jueves, 15 de agosto de 2013

El entorno contemporáneo, la ciencia actual y el nuevo profesional



“El universo es una unidad coherente e interrelacionada. Está en permanente transformación, y su expresión se ajusta a modos y modalidades de acción que están presentes en un grano de arena, en un árbol, en un ser humano, en el planeta y en el conjunto global; todo está movido por los mismos principios..., el universo es uno. Sin salir de la casa, se puede conocer el mundo, sin mirar por la ventana se puede conocer el cielo”
Lao Tse.

Resumen
(Artículo escrito en noviembre 2004)

El entorno hoy día se caracteriza por ser indeterminado, en constante cambio y complejo. Su comprensión e intervención implica formas nuevas de pensar. El profesional tradicional ha caído en desprestigio debido a sus dificultades para entender esta nueva situación de complejidad a partir de los cambios producidos en la sociedad por las NTICs. Hoy día se ha hecho fundamental que el profesional construya nuevos dominios cognitivos con enfoques predominantemente sistémicos y holísticos para entender los fundamentos del entorno y resolver su complejidad.

 

                         El nuevo entorno


                         ¿Qué características tiene el nuevo entorno que está provocando fuertes cambios tanto en la forma de entenderlo científicamente como de intervenirlo a través del ejercicio de  las profesiones? El planeta vive una nueva etapa de su desarrollo histórico-social. Ha iniciado un proceso de globalización e internacionalización de la economía. Este proceso trae ventajas importantes, pero al mismo tiempo,  genera diversos problemas de índole  político, económico, social, ético, ecológico y cultural que afectan seriamente a importantes sectores de la sociedad planetaria.

                  Entre las ventajas encontramos el aumento de la productividad, incorporación de nuevas tecnologías en la producción, en la gestión y en especial en las comunicaciones. En efecto, el potenciamiento de la informática ha incrementado el alfabetismo digital y la "construcción" de la superautopista de las comunicaciones con cientos de millones de usuarios conectados por Internet, está haciendo que mueran en el ciberdominio ideologías, localidades, países, vínculos ideológicos y la identidad nacional y lenguística.

Al mismo tiempo, esta supercarretera de la información está destinada a transformarse en un gran mecanismo integrador al facilitar el contacto entre culturas diferentes, posibilidades de investigación en miles de lugares simultáneamente, intercambio de experiencia con millones de personas y un cambio profundo en la educación.

                        El producto final de la telemática es que cada vez más todos estarán afectados por todos. En el aspecto cultural, esta telemática está permitiendo que las identidades culturales se resinteticen permanentemente, ingresando a un vértigo de transfiguraciones permanentes.  Simultáneamente, es este mismo fenómeno el que está definiendo el grado de modernidad de los países y/o de las personas por la capacidad que tienen  de incorporar tecnología y valor intelectual agregado en la producción de fenómenos y bienes.

                        Pero lo global, según Morín[1],  es un conjunto que tiene partes diversas que están ligadas entre sí, siendo por ello la sociedad un todo organizador  y desorganizador más que un simple contexto. El todo es más que la simple sumatoria de las partes, porque tiene propiedades que no se encuentran en las partes cuando éstas son separadas de su todo.  Citando a Marcel Mauss, Morin insiste que las partes no pueden ser conocidas sin recomponer el todo. Esto es necesario porque al interior de cada singular de una totalidad está la presencia del todo, características que no se ven mientras no se realiza análisis sistémico del todo y sus partes. Podríamos afirmar entonces que cada suceso, que cada contingencia contiene la totalidad de la información del todo que representa, y que por ello, para conocer lo singular es necesario entender los fundamentos de la totalidad a la cual pertenece.

Patricia May[2] (2001) señala que “Todos los reinos expresados físicamente se constituyen de lo mismo. La construcción universal se eleva desde este mundo vibratorio universal que se irá engarzando en distintos niveles de complejidad en un átomo, en un mineral, en un árbol, en un animal, en el cuerpo humano. Si reducimos cualquier existencia física a lo más básico nos encontramos con lo mismo: energía, vibración. En este sentido podemos hablar de un sustrato común, de una sustancia común que hace esencialmente uno a todo lo que existe"

May afirma que hay que buscar la integralidad de las cosas, ya que el holismo reconoce al universo como una totalidad no dividida. Porque el cosmos  es un todo interrelacionado de energía en constante intercambio y transformación, una red vibratoria –continua la autora- donde cualquier pulsación en cualquier parte, “toca” a todo el universo, donde cada acción, sentimiento, pensamiento, genera una consecuencia en el micro y macro cosmos.  El aislamiento está dado por una sociedad que determina estructuras que llevan a la no integración, a no reconocer al otro en relación con los demás, a no sentirnos parte, a mantenernos al margen.

Hoy día el universo es entendido como una evolución irreversible resultado de una inestabilidad, como una transición a gran escala, como un suceso en no-equilibrio.  El universo está en continua evolución en el marco de una dialéctica entre la gravitación y la termodinámica.  Prigogine[3] (1991  ) plantea que si tenemos presente el segundo principio de la termodinámica, nunca podemos predecir el futuro de un sistema complejo, porque en él el futuro está siempre abierto.

Vivimos una relación de orden y desorden permanente y para comprenderlo se requiere de un nuevo paradigma. La turbulencia, el cambio, las perspectivas de futuro, señala el  mismo autor, a pesar de su presentación desordenada está altamente estructurado. Ello obliga a cambiar permanentemente la información sobre “un punto” por una multifactorialidad de un “sistema de puntos”, porque seguir su trayectoria exactamente es muy azarosa. Los sistemas son dinámicos e inestables y por ello no pueden ser determinados a priori. Hacerlo implica cubrir tantas posibilidades de desarrollo de un suceso como se le pueda presentar. El futuro de un suceso está siempre abierto a transformaciones, aumento de su complejidad y autocreación permanente.

En los inicios del universo –según Prigogine- hubo una enorme producción de entropía. Ello crea simultáneamente orden y desorden. La materia que se crea no es independiente del resto del universo, sino que se desarrolla bajo fuertes condicionamientos del entorno, adquiriendo con ello nuevas propiedades sin cesar. Estas estructuras en no-equilibrio “ven” mucho más allá de su alrededor más cercano. Son capaces de “ver” y ser sensibles a todo el contorno al cual pertenecen, esparciéndose y desvaneciéndose en un tiempo que es creación  constante de sucesos  nuevos y estados múltiples.

Esta materia en no-equilibrio que conforma el universo como estructuras disipativas son flexibles capaces de asumir diversas propiedades posibles. El no-equilibrio es la multiplicidad de soluciones, es la inestabilidad dinámica que hace aparecer inadecuados nuestros conocimientos actuales, obligando a nuevas formas de pensar.


                       
La ciencia actual y las nuevas formas de pensar


                        ¿Era posible con el viejo paradigma newtoniano-cartesiano asumir esta forma distinta de entender la materia y los sucesos complejos? Según Ken Wilwer[4] “... a comienzos de los 80 y a lo largo de un proceso que experimentó un crescendo a finales de los 90, el mundo de la Física se vió socumbida  por la aparición de una nueva teoría del todo (una TOE), teoría destinada a unificar todas las leyes conocidas del universo en un único y omniabarcador modelo que explicaría literalmente la totalidad de la existencia”.

Esta nueva cosmovisión trajo consigo profundos cambios  en la manera de entender las contingencias y sucesos de la realidad. Esta nueva comprensión de la realidad integraba el antiguo y  nuevo paradigma de las ciencias a través de una visión transpersonal y personal –según Pierre Weil- de lo real y de la existencia. Es una complementación crítica que superaba el viejo y ya desgastado newtoniono-cartesiano. 

El paradigma holístico significaba asumir un principio de unidad entre el universo y sus componentes, entre ellos el ser humano, relacionándolos  de manera  flexible y en constante interacción y comunión. En la perspectiva de  Patricia May[5], todo es posible, los límites no existen, la conciencia se plenifica,  los seres humanos no están separados del universo que habitan, el verdadero conocimiento es un acto unitario en el que sentimientos, cognición, intuición y discernimiento se presentan unificados.

Todo lo anterior nos obliga a cambiar el pensamiento unidimensional e instrumental por una conciencia sistémica y holística. Maturana nos plantea que el pensar sistémico es una nueva forma de comprender  que nos “revela relaciones que van más allá de las circunstancias particulares que se viven en cada momento, (siendo) por ello el fundamento de la comprensión como mirada que ve lo local en relación con el contexto general a que pertenece sistémicamente”.[6]

El pensar analógico sistémico opera captando constantemente configuraciones relacionales, pero lo hace como un acto creativo desde las relaciones que construye el observador, no deteniéndose en las relaciones locales. El pensamiento sistémico es comprensivo porque va más allá de las particularidades circunstanciales, conectando lo local con el contexto general, viendo lo individual con una mirada universal.  El pensamiento sistémico permite desarrollar capacidades  para adaptarse a los procesos globalizadores, los cambios más intensos e imprevisibles, el tratamiento a la explosión informativa y el continuo avance tecnológico.

El pensar enactivo induce  a legitimar la inclusión de la vida humana en la naturaleza, y que comprende al ser humano en el marco de las coherencias sistémicas de la biósfera y el cosmos. Si se ignora esta situación no es el pensamiento sistémico el que prevalece sino el pensar racional causal lineal o ingenieril.  Sólo en la perspectiva de que los humanos pertenecemos a una totalidad sistémica en la historia de nuestra existencia (cosmos, biósfera y cultura) es posible que  se comprenda que los fundamentos del pensamiento lineal son analógicos y no  ingenieril o de linealidad causal. El pensar y razonar lineal causal es efectivo, como señalan ambos autores, en la operacionalidad local, pero siempre desde la mirada  del pensamiento sistémico.

Lo que Varela plantea  es que el mundo en que vivimos debe ser traído a primer plano con una concepción de la interpretación como la puesta en activación del fenómeno que conocemos o pensamiento enactivo.  Esto parte de la constatación  de que la acción cognitiva más elemental requiere una gran cantidad de conocimiento o coherencias lógicas que nos permita operar en el conocer. Estas coherencias lógicas que nos permiten operar en el conocer de lo local son los continuos procesos del vivir que van dando forma a nuestro mundo y que pueden ser comprendidos a través del lenguajear entre las personas, coordinando sus coordinaciones conductuales consensuales. Es una co-determinación (¿dialéctica?) sin fin de lo general y lo local, de lo local y lo general donde los protagonistas participan activamente en espacios creados para ello. Es el dimensionamiento creativo del significado sobre la base de la historia. Saber, en definitiva, es evaluar a través de nuestro vivir, en una circularidad creativa.[7] . Maturana señala enfáticamente que “todo sistema racional surge como un sistema de coherencias operacionales a partir de algún conjunto de premisas aceptadas a priori.” [8]

                        Las personas según Toffler deben ser capaces de interrelacionar gran número de fuerzas  multicausales para que de esta manera sinteticen la realidad en todo lo que tiene de significativo a partir de datos aparentemente inconexos a nuestro alrededor. Estamos en presencia de acuerdo al mismo autor, de una mente “postuniformizada”:[9] Los observadores en definitiva deben comprender que nos encontramos formando parte de un sistema interconectado de la naturaleza y la sociedad, y que  para comprender esta interconección es necesario elaborar teorías sistémicas para disipar y eclipsar la complejidad de las incertidumbres que nos plantean   y conocerlas en sus posibilidades de desarrollo a través de la interrelación indirecta de sus elementos. 

                        ¿Y qué es ciencia, entonces?  Karl Popper[10] señala que es científico el pensamiento que puede ser refutado. El refutacionismo para Popper implica que no existe teoría científica que explique la realidad tal como es. La historia muestra que todas las teorías han sido refutadas, y por ello la historia de la ciencia es sólo un ciclo ininterrumpido de conjeturas o hipótesis y su falsación. El científico está en constante búsqueda de la verdad, pero nunca termina de acercarse a ella porque la realidad es cambiante.

                        Popper plantea el criterio de la refutabilidad como un principio de demarcación entre lo que es ciencia y lo que no lo es, entre las ciencias empíricas y los sistemas metafísicos. Serán científicas aquellas conjeturas que sean refutables, lo que permitiría cumplir el ciclo de lo que él estima es ciencia: conjeturas, refutaciones o falsación de hipótesis y nuevas conjeturas. El científico debe estar en estado de duda permanente porque el conocimiento no es nunca total.

                         
                         El Profesional en la encrucijada

                        ¿En las nuevas circunstancias, cuál es el nuevo rol del profesional? ¿Qué alternativas tiene?  Schon[11] sostiene que hay una crisis de confianza en las profesiones porque existe un cuestionamiento a sus conocimientos  excepcionales sobre los problemas de la sociedad moderna y del ser humano en particular. 

                 En efecto, el profesional hoy día parece no tener las competencias adecuadas para resolver los intrincados y complejos problemas que le presenta la sociedad.  Ante esta situación, algunos autores como Etzioni y Bell hablan de una   «segunda revolución científica» que estaba produciendo una «sociedad erudita», [12]una «sociedad activa», una «so­ciedad postindustrial», [13]  organizada en torno a la competencia profesional. Lane sostiene que esta «segunda revolución científica» refleja una nueva apreciación del papel del conocimiento científico y una nueva fusión de la organización occidental y de las habilidades científicas.[14]

                 Un nuevo profesional con una nueva mirada de la realidad era urgente, porque la inadecuada aplicación de la propia ciencia y la tecnología contemporánea habían agravado el desprestigio de los profesionales. En efecto, el deterioro de las ciudades, el incremento de la pobreza, la polución del ambiente, los problemas energéticos y el agravamiento de los problemas de la vivienda, los servicios sociales, la criminalidad enturbiaron más aún el problema profesional. Los profesionales empezaron a ser vistos como instrumentos de los grandes intereses de las transnacionales, juntándose entonces ineficacia con pérdida de valores.
                  ¿La pregunta es, entonces, si la forma de conocer  del profesional contemporáneo es adecuada para satisfacer las necesidades de la época actual como asimismo los propios problemas que ha generado un ejercicio de la profesión inadecuado, ineficiente y alejado de toda ética?  

                  La opinión cada vez más generalizada es que las formas de pensar del profesional dificultan su entendimiento del carácter cambiante de la singularidad y sus manifestaciones de complejidad, incertidumbre, movimiento turbulento y caótico, inestabilidad, incertidumbre, indeterminación, vértigo y desorden, como asimismo el sentido único del movimiento en general y los conflictos de valores que van generando en su desarrollo las diversas contingencias. Los profesionales no han sido capaces de adaptarse aún a estas nuevas situaciones porque no entienden las expectativas que la sociedad está poniendo en ellos, como tampoco acomodan sus cuerpos de conocimientos científicos a las exigencias de conocimientos previos disponibles para entender la complejidad y la unidad de todas las cosas en sus distintas manifestaciones tanto del cosmos como del planeta. [15]

                  El profesional aún no es consciente que los problemas se construyen a partir de situaciones confusas, inciertas, poco determinadas y desordenadas.       Russell Ackoff, uno de los fundadores del campo de investigación de operaciones, ha anunciado recientemente a sus colegas que «ya no hay futuro para la investigación de operaciones»[16] porque los directivos no se enfrentan a unos problemas que son independientes unos de otros, sino a unas situaciones dinámicas que consisten en sistemas complejos de problemas cambiantes que interactúan entre sí. Yo llamo a estas situaciones revoltijos. Los problemas son abstracciones extraídas de los revoltijos mediante el análisis; son respecto a los revoltijos lo que los átomos son respecto a las tablas y gráficos... Los directivos no resuelven problemas: controlan revoltijos.[17]

                  Ackoff agrega  que los problemas están interconectados, los ambientes son turbulentos y el futuro es indeterminado hasta que los directivos pueden darle forma mediante sus acciones. Lo que se requiere, bajo estas condiciones, no son solamente las técnicas de análisis que han sido tradicionales en la investigación de operaciones, sino la activa y sintética habilidad de «el diseño de un futuro deseable y la invención de los modos de llevarlo a cabo».[18]

                           De acuerdo a Schon existen dos modos de resolver el conflicto profesional/problemas


                       a) Racionalidad Técnica

                           Según este autor, de acuerdo con el modelo de racionalidad técnica, la actividad profesional consiste en la resolución de problemas instrumentales que se han hecho rigurosos por la aplicación de la teoría científica y de la técnica. Aquí uno de los aspectos principales a tener presente es el ajuste instrumental de los medios respecto a los fines. Entonces solamente las profesiones practican rigurosamente la resolución técnica de los problemas basándose en un conocimiento científico especializado. Por ello que las dos bases principales para la especialización de una profesión son el campo de conocimientos que el especialista domina y la técnica de aplicación del conocimiento.

                            b) Reflexión desde la acción
Shón en la obra que analizamos señala que en la reflexión desde la acción quién reflexiona se convierte en un investigador en el contexto práctico. No es dependiente de las categorías de la teoría y la técnica establecidas, sino que construye una nueva teoría de un caso único.   No mantiene separados los medios de los fines, sino que los define interactivamente como marcos de una situación problemática. No separa el pensamiento del hacer, racionalizando su camino hacia una decisión que más tarde debe convertir en acción. Dado que su experimentación es un tipo de acción, la implementación está construida dentro de su investigación en curso. De este modo, la reflexión desde la acción puede seguir adelante, aun en situaciones de incertidumbre o de un carácter único, porque no está limitada por las dicotomías de la racionalidad técnica.

                  Si desarrollamos una epistemología de la práctica deberíamos situar la resolución técnica de un problema cualquiera en el marco de un contexto más amplio, con una indagación reflexiva que obligaría a vincular el problema en el marco de la totalidad más general a la cual pertenece, construyendo su enfoque científico en la reflexión desde la acción con fundamentos holísticos y sistémicos como los señalados anteriormente.

 
 Bibliografía consultada                                  
           
[1] Morin, Edgar. http://www.utemvirtual.cl/plataforma/aulavirtual.
[2] May, Patricia. “Todos los reinos palpitan en Tí”. Grrijaldo. Santiago de Chile. 2001
[3] Prigogine, Ilya. “El nacimiento del tiempo”.Tusquest Editores. Roma. Italia. 1991.
[4] Miranda, Diego y Silva, Mauricio. “Holismo y Trabajo Social: Encuentros y Aportes del Paradigma Holístico al Trabajo Social”. Memoria para optar al Titulo de Trabajador Social. Escuela de Trabajo Social. Utem. 2004.
[5] May, Patricia. Idem
[6] Maturana, Humberto. “La Objetividad, un argumento para obligar” 1997.  p. 126
[7] Varela, Francisco. “El Fenómeno de la Vida”.  2000.
[8] Maturana, Humberto. “La Objetividad, un argumento para obligar” 1997p. 147.
[9] Toffler, Alvin. “La Tercera Ola”. 1993.
[10] Popper Karl, "El desarrollo del conocimiento científico. Conjeturas y refutaciones", Buenos Aires, Editorial Paidós, 1967.

[11] Schon, danield. http://www. Utemvirtual.cl/plataforma/aulavirtual.
[12] R.E. Lane, «The Decline of Politics and Ideology in a Knowledgeable Society», American Sociological Review, 31 (octubre de 1966).
[13] Amitai Etzioni, The Active Society, Nueva York, The Free Press, 1968. Daniel Bell, «Notes on the Post-Industrial Society», The Pubiic lnterest, 6 y 7 (invierno y primavera de 1967).
[14] Lane, «Decline of Politics», pág. 653.
[15] Harvcy Brooks, «The Dilemnias of Engineering Education», JEFE Spectrum (febrero de 1967), pág. 89.
[16] Russell Ackoff, «The Future of Operational Research is Past», Journal of Operational Researclz Society, 30,2, Pergamon Press, Ltd., 1979, págs. 93-104.
[17] Ibíd., págs. 90-100.
[18] Ibíd., pág. 100.

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