. De nuevo es un ministro alejado de la pedagogía, Es un Ingeniero académico que seguramente también confunde sus exposiciones, charlas, conferencias ante sus alumnos de pre y post grado como actividades pedagógicas. ¿Entenderá de calidad de la educación? Al leer el programa de Bachelet, no se ve nada importante y decisivo relacionado con la calidad. ¿Es que sus asesores estudiantiles y profesores tampoco la comprenden?
La calidad de la educación es un tema que forma parte de las reivindicaciones del movimiento estudiantil y del Colegio de Profesores. Sin embargo, este es un tema que a pesar de ser muy relevante para el futuro del país, no es discutido en profundidad en Chile y no aparece aún una concepción que nos lleve a una solución adecuada al este problema.
Según Morín (2011:142)[1] la crisis de la humanidad planetaria es producto de la crisis cognitiva. Este autor sostiene que “Nuestro modo de conocimiento no ha desarrollado suficientemente la aptitud para contextualizar la información e integrarla en un conjunto que le dé sentido”. Estamos sometidos, según este autor,  a la sobreabundancia de informaciones, a la fragmentación y la compartimentación del conocimiento en disciplinas que no se comunican, la hiperespecialización rompe el tejido complejo de lo real y el predominio de lo cuantificable oculta las afectividades de los seres humanos.
La educación debe reformar el conocimiento en la perspectiva, según Morín de un enfoque epistemológico y reflexivo, reintroduciendo en las formas de pensar la autoexaminación y la autocritica sobre sí mismo.  Esta reforma de la educación debe desarrollar un pensamiento que entienda la complejidad de lo real, la multidimensionalidad de los fenómenos, las relaciones, las interacciones y las implicaciones mutuas de todo lo que existe. Ya ciencias como la de la Tierra, la cosmología rompen el reduccionismo de la explicación por lo elemental y asumen que las partes y el todo se generan y organizan mutuamente. Morín señala que hay que saber contextualizar, globalizar, multidimensionar, es decir, saber ser complejos en el pensar. La educación a través del pensamiento complejo nos puede entregar esas armas para lograrlo, porque él nos hace tomar conciencia de las contradicciones lógicas que hay que afrontar: “el orden también comporta desorden; la ciencia ilumina y ciega; la civilización contiene la barbarie; la razón pura es sin razón; la razón y la pasión se necesitan mutuamente; y, el uno comporta su propia multiplicidad”.
La misma idea de reformar la educación, a pesar de que las instituciones han fracasado hasta ahora en su intento, está aunando inteligencias dispersas que inician propuestas para lograr esta gran reforma educacional. El camino pareciera ser oponernos a aquellos que controlan las mentes y les impide ver, y empujar la tarea de reaprender a pensar como tarea “de salvación pública que comienza por uno mismo”. Es un camino patriótico obligadamente a seguir.
Cualquier reforma educacional seria tiene que poner en el centro de las transformaciones a alumnos y alumnos como aprendices. Esto debe ser así porque ellos observan, distinguen y explican como individualidades de interacciones con autoorganización, características que determinan todo cambio en ellas, subordinando y limitando dichos cambios a su propia conservación como organización. En los procesos educacionales, profesoras y profesores deben explicar a sus educandos que la propiedad autopoiética (Yanes, 2011)[2] que ellos poseen como seres humanos consiste en que se trata de unidades organizadas como sistemas complejos que generan sus propios procesos de producción de componentes y relaciones entre ellos a través de sus continuas interacciones y transformaciones, y constituyéndose de esta manera como unidad en un espacio físico determinado. Los estudiantes se transforman en sus procesos de entropías internas gatillados –y sólo gatillados- por el entorno con sus anomalías y perturbaciones, pero los cambios que se especifican dentro de ellos son seleccionados por los propios estudiantes afectados en función de su mantención como seres con características autopoiéticas.
Los estudiantes como complejos sistemas autopoiéticos con capacidad auto-organizativas se reproducen a sí mismos, se levantan por sus propios medios, constituyéndose como algo diferente a su medio por su propia dinámica, crean desde sí mismo su propia estructura y los elementos que lo componen manteniendo su identidad. Lo anterior implica que los jóvenes en el proceso de aprendizaje, observan las perturbaciones que sufren como redes de producciones de componentes cerrados en sí mismo porque estos mismos componentes generan las propias dinámicas de producciones que los producen. Pero este dominio cerrado de relaciones especificadas no debe ser entendido por ellos como si ellos fueran sistemas cerrados o clausurados a toda influencia exterior. Lo son solamente con respecto a la organización que ellos componen. Alumnas y alumnos como observadores parten siempre del supuesto que son organizaciones vivas autorreferenciales y en ese sentido son sistemas abiertos, se orientan de manera estructural y no ocasional hacia su entorno, en acoplamiento estructural con él, no pudiendo existir sin ese entorno. El estudiante como sistema complejo debe diferenciarse de su entorno, pero al mismo tiempo debe mantenerse vinculado a él, porque emerge desde él pero se debe a sí mismo.
La educación puede superar la crisis del pensamiento a través  de la construcción de un nuevo sistema educacional basado en la relación de las cosas y nos permitiría pensar los problemas individuales y colectivos en su complejidad, abriendo caminos a aceptar la ambigüedad y ambivalencia de la vida, a aunar términos que se nos muestran antagónicos y de esta manera comprender la complejidad de las cosas. Es necesario introducir todas las formas de la racionalidad: teórica, crítica, autocrítica, científica para enseñar una concepción complejizada de todas esas racionalidades, haciendo entender sus retroacciones por sobre la fragmentación disciplinar. Las transformaciones educacionales será un caminar lleno de inventivas cuyas metodologías se van poniendo a prueba en el caminar que va inventando permanentemente nuevos principios en su estrategia de aproximación a lo nuevo por saber.



[1] Morín, Edgar (2011) “¿Cómo vivir en tiempos de crisis?” Nueva Visión.

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