jueves, 20 de junio de 2013

La física cuántica arroja una nueva visión de los procesos sociales (Por Alicia Montesdeoca)

Bruce Sterling: Schismatrix

Bruce Sterling: Schismatrix



El infinito mundo de posibilidades de las partículas elementales es la base de la libertad humana


El conocimiento es fruto de la experiencia social, pero nunca se es consciente de todos los acontecimientos simultáneos porque la percepción actúa a modo de barrera. Con la física cuántica, sin embargo, empezamos a entender que la realidad que observamos no tiene fronteras. Sólo existen probabilidades que propician la construcción de nuevas realidades, que se concretan según la voluntad del actor, el cual actúa como “atractor extraño” de dichas posibilidades. Sin embargo, las valoraciones sociales actuales no dejan de responder a la ilusión de que estamos viviendo un progreso lineal. Como consecuencia, se adopta una concepción determinista y trágica del ser humano y de sus funciones sociales. Luego nos sorprendemos de “la desidia y del conformismo existentes”. Por Alicia Montesdeoca.


La unidad social no viene dada por la homogeneización del pensamiento, sino por aquella expresión colectiva que permite que el conocimiento alcanzado sea fruto de la experiencia común, en la que cada sujeto es protagonista y aporta, con sus vivencias, un matiz diferente, con lo que se obtiene una intensidad mayor del color del producto social logrado. 

La pregunta permanente se abre paso a través de las mentes y, en su desarrollo, trata de buscar explicaciones para comprender y a la vez explicar. Este proceso, que es colectivo, siempre, en algún momento, encuentra una forma de salir a la superficie. El vehículo puede ser un individuo o un grupo. En ambos casos, estarán vinculados a la realidad que se conceptúan, y que se sintetizan, y, por lo tanto, son recolectores de los frutos que han sido cultivados en el campo de la mente social.

El conocimiento es, pues, un producto fruto de la experiencia, gestada y nutrida por todos, aunque no se tenga conciencia de ello, porque, aunque lo pretendamos, nunca se es consciente de todos los acontecimientos simultáneos en los que estamos involucrados. En este contexto, también, hemos de enunciar aspectos que ayuden a encontrar una comprensión mayor, para acabar con la percepción falsa de límites, separaciones, divisiones o fronteras.

Llegar a comprender la verdadera naturaleza del ser humano y de su entorno supone adentrarnos, a través de la maraña densa que la historia, interpretada por la ciencia, la filosofía y las religiones, ha construido sobre aquella.

Ken Wilber, en la introducción a su obra “La conciencia sin fronteras” dice: “Es como si nuestra percepción habitual de la realidad no fuera más que una isla insignificante, rodeada por un vasto océano de conciencia, insospechado y sin cartografiar, cuyas olas se estrellan continuamente contra los arrecifes que ha erigido a modo de barreras nuestra percepción cotidiana” .

Fronteras

Este autor parte del principio de que existe una unidad de conciencia o identidad suprema, la cual constituye la naturaleza y condición de todos los seres sensibles, pero, paulatinamente, vamos limitando nuestro mundo y nos apartamos de nuestra verdadera naturaleza al establecer fronteras.

“Efectuamos, dice, una división artificial en comportamientos de lo que percibimos: sujeto frente a objeto, vida frente a muerte, mente y cuerpo, dentro y fuera, razón e instinto, y así recurrimos a un divorcio causante de que unas experiencias interfieran con otras y exista un enfrentamiento entre distintos aspectos de la vida”.

La importancia de esta forma bipolar de divisiones que establecen líneas de conocimiento, “es que siempre tendemos a tratar la demarcación como si fuera real, y después manipulamos los opuestos así creados. Aparentemente, jamás cuestionamos la existencia de la demarcación como tal. Y como creemos que ésta es real, imaginamos tercamente que los opuestos son irreconciliables, algo que está para siempre separado y aparte”.

Visión cuántica de la sociedad

Con la física cuántica, sin embargo, empezamos a entender que la realidad que observamos ni está dividida, ni es previsible. El universo visto desde la física subatómica no tiene fronteras, ni se puede medir con exactitud cómo va a conducirse.

Así se descubre que, en los comportamientos de un sistema formado a partir de la construcción de “metademarcaciones”, sólo existen probabilidades, es decir, sólo se pueden ofrecer conjeturas. Con la enunciación de su principio de incertidumbre, Heisenberg pone de manifiesto el fin del “marco rígido”, el desplome de las viejas demarcaciones establecidas por la física clásica. Admitiendo la incertidumbre se admite, también, la posibilidad de cambio y de construcción de nuevas realidades, se tiene presente la potencia de la realidad, lo contingente.

Gary Zukav, en La Danza de los Maestros, considerada la mejor obra divulgativa de la física cuántica, dice: “La mecánica cuántica nos enseña que nosotros no estamos separados del resto del mundo, como habíamos creído. La física de las partículas nos enseña que el resto del mundo no es algo que permanece ocioso allá afuera. Por el contrario, es un brillante campo de continua creación, de transformación y, también, de aniquilamiento. Las ideas de la nueva física pueden dar lugar a que se produzcan experiencias extraordinarias cuando son captadas en su totalidad”.

Si proyectamos filosóficamente las conclusiones de la mecánica cuántica, podemos afirmar que no sólo influimos en nuestra realidad sino que, en cierta medida, la creamos. Es decir, podemos afirmar que materializamos ciertas propiedades en la sociedad porque elegimos medir esas propiedades.

El famoso físico John Wheeler escribió: “Al universo ¿lo atrae, de alguna manera, a la existencia la participación de los participantes?... El acto vital es el acto de participación. Participador es el nuevo concepto incontrovertible ofrecido por la mecánica cuántica. Derrota el término observador, de la teoría clásica, que designa al hombre que está seguro detrás de un grueso cristal protector y observa lo que ocurre a su alrededor sin participar en ello. Esto es algo que no puede hacerse en la mecánica cuántica”

Causa y efecto de la experiencia

Desde estas aportaciones teóricas, podemos precisar, con mejor luz, que el objeto social, tomado para el análisis, es causa y efecto de la experiencia individual y colectiva: esta experiencia se va construyendo con cada acción (entendiendo ésta como acto consciente e inconsciente; voluntario e inducido; físico y mental). De esta manera, también podemos percibir que cada presente es una captación instantánea de todos los presentes, el cual interpretamos con los recursos cotidianos de nuestro espacio tiempo.

En consecuencia, cualquier comunidad, en cualquier presente, es producto de los factores que laten en ese instante, con su propia impronta derivada de los elementos que están interactuando, para la configuración de esa realidad: económica, política, cultural.

Cada presente está impregnado así de la “información” necesaria para reproducir, en cualquier instante o en cualquier condición, el impulso de la vida con sus ciclos. Desde esta perspectiva, las sociedades se configuran como macro-células de un gran organismo planetario, sujeto a las mismas leyes de la materia cósmica que se encuentra en el universo.

Nuevo conocimiento y viejas creencias

Toda esta reflexión nos hace descubrir las contradicciones que existen entre las ideas que sugieren el nuevo conocimiento y las creencias que existen sobre lo que conocemos y cómo lo conocemos.

En primer lugar, el sujeto del conocimiento se siente el “observador de la realidad”. Una realidad que está fuera de sí mismo y a la que puede conocer objetivamente. Sin embargo, según señala en su obra “Languages of the brain” el neurocirujano de Stanford Kart Pribram, ese ser, en apariencia individual, que se presenta como sujeto porque se siente en ese instante “el observador”, desconoce que su cerebro es un holograma que interpreta un universo holográfico.

Y es que con la física cuántica aparece también el concepto de realidad como un todo que no se puede fragmentar para ser explicado, tal como ocurre con un holograma. También, la realidad aparece como potencia para la creación, donde se dan, simultáneamente, infinitas posibilidades de formas de expresión, que se concretan según la voluntad del actor, el cual actúa como atractor extraño de dichas posibilidades.

Para la física cuántica, cualquier realidad es posible, pero, según sea el “observador-participador” sólo se concreta una: todo es posible y sólo hay una concreción; todo es posible aunque se concrete sólo una expresión. El potencial cuántico depende de las interacciones entre las “partículas” del sistema y el contexto.

Si proyectamos los principios de la mecánica cuántica al escenario de lo social, podemos concluir que cualquier estructura se sostiene porque no se cuestiona. Las realidades son alimentadas por la rigidez de los pensamientos que se adueñan de nuestra capacidad de conocer, y que, como verdaderas murallas, nos impiden acceder a una comprensión mayor de aquella realidad última que perseguimos, incansablemente, los humanos de todos los tiempos.

La comprensión de esto nos lleva a observar la realidad a partir de su potencia de creación, no sólo de su concreción temporal, y a mirar, críticamente, la posible arbitrariedad de aquel pensamiento que se sostiene con afán categorizador, porque limita las posibilidades de conocimiento, de creación y de cambio, impidiendo que se despliegue toda aquella otra realidad que no está dentro de su ángulo de focalización.

El pensamiento social, de espaldas al conocimiento científico

Por eso, las valoraciones sociales que hoy se hacen y que marcan profundamente la acción, no dejan de responder a una ilusión: la ilusión de que estamos viviendo un progreso lineal. Una linealidad que somete a la sociedad y a sus individuos a la creencia misma en dicha ilusión y que se retroalimenta con una formación a-crítica, generadora de conductas individualistas.

Las opciones sociales, nunca fruto de la elección personal sino del discurso con mayor autoridad y prestigio temporal, no suelen ser cuestionadas por las ciencias humanas, que se limitan a relatarlas. Las ciencias humanas, también, quedan atrapadas en ese discurso y en la ilusión evolucionista (lineal), a pesar de los nuevos conocimientos sobre la realidad que provienen, fundamentalmente, de las nuevas ciencias físicas y biológicas.

Las consecuencias prácticas son trascendentales. Tomada “la realidad social”, como un universo aislado, estático, inercial y previsible, se cae en el análisis de los valores “imperantes” en bloque. De esta forma no se tiene en cuenta la coyuntura en la que los valores se producen, dándoseles categoría de absolutos y pensando siempre que son consecuencia de un proceso civilizador. Este análisis no considera la importancia de las creencias en las bondades del modelo imperante, sostén imprescindible para la existencia de dicho modelo.

Es el precio del desarrollo, se afirma, dando por sentado que las consecuencias no deseadas son fruto de una ley de compensación natural contra la que no se puede hacer nada. Una afirmación que se niega a mirar las distorsiones que se producen a causa de la propia visión fragmentadora o categorizadora que la caracteriza.

Como consecuencia, se adopta una perspectiva del presente que juzga el aquí y ahora con una concepción determinista y trágica del ser humano y de sus funciones sociales. Al sujeto se le supone, aparentemente por consenso, sin esencia alguna que le sirva de timón, gobernado por los valores especulativos, sin intereses que no sean los propuestos por el mercado, sin impulsos de proyección, sin potencial ni esperanza para construir algo distinto al ideal que se predica. En definitiva, sin capacidad de reacción.

Agujero negro social

Con esta visión funcional, el sujeto parece quedar atrapado por las leyes del sistema y engullido por un enorme “agujero negro” de “no vida”. Esta visión abarca, mecánicamente, al sujeto de todas las culturas, de todos los estratos sociales, que de esta forma queda convertido en una abstracción esperpéntica: el ciudadano es un tipo sin alma; una marioneta sin voluntad, movida por los vientos de la especulación y el mercantilismo, gobernada por un discurso vacío del que permanentemente se hacen eco, multiplicando sus efectos, los llamados “medios de comunicación”.

Es como si la “muerte de Dios” por decreto, incluyera la desaparición del sujeto como expresión de un espíritu con voluntad creadora. Ese sujeto sin espíritu, sin voluntad, sin sentimientos, es un ente vacío, robotizado, dirigido con mando a distancia (a cuanta más distancia de él mejor se le dirige): de ahí a carecer de responsabilidad en sus actos no hay ni un paso.

Luego nos sorprendemos de “la desidia y del conformismo existentes”, de los niveles que alcanzan los conflictos, de las características que adoptan las violencias, de la magnitud de los integrismos, de la masiva aceptación de las políticas neo-nazis... de los modos suicidas con que nuestros jóvenes “viven a tope” sus mejores años: cada vez se les dificulta más el encuentro con la identidad, también las referencias para alimentarla. Todo ello porque la mirada adolece de un grado intenso de miopía para ver a lo lejos y en múltiples direcciones.

sábado, 15 de junio de 2013

Los fundamentos de la complejidad, base de la calidad de la educación

      

Hay varios niveles teóricos que nos permiten pasar del paradigma de la simplificación al de la complejidad y que son base de la calidad de la educación. El primero de ellos hace referencia a las tres teorías del siglo XX que permitieron una mejor comprensión de la organización: la teoría de la información, la cibernética y la teoría de sistemas. Un segundo nivel con varios autores que permite entender la idea de la auto-organización como paso previo a la comprensión de la auto-eco-organización. Otro nivel son los progresos de la ciencia alcanzados en el último siglo que nos permite avanzar en teorías de la complejidad, del bucle computación/digitación y la complejidad de la investigación. El cuarto nivel son los aportes del propio Morín al pensamiento complejo. Se trata de los principios dialógico, de recursión organizativa y hologramático. Estos niveles Morín (2002) los resume en una propuesta denominada los siete principios complementarios e interdependientes para un pensamiento vinculante con el claro propósito de reformar el actual pensamiento. Además es necesario agregar el rol que está provocando en la complejización del mundo real el surgimiento y desarrollo de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs)



a)       Lo simple y lo complejo del método

El método complejo lo que busca es que, frente a la aceptación de que la realidad es compleja, de que existen sistemas complejos,  se deben desarrollar estrategias de conocimientos también complejos. Se trata de abandonar el paradigma de simplicidad positivista y proponer un nuevo método. Un  método con una visión global, cosmológica que permita contextualizar  en los marcos de sus interrelaciones los objetos singulares investigados.

Vulgarmente se ha reconocido que lo complejo es un pensamiento difícil de comprender, por ello turbio y enredado. En contrapartida a esta complejidad muchas veces se ha buscado un pensamiento simple, bien pensado y de fácil comprensión. Trasladado esto a la investigación, se ha llegado a pensar, señala Morín (1998:21), que muchos investigadores plantean que el conocimiento científico busca “… disipar la aparente complejidad de los fenómenos, a fin de revelar el orden simple al que obedecen”.

            Morín (1998:22-3) plantea que la complejidad no conduce a la eliminación de lo simple. Lo simple no es aquello que podemos ver sin su relación con el sistema al cual pertenece. Ni tampoco como objeto simplificado porque reconocemos que tiene interacción con otros objetos. Tampoco podemos entender lo simple como aquello que  sigue el camino de “poner orden” y de precisión en el conocimiento como pretenden los partidarios de simplificar los problemas de la realidad, de desintegrar lo “complicado” a través de exhaustivas tareas de análisis. Lo complejo, por el contrario, reconoce las interrelaciones y los vínculos de los fenómenos con el resto de los acontecimientos, que requiere una perspectiva sistémica para su comprensión, interacción, reconocer en él organización.. No mutila, no reduce, no es unidimensionalizante, sino por el contrario, pluridimensional en su mirada de la realidad. Pero tampoco el  pensamiento complejo es sinónimo de completud. Porque este tipo de pensamiento no es posible, no hay omnisciencia, no hay pensamiento completo, conocer las últimas causas de todo y llegar a la verdad absoluta de algo es un absurdo.

Las visiones de lo simple y lo complejo tienen su base en las ciencias. La física newtoniana clásica nos mostraba un orden cósmico de apariencias perfectas, con sus leyes, sus causas, un determinismo absoluto y al átomo como su fundamento central. En cambio la física cuántica nos señala la complejidad de lo real sobre la base de postulados que emergen de la segunda ley de la termodinámica, las capacidades de autoorganización del cosmos y la propia vida, la teoría de sucesos y la autopoiésis, entre otras. La complejidad  nos muestra  interacciones, intereacciones, interferencias, perturbaciones, anomalías, mutuas influencias entre  subsistemas y sistemas. Aún en los propios seres vivos se observan que participan en sus procesos de autoorganización millones de moléculas y células. En la sociedad sucede lo mismo a través de la información que va constituyendo sistemas y subsistemas, y en todos estos procesos tanto de la naturaleza como de la vida hay incertidumbres,  indeterminaciones, fenómenos aleatorios que definen su complejidad.  Pero según Morín, la complejidad no es reducible sólo a la incertidumbre, porque es la incertidumbre en el seno de los  sistemas ricamente organizados. La complejidad es una mezcla de “orden y de desorden”.

El tratamiento epistemológico hermenéutico complejo del saber (Sotolongo y otros, 2006:51) es aquel que, a diferencia del gnoseológico y fenomenológico, no se propone "desconectar" ni al sujeto ni al objeto. Este enfoque penetra en la circularidad hermenéutica, según estos autores, de objetividades-subjetividades constituyendose estas objetivaciones y subjetivaciones incluyendo lo consciente ideológico y lo inconsciente individual producto de su mundialidad biográfica. Es una reflexión de las objetividades en los marcos de la totalidad que lo rodea. Pero es una historicidad que no se transforma en algo pétreo, sino que esta historicidad va permitiendo que los sujetos se vayan comprendiendo epistemológicamente de formas diversas en los procesos cognitivos en la medida que va pasando el tiempo.

            Los autores que analizamos señalan (:52) que en este proceso de historicidad al menos hay tres situaciones de cambios:

1. La mutación en el estatuto del sujeto;
2. El redimensionamiento del objeto;
3. La contextualización mutua, tanto del sujeto como del objeto, desde el contexto de la praxis cotidiana.

            Los sujetos del saber no reflejan la realidad “tal cual es”, no son reducibles a la razón y menos son algo ya acabados.  Los sujetos viven procesos de configuración constante de su subjetividad influidos por su entorno y por su propio inconsciente que determinan a la vez lo que pudiera entenderse por razonable. Y en esa autoconfiguración constante, autoorganización permanente van construyendo el objeto como constructos teóricos (de la razón) del saber, con toques de objetividad pero condicionados por las propiedades creativas del sujeto. Es una realidad ontológico-razonable creada que va enriqueciendo la complejidad en este proceso intersubjetivo en el lenguaje. Porque todo proceso transcurre, según estos autores (2006:56), inmersos en determinadas intersubjetividades, con ausencia de “robinsones” cognitivos, remitiéndonos a innumerables resultados anteriores y a objetos articulados con muchos otros objetos, es decir no sólo existe intersubjetividad sino que además interobjetividad, objetos determinados por otros objetos, expresando con ello la unidad de lo social, la hologramía de lo universal, la complejidad del cosmos. En otras palabras, de acuerdo a los autores que analizamos, consenso intersubjetivo de una interobjetividad observada en los marcos de una omnijetividad, historicidad de nuestro contexto. Es decir, la creatividad (2006:58) ontológica desde una perspectiva epistemológica hermenéutico-contextualizante.

            Para el enfoque hermenéutico el objeto es definible en su relación con el sujeto, el cual crea una construcción representativa del mundo, pero no es el mundo. Es un producto de la subjetividad humana (2006:62).  Entonces, para la investigación hermenéutica –compleja o de segundo orden según estos autores- el sistema observador forma parte de la investigación como sujeto en proceso, superando la disyunción entre sujeto-objeto abriendo camino a estructuras reticulares e interaccionales semejantes a una red (2006:63).


Si hacemos una interpretación hermenéutica del cosmos y la sociedad nos muestra que  se van moviendo de lo simple a lo complejo y sólo puede ser explicada a través de teorías complejas. Pensar en forma compleja implica aceptar que en esta red dinámica de sucesos interrrelacionados en la naturaleza y la sociedad, ninguno de ellos es fundamental porque todas las partes se configuran a partir de las propiedades de las otras partes, y la consistencia consigo misma y con la totalidad de las interrelaciones. Todo ello es lo que determina la estructura de la totalidad de lo real. La existencia compleja no tiene formas fijas.

En el mundo real del cosmos, de la naturaleza y la sociedad la complejidad estaría determinada porque existirían partículas con propiedades únicas, incluso la de carecer de masa. Con una visión lineal habría sido imposible entender estas propiedades de las partículas. Sólo una visión hermenéutica que genere un consenso intersubjetivo de muchos físicos cuánticos que descubrieron una interobjetividad observada en los marcos de una omnijetividad, historicidad de nuestro contexto era posible descubrir estas propiedades de las partículas. Los nuevos teóricos de la física no clásica necesitaban poseer creatividad ontológica desde una perspectiva epistemológica hermenéutico-contextualizante.

Los físicos cuánticos, entre ellos Lapiedra (2008) y otros, aseveran  que esta propiedad de dichas partículas les permiten actuar dentro del resto de las partículas, provocando pequeñas perturbaciones, pero suficientes para provocar cambios significativos no sólo en la partícula donde actúan, sino que a través de ellas en toda la red cósmica. Estos sucesos complejos de apariencia débil, aislados modifica las características de la observación y la medición y de la realidad objetiva. Un observador en apariencia ve objetos fijos, aislados, interrelacionados pero casi sin movimiento. No ve este potente proceso de transformación constante de todas las partículas por la influencia de estos sucesos débiles, pero que mutan constantemente la globalidad de la red interrelacionada.

La visión hermenéutica de estos físicos cuánticos les permite concluir que la actuación de estas partículas carentes de masa dentro del resto de la realidad crea una variedad de estados posibles y que no se realizan, base de la complejidad de los procesos. Al actuar como ondas no actúan como movimiento de la materia, sino que “en” la materia, dentro de ella trasmitiendo energía, información, “novedades”. Esto es posible por la existencia de la realidad holográfica como forma natural de interconexión indivisible de los componentes de la realidad, que hace que todas las partículas estén comunicadas entre sí, con un trasfondo de realidad que desconocemos por ser posiblemente de otra dimensión, y sólo la presentimos separada porque la mirada humana fracciona la realidad. Esto nos obliga a desarrollar teorías intersubjetivas complejas denominadas de red o entrelazamiento, en que nada es fundamental. Y como lo existente está en red, cualquier explicación puede partir de cualquier parte. Los científicos deben ser capaces de descubrir que los sucesos que investigan están inmersos en un holomovimiento, en una interobjetividad donde lo que importa es la estructura de ese movimiento y la diversidad y la unidad del universo, desde donde emergen todas las formas de aquel.

Por su parte, Morín (1986, Tomo III) señala que el desorden termodinámico, la incertidumbre microfísica, el carácter aleatorio de las mutaciones genéticas entre otros logros del conocimiento actual nos obliga a transitar por caminos desconocidos en busca del nuevo método de la ciencia que asuman esta complejidad. Hoy se acepta que la incertidumbre y la confusión son las propiedades naturales de la complejidad del cosmos, de la naturaleza y de la vida humana. Para entender esta incertidumbre es necesario, como ya hemos señalado de acuerdo a Morín, articular la ciencia antropo-social a la ciencia de la naturaleza, y ambas a la física. Entonces se acepta que la relación circular física/biología/antropo-social empuja a la incertidumbre de la realidad –según Morín-, que hace que los fundamentos ontológicos de ella se vayan perdiendo e imposibiliten el conocimiento objetivo.

Al circularizar la relación física/biológica/antropológica, Morín enfatiza que el pensamiento complejo se distancia del principio de disyunción/simplificación, rechazando la reducción de un suceso a principios mutilantes, rechazo a aceptar conceptos fundamentales que se encuentran en la base del conocimiento como la materia, el espíritu, Dios, etc. Se avanza, entonces, decididamente en el camino lleno de trampas del verdadero conocimiento objetivo, paradójico, incierto, complejo. Con una visión de estas características podemos entender que en cada suceso pueden existir proposiciones entendidas como verdaderas pero que se niegan al relacionarse, y esta negación no está fatalmente destinada a liquidarse mutuamente, superando necesariamente una a la otra, sino que nos obliga a aceptar su relación en disyunción pero interdependientes como dos caras de una verdad compleja. Esta forma de plantear el método transforma los círculos viciosos en virtuosos, en pensamiento reflexivo, circular, complejo.


b)       La transdisciplinariedad


            Maturana y Varela en “El Árbol de la vida” (1995:161) nos dicen que el mundo que traemos a la mano con otros “… siempre será precisamente esa mezcla de regularidad y mutabilidad, esa combinación de solidez y arenas movedizas que es tan típica de la experiencia humana…”. Circulamos de un hacer a otro como un modo de ser de lo vivo. Es un círculo cognoscitivo que nos caracteriza. Y, según los biólogos, el conjunto de regularidades y mutabilidad desde donde nace lo nuevo es nuestra propia tradición biológica y cultural que acumulamos como lo obvio, lo que es bueno para nosotros. Todo conocer lo vivimos en nuestra tradición cultural. Y cuando avanzamos en el conocer del conocer, continúan los biólogos, es nuestro propio ser el que aparece. Y al aparecer nuestro ser nos tentamos y nos amenaza la certidumbre que nos impide entender que el mundo que vemos no es el mundo, sino el que traemos a la mano. Lo que nos salva de estas tentaciones de certezas y objetividades es recordar que lo que traemos a la mano, de acuerdo a Maturana y Varela,  es producto de nuestra estructura biológica y social y reflexionar en una perspectiva más abarcadora, desde cierta distancia. Sólo esto nos permite entender que también el mundo del otro es tan válido como el nuestro, y la construcción de esa mirada más abarcadora debe permitir que lo otro también tenga un lugar, y el mundo reconstruirlo con él.
            El camino a seguir entonces, es, según Maturana y Varela, generar las regularidades propias del acoplamiento estructural social humano, y al mismo tiempo constituir una dinámica recursiva del acoplamiento estructural que produce la reflexividad de esta mirada más abarcadora. Esto implica la aceptación del otro en comunidad con uno para socializar los objetos que traemos a la mano en los marcos de ese mar de regularidades y mutabilidad.

             Nicolescu (1996) señala que frente al enorme crecimiento de los saberes es necesario un acomodamiento de mentalidades y visiones de los seres humanos respecto a esta extensión de estos múltiples saberes. ¿Cuáles son los posibles caminos para superar esta verdadera tragedia?. El mismo Nicolescu indica que para el pensamiento clásico hay dos caminos: una nueva revolución social o el inicio de una nueva supuesta edad de oro. Pero este autor denuncia que las revoluciones sociales contemporáneas nos ha entregado hombres “vacíos y tristes”, y ello no se podrá olvidar. Y frente a una nueva edad de oro, señala que es un camino no viable porque no se encuentra dicha edad en la historia.

Nicolescu señala que hoy día incluso dos “especialistas de la misma disciplina tienen dificultad en entender sus propios resultados”. Además se pregunta este autor que frente a la existencia de centenares de disciplinas ¿cómo los físicos de partículas, los neurofisiólogos, los matemáticos, los poetas, los informáticos, los médicos, etc, pueden entenderse entre sí? Sostiene el autor que  “el lenguaje disciplinario es una barrera aparentemente infranqueable para un neófito. Y todos somos neófitos de los otros”.

Nicolescu apuesta a un tercer camino que busque la armonía entre las mentalidades y saberes sean inteligibles, comprensibles. Cómo conocemos el conocer en este proceso reflexivo? Con la  transdisciplina como herramienta fundamental para entender y disipar complejidades momentáneamente para avanzar más allá de la ruptura sistémica. Pero también es necesario comprender la ruptura epistemológica de segundo orden, es decir, la dinámica interna de un objeto. Ella busca romper la noción de sujeto separado del objeto, incluyendo en cambio lo que se denomina actividad objetivadora del sujeto, ampliando los límites de la objetividad. La transdisciplina indica “ir más allá” de las disciplinas, trascenderlas. Las disciplinas no son capaces de dar cuenta de la interacción sujeto-objeto y de la trascendencia del primero. Si las disciplinas establecen campos de indagación de fragmentos del cosmos, la naturaleza y la sociedad, la transdisciplina atraviesa las disciplinas, va más allá de ellas, trata de comprender el mundo desde la unidad del conocimiento, desde la totalidad como diálogo de perspectivas, como diversidad, no como unificación. Aquí se complementan disciplina, interdisciplina, multidisciplina y transdisciplina desde el punto de vista del conocimiento.

            Morín (1994) señala que frente al exponencial crecimiento del saber a través de las diversos tipos de disciplinas, es necesario desarrollar visiones e inteligencias que nos entregue dimensiones planetarias de los problemas de nuestro mundo para enfrentar la complejidad del planeta y sus sociedades. Sólo miradas de estas características podrían evitar la catástrofe de nuestra casa común. Morín explicita la existencia de una profunda contradicción entre un enorme saber acumulado y seres cada vez más debilitados en su formación interior, que nos pone a las puertas, según este autor, de un nuevo oscurantismo de graves consecuencias individuales y planetarias. Pero se señala al mismo tiempo que esta grave situación que vive el mundo con profundas desigualdades de saberes podría ser superada provocando cambios trascendentales en la especie humana equivalentes al “pasaje de los homínidos a la especie humana”.

            Nicolescu habla de que estamos a las puertas de un proceso de babelización.  Dice que podríamos tener supercomputadoras alimentando conocimientos de diversas disciplinas simultáneamente pero a pesar de saber tanto no entendería nada. Lo mismo le sucedería al que utilice esas supercomputadoras porque no sabría vincular todos los conocimientos que le entregue. Estas superespecializaciones con ayuda de sofisticadas tecnologías sólo va a engendrar incompetencias porque “la intersección –dice el autor- entre los diferentes campos del saber es un conjunto vacío” Y en qué se transformaría un dirigente político o social? En un ser inepto incapaz de amarrar todos los elementos de un problema. Sólo si recurre a la transdisciplinariedad podría entender los sucesos en los cuales interactúa y debe resolver. Porque la transdisciplinariedad, según Nicolescu (1996), tiene por objetivo la comprensión del mundo presente a través de las diversas disciplinas y más allá de todas ellas. Supera la mirada restringida del pensamiento tradicional lineal cartesiano. Por el contrario, la transdisciplinariedad acepta el desafío de los distintos niveles de realidad que le ofrecen las disciplinas, con espacios vacios que como el vacío cuántico, nos señala Nicolescu (: 38), “está lleno de todas las potencialidades: desde la partícula cuántica a las galaxias, del quarzo a los elementos pesados que preparan la aparición de la vida en el Universo”. Capra (1983:305) nos dice que el “vacío físico” “…no es un estado de simple nada, sino que potencialmente contiene todas las formas del mundo de las partículas” (…) “el vacío es verdaderamente un “vacío vivo”, que pulsa constantemente con ritmos de creación y de destrucción”. Capra cita al sabio chino Chang Tsai que señala que “Cuando se sabe que el gran vacío está lleno de ch’i, se da uno cuenta de que no existe la nada”.

Existe un bucle dialógico entre la transdisciplinariedad y lo disciplinar. Una incluye a la otra. La disciplinar nos entrega superespecializaciones a partir hoy día de los desarrollos tecnológicos, y como ya lo hemos señalado anteriormente, deja intersecciones vacías entre las diversas disciplinas que colaboran a descifrar procesos que se investigan. Es la transdisciplina la que vincula estos diversos niveles de realidad de cada una de los saberes disciplinares “achicando” las intersecciones vacías, vinculándolas, generando una mayor completud en el saber, una nueva mirada desde la totalidad, la globalidad, la complejidad, el tercero incluido. Con ello configura los nuevos principios metodológicos de la investigación moderna: diversos niveles de realidad, complejidad y tercero incluido. Aunque estos principios, según Nicolescu, son sólo satisfechos por la física, con serias dificultades para alcanzarlo en las demás ciencias, y principalmente por las ciencias sociales.  Y para superar en alguna medida estas flaquezas de las ciencias sociales, ellas recurren a otras formas metodológicas de investigación como  multidisciplinariedad, multifactorialidad, interdisciplinariedad, pluridisciplinariedad. Pero sin olvidad que la transdisciplinariedad es distinta y puede realizar un pacto dialógico con ellas.

Frente a esta situación, se realizó un Primer Congreso Mundial de Transdisciplinariedad entre los días 2 al 7 de noviembre de 1994 en el Convento de Arrábida de Portugal, adoptando una carta con principios fundamentales del espíritu transdisciplinario, constituyéndose en “un contrato moral” para todos aquellos que la firmaron.  En dicha carta (ver anexo N° 1) se señalan importantes principios como oponerse a la definición de los seres humanos como estructuras formales; reconocimientos de diferentes realidades a partir de diferentes lógicas; apertura de todas las disciplinas a ser atravesadas y trascendidas; transdisciplinariedad como algo más allá de las disciplinas con una mirada relativa de las definiciones y objetividad; trascendencia del dominio de las ciencias, abriéndose también al arte, la literatura, la poesía y la experiencia interior; transdisciplinariedad como multirreferenfial y multidimensional que nos abra a un horizonte transhistórico como ciencia de las ciencias; el ser humano sobre la tierra como una de las etapas de la historia del universo; la dignidad del ser humano de orden cósmico y planetario; la pertenencia a la Tierra como patria; respeto a la diversidad; la transdisciplinariedad es en sí misma transcultural; reevalúa la contextualización, la globalización, la intuición, la sensibilidad; búsqueda de una economía y una ética transdisciplinaria; rigor, apertura y tolerancia.




c)       El bucle computación/cogitación


Es pertinente para una sociedad de la hipercomplejidad, siguiendo a Morín  (1986. El Método T. III) potenciar un bucle indisociable entre computación y cogitación. La computación organiza de una manera el conocimiento y la cogitación produce una nueva forma de organización de ese conocimiento de tal manera que pueda ser reflexivamente considerado. La relación de bucle entre la computación cerebral y la cogitación es fundamental, porque está última desarrolla una lógica compleja al asociar lo que la primera separa a través de la conjunción, coordinando palabras e ideas en discursos, sistematizándolas, etc. De este modo, afirma Morín, la asociación y la disociación adquieren esta forma lógica de conjunción, disyunción, afirmación, negación, condición, conmutación, distribución, entre otras.

Maturana y Varela recurren a la circularidad cognoscitiva tautológica y a las coherencias operacionales para pasar al proceso de comprensión porque el lenguaje por sí mismo no lo consigue. Para Morín también el lenguaje no es suficiente para realizar todas las dialógicas suficientes o lo logra sólo en algunos momentos. Tiene dificultades –señala Morín- en la dialógica análisis-síntesis, diversificación-unificación, percepción de lo diferente en lo mismo-percepción de lo mismo en lo diferente, concepción de la unidad en lo diverso y lo múltiple-concepción de lo diverso y lo múltiple en lo uno. Más allá de las reglas de la gramática y la sintaxis cuando se usa el lenguaje, es el pensamiento el que permite entender la forma de autogobierno de la organización de cualquier fenómeno con sus principios y categorías, desarrollándose en la esfera proposicional lingüístico-lógico.

Se trata entonces, de acuerdo a Morín, que la cogitación no son sólo operaciones computantes infralingüísticas e infralógicas, sino que fundamentalmente lógicas. La lógica a su vez controla y dirige las operaciones de pensamiento pero simultáneamente son elaboradas por el pensamiento, dando paso con ello no sólo al conocimiento de sucesos sino que da el inicia, es el punto de partida del proceso de comprensión. El rol del lenguaje en este proceso de conocer y comprender es crucial porque permite traducir lo concreto, lo vivido, lo singular. La relación pensamiento-lengüaje resulta en una dialógica entre lo abstracto, lo concreto y lo vivido, dando como resultado un pensamiento complejo uniendo su pensar en la sociedad y en el mundo con su propia vivencia singular. Hasta aquí los tres autores (Maturana, Varela y Morin) siguen un camino parecido en la transformación del conocimiento en comprensión, utilizando sus propios sistemas conceptuales, pero el objetivo de este trabajo no es realizar un paralelo entre ellos.

La conciencia –continua Morín- es un nuevo paso para alcanzar la comprensión. Ella está ligada al lenguaje. La conciencia vuelve al sujeto sobre sí mismo en un acto reflexivo del pensamiento. Podríamos decir que es autoconciencia de sí. En este nuevo acto de comunicación el observador va a realizar introspección y auto-análisis, retroactuando sobre su espíritu, recreándose él mismo, integrando al observador/conceptuador en la observación y la concepción, incorporando su propia identidad en el objeto por conocer. Pero la comprensión aún es sólo intermitente según Morin, epifenoménica.

El pensamiento supone estructuras computantes calculatorias e inter-macro computaciones cerebrales. Utiliza el lenguaje como instrumento del pensamiento constituyendo una infraestructura computante, y el cálculo numérico y las matemáticas se desarrollan al tenor de la escritura. Todo lo anterior influye en el aparecimiento de nuevas esferas de la computación, impulsando al pensamiento mucho más lejos. Estamos a las puertas entonces, según Morín, de la emergencia de metas esferas: la del espíritu, de la consciencia y la de un conocimiento cerebral cada vez más abstracto y más rico. Con el desarrollo de la filosofía y las ciencias el ser humano se abre a los misterios del mundo, del cosmos y de sí mismo. Se desautomatiza la inteligencia y el cerebro –según Morín- no es ya sólo una máquina supercomputante, sino que se transforma también en una máquina que piensa, de actividad pensante y consciente, crea su propia noosfera y el conocimiento se transforma de organización computante en organización cogitante-computante.

Para comprender los sucesos que les interesa al sujeto observador el cerebro y la inteligencia en el bucle cogitante-computante del pensamiento complejo debe ser capaz de estar más atento a la acción del suceso que al suceso como cosa aislada, casi inmóvil. Más atento a su organización, lo que produce y a su organizador. Comprender es entonces es actividad creadora, es un partir del saber ya sabido hacia un saber por conocer.

Desde la perspectiva de Maturana y Varela podemos señalar que la observación del observador en el bucle cogitante-computante no cae ni en el extremo representacional ni solipsista. No es solipsista porque el sistema nervioso participa junto con el organismo al cual pertenece en las interacciones con su medio, que provoca en él cambios estructurales que reconfiguran constantemente su estado. Tampoco es representacional porque en las interacciones del sistema nervioso con el entorno, es el primero el que especifica cuáles perturbaciones y qué cambios  gatillan en ellas transformaciones en su dinámica de estado. El sistema nervioso no tiene ni entradas ni salidas en la perspectiva tradicional de la teoría de sistemas. Maturana y Varela(1995:112-13)  señalan que “El sistema nervioso (o el organismo) no ha sido diseñado por nadie, es el resultado de una deriva filogénica de unidades centradas en su propia dinámica de estados (…) unidad definida por sus relaciones internas en las que las interacciones sólo actúan modulando su dinámica estructural, esto es, como una unidad con clausura operacional”.

Desde la mirada moriniana, como una nueva forma de pensar en el camino de comprender la hipercomplejidad, es necesario  articular la ciencia antro-social a la ciencia de la naturaleza, recreando con ello la estructura actual del saber. Hay que plantear una nueva concepción del hombre como un concepto trinitario individuo-sociedad-especie, donde ningún término se subordine al otro. Hay que vincular la esfera antroposocial a la esfera biológica y ambas a la esfera física. Y además hay que reintegrar al observador en la observación, porque el sujeto observante y conceptualizador es un ser cultural, y por ello toda realidad concebida no sólo se remite al objeto sino que también a ese sujeto cultural conceptualizador. De esa manera la realidad antro-social se proyecta en la esencia misma de la física y de las ciencias naturales, terminando con la disyunción que condenan a las ciencias humanas a la inconsistencia extra-física, y a las ciencias naturales a la inconsistencia de su realidad social, haciéndolas por el contrario, dependientes entre sí.

La ciencia hoy día es capaz de controlar los objetos de ella, pero no ha creado ningún método científico que ponga a la ciencia misma como objeto de la ciencia y al científico como sujeto de este objeto: no hay ciencia de la ciencia y mientras eso sea así, la relación planteada más arriba será un círculo vicioso. Y es un círculo vicioso porque no articula las ciencias físicas, biológicas y antro-social, no vuelve a unir lo que se ha desunido. Se debe construir no sólo una epistemología de la reflexión, sino como un cuestionamiento reflexivo que sostenga continuamente todo proceso cognoscitivo. Hay que poner en duda metódicamente el método científico cartesiano, que provoca la disyunción de los objetos entre sí, de las nociones entre sí, la disyunción entre objeto y sujeto.


d)       Investigación compleja


Einstein, (citado por  Schwartzman, 1994:15) planteaba que  “…los modos y las posibilidades de las mutaciones cognitivas derivan, esencialmente, de los contenidos del conocimiento, de la naturaleza de sus referentes. Es decir, plantea Einstein, la teoría decide lo que se ha de observar, por un lado, y la naturaleza de lo observado” Si el objeto de estudio es la expansión del universo, la teoría y la naturaleza de lo observado llevará a los físicos a partir desde la teoría de las altas energías en el estado inicial y sus sistemas cognitivos.

      En estos estudios, la hipótesis juega un rol relevante así le atribuya un carácter provisorio. La construirá libremente con los conceptos que le parezcan los adecuados según sus intuiciones y conocimientos, preocupándose de que no surja ninguna contradicción lógica en su construcción. Podemos afirmar que la hipótesis, siendo una imagen de lo que el investigador piensa del universo, el científico la constituye especulativa y libremente.  Pero se debe tener presente también que ninguna magnitud puede ser medida libremente, sino que indirectamente a través de la teoría. Planck (citado por Schwartzmann 1994:333-4) sostiene que “…jamás las mediciones podrán confirmar ni desmentir directamente una hipótesis, podrán, solamente, hacer resaltar su conveniencia más o menos grande”.

         La hipótesis como libres creaciones del investigador se construye a partir de lo que Einstein entiende como un conjunto de leyes. Con esta hipótesis sigue un curso lógico-deductivo con el fin de obtener determinadas consecuencias, para luego ser comparados con los datos de la experiencia. Con ello se prueba esa ley enunciada a priori, constituyendo todo ello una teoría sobre un área determinada de la realidad. Pero Einstein no siguió más allá y cuando debió avanzar con los nuevos descubrimientos de la mecánica cuántica, le negó su categoría de “completud” porque no era capaz de dar un estado cuántico perfectamente delimitado a las leyes correlacionadas en las cuales se basaba sus teorías, o a los datos con los cuales esas leyes debían contrastarse. Sólo era posible dar un estado cuántico al sistema compuesto que investigaba. No siempre se puede asignar, según Lapiedra (2008:11), “elementos de realidad” a los elementos de la naturaleza que se observan porque desde la mecánica cuántica, esos objetos no se describen por separado. Las correlaciones entre ellas pueden ser tan potentes que hace imposible observarlas unas sin las otras.

      Planck, padre de la mecánica cuántica,  señala sin embargo de acuerdo a Schwartzmann (:392),, que no hay que temer a trabajar con hipótesis que no parezcan verificables. La audacia imaginativa y la creatividad conceptual es la epistemología que domina el espíritu de nuestros tiempos. Todas las ciencias, incluidas las más exactas no pueden hacer progresos si no parten de hipótesis y teorías indemostrables.

Como resumen de la epistemología de Einstein, Schwartzmann (1994:392) dice que es posible presentar lo que declara P.A. Schilpp.  Confiesa ser un oportunista en epistemología, puesto que es: 1) realista, en cuanto acepta la existencia de un mundo exterior independiente del sujeto cognoscente; 2) idealista, porque estima que hay más puesto por la subjetividad que dado; 3) positivista, dado que exige comprobaciones experimentales; 4) es platónico o pitagórico, en la medida en que valora la idea de simplicidad lógica como indispensable para su investigación. En el mismo lugar, sostiene en forma inequívoca que “Una epistemología sin contacto con la ciencia se convierte en un esquema vacío. Y la ciencia sin epistemología –supuesto que tal situación se imagine como pensable- resulta primitiva y confusa   

Según Feyerabend (1989), pensar que un método fijo pueda abarcar en un momento dado toda la riqueza empírica, la opacidad e impredecibilidad del mundo físico y social, es una ilusión profunda sostenida sobre una confianza excesiva ante el hombre y el valor de su razón triunfante. Morín agrega que los dispositivos humanos de conexión y apertura al mundo exterior sólo representan un 2 % del aparato biológico humano, convirtiendo a este héroe cartesiano de la realidad clásica en verdadero autista cognoscitivo, limitando al extremo con ello el éxito de la investigación científica.

El conocimiento científico se revela a la vez imposible e ilusorio. Más bien, son los mismos objetos de estudio los que imponen al científico cual es el marco de pertinencia para estudiarlos, o sea el método correcto que conviene usar, caso por caso y de forma evolutiva. Fereyabend (1989:32)  señala que "todas las metodologías (...) tienen sus límites, y la única "regla" que sobrevive es: "Todo se vale".

Siguiendo a Feyerabend, podemos señalar que los científicos tradicionales por lo general no ponen en duda sus supuestos desde los cuales inician sus investigaciones, y los métodos ligados a ellos no son cuestionados. Los plantean como si fuesen los procedimientos lógicos que naturalmente les corresponden. Definen la investigación en los límites de supuestos Marcos Teóricos reducidos a diseños “metodológicos”, como si ellos fueran el centro de la investigación y no los sucesos que de veras nos interesan y que son enunciados en los títulos de las investigaciones.

Pero aún entendiendo que toda investigación debe partir de postulados y no de investigaciones experimentales, las primeras además siempre se encuentran cercadas en algún momento de su desarrollo, por anomalías o perturbaciones del entorno que no se corresponden con ellas. Pero no sólo se presentan cercadas, sino que además ya han sido en alguna medida interpretadas por anteriores investigadores. Estas contradicciones se presentan aún en el mismo momento en que se plantean los fundamentos teóricos de la investigación. Pero si no fuera así, en algún espacio del trayecto de lo investigado y aprobado como circunstancialmente “la verdad”, se ve entorpecida en su desarrollo por estas perturbaciones. En este sentido se puede señalar que no hay hechos desligados de otros hechos, puros, y que es esta la razón por lo cual la ciencia se transforma en compleja, caótica, llena de vaivenes impredecibles a simple vista, y el método en un aparente antimétodo..

Feyerabend plantea que no existen estándares invariables de racionalidad, incluso en la ciencia, y el conocimiento no sigue un camino prefijado. Agrega que hay anarquía en la ciencia y por ello es necesario la crítica y la tolerancia de sus inconsistencias y anomalías, y una necesaria libertad en la creatividad de ella. La ciencia avanza muchas veces no teniendo claro los caminos para avanzar. Y frente a los científicos empiristas con su dogmatismo acrítico que plantean que los hechos experimentales deciden sobre la verdad de sus teorías, Fereyabend señala que se deben construir nuevas hipótesis que contradigan a esas supuestas teorías probadas como verdaderas, oponiéndoseles.

Feyerabend sostiene que no hay saltos en el vacío cuando se producen los descubrimientos, porque hay lógica y racionamiento en ellos, se construye sobre ciertas coherencias. Pero también hay elementos subjetivos, personales. Pero esta teoría, para explicar un cosmos o una sociedad que se va moviendo de lo simple a lo complejo, necesita teorías complejas. Feyerabend, para sostener su propuesta recuerda a Chiang-Tsé, que señala que lo más probable es que lo fundamental de la existencia no tenga una forma fija o definitiva, más aún, que no sea ninguna de las partículas llamadas actualmente elementales.

¿Qué hacer entonces? Fereyabend recuerda a Popper en sus aciertos para definir lo que es racional y lo que es irracional. Nos indica que es racional superar una teoría cuando ella –válida en un momento- entra en fuerte conflicto con la realidad que nos circunda. Irracional sería mantenerla. Pero el autor que analizamos nos recalca con fuerza que la ciencia es transformada por muchos malos académicos e investigadores en mitos, en religión no discutida, en dogma aceptado obligatoriamente, en buena nueva que permanece años y años ordenando un mundo que ya cambió, ciegos a lo que sucede en el entorno, sordos a los cambios constantes de la realidad.  
      
Nuestros investigadores aseguran tener éxito “imitando” la realidad a través de lo que denominan método científico, dejando de lado todo lo que aparece como “subjetivo”, término con que descalifican aquello que se parezca a postulados científicos que proponen teorías con los cuales se pueden observar nuevos aspectos del desarrollo de nuestra sociedad y del propio planeta, que se vea ahí, donde antes no se veía. Popper (1985) plantea la idea que una exigencia de fundamentación completa es desorientadora, en la medida en que nos muestra una reivindicación epistemológica que no sólo es imposible de satisfacer, sino que,  más importante todavía, no es necesaria. Desde aquí podemos validar el rol de lo ficcional, las “conjeturas” que nos muestran cómo la historia está llena de eventos yuxtapuestos, poniendo en evidencia la complejidad de las decisiones de los seres humanos.

Popper (1985) nos indica respecto a la lógica inductiva que es una inferencia al pasar de enunciados singulares (experienciables o particulares) a enunciados universales, como hipótesis o teorías. Según este autor, los enunciados universales basados en la experiencia no establecen verdad, agregando que todo principio de inducción lleva forzosamente a incoherencias (incompatibilidades) lógicas. Popper afirma que la lógica inductiva conduce bien a una regresión infinita, bien a la doctrina del apriorismo. No proporciona un "criterio de demarcación" apropiado. El prejuicio inductivista, según este autor, es lo único que lleva a muchos a creer que podría existir un lenguaje fenoménico, libre de teorías y distinguible de un "lenguaje teorético",

La teoría del método deductivo de contrastar de acuerdo a Popper, se manifiesta cuando una hipótesis sólo puede contrastarse empíricamente y únicamente después de que ha sido formulada. Una teoría se contrasta, en primer lugar, encontrando la comparación lógica de las conclusiones unas con otra: sometiéndose con ello a contraste la coherencia interna del sistema.  Luego está el estudio de la forma lógica de la teoría, con objeto de determinar su carácter: si es una teoría empírica -científica- o sí, por ejemplo, es tautológica. Más tarde se compara con otras teorías, con el objeto de averiguar si la teoría examinada constituiría un adelanto científico en caso de que sobreviviera a las diferentes contrastaciones a la que se la somete. Finalmente se la contrasta por medio de la aplicación empírica de las conclusiones que pueden deducirse de ella. Las teorías científicas no son nunca enteramente justificables o verificables, pero son, no obstante, contrastables


El refutacionismo es la tesis fundamental de Popper y establece una demarcación entre lo que es ciencia y lo que no lo es. Señala que son científicos aquellos enunciados que pueden ser refutados. Por lo tanto, lo que define el carácter científico de una teoría es su contrastabilidad, y lo que define a ésta es la refutabilidad, y que una teoría es científica y significativa sólo si es en principio incompatible con algunos fenómenos observables. La falsabilidad de una hipótesis implica más que un cambio terminológico frente a la verificabilidad indusctivista: implica que toda conjetura se mantiene siempre en conjetura, aunque esté corroborada, pues no puede ser necesariamente falseada ni necesariamente corroborada.

La falsación de Popper consiste en demostrar mediante la experiencia que si un enunciado observable es falso, se sigue deductivamente que la proposición universal es también falsa. El falsacionismo de Popper se sostiene en dos cosas: en las conjeturas atrevidas y en la libre crítica o la discusión crítica.  La filosofía que está detrás es el racionalismo crítico: todo puede y debe someterse a la crítica. Y esto se lleva a la práctica con argumentos y contrastaciones.

Para Popper (1981:385-6) no cabe duda alguna acerca de la objetividad de la ciencia, pero ésta no se funda en la imparcialidad u objetividad del hombre de ciencia. “En realidad, ... no cabe ninguna duda de que todos somos víctimas de nuestro propio sistema de prejuicios (o de «ideologías totales» si se prefiere esta expresión); de que todos consideramos muchas cosas evidentes por sí mismas; de que las aceptamos sin espíritu crítico e incluso con la convicción ingenua y arrogante de que la crítica es completamente superflua; y, desgraciadamente, los hombres de ciencia no hacen excepción a la regla, aun cuando hayan logrado librarse superficialmente de algunos de sus prejuicios en el terreno particular de sus estudios. Pero esta limpieza no tiene lugar.... con tornar sus mentes más «objetivas» no les bastaría para alcanzar lo que hemos denominado «objetividad científica». Y -extraña ironía- la objetividad se halla íntimamente ligada al aspecto social del método científico, al hecho de que la ciencia y la objetividad no resultan (ni pueden resultar) de los esfuerzos de un hombre de ciencia individual por ser «objetivo», sino de la cooperación de muchos hombres de ciencia. Puede definirse la objetividad científica como la intersubjetividad del método científico.”

 Popper traza una frontera entre lo que debe considerarse ciencia y lo que no. Este criterio de demarcación, como ya lo hemos señalado, es el criterio de refutabilidad, según el cual habrán de considerarse científico aquellos enunciados que sean refutables (que no sean refutados, porque en ese caso ya no forman parte más del cuerpo de la ciencia).  De acuerdo al criterio demarcatorio, el interés principal del científico no debe consistir en defender su teoría sino en intentar atacarla, refutarla por todos los medios. Intentar demostrar que se equivoca. Esto equivale a decir que el científico debe estar en un estado de duda –auto-cuestionamiento- permanente.

Morín (1999:125) nos hace además una propuesta compleja de investigación, una ruptura paradigmática y nos invita a una reintegración de las tres dimensiones consustanciales de la vida humana en su globalidad -ciudadano, individuo, científico- y concebir, como alternativa al pensamiento lineal, la perspectiva de una democracia cognitiva, en forma de amplio foro transdisciplinario, trans-generacional y trans-categorial que permita el encuentro regular de perspectivas múltiples acerca de un mismo problema colectivamente definido: "La llamada para la democracia cognitiva no es solamente la llamada a clases nocturnas, escuelas de verano, universidades populares. Es la llamada para una democracia donde el debate de los problemas fundamentales ya no sería el monopolio de los solos expertos y sería llevado a los ciudadanos". Tampoco es un llamado al abandono de la ambición científica ni invitación a la procrastinación intelectual, es decir, abandonando la realidad, evitando penetrar en ella. Ni menos el pensamiento complejo supone abandonar la búsqueda del  método científico, incluso bajo el modo de la aventura permanente. (Morin, 1977).

Si quisiéramos resumir en parte el pensamiento complejo de Morín, diríamos que nos señala varios problemas importantes. Entre ellos está la relación causalidad y determinismo, superando su reducción a una causación lineal y reconociendo la circularidad de los procesos de causación. Morín además reconoce en la auto-organización el segundo nivel en la estructura del método: Esta idea que está presente ya en otros autores, reconoce el papel constitutivo al desorden, la fluctuación, la inestabilidad, produciendo un cambio fundamental en la comprensión de las relaciones entre el orden y el desorden. En el pensamiento complejo orden y desorden ya no son antagónicos, sino que se  encuentran entrelazados, son partes de un proceso de autogeneración de los sistemas complejos. El paradigma moriniano nos abre a una nueva perspectiva de sistemas y la naturaleza como totalidad, cambiante y en proceso de auto-organización. Nos orienta a no perder de vista la emergencia, la no trivialidad de la Naturaleza, a comprender la dinámica de la auto-organización. Este autor nos indica que la complejidad es inabarcable,  pero intentando entenderla dentro de lo posible, estudiando las totalidades sin perder la contextualización correspondiente de lo que se pretende entender.

El método de pensamiento complejo propuesto por Morín busca comprender una totalidad que no es abstracta y vacía, que no es un proceso separado de otros procesos, que tiene integridad y no es objeto, sucesos integrados por procesos y no sólo reducido a ellos, que siendo totalidad se concreta, incluyendo el orden y el desorden, existiendo en su inestabilidad estable o en su estabilidad inestable. Para el pensamiento newton-cartesiano anterior el mundo se presentaba ordenado, disjunto, cosa ya terminada, definitiva. Son dos pensamientos distintos. El moriniano: complejo y asociado a desorden, azar, irracionalidad versus el cartesiano ligado al orden, razón y racionalidad. El pensamiento complejo es resultado de un descubrimiento fundamental: el descubrimiento de la organización, una "entidad" donde ocurren los procesos, el orden y el desorden, al "autos". Morín nos propone cambiar nuestra visión de mundos de “objetos” por el de mundo de “redes” de relaciones.
Podemos concluir que el método no se define antes de la investigación, sino que durante ella, “en el momento en que el término vuelve a ser un nuevo punto de partida”, en que el cierre se vuele a transformar en comienzo, en apertura, como un bucle circularizado, los métodos vienen al final, con una vuelta al comienzo con más sabiduría. Esta forma de ver el método permite combatir lo que Niestzche (citado Ander-Egg, 1975:126) llama el “espíritu de gravedad”, que consistía en la convicción de que las actuales estructuras de la sociedad y su jerarquía de valores son algo indiscutible. En consecuencia, todo lo que no se acomoda, no se ajusta o no se adapta a lo ya existente constituye una anormalidad, una desviación, una manifestación patológica. Es un culto supersticioso a lo establecido y la instalación en el conformismo.

La complejidad plantea incertidumbre e indecibilidad, sin llegar al escepticismo. El pensamiento está condenado a afrontar las contradicciones sin poder jamás terminar con ellas. Ello obliga la necesidad de buscar una meta-nivel para “superar” esta contradicción sin negarla. No es lograr la síntesis porque sigue incluyendo incertidumbres y problemas por la aventura sin límites del conocimiento.

La complejidad –según Morin- es la unión de la simplicidad y de la complejidad; es la unión de los procesos de simplificación que implican selección, jerarquización, separación, reducción, con los otros contra-procesos que implican la comunicación, la articulación de aquello que está disociado y distinguido; y es el escapar de la alternativa entre el pensamiento reductor que no ve más que los elementos y el pensamiento globalista que no ve más que el todo. Es decir, la complejidad se halla en el corazón de la relación entre lo simple y lo  complejo porque es a la vez antagonista y complementaria. Es la integración de lo local en lo global y viceversa.

Capra (2007) sostiene la teoría de que todos los fenómenos naturales y sus “leyes” correspondientes son creaciones del mapa conceptual limitado y aproximativo de la mente humana. Es decir, siempre estamos en una comprensión aproximada de los fenómenos que investigamos. Y ello implica que también todas las teorías y modelos científicos son aproximaciones a la verdadera naturaleza de las cosas. En ese marco muchas fuerzas de interacción gravitacional de partículas son ignoradas por ser magnitudes muy débiles. Se van construyendo, entonces teorías tras otras teorías que nos aproximan al problema pero ninguno llega a ser un informe completo del objeto que se investiga. Y esto es así, según Capra (2007: 380-404) porque “todas las leyes de la naturaleza son mudables y están destinadas a  ser sustituidas por futuras leyes más exactas, a medida que se van perfeccionando las teorías”. Nos vamos acercando a la realidad, pero nunca llegamos a entenderla en su completud.

En el caso de los proyectos y programas, por ejemplo, La mirada moriniana del método busca superar sus rígidos esquemas, porque éstos, según María de Conceicao (2006:18), son construidos “…por una secuencia preestablecida de acciones encadenadas y accionadas por un signo o señal. La estrategia en cambio “…se produce durante la acción, modificando, conforme al surgimiento de los acontecimientos o a la recepción de la información, la conducta deseada”.

Morín (2003:193) agrega que el meta-método complejo cuestiona las reglas, no las establece; no plantea una trayectoria de éxito, sino que la cuestiona; y, además, incorpora saberes que aparentemente se encuentran fuera del campo de la ciencia, aquella sabida por la experiencia de los participantes u observadores de una proyecto-estrategia. Morín busca el rigor, no la rigidez, en los marcos de una determinada estrategia, incluyendo proyectos y programas en los marcos de esta meta-metodología.

Morín plantea que el método científico debe partir de la ignorancia, del caos, de las incertidumbres. Debe rechazar esta autoestima insoportable e inútil de los científicos modernos que disimula su ignorancia en un acto en que grita a todos como el más cierto, voceando que es propietario del conocimiento absoluto, ocultando este mal conocimiento de lo conocido y del conocedor.

Frente a esta ignorancia que se viste de saberes absolutos se levanta una estrategia de investigación pluridimensional, un meta-paradigama complejo, un anti-método que busque construir nuevos saberes en realidades contextualizadas adecuadamente. En esta contextualización, en primer lugar el observador-investigador es introducido en la indagación sobre la base de la intersubjetividad como evaluación de estos nuevos saberes. Luego, la tarea consiste en transformar los enfoques analíticos de disyunción de la realidad en planteamientos sistémicos con un análisis de las partes en los marcos de la totalidad, de interrelaciones dinámicas. Frente al cartesianismo que presenta el método como un  procedimiento estandarizado, Morín (1986:258) lo fundamenta como un hic et nunc (aquí y ahora) vinculado a las condiciones de su desarrollo singular. Esta es una doble contextualización de la labor investigativa de una estrategia.



e)       El principio sistémico organizacional

La cibernética clásica, según Navarro (1989:23), fue la creación de un marco para la acción objetivada. Era la ciencia del control y la comunicación en el animal y la máquina. Aquí, según este autor,  la información era concebida como la “materia” de la comunicación, que obligaba a la decisión de seleccionar entre varias alternativas claramente distinguidas, objetivadas. Y estas decisiones las toma una máquina especificada, fiable, autosostenida, alopoiética, es decir, una máquina clásica. Y esta máquina clásica trabaja con materias primas que construye diseños tecnológicos como sistemas artificiales. Son máquinas que funcionan en los marcos de la objetividad de la ciencia clásica que permite a la cibernética clásica que ensambla objetividades científicas especificadas a priori. Son máquinas que tienen un comienzo determinado por el entorno, con objetividades científica antes, durante y después de la construcción de estas máquinas clásicas cibernéticas.
                 
                            En la cibernética no clásica, el aspecto objetivante de la acción es más que una selección entre alternativas: es un acto de distinción donde se va produciendo y reproduciendo lo distinguido, que trae de la mano la emergencia de nuevas objetividades, nuevos sistemas de objetos singulares. Para realizar la distinción es necesario comprender autorreferencialmente (Luhmann, 1992) al otro sistema que emerge. Observar ese nuevo sistema emergente, distinguiéndolo implica conocer sus variantes posibles en un sentido actual, los acontecimientos conexos que lo hacen posible, es decir su reproducción que implica también entender la propia autorreferancia del sistema emergente, porque todos los sistemas, tanto biológicos, psíquicos y sociales son siempre sistemas autorreferenciales autopoiéticos. Su emergencia está referido a sí mismo, es autónomo por su naturaleza. Entonces hay una doble autorreferencialidad, la del observador que lo hace emergen y lo observado que emerge y que el observador debe comprender.

La cibernética no clásica supone que en los procesos de distinción lo que el observador selecciona  no depende de cómo ese sistema comenzó en su entorno. Luhmann señala que lo emergente distinguido no es un proceso que ha comenzado en el entorno. El comienzo en la distinción tiene criterios internos del que distingue, porque los sistemas cibernéticos no clásicos funcionan a partir de un cierre autorreferencial, no aceptando ese comienzo como un “input” del exterior. A pesar que lo observado tiene un sesgo de realidad, lo que resulta al final para el observador es la construcción que de él hace. Según Luhmann (1992:36)., “El problema del “comienzo” está vinculado al problema de la circularidad autorreferencial de las operaciones del sistema.

En esta circularidad autorreferencial existe una explicación del observador que hace emerger un nuevo sistema, y según Maturana y Varela (1995: 65),  y en esta emergencia hay que “…distinguir lo propio del sistema , como constitutivo de su fenomenología, de lo que pertenece a nuestro dominio descriptivo y, en consecuencia, a nuestras interacciones con él, con sus componentes y con el contexto en que se le observa”. En este proceso de observación contemplamos con nuestro dominio descriptivo al mismo tiempo la unidad emergente y sus interacciones, pero teniendo claro que las nociones que utilizamos en el dominio de la descripción no forman parte de la organización constitutiva del fenómico que se está explicando.
Pérez (2001)[1] manifiesta que se está tomando conciencia dramáticamente de la interrelación existente de todos los problemas que hoy aquejan al mundo. Se tiene conciencia además que las instituciones clásicas no sirven para gestionar adecuadamente estos nuevos problemas porque tienen un alcance y una visión local. Los problemas son globales y las instituciones no lo son suficientemente. En esa época se crearon una serie de grupos interdisciplinares denominados Investigación Operativa (IO). Stafford Beer se unió al grupo de IO creado por Norbert Wiener en México. Este grupo reconocía la unidad esencial de los problemas relacionados con la comunicación y el control en los animales y las máquinas. A esta ciencia Wiener la denominó Cibernética a través de un libro del mismo nombre. Este libro, según Pérez, constituye una defensa del “holismo”, con el estudio de los sistemas totales, frente al reduccionismo del método científico.

En su libro “Decisión and Control” publicado en 1966 cuyo tema central es el Management (dirección), Beer[2] señala que los nuevos enfoques deben ser construidos con nuevas palabras e ideas, proponiendo un enfoque holístico multidisciplinario que supera el carácter fragmentado del management tradicional. En el libro “Brain of the Firm” del mismo autor en 1972, las estructuras del cerebro y del management son aclaradas y comparadas, deduciendo principios fundamentales en que están construidos los sistemas viables auto-organizados y las formas de control que son aplicables a todos los sistemas. Podemos señalar que el pensamiento de Stafford Beer se puede sintetizar con sus mismas palabras, cuando señala que “Un sistema auto-organizado debe estar siempre vivo y sin finalizar, ya que finalización es otro nombre para muerte”.[3]

Como consecuencia de perturbaciones de su entorno, los sistemas generan, según Kauffman (1993),  una espontánea emergencia de un cierto nuevo orden a través de su auto-organización. Representa un reacomodo fundamental de energía y acción para mantenerse en equilibrio con su entorno perturbador. Con ello le es posible al sistema no sólo mantener su identidad y objetivos, sino alcanzar un mayor número de estos últimos sin perder identidad. Las anomalías que el entorno le dispara al sistema crea en éste energías desordenadoras con comportamientos turbulentos, impredecibles y caóticos. Tanto el sistema como el entorno que lo perturba forman transitoriamente un sistema distinto, interdependiente mientras dura la turbulencia, hasta que el sistema es capaz de responder a los requerimientos de su entorno acoplado a él, adaptándose a sus exigencias como un acto de sobrevivencia.

            Lo que interesa es determinar que una organización define la vida y no sus componentes. Maturana y Varela (1995: 65), señalan que “Nuestro enfoque será mecanicista: no se aducirán fuerzas ni principios que no se encuentren en el universo físico. No obstante, nuestro problema es la organización de lo vivo y, por ende, lo que nos interesa no son las propiedades de sus componentes, sino los procesos, y relaciones entre procesos, realizados por medio de los componentes. Ambos autores señalan que lo fundamental en los procesos de autoorganización de lo vivo es especificar las relaciones que los componentes físicos satisfacen para constituir el sistema, no la identificación de esos componentes, porque ellos plantean la hipótesis de que existe una organización común a todos los seres vivos. Y cualquier máquina se materializa mediante muchas estructuras diferentes y que su organización definitoria no depende de las prioridades de los componentes.

La historia organizacional del todo está vinculada a la propiedad de creatividad que todo universo tiene como sistema evolutivo complejo infinito y que no posee barandas. El entorno con su azar, perturbaciones, diversidad sirven de fuentes, de antecedentes, de accidentes para el aumento de esta complejidad de cualquier sistema. Esta organización global emerge de la interacción de sus partes y es una organización en constante movimiento, en desarrollo. Si cada parte la entendemos como estructura disipativa, ellas se van transformando por la entropía del entorno, buscando estabilizarse al generar las condiciones para asumir como elementos de cada una de las partes esas entropías del entorno. Naymanovich nos dice que por las interacciones que un sistema complejo tiene presentan interacciones que facilitan la autoorganización de cada una de las partes y de la totalidad del sistema. Por ello estos sistemas no son totalizables, sino que en permanente cambio y  aumento de su complejidad en la perspectiva de la continua autoorganización. Son sistemas inestables con una tremenda capacidad autocreadora.

La autora agrega que  el sistema tiene múltiples ligaduras con el medio, desde donde se va nutriendo en su auto-modificación, pero también influyendo en el propio medio, es decir, en el conjunto de los sistemas que configuran ese medio. Estas ligaduras son ”ataduras” en el sentido que dependen de ese entorno, pero además son su condición de libertad, de autonomía relativa, porque de esa dependencia emerge su posibilidad de cambio, de autoorganizarse una vez más o de mantenerse sin cambios significativos. Naymanovich afirma que el contexto de los sistemas no es una totalidad inerte, separado, desvinculado de ellos, sino que por el contrario, al ser el lugar de los intercambios de energía sistema/entorno el universo se transforma en una inmensa “red de interacciones”, desde donde todo es definido, donde la emergencia tiene como base factores co-productores de todo suceso o novedad en proceso de autoorganización. Por ello, afirma la autora, ningún análisis puede agotar la comprensión de un fenómeno que es pensado desde una perspectiva de la complejidad.

Como consecuencia de perturbaciones de su entorno, los sistemas generan, según Kauffman (1993),  una espontánea emergencia de un cierto nuevo orden a través de su auto-organización. Representa un reacomodo fundamental de energía y acción para mantenerse en equilibrio con su entorno perturbador. Con ello le es posible al sistema no sólo mantener su identidad y objetivos, sino alcanzar un mayor número de estos últimos sin perder identidad. Las anomalías que el entorno le dispara al sistema crean en éste energías desordenadoras con comportamientos turbulentos, impredecibles y caóticos. Tanto el sistema como el entorno que lo perturba forman transitoriamente un sistema distinto, interdependiente mientras dura la turbulencia, hasta que el sistema es capaz de responder a los requerimientos de su entorno acoplado a él, adaptándose a sus exigencias como un acto de sobrevivencia.

En los momentos máximos del caos producido en el sistema por las perturbaciones de su entorno, el primero se desintegraría si no poseyera una estructura suficiente para generar las acciones que le exige su entorno, si no desarrollara la habilidad necesaria (Kauffman, 1993) para reorientar y reformar sus patrones de operación mediante la mutua adaptación a las necesidades y capacidades cambiantes de sus componentes, así como a las demandas y oportunidades cambiantes del entorno.

Los biólogos chilenos Maturana y Varela (1997) entienden a los seres vivos como seres discretos, es decir, autónomos, que viven como unidades independientes. Eso conlleva a aceptar que los seres vivos surgen como tales como simple resultado de su propio operar y que todo lo que pasa en ellos –tanto en su dinámica relacional como interna-, se refiere sólo a ellos mismos, como una continua realización de sí mismos, como sistemas autoreferidos.

Varela (1997:14-15) agrega en la introducción del libro indicado que “un ser vivo ocurre en la dinámica de realización de una red de transformaciones y de producciones moleculares, tal que todas las moléculas producidas y transformadas en el operar de esa red forman parte de la red de modo que con sus interacciones” generan la red de producciones y de transformaciones que las produjo; dan origen a los bordes (límites) y a la extensión de la red, quedando dinámicamente cerrada sobre sí misma, formando con ello un sistema molecular discreto (autónomo) separado del medio que lo contiene, y;  permiten que flujos de moléculas producto de las perturbaciones del entorno al incorporarse a la dinámica de su red se transformen en partes o componentes de ellas. Lo anterior induce a ambos autores a afirmar que el ser vivo es una dinámica molecular, no un conjunto de moléculas; que el vivir es la realización de esa dinámica que se conserva en un continuo flujo molecular, y; que esta dinámica es lo que constituye al ser vivo como ente autónomo.

Según esta escuela de Santiago, las especificidades de la autopoiésis están relacionadas fundamentalmente en la autonomía de los sistemas y que lo vivo de un sistema se describe a través de la organización del sistema como configuración. Al mismo tiempo, la organización de lo vivo es el mecanismo que constituye su identidad y ella es circular: una red de producciones metabólicas que produce una membrana que hace posible una red de producciones. Esta circularidad es una autoproducción única del sistema vivo. El término autopoiésis designa esta organización viva. 

Otra de las especificidades es que la interacción de la identidad autopoiética sucede no sólo a través de su estructura, sino que fundamentalmente como unidad organizada, como identidad autoproducida. Esto permite la constitución de significados, inaugurando con ello el fenómeno interpretativo en el planeta. Por último, es necesario resaltar que otra de las especificidades de la autopoiésis es que ella hace posible la evolución a través de series reproductivas con variación estructural, pero con conservación de identidad.
La vida es un fenómeno sistémico con dinámica autopoiética molecular. Esto significa, según los biólogos Maturana y Varela, que la determinación de los distintos aspectos en la operacionalización de los seres vivos son definidos por el conjunto de los componentes y no por elementos individuales, porque las características que los sistemas vivos van adquiriendo en su vivir se producen en la dinámica de su autopoiésis, mientras realizan las relaciones que lo definen como sistemas autopoiéticos. La factibilidad de los sistemas autopoiéticos está relacionada con las condiciones que pueden permitir que se  concatenen procesos químicos, formando así unidades topológicas con redes propias en dichos espacios autopoiéticos.

Los sistemas vivos autopoiéticos –de acuerdo a Maturana y Varela- se producen a sí mismos, se levantan por sus propios medios, constituyéndose como algo diferente a su medio por su propia dinámica, crean desde sí mismo su propia organización a través de la producción de los propios elementos que lo componen. La autopoiésis surge siempre y cuando en un sistema molecular las relaciones de producción se encuentren concatenadas de tal manera, según los autores que analizamos,  que producen componentes que hacen del sistema una unidad que genera continuamente su carácter unitario que lo definen como unidad topológica, y dichas relaciones se mantiene constante a través de la producción de los componentes que forman dicho sistema.

Este principio sistémico une el conocimiento de las partes con el conocimiento del todo y viceversa. Como decía Pascal (citado por Morin, 2002:29): "tengo por imposible conocer las partes sin conocer el todo, así como conocer el todo sin conocer particularmente las partes". Morín sostiene que no sólo el todo es más que la suma de las partes, sino que también al mismo tiempo es menos que la suma de las partes. Y es menos porque  una serie de cualidades de las partes no aparecen con toda su fuerza cohibidas por la retroacción organizacional del todo sobre las partes. Pero es más que la suma de las partes porque en el todo siempre hay emergencias como efectos organizacionales de las partes en ese todo.



f)         El principio hologramático

La hologramía compleja supone los aportes de la teoría de sistemas y a la distinción de lo que aporta el pensamiento complejo a esa comprensión de la relación parte todo. Desde la visión holista el universo es un holos, un todo en que los fraccionamientos en partes se realizan sólo con fines analíticos. Las características del todo están en cada una de sus partes y cada una de sus partes es reflejo del todo. Desde una perspectiva holística, en el espacio no existen las fronteras, sino interrelaciones y conexiones, de las partes con el todo y del todo con las partes.

Esta teoría de David Bohm (referido por Andrade,2001), es llamada también Teoría del Orden Implicado. Según Andrade, esta teoría sostiene que en cualquier elemento del universo se encuentra contenida la totalidad de éste y que esta totalidad incluye no sólo a la materia, sino también a la conciencia. Plantea que lo que se explica del mundo --el orden explicado-- son los sucesos aparentemente aislados en el espacio y el tiempo. El orden implicado es la totalidad que conforma la base de ese orden explicado, que sería lo derivado de él.  Todas las cosas sucesos son el despliegue de ese orden implicado u holomovimiento, o una totalidad universal desconocida de movimiento fluido que es autoexistente y fundamento primario de todo lo que existe.  

Cada parte contiene prácticamente la totalidad de la información del objeto representado. La sociedad está presente en nosotros por medio del lenguaje, la cultura, sus reglamentos, normas, etc. Como dice Pinson (citado por May, 2001), en cada punto del objeto hologramado es "memorizado" por todo el holograma, y cada punto del holograma contiene la presencia del objeto en su totalidad, o casi. Agrega May que el Universo en su totalidad tiene regularidades en su proceder, y que estas formas de actuar se expresan en todas partes, incluido en el humano. Continúa diciendo que “… se vivencia la Unidad esencial, las múltiples manifestaciones de la diversidad universal como diferentes modos, o disfraces del Uno. El Todo está en cada parte y en cada parte está el Todo. (May, 2001:217).

El ser humano se encuentra –según May- en un estado de totalidad. Desde esta situación se transforma él mismo en la gran sinfonía del cosmos, se configura como la misma mente universal que se manifiesta a través de la partitura del cosmos, focalizándose en el todo vibrante, mucho más allá del ser individualizado. May (2001:218) sostiene que  “La apertura a la conciencia holística, la pérdida de la focalización y voluntad personal para encarnar la voluntad cósmica (…) es el símbolo de la muerte al tiempo y espacio. La conciencia holística trasciende las coordenadas de tiempo y espacio y las dimensiones de vida-muerte. A este nivel se está en un eterno presente que contiene todos los tiempos y todas las dimensiones del ser, desde el cuerpo, a las emociones, pensamiento, alma y espíritu. Todo es Uno. (218). Quizás ha sido la forma de vivir de los grandes guías espirituales,  encarnando la Gran Vida Cósmica en sus propias vidas.

Según Capra (2007: 396) se dice que en el cielo de Indra[4] existe una red de perlas orientadas de tal forma que al mirar una todas se ven reflejadas en ella. Con esta metáfora lo que se quiere explicar es que cada objeto del mundo no es sólo él mismo, sino que al mismo tiempo es todos los demás objetos, concluyendo que “en cada partícula de polvo, se encuentran presentes Budas innumerables”. En esta visión oriental, los seres humanos también forman parte de un todo inseparable y que ese todo es también inteligente. Se sostiene que el universo produce constantemente formas conscientes de sí mismo, las cuales tienen una relación con el resto del universo, base de la hologramía de la totalidad del cosmos.

Esta hologramía entre las partículas subatómicas es tan compleja que no hay ninguna teoría completa y autocongruente capaz de explicarla. La teoría de la “tira de botas”[5] plantea que “toda partícula se compones de todas las demás partículas” (en Capra, 2007: 284-404). Pero no se trata de que efectivamente se contengan en sentido clásico, sino que hay que aceptar la idea se envuelven unos a otro en un sentido dinámico, siendo cada hadrón un estado de unión en donde las partículas que lo conforman interactúan. Si todas las partículas contienen a todas las partículas, también sucede lo mismo con todos los hadrones y esa fuerza de unión se produce por la congruencia entre todas ellas como estructuras compuestas que son componentes de otros hadrones y que su fuerza se constituye a partir de la capacidad que tienen de intercambiarse en canales de cruces en situaciones de contexto particulares. La hologramía consiste es que son un conjunto congruente donde cada partícula está dinámicamente compuestas unas de otras, conteniéndose unas con otras. Y la hologramía sucede porque  las fuerzas que mantienen unidas las partículas, según Capra,  son intercambiadas en los canales de cruces bajo determinadas condiciones.



g)       Principio de retroactividad:


Con el principio de bucle retroactivo rompemos con la causalidad lineal. Frente al principio lineal causa-efecto nos situamos en otro nivel: no sólo la causa actúa sobre el efecto sino que el efecto retroactúa informacionalmente sobre la causa permitiendo la autonomía organizacional del sistema. Pero esta autonomía tiene dos aspectos. El primero es la capacidad de los efectos provocados en los sistemas por ciertas causas o multicausas conocidas o no de volverse sobre sí mismo y proseguir con la capacidad del propio sistema de irse autoorganizándose en direcciones ilimitadas. Pero simultáneamente hay una respuesta del propio sistema a las causas que lo perturbaron, y tiende también a modificarlas. Es decir, la causalidad crea condiciones para modificar sistemas, pero estos sistemas modificados siguen ese proceso de transformación interna en autocreación constante, y en este proceso son capaces de perturbar aquello que lo perturbo, modificándolo.

Además, los sistemas poseen retroacciones llamadas “negativas” que  actúan como mecanismos de reducción de la desviación o de la tendencia que generan las perturbaciones externas. Es decir, actúan como mecanismos de estabilización del sistema. Las retroacciones llamadas “positivas” son la ruptura de la regulación del sistema y la ampliación de una determinada tendencia o desviación hacia una nueva situación incierta, pero que facilita las capacidades de auto-creación de los sistemas.
Por ejemplo, la teoría de catástrofe de René Tom (2001) se refiere a situaciones de cambios drásticos y discontinuos provocados por el entorno a través de sus perturbaciones entrópicas, provocando con ello saltos cualitativos en los sistemas complejos, alterando su homeostasis y dificultando sus posibles respuestas. Pero Tom advierte que estas situaciones forman parte del acontecer humano, cuya naturaleza está formada de infinitos puntos irregulares que están en constante expansión en el tiempo y el espacio, provocando saltos cualitativos de un estado a otro y en direcciones distintas a su estado anterior. El llamado salto catastrófico de un suceso en la sociedad está determinado, según Tom, por la propia realidad, que tiende a superar la metaestabilidad de la contingencia, llevándola a un nuevo estado. Pero según este mismo autor este azar cuántico es sólo una apariencia porque detrás de él existen multicausalidades deterministas aún no conocidas.  Pero hay que agregar a los planteamientos de Tom que el propio sistema puede continuar este proceso por sí mismo, a partir de su propia capacidad de influenciarse, transformando las perturbaciones del entorno en elementos del propio sistema.
En cada sistema del espacio cósmico, según Prigogine (1993),  existe una llamada función de entropía. Ella se la conoce como una función termodinámica que contiene la energía no utilizada aún de un sistema. Por esa razón se la conoce también como una medida del posible desorden de un sistema. La entropía tiene dos orígenes: una producción propia del sistema o negentrópico, y un flujo entrópico que proviene del entorno del sistema. El que proviene del entorno es creador de desorden, y el interno o negentrópico, tiene a ordenar lo desordenado. Sin embargo el orden y el desorden son simultáneos que hace de la turbulencia, por ejemplo un fenómeno altamente estructurado. La turbulencia es en extremo coherente, donde millones  de partículas se insertan en un movimiento ordenado de apariencias de desorde. Ello obliga a un cambio de paradigma  para observar el orden y el desorden, que eran vistos como situaciones de equilibrio y desiquilibrio respectivamente, separados uno del otro.

Prigogine (1993) afirma que la realidad, la vida cotidiana, el medio en que vivimos y estamos no son matemáticos. No son ni siquiera matematizables. Es el dominio de lo mutable, de lo impreciso, del más o menos, del aproximadamente. No existe el mundo finalizado. En todas partes hay un margen de imprecisión, de juego. Este autor señala que los cuerpos son estructuras disipativas coherentes, alejadas del equilibrio. En distintos campos físico-químicos se manifiesta la autoorganización espontánea, jugando en ellos un papel fundamental la irreversibilidad y la retroactividad en estos procesos.

En estas condiciones de no equilibrio, la materia, según Prigogine, tiene capacidades espontáneas de percibir sus diferencias con el mundo que la rodea, y a partir de esa percepción es capaz de reaccionar a partir de las  fluctuaciones de ese entorno. De esta manera, reconoce que la naturaleza es un proceso abierto de producción y de invención, superando con ello la concepción estática de la misma, entendida como un mundo finalizado y asumiendo la idea de un universo donde la organización de los seres vivos y la misma historia del hombre  no son accidentes del devenir cósmico.  Sostiene que el universo tiene una evolución continua y que se va construyendo en una dialéctica entre la gravitación y la termodinámica como un fenómeno irreversible con capacidad constructora de nuevas estructuras permanentemente. Esta irreversibilidad del tiempo conduce la vida y al hombre, haciendo que provengan del tiempo en una evolución irreversible. Pero la irreversibilidad no implica negación a la retroactividad en el cosmos, la naturaleza y la vida. El entorno genera perturbaciones que provoca cambios irreversibles en un sistema. Pero éste a la vez influye retroactivamente en ese entorne generando también cambios en él. Podemos hablar entonces, también de un bucle dialógico irreversibilidade/retroactividad.

Con la vida, dice Prigogine, nace un tiempo interno biológico al surgir la inscripción del código genético, que continúa a lo largo de miles de millones de años, tiempo autónomo que se trasmite pero que también se modifica y se hace más complejo por influencia de ese entorno y  de sus propias capacidades autopoiéticas, de recrearse constantemente a partir de sí mismo. Y entonces se va haciendo cada vez más complejo, empieza a ver más allá de sí misma con una química abierta al mundo exterior que permite que estas perturbaciones del medio recorran todo el sistema a través de señales. Pero la materia, y la vida en particular, junto con estas propiedades de sensibilidad a los condicionamientos externos, poseen también movimientos coherentes que transforman el no-equilibrio en nuevas posibilidades de cambio, en multiplicidad de soluciones, marchando --agrega Prigogine-- hacia un futuro con muchas alternativas, en definitiva, de transformarse siempre en materia o vida que no se degrada, sino que, por el contrario, aumenta su complejidad. Estas mutaciones son definidas por elecciones de la propia materia o vida entendida como sistema, marcando al mismo tiempo la historicidad de esas elecciones por influencia del entorno que lo perturba.

El segundo principio de la termodinámica nos induce a pensar que existe una tendencia al desorden y al caos en la naturaleza, y de aquí se puede extender esta característica a las diversas formas de vida de la naturaleza. Esta situación caótica nos muestra el carácter hipercomplejo de los diversos sistemas que constituyen nuestra sociedad, incluida la educación, que tienden a transformarse constantemente, incluso a perder los elementos que lo caracterizan momentáneamente por efecto de sus múltiples relaciones con el entorno y sus perturbaciones. Pero hay que recordar que estas relaciones también son inversas en un bucle entorno/sistema/entorno. Estos los transforman en estructuras disipativas, cambiantes al ser sensibles a las influencias del medio, y el medio a ser susceptible de influencia por el propio sistema afectado. Estos sistemas y entornos complejos sufren variabilidades de tal envergadura que las puede hacer desaparecer, transformarse en algo diametralmente distinto a lo que eran. Esto los transmutan en estructuras probabilísticas, con prácticamente imposibilidad de determinar el curso exacto de su desarrollo futuro, sino sólo de manera aproximada de incertidumbre predictiva, con posibilidades ciertas de perder al final hasta su propia identidad.

Pero esta segunda ley además nos señala que todos los sistemas tienden a desordenarse por influencia de la entropía que genera el entorno. Sin que pueda
predecirse con seguridad su trayectoria, sin embargo hay ciertas luces que nos pueden permitir entender las tendencias de su movimiento. Los tiempos en los que
se encuentra un suceso van cargado de señales que nos inducen a pensar en la
dirección en que se mueve el desorden que lo caracteriza. Su estado irá cambiando a partir de situaciones aparentes de orden, pero el desorden generalizado del entorno que trasmite la entropía de la multisistemicidad presionará con fuerza, aumentando los cambios en la medida en que el suceso se
desarrolla. Lo único cierto que podemos afirmar con seguridad es que los nuevos
estados del sistema (y también del entorno compuesto por muchos sistemas) son momentos de homeostasis entre las anomalías de ese entorno y cierta estabilidad alcanzada por momentos del sistema, y viciversa. Podríamos afirmar que el desarrollo es justamente eso, el juego entre equilibrio y desequilibrio entorno/sistema, con predominio de éste último. Esto niega toda posibilidad de realizar investigación que terminen con proyectos modelados que encorseten la realidad.



h)       Principio de recursividad


Según Morín (1986. Tomo III), el proceso recursivo es todo proceso cuyos estados o efectos finales producen los estados o las causas iniciales. En este bucle recursivo los efectos o los productos son al mismo tiempo causantes y productores del proceso definido.  Se produce la situación en que el final de un proceso alimenta su principio, cuando el estado final de un contorno o círculo se vuelve sobre el estado inicial, convirtiendo la situación final en inicial sin perder sus características de final, y el estado inicial en final, aunque continúa siendo inicial. Es decir, el bucle recursivo es un proceso en que los productos últimos de un suceso se convierten en los elementos primeros. Entonces, el proceso recursivo es un proceso que se produce/reproduce a sí mismo.

Otra de las características del bucle recursivo tiene que ver con una organización que a través de procesos construye los elementos necesarios para su propia existencia, da nacimientos a los elementos que lo constituyen como suceso, donde la recursividad significa precisamente que el efecto de un acto determinado se convierte en su causa primera. Siguiendo a Morin, la recursividad significa la producción-de-si y re-generación, generatividad.

La recursividad tiene un enfoque sistémico, una relación sistema-entorno donde el primero aisladamente no es generativo, no puede re-producirse, regenerarse. Morin señala que entorno y sistema son una totalidad activa. Es este proceso en su totalidad lo que permite la generatividad embuclados, circularizados en sí mismo en momentos determinados o particulares que inducen a la producción-de-sí. Y esta producción regenerativa es una reorganización permanente del sistema bombardeado por perturbaciones de su entorno. Es una reproducción de sí mismo continua, sin interrupciones, con producción continua de entropía, su incremento frecuente con creces que no permite que su entropía interna se debilite porque significaría su incapacidad regenerativa fenoménica, de autoproducción y con ello muriendo, degenerando, desapareciendo como sistema.

Morín señala que lo que “forma cierra, que lo que cierra forma”. Da ejemplo del circuito espiral del remolino que abre al mismo tiempo que cierra, formándose y re-formándose constantemente. El bucle del remolino es a la vez abridor y cerrador, fijamente estable, fuertemente resistente a su disolución. Pero  el circuito espiral no sólo debe ser entendido como algo indisoluble, sino también como un proceso recursivo, donde “la apertura produce la organización del cerramiento, el cual produce la organización de la apertura”. Un círculo cerrado, al igual que un sistema solamente cerrado es un suceso vicioso, que se mueve sobre sí mismo constantemente, ignorando las perturbaciones entrópicas del entorno y sin necesidad de generar su propia entropía que lo empujarían a la re-generatividad constante. Lo vicioso de un sistema termina cuando es abierto, que permite ser una estructura disipativa, alimentada por entornos caóticas que con sus anomalías le permiten auto-organizarse constantemente. Al ser abierto el círculo, es  la oportunidad para transformarse en su propio alimentador. Al ser el circuito espiral un bucle cerrado/abierto puede adquirir su naturaleza generativa profunda, permitiendo con ello su carácter de auto-productor de sí mismo, de su ser y existencia. Su carácter abierto le permite su auto-producción, y el Sí mismo nos dice que es al mismo tiempo cerrado, que se re-genera a partir de si mismo, conservando su identidad y los elementos de su estructura que lo caracterizan como existencia definida.

Maturana y Varela (1995: 80)) señalan que “Una organización autopoiética constituye un dominio cerrado de relaciones especificadas solamente con respecto a la organización autopoiética que ellas componen, determinando así un espacio donde puede materializarse esta organización como sistema concreto, espacio cuyas dimensiones son las relaciones de producción de los componentes que lo constituyen”. Es aquí donde se producen los componentes que van constituyendo la topología en que se realiza la autopiésis, y que permite que los componentes que se producen en ese espacio son los que le corresponden a ese sistema, especificados por la autopoiésis. Y la especificidad necesaria recursiva que deben tener los componentes producidos en autopoiésis en el sistema correspondiente, se refiere que presentan las características propias de los componentes en el contexto que define al sistema como autopoiético.
           
Capra (2007:353-7) nos señala que desde la teoría cuántica las partículas subatómicas sólo pueden ser entendidas como manifestaciones de la interacción entre ellas, como sucesos que se interrelacionan con otros sucesos. Observada las reacciones de las partículas desde la teoría de la relatividad también se entiende como procesos más que como objetos. El neutrón original, según este autor es parte de un entramado de sucesos y sus interrelaciones no se determinan con seguridad sino que están asociadas más bien a probabilidades. La estructura de un hadrón, por ejemplo, es la interacción fuerte de varias partículas subatómicas. Y cuando éstos se desintegran, forman combinaciones de otros hadrones donde las partículas que se forman en la colisión van construyendo redes de sucesos nuevas determinados al azar. Desde el punto de vista de la visión moriniana podemos agregar que la interacción fuerte de partículas genera agrupaciones de partículas denominadas hadrones , y que éstos son capaces de generar, por procesos de recursividad, nuevas partículas y nuevos hadrones en un bucle orden/ desorden, construcción/deconstrucción de procesos de partículas en interacción fuerte.




i)         Principio de autonomía/dependencia


Este principio introduce la idea de proceso auto-eco-organizacional. Toda organización para mantener su autonomía necesita de la apertura al ecosistema del que se nutre y al que transforma. Todo proceso biológico necesita de la energía y la información del entorno.  No hay posibilidades de autonomía sin múltiples dependencias. Nuestra autonomía como individuos no sólo depende de la energía que captamos biológicamente del ecosistema sino de la información cultural. (31)

Según Andrade (2001), para el físico David Bohm  la realidad y el conocimiento deben entenderse como procesos, donde todo puede ser creado y transformado, como también puede desaparecer. Por ello no es posible la existencia de partículas últimas como bases fundamentales de la materia. Él sostiene que todo lo que existe como singularidad, acontecimiento o suceso es sólo una abstracción de una totalidad aún no conocida o no definida. Desde este punto de vista, en el cosmos, la naturaleza y la propia sociedad hay al mismo tiempo  autonomía y dependencia. Autonomía con la existencia de la particularidad, de la localidad, pero dependencia al mismo tiempo a partir del realismo cosmológico, de entender que cada partícula, suceso o fenómeno expresa esa totalidad de un universo  unitario en la diversidad. Plantea un realismo cosmológico frente al realismo local, asumiendo la primordialidad del suprarrealismo de la no-localidad frente a la separabilidad, a entender lo singular y los sucesos separados unos de otros y sin expresar la totalidad. Hay una interacción permanente entre todos los elementos que componen esa totalidad sin existencia de separabilidad que no implica la negación de la individualidad. Es la individad en los marcos del suprarrealismo o realismo cosmológico. Ello es una característica propia de la naturaleza porque el universo emerge como un sistema cuántico que no tiene sentido determinado.

Esta teoría de David Bohm, es llamada también Teoría del Orden Implicado. Según Andrade, esta teoría sostiene que en cualquier elemento del universo se encuentra contenida la totalidad de éste y que esta totalidad incluye no sólo a la materia, sino también a la conciencia. Plantea que lo que se explica del mundo --el orden explicado-- son los sucesos aparentemente aislados en el espacio y el tiempo. El orden implicado es la totalidad que conforma la base de ese orden explicado, que sería lo derivado de él.  Todas las cosas sucesos son el despliegue de ese orden implicado u holomovimiento, o una totalidad universal desconocida de movimiento fluido que es autoexistente y fundamento primario de todo lo que existe.  De ahí que todo suceso expresando autonomía, implique al mismo tiempo dependencia de la totalidad.
Bohm y Peat (referidos por Andrade,1988) sostienen que es necesario ver más allá del orden explicado y provocar un salto en las actuales concepciones epistémicas para entender la primacía de la totalidad, de aquello que es fundamento de todas las cosas que se perciben por las sensaciones y que se nos muestra como espacio vacío. Ambos autores agregan, además, que mente y materia son dos caras de un mismo todo. Tanto la materia como el pensamiento, el lenguaje y la cosmovisión son inseparables y se despliegan como aspectos distintos del orden implicado, separados en apariencias, y dependientes simultáneamente.
Capra (2007:296-7) señala que los campos electromagnéticos se manifiestan como “campo libre” en forma de ondas/fotones viajeros como campos de fuerzas y pueden desempeñar el papel de partículas cargadas eléctricamente que intercambian fotones entre las partículas que interactúan.  En este intercambio de fotones o energía se producen cambios de dirección y velocidad, separándose posteriormente en suaves curvas. Las partículas que interactúan en el campo cuántico a través de sus fotones son al mismo tiempo autónomos pero dependientes en el sentido que se influyen mutuamente en este intercambio de fotones.
En esta teoría del campo cuántico reseñada por Capra (2007:288-9), todas las interacciones entre partículas se pueden representar en diagramas espacio-temporales expresadas matemáticamente que permite cálculos de probabilidad de que estos procesos ocurran. En este contexto de influencias de partículas se produce la destrucción y creación de nuevas partículas. Pero para aceptar esta visión teórica, las partículas no deben ser consideradas objetos indestructibles, sino como patrones dinámicos creadores por entropía de nuevos patrones. Esto se produce en los marcos de una gran incertidumbre que implica el uso de energía de las partículas afectadas para crear nuevas masas.
En el pensamiento místico oriental podemos observar también teorías sobre este bucle autonomía/dependencia. Según Capra (2007:372), “los hindúes y los budistas consideran esta interrelación como una ley cósmica, la ley del Karma. Pero en general no se interesan por ningún modelo específico dentro de la red universal de sucesos. La filosofía china, que también resalta el movimiento y el cambio, desarrolló el concepto de los modelos dinámicos que se forman continuamente para disolverse de nuevo en el flujo cósmico del Tao. En el I Ching o Libro de los Cambios, estos modelos fueron elaborados dentro de un sistema de símbolos arquetípicos: los llamados hexagramas”.
En la teoría de la “tira de bota”, todos los fenómenos del universo se presentan determinados únicamente por su mutua autocongruencia como principio o patrón de organización . Es un universo indivisible, en la cual todas las cosas y sucesos están relacionados entre sí, a partir de su congruencia y consistencia. Congruencia o autocongruencia que implica la existencia de una coherencia o relación lógica en los vínculos entre partículas y cosas o al interior de cada una de ellas. En la visión china del mundo según Capra (2007:382), Needham escribe que “la armoniosa cooperación de todos los seres surge, no de las órdenes de una autoridad superior ajena a ellos, sino del hecho de que todos ellos son parte de una jerarquía de conjuntos que forman un patrón cósmico, y a lo que ellos obedecen es a los dictados internos de sus propias naturalezas”. Es decir, según Capra, “las partes de un conjunto han de conformarse en virtud de su misma existencia como partes de dicho conjunto” (2007:386). Entonces, todas las cosas están relacionadas con las demás en un bucle autonomía/dependencia y las propiedades de cada una de las partes están determinadas por las propiedades de todas las demás partes, donde entornos o conjuntos de sistemas transforman con su entropía a otros sistemas y viceversa.
En general podemos señalar que los diversos sistemas que interactúan en esta llamada interobjetividad, cuando se encuentran fuertemente alejados del equilibrio crean las mejores condiciones para que cada uno de ellos intercambie energías con su entorno que provoca transformaciones importantes en ellos a partir de ellos mismo. Podríamos señalar que esta situación de interacción se produce el incremento de la complejidad, incluso creándose nuevos órdenes de ella, como por ejemplo, la vida, o nuevas formas de vida. Esta capacidad de los sistemas de reacción a las perturbaciones de su entorno los transforma en seres disipativos, que obtienen nuevos niveles de orden a partir del desorden  provocado por ese entorno. Esta situación es posible entre estructuras autónomas pero que tienen dependencia con su entorno por la interacción  permanentemente entre todos ellos en los marcos de la unidad del universo. Y es posible porque son estructuras abiertas con capacidad de aumentar la información que los perturba desde el exterior, pero esa información no entra como información del exterior al sistema, sino como elementos del propio sistema que los van configurando respetando su identidad.

Este proceso que se realiza fuera del equilibrio permite que los sistemas se autoorganizan sin cesar y de forma constante, (Sotolengo, 2006:60) incluso aparecen espontáneamente nuevos tipos de órdenes a partir de las fluctuaciones que al no der disipados por entropía interna del sistema perturbado, son capaces de “escapar hacia un orden superior” como sistema más complejo.

            Maturana y Varela (1995:53-4) señalan que la autopoiésis es una característica de familia de organizaciones con una dimensión autónoma. Agregan que estas organizaciones autónomas suceden sólo en circularidades del tipo de la autopoiésis con clausura operacional con operaciones al interior de un espacio de transformaciones. Se produce una forma de interacción mediado por la autonomía del sistema. Las diferentes modalidades de autopoiésis son fuentes de perturbaciones mutuas que por ser los sistemas además organizaciones homeostáticas se acoplan en relativa dependencia que permite que sus autopoiésis se especifiquen durante el acoplamiento con márgenes de tolerancia en las variaciones que se van determinando unos sistemas respecto a los otros. Entonces la evolución de la autopoiésis de cada sistema está determinado por la autopoiésis de todos los integrantes autopoiéticos de una unidad compuesta. Es decir, los sistemas vivos como sistemas autopoiéticos presentan el bucle autonomía/ dependencia en su desarrollo. Y en este acoplamiento como bucle autonomía/dependencia mantienen constante su organización, conservan su identidad y producen sus propios componentes que lo caracterizan mediados por el conjunto de los otros sistemas que lo envuelve como sistema, pero manteniendo su independencia y autonomía.

            De la mirada de ambos biólogos citados anteriormente (pág.25) podemos inferir que la autonomía de los sistemas está determinado en su estructura. Todos los sistemas están determinados estructuralmente y es producto de un acto de síntesis poética como una abstracción de las regularidades de la experiencia del observador y, por lo tanto, tiene validez en cada caso sólo en el dominio de regularidades en que surge”. Su dependencia se define por el carácter de sistema abierto que es todo sistema autopóiético, que lo une a su entorno en clivaje operacional, y que hace que su estructura cambie constantemente. La característica más peculiar de un sistema autopoiético (Maturana y Varela, 1995:28) es que se levanta por sus propios cordones, y se constituye como distinto del medio circundante por medio de su propia dinámica, de tal manera que ambas cosas son inseparables.



j)         Pincipio dialógico


¿Por qué dialógica y no dialéctica? En sus aspectos generales el metamétodo dialéctico tiene una estrecha relación con el pensamiento complejo. ¿Es lo mismo dialéctica que dialógica?
La dialéctica se centra en la interacción y la interrelación de fenómenos y procesos. La dialéctica tiene como fundamento el cambio permanente de las cosas, la transición de los fenómenos de un estado a otro. El mérito de la filosofía de Hegel (citado por Bechvarov, 1985: 662-4) es la restitución de la dialéctica como forma suprema del pensamiento. Concibe por vez primera todo el mundo de la naturaleza, de la historia y del espíritu como un proceso, es decir,  en constante movimiento, cambio, transformación y desarrollo, intentando además poner de relieve la íntima conexión que preside este proceso de movimiento y desarrollo. Hegel en su método dialéctico sostiene que el desarrollo tiene por origen la lucha de contrarios que se efectúa por medio del tránsito de los cambios cuantitativos a los cambios cualitativos;
La dialéctica es un nuevo método que revela dependencias y relaciones en la sociedad, como por ejemplo, que las instituciones económicas, políticas, legales y morales son en realidad socialmente interdependientes. Hegel adopta la conclusión griega acerca de la naturaleza de que los procesos históricos se desarrollan a través de los contrarios. Sostiene que toda tendencia que se desarrolla al máximo lleva en sí una tendencia opuesta que la destruye. Las fuerza contrarias aportan la dinámica de la historia y el equilibrio no puede ser jamás permanente; simplemente de una continuidad y una dirección al cambio;

Para el materialismo dialéctico, según Marx y Engels (1959), ésta enfoca las cosas y sus imágenes conceptuales sustancialmente en sus conexiones, en su concatenación, en su dinámica, en su proceso de génesis y caducidad. La dialéctica observa a la naturaleza, la historia y nuestra propia actividad espiritual en una trama unificada de concatenaciones, en lo que nada permanece en lo que era, ni cómo ni dónde era, sino que todo se mueve y cambia, nace y perece. La dialéctica no observa las cosas y los procesos de la naturaleza aisladamente, sustraídos a la concatenación del gran todo, estáticamente, como consistencias físicas, aislados, fijos, rígidos, enfocados unos tras otros, cada cual de por sí, como algo dado y perenne. Por el contrario los ve en su dinámica, sustancialmente variables, en su vida, al mismo tiempo lo que es y otro distinto.

La dialéctica según Marx (Bechvarov y otros, 1985:176, traducción del autor) es materialista porque parte del principio de que la existencia de lo que es reflejado es independiente de lo que lo refleja, de la independencia del mundo exterior con respecto a la conciencia. El materialismo ve en los conceptos de nuestro cerebro las imágenes de los objetos reales, en vez de considerar a éstos como imágenes de tal o cual fase del concepto absoluto. Con esto, la dialéctica quedaba reducida a la ciencia de las leyes generales del movimiento, tanto del mundo exterior como del pensamiento humano.

La esencia de la dialéctica marxista, su núcleo central es la unidad y lucha de los contrarios. Cada objeto contiene en sí contradicciones entendidas como aquellos momentos en que se encuentran en unidad indestructible, incluyéndose mutuamente en una y misma relación, surgiendo uno del otro. No hay contradicciones que no se encuentren en unidad, como tampoco no hay unidad sin contradicciones. La unidad de los contrarios es relativa, temporal y la lucha de los contrarios es absoluta. Toda contradicción antagónica se resuelve en que sus contrarios aunque se presuponen uno del otro, sin embargo la solución de la contradicción implica que al final se excluyen mutuamente, triunfando uno sobre el otro. Esa ley aclara las fuentes internas objetivas de cada movimiento, entendiéndose a partir de ello el movimiento como automovimiento, condicionando todo como algo orgánico, como sistema, en los cuales las contradicciones mutuamente surgen una de las otras, existiendo durante todo el proceso de desarrollo.

Sotolongo y otros autores (2006: 61) indican  que la dialéctica se ha ido construyendo en forma asimétrica que ha significado una deriva hacia la jerarquización de uno de los contrarios o polos en detrimento del otro, por ejemplo el orden, equilibrio, necesidad, etc. en detrimento del desorden, desequilibrio, u azar, entre otros. Además la transformación directa de un polo contradictorio en el otro la ha dicotomizado innecesariamente, generando un pensamiento formal alejada de la complejidad sistémica del pensamiento dialéctico. Sin embargo, agregan estos autores, este pensamiento formal choca con la complejidad sistémica que hoy día se entiende mejor, al comprenderse con mayo claridad que los desequilibrios, el azar, los desórdenes, las inestabilidades e impredictibilidades son parte natural del desarrollo de la naturaleza, la sociedad y el ser humano, sin los cuales los cambios o la existencia de cualquiera de ellas no sería posible.
           
La dialéctica de los contrarios es mejor comprendida, según estos mismos autores,  cuando se la entiende contextualizada, mediaciones que son el marco en cuyo interior se conjugan ambos contrarios y que permite las transformaciones mutuas. Esta mediación es lo que hace posible “… una interpretación realmente dialéctico-sistémica del comportamiento auto-organizante de la complejidad del mundo” (Sotolengo y otros, 2006:62), mediación del contexto que no son otra cosa que las circunstancias sociales desde donde el observador construye su visión sobre el “objeto social indagado”.

Cuál es la diferencia de la dialéctica con la dialógica?
Según Morin (1974), la concepción hegeliana de la dialéctica no superó los límites de la racionalidad clásica y lo mismo sucedió, con algunas diferencias según este autor con el resto de las concepciones dialécticas, incluido el marxismo. Esta racionalidad, continua Morín, dicotomiza los contrarios, plantea  una polaridad que simplifica la relación entre ellos. Esto autor plantea por el contrario,  la necesidad de tomar unidas en la reflexión, en el conocimiento estas nociones antagónicas, más allá de las exigencias de la lógica que plantea la no contradicción y tercero excluido, volviendo a los orígenes del pensamiento dialéctico donde el diálogo es fundamental.

Este principio ayuda a pensar en un mismo espacio mental lógicas que se complementan y se excluyen. El principio dialógico (Morin, 1974:31) puede ser definido como la asociación compleja (complementaria/concurrente/antagonista) de instancias necesarias para la existencia, el funcionamiento y el desarrollo de un fenómeno organizado. Si recordamos la bella metáfora del Taijiquan (Yang, 1999:63). “De la interacción de todo el Yin y el Yang se creó la vida y se desarrollo”, podemos inferir  que tanto el Yin como el Yang se generan y se contienen en lo circular. Son fuerzas contrarias con una línea divisoria suave que les permite interactuar de forma fluida y eficaz. Uno evoluciona hacia el otro, continuamente, sin parar. Tanto el Yin como el Yang, es decir, las dos fuerzas contrarias tienen un punto en el centro donde existe la mayor concentración de Yin y Yang. Ambos puntos permiten la formación sistémica circular de ambas fuerzas que desarrolla las interacciones que hace que uno contenga al otro, que el otro conserve al uno en alguna medida, es decir, hay yin en el yang y viceversa, transformándose en una relación continua y circular, evolucionado uno hacia el otro, excluyendo la posibilidad de fuerzas absolutas que se autoliquiden. Es la mirada dialógica de la vida donde tanto la unidad como lucha de los contrarios son relativas y ninguno excluye al otro, sino por el contrario, lo incluye, cada uno teniendo algo de su contrario en un diálogo auntocreador y autoorganizador de  sucesos nuevos constantemente. No se podría concebir el nacimiento del Universo sin la dialógica del orden/desorden/organización. No podemos concebir la complejidad del ser humano sin pensar la dialógica sapiens/demens. 

            Si nos guiamos por la metáfora del Taujiquan, una organización global compleja lo es por que emerge de esta interacción entre los cuerpos diversos que lo componen. La idea de que estos sucesos o fenómenos se vinculan por un punto central de su límite, donde se encuentra la mayor concentración de lo que podríamos denominar su identidad pero que a la vez con un límite suave que lo separa del resto de los sistemas que conforman su entorno, nos plantea dos miradas sobre esta forma de vinculación del bucle yin/yang. Primero este punto sería el lugar de mediación, de interacción en condiciones determinadas que hacen posible la conjugación de ambos contrarios. Pero al mismo tiempo esta conjugación nos muestra de inmediato la existencia de una red global, universal donde todo está vinculado, con interacciones constantes y continuas y que genera las transformaciones internas de cada suceso entendido como sistema, pero que además genera entropía al resto de los sistemas en un bucle entorno/sistema. Este es un proceso autoorganizador del sistema consigo mismo por reacción frente a las perturbaciones del entorno, pero además del propio sistema hacia su entorno.

            El sistema complejo surge de esta dialógica de interacciones múltiples contextualizadas, conservándose la organización a través de las ligaduras que se generan en estos puntos intermedios de cada fuerza “oponente” y de débil límite que permite esa interacción: En estos puntos intermedios se genera la posibilidad de que todos los sistemas se vinculen y se nutran, generando una autoorganización sin cesar que le da al mismo tiempo una autonomía relativa. Estas ligaduras, al entregar un entorno entrópico que posibilita las inestabilidades que condicionan los cambios del sistema, le dan libertad porque es el sistema el que decide que cambios asume, que elementos del entorno incorpora como elementos propios del sistema.

            Tenemos entonces la generación de una dialógica que genera cambios en los sistemas porque el contexto no es un ámbito separado del sistema, sino una red de interacciones permanentes donde nada se decide absolutamente independiente. El sistema decide pero en los marcos contextuales de esta red. Y con la presencia de esta red ya no vemos causas, sino procesos transformadores y condiciones también cambiantes para que esos procesos transformadores se generen. Desde esta perspectiva compleja, ningún análisis puede agotar la comprensión de un  fenómeno.


k)       Principio de reintroducción del cognoscente en todo conocimiento



Pero incorporamos al sujeto en la observación asumiendo que abandonamos este mundo predecible del cartesianimso y comprendiendo a los nuevos espacios cognitivos donde se forman bucles entre el sujeto y el objeto observado, con un sujeto que construye al objeto en su interacción con él, pero al mismo tiempo el propio sujeto es reconstruido por lo que él construyó en su interacción con él. Naymanovich (2013) sostiene que no nacemos “sujetos”, sino que nos vamos haciendo sujetos en este devenir constante de la vincularidad e interacción del bucle sujeto/objeto.  La individad no es una estructura fija, estable, una esencia creada de por vida, sino que los sujetos, las individades son estructuras cambiantes, propietarias de una gran fluidez y variabilidad, autogeneradoras de sí misma en esta interpenetración bucleana. El mundo de hoy, según la autora, no es un contexto pasivo, sino nuestra propia creación simbólico-vivencial.

Pero el mundo que construimos no es un “objeto mental”, agrega Naymanovich. Este mundo que va emergiendo también lo hace desde la multiudimensionalidad del entorno en que se construye. Si bien nuestra mirada no se puede desprender de nuestra propia cultura, de nuestra propia mundialidad, ese objeto que se construye tiene un “toque” de objetividad determinado por el ambiente en que vivimos, tiene historicidad, una trama que lo vincula a la sociedad, es un objeto que se construye por el sujeto pero como suceso o fenómeno en un devenir influenciado fuertemente por sus interacciones con su entorno, con la historia de un universo evolutivo del cual forma parte, adherido a él conformando momentáneamente un solo sistema. Entonces el mundo objetivo, como señala Naymanovich, es un mundo construido con el lenguaje, simbólicamente, pero en nuestra interacción con lo real, que condiciona su posibilidad de existencia. No es una posición solipsista.

En esta construcción el observador debe enfrentar la incertidumbre, el desorden cosmológico y social. Una forma de sortear este problema es a través del orden y la certidumbre subjetiva, y, según Naymanovich, tomarla como realidad objetiva. Esa es la propuesta cartesiana. Pero el desorden y la incertidumbre es precisamente la forma en que el observador mira su realidad, es la primera visión que tiene de ella, y tiende, entonces, a estigmatizarse como ignorante, irracional, una situación compleja que está lejos de comprenderla. Pero no hay que  olvidar, según Naymanovich, que el observador debe entender que la incertidumbre se posiciona como discurso de la complejidad incluyendo en bucle orden/desorden, certidumbre/incertidumbre, que en el cartesianismo se excluyen. Desde esta perspectiva el cosmos, la sociedad genera y engloba al sujeto cognoscente y al mismo tiempo el sujeto cognoscente engloba y genera al cosmos y a la propia sociedad, siendo uno el productor del otro, y viciversa. Pero   el viejo orden cartesiano lineal está en crisis muy profunda, se está muriendo, pero el pensamiento nuevo, complejo no termina de nacer.

Maturana y Varela en “El Árbol del conocimiento” (1984:7) señalan que “…toda experiencia cognoscitiva involucra al que conoce de una manera personal, enraizada en su estructura biológica…”. Señalan que la experiencia del observador está amarada a su estructura, que no vemos el espacio del mundo en que vivimos, sino nuestro campo visual. Conocemos ese mundo sin poder separarlo de nuestra historia de acciones biológicas e históricas. Existe una circularidad, encadenamiento, según ambos biólogos, entre el ser de una manera particular y como el mundo lo vamos construyendo, lo vamos trayendo a la mano. Ellos lo plantean con el aforismo que todo lo dicho es dicho por alguien y que toda reflexión trae un mundo a la mano, porque traer a la mano se asocia a las profundidades de nuestro ser cognoscitivo: lo hace un ser humano en un lugar particular.

            Cuando el observador explica recrea observaciones en los marcos de un sistema de conceptos aceptables para él y su grupo. Maturana y Varela (pág. 14) plantean cuatro condiciones en la generación de un sistema explicativo científico en la creación del mundo que los rodea:
1.    Descripción del o los fenómenos a explicar de una manera aceptable para la comunidad de observadores;
2.    Proposición de un sistema conceptual capaz de generar el fenómeno a explicar de una manera aceptable para la comunidad de observadores (hipótesis explicativa);
3.    Deducción a partir de lo anterior (2) de otros fenómenos no considerados explícitamente en su proposición. Así como la descripción de sus condiciones de observación en la comunidad de observadores;
4.    Observación de estos otros fenómenos deducidos a partir de (2);

Con estas condiciones planteadas por los biólogos se señala cuál va a ser la descripción de partida del fenómeno del conocer y que traerá ese mundo a la mano, y como toda explicación debe validable científicamente, el entender el conocer debe ser una acción efectiva, “acción que permita a un ser vivo continuar su existencia en un medio determinado al traer allí su mundo a la mano”.

Pero hay que distinguir entre determinismo y predictibilidad del observador. La predictibilidad está relacionada con la posibilidad de existencia de otro estado a partir del estado presente que resultará de la dinámica estructural del sistema u objeto que se observa. Es lo que se espera que ocurra. Pero la completa predictibilidad no es posible, porque no siempre se conoce lo que es necesario conocer para predecir. Maturana y Varela (pág. 82) plantean las siguientes razones que dificultan la predictibilidad, pero que no impide el surgimiento de ese mundo a la mano al cual se refieren los dos autores:
    1. Incapacidad observacional: dificultad de conocer todas las variables relevantes del fenómeno y sus principios de movimiento y transformación;
    2. Limitación conceptual: dificultades para imaginar un sistema determinista detallado que da origen al fenómeno;
    3. Dificultades para determinar el cambio de estado de un sistema al ser observados, sacándole del dominio de predicción de éste.

Según Morín (2010), lo que está pendiente para superar el viejo método científico cartesiano es la constitución de un nuevo principio organizador del conocimiento que, asocie a la descripción del objeto la descripción de la descripción y el surgimiento del descriptor, dando fuerza a su vez tanto a la articulación y a la integración, como a la distinción y a la oposición. Concluye Morín( 2010:35) señalando que “Nos servimos de nuestra estructura de pensamiento para pensar. Necesitamos también servirnos de nuestro pensamiento para repensar nuestra estructura de pensamiento, para “pensar lo pensado”. Nuestro pensamiento debe volver a su fuente en un bucle interrogativo y crítico”.

Según Morín (2010, Novena edición), hay que devolver el protagonismo a aquel que había sido excluido por un objetivismo epistemológico ciego. Reintroducir al cognoscente en todo conocimiento. Hay que reintroducir el papel del sujeto observador/computador/conceptuador/estratega en todo conocimiento. Por ello hay que hacer una necesaria distinción entre el computar y el cogitar del sujeto en el observar el objeto. El sujeto no refleja la realidad. El sujeto construye la realidad.(:23)

En el conocimiento científico ni la observación micro-física ni la observación cosmos-física pueden ser separadas de su observador. Todo concepto no sólo se debe referir al objeto concebido, sino que también  al sujeto conceptuador. Y ello debe ser así porque todo objeto es pensado y es pensado por un observador que observa desde una cultura determinada, de una determinada sociedad hic et nunc, porque todo conocimiento esta determinado en alguna medida sociológicamente con una dimensión antropo-social. Ya no es posible negar que la ciencia natural tiene un origen cultural; y la ciencia física una naturaleza humana y natural, y esta última también un origen fisco.

Morin(1986) señala que la elucidación del bucle física-->biología-->antropo-sociología  topa con una triple imposibilidad:

1. Invade todo el campo del conocimiento y exige un saber enciclopédico imposible;
2. Frente al principio que aísla, el desarrollo de otro principio capaz de volver a unir lo aislado y separado;
3. El carácter circular de esta relación del bucle adquiere la figura de un círculo vicioso, es decir, de absurdo porque cada uno depende del otro;

Reintegrar al observador en la observación hace necesario, como plantea Morín (1986), articular la ciencia antro-social a la ciencia de la naturaleza, recreando con ello la estructura actual del saber. Este autor nos invita a plantear una nueva concepción del hombre como un concepto trinitario individuo-sociedad-especie, donde ningún término se subordine al otro. Nos invita también a vincular la esfera antropo-social a la esfera biológica y ambas a la esfera física. El sujeto observante y conceptualizador es un ser cultural, y por ello toda realidad concebida no sólo se remite al objeto sino que también a ese sujeto cultural conceptualizador. De esta manera la realidad antro-social se proyecta, siguiendo a Morín, en la esencia misma de la física y de las ciencias naturales, terminando con la disyunción que condenan a las ciencias humanas a la inconsistencia extra-física, y a las ciencias naturales a la inconsistencia de su realidad social, haciéndolas por el contrario, dependientes entre sí.

La relación física-biología-antropo-social es circular, y se nos muestra como un círculo vicioso porque presenta en su relación tres problemas, según Morín, no disipados aún: la imposibilidad del saber enciclopédico, epistemológico del observador o la ausencia de un nuevo principio de organización del saber y la presencia del principio de disyunción, y, la muralla lógica o presencia del círculo vicioso. Morín plantea la necesidad de transformar el círculo vicioso en círculo virtuoso, convirtiéndolo en un movimiento reflexivo del pensamiento sobre el pensamiento, generador de un pensamiento complejo. La circularidad no debe ser rota, señala Morín, pero su ruta debe ser en espiral, poniendo el saber del observador en ciclo activo para generar aprendizaje, articulando los puntos de vista disjuntos del saber en un movimiento permanente, evitando encerrar la realidad en la lógica de un sistema, energetizar a los conocimientos cruciales del observador, los puntos estratégicos, los nudos de comunicación, las articulaciones organizacionales superando la disyunción. La barrera enciclopédica para instaurar un nuevo método de la ciencia para que la ciencia observe y piense la ciencia consiste en dejar de entender el enciclopedismo como acumulación de conocimientos en términos de totalidad, sino que debe entenderse, como señala Morín, en términos de organización y de articulación de saberes en el seno de un proceso circular activo.

Desde la perspectiva del enciclopedismo, Morín nos advierte que él debe ser entendido en su sentido originario: agkulkios paidea, que significa poner el saber en ciclo, en-ciclo-pediar, “aprender a articular los puntos de vista disjuntos en un ciclo activo”. Esta en-ciclo-pedismo, según Morín, abre camino al observador para articular lo disjunto permitiendo los conocimientos cruciales, los nudos de comunicación entre ellos, organizándolos, complejizando lo simplificado. El movimiento enciclante, señala el autor que citamos, genera por el observador un movimiento organizador del conocimiento donde descripción del objeto y descripción de la descripción y la visibilidad del descriptor potencia no sólo la articulación sino que también la oposición al interior de la descripción. Pensamos con nuestros conocimientos, pero también repensamos lo pensado con ellos en forma crítica, evitando la petrificación de nuestro entendimiento. Entonces las viejas formas de explicación caen, surgiendo nuevos principios y nueva organización del pensamiento. Reorganizamos nuestro sistema de pensamiento para desaprender y reaprender a aprender. Y esto es lo fundamental del nuevo método científico, el cual niega el pensamiento simplificante tradicional newton-cartesiano, el pensamiento que racionaliza, que encorceta toda realidad en determinados órdenes, le da rígidas normas, impidiendo que él se mueva libremente en busca de sus propios caminos.

En este camino de superar el viejo método científico, Morín (1977:16 Tomo I)  plantea que "Debemos partir de la extinción de las falsas claridades. No de lo claro y distinto (...). Es cierto, para empezar carecemos de método; por lo menos podemos disponer de un anti-método, donde ignorancia, incertidumbre, confusión se vuelven virtudes".




l)         Principio de la incorporación de las TICs en el saber


La tecnología es la extensión del cerebro (Venegas, 2001), es el despliegue de los procesos lógicos de la vida que nos permite avanzar hacia nuestro propio interior, hacia nuestro computador biológico. Este autor señala que hay que entender a los aprendices cibernéticos como viajeros del conocimiento, lógicos consumados que desafían la creatividad y hacen emergen nuevos campos de invención a través de sus múltiples interconexiones dialógicas en una infinita multidireccionalidad. Los civernavegantes son diseñadores constantes de micromundos. Comprender a las TICs como prolongación del cerebro humano permite a los profesionales terminar con la alienación de los cibernavegantes respecto de estas tecnologías.

En la sociedad de la movilidad el hombre y la mujer pueden ser entendidos como seres energocibernéticos. Esto significa que  son holoestructuras, cuerpos que se prolongan  en las tecnologías que se ha creado como extensión de su cerebro y que se rehacen sin cesar. Son cuerpos que pasan de lo material a lo virtual y viceversa, y en su viaje van adquiriendo infinidad de formas como la luz y su propiedad multiforme de onda-corpúsculo (Venegas, idem). El ciberespacio es el ambiente que crea a este ser luminizado. La tecnología electrónica con sus computadores, redes de comunicación y ambientes virtuales son los sostenes del ciberespacio donde los seres humanos energocibernéticos navegan como holoestructuras. En él, los humanos como holoestructuras en su navegar incesante unifican la tecnología, el conocimientos y la invención, los cuales se materializan es estos seres energocibernéticos que transitan constantemente de ser material a ser virtual y viceversa, en hombres y mujeres tremendamente poderosos/as, más allá de lo que hoy día conocemos. Son profesionales que pasan de la tecnología a la inteligencia, a la sabiduría y a la invención, transformándose en este juego de pasos reales-virtuales-reales a través de la pedagogía lumínica en poderosos dueños de los nuevos secretos informáticos,

En la sociedad compleja de la movilidad, las tecnologías deben ser utilizadas como herramientas para enseñar a pensar, desarrollar las fuentes del saber y avanzar en una verdadera sociedad del conocimiento. Los scomo aprendices se encontrarían en un proceso expansivo sin fin de aprendizaje: viviríamos la época del mobile apprenticeship, un aprendiz en constante renovación de sus saberes. Según Venegas, la tecnología va expresando cada vez más en forma aproximada la arquitectura organizacional del cuerpo humano, la lógica del cerebro y del sistema nervioso central. La tecnología es la extensión del cerebro, es el despliegue de los procesos lógicos de la vida. Los profesionales lo intuyen y de ahí se genera una relación amistosa con las TIC.
Se desautomatiza la inteligencia y el cerebro que ya no es sólo máquina supercomputante, sino que se transforma también en máquina que piensa, que crea su propia noosfera y el conocimiento se transforma de organización computante en organización cogitante-computante (Morin, 2006) de gran mobilidad. La relación de bucle entre la computación cerebral y la cogitación es fundamental, porque permite desarrollar en el aula una interrelación tutor/aprendiz  de lógica compleja, que busca asociar lo que la primera (la actividad computacional humana) disyunta, buscando la conjunción de lo separado artificialmente, coordinando palabras e ideas en discursos, sistematizándolas. El sujeto observante y conceptualizador es un ser cultural, y por ello toda realidad concebida no sólo se remite al objeto sino que también a ese sujeto cultural conceptualizador. Esto significa que los aprendices se producen y reproducen a partir de ellos mismos, configurándose a partir de sus propios medios, constituyéndose como algo diferente del medio.
En la noosfera encontramos infinidad de información como fuerzas de densidades diversas que se atraen o repelen. Son fuerzas que interactúan, y se atraerán aquellas que presentan estructuras parecidas de información, y se repelerán las que no presentan esas características. Se producirá en las primeras un intercambio de información donde la mobilidad del aprendiz y su capacidad de desarrollar nuevos conocimientos se desarrollará sobre la base de sus propiedades de sujeto cultural conceptualizador desde su visión antropo-social-biológica y física. El aprendiz debe ser capaz de ver y elegir aquellas informaciones que lo circundan en su relación con las TIC, sus tutores, el resto de los aprendices, con los textos y con él mismo desde su propio cerebro que le mantiene oculta, no consciente una enorme información. El aprendiz está inmerso en una totalidad de información, está dentro de ella y las observa como una red interminable de interconexiones.
El conocer hoy implica herramientas tecnológicas que ha creado para cada persona  un cúmulo de información, transformando al mundo de hoy día es una red de relaciones donde interactuamos a través de un gigantesco sistema hipermedial, sino el más grande, el único que ha movido las estructuras de la Sociedad. Saber hoy día implica la necesidad de promover un conocimiento capaz de abordar los problemas globales y fundamentales utilizando las tecnologías de la información para inscribir allí los conocimientos parciales y locales, terminando con ello con el desanclaje denunciado por Giddens. Se debe desarrollar, como dice Morin, la aptitud natural de la inteligencia humana para ubicar todas sus informaciones en un contexto y en un conjunto, y para ello las TICs juegan hoy día un papel fundamental.

El proceso del conocimiento está sustentado en la actualidad en un entorno de comunicaciones veloces compuesto de complejos y diversos lenguajes. Hay que abrir lo existente a otras posibilidades, ampliando los sucesos de lo que puede suceder. El conocimiento debe ser capaz de introducirse en la esencia de la época, con su carga de contradicciones y tendencias, con sus transformaciones, a través de los procesos dialécticos del desarrollo, en otra época nueva, en un nuevo tiempo


La sociedad red de la información y la cultura digital que vivimos en la actualidad ha profundizado la complejidad  de la sociedad del conocimiento y la movilidad. Esto nos enfrenta a la necesidad de un ser humano profundamente energocibernético, capaz de manejar un nuevo sistema conceptual que le permita recrearse constantemente y enfrentar con éxito las fuertes perturbaciones del entorno a que está siendo sometido. En esta perspectiva, los seres humanos  deben ser capaces de asumir las nuevas coordenadas de ubicación interpersonal que ha trastocado los límites de los espacios convencionales con el surgimiento, por ejemplo de weblogs y fotologs, de redes sociales como facebook, con la democratización simbólica, con la superación de software propietarios (Wiki, etc.), con la existencia de un ciberespacio eminentemente visual. Todo ello está impactando las relaciones individuales y de grupo, creando estructuras hipercomplejas sociales nuevas, programas educativos a distancia, generando con todo ello una nueva integración social.

La presencia de la red en la vida querámoslo o no está generando un nuevo diseño del conocimiento, con exigencias socio-cognitivas, epistemológicas y reflexivas muy potentes. Estamos viviendo una nueva forma de construcción social
de la realidad, con una significativa apropiación simbólica y material del universo
de la información, en una relación dialógica entre identidad y diferencia, unidad y
pluralidad. Surge entonces un bucle tecnologías de la información en sus diversas formas  y una  nueva epistemología de segundo orden que nos lleva a repensar contantemente lo pensado. El ciber espacio, la noosfera nos entrega un mundo sorprendente de nuevos datos que computamos ordenándola en información. Pero este verdadero destello sorprendente lo cogitamos pensando lo pensado con nuestro sistema conceptual, nuestra cultura y la mundialidad que nuestro cerebro posee. Lo cogitado se vuelve hacia nosotros y nos vuelve a transformar, exigiéndonos en un movimiento sin fin fortalecer nuestros conocimientos previos para poder re-cogitar lo cogitado.  Y al mismo tiempo, con esta nueva visión transformamos ese mismo entorno que nos recreó.


La tecnología ya es parte consustancial de nosotros mismos. Vivimos una época de tal fuerza influenciadora de las tecnologías que la cultura se extiende y desarrolla como cibercultura y la medicina como cibermedicina. Hoy día los mensajes ya han atrapado a los medios, dejando de ser el medio el mensaje. Ya se ha superado la tranquilizadora edad del hardware y nos encontramos en una inestable época del software, donde la sociedad está por circuitos y códigos complejos difíciles de comprender.




[1] Investidura del Profesor Dr. Stafford  Beer como “Doctor Honoris causa” por la Universidad de Valladolid. “Laudatio” Dr. José Pérez Ríos. Valladolid 2001
[2] Idem.
[3] Idem pág. 17
[4] Nombre de origen Indú que significa “Reina de los dioses” y que resalta por su potencia y fuerza. En la mitología védica, nombre del dios del cielo y la lluvia, equivalente al griego Zeus o al romano Júpiter.
[5] Teoría de la Matriz-S o filosofía de la “tira de botas” (Geoffrey Chew). Esta filosofía constituye el rechazo final a la visión mecanicista del mundo por parte de la física moderna.

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