sábado, 18 de enero de 2014

De Pujadas y su libro Calidad de la Educación. Los nuevos educadores (1991)

Gabriel de Pujadas asumió en 1990 como Director del Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas de Chile. Escribió el libro Calidad de la Educación. Los nuevos educadores (1991),  en el cual se refiere fundamentalmente a “la influencia que tiene la formación y el perfeccionamiento de los profesores en el logro de una mayor calidad educativa…” (:1) este libro ya tiene mas de 12 años de escrito pero es importante aún para entender la discusión presente sobre complejidad y calidad de la educación.
                        La razón de este libro obedece a dos objetivos: encontrar en él en términos generales la crítica que el autor hace a la educación impuesta por la dictadura en Chile en el período 1973-89, y en segundo lugar, la propuesta que se hace para construir una educación de calidad para el futuro. De Pujadas (:4) pretende “desentrañar los desafíos que muestra la formación de profesores en un futuro cercano.”
            La educación que se impone en Chile y en varios países latinoamericanos es de corte liberal-individualista. Según de Pujadas, destaca fundamentalmente “el desarrollo individual de la persona por sobre la inclusión a la vida de los grupos” (: 14), lo que traerá a la larga no la integración social masiva sino la definición de diversos tipos de pertenencia sectoriales de los educandos a la sociedad. Pero además la formación de los profesores tiene un enfoque cartesiano, porque separa, según de Pujadas (:63), la “cosa pensante” de la “cosa extensa”, el mundo intelectual del mundo físico, privilegiando al intelecto como la forma más eficiente de conocer la realidad. El autor señala que el viejo Liceo privilegia esta concepción y a las disciplinas que darían una visión estricta del mundo que se vivía. De lado quedaban las disciplinas vinculadas a manualidades o corporalidades y no eran consideradas en la evaluación para la promoción de los alumnos/as.
En la formación de los profesores se trasmiten contenidos intelectuales y no las propias emociones o los movimientos de su cuerpo. No hay por lo tanto, formación integral, quedando al margen lo afectivo, psicomotor, corporal, sicosocial, etc. O si de pasada lo enseñan no hay una práctica de aprendizaje, según este autor, efectivo. Estamos frente a “charlatanes de la nueva pedagogía” como lo señala Morín (1975:65), citado por de Pujadas. Queda ausente en la formación de tipo cartesiana además, “el aprendizaje a fondo de la lecto-escritura en su propio idioma o las nociones de cálculo elemental…”, que hoy día se hace notar mucho más en la en la crisis actual de la educación.
            Durante la dictadura la educación adquiere un cariz que tiende a consolidar una determinada identidad conservando determinadas tradiciones pre-fijadas políticamente. Desde este punto de vista, los educadores no son formados para introducir innovaciones educativas al sistema educativo y a la acción pedagógica. Todo cambio es concebido, según el autor, como una situación anómala. La sociedad planetaria cambia constantemente y la educación planeada conservadoramente en Chile no es capaz de dar respuestas a las transformaciones socioeducativas que suceden en el mundo. La educación cartesiana chilena y profundizada mediocremente por la dictadura de Pinochet, se encuentra “fosilizada en su propia institucionalidad tradicional.” (:20) 
            De Pujadas, citando a Lechner (1982) caracteriza la relación profesor-alumno como una relación donde predomina un profesor que imparte una educación desde una “concepción denominada bancaria” por Pablo Freire donde el profesor expone oralmente y el alumno escucha pacientemente y recibe esos verdaderos “depósitos” de saberes en los cuales no participa. El profesor “impone el orden” a una comunidad escolar entendida como “masa” revoltosa incapaz de un estudio autorregulado, señalándoles la verdad e imponiendo el respeto al profesor que es portador de ella. El alumno es obligado a dar respuesta de determinados contenidos ya prefijados por los evaluadores, anulando toda posibilidad de búsqueda personal críticamente. El alumno es eliminado, caracterizando esta situación la acción pedagógica masificada durante el régimen de Pinochet. El tipo de liderazgo del profesor mediatizado en dictadura, según de Pujadas, se atiene sólo a lo establecido institucionalmente. El profesor no busca generar cambios. El profesor es impregnado por una conducta rutinaria en su acción pedagógica, aceptando las estructuras pedagógicas vigentes sin intentar cambiarlas. Actitud que se manifiesta hasta hoy día, mayoritariamente.
            El profesor no es formado ni en dictadura ni actualmente como maestro “facilitador” del proceso enseñanza-aprendizaje. Predomina en él la exigencia de evaluación, de elaborar indicadores o test altamente estandarizados a los cuales los alumnos deben ser sometidos en todos los niveles. De Pujadas señala que el profesor no está capacitado para desarrollar en los alumnos espacios de libertad para asegurar su crecimiento personal a través del enseñar a aprender a aprender. Esto implica ausencia total de potencialidades de creatividad, y por el contrario, cualquier expresión de ella es vista negativamente porque contradicen las normas institucionales, y las exigencias del curriculum oficial. El aprender haciendo, señala de Pujadas, tampoco es considerado en la formación de los profesores. No está presente en su curriculum. Por último, es necesario señalar la ausencia total en la formación de los profesores de los conocimientos científicos y tecnológicos más actuales. De Pujadas denuncia la ausencia de una actitud de investigación o experimentación educacional y pedagógica. Con ello se limita también las tareas de perfeccionamiento del profesorado.
En fin, podemos concluir que la formación entregada a los profesores desde la dictadura hasta hoy día es un enfoque cartesiano vulgarizado por la puesta en práctica autoritariamente sobre la base de la Doctrina de la Seguridad Nacional del sistema neoliberal en la época de dictadura y que necesitaba para ello a profesores dóciles como “gozne entre el aparato oficial y los alumnos” (pág. 78) que entreguen a estos últimos “sistemas envasados” (pág 89) de baja calidad. Pero a pesar de entrar en un período de democracia a partir de 1990, no ha sido superado y muestra hasta el día de hoy más o menos esas debilidades que han reventado en la gran crisis que la educación vive estos días.
            De Pujadas plantea una serie de situaciones nuevas en su libro a la acción pedagógica que es necesario, según él, reconocer en la formación de los nuevos profesores y en la enseñanza de calidad en el país.
  1. En la relación profesor-alumno, este último posee dominios importantes sobre sí mismo y el mundo en que vive;
  2. Hay nuevos manejos del lenguaje y nuevas formas de comunicación profesor-alumno;
  3. La formación del profesor debe atender a la revalorización individualizada de los alumnos y se impulsará al rol afectivo y social de sus propias familias en el aprendizaje;
  4. El rol del alumno tiende a cambiar, siendo visto en la época actual con una conducta activa y participante, y el profesor como un facilitador;
  5. Reconocimiento al manejo de información que hoy día tiene cualquier alumno que le permite introducir en el aula conocimientos adquiridos fuera de ella;
  6. El profesor debe poseer competencias personales para enfrentar la acción pedagógica de manera distinta, que transforme al alumno/a en un/a protagonista de su propia educación, sintetizando su propio progreso;
  7. Los profesores deben tender a que los alumnos no sólo deben “saber”, sino que deben preocuparse también de los conocimientos de sus propios aspectos afectivos, corporales y psicosociales, de áreas no intelectuales en su formación;
  8. Se debe intentar diversificar la educación para adecuarla a las necesidades de los propios alumnos/as, a través de una mayor libertad en el manejo curricular;
  9. Se debe buscar en las instituciones formadoras de maestros prepararlos para que enfrenten formas no escolarizadas de educación en los diversos niveles pedagógicos, pensando fundamentalmente en el desarrollo futuro del país en proyectos de mejoramiento y de desarrollo innovadores en educación;
  10. Competencias personales del profesor que le permita orientar sus propios procesos de autodesarrollo y autoaprendizaje permanente y que los incentive a una formación no escolarizado que los acerquen a asumir nuevas especializaciones, como las  tecnológicas de punta para suplir falencias en estas áreas en el actual sistema educacional;
  11. Competencias de auto-aprendizaje basados en el desarrollo de visiones metacognitivas que le permita desarrollar su propio pensamiento y aprendizaje;
  12. Desarrollar en el profesor competencias de interacción social y pedagógicas que facilite relaciones interpersonales sanas con sus alumnos, sus colegas, autoridades y la comunidad educativa;
  13. Competencias técnicas e instrumentales para asumir la planificación y administración permanente, evaluación pedagógica, elaboración de material didáctico innovaciones educativas necesarias en momentos de grandes cambios en la sociedad en que vivimos;
  14. Formar maestros democráticos intelectual, afectivo y psicosocialmente que se cuestionen en su quehacer diario, innovadores pedagogos, alejados del centro del proceso educativo y ser reemplazados en ese centro por los alumnos, que rompan con  las “cárceles organizacionales” (pág. 84) en que se han transformados las instituciones de educación y se atrevan a ejercer libremente su acción educadora;
  15. Se debe buscar no lo homogéneo versus lo heterogéneo, sino encontrar el camino de la unidad en la diversidad o en lo heterogéneo, una media común para todos como cierta garantía de normalidad, según de Pujadas, en el proceso enseñanza-aprendizaje;
  16. Profesores que abandonen su exclusiva formación disciplinar y que por el contrario, asuman una formación cultural que lo  vincule a las tecnologías de punta y la cultura en generar más avanzada que vaya surgiendo en el planeta;
  17. Profesores con visión global del mundo, con formación integral con amplia apertura a los conocimientos nuevos, pero sin alejarse de su accionar cotidiano;
  18. Formación de profesores que integren en los procesos educacionales lo pedagógico y los contenidos de las materias que se entregan a los alumnos, consiguiendo con ello que los contenidos intelectuales no predominen en el centro de la acción pedagógica, disminuyendo la atención que se le debe prestar al alumno en su formación personal. Pedagogía y contenidos son un todo único, no diferenciable.

De Pujadas nos entrega en su libro una importante visión crítica de la educación chilena, el rol jugado por la dictadura en ella y nos muestra la actual situación de la precaria formación del profesorado. Plantea una serie de propuestas para lo que este autor entiende como calidad de la educación. Sin embargo, no incluye en sus propuestas el pensamiento complejo y todos sus principios como la cibernética, la segunda ley de la termodinámica, la autoorganización, la biología de lo humano y su teoría de la autopoiésis, la transdisciplinariedad, la mecánica cuántica y su teoría de sucesos, entre otros, que son bases de la construcción de una educación de verdadera calidad que permitiría el  fortalecimiento de la educación como única forma de salir de su actual crisis.


1 comentarios:

Liceo Santiago Escuti Orrego dijo...

recomendable

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