sábado, 21 de diciembre de 2013

El debate de los educadores y educadoras del mundo hispanoparlante sobre la crisis de la educación

A pesar de estos triunfos populares en Latinoamérica, con excepeción de Cuba la crisis de la educación en el sistema educacional lde nuestro sub-continente se ha generalizado[1].  Las instituciones educacionales en todos sus niveles se encuentran esclerotizadas y dificultan la transformación de las mentes de  nuestros estudiantes y profesionales. La revolución del pensamiento se inicia tímidamente en nuestro mundo hispanoparlante. Nos encontramos con cada vez mayor cantidad de profesores que se enfrentan a las rigideces del sistema educacional.

Los profesores/as empiezan a denunciar con fuerza que las inteligencias se encuentran dispersas y los espíritus de millones de estudiantes recién empiezan a despertar de sus resignaciones vividas por decenios. Señalan que aún predomina una inteligencia ciega en nuestras aulas que dificulta el reaprender a pensar tan necesario para salir de la crisis. ¿Cómo aprender a vivir si predominan las enseñanzas especializadas con pensamiento lineal que impide entender la complejidad del mundo en que vivimos? Los sucesos que atormentan al planeta se observan en forma individual, haciendo que los estudiantes ignoren el tejido común de las cosas. Las disciplinas separadas matan la curiosidad y la creatividad del ser humano, e impide que las conciencias juveniles se abran a la vida y sus problemas. La hiperespecialización de los profesores en la enseñanza secundaria o los académicos, que a pesar de ser excelentes conferencistas, dificulta sus capacidades para descubrir las “ocultas” relaciones entre sucesos y entornes.

Toda la ciencia pretende ser basada en la evidencia que se construye en los marcos de estadísticas tradicionales lineales. Con ello el sistema educacional imperante aspira a una formación perfecta. Ello dificulta que la escuela genere la posibilidad de que los jóvenes sean sensibles a la ambigüedad, a las ambivalencias, a juntar lo que artificialmente se encuentra disjunto, a asociar términos antagónicos, a ser formados en competencias generales, es decir, policompetencias, y al mismo tiempo en capacidades singulares de acuerdo a los problemas que enfrenten,  en definitiva, desarrollar un pensamiento complejo para entender la complejidad del mundo en que vivimos.

Jóvenes y profesionales han sido formados en una racionalidad perversa, como razón instrumental, como racionalización cerrada, doctrinal, que privilegia el cálculo de interés, que refuta todo lo que se contradice, cerrándose a los argumentos contrarios y asumiendo pensamientos infalibles doctrinales. El fraccionamiento disciplinar de todos los niveles de la educación impide enfrentar incertidumbres, conocer el conocer, basarse en la ética trinitaria (individuo-sociedad-especia) para avanzar en ese conocer el mundo y el cosmos, porque ignora los sistemas o dispositivos cognitivos, sus errores, sus debilidades, sus ilusiones, las realidades invisibles, la diferencia entre una alucinación y una percepción. Se ignoran los límites del conocimiento y de la ciencia, y las visiones e investigación se presentan como certezas, saberes absolutos. No aceptan que esos límites en la investigación no son una dificultad en el saber, que por el contrario, estos límites del conocimiento de la realidad empujan precisamente a la creatividad constante de los estudiantes y profesionales. Desconocen que hay que comprender los sucesos en los marcos de sus contextos que están sometido al segundo principio de la termodinámica, y que esta exigencia hace a toda investigación pertinente, porque no aísla los sucesos de su contexto político y social.

La misión de los profesores se reduce a la profesión, a sus especializaciones, dejando de lado el amor necesario que cada educador debe tener no sólo por lo que hace, sino que fundamentalmente por sus alumnos. Se han olvidado del Eros tanto por los conocimientos que se entregan como a quienes van dirigidos. Se ha desligado a la familia de la escuela, a padres e hijos, no se busca el diálogo consigo mismo, se ha perdido la relación entre el individuo y su entorno social. Todo ello limita la confianza entre educadores y educandos, pero también entre educandos y las instituciones que entregan los conocimientos. Es a través del amor, de las relaciones amorosas, de la amistad en el aula que es posible alcanzar el florecimiento personal de alumnos y alumnas. Por el contrario, las instituciones educacionales preocupadas más de lucrar que fomentar el aprendizaje de sus educandos, obliga a sus profesores generalmente a privilegiar una enseñanza que ofrezca sólo el bienestar material centrado en una concepción cuantitativa de ese bienestar, que induce a los alumnos a supuestas especializaciones que les podría asegurar cada vez más cantidad de bienes, por sobre la calidad de vida. Nuestros alumnos han sido transformados en máquinas robotizadas, automáticas, con criterios estandarizados e impersonales, sin iniciativas, desvinculados unos de otros, sin conciencia solidaria en los verdaderos problemas sociales que aquejan a nuestros países, con mentes obtusas, sin tener una mirada a esa relación indisoluble individuo-sociedad-especie, perjudicando con todo ello la convivencia en la sociedad. Lo que las actuales instituciones de educación entregan a nuestros países son profesionales transformados en meros objetos que basan su vivir en logran beneficios materiales antes que seres inteligentes, afectivos, amorosos, ecológicos, éticos que buscan construir una sociedad mejor. Son instituciones que no están en el camino de la remoralización de nuestras sociedades tan degradadas por la corrupción, el egoísmo y la hegemonía del beneficio impuesto por la sociedad neoliberal.

Los profesores denuncias la fragmentación del saber y el conocimiento se empieza a depositar en supuestos “expertos” hiperespecializados que consideran las partes de la sociedad por separado, disjuntos de su totalidad, que muestran su incompetencia cuando no  son capaces de percibir cómo los entornos de esos saberes son fuertemente perturbados con influencias exteriores. Ello sucede porque no poseen una formación globalizadora. Sus conocimientos no son pertinentes porque salen de las universidades sin poseer las capacidades y competencias suficientes para relacionar los conocimientos separados en apariencias, transformándolos en conocimientos complejos. Nuestros recién egresados de universidades salen a un mercado laboral sometidos a coerciones impuesta por la competitividad y la racionalización. Son obligados a compartimentaciones que anulan las comunicaciones inter y transdisciplinares, dejándoles con escasas iniciativas creadoras, con horarios fatigosos, insoportables, haciéndolos participar en tareas depredadoras del medio ambiente, y con una actividad que no contribuye a su calidad de vida ni a la de su pueblo.

Frente al surgimiento de Internet, nuestro sistema educacional no es capaz de enfrentarlo en el doble sentido de no pertrechar a los sistemas educacionales con los suficientes computadores para cada niño o joven, ni menos con los conocimientos suficientes para enfrentar a este verdadero sistema neurocerebral creado artificialmente en el mundo de Internet que nos entrega la posibilidad de conocer conocimientos también globalizados y democratizar la formación y educación. No todos los alumnos ni menos los profesores están debidamente preparados para utilizar estas estructuras computacionales hologramáticas donde virtualmente se guarda toda la información de Internet.

Resumiendo, los profesores en los diversos lugares donde participan estigmatizan este modelo aún dominante en el mundo hispanoparlante en las diversas etapas de la enseñanza de nuestros niños y jóvenes, y en las áreas de las diversas ciencias (medicina, ingeniería, ciencias jurídicas, sociología, etc.), denunciando que no forman ciudadanos del planeta tierra, que no abordan aún los verdaderos problemas de la civilización, de nuestras vidas cotidianas, de la humanización y revitalización de la vida planetaria, que no buscan regenerar la vida social, política e individual, que está llevando a nuestra Latinoamérica a un subdesarrollo intelectual, afectivo, moral, de predominio de pensamientos simplificantes/mutilantes ingenieriles confundidos con racionalidad, que pone en peligro de nuevo a la democracia alcanzada. Para superar esta situación se requiere, según Morín (2011: 169), de una “… revolución epistemológica (…)  que tenga en cuenta la complejidad de una realidad multidimensional…”, es decir, que englobe también todas las dimensiones que pudiesen perturbar cada suceso: éticas, políticas, ecológicas, económicas, sociales, entre tantas otras. En fin, platean en los diversos foros donde participan que se deben asumir transformaciones educacionales tan profundas que requiere una reforma del pensamiento. No se trata de una reforma programática, sino paradigmática que tenga efectos estratégicos en las visiones de profesores y alumnos y que organice de manera nueva el conocimiento.





[1] La Organización de Estados Interamericanos (OEI) y LinkedIn están desarrollando en estos momentos una gran discusión entre los profesores del mundo hispanoparlante sobre la situación en que se encuentra la educación.   Las ideas que a continuación se expresan trata de resumir algunas de las visiones centrales de esta polémica que toca diversos tópicos de interés. Ellas se encuentran en la Web http://redesoei.ning.com/    y https://www.linkedin.com , pero para entrar a ellas es necesario poseer una clave. Esta discusión las analizo desde una perspectiva de la teoría de la complejidad, aunque no siempre los profesores que polemizan utilicen este lenguaje.


martes, 3 de diciembre de 2013

Los malditos exámenes

Por Javier Martínez Aldanondo
Gerente de Gestión del Conocimiento de Catenaria
http://www.blogger.com/blogger.g?blogID=7436198725373839197#editor/target=post;postID=4898078417101129799

“Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, nos cambiaron todas las preguntas” (Mario Benedetti).
Hace unas semanas, llevé a mi hijo pequeño a su examen de Tae Kwondo para subir de cinturón. De camino al lugar, me llamó la atención su tranquilidad, ningún asomo de angustia o ansiedad, tan solo unas inmensas ganas por obtener su nuevo cinturón y la completa seguridad de que lo iba a conseguir. Pero lo más sorprendente estaba aún por llegar. El profesor a cargo de realizar el examen (cinturón negro sexto dan) comenzó diciendo a los 30 alumnos de diferentes edades allí presentes, algo insólito para mí y que marcaría el devenir de toda la actividad:
Chicos, el examen es para disfrutar así que relájense y ante todo, pásenlo bien”. ¿Alguna vez escucharon algo similar en el colegio o en la universidad? ¿No se supone que un examen es un momento serio, formal, trascendente, en cierta forma un sufrimiento inevitable? El objetivo del examen consistía en que los alumnos demostrasen lo que sabían y para ello el profesor les pedía que realizasen determinados movimientos en la jerga propia del Tae Kwondo. Los alumnos ejecutaban el ejercicio solicitado y para mi sorpresa, de nuevo el profesor actuaba de forma inédita: Sin un mal gesto, una mala cara o una mala palabra de desaprobación, el profesor corregía a los alumnos que se equivocaban y les pedía repetir el movimiento hasta que lo hacían bien. ¿Desde cuándo un profesor aprovechaba un examen para enmendar los errores de sus alumnos y ayudarles a mejorar? ¿No se trata de revisar los aciertos y sobre todo, detectar y penalizar los errores? Como colofón del proceso, el profesor agradeció la participación de todos e hizo una confesión pública: “Yo no era bueno para el Tae Kwondo pero me hice bueno practicando y practicando, no hay otro camino. Si quieren mejorar, entonces tienen que entrenar más ya que el examen será cada vez más exigente. A estas alturas no sé si alguien dudará que lo que separa a unas personas de otras, rara vez tiene que ver con la genética sino con las miles de horas que hemos dedicado a los temas que nos interesan. El profesor remató la jornada diciendo: No se olviden de que la primera ley del Tae Kwondo es el respeto, la cortesía.
Cada vez que pregunto a alguien sobre lo que recuerda con mayor desagrado de su etapa estudiantil, la gran mayoría coincide en lo mismo: los exámenes. Si bien es cierto que uno se podía encontrar con múltiples circunstancias antipáticas como asignaturas áridas, clases tediosas, profesores anodinos o compañeros desagradables, la única situación que provocaba verdadero miedo de forma unánime eran los exámenes. Lo curioso es que casi ningún niño se sentía mal consigo mismo por no saberse los contenidos y suspender un examen sino que el pánico estaba ligado a las consecuencias de dicho fracaso ¿qué me van a decir en mi casa? ¿cómo me van a castigar mis padres? Y es que la pregunta que siempre se hace a un niño para evaluar cómo le va en el colegio no es qué aprendió ni si disfrutó de la experiencia sino qué nota sacó. Y si sus notas son buenas, entonces se asume que todo va bien. Hoy en día, todo el sistema educativo está condicionado por los exámenes. Enseñamos lo que es fácil de medir en un examen y evaluamos el aprendizaje mediante números lo que nos ha llevado a padecer una tiranía demencial donde absolutamente todo el sistema gira alrededor de las notas.
¿Estoy a favor de eliminar los exámenes? No tengo duda alguna de que es imprescindible evaluar ya que necesitamos comprobar si alguien ha aprendido lo que queremos que aprenda. Todo el esfuerzo, tiempo y dinero que invertimos en la ardua tarea de educar no puede quedar sin verificar. En la columna Obsesionados por medir, no se pone en cuestión la necesidad de medir sino la urgencia de decidir, en primer lugar, qué es importante medir y a continuación, cuál es la mejor manera para hacerlo.
La cuestión entonces es otra ¿Cómo evaluar? ¿Tiene sentido evaluar de la forma que lo hacemos desde hace siglos? Estas palabras de Mark Twain son muy sabias. “Siempre que te descubras en el lado de la mayoría, es hora de detenerse a reflexionar”. La única forma sensata de evaluar si alguien aprendió algo es pedirle que lo demuestre, mediante la experiencia. No basta con preguntarle y que me diga cómo se hace. Perfectamente alguien puede saberse de memoria la receta de la paella y sin embargo, ser incapaz de demostrarlo cocinando una paella. O conocer al dedillo el código de circulación y ser incapaz de conducir un automóvil. Por esa razón, un examen escrito u oral y, menos aún un test de respuesta múltiple, no solo son claramente insuficientes sino que si lo pensamos bien, son una forma absurda de evaluar porque estamos dejando fuera lo más importante: comprobar si el alumno es capaz de usar los conocimientos en las situaciones que encontrará en la vida. Y si no podemos justificar situaciones en las que usará dichos conocimientos, entonces hay que preguntarse si merece la pena enseñarle lo que queremos que aprenda. Se puede argumentar que hacer que alguien demuestre lo que sabe es mucho más complejo, engorroso, caro y lento que hacer un examen tradicional pero ¿se imaginan que para obtener el carnet de conducir solo se exigiese el examen teórico? Ningún país del mundo se atreve a cometer tal atrocidad porque es consciente de las funestas consecuencias que acarrearía tener millones de conductores circulando sin los conocimientos necesarios para ello. De hecho, numerosos países están modificando el examen de conducir ampliando el tiempo dedicado a los ejercicios prácticos. Por fortuna, incluso entre las máximas autoridades universitarias surgen voces que reclaman por evaluaciones de carácter práctico. La sociedad se tiene que asegurar de que aquellos a quienes habilita para desempeñar distintos roles y actividades, están debidamente preparados para hacerlo: Un médico tiene que ser capaz de sanar, un arquitecto debe poder diseñar, un piloto de avión pilotar, etc. En su momento, yo recibí un título que me habilita como abogado pero nadie jamás verificó si yo era capaz de asesorar a un cliente a lo largo de un procedimiento judicial sino que tan solo tuve que aprobar una cadena interminable de exámenes escritos que incluía materias tan variopintas como derecho canónico, derecho natural o derecho romano. Sin haber tenido nunca ocasión alguna de practicar, el sistema educativo legalmente me autorizó a ejercer la abogacía, una decisión bastante irresponsable cuando no derechamente peligrosa. Por suerte para la sociedad, nunca me dediqué al Derecho.
¿Cuáles son las imperfecciones que tiene el actual sistema de exámenes?
  1. Un número es un indicador muy pobre y muy incompleto para calificar el conocimiento de una persona. ¿Cómo evaluamos a un profesional en el mundo laboral? A nadie le importa las notas que obtuvo en tu tercer año de universidad ni a nadie le hacen un examen a fin de mes y le pagan el sueldo en función de las respuestas que acierta. Es casi imposible proclamar de forma incontestable y mediante una evaluación numérica, quién es el mejor profesional en el ámbito en que te desempeñas. Son muchas las variables que influyen: hay quien logra resultados más rápido, quien lo hace más barato, más flexible, más creativo, más estético, con mayor conciencia con el medio ambiente…. Una nota no dice más de una persona que su número de carnet de identidad, su peso o su talla de zapatos.
  2. Es perfectamente posible aprobar un examen por azar o pura casualidad.
    1. Tú podrías estudiar el 5% de las materias sobre las que te van a examinar y que las preguntas que te hagan en el examen sean sobre ese 5% que tuviste la fortuna de estudiar. El resultado es que, a los ojos de la institución que te evalúa, tú sabes (incluso sabes mucho si consigues una buena nota) cuando la realidad es bien diferente. Sin embargo, cuando tienes que demostrar que sabes, hacer algo, la suerte apenas tiene influencia alguna. Si tienes que hacer una paella, no te sirve estudiar ningún 5%, de hecho estudiar no tiene mucho sentido
    2. Además, puedes estudiar asignaturas de memoria sin entender el significado de lo que estudias, repetirlo textualmente en el examen, obtener una buena nota y a pesar de todo, no tener mucha idea de lo que estudiaste.
    3. Por último, en un examen tradicional, puedes copiar a otros, puedes utilizar todo tipo de artimañas y mecanismos fraudulentos para aprobar pero cuando tienes que hacer, nada de eso te resulta de utilidad. Si tienes que hacer una paella, no importa lo mucho que copies o que te ayuden, si no sabes hacerla, de nada te servirá.
  3. Un examen únicamente verifica una mínima parte de lo supuestamente deben aprender los alumnos ya que las preguntas se formulan siempre sobre una pequeña muestra del total de los contenidos que los alumnos deben estudiar (se pregunta sobre ese 5% o 10%)
  4. Aunque cualquier evaluación incorpora un componente de subjetividad que es imposible eliminar, un examen escrito u oral donde la evaluación es realizada por el profesor sin que el alumno u otros terceros estén presentes (el profesor corrige los exámenes en su despacho) y sin constancias objetivas de lo que el alumno es capaz de hacer, deja abierta la puerta a cualquier tipo de discrecionalidad. La forma de calcular las notas (sumando notas parciales, obteniendo la media, etc.) no tiene ningún correlato con el conocimiento real de un alumno
  5. Los exámenes son ejercicios muy reduccionistas y poco abiertos a la innovación y al pensamiento crítico. Un examen coloca una pistola en el pecho del alumno y le dice: o respondes lo que se espera o te va a ir muy mal. No tienes ningún margen de maniobra porque existen respuestas correctas y no es tarea tuya discutirlas sino repetirlas literalmente. No importa si lo que te preguntan es relevante para ti, si estás de acuerdo, si tienes otro punto de vista personal que se sostiene sobre argumentos justificados u originales. Si quieres que te vaya bien, no tienes otra alternativa que repetir como un loro lo que examinador espera escuchar o leer. Ante esta disyuntiva, el alumno disimula, hace como que le importa y simula que aprende. Los alumnos que sacan buenas notas no son los más inteligentes sino que son los que más fielmente siguen las reglas
  6. Un examen no entrega feedback alguno al alumno que le permita aprender: la mayor parte de las veces, una nota no te indica en qué te equivocaste, por qué te equivocaste ni cómo hacerlo bien. Solamente se enfoca en lo que ya hiciste mal en lugar de ayudarte a mejorar
  7. Los exámenes se basan en la existencia de certezas irrefutables. Cada vez que establezco que hay respuestas correctas, en realidad lo que hago es indoctrinar y por tanto, te estoy negando la posibilidad de experimentar por ti mismo, comprobar las consecuencias y generar tu propio criterio (corregir un examen es mucho más simple que permitir que cada alumno experimente y saque sus conclusiones y no repita las de otros). El alumno carece de posibilidades de argumentar, de rechazar lo que le proponen o escoger otro camino
  8. Obtener buenos resultados en los exámenes a lo largo de tu trayectoria educativa, no es garantía ni un buen predictor de éxito futuro. Son innumerables los casos de profesionales reconocidos que o bien, derechamente fueron pésimos estudiantes o simplemente abandonaron su educación universitaria sin que ello tuviese el más mínimo impacto en su vida. La conclusión es obvia: dedicamos grandes esfuerzos a enseñar cosas que no merecen la pena, de una forma que no tiene apenas impacto y dejamos de enseñar lo verdaderamente importante porque no sabemos cómo evaluarlo. Estecaso alcanzó gran notoriedad recientemente: “Hola me llamo Benja Serra, tengo 2 carreras y un master y limpio WC”
  9. Las notas y sobre todo los rankings, fomentan la competencia y amenazan la colaboración. Cuando el objetivo es sacar la mejor nota, entonces aprender deja de tener importancia, lo que se busca es lograr el fin sin que importe demasiado el medio utilizado. Y por supuesto, en un ranking, el resto de mis compañeros pasan a ser competidores por obtener un premio que yo deseo para mí, lo que automáticamente conduce a que la posibilidad de colaborar, de ayudarse, de transferir conocimiento y trabajar en equipo se reduzcan al mínimo.
  10. Por si fuera poco, los exámenes y las notas se prestan a todo tipo de malversaciones como por ejemplo de venta de notasmanipulaciones, etc.
La forma en que evaluamos está matando la educación. En la vida, las situaciones de mayor aprendizaje no necesitan de un examen. Aprender no consiste en saber sino en aplicar lo que sabes y verificarlo. Aprender y por ende enseñar, implica emocionar, solo se aprende lo que te entusiasma, se aprende mucho mejor aquello que te maravilla, que te deslumbra. Esto significa que ni el colegio ni la universidad tienen que enseñarte nada sino entregarte alternativas para que puedas descubrir lo que te interesa y desarrollar tu propio juicio. Cómo acertadamente afirma esta joven alumna, parece que pensar es un estorbo.
No hay mejor manera de conocer tus capacidades que poniéndolas en práctica en situaciones que aprender incluye demostrar la aplicación de lo aprendido, un examen no puede consistir en narrar o escribir sobre una situación sino en llevarla a cabo. Si hay algo imperdonable que se puede achacar al sistema educativo es su responsabilidad en instalar el miedo: Los niños tienen terror a suspender los exámenes (las clases solo les aburren) porque todo lo que les importa a sus padres son las notas. Por eso, era lógico que mi hijo fuese tan relajado a su examen de Tae Kwondo. Cuando has practicado algo repetidamente y lo dominas, no sientes temor alguno.

jueves, 7 de noviembre de 2013

¿Saben todo ésto nuestros diversos candidatos y sus especialistas en educación?


Este artículo fue escrito en Facebook en julio de 2010 con este título: ¿Saben todo esto en los Ministerios de Educación y Cultura de nuestro continente? (1)Hoy día le cambié el título a propósito de las elecciones....

31 de Julio de 2010 a las 21:02
Nuestro Computador Biológico, los Centros de Gestión y una nueva Sociedad Democrática y Cibernética

Así es, las redes informáticas son expresión de nuestro computador biológico. Es la lógica del cerebro y su sistema central que se expande como extensión de la arquitectura organizacional del cuerpo humano (Venegas, 2001). Si miráramos las cosas al revés, las redes informáticas podrían ser entendidas como la materialización de procesos lógicos que nos ayudan a comprender nuestro propio cerebro. (Campbell, 1997) Ambos, cerebro y redes poseen una enorme universalidad inteligente.

Esta universalidad no se puede entender como el dominio de verdades absolutas. La posibilidad de tener acceso a una variedad enorme de interconexiones nos da laoportunidad a todos, en especial a los alumnos/as de las diversos niveles educacionales, de configurar encuentros dialógicos sobre una diversidad infinita de temas. Y cómo enfrentar estos diálogos universales en sistemas informacionales ubicuos, que se pueden iniciar desde cualquier punto del planeta con una enorme diversidad de puertos de acceso? Este intercambio efectivo de ideas con interlocutores de diversas culturas e ideologías sólo es posible realizarlo construyendo adecuados sistemas conceptuales y puntos de referencias constitutivos de visiones, que además se reconfiguran continuamente…porque las realidades van cambiando también sin cesar….
Nos encontramos frente, entonces, a una multifacética interacción que permite, si se orienta adecuadamente a los alumnos y alumnas… a un proceso de creatividad e invención sin fin. Las posibilidades de que los sistemas educacionales de nuestros países creen y perfeccionen constantemente los métodos indagatorios va a depender de metodologías adecuadas, de enfoque epistemológicos que guíen efectivamente a nuestros aprendices en liceos y universidades a generar conocimientos nuevos. Pero no hay que confundirse…como se acostumbra en nuestras aulas…conocimiento no es la simple acumulación de información y su clasificación, archivo y reproducción. Para que nuestros estudiantes se conviertan en navegantes del conocimiento es necesario en primer lugar desarrollar factores intelectuales de carácter global en áreas del conocimiento planetario, antropo-societal, biológico y cosmológico que nos de cómo resultado la construcción de visiones transdisciplinares que nos permita entender esos sucesos a veces muy débiles que nos entrega la información. La información no es conocimiento, como ya señalamos….la información se transforma en conocimiento en los marcos de estos paradigmas construidos para esos fines explicativos y en una situación muy real local. No es tampoco, entonces, un problema sólo teórico…sino que además muy práctico….es la transformación de la inteligencia teórica en práctica….

Pero nuestros alumnos/as tienen que entender que las máquinas informáticas a las cuales están interconectados son máquinas que recrean nuestros propios ambientes de inteligencia….son sencillamente nuestra prolongación….los ordenadores no son otra cosa sino que nuestros cuerpos prolongados tecnológicamente (Venegas, idem) . Entender eso evita la alienación de los seres humanos respecto a estos aparatos tan sui generis. Entendido así, el ordenador no se ve como algo antagónico, sino como una posibilidad de desarrollar una inteligencia globalizada, que pueda estar en todas partes, en redes multidimensionales.

Entienden esta situación aquellos llamados especialistas que programan e implementas nuestros sistemas educacionales? La impresión es que no. Buscan simplificar las cosas entregándoles competencias a profesores/as y alumnos/as que los transformen en simples operadores de información, en hacedores de aquello que el mercado neoliberal les solicita…para qué pensar si piensan otros, aquellos localizados en grandes centros de investigación e innovación en el hemisferio norte o en el lejano oriente?.... Nosotros…nuestros jóvenes?...sólo a consumir o ejecutar medianamente bien los que otros nos envían….incluso como desecho y chatarra…esto es el desarrollo que nuestras autoridades quieren para nuestros países…para Chile? A eso estamos condenados por la miopía y/o la complicidad de nuestros dirigentes tradicionales?

El nuevo diseño educacional ha de preparar a los nuevos jóvenes navegantes del conocimiento como seres energocibernéticos (Yanes, 2008). Deben ser capaces de navegar por el ciberespacio superando todas las dificultades que esta nueva realidad les pone por delante: nuevos códigos por descifrar; interactividad e interacción con diversidad de seres en el planeta, superación de las trampas delictivas, derrotas a los ataques de virus, capacidad de construir las banderas intelectuales y epistemológicas para ser innovadores, auto-formación constante, autonomía de vuelo en un espacio lleno de sorpresas, capaces de asumir muchas tareas y entender la realidad en la cotidianidad, creador de sistemas organizativos poderosos para replantear los nuevos conocimientos en función de crear una sociedad cibernética justa para todos, y, plantearse la tarea ecológica de salvar al planeta de la aniquilación significativa de formas de vida, entre ella la humana, por la irresponsabilidad criminal de los propios seres humanos, entre tantas otras exigencias de este nuevo mundo que vivimos.

Los nuevos latinoamericanos y caribeños entendidos como seres energocibernéticos deben ser capaces de crear los centros de gestión en todas las áreas de la sociedad que permita una profunda transformación democrática de cada uno de nuestros países. Deben propender a su crecimiento desde una perspectiva ética cósmica que respete la diversidad. Su objetivo central debe ser la unidad en la diferencia. Esto implica garantizar la continuidad del planeta en primer lugar, y todas sus formas de vida, buscar un desarrollo económico sustentable, respetando todas las redes ecológicas existentes, buscar enfrentar la complejidad de nuestra sociedad y del planeta en permanente ascenso, deben crear continuamente diversos factores de inteligencia para comprender las perturbaciones entrópicas de los diversos medios y entornos que rodean los sistemas fundados en el futuro por nuestras sociedades democráticas y cibernéticas, y a la vez, desarrollar formas nuevas de gestionar su viabilidad, su permanencia, en la perspectiva de sus desarrollos futuristas. La brecha digital debe ser superada de inmediato. No hay ninguna posibilidad de garantizar en el futuro una verdadera sociedad democrática altamente informatizada si todos los habitantes no son capaces de transformarse en navegantes del conocimiento…sólo ese hecho creará las condiciones para el fin de la propiedad privada sobre las fuerzas productivas…Estando el conocimiento creándose en cada uno de nosotros…en todos nosotros…qué sentido la propiedad privada de él…porque ´´este se construye colectiva y colaborativamente?
Pero una sociedad democrática cibernética requiere de un modelo de gestión viable…y será viable sólo si se puede mantener en el tiempo separado del entorno, sobreviviendo a un ambiente cambiante lleno de perturbaciones que tienden a desestabilizar el sistema. El Centro de Gestión Cibernético transforma al sistema en un sistema viable si es capaz de alcanzar nuevos niveles de homeostasis, provocando en él cambios estructurales pertinentes que le hagan posible adaptarse a las anomalías de ese entorno sin perder su identidad y su capacidad de crear los fundamentos de su propia auto recreación constantemente. Y esto será también un trabajo colectivo, interactivo y colaborativo.

Los sistemas de acuerdo a Maturana y Varela (1997) son autopiéticos, es decir, se producen a sí mismos, se levantan por sus propios medios, constituyéndose como algo diferente a su medio por su propia dinámica, crean desde sí mismo su propia organización a través de la producción de los propios elementos que lo componen. La autopoiésis surge siempre y cuando en un sistema las relaciones de producción se encuentren concatenadas de tal manera, según los autores mencionados, que producen componentes que hacen del sistema una unidad que genera continuamente su carácter unitario que lo definen como unidad topológica, y dichas relaciones se mantiene constante a través de la producción de los componentes que forman dicho sistema. La propiedad autopoiética de una organización social consiste en que se trata de unidades organizadas como sistemas que generan sus propios procesos de producción de componentes y relaciones entre ellos a través de sus continuas interacciones y transformaciones, constituyéndose de esta manera como unidad topológica en un espacio físico determinado.

En una sociedad democrática cibernética la gobernabilidad es un asunto prioritario. Si es colectivo y colaborativo, si parte de sí mismo produciendo sus propios componentes en ambientes de libertad y respeto de la identidad de cada uno…la totalidad de sus integrantes deben conocer los principios de funcionamiento de los centros de gestión con la información adecuada y la capacidad de participar en la toma de decisiones colectivas, deben estar preparados para conocer las variaciones del entorno y responder a ellas adecuadamente. Hombres y mujeres estarán como nunca vinculados a los computadores en procesos bioelectrónicos, capaces de manejar estos sistemas hipercomplejos, lo que los obligará a incrementar las interacciones con diversidad inimaginable de sistemas interconectados. Sólo en esas condiciones se podrán tomar adecuadamente y en forma pertinente decisiones que transforme a nuestros sistemas en sistemas viables en una sociedad altamente informatizada….cibernética….

Nuestros gobiernos y sus políticas públicas en las áreas de educación y cultura, preparan a nuestros jóvenes para tamaño viaje por el conocimiento? No habrá llegado ya la hora de un cambio radical, de un reemplazo generacional para erradicar esta vieja sociedad industrial y neoliberal enferma y corrompida, por una cibernética, igualitaria, democrática…donde cada uno de sus ciudadanos pueda desarrollarse plenamente con igualdad de oportunidades en sus rasgos material, intelectual y espiritual y capaces de autogestionar sus propios sistemas, globalizados, pero heterogéneos?

miércoles, 23 de octubre de 2013

La Época Actual



La modernidad según Parra (1997) es una época multidimensional y compleja, en la que convergen diversos procesos que, a su vez, se presentan interrelacionados y fecundándose mutuamente. El concepto profano de época moderna, agrega Parra, manifiesta la convicción de que el futuro ha empezado ya: significa que la sociedad vive orientada hacia el futuro, que se ha abierto a lo nuevo. En esta  visión del mundo, según el mismo autor, se explican los conceptos de movimiento estrechamente ligados al concepto de época moderna: revolución, progreso, emancipación, desarrollo, crisis.

Para Habermas (1993), en la modernidad la razón se instaura como triunfo supremo y ante ella todo se ha de justificar para que pretenda validez.  Así se va verificando en el mundo el paso de una visión cosmocéntrica de la realidad a una visión antropocéntrica. El hombre se descubre como centro del mundo y como referencia básica a partir de la cual todo se valora y juzga. La nueva comprensión conduce a una modificación en la imagen del mundo. La modernidad, de acuerdo a Habermas concibe al mundo como historia, como una situación casi ilimitada y un inmenso campo material para que el hombre  lo conforme a sus objetivos e ideales, lo someta a sus deseos de felicidad y, de este modo, se construya para sí un futuro último de salvación y de auténtica realización humana. Una de las raíces importantes de la modernidad es sin duda la ciencia moderna: una ciencia fundamentalmente experimental. La naturaleza deja de ser una dimensión, denuncia Habermas, para ser contemplada e imitada, para pasar a ser un objeto de dominación y transformación. La metodología científica moderna hace posible la invención de la máquina que, a su vez, contribuye para el nacimiento de la llamada revolución industrial.

            De acuerdo a Larraín (1998), se puede decir que es inherentemente globalista en cuanto sus procesos sociales típicos operan más y más a escala internacional, integrando y conectando comunidades locales y organizaciones en nuevas combinaciones de espacio y tiempo. El mundo se torna y se experimenta más interconectado. EL proceso de globalización, señala este autor, se refiere a la intensificación de las relaciones sociales universales que unen a distintas localidades de tal manera que ocurren muy lejos y viceversa. El término “moderno” puede definirse también como una forma de autoconciencia, como un modo específico de vida y como una experiencia vital. Por un lado ha sido frecuentemente usado para expresar la conciencia de una época que se considera nueva en relación a un pasado antiguo e inmóvil. Lo moderno, plantea el autor, no respeta su propio pasado y se mira a si mismo como el resultado de una transición de lo tradicional a lo nuevo. La edad moderna se define a sí misma como el reino de la razón y de la racionalidad, que han desplazado a la religión, a los prejuicios y supersticiones, a las costumbres tradicionales.

            Touraine (2000) sostiene que con la modernidad se pretendía la correspondencia entre una cultura científica, una sociedad ordenada y de individuos libres por imperio de la razón. Con la modernidad se pretendía que la razón era la que debía animar la ciencia y sus aplicaciones, adaptar la vida social a las necesidades individuales y colectivas y reemplazar la arbitrariedad y la violencia por el estado de derecho y el mercado. Sin embargo, según Touraine, el fracaso de la modernidad transformó esta visión racionalista de la sociedad por una exclusivamente instrumental al servicio de una sociedad y un sistema social centrado en la acumulación. La modernidad, según este autor (2000:12),  reemplazó “la unidad del mundo creado por la voluntad divina, la Razón o la historia, por la dualidad de la racionalización y de la subjetivización”. Impuso la separación del sujeto que había descendido del cielo a la tierra, con el mundo de los objetos manipulado por las técnicas. Hay una disociación de sistemas  sus actores, de la separación del mundo técnico o económico y de la subjetividad. Touraine concluye que esta situación antagónica entre sujeto y acción debe ser resuelta. Propone que la modernidad se transforme en un diálogo de la Razón y del Sujeto, porque “sin razón, el sujeto se encierra en la obsesión de su identidad; sin el sujeto, la Razón se convierte en el instrumento del poder” (:13).

A diferencia de la modernidad, la llamada postmodernidad –según Parker (1997)- es la sociedad de la comunicación generalizada, sociedad de la “mass media”, los cuales son los factores determinantes de la transmisión y reproducción de los esquemas y de los “no valores”. La postmodernidad es una sociedad pluricultural donde prima la diversidad y la heterogeneidad frente a la integridad. La confianza personal no residirá en el dinero, sino en la propia persona. El cambio de una economía basada en los materiales, en la energía y en el trabajo a una basada en la información y en la comunicación reduce la importancia del Estado-nación como elemento decisivo para garantizar el futuro del mercado. Las expresiones de autonomía étnica, religiosa, etc. deben coexistir con una creciente interdependencia económica global. Transformación fundamental y penetrante en todos los aspectos de la vida.

En la postmodernidad fracasan, según este autor, los sistemas unitarios y totalizantes y los metarrelatos. Según la óptica postmoderna, el sujeto queda ahora disgregado falto de principio unificador, tensionado por la diferencia, el pluralismo, el relativismo. La posibilidad reintegradora ya no se da por medio de una racionalidad ilustrada que caracterizaba a la modernidad, sino a partir de la experiencia estética en la inconmensurabilidad de estilos y la irreductibilidad mutua entre juegos de lenguajes o formas de vida y la función instantánea, de lo que simplemente acontece; no se renuncia a la razón crítica pero se trata de un pensamiento débil, una racionalidad plural, heterogénea, incapaz de articulación coherente sino sólo transversal cargada de ambigüedad. La búsqueda de los postmodernos de acuerdo a Parker, es fruto de un sujeto débil, agazapado, sumergido en la espesura heterogénea de la cibernética, abstractos, plurívocos, inconmensurables.

En la perspectiva de Toffler (1996), la sociedad de masas,  para lo que estaba diseñada la corporación comienza a desmasificarse. No sólo la información, la producción y la vida familiar, sino también el mercado de trabajo están empujando a romperse en trozos pequeños y más variados. Pues la creciente diferenciación de bienes y servicios, agrega a continuación este autor, reflejan también la creciente diversidad de necesidades reales, valores y estilos derivada en una diversificada sociedad de la tercera ola. Las fuerzas que crearon la sociedad de masas se han visto súbitamente desplazadas. En un contexto de alta tecnología el nacionalismo se convierte en regionalismo. Los medios de comunicación, en vez de crear una cultura de masas, la desmasifican. Y todas estas evoluciones corren parejas con la emergente diversidad de formas energéticas y el avance más allá de la producción en serie.

Los escritores Herman B. Maynard Jr. Y Susan E. Mehrtens (1996) señalan que vivimos en un mundo cambiante donde creamos nuestra realidad y al mismo tiempo buscamos la totalidad.  Agregan que la intuición y otros procesos no racionales complementan la razón en la búsqueda del conocimiento y loa comprensión. Que cada vez más somos nosotros mismos los que decidimos las formas de vivir y trabajar. Señalan que cada vez nos comprometemos más en la búsqueda del sentido y del propósito de la vida, así como de la verdad y del amor, de la sabiduría, de la autovaloración. Ambos autores afirman que vivimos una época de decadencia del materialismo donde los bienes intangibles como, entre otros, honestidad, coraje, convicción, cooperación son fuerzas predominantes y que estamos frente a movimientos que trascienden la nacionalidad con interdependencia mundial. Señalan que nos definimos por la co-creación, centrados en el poder que emerge desde el seno de nosotros mismos y la integración de la vida y responsabilidad por el conjunto.  Maynard y Mehrtens le dan un rol importante a la intuición en el aprovechamiento de las capacidades humanas y resaltan las intenciones. Según ellos, la sociedad va tras la “libertad de expresión para todos, apertura y aceptación, flexibilidad, aprendizaje permanente” (:116).

Hopenhayn (2004:17) apunta que en la actual sociedad estamos cruzados por un entretejido de incertidumbres, crisis del Estado de bienestar, pérdida de centralidad histórica de la lucha de clases, fragmentación social y cultural. Pero al mismo tiempo se hace la pregunta de si “¿Buscamos todavía alguna forma de totalización, una nueva explicación comprehensiva, otro sujeto con vocación universalista, una utopía inédita e inéditamente movilizadora? El autor señala que hay dudas que la renovación política o la modernización sean una vez más motores de una nueva síntesis histórica capaz de crear futuro y echar a andar la memoria dormida de los pueblos que ha “pulverizado sus sueños”.

El autor nos plantea que estamos frente a la muerte de la revolución y que esta mutación cultural es “una peculiar forma de morir”. La revolución nos redimía de la alienación capitalista y buscaba alcanzar la emancipación universal. Esta revolución posible, señala el autor,  nos exigía (:18-9) “la plena compenetración de la vida personal con la vida de los pueblos, la comunión sin fisuras entre un proyecto de vida y un proyecto de mundo, la justificación redonda y compacta para la propia existencia personal”. Sin revolución, dice el autor, la vida presente pierde la virtualidad de una epopeya y nos somete a una cierta cultura del desencanto.

Hopenhayn nos dice que la pérdida de este referente de la revolución como referente meta-histórico lo reemplazamos por una colección de “software” como el del crecimiento personal, del pragmatismo y transformismo político, del olvido de la ética, de la búsqueda sin cesar del ascenso profesional y social. Nos queremos readecuar constantemente donde las formas se han vuelto contenidos y la visión ahora es de corto plazo. Con la pérdida de la revolución los sueños se esfuman y las rupturas radicales pierden el encanto que tenían. La totalización de las ideologías y políticas revolucionarias son cambiadas por totalizaciones que nos entregan las tecnologías y de la “floreciente industria cultural”. La globalización impuesta por la hegemonía norteamericana agudizan los procesos de fragmentación social en el mundo y en nuestro continente y donde aparece como nuevo fenómeno que excluye pero que al mismo tiempo condiciona los fenómenos de estar integrados y al mismo tiempo excluidos de los procesos modernizadores universales. La globalización de las comunicaciones con la simultaneidad planetaria de la información  y la movilidad acelerada de los productos simbólicos agudiza la desterritorialización de nuestros países que nos amenaza con desestabilizar nuestras identidades.

Estamos frente a un nuevo fenómeno, nos señala Hopenhayn: permeabilidad y “porosidad de los imaginarios” que ya nadie racionaliza. ¿Se podrán pensar caminos nuevos que seduzcan a nuestros pueblos en nuevas aventuras liberadoras? ¿El sueño revolucionario y las utopías que nos acompañaban en nuestras epopeyas renacerán? En este nuevo mundo predomina lo cotidiano como fenómeno de lo inmediato que se prolonga sin cesar y que limitan las expectativas de la liberación total. Sin embargo, las viejas contradicciones que alimentaron las revoluciones en el pasado no han desaparecido, sino que por el contrario, se van agudizando día a día. La precariedad es lo dominante en el mundo de hoy. Y la movilidad de receptores y emisores se profundiza en esta era de la conexión permanente en el mundo. Todo ello mueve sin cesar a receptores y emisores. Estamos entonces, en una sociedad donde predomina lo cotidiano como fenómeno de lo inmediato sin expectativas de futuro, en una vida ciudadana cada vez más precaria y provisoria, donde las formas se confunden con los contenidos y la exclusión predomina con apariencias de integrados.

Según Giddens (1985) la postmodernidad no sólo hace referencia a la crisis de la fe en los procesos del desarrollo humano, a la crisis de los megarelatos que se refieren al pasado y que tienden además a predecir el futuro, y al surgimiento de pluralidad  en el conocimiento, donde la ciencia ha ido perdiendo su lugar privilegiado. Giddens plantea además que todo lo anterior sucede porque los acontecimientos en donde se desarrolla lo humano no se entienden y escapan al propio control de la sociedad. Este autor señala que el problema no es que estemos entrando a una nueva etapa de desarrollo social denominado postmodernidad, sino que es la propia modernidad la que se está radicalizando y universalizando. Esta nueva situación se caracteriza fundamentalmente por lo que él denomina discontinuidad de la modernidad donde todas las instituciones que surgen son, en alguna  medida únicas, distintas en su forma a las existentes en los períodos históricos anteriores.

El importante punto de vista que plantea Giddens(1985) a los sucesos, el tiempo y el espacio en la época actual, no es la negación de estos dos últimos sino cómo las singularidades se dan en el tiempo y el espacio, cómo lo cohesionan. Lo que plantea es que se produce un distanciamiento entre el suceder del suceso y el tiempo y el espacio, conectando de esta manera la presencia con la ausencia. Este autor señala que en la modernidad se produce un mayor distanciamiento en la cohesión de tiempo y espacio y el suceder, y esta situación es la base de la naturaleza crecientemente dinámica de la modernidad. En efecto, siguiendo las ideas centrales de Giddens, el dinamismo de la actual sociedad está vinculado a la separación del tiempo y el espacio, no de su negación sino que de una menor cohesión que permita la regionalización de la vida social. A esta nueva situación Giddens la denomina desanclaje de los fenómenos sociales conectado directamente a la producción constante de conocimientos de las personas y los grupos sociales que actúan en la sociedad.

Este autor plantea que el tiempo se conectó al espacio (y al lugar) hasta que la uniformidad de la medida del tiempo con el reloj llego a emparejarse con la uniformidad en la organización social del tiempo. Pero el surgimiento y desarrollo de la modernidad, plantea Giddens va cada vez más separando el espacio del lugar cuando la sociedad va desarrollando medios de comunicación que empieza a fomentar las relaciones comunicacionales entre los que no están en el mismo lugar, a los, como denomina el autor, "ausentes" físicamente en una relación no ya "cara a cara". Los espacios locales son penetrados por estas redes informacionales que se generan a mucha distancia de ellos. Sucede lo que él denomina "espacio vacío" que es una representación del espacio sin referirse a un lugar específico, a lo local en escena.
           
El propio Giddens se plantea la pregunta de ¿por qué es la separación entre tiempo y espacio algo de tanta importancia para el dinamismo extremo de la modernidad? En primer lugar señala el autor, porque es la primera condición para el proceso de desanclaje. La separación tiempo-espacio y su formación dentro de estandarizadas y «vacías» dimensiones, agrega el autor, corta las conexiones que existen entre la actividad social y su «anclaje» en las particularidades de los contextos de presencia. Las instituciones «desvinculadas», según el autor que analizamos, extienden enormemente el ámbito de distanciamiento entre tiempo-espacio y este efecto es dependiente de la coordinación conseguida entre tiempo-espacio.  En segundo lugar, la modernidad es capaz de aunar lo local con lo global en formas no conseguidas en el pasado, influyendo en el hacer y en el pensar de muchos millones de seres humanos. Y por último, la historicidad radical o las determinadas regularidades que condicionan el desarrollo de los nuevos fenómenos que ocurren en la modernidad, depende de modos de «inserción» dentro del tiempo y el espacio no conocidas anteriormente e inalcanzables para las viejas civilizaciones.

En el marco de lo sostenido anteriormente, Giddens entiede por desanclaje la ruptura de las relaciones sociales de sus contextos locales en sociedades modernas con cada vez mayor desarrollo informacional. En este desanclaje existen dos mecanismos en la actualidad que van asegurando el desarrollo de este fenómeno. El primer lugar, según el autor, están las señales simbólicas. El otro factor son los sistemas expertos.

Giddens entiende por señales simbólicas en la sociedad actual aquellos medios de intercambio que pueden ser pasados de unos a otros sin consideración por las características de los individuos o grupos que los manejan en una particular coyuntura. Una de estas señales simbólicas en que sustenta su teoría sobre el desanclaje es el dinero.   el dinero es un medio de distanciamiento entre tiempo y espacio. El dinero permite la verificación de transacciones entre agentes ampliamente separados en tiempo y espacio. Giddens agrega que una de las formas más características de desanclaje en el período moderno es la expansión de los mercados capitalistas (incluidos los mercados monetarios), relativamente recientes en su extensión internacional. Siguiendo este mismo sentido Toffler (1996) señala que el dinero de la Tercera Ola consiste, cada vez más, en impulsos electrónicos. Es evanescente. Se transfiere al instante y es supervisado en una pantalla de un terminal informático. Es casi sólo un fenómeno visual, destellando y zumbando de parte a parte del planeta. El otro factor de desanclaje son los sistemas expertos. Al decir sistemas expertos  Giddens se refiere a sistemas de procesos tecnológicos o de experiencia profesional  capaces de organizar grandes áreas del entorno material y social en el que vivimos..

                         Según Patricia May (2001)  vivimos sucesivas oleadas complejificadoras y de ascenso de conciencia en el sentido de mayor conocimiento de las cosas desde el ámbito mineral, pasando por lo vegetal, animal y humano. La complejidad, según esta autora, constituye una constante no sólo de la sociedad humana, sino que es el "modo de ser" de todo el cosmos, como si existieran impulsos interiores que nos empujen a buscar cada vez estados más refinados de expresión. Pero esta tendencia complejificadora responde a un orden jerárquico, en el entendido que los niveles más complejos incluyen a los más simples, pero en una transformación dialéctica en donde estos niveles tienen saltos de calidad que se transforman en otra cosa en un acto de comprehensión, aceptación y superación de lo más simple. Los procesos de complejidad no excluyen el pasado, no los niegan, no los eliminan sino que lo incorporan y lo integran con una cualidad distinta, con una complejidad mayor.

b)       Gestión del conocimiento y economía digital


Según Vaquero (2011:7), en la actual sociedad de la movilidad “…la voz  pierde cada vez más peso en el uso de las tecnologías móviles, donde los tiempos gloriosos de los SMS y MMS van pasando a un segundo plano. El rey indiscutible de las nuevas tecnologías móviles es el consumo de datos, que ha crecido el 47% en el último año – según un estudio reciente de la empresa norteamericana Oracle –, y se multiplicará por 10 en cinco años, en 2016, según el informe “El mercado y el tráfico de datos” elaborado por la empresa Ericsson. Así, las suscripciones de banda ancha crecerán un 60% y se espera que los 900 millones de usuarios mundiales pasen a ser 5.000 millones en esa fecha. Y esta transformación móvil tiene como base la información contenida en billones y billones de datos alojados en documentos digitales

Las tecnologías móviles, según Vaquero (:9),  “nos arrastran hacia una movilidad inmersiva, que acapara nuestros espacios y tiempos en aras de una comunicación global, donde el tiempo y el espacio pasan al servicio de nuestra relación con los demás o nuestras compañías, y donde el trabajo nunca termina sino que depende de los tiempos de proceso en los que nuestra participación está asignada. Somos parte de nuestros terminales móviles y ellos parte de nuestra vida, convirtiéndose, por tanto, en ejes de nuestro desarrollo como personas y sociedad, y donde la gestión de los contenidos digitales supone una avalancha de retos y oportunidades a los profesionales de la información, que permitirá - a aquellos que logren utilizar la enorme información disponible y ofertada por las TIC móviles de forma inteligente y crítica - un espacio de éxito en su trabajo y vida personal y social.            

En la sociedad contemporánea la gestión del conocimiento  se debe fortalecer porque se está desarrollando un acelerado proceso de reemplazo de las maneras informales en que se gerencia el conocimiento por métodos formales dentro de procesos orientados al usuario; porque se requiere tiempo para adquirir conocimientos y lograr experiencia a partir de él; porque cada día existe mayor complejidad en el manejo de las organizaciones; por su mayor transnacionalización; por los constantes cambios en la dirección estratégica de éstas; porque se necesitan soluciones híbridas de gente y tecnología para enfrentar los nuevos problemas; porque el conocimiento se adquiere fundamentalmente más a través de mapas conceptuales que de modelos y que este proceso nunca termina. A partir de todo esto podemos afirmar que la organización moderna necesita de líderes del conocimiento para enfrentar con éxito las exigencias del entorno siempre cambiante.

            Liderar el capital intelectual, el conocimiento y la tecnología tiene que ver con formas efectivas de hacer explícitas, localizar, organizar, transferir y usar las ideas, información, experiencia y creatividad respecto del negocio acumuladas en la organización. Tiene que ver con implementar procesos para la distribución de conocimientos entre grupos de trabajo interdisciplinario y transdiciplinarios sobre la generación de nuevos productos, con diseñar estrategias para compartir el conocimiento corporativo, transfiriéndola a la organización a través de instancias para llevar a cabo conversaciones estratégicas. Se trata de que el capital intelectual se transforme en un bien organizacional sólido y duradero a través de una forma adecuada de organizarlo, haciéndolo accesible y reproducible para todos.

                        La revolución digital debe ser analizada en el contexto del desarrollo de fuerzas de innovación que constantemente y en forma recurrente gatillan perturbaciones en los procesos de convergencia económica. La convergencia de las tecnologías de la información con las tecnologías de las Comunicaciones está provocando un significativo Skock tecnológico de ofertas que está favoreciendo a los habitantes del planeta más cercanos a la tecnología.             Este acelerado crecimiento de la Economía Digital hace posible sostener que el uso de las TICs en las actividades productivas y culturales se está consolidando agregando mayor valor al trabajo de las personan, y por ello a topdos los tipos de  organizaciones.
                        Una organización ya no es exitosa por el simple expediente de haber implementado la mejor infraestructura física y tecnológica, sino porque cuenta con las personas adecuadas para su uso y además porque pueden desempeñarse en un ambiente cambiante. Nos encontramos frente a una decidida revolución de la forma de trabajar, la cual posee hoy día a diferencia del pasado, más propiedades analíticas y sintéticas, es decir, es más intelectual. Si investigadores, profesionales y trabajadores no asumen estas nuevas cualidades ponen en peligro su posición y estabilidad en el trabajo, amenazan la competitividad de empresas e instituciones y del propio país y no satisfacen a clientes y usuarios.

            Ello es así porque las tecnologías (conocimientos) computacionales ya no sólo transmiten información, sino que fundamentalmente -como señala Fernando Flores-(1996) registran compromisos a través del lenguaje digital. Esto nos muestra que hemos pasado de la era en que la computación sólo administraba y estructuraba las comunicaciones para entregar información al instante, a una nueva era en que profesionales, ejecutivos y trabajadores en general articulan y modifican constantemente sus identidades personales a través de las redes de computadoras

            Tanto las formas de gestionar como el perfil del nuevo profesional han cambiado definitivamente. La gestión moderna en todo tipo de organización inteligente se mueve fundamentalmente en torno a la promoción innovadora, sistémica y prospectiva del saber, a la utilización del conocimiento para mejorar procesos productivos continuamente, para definir qué nuevos saberes pueden mejorar la producción. La gestión tiene por meta hoy día obtener información estratégica para conocer el entorno de la organización, anticipándose a las nuevas tendencias. Esta lejos la época en que la gestión se centraba sólo en la jerarquía organizativa, en el ejercicio de la autoridad y en mejorar la organización del trabajo. La gestión en definitiva debe crear las condiciones para “aprender a aprender“ y a desaprender al mismo tiempo, de todas las formas y estilos caducos del pasado
            De aquí surge un nuevo perfil del profesional, investigador y trabajador actual, que se caracteriza por su capacidad de gestión, creativo, flexible, cualificado, tenaz, con visión de futuro, pensamiento complejo, sistémico y estratégico, empático, problematizador, transdisciplinar, prospectivo e intuición futurista, capacidad para enfrentar y superar ambigüedades, interactivo, forjador de compromisos, constructor incansable de valores éticos, capacidad de trabajar en equipo, multifacético y multifuncional, entre otras. Todo esto es posible sólo sobre la base de una sólida visión cultural generalista que supere la estrechez de la mera especialización.


c)       Sociedad de la Información y el Trabajo Flexible


            La Sociedad de la Información y su Nueva Economía con la introducción acelerada de la tecnología, está incrementando la complejidad de cada puesto de trabajo, desplazándose el empleo de los sistemas productivos intensivos en mano de obra a aquellos intensivos en conocimientos. En la misma medida que el contenido del trabajo en términos de conocimiento crece, los puestos de trabajo van cambiando de carácter, exigiéndose una mayor cultura profesional y simultáneamente aumento de la especialización, disminuyendo con ello la intercambiabilidad de estos puestos.

            Esta exigencia de mayor cultura en el trabajador lo está volcando a un nuevo tipo de trabajo que no tenga como contrapartida sólo ganar dinero sino que fundamentalmente crear valor, insertarse en la cadena de valor de empresas e instituciones. Hoy día el trabajador moderno quiere desprenderse de los conceptos tradicionales de control y subordinación jerárquica para participar en las comunicaciones ricas y amplias, intensas, profundas (custumización de la información) e interactivas, es decir, quieren integrarse a la red del intercambio de información dentro de las empresas e instituciones, pero además de los proveedores, distribuidores, clientes o usuarios presentes y potenciales.

            La Sociedad de la Información y su Nueva Economía están cambiando también las relaciones laborales. Estas son cada vez más transitorias. Porque hay una preocupación mayor por sus significados culturales, se busca trabajo vital de acuerdo a los talentos y capacidades. El trabajador quiere más espacios y mayor tolerancia al error y la crítica. En definitiva se quiere mayor flexibilidad en su doble contenido: la exigencia ineludible de adaptarse y responder a la impermanencia del entorno con formación y aprendizaje continuo, y al mismo tiempo, satisfacer la exigencia necesaria de menos tiempo laboral,  más tiempo para ellos y mejores ingresos. Por tanto, debe entenderse que la flexibilidad no es sólo un problema de costos que implica menos ingresos porque se reducen las horas laborales por incremento de la complejidad y modernización del trabajo, como pretenden ciertos empresarios en nuestros países, sino que es fundamentalmente más espacio libre para un trabajador al cual le urge aprender constantemente y vivir en entornos inteligentes.
           
            El desarrollo complejo del trabajo en la Economía Digital está creando también una nueva actitud hacia él. Como es sabido el éxito en el trabajo esta determinado fundamentalmente por las actitudes que el trabajador tiene respecto al trabajo que realiza, y esto es hoy día más evidente por los mayores grados de autonomía del trabajo contemporáneo. La gente siente que ella inventa sus propias realidades laborales, que ella le da el sentido y el propósito al trabajo. La flexibilidad exige formación diversa y generalista, sistémica y holista que permite la delegación y autonomía que genera, a su vez, cadenas de creatividad. Todo ello es la antítesis de la dirección jerárquica tradicional, del burócrata-experto-planificador, de la dirección “impuesta” al trabajador, de la centralización, en fin, de la visión cartesiana de las relaciones laborales. (Flores, 1996)

Según Fernando Flores (1996), vivimos tiempos nuevos de diseño corto, de flexibilización en los productos, de ineficacia de la planificación, de fluidez y fragmentación, de conversación, de compromisos. Esto fortalece la necesidad de transferencias de información más libres, transparentes y democráticas, y como consecuencia de ello nuevos valores como honestidad, verdad, coraje, identidad y realización personal, intenciones de progreso, nuevas conductas, responsabilidad por sus actos, iniciativa, libertad, intuición, personalidad, relación entre lo formativo y lo experiencial, autonomía, proactividad, empatía, compresión de la entropía, ético, entre otros van conformando el nuevo perfil del trabajador flexible actual.

El entorno inteligente que se está desarrollando crea trabajadores inteligentes. El trabajador busca también desarrollar formas de pensar que supere el análisis de las partes a expensas del contexto por un enfoque interrelacionado de los problemas, con necesidad de realizar análisis de dependencia mutua donde cada problema presenta innumerables influencias procedentes de muchas fuentes independientes y superpuestas, enfocando la superación de éstos como universos abiertos a nuevas situaciones de complejidad. Nada es externo a nosotros: nosotros, nuestros problemas y la multifactorialidad que los generan conforman un solo sistema.

Para poder anticiparse a las tendencias del trabajo de la nueva economía está exigiendo una mentalidad distinta en relación al futuro. Este cambio en las conciencias de los trabajadores tiende a ser paradigmático y busca cuestionar toda la visión actual del mundo y los supuestos sobre que descansa dicha visión. Pero no es sólo esta nueva forma de pensar que está caracterizando al trabajador moderno que adiciona valor a los conocimientos de las actuales empresas e instituciones, sino que combina fundamentalmente estos conocimientos que desarrolla con la inteligencia emocional, la imaginación, la intuición y las demás formas de inteligencia que posee el ser humano. Nos vamos alejando entonces, de un trabajo y un trabajador carente de conocimientos, de contenido mental, de la combinación de contenidos racionales y no-racionales. Esta nueva realidad crea las bases para democratizar el trabajo e incrementar la productividad y los beneficios, la distribución del conocimiento y la inversión en investigación y desarrollo como claves del crecimiento económico y desarrollo humano del siglo XXl.

A partir de esta situación se empieza a vivir también con un nuevo enfoque y cultura del aprendizaje. Esta nueva visión tiende a orientar hoy día hacia el pensamiento complejo y sistémico, la confianza en sí mismo, alejándonos del temor; potencia la delegación del control, busca inyectar inteligencia en el entorno laboral; crea condiciones para respuestas enérgicas, pero aprendiendo de las ideas y experiencias de los demás. Comienzan a surgir empresas que entienden que lo relevante es descubrir la forma en que se debe aprovechar las capacidades de autoformación y aprendizaje de los trabajadores en todos los niveles de la institución, porque solo este tipo de empresas que acrecienta el aprendizaje será capaz de ser lo suficientemente transparente y flexible ante clientes y usuarios  para sobrevivir y desplegarse en un mundo en permanente cambio. Una empresa de aprendizaje debe ser capaz de aprehender los nuevos ritmos del veloz metabolismo del conocimiento. Sólo en esas condiciones las empresas e instituciones tanto públicas como privadas serán capaces de innovar, de generar rápidamente conocimiento nuevo y la implementación tecnológica para satisfacer tanto a clientes y usuarios como a sus propios trabajadores.

            Sin embargo las políticas neoliberales no buscan incorporar a toda la población planetaria a estas importantes alternativas de vida de las sociedades donde se desarrolla la nueva economía. La gran mayoría de los ciudadanos del mundo no están recibiendo los beneficios de la ciencia, el nuevo saber, la tecnología, la educación, la vivienda, la salud y el bienestar en general. Ello se debe a que se pretende desarrollar  nuestros países sobre la base de una globalización económica con exclusiva hegemonía del capital financiero transnacional y especulativo, ignorando deliberadamente que ello está creando tremendas desigualdades, segmentaciones sociales y caos ético-moral.
En efecto, esta visión estrecha del desarrollo económico-social sólo favorece a pequeños grupos financieros extranjeros propietarios de las tecnologías de punta aliados a minorías nacionales, en detrimento de los intereses de la nación expresados en cientos de miles de pequeños y medianos empresarios con organización precaria, y millones de trabajadores y profesionales que sufren degradación de la salud, de la previsión, de la educación, perjuicios enormes en el mundo rural, destrucción urbana por la emigración del campo a la ciudad y viviendas carentes de toda comodidad.



d)       La Aproximación Reflexiva del Conocimiento en la Sociedad de la Información


Como ya señalamos anteriormente, la modernidad se define a sí misma como el reino de la razón y en estrecha asociación con los procesos de racionalización  del mundo.  Esto implica suponer como ya se resaltó, que no hay fuerzas misteriosas incalculables que entren a jugar, sino que uno puede, en principio, dominar todas las cosas por medio del cálculo. Lo que caracteriza la modernidad por sobre todo es la racionalización que penetra la organizaciones humanas constituyendo las burocracias. 

Con el advenimiento de la modernidad, la reflexión toma un carácter diferente. La rutina de la vida es válida siempre y cuando pueda ser racionalmente defendida a la luz de nuevos conocimientos. Todo recibe su legitimidad e identidad, según Giddens, sólo del carácter reflexivo de lo moderno.

El cartesianismo es la expresión más nítida de la modernidad y su racionalidad.  Descartes, matemático educado por los jesuitas, afirmó que la realidad sólo se podría comprender dividiéndola en partes o fragmentos cada vez más pequeños. Así al principio de la segunda ola, de acuerdo a Toffler (1996) el atomismo filosófico avanzaba, junto al atomismo físico. Se trataba de un ataque, según este autor, al que no tardaron en unirse científicos, matemáticos y filósofos, que se dedicaron a romper el Universo en partes aún más pequeñas con resultados excitantes. Una vez que Descartes (1637) publicó su Discurso del Método, surgieron innumerables descubrimientos. En química y otros campos de la combinación de la teoría atómica y el método atómico de Descartes produjo sorprendentes avances. A mediados del siglo XVIII la noción de que el Universo se componía de partes y subpartes independientes y separables era ya de conocimiento común, parte según Toffler, de la emergente indusrealidad. Para que una naciente sociedad industrial, que comenzaba a avanzar hacia la producción en serie de productos ensamblados compuestos también de elementos separados, era, probablemente, una idea indispensable. Había también razones políticas y sociales para la aceptación del modelo atómico de la realidad. La segunda ola -continua Toffler- necesitaba separar a la gente de la familia extendida, de la omnipotente Iglesia, de la monarquía. El capitalismo industrial necesitaba una justificación racional para el individualismo. Al despuntar el industrialismo, las nuevas clases mercantiles exigieron para comerciar, prestar y ampliar sus mercados, dieron nacimiento a una nueva concepción del individuo, la persona como átomo. La persona era un individuo libre y autónomo.

            La reflexión de la vida social todo lo podía. Los sucesos sociales eran reformulados en los marcos de la nueva información que sobre estas mismas particularidades se lograba reunir. La modernidad acelera este proceso e invade todas las esferas de la sociedad. La información nutre con nuevos datos que permiten reconstituir todo, en particular con el advenimiento de los procesos tecnológicos a través de sistemas expertos. Según Giddens, lo novedoso de la modernidad es que presume de reflexividad en todos los ámbitos de la vida humana, reflexionando incluso sobre la misma reflexión..

            La razón lleva aparejada las certezas, la obtención de conocimientos ciertos. Pero, de acuerdo a Giddens, los conocimiento no pueden descansar sobre una fundamentación incuestionable porque, incluso los más certeros sólo pueden ser tomada “en principio” o “hasta posterior aviso, ya que de otra manera recaería en el dogma y se separaría de la esfera de la razón, que es la que en primer lugar determina su validez. Los datos sensoriales jamás podrían proveer de una base totalmente segura para las pretensiones de conocimiento. Dada la conciencia, según Giddens, que se tiene hoy en día de que la observación sensorial está impregnada de categorías teóricas, el pensamiento filosófico, en su mayoría, ha roto las ligaduras del empirismo.  Más aún, desde Nietzsche estamos más intensamente convencidos de la circularidad de la razón. Esas tendencias, más que llevarnos “más allá de la modernidad”, nos proporcionan una mayor comprensión de la índole reflexiva de la misma. De acuerdo a Giddens, la modernidad no es sólo inquietante por el hecho de la circularidad de la razón sino porque en última instancia, la naturaleza de esa misma circularidad es enigmática.
                                        
La espistemología clásica, de acuerdo a Sotolongo y otros autores (2006: 47) permitía que la empresa cognitiva de la época moderna quedase como una “formulación sintetizadora” que permitía compendiar el camino hacia el “saber verdadero”. Según estos autores, los seres humanos a partir del Renacimiento, y como reacción a la subordinación de  "lo humano" y "lo terrenal" a "lo divino" y "lo celestial" de la época anterior,  tienden a mirarse como seres racionales, como sujetos del saber. Se empieza a privilegiar una epistemología objetivante en la cual el objeto observado se cree que es reflejado tal como es en la mente del observador, sin que éste intervenga en esa objetivización. La acción del observador es meramente un acto limitado sólo a reflejar a ese objeto.

El cartesianismo, según estos autores, se construye sobre la base de una racionalidad instrumentalizada, al margen de toda intervención del sujeto en la construcción del objeto. Se desliga de la presencia mediadora del contexto de la praxis en el cual el objeto es investigado. Se trata de construir una figura epistemológica representacional racional de los objetos que pueden ser representados. Y al mismo tiempo, de  conseguir una objetividad pura, liberada de cualquier contaminación subjetiva, que exprese exactamente las cualidades de lo representado.

Estos autores resaltan el hecho de que la “penetración hermenéutica desde el interior” (:54) en la epistemología clásica en la relación objeto-sujeto se realiza desde la mediación por la praxis permanente de la vida de los seres humanos que va construyendo la vida objetiva y subjetiva de los sujetos. Esta contrastación con la praxis del vivir del o los observadores en construcción intersubjetiva de lo observado debe ser lo que nos permita interpretar las objetividades construidas, dándonos la dosis de objetividad necesaria en esta construcción intersubjetiva.

La vida ha demostrado que nos encontrarnos en un mundo construido reflexivamente, y esta misma reflexión nos ha permitido cuestionarnos permanentemente. Como señala May (2001) nosotros los seres humanos nos estamos permanentemente preguntándonos, reformulándonos, rehaciéndonos de acuerdo a nuestros pensamientos, creencias, valores, usos y costumbres. Y cuando el ser humano está constantemente viéndose a sí mismo, reflexionando, todas las certezas caen. Ha sido ésta la forma de crear nuestra cultura que ha ido potenciando constantemente a la humanidad.

           

e)       La Situación en América Latina

Como ya se ha planteado, de acuerdo a Castells (1994) se está viviendo en los últimos diez años un proceso de profundas transformaciones del sistema productivo, del sistema organizativo, del sistema cultural y del sistema institucional, sobre la base de una revolución tecnológica. Este acontecimiento social se mueve en el doble riel de su propia dinámica que tiende a fortalecerlo, pero al mismo tiempo con una fuerte oposición de sectores sociales y políticos, o que han sido marginalizados de este proceso o que lo combaten por las características negativas que ellos denuncian.
¿Qué impulsa este proceso de profundas transformaciones en todo el planeta? La característica principal de este proceso es la globalización, que según Castells se produce cuando determinadas actividades funcionan en tiempo real a escala planetaria apoyado por un poderoso sistema tecnológico de información. Por ello este proceso también se denomina informacional. Estas nuevas características de la época actual, según el mismo autor,  ha articulado a todo el planeta en una red de flujos. El núcleo fundamental de esta nueva sociedad planetaria es la globalización de los mercados financieros cuyo mercado de capitalización, según el mismo autor, es doce veces el producto bruto total del planeta. Otras características es la importancia del comercio internacional, la globalización de la producción de bienes y servicios, la formación de un mercado global de trabajadores altamente especializados, así como de fenómenos de emigración de fuerza laboral desplazada. También se viven procesos globalizadores de la ciencia y la tecnología y del propio crimen organizado. El autor que comentamos señala que una de las características negativas de la globalización es ser a la vez incluyente y excluyente en extremo. Incluyente de todo lo que tiene valor y excluyente de todo aquello que no tiene valor de acuerdo a determinados códigos. Las redes globales articulan y excluyen al mismo tiempo individuos, segmentos de población, países, regiones, ciudades, o barrios.
Una de las consecuencias denunciadas como negativas es la contradicción entre este proceso globalizador y la descontrucción de las identidades nacionales en Latinoamérica, que en la práctica ha significado el debilitamiento del Estado-nación y la emergencia del Estado-red que tiende a reemplazarlo. La informacionalización y la globalización al mismo tiempo que debilitan la identidad nacional en nuestros países están creando las bases para el surgimiento de identidades locales e individuales. ¿Por qué se desarrollan las identidades como principios constitutivos de la acción social en la era de la información? Castells plantea la hipótesis, de que estas nuevas expresiones de identidad es producto del debilitamiento del Estado-nación por la globalización. Este Estado tiene como preocupación fundamental ahora atender los flujos globales de toda índole, desprotegiendo a sus propios pueblos.  En estas condiciones, señala este autor,  surge oposición a la globalización y al estado ex-nacional como agente globalizador.
Al mismo tiempo que la globalización adelgaza al Estado-nación, lo va reemplazando por el Estado-red, mucho más funcional a los intereses de las empresas transnacionales que dirigen las transformaciones tecnológicas, económicas y culturales Expresión de esta nueva situación internacional son la Unión Europea con su Banco Central Europeo y moneda única. Otro ejemplo es la OTAN., la Comunidad de Estados Soberanos que agrupa a los Estados que en el pasado conformó la Unión Soviética, El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional que regulan la desregulación y la negociación en la globalización. Al mismo tiempo, este Estado debilitado busca su relegitimización a través de procesos descentralizadores y de participación ciudadana. Con este doble juego, según Castells, el Estado tiende a construir un nuevo sistema político hecho de redes de órganos gubernamentales de distinto nivel, articuladas a estructuras no gubernamentales.  Este autor señala que este Estado es un estado-red, que funciona en un proceso continuo de estrategia, conflicto y negociación.
            En América Latina, la transición a la sociedad globalizada e informacional ha transformado significativamente todas las esferas del subcontinente. Se ha creado una nueva realidad macroeconómica, se ha liberado el mercado monetario, se ha controlado la inflación y se ha logrado la estabilidad monetaria. Al mismo tiempo se ha desregulado la economía y se han privatizado las empresas públicas. Se han firmado importantes tratados comerciales en todo el continente. Pero al mismo tiempo, América Latina no ha sido capaz de superar su escasa inserción en la producción informacional por su debilidad en la producción de ciencia y tecnología, a excepción de Brasil. Chile sigue exportando en la línea minero-agro-alimentaria. Y en general el costo social que el subcontinente ha tenido que pagar por este proceso ha sido alto. En efecto, en los distintos países se observan amplios sectores sociales y territorios excluidos de este proceso de modernización globalizada. Castells afirma que no es seguro que ese proceso, aunque irreversible, sea sostenible en lo económico, en lo social y en lo político. Sin embargo la emergencia de gobiernos populares encabezados por Chávez, Lula y Kirchner cambió la situación en Latinoamérica. Se creó la Unión de Naciones Suramericanas y el Mercosur. Y el ingreso de Venezuela a éste último creo la imagen de que el sueño integrador Latinoamericano estaba cerca. Se creaba la posibilidad de fundar una zona libre de aranceles comerciales integrado por las mayores potencias económicas del subcontinente, conviertiéndola en la quinta potencia económica en el mundo.
            La sucesión de triunfos populares con Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, Lugo en Paraguay, Ortega en Nicaragua, Mujica en Uruguay y Funes en El Salvado, más Cuba y la posición de Zelaya en Honduras, el escenario de la región fue cambiando[1]. La izquierda bolivariana se abría paso en América Latina y el Alba, alternativa al área de libre Comercio para las Américas (ALCA) patrocinada por los EE UU, aparecía como el gran camino independentista a seguir frente principalmente a los EE UU. Chávez era su arquitecto y líder. Sin embargo, su muerte abre un paréntesis nuevamente de dudas para la región.
            Según la periodista argentina, investigadora y activista de derechos Humanos, Stella Calloni[2], América Latina de nuevo se encuentra en la encrucijada. La amenaza contra los gobiernos progresistas emerge de nuevo al igual que en el período de la Operación Cóndor en el pasado, de distinta forma pero quizás más sutilmente brutal. Al frente de esta ofensiva fascista aparece el exPresidente colombiano Alvaro Uribe con apoyo de la CIA, fundaciones norteamericanas, del Partido Popular de España, Unoamérica y la fundación Internacionalismo Democrático (http://fidauv.org). Su foco de ataque fue en primer lugar Chávez pero también hacia todos los gobiernos progresistas actuales, como asimismo a UNASUR, Mercosur y el Foro de Sao Paulo que reúne a los partidos de izquierda del hemisferio. En pocos años ya no están ni Kirchner ni Chávez ambos súbitamente fallecidos. Lula ya no participa en política debilitada su salud por un cáncer[3], y han perdido el poder Zelaya en Honduras y Lugo en Paraguay por golpes de Estado. Estamos frente a una Latinoamérica debilitada y con pérdida seria de liderazgo frente a amenazas del retorno de las asonadas militaristas del pasado. 

f)         La Vía

Es difícil pensar el presente. Hegel citado por Morín (2011:19) decía que el conocimiento respecto a lo inmediato se dificulta porque “El ave de Minerva (de la razón) (sólo, n. del a.) levanta el vuelo al crepúsculo”. Morín señala que los acontecimientos de todo tipo son casi siempre perceptibles primero en la superficie porque hay fuerzas subterráneas y corrientes que no se ven a simple vista y que hacen creer en la solidez de las apariencias. Además la propia velocidad de los acontecimientos que surgen huracanados por la velocidad de la actual sociedad de la movilidad altamente tecnologizada y compleja dificultan su comprensión. Estas apreturas en la comprensión de los sucesos que emergen sin cesar unos tras otros están atravesados según Morín (:19) por “inter-retro-acciones entre procesos extremadamente diversos (económicos, sociales, demográficos, políticos, ideológicos, religiosos, etc.)”. De aquí Morín (2011:13) concluye que “El desarrollo de la globalidad es un desafío de la complejidad”. Y es un desafío porque la complejidad exige adaptarse a la ambigüedad y a la ambivalencia de la realidad. La ambigüedad se presenta cuando un suceso se presenta bajo “el aspecto de dos verdades diferentes o contrarias”, como dos caras difíciles de entender cuál de ellas es la verdadera. Morín recordando a Pascal nos indica que la ambigüedad del ser humano consiste que tiene en sí tanto lo mejor como lo peor. La sociedad moderna nos muestra a cada paso esa misma ambigüedad en su desarrollo,  a una Europa, por ejemplo, imperial, brutal, sanguinaria en sus dominios por una parte, pero simultáneamente cuna de la democracia. La ambivalencia tiene también un sentido parecido: Europa defensora de los valores de la libertad, pero al mismo tiempo conculca esas mismas libertades en los que llama pueblos bárbaros, negando incluso la calidad de humanos a los pueblos originarios de las Américas.
Pero además, Morín denuncia que nosotros lo occidentales sufrimos dos tipos de carencias cognitivas: una ceguera que tiene su origen en la  compartimentación de los saberes, desintegrar los problemas que exigen un conocimiento interdisciplinar, y en segundo lugar, por el profundo centrismo del mundo occidental que nos hace creer en una racionalidad de muchas certezas. Según Morín (2011: 13) “El recorte de las disciplinas las vuelve incapaces de captar la complejidad, (lo que está tejido en conjunto)”. Estas razones hacen que en esta modernidad que desconoce la complejidad, seamos “poco capaces de comprender el sentido de los acontecimientos”. En una sociedad de extrema complejidad al mismo tiempo (Morín, 2002:41) se presenta con rasgos “excepcionalmente positivo y excepcionalmente negativos, de los que no podremos predecir cuáles se convertirán en dominantes” porque además se constituyen como un “conjunto interrelacionado en bucle, donde cada elemento es a la vez producto y productor, causa y efecto, y donde no podemos aislar un determinante “en última instancia” que permitiría a una palabra-maestra explicarlo todo y, por ello mismo, encontrar fácilmente una solución simple”. Los sucesos se presentan de esa manera porque una vez desatados se manifiestan como un juego de interacciones y de retroacciones en el medio que los acoge, donde las consecuencias últimas son impredecibles.
Según Morín (2011), la globalización es el estadio actual de la mundialización que ya había comenzado a finales del siglo XV con la conquista de las Américas y los viajes de Vasco de Gama. Señala que comienza con la caída de lo que él señala como las llamadas “economías socialistas”. La define como el (:20) “fruto de la conjunción entre un bucle retroactivo del auge desenfrenado del capitalismo (que, bajo la égida del neoliberalismo, invade los cinco continentes) y el auge de una red de telecomunicaciones instantáneas (fax, teléfono móvil, Internet). Esta conjunción hace posible la unificación tecnoeconómica del planeta”.
De acuerdo a Morín (2011:20) como reacción a la globalización suceden tres procesos culturales que son antagónicos y concurrentes. Nos encontramos frente a “un proceso de homogenización y de estandarización según los modelos norteamericanos; un contrapeso de resistencia y de revitalización de culturas autóctonas; y finalmente, un proceso de mestizaje cultural”.
La globalización creó la infraestructura de una sociedad-mundo, creándose para el planeta una economía mundializada. Pero esta economía mundializada no se encuentra bajo control, y ello impide que la sociedad planetaria se convierta según Morín,  en “Tierra-Patria”. Ninguna de las actuales instituciones como la ONU, la FAO, la OMC o la propia UNESCO tienen la autoridad suficiente para dirigir a la humanidad como la patria de todos. Sin embargo están emergiendo nuevas instituciones que encarnan la conciencia humana como el Club de Roma u ONG humanitarias como Greenpeace, Médicos sin Frontera y tantos otros.
Morín[4] en su Conferencia  en la Escuela de Gobierno para Jóvenes en Buenos Aires señaló que nos encontrábamos frente a la muerte de la modernidad. Esta primera muerte es el fin de la omnipotencia benéfica de la técnica y del desarrollo económico como base del desarrollo humano. El desarrollo técnico-económico  como base del desarrollo de las potencialidades humanas queda cada vez más al descubierto que de ninguna manera asegura desarrollo humano. Por el contrario, dicho “desarrollo” nos enfrenta a la muerte ecológica y la destrucción de la biósfera. Morín señala con mucha fuerza que este avasallamiento y conquista occidental del mundo debe terminar porque nos lleva al suicidio nuclear o suicidio ecológico.
Para detener estos suicidios planetarios es necesario detener el dominio en nuestras economías de las hipertrofias del crédito, la especulación financiera con el petróleo, los minerales, los alimentos, entre otros. Morín (2011:23) cita a Alan Greenspan, que en su libro “La Era de las Turbulencias” señala que las finanzas mundiales” se han convertido en un barco ebrio, desconectado de las realidades productivas”. Pero además Morín (:24) señala que la crisis de la civilización occidental tiene también otras raíces: el egocentrismo egoísta, el consumismo intoxicador, el incremento de las desigualdades, las megalópolis asfixiadas, los condominios fortificados y temerosos de las poblaciones segregadas, la desertificación acelerada por el tipo de producción de monocultivos en el campo, alimentos degradados por el uso excesivo de hormonas y antibióticos, las religiones en procesos de corrupción, pero también los laicismos vacíos de principios y la ausencia de un humanismo planetario que se desarrolle entre la unidad y la diversidad humana.
Morín agrega además que globalización, occidentalización y desarrollo constituyen una sola crisis. La globalización occidentalizada se ha transformado en la locomotora del desarrollo tecnoeconómico y amenaza seriamente con la estabilidad alimentaria del planeta. En su rápida y desenfrenada carrera por alcanzar este desarrollo, la economía China, denuncia este autor,  busca competir con la sociedad norteamericana en tanto pueda alcanzar una cifra de tres automóviles por cada cuatro habitantes.  Esto significaría crear carreteras en una superficie parecida a la que hoy se destina al cultivo del arroz. Actitudes parecidas encontramos en todos los países llamados emergentes. La intoxicación consumista y las necesidades artificialmente creadas crecen continuamente. Esta situación, señala el autor, ha desatado una tremenda avaricia y fines de lucro que han terminado con la solidaridad y potenciado el egocentrismo, el individualismo y la criminalidad. Pero al mismo tiempo se han expandido los barrios marginales con una pobreza que contrasta brutalmente con el consumismo de las capas medias y de los pocos millonarios que existen en esos países. Morín (2011:26) cita un Informe de Naciones Unidas para el desarrollo del año 2003 que “mencionaba 54 países que eran más pobres que en 1990; la esperanza de vida había retrocedido en 36 de ellos”, y pregunta  quién dijo que “El desarrollo es un viaje que comprende más náufragos que pasajeros…”?
En esa misma Conferencia en Buenos Aires, Morín plantea que uno de los desafíos actuales más importantes de la humanidad es poner bajo control el desarrollo anárquico de la ciencia, la tecnología y los procesos económicos. Nos encontramos frente a un exceso de información que sobrepasa la capacidad del ser humano para entender, comprender toda la información que la sociedad humana genera hoy día. Se necesitan nuevas formas de organizar la información y nuevas epistemologías para comprenderla. El asunto no es acumular la información sino tratarla de tal manera que permita organizarla en núcleos o constelaciones para su comprensión. Deberá existir un juego entre las actuales poderosas computadoras y la mente humana con criterios, visiones y arte suficiente que las organice para su comprensión. Hay que conocer los puntos centrales del saber que permitan prever los propios acontecimientos que el ser humano genera con sus descubrimientos. La predicción del futuro no debe llegar a rangos de imposibilidad. Las cosas nuevas deben dejar de ser invisibles, porque como señala Morín, tengan un nacimiento “microscópico”. No se previó de inmediato, señala el autor, el descubrimiento del código genético. Lo mismo sucedió con el descubrimiento de la estructura del átomo en los años ’30. Parece ser, sentencia Moría, que lo nuevo, lo microscópico, lo “invisible” es una desviación porque se enfrenta a las ideas ya conocidas.
Morín señaló también en esa Conferencia en Argentina que si queremos salvar al mundo de la autodestrucción debemos darle un nuevo sentido a los conceptos conservación y revolución. Ambos conceptos se condicionan y se excluyen al mismo tiempo. Se excluyen porque no hay conservación absoluta. Las cosas están en permanente cambio y transformación y no se mantienen inmóviles en su estado. El concepto revolución incluye también el de conservación porque esta última no es “tábula rasa”, no destruye todo el pasado. Conserva aquello que han sido los gérmenes culturales que le han dado vida a la sociedad. La llamada sociedad de la información necesita también de la filosofía para su mejor comprensión. ¡Informática sin Shakespeare es inconcebible!.
Morín (2011:27) acusa que “¡La idea de desarrollo es una idea subdesarrollada!”. En primer lugar porque organiza a las sociedades de modo compartimentalizado, con la cual se pierda la visión de conjunto. Predomina al mismo tiempo una racionalización tecnoeconómica que es confundida con la racionalidad humana. El cálculo es lo fundamental para desarrollar el conocimiento, pretendiendo medir todos con indicadores altamente estandarizados. Esta racionalización instrumental ignora la totalidad, los contextos humanos y culturales, transformándose en ecocida o en etnocida. Esta occidentalización frenética del desarrollo crea justamente su contrario: un subdesarrollo intelectual, ético, físico, humano. Transforma las soluciones en problemas mayores que lo que pretendió superar. Tampoco el término de desarrollo sustentable supera las atrocidades de esta forma de convivencia: estamos frente a una multicrisis que está minando las bases del mundo actual. Morín acusa que nos encontramos ante una gigantesca crisis planetaria que es (2011:29) “la crisis de la humanidad que no logra acceder a la humanidad”.
Es posible cambiar la Vía? Morín plantea que la sociedad vive una doble oportunidad en estos momentos de crisis: no resuelve sus problemas y la sociedad se degrada; o, crea un metasistema que le permita entender y resolver sus problemas, y entonces se metaforsea. El autor es optimista, aunque confiesa que es muy difícil lograrlo.  La sociedad humana no tiene otro camino si no quiere desaparecer que enfrentar el peligro nuclear, la degradación de la biósfera, el descontrol de la economía mundial, las hambrunas y los conflictos etno-político-religiosos. Haciendo referencia a la metáfora de la oruga transformada en mariposa, nos  dice que (2011:32) “el nacimiento de la vida puede concebirse como la metamorfosis de una organización físico-química que, al llegar a un punto de saturación, crea una metaorganización, la auto-eco-organización viviente, la cual, aunque involucra exactamente los mismos constituyentes físico-químicos, lleva asociadas unas cualidades nuevas, entre las cuales están la autorreproducción, la autorreparación, la alimentación a partir de energía exterior y la capacidad cognitiva”. Morín cree que esto es posible, porque a diferencia de Fukuyama que creía que la capacidad creadora de la evolución humana se había agotado, nos plantea que es la actual “historia la que está agotada, y no las capacidades creadoras de la humanidad”. El autor nos invita a “repensar todo y volver a empezar”. En el mundo se empiezan a desarrollar ideas iniciales en distintas localidades que buscan la regeneración de la sociedad, de la economía, de la política, de la educación, cognitiva, ética, moral, etc. Se trata ahora de descompartimentar estas ideas, terminar con la disyunción de ellas y reconocerlas para crear un camino de transformaciones globales posibles. Es necesario crear una nueva Vía que nos lleve a esta metamorfosis deseada que nos prometa la salvación del planeta y la humanidad. Morín cita a Heidegger que señala que “el origen está en nosotros”. La metamorfosis apunta Morín, sería, realmente, un nuevo origen. ¿Será posible asumir la herencia del germen que se encuentra en la base de lo humano, del embrión para desarrollar un nuevo nacimiento planetario?





· Relatado en Sima Qian (145-ca. 89 a.C.), «Confucius», en Hu Shi.  Tlie Developtment of Logical Methods in Ancient Chi a, Shanghai, Oriental Book Company, 1922@ citado en Oian, 1985, pág. 125.

[1] http://www.rtve.es/noticias/20130310/chavez-lula-correa-morales-futuro-integracion-latinoamericana/615161.shtml
[2] http://lahistoriadeldia.wordpress.com/2011/12/17/entrevista-a-stella-calloni-sobre-gobiernos-progresistas-de-america-latina-pende-amenaza-golpista-de-unoamerica-organizacion-militar-de-ultraderecha/
[3] http://www.gamba.cl/?p=37488
[4] Morin, Edgar Introducción al Pensamiento Complejo morin, e. - Inet  Compilación de ensayos y presentaciones del pensador francés Edgar Morin realizadas entre 1976 y 1988,

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