sábado, 17 de agosto de 2013

¿Dialógica o dialéctica?

¿Por qué dialógica y no dialéctica? En sus aspectos generales el metamétodo dialéctico tiene una estrecha relación con el pensamiento complejo. ¿Es lo mismo dialéctica que dialógica?
La dialéctica se centra en la interacción y la interrelación de fenómenos y procesos. La dialéctica tiene como fundamento el cambio permanente de las cosas, la transición de los fenómenos de un estado a otro. El mérito de la filosofía de Hegel (citado por Bechvarov, 1985: 662-4) es la restitución de la dialéctica como forma suprema del pensamiento. Concibe por vez primera todo el mundo de la naturaleza, de la historia y del espíritu como un proceso, es decir,  en constante movimiento, cambio, transformación y desarrollo, intentando además poner de relieve la íntima conexión que preside este proceso de movimiento y desarrollo. Hegel en su método dialéctico sostiene que el desarrollo tiene por origen la lucha de contrarios que se efectúa por medio del tránsito de los cambios cuantitativos a los cambios cualitativos;
La dialéctica es un nuevo método que revela dependencias y relaciones en la sociedad, como por ejemplo, que las instituciones económicas, políticas, legales y morales son en realidad socialmente interdependientes. Hegel adopta la conclusión griega acerca de la naturaleza de que los procesos históricos se desarrollan a través de los contrarios. Sostiene que toda tendencia que se desarrolla al máximo lleva en sí una tendencia opuesta que la destruye. Las fuerza contrarias aportan la dinámica de la historia y el equilibrio no puede ser jamás permanente; simplemente de una continuidad y una dirección al cambio;

Para el materialismo dialéctico, según Marx y Engels (1959), ésta enfoca las cosas y sus imágenes conceptuales sustancialmente en sus conexiones, en su concatenación, en su dinámica, en su proceso de génesis y caducidad. La dialéctica observa a la naturaleza, la historia y nuestra propia actividad espiritual en una trama unificada de concatenaciones, en lo que nada permanece en lo que era, ni cómo ni dónde era, sino que todo se mueve y cambia, nace y perece. La dialéctica no observa las cosas y los procesos de la naturaleza aisladamente, sustraídos a la concatenación del gran todo, estáticamente, como consistencias físicas, aislados, fijos, rígidos, enfocados unos tras otros, cada cual de por sí, como algo dado y perenne. Por el contrario los ve en su dinámica, sustancialmente variables, en su vida, al mismo tiempo lo que es y otro distinto.

La dialéctica según Marx (Bechvarov y otros, 1985:176, traducción del autor) es materialista porque parte del principio de que la existencia de lo que es reflejado es independiente de lo que lo refleja, de la independencia del mundo exterior con respecto a la conciencia. El materialismo ve en los conceptos de nuestro cerebro las imágenes de los objetos reales, en vez de considerar a éstos como imágenes de tal o cual fase del concepto absoluto. Con esto, la dialéctica quedaba reducida a la ciencia de las leyes generales del movimiento, tanto del mundo exterior como del pensamiento humano.

La esencia de la dialéctica marxista, su núcleo central es la unidad y lucha de los contrarios. Cada objeto contiene en sí contradicciones entendidas como aquellos momentos en que se encuentran en unidad indestructible, incluyéndose mutuamente en una y misma relación, surgiendo uno del otro. No hay contradicciones que no se encuentren en unidad, como tampoco no hay unidad sin contradicciones. La unidad de los contrarios es relativa, temporal y la lucha de los contrarios es absoluta. Toda contradicción antagónica se resuelve en que sus contrarios aunque se presuponen uno del otro, sin embargo la solución de la contradicción implica que al final se excluyen mutuamente, triunfando uno sobre el otro. Esa ley aclara las fuentes internas objetivas de cada movimiento, entendiéndose a partir de ello el movimiento como automovimiento, condicionando todo como algo orgánico, como sistema, en los cuales las contradicciones mutuamente surgen una de las otras, existiendo durante todo el proceso de desarrollo.

Sotolongo y otros autores (2006: 61) indican  que la dialéctica se ha ido construyendo en forma asimétrica que ha significado una deriva hacia la jerarquización de uno de los contrarios o polos en detrimento del otro, por ejemplo el orden, equilibrio, necesidad, etc. en detrimento del desorden, desequilibrio, u azar, entre otros. Además la transformación directa de un polo contradictorio en el otro la ha dicotomizado innecesariamente, generando un pensamiento formal alejada de la complejidad sistémica del pensamiento dialéctico. Sin embargo, agregan estos autores, este pensamiento formal choca con la complejidad sistémica que hoy día se entiende mejor, al comprenderse con mayo claridad que los desequilibrios, el azar, los desórdenes, las inestabilidades e impredictibilidades son parte natural del desarrollo de la naturaleza, la sociedad y el ser humano, sin los cuales los cambios o la existencia de cualquiera de ellas no sería posible.
           
La dialéctica de los contrarios es mejor comprendida, según estos mismos autores,  cuando se la entiende contextualizada, mediaciones que son el marco en cuyo interior se conjugan ambos contrarios y que permite las transformaciones mutuas. Esta mediación es lo que hace posible “… una interpretación realmente dialéctico-sistémica del comportamiento auto-organizante de la complejidad del mundo” (Sotolengo y otros, 2006:62), mediación del contexto que no son otra cosa que las circunstancias sociales desde donde el observador construye su visión sobre el “objeto social indagado”.

Cuál es la diferencia de la dialéctica con la dialógica?
Según Morin (1974), la concepción hegeliana de la dialéctica no superó los límites de la racionalidad clásica y lo mismo sucedió, con algunas diferencias según este autor con el resto de las concepciones dialécticas, incluido el marxismo. Esta racionalidad, continua Morín, dicotomiza los contrarios, plantea  una polaridad que simplifica la relación entre ellos. Esto autor plantea por el contrario,  la necesidad de tomar unidas en la reflexión, en el conocimiento estas nociones antagónicas, más allá de las exigencias de la lógica que plantea la no contradicción y tercero excluido, volviendo a los orígenes del pensamiento dialéctico donde el diálogo es fundamental.

Este principio ayuda a pensar en un mismo espacio mental lógicas que se complementan y se excluyen. El principio dialógico (Morin, 1974:31) puede ser definido como la asociación compleja (complementaria/concurrente/antagonista) de instancias necesarias para la existencia, el funcionamiento y el desarrollo de un fenómeno organizado. Si recordamos la bella metáfora del Taijiquan (Yang, 1999:63). “De la interacción de todo el Yin y el Yang se creó la vida y se desarrollo”, podemos inferir  que tanto el Yin como el Yang se generan y se contienen en lo circular. Son fuerzas contrarias con una línea divisoria suave que les permite interactuar de forma fluida y eficaz. Uno evoluciona hacia el otro, continuamente, sin parar. Tanto el Yin como el Yang, es decir, las dos fuerzas contrarias tienen un punto en el centro donde existe la mayor concentración de Yin y Yang. Ambos puntos permiten la formación sistémica circular de ambas fuerzas que desarrolla las interacciones que hace que uno contenga al otro, que el otro conserve al uno en alguna medida, es decir, hay yin en el yang y viceversa, transformándose en una relación continua y circular, evolucionado uno hacia el otro, excluyendo la posibilidad de fuerzas absolutas que se autoliquiden. Es la mirada dialógica de la vida donde tanto la unidad como lucha de los contrarios son relativas y ninguno excluye al otro, sino por el contrario, lo incluye, cada uno teniendo algo de su contrario en un diálogo auntocreador y autoorganizador de  sucesos nuevos constantemente. No se podría concebir el nacimiento del Universo sin la dialógica del orden/desorden/organización. No podemos concebir la complejidad del ser humano sin pensar la dialógica sapiens/demens. 

            Si nos guiamos por la metáfora del Taujiquan, una organización global compleja lo es por que emerge de esta interacción entre los cuerpos diversos que lo componen. La idea de que estos sucesos o fenómenos se vinculan por un punto central de su límite, donde se encuentra la mayor concentración de lo que podríamos denominar su identidad pero que a la vez con un límite suave que lo separa del resto de los sistemas que conforman su entorno, nos plantea dos miradas sobre esta forma de vinculación del bucle yin/yang. Primero este punto sería el lugar de mediación, de interacción en condiciones determinadas que hacen posible la conjugación de ambos contrarios. Pero al mismo tiempo esta conjugación nos muestra de inmediato la existencia de una red global, universal donde todo está vinculado, con interacciones constantes y continuas y que genera las transformaciones internas de cada suceso entendido como sistema, pero que además genera entropía al resto de los sistemas en un bucle entorno/sistema. Este es un proceso autoorganizador del sistema consigo mismo por reacción frente a las perturbaciones del entorno, pero además del propio sistema hacia su entorno.

            El sistema complejo surge de esta dialógica de interacciones múltiples contextualizadas, conservándose la organización a través de las ligaduras que se generan en estos puntos intermedios de cada fuerza “oponente” y de débil límite que permite esa interacción: En estos puntos intermedios se genera la posibilidad de que todos los sistemas se vinculen y se nutran, generando una autoorganización sin cesar que le da al mismo tiempo una autonomía relativa. Estas ligaduras, al entregar un entorno entrópico que posibilita las inestabilidades que condicionan los cambios del sistema, le dan libertad porque es el sistema el que decide que cambios asume, que elementos del entorno incorpora como elementos propios del sistema.


            Tenemos entonces la generación de una dialógica que genera cambios en los sistemas porque el contexto no es un ámbito separado del sistema, sino una red de interacciones permanentes donde nada se decide absolutamente independiente. El sistema decide pero en los marcos contextuales de esta red. Y con la presencia de esta red ya no vemos causas, sino procesos transformadores y condiciones también cambiantes para que esos procesos transformadores se generen. Desde esta perspectiva compleja, ningún análisis puede agotar la comprensión de un  fenómeno.

2 comentarios:

Lui dijo...

Buenas Tardes.
Gracias por la aclaración. Una sugerencia, favor anexar la bibliografía que indican en el texto.

Jaime Yanes Guzman dijo...

Vamos a ver si el tiempo me alcanza y lo hago. Fue un error no colocarla. Gracias por señalarlo.

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