lunes, 27 de mayo de 2013

La reveladora historia de Einstein y su primera esposa Marvic

NUNCA SE SUPO A TIEMPO ESTA REVELADORA HISTORIA DE MILEVA MARIC PRIMERA ESPOSA DE EINSTEIN.                        
 
Mileva Maric y Albert Einstein se conocieron en la Universidad Politécnica de Zürich a finales del siglo XIX. Maric era la única mujer que estudiaba matemáticas y física en aquella universidad. En 1896 iniciaron una relación sentimental y Einstein estaba fascinado por la intensa colaboración intelectual que recibía de parte de su compañera serbia. A la única persona que disgustaba aquella relación era a la madre del genio, una alemana misógina y xenófoba, que nunca vio con buenos ojos a la serbia“Ella es un libro igual que tú, pero lo que tú necesitas es una mujer. Cuando tengas 30 años, ella será una vieja bruja”.
 


Como sea, la pareja estaba flechada porque ambos hablaban el mismo lenguaje: ella le dio clases de matemáticas(que nunca fueron el fuerte de Einstein), preparaban juntos sus exámenes y compartían el mismo interés por la ciencia y por la música. Einstein le escribió en 1900: “Estoy solo con todo el mundo, salvo contigo. Qué feliz soy por haberte encontrado a ti, alguien igual a mí en todos los aspectos, tan fuerte y autónoma como yo”.

En 1902, Einstein se trasladó a la ciudad de 
BernaSuiza, donde consiguió empleo en una oficina de patentes. Tras cinco años de convivencia Albert y Mileva terminaron casándose a comienzos de 1903 y tuvieron su primer hijo al año siguiente. En sus ratos libres, Einstein desarrolló, entre otras cosas, la Teoría de la relatividad especial que habría de revolucionar la física moderna. Los frutos de su trabajo fueron publicados en 1905, en la -en aquel entonces- prestigiosa revista Annalen der Physik.
 


Cuando se le preguntaba a Mileva por qué no firmaba los artículos que elaboraba junto a su esposo, su respuesta era: "Wir sind ein Stein!" (Somos Einstein), que en alemán significa “somos una piedra”.
 
Esta es más o menos la historia oficial, la que todos sabemos; pero se puede ahondar un poco más en la vida privada del genio, en sus inicios y sobre todo, en la relación con su primera esposa.
Aunque Mileva fue una sobresaliente matemática, nunca logró terminar formalmente sus estudios, en cambio Albert pudo defender su tesis doctoral en 1905. Para 1908, Einstein consiguió finalmente un puesto de profesor en la Universidad de Berna. En cuanto a Mileva, el matrimonio la obligó a abandonar definitivamente la universidad y la física.
Existen varias cartas del noviazgo en las que Einstein le pide aclarar información,  debate  con ella  el por qué de sus ideas de la relatividad (de ella) e inclusive se refiere a “nuestra teoría” y le da un trato de colega. A partir de estas evidencias hay estudiosos que concluyen que las ideas fundamentales de la teoría de la relatividad fueron de Mileva Maric, quien no pudo continuar con su carrera puesto que se hizo cargo del cuidado de los hijos, uno con retraso mental, lo que desde luego le exigió más cuidados maternales. Incluso ahora se sabe que engendraron una niña en 1902, antes de casarse, de la cual se sabe muy poco, sólo que la entregaron en adopción...
Mientras ella cuidaba de sus hijos y renunciaba a la ciencia, Einstein desde su puesto académico tuvo el tiempo suficiente para concluir sus estudios y desde luego para desarrollar la teoría, de la que se sabe ahora, que el crédito no era del todo suyo. En esa pareja de físicos alguien tenía que cuidar a los niños, alguien tenía que lavar y preparar la comida; y ése fue el papel que Einstein y la sociedad patriarcal asignaron a Mileva, quien subordinó todas sus aspiraciones a las necesidades de sus hijos, a los objetivos de su esposo y puso todos sus conocimientos a su servicio.
 

"Mi gran Albert ha llegado a ser célebre, físico respetado por los expertos que se entusiasman por él. Trabaja incansablemente en sus problemas. Puedo decir que sólo para eso vive. Tengo que admitir, no sin vergüenza, que para él somos secundarios y poco importantes", escribía Mileva a unos amigos. Einstein a su vez admitía:"Nuestra vida en común se ha vuelto imposible, hasta deprimente, aunque no sé decir por qué".

Con el paso del tiempo la relación se tornó disfuncional. Ella ya no le resultaba divertida y tampoco contaba con el tiempo para aportar nuevas ideas ni conocimientos. Las “Reglas de conducta” que Albert Einstein le impuso por escrito en 1914 son una cruda muestra de su autoritarismo y, a su vez, del machismo y violencia psicológica que ejerció en contra de Mileva:

“A. Te encargarás de que:
  1. mi ropa esté en orden,
  2. que se me sirvan tres comidas regulares al día en mi habitación,
  3. que mi dormitorio y mi estudio estén siempre en orden y que mi escritorio no sea tocado por nadie, excepto yo.
B. Renunciarás a tus relaciones personales conmigo, excepto cuando éstas se requieran por apariencias sociales. En especial no solicitarás que:
  1. me siente junto a ti en casa,
  2. que salga o viaje contigo.
C. Prometerás explícitamente observar los siguientes puntos cuanto estés en contacto conmigo:
  1. no deberás esperar ninguna muestra de afecto mía ni me reprocharás por ello,
  2. deberás responder de inmediato cuando te hable,
  3. deberás abandonar de inmediato el dormitorio o el estudio y sin protestar cuanto te lo diga.
D. Prometerás no denigrarme a los ojos de los niños, ya sea de palabra o de hecho.”
Con este tipo de imposiciones obviamente que las cosas no funcionarían nunca, por lo que los Einstein terminaron separándose en 1914. Einstein volvió a casarse en 1915 con una de sus primas, Elsa Einstein, quien también era divorciada y tenía dos hijas. Esta nueva relación marital fue como un necesario soplo de vida para el aún desconocido físico, ya que apenas un año después y con una inusual lucidez y energía dio a conocer su famosa Teoría General de la Relatividad que Mileva había preparado.
 


Elsa fue la mujer sumisa que Einstein buscaba. En silencio y total sumisión supo mantenerse a prudente distancia, dedicada al hogar y facilitándole el trabajo de investigación. Su doméstica obediencia dio un paso más cuando aceptó organizarle la agenda y restringirle el número de visitantes que aspiraban hablar con él, a medida que crecía su fama.
 
De los hechos se desprende que Einstein nunca necesitó una esposa sino una secretaria, y que no quiso formar una pareja científica ni conceder crédito alguno en su teoría a su ex esposa Mileva. Quizá por eso, de alguna manera le pagó por su aporte, al otorgarle el dinero que ganó por el Premio Nobel de Física.
 
Un detalle bastante revelador aportado por la feminista alemana Senta Trömel-Plözt es que, cuando Albert y Mileva se separaron oficialmente en 1919, el documento del divorcio incluyó una cláusula de que, en caso de recibir Einstein algún premio por los artículos publicados en 1905 en los Annalen der Physik, debía entregárselo íntegramente a Mileva. ¿Tenía la esperanza Mileva que ese trabajo revolucionaría al mundo? ¿Cómo pudo saberlo si no fue parte del mismo? Es claro que ella fue la autora del mismo.  Fue en los años de su vida conjunta, hasta 1914, cuando nacieron las obras más importantes de Einstein, por lo que algunos creen que el papel de su mujer era significativo y definitivo, sobre todo en matemáticas, materia en la que alguna vez brilló en su Facultad.
 

Y fue así que en 1921 Albert Einstein ganó el Nobel de Física por sus publicaciones de 1905, y un año después le entregó la totalidad del dinero del premio a su ex-esposa. Y también hay que decirlo: Einstein era un misógino empedernido. Estaba convencido de que “Muy pocas mujeres son creativas. No enviaría a mi hija a estudiar física. Estoy contento de que mi segunda mujer no sepa nada de ciencia”. Decía también que “la ciencia agría a las mujeres”, de ahí la opinión que tenía de Marie Curie: “nunca ha escuchado cantar a los pájaros”. Aun así, dentro de ese machismo recalcitrante, fue quien acuñó la célebre frase: “¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”.
Mileva vivió hasta el último de sus días en Zúrich, en un apartamento con vista a la facultad en la que estudiaron juntos. El piso fue comprado justamente con el dinero del Premio Nobel que debió ganar ella.
Sirva este pequeño retrato de Mileva Maric como homenaje a esas miles, millones de abnegadas esposas y madres, que han sacrificado sus sueños, carreras e ideales, porque el instinto maternal y el amor han sido más fuertes que el estatus.

jueves, 16 de mayo de 2013

Ciencia, tecnología e innovación para el desarrollo y la cohesión social Programa iberoamericano en la década de los bicentenarios




Ver documento completo en:
http://www.oei.es/documentociencia.pdf

Presentación
El conocimiento científico y tecnológico es una de las principales riquezas de las sociedades contemporáneas y un elemento indispensable para impulsar el desarrollo económico y social. La ciencia, la
tecnología y la innovación se han convertido en herramientas necesarias para la transformación de
las estructuras productivas, la explotación racional de los recursos naturales, el cuidado de la salud,
la alimentación, la educación y otros requerimientos sociales.
Los países de Iberoamérica tienen hoy la oportunidad de consolidar avances logrados en los últimos
años y enfrentar los desafíos pendientes en el plano de la economía, la sociedad, la educación y la
cultura. El conocimiento científico y tecnológico puede contribuir en gran medida a que ello sea
posible. Los desafíos deben ser enfrentados con una mirada estratégica, de largo plazo y en profundidad, fortaleciendo los lazos comunes. Vincular las instituciones de ciencia y tecnología con las
demandas sociales conlleva un proceso que moviliza, no solamente a la comunidad científica, sino a
muchos otros actores de la vida social.
Un programa de ciencia y tecnología para el desarrollo sostenible, la equidad y la cohesión social,
aplicable a escala iberoamericana, sería una herramienta de gran ayuda para el logro de objetivos
de cada país y del conjunto de ellos. Un programa de tales características debe reconocer la diversidad de realidades nacionales y ser capaz de convertirla en una riqueza que fortalezca al conjunto,
abriendo las puertas a la cooperación entre los países de Iberoamérica.
El fortalecimiento institucional, la formación de investigadores y tecnólogos, la creación de instrumentos de vinculación y la difusión social de los conocimientos constituyen rasgos centrales de un
programa de ciencia y tecnología para el fortalecimiento de la cohesión social y la ciudadanía, que
pueda ser adoptado por la comunidad iberoamericana. No se trata de crear un programa más, sino
de generar un marco de consensos que, con una mirada estratégica, facilite la sinergia y la convergencia de muchas de las iniciativas existentes, complementándolas con otras nuevas que surjan del
diagnóstico y de los objetivos que se acuerden.
El documento que aquí se presenta tiene el propósito de constituir un aporte para una discusión
amplia y generosa, cuyo resultado sea un diagnóstico compartido y un conjunto de propuestas que
puedan transformarse en un programa común, en este momento histórico en el que se conmemoran los bicentenarios. El texto inicial ha sido elaborado por un grupo de expertos convocados
por la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) a
través del Observatorio de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad, dependiente del Centro de Altos
Estudios Universitarios. A lo largo de los próximos meses será enriquecido, corregido y ajustado
siguiendo las sugerencias que sean formuladas por un amplio número de colegas de Iberoamérica
que serán invitados a emitir su opinión.
El Espacio Iberoamericano del Conocimiento ofrece el marco adecuado para este debate, así como
para establecer estrategias de acción conjunta en el plano de la educación superior, la investigación,
el desarrollo tecnológico y la innovación, con la mirada puesta en el desarrollo productivo y la equidad social.
Álvaro Marchesi Ullastres
Secretario General de la OEI

domingo, 12 de mayo de 2013

Crónicas desde Chile: La “salida” a la profundización de la crisis: el salvataje de la banca privada


Santiago, septiembre de 1984

INTRODUCCIÓN
Este es un artículo que se escribe en Chile y forma parte de un libro aún no publicado que analiza la situación chilena en el período 1983-87 y que se escribe en ese período.  Su publicación en este Blog, que está dedicado fundamentalmente a problemas de educación, se hace porque la discusión sobre gratuidad de la educación hoy día plantea al mismo tiempo una profunda reforma impositiva que debiera aumentar significativamente los impuestos a la banca, entre otros sectores del capital monopólico, especulativo y transnacional en Chile. 
Las escandalosas ganancias de los bancos hoy día y los abusos cometidos con sus clientes exigen que esa reforma tributaria se haga pronto.

Las restricciones del mercado norteamericano al cobre chileno, así como en el pasado reciente al acero mexicano, muestra una tendencia al fortalecimiento del proteccionismo en los países altamente industrializados como una forma de superar la actual crisis que viven.

El líder democratacristiano chileno Radomiro Tomic, ha señalado que “Por lo que toca al “libre comercio internacional, es obvio que Europa occidental, Estados Unidos y Japón, han aprovechado a fondo sus ventajas comparativas para construir la economías más poderosas del mundo. Pero no de un modo tan automático y simple! El secreto del éxito  se ha debido en todos los casos y desde siempre a que Europa, Estados Unidos y Japón han utilizado una doble metodología: la del “libre comercio internacional” como norma general, pero, simultáneamente, el reconocimiento de todas las excepciones específicas en pro del interés nacional en determinadas circunstancias concretas. Así ha sido antes y sigue siendo ahora”. [1]

No ha sido ese el caso de la débil economía chilena. El régimen fascista abrió las fronteras del país a la voracidad del capital transnacional, creyendo que en honor a los principios de las “ventajas comparativas” y del “libre comercio internacional”, los países industrializados harían lo mismo. Por el contrario, la respuesta es el proteccionismo a las grandes empresas capitalistas frente a las exportaciones de los países dependientes, agravando aún más sus limitaciones de baluta para su desarrollo y el pago de amortizaciones e intereses de la deuda externa de la región.


Además de estos problemas que afectan al sector externo de la economía chilena, hay que sumar las posibilidades de una nueva crisis energética derivada de la guerra del Golfo Pérsico. Su no término amenaza con una escasez de crudo y con la permanente alza del dólar. Chile se ve afectado doblemente, porque el país depende en un 60 % de las importaciones de petróleo, y a la vez, el alza del dólar aumenta el volumen real de la deuda externa. El dólar seguirá subiendo. “El bombardeo de tanqueros en el Golfo Pérsico mantendrá el dólar fuerte”. [2]

En esta situación, Chile ha estado negociando con el Fondo Monetario Internacional, (FMI). En 1983, la crisis en el país se manifestó en un saldo negativo de la balanza de pagos de alrededor de 1 500 millones de dólares. La Junta Militar se ve obligada a solicitar a los acreedores la postergación de las amortizaciones y la renegociación del pago de los intereses.

En 1984, la situación de su balanza de pagos no varió sustancialmente y el gobierno firmó nuevos compromisos con el FMI para obtener facilidades de sus acreedores, supeditando a dicho organismo internacional la política económica.

El FMI acepta garantizar nuevos préstamos de sus acreedores a Chile, cuando el régimen se comprometió a mantener una inflación no superior al 20 por ciento, a fijar aranceles a las importaciones hasta un promedio de un 20 por ciento, a no sufrir pérdidas de reservas de divisas en relación al año 1983, a mantener el déficit fiscal entre un 4.57 y un 5. 37 por ciento del PGB, a disminuir los ingresos reales de los trabajadores, a limitar la emisión de circulante a un equivalente aproximado a 1 400 000 de dólares y, asegurar de esta manera, un crecimiento económico del país en sólo un 4 por ciento del PGB con respecto al año anterior. [3]

La subordinación al FMI no sólo ha significado la pérdida de la independencia total del régimen de Pinochet en la elaboración de su política económica, sino que además la pérdida de la soberanía de la nación respecto de los EE UU. El artículo 12.11 del convenio suscrito con dicha entidad señala que “Este acuerdo (…) está regido por y se ha redactado de acuerdo con las leyes del Estado de Nueva Cork, USA…” En otra parte se agrega que “Ni el Banco Central (de Chile) ni ninguna de sus propiedades tiene ninguna inmunidad (soberana o de otra índoles) … con respecto a las obligaciones de este acuerdo…”, y termina señalando que anticipadamente el Banco Central y la República de Chile “renuncian irrevocable e incondicionalmente, en la más amplia forma que sea posible, a cualquier defensa para reclamar de la juridicción de esa corte (de Nueva York) basada en el lugar del domicilio del deudor o garante”. [4]

La crítica situación del sector externo de la economía chilena, también se ha agravado por la permanente fuga de capitales del país. En los años de dictadura fascista se han sacado entre siete y ocho mil millones de dólares, cifra que equivale a un tercio del total de la deuda externa de Chile.[5] En los últimos meses, la cifra ha alcanzado la suma de 1 500 millones de dólares, exactamente la cantidad que el país necesitó para amortizar los intereses del año 1983. Se estima que esta salida de capitales sigue aumentando, debido a que no existen controles y que las tasas de intereses internacionales siguen elevándose. Hoy día, el sector privado chileno exporta capitales, mientras que al mismo tiempo el Estado, con los dineros de todos los chilenos cancela la fuga de divisas como deudas del sector privado a la banca internacional.

La dependencia del país a los dictados del FMI sólo consiguieron deprimir el nivel de vida de los chilenos y aumentar la escasez de recursos internos. El problema central hoy día para cancelar la deuda externa, es un problema que tiene relación no ya tanto con la obtención de nuevos recursos externos, sino más bien con la asignación de los escasos recursos que el país dispone. Hasta hoy día, Chile utiliza casi un 50 % de los recursos obtenidos por sus exportaciones en el servicio de la deuda externa. Ello trae consigo bajo crecimiento, cesantía y pérdida del ingreso real de los trabajadores.[6] Se trata, entonces, de independizarse de las exigencias del FMI, vocero de la banca internacional, y redistribuir los recursos internos de tal manera que el pago de la deuda externa no entrabe el desarrollo económico-social de la nación, asignando a dicho pago cantidades que no superen a un 10 % de las exportaciones nacionales. Pero una decisión política de este tipo, no está en condiciones de tomarla la dictadura, precisamente por la dependencia ideológica, política y económica que tiene de las transnacionales y del gobierno de los Estados Unidos.

En el plano interno de la economía del país, la crisis de manifiesta con la amenaza de un quiebre generalizado del sistema financiero local. El grado de explotación que impuso el capital financiero condujo a la gran mayoría de los deudores a no pagar sus compromisos. “La crisis del endeudamiento interno queda de manifiesto en la absoluta desproporción existente entre la “cartera vencida” (créditos no pagados, nota del autor) de los bancos privados y su capital. Según el balance de los bancos nacionales al 31 de diciembre de 1982, la cartera vencida de los bancos alcanzaba al 35.4 % de su capital. A los pocos meses, y con posterioridad al derrumbe del grupo Vial y del grupo Cruzat-Larraín, en abril de 1983, este porcentaje ya había aumentado al 121.8 %. En los meses posteriores, el deterioro ha sido más agudo”.[7]

En esta situación, la banca privada habría prácticamente quebrado si no hubiese sido por la intervención estatal destinada a salvarlos, abriendo nuevas líneas de crédito para su refinanciamiento. Así lo declaró en julio de 1982 el ex ministro de Hacienda Sergio de la Cuadra: “Ningún Estado por el dogmatismo de un modelo puede dejar quebrar el sistema financiero” (…) “…la función última del Banco Central es ayudar a la Banca Comercial”.[8] A finales del año pasado, los recursos estatales destinados a evitar el desmoronamiento de los bancos de los grandes grupos económicos había superado los 2 000 millones de dólares.

Dicha crisis financiera obligó a que el Estado interviniera el 13 de enero de 1983 los principales bancos e instituciones financieras del país, que al 31 de diciembre de 1981 controlaban el 58.2 % de las colocaciones en moneda corriente. El objetivo de esta medida gubernamental no era sólo salvar la banca nacional, sino garantizar la deuda que a su vez dichas instituciones tenían con el sistema financiero internacional. Esto último fue confirmado en enero de 1983, cuando fue denunciada la existencia de un cable del Banco Central de Chile a los bancos extranjeros acreedores del sistema financiero chileno, en el cual se anunciaba que el Estado velaría porque todas las obligaciones financieras de los bancos intervenidos sean cumplidas a cabalidad, y que se estaba estudiando la forma de transferir toda la deuda externa de los bancos al Banco del Estado.[9]

Pero la intervención de la banca no sólo rebelaba estos objetivos, sino que también mostraba a la luz pública fricciones al interior de la propia capa de la oligarquía “financiero-especulativa” que hasta ese momento hegemonizaba y dirigía al país. Los grupos Cruzat-Larraín y Vial habían coincidido desde 1974 con los principios generales de la política económica del régimen, ligándose a esa política hasta el extremo en que era prácticamente difícil determinar los límites entre los hombres del gobierno y los ejecutivos de dichos grupos. Los funcionarios más influyentes del gobierno eran simultáneamente altos ejecutivos de los conglomerados económicos. Esta situación les entregó la información suficiente para que éstos crecieran desmesuradamente.

Sin embargo, entre estos grupos y el gobierno surgieron diferencias a partir de los inicios de la crisis económica en 1981. El régimen planteaba a los bancos, que frente a esta situación tenían que obligar a los deudores a vender sus activos para de esta manera reducir los pasivos. La reacción del sistema financiero fue, por el contrario, seguir renovando los créditos y capitalizar los intereses, incrementando con ello el nivel de las deudas, que a su vez eran las deudas de sus propias empresas.

Esto trajo consigo el fracaso del llamado “ajuste automático”, instrumento económico fundamental de la libre competencia dentro de la “economía social de mercado”, con el cual el régimen pretendía superar la crisis. El gobierno sostuvo que dicho mecanismo fracasó por la existencia de conglomerados económicos de la envergadura de los de Vial y Cruzt-LArraín, en los cuales radicaba al mismo tiempo la propiedad de los bancos y de sus propios clientes: las empresas. [10]

En el marco antes descrito debe entenderse la decisión política de intervenir la banca y sus innumerables empresas el 13 de enero de 1983, y “liquidar” estos dos grandes conglomerados. Estas supuestas medidas para terminar con las “inmensa especulaciones” con dinero ajeno,[11] fueron expresadas eufemísticamente por el Ministro de Hacienda de la dictadura Modesto Collados, cuando señaló que: “De ahora en adelante, los agentes económicos deberán operar dentro de los principios de la prudencia comercial, limitando su endeudamiento a los niveles que aconseja el curso normal de sus actividades económicas. Actuar de otra manera constituiría una ofensa a la ética comercial”.[12] En este mismo discurso, el Ministro Collados planteó al país la forma en que el régimen militar solucionaba el problema de la deuda interna privada. Se calcula que dicha deuda alcanza a unos 10 000 millones de dólares.

En general, la solución consiste en mayores plazos para el pago de la deuda y reducción de las tasas de intereses. Esto último equivale a una reducción de siete puntos menos con respecto a la tasa actual de intereses de colocaciones en el mercado que llega a un 12 % real. La diferencia debe absorverla el Estado, transformándose por ello en un verdadero subsidio a los deudores privados internos.[13]


Deuda Interna Privada

                            Deudores                                            Deuda
Sector Económico      Número           %                             Total                     %                
Productivos              150.000            20.00              $ 921 166 000              88.00
De consumo             531.353            72.00                   30 543 000                3.00
Hipotecarios               60.679              8.00                    97 969 000               9.00
Total General          742.032          100.00              1 049 678 000             100..00
Fuente: Cuadro formado por el autor con datos obtenidos en El Mercurio del 27 de mayo de 1984, p.B-1

Productivos: aquí se incluye a los tres tipos de empresas que poseen los llamados deudores productivos: las sociedades madres, de las cuales son propietarios los grandes magnates en calidad de personas naturales; las empresas “holding” o de “papel” cuyos propietarios son las sociedades madres en su calidad de personas jurídicas, y en general estas empresas “holding” son sólo dueñas de papeles y títulos de propiedad; y las empresas productivas o con “chimeneas” cuyos dueños son las empresas “holding o de papel”. Esta forma en que los grandes grupos enmascaran sus propiedades, puede ser mejor explicada a través de las propiedades del grupo Cruzat-Larraín. Este conglomerado posee alrededor de nueve sociedades madres, setenta empresas “holding o de papel”, las cuales ejercen el control o la propiedad de cerca de treinta empresas productivas o con “chimenea”.De lo anterior es posible concluir que en los llamados “deudores productivos”, las empresas dedicadas sólo a la tenencia de títulos y no a la producción son casi los dos tercios del mencionado grupo. En el caso del conglomerado Vial, la proporción es aún superior para las “empresas de papel”.

            El cuadro muestra con claridad a quién beneficia la reprogramación de la deuda interna privada, y en especial el subsidio enmascarado de rebaja de intereses. Los deudores “productivos”, es decir, los empresarios pequeños, medianos y grandes son sólo el 20 % del total de los deudores y deben el 88 % de la deuda. Pero dentro de los deudores “productivos” se encuentran las empresas de los grupos Vial y Cruzat-LArraín, los cuales deben aproximadamente 200 000 millones de pesos chilenos, es decir, aproximadamente el 22 % de la deuda del sector llamado “productivo”.

            Los deudores de consumo son el 72 % y deben sólo el 3 % de la deuda total. Este sector está compuesto principalmente por capas medias y pequeños propietarios de bajos ingresos e incluso por masas del proletariado. Los deudores hipotecarios constituyen el 8 % y deben el 9 % del total de la deuda, y están constituidos por capas medias de mediano y altos ingresos.

            Es evidente entonces que la reprogramación de la deuda interna beneficia en general al sector “productivo”, pero en especial a las grandes empresas monopólicas. Pero lo más grave aún es, que el subsidio que el Estado entrega en forma de rebaja de intereses a estos grandes monopolios, lo hace sin alterar los acuerdos con el FMI, es decir, lo realiza dentro de los porcentajes asignados al aumento del crédito interno y al déficit fiscal por dicho organismo internacional, cancelando con ello toda posibilidad de entregar mayor empleo y reajustes de sueldos y salarios al pueblo, decisión que fue comunicada recientemente por el mismo Ministro Collados a la opinión pública.

            En el caso de los Bancos, la solución ha sido capitalizar el crédito que el Estado les otorgó para evitar su quiebra. Pero dicha capitalización, por decisión del régimen y de los propios banqueros, no será mayor a un 49 % de las acciones, quedando el resto en manos de los actuales accionistas para evitar que la banca sea estatizada. Pero aún más. Dicha capitalización del 49 % de las acciones por parte del Estado ha sido aceptada por los banqueros con la promesa de que el Estado venda de nuevo al sector privado estas acciones en un plazo de cinco años, y otorgue además los créditos necesarios a los particulares que quieran adquirir dichas acciones.

            De todo lo anterior es posible obtener varias conclusiones. En primer lugar, que el régimen de Pinochet ha demostrado descaradamente el verdadero carácter del Estado fascista: una máquina puesta al servicio del capital financiero.

            En segundo lugar, que con la reprogramación de la deuda interna efectivamente los deudores podrán disponer de plazos y rebajas reales en los intereses para cancelar sus pasivos, transformándose en un alivio para los industriales y las personas. Sin embargo, los especialistas opinan que “sin reactivación”, los nuevos plazos significan un alivio momentáneo que puede transformarse en una bomba de tiempo”.[14] Y los pronósticos son que “… en lugar de reactivación habrá estancamiento. Esto es de suma gravedad porque no se producirá aumento del empleo y porque las empresas que renegociaron sus deudas estarán a corto plazo en la misma situación que antes…”[15]

            Una tercera conclusión es que el régimen militar se decidió a “castigar” a las cabezas más visibles de los que “especularon con dinero ajeno”. La decisión ha sido desplazar a la oligarquía “financiero-especulativa” debido a que con su actitud hizo peligrar toda la política del régimen fascista, desestabilizándolo y aislándolo nacional e internacionalmente.

            En cuarto lugar, el régimen militar intenta reconstruir la unidad de la burguesía y atraer a parte importante de las capas medias y de los pequeños empresarios. Para ello entregó la conducción del gobierno a la oligarquía “financiero-productiva”, bajo cuya dirección se realiza la renegociación de la deuda interna.

            Y una última conclusión es que se va a iniciar un nuevo proceso de reprivatización, parecido al realizado en 1974 con los bancos y empresas estatales. El se hará en una época de recesión y por lo tanto, las empresas y bancos quebrados y liquidados se comprarán a precios de mercado bajísimos. La diferencia con el pasado consistirá que quienes controlan los tres grandes bancos que fueron intervenidos y capitalizados por el Estado recientemente, controlarán el conjunto de las empresas de los grupos Vial y Cruzat-Larraín.

            Pero todas estas medidas señaladas con anterioridad en el plano económico, tienen por destino sólo rectificar los errores de la política económica de la dictadura y los “abusos” de los grandes conglomerados. Un segundo conjunto de medidas están destinadas supuestamente a reactivar la economía, y con ello desarrollar las bases materiales de la nueva hegemonía que se pretende levantar en el país.

            Expresión de lo anterior es el estudio de un llamado Plan Trienal no conocido aún, pero sus objetivos generales han sido recientemente explicitados por el Ministro Collados. Dicho Plan Trienal se plantea en el plano social reducir el desempleo a través de la generación de ocupaciones, principalmente en los diversos sectores de la economía privada; acelerar la actividad de los sectores productivos, utilizando la capacidad ociosa de la industria y aumentando la inversión pública y privada; impulsar el ahorro privado y público; consolidar los activos económicos de los sectores afectados por la recesión, transfiriendo definitivamente al sector privado las empresas e industrias intervenidas; incrementar la capitalización de las empresas productivas, a través de una reforma tributaria y arancelaria; readecuar la acción del Estado con una política fiscal que fomente el crecimiento de la producción y el empleo; y, superar la restricción de recursos externos aumentando las exportaciones y buscando mejores condiciones  en la reprogramación de la deuda externa del país. [16]


[1] Revista HOY. Santiago,  23 de mayo de 1984, p. 30
[2] El Mercurio, Santiago, 26 de mayo de 1984, p. A12
[3] Revista Estrategia, Santiago, 1ª de julio de 1984 y El Mercurio del 13 y del 15 de abril de 1984 en su página Economía y Negocios.
[4] Revista HOY, Santiago, agosto de 1983, ps. 12 y ss.
[5] El Mer4curio, Santiago 12 de julio de 1984, p. B1
[6] Revista HOY. Santiago, 30 de mayo de 1984, p. 47
[7] Partido Socialista. Cuadernos de Orientación Socialista Nº 16, 1983, p.48.
[8] Revista HOY. Santiago, 21 de julio de 1982.
[9] Revista Estrategia. Santiago, 24 de enero de 1983.
[10] Revista Estrategia. Santiago, 14 de mayo de 1984, ps. 10-11
[11] Revista HOY. Santiago, 13 de junio de 1984, p. 39. Expresiones del exSenador del Partido Nacional y empresario Pedro Ibáñez, quién presidió la Comisión Racionalizadota del grupo Cruzat-Larraín.
[12] El Mercurio. Santiago, 1º de junio de 1984, p.C2.
[13] Revista Mensaje. Santiago, julio de 1984, p.288
[14] Revista Mensaje. Santiago, julio de 1984, p. 288.
[15] Revista HOY. Santiago, 13 de junio de 1984, p. 41
[16] El Mercurio. Santiago, 18 de julio de 1984, p. C1

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