miércoles, 23 de octubre de 2013

La Época Actual



La modernidad según Parra (1997) es una época multidimensional y compleja, en la que convergen diversos procesos que, a su vez, se presentan interrelacionados y fecundándose mutuamente. El concepto profano de época moderna, agrega Parra, manifiesta la convicción de que el futuro ha empezado ya: significa que la sociedad vive orientada hacia el futuro, que se ha abierto a lo nuevo. En esta  visión del mundo, según el mismo autor, se explican los conceptos de movimiento estrechamente ligados al concepto de época moderna: revolución, progreso, emancipación, desarrollo, crisis.

Para Habermas (1993), en la modernidad la razón se instaura como triunfo supremo y ante ella todo se ha de justificar para que pretenda validez.  Así se va verificando en el mundo el paso de una visión cosmocéntrica de la realidad a una visión antropocéntrica. El hombre se descubre como centro del mundo y como referencia básica a partir de la cual todo se valora y juzga. La nueva comprensión conduce a una modificación en la imagen del mundo. La modernidad, de acuerdo a Habermas concibe al mundo como historia, como una situación casi ilimitada y un inmenso campo material para que el hombre  lo conforme a sus objetivos e ideales, lo someta a sus deseos de felicidad y, de este modo, se construya para sí un futuro último de salvación y de auténtica realización humana. Una de las raíces importantes de la modernidad es sin duda la ciencia moderna: una ciencia fundamentalmente experimental. La naturaleza deja de ser una dimensión, denuncia Habermas, para ser contemplada e imitada, para pasar a ser un objeto de dominación y transformación. La metodología científica moderna hace posible la invención de la máquina que, a su vez, contribuye para el nacimiento de la llamada revolución industrial.

            De acuerdo a Larraín (1998), se puede decir que es inherentemente globalista en cuanto sus procesos sociales típicos operan más y más a escala internacional, integrando y conectando comunidades locales y organizaciones en nuevas combinaciones de espacio y tiempo. El mundo se torna y se experimenta más interconectado. EL proceso de globalización, señala este autor, se refiere a la intensificación de las relaciones sociales universales que unen a distintas localidades de tal manera que ocurren muy lejos y viceversa. El término “moderno” puede definirse también como una forma de autoconciencia, como un modo específico de vida y como una experiencia vital. Por un lado ha sido frecuentemente usado para expresar la conciencia de una época que se considera nueva en relación a un pasado antiguo e inmóvil. Lo moderno, plantea el autor, no respeta su propio pasado y se mira a si mismo como el resultado de una transición de lo tradicional a lo nuevo. La edad moderna se define a sí misma como el reino de la razón y de la racionalidad, que han desplazado a la religión, a los prejuicios y supersticiones, a las costumbres tradicionales.

            Touraine (2000) sostiene que con la modernidad se pretendía la correspondencia entre una cultura científica, una sociedad ordenada y de individuos libres por imperio de la razón. Con la modernidad se pretendía que la razón era la que debía animar la ciencia y sus aplicaciones, adaptar la vida social a las necesidades individuales y colectivas y reemplazar la arbitrariedad y la violencia por el estado de derecho y el mercado. Sin embargo, según Touraine, el fracaso de la modernidad transformó esta visión racionalista de la sociedad por una exclusivamente instrumental al servicio de una sociedad y un sistema social centrado en la acumulación. La modernidad, según este autor (2000:12),  reemplazó “la unidad del mundo creado por la voluntad divina, la Razón o la historia, por la dualidad de la racionalización y de la subjetivización”. Impuso la separación del sujeto que había descendido del cielo a la tierra, con el mundo de los objetos manipulado por las técnicas. Hay una disociación de sistemas  sus actores, de la separación del mundo técnico o económico y de la subjetividad. Touraine concluye que esta situación antagónica entre sujeto y acción debe ser resuelta. Propone que la modernidad se transforme en un diálogo de la Razón y del Sujeto, porque “sin razón, el sujeto se encierra en la obsesión de su identidad; sin el sujeto, la Razón se convierte en el instrumento del poder” (:13).

A diferencia de la modernidad, la llamada postmodernidad –según Parker (1997)- es la sociedad de la comunicación generalizada, sociedad de la “mass media”, los cuales son los factores determinantes de la transmisión y reproducción de los esquemas y de los “no valores”. La postmodernidad es una sociedad pluricultural donde prima la diversidad y la heterogeneidad frente a la integridad. La confianza personal no residirá en el dinero, sino en la propia persona. El cambio de una economía basada en los materiales, en la energía y en el trabajo a una basada en la información y en la comunicación reduce la importancia del Estado-nación como elemento decisivo para garantizar el futuro del mercado. Las expresiones de autonomía étnica, religiosa, etc. deben coexistir con una creciente interdependencia económica global. Transformación fundamental y penetrante en todos los aspectos de la vida.

En la postmodernidad fracasan, según este autor, los sistemas unitarios y totalizantes y los metarrelatos. Según la óptica postmoderna, el sujeto queda ahora disgregado falto de principio unificador, tensionado por la diferencia, el pluralismo, el relativismo. La posibilidad reintegradora ya no se da por medio de una racionalidad ilustrada que caracterizaba a la modernidad, sino a partir de la experiencia estética en la inconmensurabilidad de estilos y la irreductibilidad mutua entre juegos de lenguajes o formas de vida y la función instantánea, de lo que simplemente acontece; no se renuncia a la razón crítica pero se trata de un pensamiento débil, una racionalidad plural, heterogénea, incapaz de articulación coherente sino sólo transversal cargada de ambigüedad. La búsqueda de los postmodernos de acuerdo a Parker, es fruto de un sujeto débil, agazapado, sumergido en la espesura heterogénea de la cibernética, abstractos, plurívocos, inconmensurables.

En la perspectiva de Toffler (1996), la sociedad de masas,  para lo que estaba diseñada la corporación comienza a desmasificarse. No sólo la información, la producción y la vida familiar, sino también el mercado de trabajo están empujando a romperse en trozos pequeños y más variados. Pues la creciente diferenciación de bienes y servicios, agrega a continuación este autor, reflejan también la creciente diversidad de necesidades reales, valores y estilos derivada en una diversificada sociedad de la tercera ola. Las fuerzas que crearon la sociedad de masas se han visto súbitamente desplazadas. En un contexto de alta tecnología el nacionalismo se convierte en regionalismo. Los medios de comunicación, en vez de crear una cultura de masas, la desmasifican. Y todas estas evoluciones corren parejas con la emergente diversidad de formas energéticas y el avance más allá de la producción en serie.

Los escritores Herman B. Maynard Jr. Y Susan E. Mehrtens (1996) señalan que vivimos en un mundo cambiante donde creamos nuestra realidad y al mismo tiempo buscamos la totalidad.  Agregan que la intuición y otros procesos no racionales complementan la razón en la búsqueda del conocimiento y loa comprensión. Que cada vez más somos nosotros mismos los que decidimos las formas de vivir y trabajar. Señalan que cada vez nos comprometemos más en la búsqueda del sentido y del propósito de la vida, así como de la verdad y del amor, de la sabiduría, de la autovaloración. Ambos autores afirman que vivimos una época de decadencia del materialismo donde los bienes intangibles como, entre otros, honestidad, coraje, convicción, cooperación son fuerzas predominantes y que estamos frente a movimientos que trascienden la nacionalidad con interdependencia mundial. Señalan que nos definimos por la co-creación, centrados en el poder que emerge desde el seno de nosotros mismos y la integración de la vida y responsabilidad por el conjunto.  Maynard y Mehrtens le dan un rol importante a la intuición en el aprovechamiento de las capacidades humanas y resaltan las intenciones. Según ellos, la sociedad va tras la “libertad de expresión para todos, apertura y aceptación, flexibilidad, aprendizaje permanente” (:116).

Hopenhayn (2004:17) apunta que en la actual sociedad estamos cruzados por un entretejido de incertidumbres, crisis del Estado de bienestar, pérdida de centralidad histórica de la lucha de clases, fragmentación social y cultural. Pero al mismo tiempo se hace la pregunta de si “¿Buscamos todavía alguna forma de totalización, una nueva explicación comprehensiva, otro sujeto con vocación universalista, una utopía inédita e inéditamente movilizadora? El autor señala que hay dudas que la renovación política o la modernización sean una vez más motores de una nueva síntesis histórica capaz de crear futuro y echar a andar la memoria dormida de los pueblos que ha “pulverizado sus sueños”.

El autor nos plantea que estamos frente a la muerte de la revolución y que esta mutación cultural es “una peculiar forma de morir”. La revolución nos redimía de la alienación capitalista y buscaba alcanzar la emancipación universal. Esta revolución posible, señala el autor,  nos exigía (:18-9) “la plena compenetración de la vida personal con la vida de los pueblos, la comunión sin fisuras entre un proyecto de vida y un proyecto de mundo, la justificación redonda y compacta para la propia existencia personal”. Sin revolución, dice el autor, la vida presente pierde la virtualidad de una epopeya y nos somete a una cierta cultura del desencanto.

Hopenhayn nos dice que la pérdida de este referente de la revolución como referente meta-histórico lo reemplazamos por una colección de “software” como el del crecimiento personal, del pragmatismo y transformismo político, del olvido de la ética, de la búsqueda sin cesar del ascenso profesional y social. Nos queremos readecuar constantemente donde las formas se han vuelto contenidos y la visión ahora es de corto plazo. Con la pérdida de la revolución los sueños se esfuman y las rupturas radicales pierden el encanto que tenían. La totalización de las ideologías y políticas revolucionarias son cambiadas por totalizaciones que nos entregan las tecnologías y de la “floreciente industria cultural”. La globalización impuesta por la hegemonía norteamericana agudizan los procesos de fragmentación social en el mundo y en nuestro continente y donde aparece como nuevo fenómeno que excluye pero que al mismo tiempo condiciona los fenómenos de estar integrados y al mismo tiempo excluidos de los procesos modernizadores universales. La globalización de las comunicaciones con la simultaneidad planetaria de la información  y la movilidad acelerada de los productos simbólicos agudiza la desterritorialización de nuestros países que nos amenaza con desestabilizar nuestras identidades.

Estamos frente a un nuevo fenómeno, nos señala Hopenhayn: permeabilidad y “porosidad de los imaginarios” que ya nadie racionaliza. ¿Se podrán pensar caminos nuevos que seduzcan a nuestros pueblos en nuevas aventuras liberadoras? ¿El sueño revolucionario y las utopías que nos acompañaban en nuestras epopeyas renacerán? En este nuevo mundo predomina lo cotidiano como fenómeno de lo inmediato que se prolonga sin cesar y que limitan las expectativas de la liberación total. Sin embargo, las viejas contradicciones que alimentaron las revoluciones en el pasado no han desaparecido, sino que por el contrario, se van agudizando día a día. La precariedad es lo dominante en el mundo de hoy. Y la movilidad de receptores y emisores se profundiza en esta era de la conexión permanente en el mundo. Todo ello mueve sin cesar a receptores y emisores. Estamos entonces, en una sociedad donde predomina lo cotidiano como fenómeno de lo inmediato sin expectativas de futuro, en una vida ciudadana cada vez más precaria y provisoria, donde las formas se confunden con los contenidos y la exclusión predomina con apariencias de integrados.

Según Giddens (1985) la postmodernidad no sólo hace referencia a la crisis de la fe en los procesos del desarrollo humano, a la crisis de los megarelatos que se refieren al pasado y que tienden además a predecir el futuro, y al surgimiento de pluralidad  en el conocimiento, donde la ciencia ha ido perdiendo su lugar privilegiado. Giddens plantea además que todo lo anterior sucede porque los acontecimientos en donde se desarrolla lo humano no se entienden y escapan al propio control de la sociedad. Este autor señala que el problema no es que estemos entrando a una nueva etapa de desarrollo social denominado postmodernidad, sino que es la propia modernidad la que se está radicalizando y universalizando. Esta nueva situación se caracteriza fundamentalmente por lo que él denomina discontinuidad de la modernidad donde todas las instituciones que surgen son, en alguna  medida únicas, distintas en su forma a las existentes en los períodos históricos anteriores.

El importante punto de vista que plantea Giddens(1985) a los sucesos, el tiempo y el espacio en la época actual, no es la negación de estos dos últimos sino cómo las singularidades se dan en el tiempo y el espacio, cómo lo cohesionan. Lo que plantea es que se produce un distanciamiento entre el suceder del suceso y el tiempo y el espacio, conectando de esta manera la presencia con la ausencia. Este autor señala que en la modernidad se produce un mayor distanciamiento en la cohesión de tiempo y espacio y el suceder, y esta situación es la base de la naturaleza crecientemente dinámica de la modernidad. En efecto, siguiendo las ideas centrales de Giddens, el dinamismo de la actual sociedad está vinculado a la separación del tiempo y el espacio, no de su negación sino que de una menor cohesión que permita la regionalización de la vida social. A esta nueva situación Giddens la denomina desanclaje de los fenómenos sociales conectado directamente a la producción constante de conocimientos de las personas y los grupos sociales que actúan en la sociedad.

Este autor plantea que el tiempo se conectó al espacio (y al lugar) hasta que la uniformidad de la medida del tiempo con el reloj llego a emparejarse con la uniformidad en la organización social del tiempo. Pero el surgimiento y desarrollo de la modernidad, plantea Giddens va cada vez más separando el espacio del lugar cuando la sociedad va desarrollando medios de comunicación que empieza a fomentar las relaciones comunicacionales entre los que no están en el mismo lugar, a los, como denomina el autor, "ausentes" físicamente en una relación no ya "cara a cara". Los espacios locales son penetrados por estas redes informacionales que se generan a mucha distancia de ellos. Sucede lo que él denomina "espacio vacío" que es una representación del espacio sin referirse a un lugar específico, a lo local en escena.
           
El propio Giddens se plantea la pregunta de ¿por qué es la separación entre tiempo y espacio algo de tanta importancia para el dinamismo extremo de la modernidad? En primer lugar señala el autor, porque es la primera condición para el proceso de desanclaje. La separación tiempo-espacio y su formación dentro de estandarizadas y «vacías» dimensiones, agrega el autor, corta las conexiones que existen entre la actividad social y su «anclaje» en las particularidades de los contextos de presencia. Las instituciones «desvinculadas», según el autor que analizamos, extienden enormemente el ámbito de distanciamiento entre tiempo-espacio y este efecto es dependiente de la coordinación conseguida entre tiempo-espacio.  En segundo lugar, la modernidad es capaz de aunar lo local con lo global en formas no conseguidas en el pasado, influyendo en el hacer y en el pensar de muchos millones de seres humanos. Y por último, la historicidad radical o las determinadas regularidades que condicionan el desarrollo de los nuevos fenómenos que ocurren en la modernidad, depende de modos de «inserción» dentro del tiempo y el espacio no conocidas anteriormente e inalcanzables para las viejas civilizaciones.

En el marco de lo sostenido anteriormente, Giddens entiede por desanclaje la ruptura de las relaciones sociales de sus contextos locales en sociedades modernas con cada vez mayor desarrollo informacional. En este desanclaje existen dos mecanismos en la actualidad que van asegurando el desarrollo de este fenómeno. El primer lugar, según el autor, están las señales simbólicas. El otro factor son los sistemas expertos.

Giddens entiende por señales simbólicas en la sociedad actual aquellos medios de intercambio que pueden ser pasados de unos a otros sin consideración por las características de los individuos o grupos que los manejan en una particular coyuntura. Una de estas señales simbólicas en que sustenta su teoría sobre el desanclaje es el dinero.   el dinero es un medio de distanciamiento entre tiempo y espacio. El dinero permite la verificación de transacciones entre agentes ampliamente separados en tiempo y espacio. Giddens agrega que una de las formas más características de desanclaje en el período moderno es la expansión de los mercados capitalistas (incluidos los mercados monetarios), relativamente recientes en su extensión internacional. Siguiendo este mismo sentido Toffler (1996) señala que el dinero de la Tercera Ola consiste, cada vez más, en impulsos electrónicos. Es evanescente. Se transfiere al instante y es supervisado en una pantalla de un terminal informático. Es casi sólo un fenómeno visual, destellando y zumbando de parte a parte del planeta. El otro factor de desanclaje son los sistemas expertos. Al decir sistemas expertos  Giddens se refiere a sistemas de procesos tecnológicos o de experiencia profesional  capaces de organizar grandes áreas del entorno material y social en el que vivimos..

                         Según Patricia May (2001)  vivimos sucesivas oleadas complejificadoras y de ascenso de conciencia en el sentido de mayor conocimiento de las cosas desde el ámbito mineral, pasando por lo vegetal, animal y humano. La complejidad, según esta autora, constituye una constante no sólo de la sociedad humana, sino que es el "modo de ser" de todo el cosmos, como si existieran impulsos interiores que nos empujen a buscar cada vez estados más refinados de expresión. Pero esta tendencia complejificadora responde a un orden jerárquico, en el entendido que los niveles más complejos incluyen a los más simples, pero en una transformación dialéctica en donde estos niveles tienen saltos de calidad que se transforman en otra cosa en un acto de comprehensión, aceptación y superación de lo más simple. Los procesos de complejidad no excluyen el pasado, no los niegan, no los eliminan sino que lo incorporan y lo integran con una cualidad distinta, con una complejidad mayor.

b)       Gestión del conocimiento y economía digital


Según Vaquero (2011:7), en la actual sociedad de la movilidad “…la voz  pierde cada vez más peso en el uso de las tecnologías móviles, donde los tiempos gloriosos de los SMS y MMS van pasando a un segundo plano. El rey indiscutible de las nuevas tecnologías móviles es el consumo de datos, que ha crecido el 47% en el último año – según un estudio reciente de la empresa norteamericana Oracle –, y se multiplicará por 10 en cinco años, en 2016, según el informe “El mercado y el tráfico de datos” elaborado por la empresa Ericsson. Así, las suscripciones de banda ancha crecerán un 60% y se espera que los 900 millones de usuarios mundiales pasen a ser 5.000 millones en esa fecha. Y esta transformación móvil tiene como base la información contenida en billones y billones de datos alojados en documentos digitales

Las tecnologías móviles, según Vaquero (:9),  “nos arrastran hacia una movilidad inmersiva, que acapara nuestros espacios y tiempos en aras de una comunicación global, donde el tiempo y el espacio pasan al servicio de nuestra relación con los demás o nuestras compañías, y donde el trabajo nunca termina sino que depende de los tiempos de proceso en los que nuestra participación está asignada. Somos parte de nuestros terminales móviles y ellos parte de nuestra vida, convirtiéndose, por tanto, en ejes de nuestro desarrollo como personas y sociedad, y donde la gestión de los contenidos digitales supone una avalancha de retos y oportunidades a los profesionales de la información, que permitirá - a aquellos que logren utilizar la enorme información disponible y ofertada por las TIC móviles de forma inteligente y crítica - un espacio de éxito en su trabajo y vida personal y social.            

En la sociedad contemporánea la gestión del conocimiento  se debe fortalecer porque se está desarrollando un acelerado proceso de reemplazo de las maneras informales en que se gerencia el conocimiento por métodos formales dentro de procesos orientados al usuario; porque se requiere tiempo para adquirir conocimientos y lograr experiencia a partir de él; porque cada día existe mayor complejidad en el manejo de las organizaciones; por su mayor transnacionalización; por los constantes cambios en la dirección estratégica de éstas; porque se necesitan soluciones híbridas de gente y tecnología para enfrentar los nuevos problemas; porque el conocimiento se adquiere fundamentalmente más a través de mapas conceptuales que de modelos y que este proceso nunca termina. A partir de todo esto podemos afirmar que la organización moderna necesita de líderes del conocimiento para enfrentar con éxito las exigencias del entorno siempre cambiante.

            Liderar el capital intelectual, el conocimiento y la tecnología tiene que ver con formas efectivas de hacer explícitas, localizar, organizar, transferir y usar las ideas, información, experiencia y creatividad respecto del negocio acumuladas en la organización. Tiene que ver con implementar procesos para la distribución de conocimientos entre grupos de trabajo interdisciplinario y transdiciplinarios sobre la generación de nuevos productos, con diseñar estrategias para compartir el conocimiento corporativo, transfiriéndola a la organización a través de instancias para llevar a cabo conversaciones estratégicas. Se trata de que el capital intelectual se transforme en un bien organizacional sólido y duradero a través de una forma adecuada de organizarlo, haciéndolo accesible y reproducible para todos.

                        La revolución digital debe ser analizada en el contexto del desarrollo de fuerzas de innovación que constantemente y en forma recurrente gatillan perturbaciones en los procesos de convergencia económica. La convergencia de las tecnologías de la información con las tecnologías de las Comunicaciones está provocando un significativo Skock tecnológico de ofertas que está favoreciendo a los habitantes del planeta más cercanos a la tecnología.             Este acelerado crecimiento de la Economía Digital hace posible sostener que el uso de las TICs en las actividades productivas y culturales se está consolidando agregando mayor valor al trabajo de las personan, y por ello a topdos los tipos de  organizaciones.
                        Una organización ya no es exitosa por el simple expediente de haber implementado la mejor infraestructura física y tecnológica, sino porque cuenta con las personas adecuadas para su uso y además porque pueden desempeñarse en un ambiente cambiante. Nos encontramos frente a una decidida revolución de la forma de trabajar, la cual posee hoy día a diferencia del pasado, más propiedades analíticas y sintéticas, es decir, es más intelectual. Si investigadores, profesionales y trabajadores no asumen estas nuevas cualidades ponen en peligro su posición y estabilidad en el trabajo, amenazan la competitividad de empresas e instituciones y del propio país y no satisfacen a clientes y usuarios.

            Ello es así porque las tecnologías (conocimientos) computacionales ya no sólo transmiten información, sino que fundamentalmente -como señala Fernando Flores-(1996) registran compromisos a través del lenguaje digital. Esto nos muestra que hemos pasado de la era en que la computación sólo administraba y estructuraba las comunicaciones para entregar información al instante, a una nueva era en que profesionales, ejecutivos y trabajadores en general articulan y modifican constantemente sus identidades personales a través de las redes de computadoras

            Tanto las formas de gestionar como el perfil del nuevo profesional han cambiado definitivamente. La gestión moderna en todo tipo de organización inteligente se mueve fundamentalmente en torno a la promoción innovadora, sistémica y prospectiva del saber, a la utilización del conocimiento para mejorar procesos productivos continuamente, para definir qué nuevos saberes pueden mejorar la producción. La gestión tiene por meta hoy día obtener información estratégica para conocer el entorno de la organización, anticipándose a las nuevas tendencias. Esta lejos la época en que la gestión se centraba sólo en la jerarquía organizativa, en el ejercicio de la autoridad y en mejorar la organización del trabajo. La gestión en definitiva debe crear las condiciones para “aprender a aprender“ y a desaprender al mismo tiempo, de todas las formas y estilos caducos del pasado
            De aquí surge un nuevo perfil del profesional, investigador y trabajador actual, que se caracteriza por su capacidad de gestión, creativo, flexible, cualificado, tenaz, con visión de futuro, pensamiento complejo, sistémico y estratégico, empático, problematizador, transdisciplinar, prospectivo e intuición futurista, capacidad para enfrentar y superar ambigüedades, interactivo, forjador de compromisos, constructor incansable de valores éticos, capacidad de trabajar en equipo, multifacético y multifuncional, entre otras. Todo esto es posible sólo sobre la base de una sólida visión cultural generalista que supere la estrechez de la mera especialización.


c)       Sociedad de la Información y el Trabajo Flexible


            La Sociedad de la Información y su Nueva Economía con la introducción acelerada de la tecnología, está incrementando la complejidad de cada puesto de trabajo, desplazándose el empleo de los sistemas productivos intensivos en mano de obra a aquellos intensivos en conocimientos. En la misma medida que el contenido del trabajo en términos de conocimiento crece, los puestos de trabajo van cambiando de carácter, exigiéndose una mayor cultura profesional y simultáneamente aumento de la especialización, disminuyendo con ello la intercambiabilidad de estos puestos.

            Esta exigencia de mayor cultura en el trabajador lo está volcando a un nuevo tipo de trabajo que no tenga como contrapartida sólo ganar dinero sino que fundamentalmente crear valor, insertarse en la cadena de valor de empresas e instituciones. Hoy día el trabajador moderno quiere desprenderse de los conceptos tradicionales de control y subordinación jerárquica para participar en las comunicaciones ricas y amplias, intensas, profundas (custumización de la información) e interactivas, es decir, quieren integrarse a la red del intercambio de información dentro de las empresas e instituciones, pero además de los proveedores, distribuidores, clientes o usuarios presentes y potenciales.

            La Sociedad de la Información y su Nueva Economía están cambiando también las relaciones laborales. Estas son cada vez más transitorias. Porque hay una preocupación mayor por sus significados culturales, se busca trabajo vital de acuerdo a los talentos y capacidades. El trabajador quiere más espacios y mayor tolerancia al error y la crítica. En definitiva se quiere mayor flexibilidad en su doble contenido: la exigencia ineludible de adaptarse y responder a la impermanencia del entorno con formación y aprendizaje continuo, y al mismo tiempo, satisfacer la exigencia necesaria de menos tiempo laboral,  más tiempo para ellos y mejores ingresos. Por tanto, debe entenderse que la flexibilidad no es sólo un problema de costos que implica menos ingresos porque se reducen las horas laborales por incremento de la complejidad y modernización del trabajo, como pretenden ciertos empresarios en nuestros países, sino que es fundamentalmente más espacio libre para un trabajador al cual le urge aprender constantemente y vivir en entornos inteligentes.
           
            El desarrollo complejo del trabajo en la Economía Digital está creando también una nueva actitud hacia él. Como es sabido el éxito en el trabajo esta determinado fundamentalmente por las actitudes que el trabajador tiene respecto al trabajo que realiza, y esto es hoy día más evidente por los mayores grados de autonomía del trabajo contemporáneo. La gente siente que ella inventa sus propias realidades laborales, que ella le da el sentido y el propósito al trabajo. La flexibilidad exige formación diversa y generalista, sistémica y holista que permite la delegación y autonomía que genera, a su vez, cadenas de creatividad. Todo ello es la antítesis de la dirección jerárquica tradicional, del burócrata-experto-planificador, de la dirección “impuesta” al trabajador, de la centralización, en fin, de la visión cartesiana de las relaciones laborales. (Flores, 1996)

Según Fernando Flores (1996), vivimos tiempos nuevos de diseño corto, de flexibilización en los productos, de ineficacia de la planificación, de fluidez y fragmentación, de conversación, de compromisos. Esto fortalece la necesidad de transferencias de información más libres, transparentes y democráticas, y como consecuencia de ello nuevos valores como honestidad, verdad, coraje, identidad y realización personal, intenciones de progreso, nuevas conductas, responsabilidad por sus actos, iniciativa, libertad, intuición, personalidad, relación entre lo formativo y lo experiencial, autonomía, proactividad, empatía, compresión de la entropía, ético, entre otros van conformando el nuevo perfil del trabajador flexible actual.

El entorno inteligente que se está desarrollando crea trabajadores inteligentes. El trabajador busca también desarrollar formas de pensar que supere el análisis de las partes a expensas del contexto por un enfoque interrelacionado de los problemas, con necesidad de realizar análisis de dependencia mutua donde cada problema presenta innumerables influencias procedentes de muchas fuentes independientes y superpuestas, enfocando la superación de éstos como universos abiertos a nuevas situaciones de complejidad. Nada es externo a nosotros: nosotros, nuestros problemas y la multifactorialidad que los generan conforman un solo sistema.

Para poder anticiparse a las tendencias del trabajo de la nueva economía está exigiendo una mentalidad distinta en relación al futuro. Este cambio en las conciencias de los trabajadores tiende a ser paradigmático y busca cuestionar toda la visión actual del mundo y los supuestos sobre que descansa dicha visión. Pero no es sólo esta nueva forma de pensar que está caracterizando al trabajador moderno que adiciona valor a los conocimientos de las actuales empresas e instituciones, sino que combina fundamentalmente estos conocimientos que desarrolla con la inteligencia emocional, la imaginación, la intuición y las demás formas de inteligencia que posee el ser humano. Nos vamos alejando entonces, de un trabajo y un trabajador carente de conocimientos, de contenido mental, de la combinación de contenidos racionales y no-racionales. Esta nueva realidad crea las bases para democratizar el trabajo e incrementar la productividad y los beneficios, la distribución del conocimiento y la inversión en investigación y desarrollo como claves del crecimiento económico y desarrollo humano del siglo XXl.

A partir de esta situación se empieza a vivir también con un nuevo enfoque y cultura del aprendizaje. Esta nueva visión tiende a orientar hoy día hacia el pensamiento complejo y sistémico, la confianza en sí mismo, alejándonos del temor; potencia la delegación del control, busca inyectar inteligencia en el entorno laboral; crea condiciones para respuestas enérgicas, pero aprendiendo de las ideas y experiencias de los demás. Comienzan a surgir empresas que entienden que lo relevante es descubrir la forma en que se debe aprovechar las capacidades de autoformación y aprendizaje de los trabajadores en todos los niveles de la institución, porque solo este tipo de empresas que acrecienta el aprendizaje será capaz de ser lo suficientemente transparente y flexible ante clientes y usuarios  para sobrevivir y desplegarse en un mundo en permanente cambio. Una empresa de aprendizaje debe ser capaz de aprehender los nuevos ritmos del veloz metabolismo del conocimiento. Sólo en esas condiciones las empresas e instituciones tanto públicas como privadas serán capaces de innovar, de generar rápidamente conocimiento nuevo y la implementación tecnológica para satisfacer tanto a clientes y usuarios como a sus propios trabajadores.

            Sin embargo las políticas neoliberales no buscan incorporar a toda la población planetaria a estas importantes alternativas de vida de las sociedades donde se desarrolla la nueva economía. La gran mayoría de los ciudadanos del mundo no están recibiendo los beneficios de la ciencia, el nuevo saber, la tecnología, la educación, la vivienda, la salud y el bienestar en general. Ello se debe a que se pretende desarrollar  nuestros países sobre la base de una globalización económica con exclusiva hegemonía del capital financiero transnacional y especulativo, ignorando deliberadamente que ello está creando tremendas desigualdades, segmentaciones sociales y caos ético-moral.
En efecto, esta visión estrecha del desarrollo económico-social sólo favorece a pequeños grupos financieros extranjeros propietarios de las tecnologías de punta aliados a minorías nacionales, en detrimento de los intereses de la nación expresados en cientos de miles de pequeños y medianos empresarios con organización precaria, y millones de trabajadores y profesionales que sufren degradación de la salud, de la previsión, de la educación, perjuicios enormes en el mundo rural, destrucción urbana por la emigración del campo a la ciudad y viviendas carentes de toda comodidad.



d)       La Aproximación Reflexiva del Conocimiento en la Sociedad de la Información


Como ya señalamos anteriormente, la modernidad se define a sí misma como el reino de la razón y en estrecha asociación con los procesos de racionalización  del mundo.  Esto implica suponer como ya se resaltó, que no hay fuerzas misteriosas incalculables que entren a jugar, sino que uno puede, en principio, dominar todas las cosas por medio del cálculo. Lo que caracteriza la modernidad por sobre todo es la racionalización que penetra la organizaciones humanas constituyendo las burocracias. 

Con el advenimiento de la modernidad, la reflexión toma un carácter diferente. La rutina de la vida es válida siempre y cuando pueda ser racionalmente defendida a la luz de nuevos conocimientos. Todo recibe su legitimidad e identidad, según Giddens, sólo del carácter reflexivo de lo moderno.

El cartesianismo es la expresión más nítida de la modernidad y su racionalidad.  Descartes, matemático educado por los jesuitas, afirmó que la realidad sólo se podría comprender dividiéndola en partes o fragmentos cada vez más pequeños. Así al principio de la segunda ola, de acuerdo a Toffler (1996) el atomismo filosófico avanzaba, junto al atomismo físico. Se trataba de un ataque, según este autor, al que no tardaron en unirse científicos, matemáticos y filósofos, que se dedicaron a romper el Universo en partes aún más pequeñas con resultados excitantes. Una vez que Descartes (1637) publicó su Discurso del Método, surgieron innumerables descubrimientos. En química y otros campos de la combinación de la teoría atómica y el método atómico de Descartes produjo sorprendentes avances. A mediados del siglo XVIII la noción de que el Universo se componía de partes y subpartes independientes y separables era ya de conocimiento común, parte según Toffler, de la emergente indusrealidad. Para que una naciente sociedad industrial, que comenzaba a avanzar hacia la producción en serie de productos ensamblados compuestos también de elementos separados, era, probablemente, una idea indispensable. Había también razones políticas y sociales para la aceptación del modelo atómico de la realidad. La segunda ola -continua Toffler- necesitaba separar a la gente de la familia extendida, de la omnipotente Iglesia, de la monarquía. El capitalismo industrial necesitaba una justificación racional para el individualismo. Al despuntar el industrialismo, las nuevas clases mercantiles exigieron para comerciar, prestar y ampliar sus mercados, dieron nacimiento a una nueva concepción del individuo, la persona como átomo. La persona era un individuo libre y autónomo.

            La reflexión de la vida social todo lo podía. Los sucesos sociales eran reformulados en los marcos de la nueva información que sobre estas mismas particularidades se lograba reunir. La modernidad acelera este proceso e invade todas las esferas de la sociedad. La información nutre con nuevos datos que permiten reconstituir todo, en particular con el advenimiento de los procesos tecnológicos a través de sistemas expertos. Según Giddens, lo novedoso de la modernidad es que presume de reflexividad en todos los ámbitos de la vida humana, reflexionando incluso sobre la misma reflexión..

            La razón lleva aparejada las certezas, la obtención de conocimientos ciertos. Pero, de acuerdo a Giddens, los conocimiento no pueden descansar sobre una fundamentación incuestionable porque, incluso los más certeros sólo pueden ser tomada “en principio” o “hasta posterior aviso, ya que de otra manera recaería en el dogma y se separaría de la esfera de la razón, que es la que en primer lugar determina su validez. Los datos sensoriales jamás podrían proveer de una base totalmente segura para las pretensiones de conocimiento. Dada la conciencia, según Giddens, que se tiene hoy en día de que la observación sensorial está impregnada de categorías teóricas, el pensamiento filosófico, en su mayoría, ha roto las ligaduras del empirismo.  Más aún, desde Nietzsche estamos más intensamente convencidos de la circularidad de la razón. Esas tendencias, más que llevarnos “más allá de la modernidad”, nos proporcionan una mayor comprensión de la índole reflexiva de la misma. De acuerdo a Giddens, la modernidad no es sólo inquietante por el hecho de la circularidad de la razón sino porque en última instancia, la naturaleza de esa misma circularidad es enigmática.
                                        
La espistemología clásica, de acuerdo a Sotolongo y otros autores (2006: 47) permitía que la empresa cognitiva de la época moderna quedase como una “formulación sintetizadora” que permitía compendiar el camino hacia el “saber verdadero”. Según estos autores, los seres humanos a partir del Renacimiento, y como reacción a la subordinación de  "lo humano" y "lo terrenal" a "lo divino" y "lo celestial" de la época anterior,  tienden a mirarse como seres racionales, como sujetos del saber. Se empieza a privilegiar una epistemología objetivante en la cual el objeto observado se cree que es reflejado tal como es en la mente del observador, sin que éste intervenga en esa objetivización. La acción del observador es meramente un acto limitado sólo a reflejar a ese objeto.

El cartesianismo, según estos autores, se construye sobre la base de una racionalidad instrumentalizada, al margen de toda intervención del sujeto en la construcción del objeto. Se desliga de la presencia mediadora del contexto de la praxis en el cual el objeto es investigado. Se trata de construir una figura epistemológica representacional racional de los objetos que pueden ser representados. Y al mismo tiempo, de  conseguir una objetividad pura, liberada de cualquier contaminación subjetiva, que exprese exactamente las cualidades de lo representado.

Estos autores resaltan el hecho de que la “penetración hermenéutica desde el interior” (:54) en la epistemología clásica en la relación objeto-sujeto se realiza desde la mediación por la praxis permanente de la vida de los seres humanos que va construyendo la vida objetiva y subjetiva de los sujetos. Esta contrastación con la praxis del vivir del o los observadores en construcción intersubjetiva de lo observado debe ser lo que nos permita interpretar las objetividades construidas, dándonos la dosis de objetividad necesaria en esta construcción intersubjetiva.

La vida ha demostrado que nos encontrarnos en un mundo construido reflexivamente, y esta misma reflexión nos ha permitido cuestionarnos permanentemente. Como señala May (2001) nosotros los seres humanos nos estamos permanentemente preguntándonos, reformulándonos, rehaciéndonos de acuerdo a nuestros pensamientos, creencias, valores, usos y costumbres. Y cuando el ser humano está constantemente viéndose a sí mismo, reflexionando, todas las certezas caen. Ha sido ésta la forma de crear nuestra cultura que ha ido potenciando constantemente a la humanidad.

           

e)       La Situación en América Latina

Como ya se ha planteado, de acuerdo a Castells (1994) se está viviendo en los últimos diez años un proceso de profundas transformaciones del sistema productivo, del sistema organizativo, del sistema cultural y del sistema institucional, sobre la base de una revolución tecnológica. Este acontecimiento social se mueve en el doble riel de su propia dinámica que tiende a fortalecerlo, pero al mismo tiempo con una fuerte oposición de sectores sociales y políticos, o que han sido marginalizados de este proceso o que lo combaten por las características negativas que ellos denuncian.
¿Qué impulsa este proceso de profundas transformaciones en todo el planeta? La característica principal de este proceso es la globalización, que según Castells se produce cuando determinadas actividades funcionan en tiempo real a escala planetaria apoyado por un poderoso sistema tecnológico de información. Por ello este proceso también se denomina informacional. Estas nuevas características de la época actual, según el mismo autor,  ha articulado a todo el planeta en una red de flujos. El núcleo fundamental de esta nueva sociedad planetaria es la globalización de los mercados financieros cuyo mercado de capitalización, según el mismo autor, es doce veces el producto bruto total del planeta. Otras características es la importancia del comercio internacional, la globalización de la producción de bienes y servicios, la formación de un mercado global de trabajadores altamente especializados, así como de fenómenos de emigración de fuerza laboral desplazada. También se viven procesos globalizadores de la ciencia y la tecnología y del propio crimen organizado. El autor que comentamos señala que una de las características negativas de la globalización es ser a la vez incluyente y excluyente en extremo. Incluyente de todo lo que tiene valor y excluyente de todo aquello que no tiene valor de acuerdo a determinados códigos. Las redes globales articulan y excluyen al mismo tiempo individuos, segmentos de población, países, regiones, ciudades, o barrios.
Una de las consecuencias denunciadas como negativas es la contradicción entre este proceso globalizador y la descontrucción de las identidades nacionales en Latinoamérica, que en la práctica ha significado el debilitamiento del Estado-nación y la emergencia del Estado-red que tiende a reemplazarlo. La informacionalización y la globalización al mismo tiempo que debilitan la identidad nacional en nuestros países están creando las bases para el surgimiento de identidades locales e individuales. ¿Por qué se desarrollan las identidades como principios constitutivos de la acción social en la era de la información? Castells plantea la hipótesis, de que estas nuevas expresiones de identidad es producto del debilitamiento del Estado-nación por la globalización. Este Estado tiene como preocupación fundamental ahora atender los flujos globales de toda índole, desprotegiendo a sus propios pueblos.  En estas condiciones, señala este autor,  surge oposición a la globalización y al estado ex-nacional como agente globalizador.
Al mismo tiempo que la globalización adelgaza al Estado-nación, lo va reemplazando por el Estado-red, mucho más funcional a los intereses de las empresas transnacionales que dirigen las transformaciones tecnológicas, económicas y culturales Expresión de esta nueva situación internacional son la Unión Europea con su Banco Central Europeo y moneda única. Otro ejemplo es la OTAN., la Comunidad de Estados Soberanos que agrupa a los Estados que en el pasado conformó la Unión Soviética, El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional que regulan la desregulación y la negociación en la globalización. Al mismo tiempo, este Estado debilitado busca su relegitimización a través de procesos descentralizadores y de participación ciudadana. Con este doble juego, según Castells, el Estado tiende a construir un nuevo sistema político hecho de redes de órganos gubernamentales de distinto nivel, articuladas a estructuras no gubernamentales.  Este autor señala que este Estado es un estado-red, que funciona en un proceso continuo de estrategia, conflicto y negociación.
            En América Latina, la transición a la sociedad globalizada e informacional ha transformado significativamente todas las esferas del subcontinente. Se ha creado una nueva realidad macroeconómica, se ha liberado el mercado monetario, se ha controlado la inflación y se ha logrado la estabilidad monetaria. Al mismo tiempo se ha desregulado la economía y se han privatizado las empresas públicas. Se han firmado importantes tratados comerciales en todo el continente. Pero al mismo tiempo, América Latina no ha sido capaz de superar su escasa inserción en la producción informacional por su debilidad en la producción de ciencia y tecnología, a excepción de Brasil. Chile sigue exportando en la línea minero-agro-alimentaria. Y en general el costo social que el subcontinente ha tenido que pagar por este proceso ha sido alto. En efecto, en los distintos países se observan amplios sectores sociales y territorios excluidos de este proceso de modernización globalizada. Castells afirma que no es seguro que ese proceso, aunque irreversible, sea sostenible en lo económico, en lo social y en lo político. Sin embargo la emergencia de gobiernos populares encabezados por Chávez, Lula y Kirchner cambió la situación en Latinoamérica. Se creó la Unión de Naciones Suramericanas y el Mercosur. Y el ingreso de Venezuela a éste último creo la imagen de que el sueño integrador Latinoamericano estaba cerca. Se creaba la posibilidad de fundar una zona libre de aranceles comerciales integrado por las mayores potencias económicas del subcontinente, conviertiéndola en la quinta potencia económica en el mundo.
            La sucesión de triunfos populares con Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, Lugo en Paraguay, Ortega en Nicaragua, Mujica en Uruguay y Funes en El Salvado, más Cuba y la posición de Zelaya en Honduras, el escenario de la región fue cambiando[1]. La izquierda bolivariana se abría paso en América Latina y el Alba, alternativa al área de libre Comercio para las Américas (ALCA) patrocinada por los EE UU, aparecía como el gran camino independentista a seguir frente principalmente a los EE UU. Chávez era su arquitecto y líder. Sin embargo, su muerte abre un paréntesis nuevamente de dudas para la región.
            Según la periodista argentina, investigadora y activista de derechos Humanos, Stella Calloni[2], América Latina de nuevo se encuentra en la encrucijada. La amenaza contra los gobiernos progresistas emerge de nuevo al igual que en el período de la Operación Cóndor en el pasado, de distinta forma pero quizás más sutilmente brutal. Al frente de esta ofensiva fascista aparece el exPresidente colombiano Alvaro Uribe con apoyo de la CIA, fundaciones norteamericanas, del Partido Popular de España, Unoamérica y la fundación Internacionalismo Democrático (http://fidauv.org). Su foco de ataque fue en primer lugar Chávez pero también hacia todos los gobiernos progresistas actuales, como asimismo a UNASUR, Mercosur y el Foro de Sao Paulo que reúne a los partidos de izquierda del hemisferio. En pocos años ya no están ni Kirchner ni Chávez ambos súbitamente fallecidos. Lula ya no participa en política debilitada su salud por un cáncer[3], y han perdido el poder Zelaya en Honduras y Lugo en Paraguay por golpes de Estado. Estamos frente a una Latinoamérica debilitada y con pérdida seria de liderazgo frente a amenazas del retorno de las asonadas militaristas del pasado. 

f)         La Vía

Es difícil pensar el presente. Hegel citado por Morín (2011:19) decía que el conocimiento respecto a lo inmediato se dificulta porque “El ave de Minerva (de la razón) (sólo, n. del a.) levanta el vuelo al crepúsculo”. Morín señala que los acontecimientos de todo tipo son casi siempre perceptibles primero en la superficie porque hay fuerzas subterráneas y corrientes que no se ven a simple vista y que hacen creer en la solidez de las apariencias. Además la propia velocidad de los acontecimientos que surgen huracanados por la velocidad de la actual sociedad de la movilidad altamente tecnologizada y compleja dificultan su comprensión. Estas apreturas en la comprensión de los sucesos que emergen sin cesar unos tras otros están atravesados según Morín (:19) por “inter-retro-acciones entre procesos extremadamente diversos (económicos, sociales, demográficos, políticos, ideológicos, religiosos, etc.)”. De aquí Morín (2011:13) concluye que “El desarrollo de la globalidad es un desafío de la complejidad”. Y es un desafío porque la complejidad exige adaptarse a la ambigüedad y a la ambivalencia de la realidad. La ambigüedad se presenta cuando un suceso se presenta bajo “el aspecto de dos verdades diferentes o contrarias”, como dos caras difíciles de entender cuál de ellas es la verdadera. Morín recordando a Pascal nos indica que la ambigüedad del ser humano consiste que tiene en sí tanto lo mejor como lo peor. La sociedad moderna nos muestra a cada paso esa misma ambigüedad en su desarrollo,  a una Europa, por ejemplo, imperial, brutal, sanguinaria en sus dominios por una parte, pero simultáneamente cuna de la democracia. La ambivalencia tiene también un sentido parecido: Europa defensora de los valores de la libertad, pero al mismo tiempo conculca esas mismas libertades en los que llama pueblos bárbaros, negando incluso la calidad de humanos a los pueblos originarios de las Américas.
Pero además, Morín denuncia que nosotros lo occidentales sufrimos dos tipos de carencias cognitivas: una ceguera que tiene su origen en la  compartimentación de los saberes, desintegrar los problemas que exigen un conocimiento interdisciplinar, y en segundo lugar, por el profundo centrismo del mundo occidental que nos hace creer en una racionalidad de muchas certezas. Según Morín (2011: 13) “El recorte de las disciplinas las vuelve incapaces de captar la complejidad, (lo que está tejido en conjunto)”. Estas razones hacen que en esta modernidad que desconoce la complejidad, seamos “poco capaces de comprender el sentido de los acontecimientos”. En una sociedad de extrema complejidad al mismo tiempo (Morín, 2002:41) se presenta con rasgos “excepcionalmente positivo y excepcionalmente negativos, de los que no podremos predecir cuáles se convertirán en dominantes” porque además se constituyen como un “conjunto interrelacionado en bucle, donde cada elemento es a la vez producto y productor, causa y efecto, y donde no podemos aislar un determinante “en última instancia” que permitiría a una palabra-maestra explicarlo todo y, por ello mismo, encontrar fácilmente una solución simple”. Los sucesos se presentan de esa manera porque una vez desatados se manifiestan como un juego de interacciones y de retroacciones en el medio que los acoge, donde las consecuencias últimas son impredecibles.
Según Morín (2011), la globalización es el estadio actual de la mundialización que ya había comenzado a finales del siglo XV con la conquista de las Américas y los viajes de Vasco de Gama. Señala que comienza con la caída de lo que él señala como las llamadas “economías socialistas”. La define como el (:20) “fruto de la conjunción entre un bucle retroactivo del auge desenfrenado del capitalismo (que, bajo la égida del neoliberalismo, invade los cinco continentes) y el auge de una red de telecomunicaciones instantáneas (fax, teléfono móvil, Internet). Esta conjunción hace posible la unificación tecnoeconómica del planeta”.
De acuerdo a Morín (2011:20) como reacción a la globalización suceden tres procesos culturales que son antagónicos y concurrentes. Nos encontramos frente a “un proceso de homogenización y de estandarización según los modelos norteamericanos; un contrapeso de resistencia y de revitalización de culturas autóctonas; y finalmente, un proceso de mestizaje cultural”.
La globalización creó la infraestructura de una sociedad-mundo, creándose para el planeta una economía mundializada. Pero esta economía mundializada no se encuentra bajo control, y ello impide que la sociedad planetaria se convierta según Morín,  en “Tierra-Patria”. Ninguna de las actuales instituciones como la ONU, la FAO, la OMC o la propia UNESCO tienen la autoridad suficiente para dirigir a la humanidad como la patria de todos. Sin embargo están emergiendo nuevas instituciones que encarnan la conciencia humana como el Club de Roma u ONG humanitarias como Greenpeace, Médicos sin Frontera y tantos otros.
Morín[4] en su Conferencia  en la Escuela de Gobierno para Jóvenes en Buenos Aires señaló que nos encontrábamos frente a la muerte de la modernidad. Esta primera muerte es el fin de la omnipotencia benéfica de la técnica y del desarrollo económico como base del desarrollo humano. El desarrollo técnico-económico  como base del desarrollo de las potencialidades humanas queda cada vez más al descubierto que de ninguna manera asegura desarrollo humano. Por el contrario, dicho “desarrollo” nos enfrenta a la muerte ecológica y la destrucción de la biósfera. Morín señala con mucha fuerza que este avasallamiento y conquista occidental del mundo debe terminar porque nos lleva al suicidio nuclear o suicidio ecológico.
Para detener estos suicidios planetarios es necesario detener el dominio en nuestras economías de las hipertrofias del crédito, la especulación financiera con el petróleo, los minerales, los alimentos, entre otros. Morín (2011:23) cita a Alan Greenspan, que en su libro “La Era de las Turbulencias” señala que las finanzas mundiales” se han convertido en un barco ebrio, desconectado de las realidades productivas”. Pero además Morín (:24) señala que la crisis de la civilización occidental tiene también otras raíces: el egocentrismo egoísta, el consumismo intoxicador, el incremento de las desigualdades, las megalópolis asfixiadas, los condominios fortificados y temerosos de las poblaciones segregadas, la desertificación acelerada por el tipo de producción de monocultivos en el campo, alimentos degradados por el uso excesivo de hormonas y antibióticos, las religiones en procesos de corrupción, pero también los laicismos vacíos de principios y la ausencia de un humanismo planetario que se desarrolle entre la unidad y la diversidad humana.
Morín agrega además que globalización, occidentalización y desarrollo constituyen una sola crisis. La globalización occidentalizada se ha transformado en la locomotora del desarrollo tecnoeconómico y amenaza seriamente con la estabilidad alimentaria del planeta. En su rápida y desenfrenada carrera por alcanzar este desarrollo, la economía China, denuncia este autor,  busca competir con la sociedad norteamericana en tanto pueda alcanzar una cifra de tres automóviles por cada cuatro habitantes.  Esto significaría crear carreteras en una superficie parecida a la que hoy se destina al cultivo del arroz. Actitudes parecidas encontramos en todos los países llamados emergentes. La intoxicación consumista y las necesidades artificialmente creadas crecen continuamente. Esta situación, señala el autor, ha desatado una tremenda avaricia y fines de lucro que han terminado con la solidaridad y potenciado el egocentrismo, el individualismo y la criminalidad. Pero al mismo tiempo se han expandido los barrios marginales con una pobreza que contrasta brutalmente con el consumismo de las capas medias y de los pocos millonarios que existen en esos países. Morín (2011:26) cita un Informe de Naciones Unidas para el desarrollo del año 2003 que “mencionaba 54 países que eran más pobres que en 1990; la esperanza de vida había retrocedido en 36 de ellos”, y pregunta  quién dijo que “El desarrollo es un viaje que comprende más náufragos que pasajeros…”?
En esa misma Conferencia en Buenos Aires, Morín plantea que uno de los desafíos actuales más importantes de la humanidad es poner bajo control el desarrollo anárquico de la ciencia, la tecnología y los procesos económicos. Nos encontramos frente a un exceso de información que sobrepasa la capacidad del ser humano para entender, comprender toda la información que la sociedad humana genera hoy día. Se necesitan nuevas formas de organizar la información y nuevas epistemologías para comprenderla. El asunto no es acumular la información sino tratarla de tal manera que permita organizarla en núcleos o constelaciones para su comprensión. Deberá existir un juego entre las actuales poderosas computadoras y la mente humana con criterios, visiones y arte suficiente que las organice para su comprensión. Hay que conocer los puntos centrales del saber que permitan prever los propios acontecimientos que el ser humano genera con sus descubrimientos. La predicción del futuro no debe llegar a rangos de imposibilidad. Las cosas nuevas deben dejar de ser invisibles, porque como señala Morín, tengan un nacimiento “microscópico”. No se previó de inmediato, señala el autor, el descubrimiento del código genético. Lo mismo sucedió con el descubrimiento de la estructura del átomo en los años ’30. Parece ser, sentencia Moría, que lo nuevo, lo microscópico, lo “invisible” es una desviación porque se enfrenta a las ideas ya conocidas.
Morín señaló también en esa Conferencia en Argentina que si queremos salvar al mundo de la autodestrucción debemos darle un nuevo sentido a los conceptos conservación y revolución. Ambos conceptos se condicionan y se excluyen al mismo tiempo. Se excluyen porque no hay conservación absoluta. Las cosas están en permanente cambio y transformación y no se mantienen inmóviles en su estado. El concepto revolución incluye también el de conservación porque esta última no es “tábula rasa”, no destruye todo el pasado. Conserva aquello que han sido los gérmenes culturales que le han dado vida a la sociedad. La llamada sociedad de la información necesita también de la filosofía para su mejor comprensión. ¡Informática sin Shakespeare es inconcebible!.
Morín (2011:27) acusa que “¡La idea de desarrollo es una idea subdesarrollada!”. En primer lugar porque organiza a las sociedades de modo compartimentalizado, con la cual se pierda la visión de conjunto. Predomina al mismo tiempo una racionalización tecnoeconómica que es confundida con la racionalidad humana. El cálculo es lo fundamental para desarrollar el conocimiento, pretendiendo medir todos con indicadores altamente estandarizados. Esta racionalización instrumental ignora la totalidad, los contextos humanos y culturales, transformándose en ecocida o en etnocida. Esta occidentalización frenética del desarrollo crea justamente su contrario: un subdesarrollo intelectual, ético, físico, humano. Transforma las soluciones en problemas mayores que lo que pretendió superar. Tampoco el término de desarrollo sustentable supera las atrocidades de esta forma de convivencia: estamos frente a una multicrisis que está minando las bases del mundo actual. Morín acusa que nos encontramos ante una gigantesca crisis planetaria que es (2011:29) “la crisis de la humanidad que no logra acceder a la humanidad”.
Es posible cambiar la Vía? Morín plantea que la sociedad vive una doble oportunidad en estos momentos de crisis: no resuelve sus problemas y la sociedad se degrada; o, crea un metasistema que le permita entender y resolver sus problemas, y entonces se metaforsea. El autor es optimista, aunque confiesa que es muy difícil lograrlo.  La sociedad humana no tiene otro camino si no quiere desaparecer que enfrentar el peligro nuclear, la degradación de la biósfera, el descontrol de la economía mundial, las hambrunas y los conflictos etno-político-religiosos. Haciendo referencia a la metáfora de la oruga transformada en mariposa, nos  dice que (2011:32) “el nacimiento de la vida puede concebirse como la metamorfosis de una organización físico-química que, al llegar a un punto de saturación, crea una metaorganización, la auto-eco-organización viviente, la cual, aunque involucra exactamente los mismos constituyentes físico-químicos, lleva asociadas unas cualidades nuevas, entre las cuales están la autorreproducción, la autorreparación, la alimentación a partir de energía exterior y la capacidad cognitiva”. Morín cree que esto es posible, porque a diferencia de Fukuyama que creía que la capacidad creadora de la evolución humana se había agotado, nos plantea que es la actual “historia la que está agotada, y no las capacidades creadoras de la humanidad”. El autor nos invita a “repensar todo y volver a empezar”. En el mundo se empiezan a desarrollar ideas iniciales en distintas localidades que buscan la regeneración de la sociedad, de la economía, de la política, de la educación, cognitiva, ética, moral, etc. Se trata ahora de descompartimentar estas ideas, terminar con la disyunción de ellas y reconocerlas para crear un camino de transformaciones globales posibles. Es necesario crear una nueva Vía que nos lleve a esta metamorfosis deseada que nos prometa la salvación del planeta y la humanidad. Morín cita a Heidegger que señala que “el origen está en nosotros”. La metamorfosis apunta Morín, sería, realmente, un nuevo origen. ¿Será posible asumir la herencia del germen que se encuentra en la base de lo humano, del embrión para desarrollar un nuevo nacimiento planetario?





· Relatado en Sima Qian (145-ca. 89 a.C.), «Confucius», en Hu Shi.  Tlie Developtment of Logical Methods in Ancient Chi a, Shanghai, Oriental Book Company, 1922@ citado en Oian, 1985, pág. 125.

[1] http://www.rtve.es/noticias/20130310/chavez-lula-correa-morales-futuro-integracion-latinoamericana/615161.shtml
[2] http://lahistoriadeldia.wordpress.com/2011/12/17/entrevista-a-stella-calloni-sobre-gobiernos-progresistas-de-america-latina-pende-amenaza-golpista-de-unoamerica-organizacion-militar-de-ultraderecha/
[3] http://www.gamba.cl/?p=37488
[4] Morin, Edgar Introducción al Pensamiento Complejo morin, e. - Inet  Compilación de ensayos y presentaciones del pensador francés Edgar Morin realizadas entre 1976 y 1988,

martes, 22 de octubre de 2013

ENFOQUE SISTEMICO PARA EL ANALISIS DE LA GESTION ORGANIZACIONAL

Hemos llegado ya a las 145 mil visitas en menos de tres años.

Con este antecedente nos vamos a la
4ª JORNADA INTERNACIONAL DE GERENCIA AVANZADA Y EDUCACIÓN

BOGOTÁ, 21-22 de Agosto 2014
 

Este Encuentro sera abierto por los doctores Carlos Delgado y Nicolás Malinowski, de la Multiversidad Edgar Morín y el tema central será la gestión en proyectos educativos. Es un tema que como Corporación AEICEM nos toca de lleno. ¿Adinistración o gestión en los proyectos educativos? Dicho de otra manera: administración cartesiana o gestión compleja de dichos proyectos? Tema central que nos afecta de manera especial por el período de reorganización que vive nuestra Corporación.
 

Mis intervenciones sobre Gestión educacional se basarán en este documento sobre "Enfoque sistémico para el análisis de la gestión organizacional", aplicado a instituciones educativas. 

La pregunta central es: 

¿Se puede gestionar lo nuevo con las viejas normas que ya la historia está desechando?



1.      Propiedades de los sistemas.

            El pensamiento sistémico nos permite explicar lo que estudiamos en su totalidad, con un pensamiento organizado conscientemente. El pensamiento sistémico rechaza enfocar el estudio de la gestión organizacional sólo a través de alguna de sus partes, aislándola del conjunto y no teniendo, por tanto, presente las consecuencias que esas partes tienen en el todo. El pensamiento sistémico rechaza el enfoque reduccionista que supone entender la totalidad de los sistemas integrales dividiéndolas en partes pequeñas (análisis)

            Una de las propiedades fundamentales de los sistemas de gestión es la emergencia. Esta propiedad nos hace suponer que a partir de patrones coherentes o propósitos comunes, la interrelación entre las partes de un sistema hace emerger algo que no es posible probar o verificar desde esas partes explicadas aisladamente unas de otras. Cualquier empresa se entiende sólo desde su todo sinérgico, no de sus particularidades.

            Una segunda propiedad de los sistemas de gestión es su recursividad. Esto nos lleva a señalar que todo sistema contiene y está contenido en otro sistema. Podemos, entonces, concluir que las partes y las relaciones que componen un sistema, son a su vez sistemas, y el sistema pasa a ser parte de otro sistema, y así sucesivamente.

            Un tercera propiedad es la existencia del observador. Los sistemas de gestión no son sino “distinciones explicativas” que un observador hace respecto a lo que observa, son abstracciones hechas sobre un fenómeno que queda definido como un todo adaptativo que puede ser capaz de sobrevivir en un medio cambiante. Cada grupo de observadores, sobre la base de distintos “patrones de coherencia” y siguiendo esas directrices, ve las partes y sus interrelaciones, señalando tantos sistemas como observadores hay.

            Estas propuestas para ver la realidad se construyen sobre la base de mapas conceptuales y un modo común de ver los fenómenos de gestión y constituyen el enfoque holista. Este sentido holístico que construyen los observadores para ver el mundo de la gestión es el despliegue de un marco referencial o contexto trascendental donde asume como totalidad su existencia el fenómeno que observamos. El principio de coherencia es decisivo en la descripción de un sistema de gestión como sistema, porque permite describir “todos” unidos con otros todos. Al mismo tiempo, estas premisas holísticas permiten desarrollar un pensamiento sistémico que hace aflorar desde un trasfondo de apariencias caóticas una totalidad con sentido.

            El observador busca, entonces, construir un metalenguaje con el cual realiza una epistemología de sistema, es decir, una teoría para expresar el conocimiento del mundo organizacional como proceso que busca la sobrevivencia, seguir existiendo.

            Como resultado de estas distinciones explicativas de dominios específicos construimos modelos que representan esta visión particular  o coherencias que un observador o comunidad de observadores le da a estos fenómenos. Los modelos de gestión son el resultado del dominio de distinción que cada observador posee fruto de su propia historia de interacciones con el medio, el mundo y los demás seres humanos. Cuando las visiones que tenemos nos permite construir modelos como un todo, entonces son modelos sistémicos de gestión. Los modelos buscan explicar las organizaciones entendidas como fenómenos complejos con sobreabundancia de relaciones.


            2. Viabilidad de los sistemas.

            Para que un modelo de gestión sea viable es necesario que este sea capaz de mantener una existencia permanentemente separada, sea capaz de sobrevivir en un medio ambiente específico. Para ello debe tener el atributo de adaptarse a medios ambientes cambiantes, siempre y cuando una situación catastrófica no presione de tal manera con fuertes perturbaciones, que aumente su vulnerabilidad y destruya su cohesión, identidad y capacidad de adaptación. Por el contrario, un sistema de gestión viable no se desintegra cuando es capaz de responder a las perturbaciones y anomalías del medio con cambios estructurales, pero sin que afecten su identidad que le hace pertenecer a una cierta clase. Es decir, un sistema de gestión busca cumplir permanentemente con la condición de mantener su viabilidad.

En resumen, podemos señalar que un modelo de sistema viable de gestión es la creación de una herramienta para el diagnóstico y el diseño de los procesos organizacionales. Esto nos permite asegurar que las visiones que se tengan acerca del futuro se transformarán en una sinergía efectiva que permitirá cumplir con la producción que el sistema se ha comprometido consigo mismo y su medio.


3. Construcción de la identidad y la visión del sistema.

            La construcción para el sistema viable de una identidad de clase que la constituya como única es fundamental. Esta identidad es un marco referencial en el cual un sistema de gestión se despliega como totalidad, es lo que el sistema “es” o su sentido de coherencia organizacional. La visión juega un papel estratégico en el sistema de gestión, porque es la proyección futura de la identidad, lo que será algún día. La visión crea un puente entre el presente (identidad hoy) con el futuro (lo que será la identidad) y permite caracterizar tanto las estrategias como las principales vías, actividades y quienes las ejecutarán para ponerlo en práctica y llevarnos a ese futuro. 
Mantener la identidad de clase de un sistemade gestión no significa que ella no cambia. La identidad también es gradualmente modificada por razones de supervivencia para adaptar al sistema a un mundo que cambia constantemente. Los sistemas viables de gestión, dentro del cambio, siempre buscan fortalecer y cuidar su identidad, de mantenerla y de destacarse a sí mismo. El objetivo principal de la organización de un sistema de gestión es preservar su identidad, sobrevivir a las anomalías del entorno, mantenerse en el cambio. Lo fundamental es mantener la coherencia que le da su identidad, siendo viable el sistema de gestión mientras conserve la identidad definida en el marco de esas coherencias. Tanto la búsqueda permanente de la identidad organizacional como la visión de futuro debe ocurrir recursivamente en todos los niveles estructurales del sistema de gestión.


4.      Los nuevos paradigmas de estructuración de los sistemas de gestión.

            Con los nuevos paradigmas se ha producido un cambio de las antiguas estructuras funcionales altamente jerarquizadas a estructuras planas. Estas estructuras planas están basadas en el trabajo en equipos apoyados por servicios que aseguran la efectividad de las operaciones que buscan el bienestar de la organización. Son novedosas estructuras orientadas al proceso facilitado por recursos ampliamente disponibles. Se trata de construir una organización efectiva que encauce variedades de puntos de vista a la acción conjunta a través de metas y propósitos. Esto significa que una organización efectiva implica unidades autónomas dentro de unidades autónomas, de entender la organización como “multisistemas”, que poseen entre ellos variedad de puntos de vistas y que expresan propósitos y acciones diferentes.

            La existencia de multisistemas implica la construcción de organizaciones recursivas que suponen la existencia de sistemas de actividad humana compleja y autónoma dentro de otros sistemas de actividad humana también complejas y autónomas. La viabilidad de estos sistemas recursivos obliga a modificar los elementos de la estructura de la organización que inhiben su capacidad de adaptarse a las exigencias de su ambiente.  Estas modificaciones se realizan a través de procesos continuos y permanentes de aprendizaje.


5.      Modelando la complejidad organizacional. La variedad residual.

La cibernética organizacional es el apoyo a los centros de gestión de las organizaciones en sus conversaciones y compromisos, para que a través de la acción, el diseño y la regulación probabilística las organizaciones sean efectivas y logren su viabilidad.
El primer hecho del cual la gestión cibernética debe dar cuenta es de la complejidad organizacional. Esto significa asumir el desbalance de complejidad que existe entre el medio, la organización y la gestión del sistema, y a partir de ello se debe asumir al mismo tiempo una estrategia para manejar la complejidad.
Para medir la complejidad se utiliza el término variedad organizacional que da cuenta del conjunto de estados  reconocidos o distinciones que realizan los observadores de la organización respecto de la organización. La variedad es una medida de la complejidad (ley de requisito de variedad) y nos permite que, frente a determinadas variedades perturbadoras, responder con cantidades de variedad equivalente a través de la regulación y el control de los sistemas viables.
El centro de gestión tendrá la opción de mantener los resultados esperados de un sistema en determinados estados deseables, siempre y cuando tenga la capacidad para producir respuestas a todas esas alteraciones que tienden a sacar al sistema y sus resultados de su conjunto objetivo. En buenas cuentas, tanto el controlador y la situación a controlar deben ser de naturaleza equilibrada con el propósito de igualar la variedad o exceso de información de posibles estados no deseados de una situación determinada.
Sin embargo, es posible que se produzca tal variedad o exceso de información en el ambiente que rodea el sistema, que obliga al centro de gestión a realizar esfuerzos especiales para manejar esta variedad llamada residual. Ello se realiza a través de dos instrumentos de gestión para reducir los incrementos de complejidad y lograr nuevamente el equilibrio homeostático del sistema: los amplificadores de gestión como son el aumento de la delegación y el incremento de los compromisos de las personas que constituyen el sistema viable, y al mismo tiempo utilizando mecanismos propios de reducción como información adicional y nuevos procedimientos y sistemas.
La tendencia es que las respuestas de los centros de gestión a las variedades de un sistema viable se orienten al equilibrio. Lo mismo tiende a suceder entre las variedades residuales del medio ambiente y el sistema viable. La búsqueda de estos equilibrios debe conseguirse con el menor daño posible a las personas y a un mínimo costo.


6.      Reduciendo la variedad (complejidad) a través de tareas complejas.

Como las organizaciones humanas son entendidas como multisistemas u organizaciones recursivas, existe una variedad perceptual que constituyen estos sistemas de gestión y que da origen a la estructura que posee. Esta variedad perceptual se encuentra en la base del despliegue de las tareas complejas de un multisistema porganizacional y permite procesos de aprendizaje enriquecedores que posibilitan el desarrollo local de la organización.
Este despliegue (reducción de la complejidad aumentando la complejidad) de complejidad de las tareas de gestión de un sistema recursivo obliga a un quehacer que está en función de la implementación del sistema viable, que busca entregar los productos o servicios que la organización ha prometido a su medio ambiente. Las actividades primarias del sistema se despliegan en función de asegurar la identidad organizacional, que siempre se ve alterada por las anomalías con que el propio ambiente amenaza la estabilidad del sistema. Estas actividades primarias son fortalecidas en la búsqueda de su ejecución exitosa a través de actividades de apoyo.
El despliegue (reducción) de la complejidad se implementa a través del diseño de estructuras recursivas. Pero estas nuevas partes deben ser integradas según las coherencias operacionales del sistema establecidas para el todo.
El control entendido como autoregulación y comunicación efectiva debe permitir que las actividades primarias mantengan las variables esenciales del sistema que le permiten la sobrevivencia.



7.      Mecanismos para la viabilidad.

a. Mecanismo de adaptación.
            El mecanismo de adaptación de los sistemas de gestión es un proceso conversacional que se produce entre los participantes en la organización acerca de la futura sobrevivencia institucional. La adaptación se busca conseguir por medio de la función inteligencia y la función control.

            a.1 Función inteligencia.

La función inteligencia o inteligencia cibernética busca hacer políticas para crear espacios de conversación para que sea posible obtener y dar cumplimiento a determinados compromisos para la acción. Se trata de crear espacios de futuro y la posibilidad de su materialización, que le permitan a la organización mantenerse en correspondencia con su medio. La inteligencia se refiere a lo externo y después del sistema y la adaptación de la organización a un medio siempre cambiante. Esta anticipación del futuro busca desplegar la complejidad de la organzación a través de abrir todas sus potencialidades inhibidas para enfrentar lo incierto de ese futuro que se expresará a través de un medio que gatillará permanentemente  cambios en el sistema.

a.2 Función control.

Lo que busca la función control es determinar si se está haciendo todo lo que ha sido definido como el quehacer organizacional de acuerdo a las coherencias operacionales aceptadas por el centro de gestión del sistema viable. La función control vela por lo interno de la organización, y es la encargada de crear la sinergía suficiente entre las actividades primarias del sistema para que la organización cumpla con sus compromisos y mantenga su identidad.


8.      Mecanismo de monitoreo-control.

La integración de las tareas primarias definidas para realizar la identidad del sistema viable de gestión, es posible solamente si quienes gestionan tienen requisito de variedad para absorber la complejidad de dichas tareas.

El monitoreo de control se realiza a través de la función de coordinación. La coordinación busca que cuando las diferentes actividades primarias asumen la autonomía en la acción, los intereses de cada operación no produzcan fuertes oscilaciones a la cohesión institucional, la identidad global y sus coherencias operacionales. La función de coordinación debe enfocar al conjunto de las actividades primarias como un todo sinérgico que reduce complejidad desplegándola, pero que al mismo tiempo cuida las coherencias del conjunto del sistema viable.



9.       Una nueva forma de pensar.

            Los profesores Humberto Maturana y Francisco Varela critican el positivismo. En primer lugar cuestionan el pensamiento objetivo que ellos califican de “trascendental”, donde la existencia tiene lugar con independencia del observador, que las cosas existen independientemente de si éste las conoce o las puede conocer a través de la percepción o la razón. Maturana señala que este camino de conocer es ciego y sordo a la participación del observador en la constitución de la explicación de las cosas, fenómenos o sistemas. El sistema –denuncia Maturana-, será explicado en esta visión a partir sólo de él, a partir de un acceso privilegiado del observador al objeto que explica su esencia “tal como es”. Aquí el conocimiento sobre el entorno será independiente de las propias experiencias perceptuales con que el observador experimenta y percibe dicho sistema (1) Ver Maturana, H. La Objetividad, un argumento para obligar.

            Cuando él o los observadores estudian distintos sistemas lo hacen, por el contrario según Maturana y Varela, constituyendo ellos mismos el sistema, donde el observador no esta marginado de tal sistema, más aún, generando el fenómeno o sistema a conocer. Esta forma de estudiar sistemas donde el observador participa del sistema es lo que denomina Heinz Von Foerster cibernética de segundo orden. (2). Ver Von Foester, H. Cibernetics of Cibernetics. Biological Computer Laboratory. U, of Illinois, referido por Maturana, H. En La Objetividad, un argumento para obligar.

            En segundo lugar denuncian lo que Maturana y Varela dan en llamar el pensar lineal de lógica causal o mirar y pensar ingenieril que implica, según ellos, una mirada local que ve las regularidades de la concatenación de procesos que se interconectan desde la inmediatez de su cercanía, de acuerdo al operar de los elementos con sus características según un fluir de cambios necesarios en un lugar físico determinado. Este pensar lineal sólo ve las relaciones locales y no las relaciones o conectivas sistémicas que condicionan su existencia (3), (Ver Maturana, H. La Objetividad, un argumento para obligar) ve las propiedades particulares de los elementos del objeto, especificando sólo con ello el espacio particular en donde existe.


En tercer lugar, ambos autores denuncian las pretensiones de darle un carácter representacional al conocimiento, Según Maturana y Varela, en cada interacción, es el estado estructural del sistema el que especifica cuáles perturbaciones son posibles y qué cambios gatillan ellas en su dinámica de estados, no especificando o instruyendo el medio cambios en el organismo a través de “representaciones” en las circunstancias de la interacción. Los sistemas vivos no tienen entradas o salidas en el sentido tradicional. Los sistemas u organismos son unidades definidas por sus propias relaciones internas.(4) Ver Maturana, H. y Varela, F.. El Arbol del Conocimiento. 


10.  El pensar sistémico.

El pensar analógico sistémico opera captando constantemente configuraciones relacionales, pero lo hace como un acto creativo desde las relaciones que construye el observador, no deteniéndose en las relaciones locales. Por el contrario, el pensamiento sistémico es comprensivo porque va más allá de las particularidades circunstanciales, conectando lo local con el contexto general, viendo lo individual con una mirada universal. 

            El pensar enactivo legitima la inclusión de la vida humana en la naturaleza, y que comprende al ser humano en el marco de las coherencias sistémicas de la biósfera y el cosmos. Al ignorar esta situación, sin embargo, no es el pensamiento sistémico el que prevalece sino el pensar racional causal lineal o ingenieril.  Sólo en la perspectiva de que los humanos pertenecemos a una totalidad sistémica en la historia de nuestra existencia (cosmos, biósfera y cultura) es posible comprender que podemos descubrir que los fundamentos del pensamiento lineal son analógicos y no  ingenieril o de linealidad causal. El pensar y razonar lineal causal es efectivo, como señalan ambos autores, en la operacionalidad local, pero siempre desde la mirada  del pensamiento sistémico.

             Lo que Varela plantea en su libro “El Fenómeno de la Vida” (5) (2000) es que el mundo en que vivimos debe ser traído a primer plano con una concepción de la interpretación como la actividad de la puesta en activación del fenómeno que conocemos o pensamiento enactivo.  Esto parte de la constatación  de que la acción cognitiva más elemental requiere una gran cantidad de conocimiento o coherencias lógicas que nos permita operar en el conocer. Estas coherencias lógicas que nos permiten operar en el conocer de lo local son los continuos procesos de vivir que va dando forma a nuestro mundo. Es una co-determinación (¿dialéctica?) sin fin de lo general y lo local, de lo local y lo general. Es el dimensionamiento creativo del significado sobre la base de la historia. Saber, en definitiva, es evaluar a través de nuestro vivir, en una circularidad creativa.  



11.      Los sistemas como interacciones y relaciones de aceptación mutua. 

Las interacciones y relaciones que no involucran aceptación mutua entre sistemas vivientes no son relaciones o interacciones sociales. Esto significa que cualquier operación que niega o destruye la condición de vivo de sus componentes, niega los sistemas sociales. En ese sentido, un sistema social humano es definido como tal por la aceptación mutua de sus componentes en su condición de seres humanos.

Los componentes de un sistema social conservan su adaptación recíproca en el dominio de su aceptación mutua, cuando se realizan por sí mismos como sistemas vivientes en su deriva estructural coontogénica, a través de sus coordinaciones de acciones recurrentes.

Los sistemas sociales humanos son redes de conversaciones cambiantes y recurrentes entre ellos que se realizan como seres humanos a través de su participación en la constitución del sistema social que ellos integran. (7) (Maturana, H. “La Objetivadad, un argumento para obligar”)



12.       Conservación y desintegración de los sistemas sociales. 

Un sistema social existe sólo en las dimensiones en las cuales los sistemas vivos que lo componen lo realizan a través de relaciones de aceptación mutua en sus interacciones recurrentes.

Un sistema social opera recursivamente como un medio mientras los sistemas vivientes que lo componen conservan organización y adaptación, en las dimensiones de interacciones en las cuales ellas participan.

Los sistemas sociales  son conservadores: los nuevos miembros aprenden en él (sistema) la conducta propia del sistema. Si esto no ocurre, el nuevo miembro no puede participar o puede ser expulsado. Un nuevo miembro que se comporta de manera impropia al sistema, puede su conducta ser adaptada y volverse innovador.

Cada sistema social debe conservarse como una red de coordinaciones de acciones o conductas, que sus componentes realizan a través de sus interacciones en aceptación mutua. Debido a lo anterior existen tantos tipos distintos de sistemas sociales como configuraciones de redes de coordinaciones de acciones pueden ser realizadas mientras sus miembros interactúan en aceptación mutua.

Un sistema social es dinámico siempre que sus flujos de coordinaciones de acciones cambiantes estén contenidas dentro de la configuración de coordinaciones de acciones que lo constituye, y ocurre sólo a través del cambio de conducta de sus componentes. El cambio ocurre en el momento en que la nueva conducta se torna incluida como parte de un nuevo repertorio conductual estándar del sistema. Si la nueva conducta no es integrada a este repertorio conductual estándar, el sistema social se desintegra o se quiebra en dos sistemas sociales distintos.

Los sistemas sociales cambian sólo si sus miembros tienen experiencias que gatillan en ellos cambios en la corporalidad que los alejan de las redes de conversaciones constitutivas. Esto sucede en primer lugar, en el encuentro con otros seres humanos en red de conversaciones que no lo configuran como miembro de ese sistema, o experiencias de situaciones que  no le pertenecen. En segundo lugar, a través de interacciones que nos gatillan nuevas reflexiones sobre nuestras circunstancias.

Si el cambio conversacional ocurre con la conservación de lo que define la identidad de la comunidad, ésta se conserva; de otro modo se desintegra. Si el cambio estructural continuo, constitutivo de nuestras corporalidades sigue un curso contingente al contenido conversacional de nuestras reflexiones, se convierte operacionalmente en una función de nuestros valores, deseos, ideales y aspiraciones. (8) (Maturana, H. Y Varela, F. “El Arbol del Conocimiento”).



13.  El carácter autopoiético de los sistemas, la autorreferencia y el cambio.

Otro elemento fundamental a tener presente en la epistemología de Varela y Maturana (1970) es que lo que se observa, distingue y explica son individualidades entendidas como unidades de interacciones con organización autopoiética, organización esta que es la que determina todo cambio en ella, subordinando y limitando dichos cambios a su propia conservación como organización. 

La propiedad autopoiética de una organización consiste en que se trata de unidades organizadas como sistemas que generan  sus propios procesos de producción de componentes y relaciones entre ellos a través de sus continuas interacciones y transformaciones, y constituyéndose de esta manera como unidad en un espacio físico determinado. Son unidades que se transforman en sus procesos de entropías internas gatillados –y sólo gatillados- por el entorno con sus anomalías y perturbaciones, pero los cambios dentro de ella  son  seleccionados por la organización en función de su mantención como tal.

            Los sistemas autopoiéticos –de acuerdo a Maturana y Varela- se producen a sí mismos, se levantan por sus propios medios, constituyéndose como algo diferente a su medio por su propia dinámica, crean desde sí mismo su propia estructura y los elementos que lo componen Estos sistemas son red de producciones de componentes cerrados en sí mismo porque estos mismos componentes generan las propias dinámicas de producciones que los produce. Pero este dominio cerrado de relaciones especificados lo es solamente con respecto a la organización que ellos componen. No lo es en el sentido de que es autorreferencial. La autopoiésis surge en un sistema cuando esta organización tiene como característica la posibilidad de cierta interacción, porque es en esa interacción donde se producen las relaciones que energetizan el sistema.

            El origen de un sistema autopoiético esta definido por las condiciones que deben cumplirse para la localización del espacio autopoiético, es decir, qué relaciones deben satisfacer los elementos u órganos para generar una unidad de esas características en dicho espacio. La unidad del sistema autopoiético, entonces, está determinada porque las relaciones de producción tienen una forma de concatenarse de tal manera –señalan Maturana y Varela-, que producen los suficientes elementos que hacen del sistema una unidad que genera permanentemente su carácter unitario. No son los componentes lo que definen la autopoiésis de un sistema, sino las relaciones de éstos, los procesos en que entran. Estos procesos concatenados no sólo producen los componentes que constituyen un sistema de esas características, sino que lo especifican además como una determinada unidad. (11) Ver Maturana, Humberto y Varela, Francisco. De Máquinas y Seres Vivos.

Los sistemas autopoiéticos tienen existencia topológica en el espacio físico donde existen como unidades interactuando. Este tipo de organización se transforma en una unidad topológica cuando se materializa en un sistema autopoiético concreto. Esta relaciones que constituyen la topología de una unidad se denominan relaciones constitutivas de los sistemas autopoiéticos y determinan sus límites físicos.

Los sistemas autopoiéticos poseen también relaciones de especificidad, las cuales determinan que los componentes producidos sean justamente aquellos componentes definidos por su participación en la autopoiésis, es decir aquellos que definen al sistema como autopoiético. Estas relaciones determinan la identidad (propiedad) de los componentes de una organización, y por ello, su factibilidad material. Por último, en los sistemas autopoiéticos existen las relaciones de orden que determinan las concatenaciones de los componentes, estableciendo los procesos que aseguran que la organización sea autopoiética. Estas relaciones determinan la dinámica de la organización, permitiendo la realización efectiva, la materialización tanto de las relaciones constitutivas, de especificidad así como las de orden

Según Maturana y Varela, los sistemas autopoiéticos son autónomos, subordinando sus cambios a la mantención de su identidad y de su propia organización autopoiética, al margen de la profundidad de las perturbaciones y de las transformaciones que puedan sufrir. En sus interacciones con otros sistemas, estas organizaciones mantienen invariante su identidad, que no depende, de acuerdo a estos autores, de esas interacciones. Esta organizaciones son perturbadas desde el exterior y gatillan cambios internos que compensan la perturbación. Pero quién define los cambios es la organizaciones, no las anomalías que provienen del exterior. Son ellas las que determinan que alteraciones pueden sufrir conservando su identidad. Si las compensaciones que debe ofrecer a las perturbaciones alteran la autopoiésis e identidad de la organización, ésta se desintegra por pérdida precisamente de su autopoiésis.

Habíamos señalado que la autopoiésis era un dominio cerrado de relaciones especificados y que lo era con respecto a la organización que ellos componen. Porque sólo un sistema de estas características, clausurado en sí mismo podrá constituirse como un conjunto de operaciones específicas, como un proceso de constitución de su propia identidad entendida como cualidad unitaria, un tipo de coherencia emergente, un tipo de organización.. Pero no lo es en el sentido que queda encerrado en sí mismo sin reaccionar a lo externo, encapsulada. No es el cierre operacional en el sentido de encierro o aislamiento de la interacción con respecto a su entorno. Sino que por el contrario, este cierre es condición de la apertura del sistema, para que desarrolle su propio dominio de interacciones.

Este carácter autorreferencial del sistema autopoiético tiene que ver con la diferencia con el entorno, con su capacidad de establecer relaciones consigo mismo y de diferenciar estas relaciones con su entorno.(12) Ver Maturana, Humberto y Varela, Francisco. El Arbol del Conocimiento. Con diferenciarse del entorno pero además, al mismo tiempo, incluirlo dentro del sistema de acuerdo a la propia estructura organizacional del sistema, de su identidad.

Lo anterior es así porque los sistemas se orientan de manera estructural y no ocasional hacia su entorno, en acoplamiento estructural con él, no pudiendo existir sin ese entorno. El sistema debe diferenciarse de su entorno, pero al mismo tiempo debe mantenerse vinculado a él, porque emerge desde él pero se debe a sí mismo Entre sistema y entorno hay un límite y éste mantiene el sistema, porque la diferencia es la premisa fundamental del sentido autorrefencial de un sistema autopoiético. 10) (Maturana, H. Y Varela, F. “El Arbol del Conocimiento)



14.                   Distintos órdenes de sistemas autopoiéticos. 

Existen tres órdenes:

a. De primer orden:    Las células como sistemas autopoiéticos moleculares;

b. De segundo orden: Los organismos como sistemas autopoiéticos como agregados  celulares;

c. De tercer orden:      a) Colmenas, colonias, familias o sistemas sociales como  de organismos. Aquí lo autopoiético resulta del agregado de organismos y no es lo definitorio la clase particular de sistemas que cada uno de esos sistemas es;

                                    b) Lo que define a los sistemas autopoiéticos de tercer orden no es la autopoiésis de sus componentes, sino que la forma de relación entre los organismos que lo componentes;

c) Sin embargo, los sistemas autopoiéticos de tercer orden u orden superior se realizan a través de la realización de la autopoiésis de sus componentes; (13) (Maturana, H. y Varela, F. “De Máquinas y seres vivos”.


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