domingo, 26 de agosto de 2012

Los seres vivos como sistemas.

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Engels[1] sostiene en el Anti Düring que la materia no sólo tiene un simple y tosco movimiento mecánico o simple desplazamiento de lugar que encierra la posibilidad de transformarse, bajo determinadas condiciones favorables en calor, electricidad, acción química y vida, sino que ella es capaz de engendrar por sí misma además aquellas condiciones que le permiten transformarse en las diferentes formas de manifestarse que le son propias. La materia surgió a través de una vía natural, mediante las transformaciones operadas por el propio movimiento[2], inherentes por naturaleza a la materia móvil, y que estas condiciones se reproducen por obra de la materia misma a la vuelta de millones de millones de años de un modo más o menos espontáneo, pero con la fuerza de la necesidad. Una de las características de la materia en movimiento, según este autor, es que existe una trabazón entre las distintas formas en que se manifiesta este movimiento de los diferentes cuerpos, condicionándose los unos a los otros.

Engels definió a la vida como “...la modalidad de existencia de los cuerpos albuminoides y esta modalidad de existencia consiste, substancialmente, en el proceso de autorrenovación constante de los elementos químicos[3] integrantes de esos cuerpos”[4] Engels asocia la vida a los cuerpos albuminoides cuyo proceso vital es el intercambio de materias que se desarrolla por asimilación y desasimilación, por formación y desagregación ininterrumpida, simultánea de la materia viva. Engels explica este fenómeno de la vida señalando que el cuerpo albuminoide toma, absorbe y asimila otras materias adecuadas de su medio, mientras que otras partes más viejas del cuerpo al mismo tiempo se descomponen y eliminan. La vida según este autor, es la modalidad de existencia del cuerpo albuminoide y consiste ante todo en ser al mismo tiempo el que es y otro en este intercambio permanente de asimilación y desasimilación. La vida es el intercambio de substancias  por medio de la alimentación y eliminación y es un proceso que se realiza por sí mismo, que es inmanente, innato a su sustratum, la albúmina, y no puede producirse sin él. Esta forma de existencia de la vida esta en permanente movimiento en la dirección del cambio a través del trueque de la cantidad en calidad[5], porque los límites en la naturaleza son relativos, plásticos, porque siendo la materia inagotable ésta muta constantemente. Este proceso se realiza no por obra de las presiones desde fuera de los organismos vivos, sino que por un mecanismo automático, inherente, innato a su portador, como propiedad del ser vivo y sin la cual la vida no podría ser. De esta forma, Engels reconoce el papel autónomo que los propios seres vivos juegan en su afán de mantenerse vivos: son ellos mismos los que aseguran su vida en un proceso[6] interno que les garantiza la producción de elementos para sí mismo - manteniendo su forma de ser o identidad-, en un continuo proceso de autocreación autónoma, asegurando con ello su adaptabilidad a un medio que constantemente los perturba y choquea.

Darwin se encargó de demostrar en sus estudios científicos[7] que todos los seres vivos se encuentran en permanente modificación y transformación, y que tanto el surgimiento de nuevas formas como asimismo la desaparición de las viejas no se debe a actos de creación de seres fantásticos, sino que es el resultado de la evolución natural e histórica. Darwin llega a la conclusión de que es posible encontrar en la naturaleza causas que sin la intención consciente de un creador, han conducido a la larga en los organismos vivos a cambios parecidos a los que se podrían provocar con el manejo intencional de mutaciones artificiales.

Esta deriva ontogénica de los organismos vivos –según Darwin- se efectúa a través de dos propiedades fundamentales: variabilidad y herencia. La herencia es en cierto modo, la expresión concentrada de las condiciones del medio exterior asimiladas por los organismos en el transcurso de una serie de generaciones anteriores. La herencia, es decir lo histórico o filogénesis es el resultado del desarrollo y de las transformaciones producidas en el curso de las generaciones precedentes, en relación con los cambios de las condiciones del medio.

El científico soviético Michurin[8] señalaba al respecto la necesidad de comprender al organismo y sus condiciones de vida en su unidad dialéctica. En efecto, este autor indicaba como ley fundamental del desarrollo de los seres vivos su variabilidad como producto de la adaptabilidad de esos organismos a las perturbaciones con las cuales el entorno golpea a los seres vivos, y la transmisión hereditaria de los caracteres adquiridos en ese proceso de contacto y de adaptabilidad con ese entorno.

Este autor planteaba la unidad y la interdependencia de lo histórico o filogenia y lo individual u ontogenia como fundamento del desarrollo de la vida. La herencia, entonces se reproducirá en el desarrollo de un organismo vivo de una especie determinada siempre y cuando las condiciones exteriores sean favorables. De lo contrario, el organismo se modificará y la herencia, como propiedad del cuerpo vivo, cambiará en uno u otro sentido. Pero si las condiciones se encuentran presentes, estos cambios se irán fijando en forma recurrente y entrarán en su filogénesis.

Con su obra, Michurin contribuyó en la fundación de una teoría científica de la formación de las especies. Superaba a la propia teoría darwinista que negaba los saltos en la naturaleza y se apoyaba en el  maltusianismo para sostener que el factor decisivo del progreso biológico estaba basado en la lucha por la vida en el seno de una misma especie. Por el contrario, Michurin afirmaba que sin pasaje de un estado cualitativo a otro no hay desarrollo y sólo aumento o disminución cuantitativo. Agregaba que el desarrollo de los organismos vivos es la unidad de lo continuo y lo discontinuo, de lo evolutivo y de formas radicales de transformación. Cambios cuantitativos graduales –señalaba Michurin- desembocan en la formación de especies cualitativamente nuevas con leyes de desarrollo nuevas. La aplicación práctica de esta teoría llevó a las nuevas concepciones en esa época sobre el desarrollo estadial de los seres vivos, donde los organismos en el curso de su vida individual pasan por grados o estadios cualitativamente diferentes, transformando las modificaciones cuantitativas de estos organismos en cambios radicales, cualitativamente nuevos de carácter irreversibles.

El autor antes señalado también denuncia el enfoque mecanicista de entender el desarrollo de los seres vivos como una visión metafísica[9] que enfatizaba primordialmente en el papel de las condiciones exteriores al organismo en su proceso de cambio, reservando a los seres vivos un mero rol pasivo. Por el contrario, Michurin resaltaba el papel que juega el propio organismo vivo en su desarrollo, indicando que éste se produce por las contradicciones existentes por el trueque de materias entre las formas orgánicas y el medio, por el proceso continuo de intercambio de substancias entre el organismo y la naturaleza en un acto único de asimilación y desasimilación, de equilibrio y no-equilibrio, de formación y de desagregación en el interior de cada ser vivo, insinuándose ya con ello la idea que el exterior sólo gatilla cambios pero son las formas orgánicas las que definen el carácter de esos cambios. Aquí también podemos concluir que cuando el entorno golpea a los seres vivos se produce un proceso de adaptación, y este proceso no puede ser sino un fenómeno connatural al o los sujetos que consiste en transformar las alteraciones del entorno en componentes de sí mismo que no alteren su identidad, porque es la condición de que se mantengan como seres vivos de esa especie. Sólo si son asumidas como propias esas alteraciones del medio es posible que se incorporen a su filogenia. No existen ni fuerzas ultramateriales ni vitales, ni causas finales, ni entelequias, ni clarividencias divinas que determinen la estructura armoniosa y la adaptación de los organismos a las condiciones de su existencia. Al igual que la naturaleza toda, los seres vivos no pueden ser concebidos sino que por ellos mismos. Es su propia autonomía autoreproductiva en una larga evolución histórica interactuando con su entorno lo que asegura la vida independiente de los organismos.

Este autor soviético asumía una mirada dialéctica del desarrollo de los seres vivos. Escribía constantemente que cada individuo se iba transformando continuamente en la búsqueda del desarrollo pleno de sus cualidades específicas a través de su permanente relación con su medio hasta agotar sus posibilidades de desarrollo, muriendo por fin por dificultades de adaptabilidad y mantención de su identidad. Señalaba que todo fluye y cambia permanentemente y al igual que todo en la naturaleza, las especies marchan por ese mismo camino. Afirmaba que nada es definitivo, absoluto y sagrado y que existe un proceso ininterrumpido de devenir y perecer, pero en un ascenso sin fin de lo inferior a lo superior, es decir, de lo simple a lo complejo, del incremento constante de la complejidad,

Otro autor soviético, Timiriasev, [10]también consideraba como factores principales de la evolución no la lucha intraespecífica de especies diversas o de la misma familia, sino el medio exterior que modifica al organismo, la herencia que fija esas modificaciones y la selección que adapta los organismos a las condiciones externas. El organismo y su medio eran considerados por él en el plano de su unidad. A este respecto apreciaba significativamente la teoría de Lamarck  sobre “... la idea de la variación de las especies bajo la influencia de sus condiciones de vida”[11]  Reconocía que la variabilidad de los organismos se halla en función de su adaptación a las circunstancias exteriores, planteando la tesis de las autoexigencias del organismo hacia las condiciones del medio exterior, reconociendo también el papel decisivo de éstos como sujetos que especifican los cambios internos a efectuar frente a las anomalías del entorno en los procesos permanentes de adaptabilidad de los seres vivos a las mutaciones del medio con conservación de su identidad.

Prigogine[12] afirma que la realidad, la vida cotidiana, el medio en que vivimos y estamos no es matemático. No es ni siquiera matematizable. Es el dominio de lo mutable, de lo impreciso, del “más o menos”, del “aproximadamente”.No existe el mundo finalizado. En todas partes hay un margen de imprecisión, de “juego”. Este autor señala que los cuerpos son estructuras disipativas coherentes alejadas del equilibrio. En distintos campos físico-químicos se manifiesta la autoorganización espontánea jugando en ellos un papel fundamental la irreversibilidad en estos procesos.

En estas condiciones de no equilibrio, la materia según Prigogine tiene capacidades espontáneas de percibir sus diferencias con el mundo que la rodea, y además de reaccionar a las fluctuaciones de ese entorno. De esta manera reconoce que la naturaleza es un proceso abierto de producción y de invención, superando con ello la concepción estática de la naturaleza entendida como un mundo finalizado, y asumiendo la idea de un universo donde la organización de los seres vivos y la misma historia del hombre “no son accidentes extraños al devenir cósmico”. Prigogine sostiene que el universo tiene una evolución continua y que él se va construyendo en una “dialéctica entre la gravitación y la termodinámica” como un fenómeno irreversible con capacidad constructora de nuevas estructuras permanentemente. Esta irreversibilidad del tiempo conduce la vida y al hombre haciendo que éstos provengan del tiempo en una evolución irreversible.

Con la vida, dice Prigogine, nace un tiempo interno biológico al surgir la inscripción del código genético, que continúa a lo largo de miles de millones de años, tiempo autónomo que se trasmite pero que también se modifica y se hace más complejo. Y se va haciendo cada vez más complejo al ser sometido a condicionamientos externos, y como la materia es “sensible”, empieza a ver más allá de sí misma con una química abierta al mundo exterior que permite que estas perturbaciones del medio recorran todo el sistema a través de señales. Pero la materia y la vida en particular junto con estas propiedades de sensibilidad a los condicionamientos externos poseen también movimientos coherentes que transforman el no-equilibrio en nuevas posibilidades de cambio, en multiplicidad de soluciones, marchando –agrega Prigogine- hacia un futuro con muchas alternativas, en definitiva, de transformarse siempre en materia o vida que no se degrada, sino que por el contrario aumenta su complejidad. Pero estas mutaciones son definidas por “elecciones” de la propia materia o vida entendida como sistema, marcando al mismo tiempo la historicidad de esas “elecciones”.

Los biólogos chilenos Maturana y Varela[13] entienden a los seres vivos como seres discretos, es decir, autónomos, que viven como unidades independientes. Eso conlleva a aceptar que los seres vivos surgen como tales como simple resultado de su propio operar y que todo lo que pasa en ellos –tanto en su dinámica relacional como interna-, se refiere sólo a ellos mismos, como una continua realización de sí mismos, como sistemas autoreferidos.

Lo que define a los seres vivos es la circularidad productiva de todos sus componentes y todo lo que ocurre en ellos es la realización y la conservación de esa dinámica productiva, que constituye además su autonomía. Varela[14] agrega en la introducción del libro indicado que “un ser vivo ocurre en la dinámica de realización de una red de transformaciones y de producciones moleculares, tal que todas las moléculas producidas y transformadas en el operar de esa red forman parte de la red de modo que con sus interacciones” generan la red de producciones y de transformaciones que las produjo; dan origen a los bordes (límites) y a la extensión de la red, quedando dinámicamente cerrada sobre sí misma, formando con ello un sistema molecular discreto (autónomo) separado del medio que lo contiene, y;  permiten que flujos de moléculas producto de las perturbaciones del entorno al incorporarse a la dinámica de su red se transformen en partes o componentes de ellas. Lo anterior induce a ambos autores a afirmar que el ser vivo es una dinámica molecular, no un conjunto de moléculas; que el vivir es la realización de esa dinámica que se conserva en un continuo flujo molecular, y; que esta dinámica es lo que constituye al ser vivo como ente autónomo.

Según esta escuela de Santiago[15], las especificidades de la autopoiésis están relacionadas fundamentalmente en la autonomía de los sistemas y que lo vivo de un sistema se describe a través de la organización del sistema como configuración. Al mismo tiempo, la organización de lo vivo es el mecanismo que constituye su identidad y ella es circular: una red de producciones metabólicas que produce una membrana que hace posible una red de producciones. Esta circularidad es una autoproducción única del sistema vivo. El término autopoiésis designa esta organización viva.  Otra de las especificidades es que la interacción de la identidad autopoiética sucede no sólo a través de su estructura, sino que fundamentalmente como unidad organizada, como identidad autoproducida. Esto permite la constitución de significados, inaugurando con ello el fenómeno interpretativo en el planeta. Por último, es necesario resaltar que otra de las especificidades de la autopoiésis es que ella hace posible la evolución a través de series reproductivas con variación estructural, pero con conservación de identidad.

La vida es un fenómeno sistémico con dinámica autopoiética molecular. Esto significa según los biólogos Maturana y Varela que la determinación de los distintos aspectos en la operacionalización de los seres vivos son definidos por el conjunto de los componentes y no por elementos individuales, porque las características que los sistemas vivos van adquiriendo en su vivir se producen en la dinámica de su autopoiésis, mientras realizan las relaciones que lo definen como sistemas autopoiéticos. La factibilidad de los sistemas autopoiéticos está relacionada con las condiciones que pueden permitir que se  concatenen procesos químicos, formando así unidades topológicas con redes propias en dichos espacios autopoiéticos.

            Los sistemas vivos autopoiéticos –de acuerdo a Maturana y Varela- se producen a sí mismos, se levantan por sus propios medios, constituyéndose como algo diferente a su medio por su propia dinámica, crean desde sí mismo su propia organización a través de la producción de los propios elementos que lo componen.  La autopoiésis surge siempre y cuando en un sistema molecular las relaciones de producción se encuentren concatenadas de tal manera, según los autores que analizamos,  que producen componentes que hacen del sistema una unidad que genera continuamente su carácter unitario que lo definen como unidad topológica, y dichas relaciones se mantiene constante a través de la producción de los componentes que forman dicho sistema. La propiedad autopoiética de un ser vivo consiste en que se trata de unidades organizadas como sistemas que generan  sus propios procesos de producción de componentes y relaciones entre ellos a través de sus continuas interacciones y transformaciones, constituyéndose de esta manera como unidad topológica en un espacio físico determinado. Las dimensiones del espacio (que definen además, en última instancia, el límite) de un sistema autopoiético son las relaciones de producción de los componentes que lo constituyen.

El origen de un sistema vivo autopoiético esta definido por las condiciones que deben cumplirse para la localización del espacio autopoiético, es decir, qué relaciones deben satisfacer los componentes moleculares para generar una unidad de esas características en dicho espacio. La unidad del sistema autopoiético, entonces, está determinada porque las relaciones de producción tienen una forma de concatenarse de tal manera –señalan Maturana y Varela-, que producen los suficientes elementos que hacen del sistema una unidad que genera permanentemente su carácter unitario. No son los componentes lo que definen la autopoiésis de un sistema, sino las relaciones de éstos, los procesos en que entran. Estos procesos concatenados no sólo producen los componentes que constituyen un sistema de esas características, sino que lo especifican además como una determinada unidad.[16]

De acuerdo a Maturana y Varela[17], los sistemas autopoiéticos poseen tres tipos de relaciones, que son las formas en que estas relaciones de producción se materializan en un sistema. En primer lugar se encuentran sus relaciones de especificidad, las cuales determinan que los componentes producidos sean justamente aquellos componentes definidos por su participación en la autopoiésis, es decir aquellos que definen al sistema como autopoiético. Estas relaciones determinan la identidad (propiedades) de los componentes de una organización, y por ello, su factibilidad material. Al mismo tiempo, estas relaciones de producción que definen a los sistemas autopoiéticos deben ser constantemente regenerados por los nuevos elementos que permanentemente producen,

En segundo lugar  en los sistemas autopoiéticos se encuentran las relaciones de orden que determinan las concatenaciones de los componentes, estableciendo los procesos que aseguran que la organización sea autopoiética. Este tipo de organización sistémica es definida por esta concatenación particular de procesos de producción de componentes y no por los componentes mismos o sus relaciones estáticas.

En tercer lugar hay que tener presente que los sistemas vivos autopoiéticos tienen existencia topológica en el espacio físico donde existen como unidades interactuando, y es así como son encontrados por los observadores. Este tipo de organización se transforma en una unidad topológica cuando se materializa en un sistema autopoiético concreto conservando su identidad mientras el sistema vivo siga siendo autopoiético. Estas relaciones que constituyen la topología de una unidad se denominan relaciones constitutivas de los sistemas autopoiéticos y determinan sus límites físicos. La  producción de las  relaciones constitutivas de los sistemas vivos se realiza a través de la producción de los componentes que mantienen esas relaciones. El conjunto de estas relaciones determinan la dinámica de la organización, permitiendo la realización efectiva, la materialización tanto de las relaciones constitutivas, de especificidad así como las de orden.

Ambos autores señalan en la obra aludida que los sistemas autopoiéticos son autónomos, subordinando sus cambios a la mantención de su identidad y de su propia organización autopoiética, al margen de la profundidad de las perturbaciones y de las transformaciones que puedan sufrir. En sus interacciones con otros sistemas, estas organizaciones mantienen invariante su identidad, que no depende, de acuerdo a estos autores, de esas interacciones. Estas organizaciones son perturbadas desde el exterior y gatillan cambios internos que compensan la perturbación. Pero quién define los cambios son las organizaciones, no las anomalías que provienen del exterior. Son ellas las que determinan qué alteraciones pueden sufrir conservando su identidad. Si las compensaciones que debe ofrecer a las perturbaciones alteran la autopoiésis e identidad de la organización, ésta se desintegra por pérdida precisamente de su autopoiésis. En otras palabras, son unidades que se transforman en sus procesos de entropías internas gatillados –y sólo gatillados- por el entorno con sus anomalías y perturbaciones, pero los cambios que se especifican dentro de ellas  son  seleccionados por la organización en función de su mantención como tal. La conservación de la identidad define el dominio de deformaciones que el sistema puede compensar, provocando una secuencia de cambios en el sistema pero manteniendo constante su organización.

Por último la autopoiésis es un dominio cerrado de relaciones especificados y que lo es con respecto a la organización que ellos componen. Porque sólo un sistema vivo de estas características, clausurado en sí mismo podrá constituirse como un conjunto de operaciones específicas, como un proceso de constitución de su propia identidad entendida como cualidad unitaria, un tipo de coherencia emergente, un tipo de organización. Pero no lo es en el sentido que queda encerrado en sí mismo sin reaccionar a lo externo, encapsulada. No es el cierre operacional en el sentido de encierro o aislamiento de la interacción con respecto a su entorno. Por el contrario, este cierre es condición de la apertura del sistema, para que desarrolle su propio dominio de interacciones.  Este dominio cerrado de relaciones especificados no debe ser entendido como si los sistemas vivos fueran cerrados o clausurados a toda influencia exterior, porque  lo son solamente con respecto a la organización que ellos componen.

Toda organización viva es autorreferencial y en ese sentido son sistemas abiertos. La autopoiésis surge en un sistema cuando esta organización tiene como característica la posibilidad de cierta interacción, porque es en esa interacción autorreferencial donde se producen las relaciones que energetizan el sistema. Luhmann[18] sostiene que un sistema autorreferencial es aquel que tiene al mismo tiempo la capacidad de establecer relaciones consigo mismo, diferenciar estas relaciones de las relaciones con su entorno, constituyendo además en sí misma la diferencia respecto a su entorno,  pero incluyéndolo. La autorreferencia hace al sistema autopoiético incluir en sí mismo el concepto de entorno, y existe cuando el sistema autopoiético se enfrenta con un entorno estructurado de una manera determinado.

Lo anterior es así porque los sistemas vivos se orientan de manera estructural y no ocasional hacia su entorno, en acoplamiento estructural con él, no pudiendo existir sin ese entorno. El sistema vivo autopoiético debe diferenciarse de su entorno, pero al mismo tiempo se mantiene vinculado a él, porque emerge desde él pero se debe a sí mismo. Entre sistema y entorno hay un límite y éste mantiene el sistema, porque la diferencia es la premisa fundamental del sentido autorrefencial de un sistema autopoiético.[19]


[1] Engels, Federico. “Anti-Düring” 1877.
[2] El  movimiento, según el autor al cual nos referimos, consiste en que el desplazamiento de lugar de los cuerpos sólo puede realizarse gracias al hecho de que un cuerpo esté al mismo tiempo, en el mismo instante, en un lugar y en otro, gracias al hecho de estar y no estar al mismo tiempo en el mismo sitio. Y el surgimiento continuo y la simultánea solución de esta contradicción, de acuerdo a Engels, es precisamente lo que constituye el movimiento. El movimiento es la manera de ser de la materias: nunca ni en ningún lugar, hubo ni puede haber materia sin movimiento. El reposo, el equilibrio, nunca es más que relativo, y jamás tiene sentido más que con relación a tal o cual forma  determinada de movimiento. Resulta de esto que el movimiento, lo mismo que la materia, no puede ser creado ni destruido: la cantidad de movimiento es siempre constante.
[3] Egels define a la química como la ciencia de los cambios cualitativos de los cuerpos como consecuencia de los cambios operados en su composición cuantitativa.
[4] Engels, Federico. “Anti-Düring”. 1877
[5] La teoría del materialismo dialéctico de Marx plantea que en la naturaleza, y de un modo claramente establecido para cada caso singular, los cambios cualitativos sólo pueden producirse mediante la adición o sustracción cuantitativas de materia o de movimiento. Los cambios de forma de moviento son siempre un fenómeno que se efectúa entre dos cuerpos por lo menos, uno de los cuales pierde determinada cantidad de movimiento mientras que otro lo recibe. La relación entre cualidad y cantidad es recíproca: la cualidad se transforma en cantidad y viciversa, porque es una acción mutua.
[6] Aquí asumimos la idea hegeliana de proceso en el sentido de que todo el universo de la naturaleza, de la historia y del espíritu lo describe como un proceso; es decir, como lanzado en un movimiento constante, en perpetuo cambio, transformación y evolución. T es necesario tener presente la idea de Heráclito de que todo es y no es al mismo tiempo, porque todo corre, está en constante metamorfosis,  vía de devenir constante y de desaparición. Engels señala además que la naturaleza tiene su proceso histórico en el tiempo; las plantas, como las especies vivas que los habitan, si las condiciones externas son favorables, nacen y desaparecen.
[7] Darwin,
[8] Michurin, Iván Vladimirovich
[9] Aquí entendemos el concepto metafísica en el sentido que lo define Engels en su “Anti-During”, donde señala que para el metafísico las cosas y  los conceptos, son objetos de estudio aislados, que se consideran uno tras de otro y sin el otro, fijos, rígidos, dados de una vez para siempre. Su pensamiento está formado de antítesis sin intermediarios. Dice si, si, no, no, y todo lo que está por encima de esto es malo. Para él, de dos cosas una: un objeto existe o no; una cosa no puede ser al mismo tiempo ella misma y otra; positivo y negativo se excluyen absolutamente; la causa y el efecto se oponen igualmente en una contradicción radical. La metafísica deviene exclusivo, limitado, abstracto, se extravía en antinomias insolubles, porque olvida al considerar los objetos particulares sus relaciones; olvida por su ser su devenir y desaparición; por su reposo, su movimiento; porque a la fuerza de ver los árboles no ve el bosque.
[10] Timiriasev, Climent Arkadievick. “ El método histórico en biología”.
[11] Lamarck, Jean-Baptiste. “Filosofía zoológica” 1809.
[12] Prigogine, Ilya. “El nacimiento del tiempo”. 1988.
[13] Maturana, Humberto y Varela, Francisco. “De Máquinas y Seres Vivos. Autopoiesis: la organización de lo vivo”. 1997.
[14] Idem, pág. 14-15.
[15] Ver Maturana, Humberto y Varela, Francisco. “De Máquinas y Seres Vivos. Autopoiésis: la organización de lo vivo”. Págs. 45-6. 1997.

[16] Maturana, Humberto y Varela, Francisco. “De Máquinas y Seres Vivos. Autopoiesis: la organización de lo vivo”. 1997.
[17] Maturana, Humberto y Varela, Francisco. “De Máquinas y Seres Vivos. Autopoiesis: la organización de lo vivo”. 1997.

[18] Luhmann, Niklas. “Sociedad y Sistema: la ambición de la teoría” 1990.
[19] Maturana, H. y Varela, F. “El Arbol del Conocimiento”. 1984

jueves, 23 de agosto de 2012

Un enfoque epistemológico desde la física tradicional

Un enfoque epistemológico desde la física tradicional
Con un enfoque desde la física clásica, evaluar y medir la realidad era posible y común estableciendo en primer lugar un conjunto de condiciones iniciales, una cantidad determinada de causas que actúan definiendo el comportamiento de  sucesos con casi absoluta certeza. Se podía afirmar con Lapiedra, que la física clásica señalaba que la existencia de determinadas causas provocaba determinadas consecuencias y que las mismas causas provocaban situaciones iguales, o dicho de otra manera, a medidas repetidas en condiciones idénticas, los resultados deberían ser los mismos. El segundo factor fundamental del llamado método científico proviene del hecho de que para entender un suceso era necesario comprenderlo en sus partes constitutivas porque cada una de ellas tenía una realidad bien definida. El análisis dividía el objeto de investigación en sus elementos de realidad, como señalaba Einstein, lo que permitía conocerlo en su totalidad. Pareciera ser que a la OCDE le interesa que sea éste el camino que  la gente de nuestros países asuma en vez de formas distintas de pensar que  nos transformen en naciones modernas, innovadoras, de investigación profunda. 
Si observamos cómo caracteriza el epistemólogo Ezequiel Ander-Egg (1995) lo que él llama el abordaje científico de la realidad, señala con razón que es a través del conocimiento de la totalidad que se puede entender las partes y componentes de un suceso, y no a la inversa, porque entiende que el todo es más que la suma de las partes. Ander-Egg hace primar el todo por sobre los elementos que lo componen asumiendo lo que denomina como una mirada holista. Propone también estudiar los hechos en su situación de presente, en un momento determinado, pero también en su posibilidad de desarrollo futuro, “el presente en camino de futuro”, porque –dice- todo presente está preñado de futuro. En esta perspectiva, el autor rechaza el estudio de los hechos sociales como “que son lo que son” (46) porque señala que se cae en un determinismo que rechaza toda “imaginación sociológica”. Aceptando en su concepción de modelo el modelo analítico de separación de las partes, busca captar la “futurización” del presente.
Ander-Egg sostiene que la medición “… no es otra cosa que una forma de observación; en otras palabras, la ciencia es cuantitativa porque se basa en observaciones registradas y representadas en símbolos (…) medir es asignar numerales a objetos o acontecimientos de acuerdo con ciertas reglas”, originando con ellos diferentes tipos de escalas y diferentes tipos de medición. Entre las características que el autor entrega a la medición, están entre otras, que la medición debe tener validez cuando lo que mide puede ser demostrado, libre de distorsiones. Además agrega que la medición es fiable  cuando al aplicarse repetidamente a un mismo individuo o grupo o por investigadores distintos en el mismo memento da resultados iguales o parecidos. Y por último, una medición es precisa cuando localiza con exactitud la posición del fenómeno que se investiga.
Ander-Egg define a la hipótesis como una tentativa de explicación de los hechos y sucesos que se quieren estudiar y debe ser una conjetura verosímil destinada a ser probada. Plantea que (96) “…es una suposición basada en la inducción, la analogía y otras formas de razonamiento”. Pero señala además que su “…formulación implica y exige constituirse como parte de un sistema de conocimiento, al mismo tiempo que ayuda a la construcción de ese sistema”.
Las variables para este autor constituyen a la hipótesis porque éstas se construyen sobre la base de relaciones entre variables. La variable, de acuerdo a Ander_Egg (101) “… es una característica observable o un aspecto discernible que puede adoptar diferentes valores o expresarse en varias categorías”. Por lo general las variables asumen un rol de causalidad, dependencia, influencia, dándole un rol  fuertemente determinista en la construcción de las hipótesis. La hipótesis es entonces una relación de variables que la determinan y que su demostración exige formas diversas de medición. Para ello se utilizan indicadores como forma de operacionalizar variables de alto grado de abstracción y que permitan de esta manera medirlas.
Hernández Sampieri (1994:40) y los co-autores  de Metodología de la Investigación asumen la definición de Kerlinger (1975:9) sobre teoría y plantean que “…es un conjunto de constructos (conceptos), definiciones y proposiciones relacionadas entre sí, que presentan un punto de vista sistemático de fenómenos especificando relaciones entre variables, con el objeto de explicar y predecir los fenómenos”. Esta forma de entender la teoría le da fundamentalmente un carácter causal determinista a la relación de variables o leyes que interrelacionan estas variables. De aquí se puede deducir que las proposiciones que se hacen de esas variables están interrelacionadas lógicamente, y que no es precisamente de la interrelación de la mirada holista como holomovimiento donde todo efectivamente está vinculado,  sino  que se refiere a que tiene un carácter de causalidad determinista en la perspectiva que generan necesariamente ciertas consecuencias.
Estos autores le dan como función a su concepción de la teoría explicar cómo, por qué y cuando ocurre un fenómeno. Busca las causas que determinan un suceso, un fenómeno, cómo surge y se desarrolla. Desde esta perspectiva se plantean sistematizar el conocimiento, es decir, ordenar las causas para saber  que cuando ellas aparecen, el fenómeno se desarrolla en una dirección determinada por esas causas. También plantean que conociendo lo que origina el fenómeno (las causas) se puede predecir con cierta certeza su desarrollo, es decir, hacer inferencias de futuro, crear modelos que predicen un fenómeno sin incertidumbres dadas ciertas condiciones. La teoría entonces, nos debe proporcionar, según estos autores (: 42) “…conocimientos de los elementos que están relacionados con el fenómeno sobre el cual se habrá de efectuar la predicción”. La teoría entonces explica y describe y esto significa fundamentalmente definir las condiciones en que se presenta y las formas en que puede manifestarse. Es decir, hay certezas de su emergencia porque hay entendimiento de las causas del fenómeno. Es una teoría determinista, de relación de causa-efecto.
El grupo de metodólogos encabezado por Hernández Sampieri (:77) definen las hipótesis como “…proposiciones tentativas acera de las relaciones entre dos o más variables y se apoyan en conocimientos organizados y sistematizados”. Estas hipótesis involucran a dos o más variables y están sujetas a comprobación empírica, a ser verificadas por la realidad. Agregan además que una variable es una propiedad que puede adquirir diversos valores y esta variación es susceptible de medirse. Por el contrario, cuanto menor apoyo empírico tenga una hipótesis como relación de variables, se deberá tener un cuidado especial en su elaboración, porque al no poder medirse adecuadamente podrían generar hipótesis superficiales. Es decir, la medición en la concepción de hipótesis de estos autores es fundamental.
Ellos entienden por medición (: 242) como “el proceso de vincular conceptos abstractos con indicadores empíricos”. Esto se efectúa  clasificando y cuantificando los datos disponibles que ellos denominan Indicadores. En este proceso, el instrumento de medición o de recolección de datos es central, porque debe registrar (: 242)  “…datos observables que representan verdaderamente a los conceptos o variables que el investigador tiene en mente”. Ellos apuestan que los instrumentos de medición tienen grados de validez apreciables en la medida que mide la variable que pretende medir. Aquí no hay dudas al respecto, sino sólo certezas propias de una epistemología fundada en la física clásica.
Mario Bunge (2000) plantea varias características para la Hipótesis. Señala que no debe entenderse como una simple ficción, que tampoco expresa experiencias simples, los datos sueltos no la establecen, más bien refutan las hipótesis. Otro presupuesto fundamental en Bunge es que la hipótesis tiene la condición de rectificabilidad y que las actividades cognoscitivas de los seres humanos se desenvuelven en torno a ellas y no a los datos. Los supuestos de las hipótesis (: 252) no son “…acerca de experiencias, sino acerca de hechos no experienciables y las usará para explicar su experiencia”.
Lasa hipótesis según Bunge es una proposición del tipo “Si p, entonces q” donde B presupones A sí y sólo si i) A es una condición necesaria de la significación o la verosimilidad de B, ii) A está fuera de discusión cuando se usa B o se somete a contrastación. (A--/ B). Esta forma de hipótesis exige fundamentalmente una comprobación mediante los sentidos o la observación empírica, asumiendo sólo con este requisito el carácter de hipótesis científica.
Bunge (1969:55) sostiene que aquello que caracteriza al conocimiento científico es su verificabilidad: “siempre es susceptible de ser verificado”. El autor plantea (: 58) que las proposiciones que se refieren como hipótesis acerca de la naturaleza y la sociedad deben ponerse a prueba por procedimientos empíricos de medición. Sólo la verificación de enunciados formales, señala Bunge, acepta demostraciones racionales. Las hipótesis científicas en las ciencias fácticas deben pasar la prueba de la experiencia. Y esto obliga a descubrir pautas para poner a prueba las hipótesis. El único invariante en las hipótesis científicas es el requisito de verificabilidad: (: 68) “La inducción, la analogía y la deducción de suposiciones extra científicas (p.ej., filosóficas) proveen puntos de partida que deben ser elaborados y probados”.
Bunge (1960:38) plantea que hay una gran diferencia entre las teorías que pueden y no pueden someterse a comprobación empírica. Agrega que “Si una teoría no puede enriquecerse con hipótesis subsidiarias y con datos, hasta convertirse en una teoría contrastable, entonces no es una teoría científica”. En conclusión la cientificidad de una teoría tiene que ver con su capacidad de ser contrastada. Pero no sólo eso, sino que además tiene que ser compatible con el grueso del conocimiento científico. La contrastabilidad por sí sola no hace a una teoría científica: debe hacer contrastabilidad y al mismo tiempo compatibilidad con la totalidad del cuerpo del conocimiento científico.
      Pero además Bunge afirma categóricamente que las fórmulas de la mecánica cuántica se refieren exclusivamente a entes de la microfísica que actúan entre sí o entes microfísicas que actúan con entes macrofísicos, como los campos electromagnéticos o instrumentos de medición. Bunge señala que el observador lo que hace es sólo analizar, por ejemplo, la luz que emiten los átomos de hidrógeno que se encuentras en determinadas estrellas, y que esa observación objetivamente no los afecta. Todas las propiedades de los átomos, continua Bunge, no se explican por las observaciones de los observadores, sino que las estudian (: 88) “tal como existen independientemente de ellos mismos”.  Bunge niega categóricamente que la observación del observador vaya a producir un colapso de la función de onda, como más adelante se planteará en la epistemología que surge desde la mecánica cuántica. No hay dudas que es este el camino a desarrollar por nuestros pueblos que nos propone la OCDE en la formar de construir una mirada para alcanzar el progreso.
      Schwartzman (1194:15) señala que  Einstein planteaba que  “…los modos y las posibilidades de las mutaciones cognitivas derivan, esencialmente, de los contenidos del conocimiento, de la naturaleza de sus referentes. Es decir, plantea Einstein, la teoría decide lo que se ha de observar, por un lado, y la naturaleza de lo observado” Si el objeto de estudio es la expansión del universo, la teoría y la naturaleza de lo observado llevará a los físicos a partir desde la teoría de las altas energías en el estado inicial y sus sistemas cognitivos.
      En estos estudios, la hipótesis juega un rol relevante así le atribuya un carácter provisorio. La construirá libremente con los conceptos que le parezcan los adecuados según sus intuiciones y conocimientos, preocupándose de que no surja ninguna contradicción lógica en su construcción. Podemos afirmar que la hipótesis, siendo una imagen de lo que el investigador piensa del universo, el científico la constituye especulativa y libremente.  Pero se debe tener presente también que ninguna magnitud puede ser medida libremente, sino que indirectamente a través de la teoría. Planck sostiene (citado por Schwartzamann: 333-4) que “…jamás las mediciones podrán confirmar ni desmentir directamente una hipótesis, podrán, solamente, hacer resaltar su conveniencia más o menos grande”.
      La hipótesis se construye a partir de lo que Einstein entiende como un conjunto de leyes. Con esta hipótesis sigue un curso lógico-deductivo con el fin de obtener determinadas consecuencias, para luego ser comparados con los datos de la experiencia. Con ello se prueba esa ley enunciada a priori, constituyendo todo ello una teoría sobre un área determinada de la realidad. Pero Einstein no siguió más allá y cuando debió avanzar con los nuevos descubrimientos de la mecánica cuántica, le negó su categoría de “complitud” porque no era capaz de dar un estado cuántico perfectamente delimitado a las leyes correlacionadas en las cuales se basaba sus teorías, o a los datos con los cuales esas leyes debían contrastarse. Sólo era posible dar un estado cuántico al sistema compuesto que investigaba. No siempre se puede asignar, según Lapiedra (: 11), “elementos de realidad” a los elementos de la naturaleza que se observan porque desde la mecánica cuántica, esos objetos no se describen por separado. Las correlaciones entre ellas pueden ser tan potentes que hace imposible observarlas unas sin las otras.
      Planck, padre de la mecánica cuántica,  citado por Schwartzmann (:392)  señala sin embargo, que no hay que temer a trabajar con hipótesis que no parezcan verificables. La audacia imaginativa y la creatividad conceptual es la epistemología que domina el espíritu de nuestros tiempos. Todas las ciencias, incluidas las más exactas no pueden hacer progresos si no parten de hipótesis y teorías indemostrables.
Como resumen de la epistemología de Einstein, Schwartzmann 1994:66-7) dice que es posible presentar lo que declara P.A. Schilpp.  Confiesa ser un oportunista en epistemología, puesto que es: 1) realista, en cuanto acepta la existencia de un mundo exterior independiente del sujeto cognoscente; 2) idealista, porque estima que hay más puesto por la subjetividad que dado; 3) positivista, dado que exige comprobaciones experimentales; 4) es platónico o pitagórico, en la medida en que valora la idea de simplicidad lógica como indispensable para su investigación. En el mismo lugar, sostiene en forma inequívoca que “Una epistemología sin contacto con la ciencia se convierte en un esquema vacío. Y la ciencia sin epistemología –supuesto que tal situación se imagine como pensable- resulta primitiva y confusa  

viernes, 17 de agosto de 2012

Complejidad del Método


“Soy profesor de método científico,
pero tengo un problema:
el método científico no existe”
Popper


Morin (1977: El método, Tomo I, p.16) plantea que "Debemos partir de la extinción de las falsas claridades. No de lo claro y distinto (...). Es cierto, para empezar carecemos de método; por lo menos podemos disponer de un anti-método, donde ignorancia, incertidumbre, confusión se vuelven virtudes".

Según Feyerabend, pensar que un método fijo pueda abarcar en un momento dado toda la riqueza empírica, la opacidad e impredecibilidad del mundo físico y social, es una ilusión profunda sostenida sobre una confianza excesiva ante el hombre y el valor de su razón triunfante. Morín (1999) agrega que los dispositivos humanos de conexión y apertura al mundo exterior sólo representan un 2 % del aparato biológico humano, convirtiendo a este héroe cartesiano de la realidad clásica en verdadero autista cognoscitivo, limitando al extremo con ello el éxito de la investigación científica.

El conocimiento científico se revela a la vez imposible e ilusorio. Más bien, son los mismos objetos de estudio los que imponen al científico cual es el marco de pertinencia para estudiarlos, o sea el método correcto que conviene usar, caso por caso y de forma evolutiva. Fereyabend (1989: 32) señala que "todas las metodologías (...) tienen sus límites, y la única "regla" que sobrevive es: "Todo se vale".

Siguiendo a Feyerabend, podemos señalar que los científicos tradicionales por lo general no ponen en duda sus supuestos desde los cuales inician sus investigaciones, y los métodos ligados a ellos no son cuestionados. Los plantean como si fuesen los procedimientos lógicos que naturalmente les corresponden. Definen la investigación en los límites de supuestos Marcos Teóricos reducidos a diseños “metodológicos”, como si ellos fueran el centro de la investigación y no los sucesos que de veras nos interesan y que son enunciados en los títulos de las investigaciones. Los trabajos con los cuales nuestros postgradistas “investigadores e innovadores” buscan alcanzar ubicaciones académicas importantes en las universidades, parten con estos métodos experimentales sin siquiera haber demostrado una hipótesis o postulado, sino que para peor, plantean la verificación como si fuera la demostración, no permitiendo entonces que determinadas concepciones teóricas influyan en esas investigaciones experimentales, ignorando que lo experimental no hace otra cosa sino que coincidir con esos supuestos teóricos.

Pero aún entendiendo que toda investigación debe partir de postulados y no de investigaciones experimentales, las primeras además siempre se encuentran cercadas en algún momento de su desarrollo, por anomalías o perturbaciones del entorno que no se corresponden con ellas. Pero no sólo se presentan cercadas, sino que además ya han sido en alguna medida interpretadas por anteriores investigadores. Estas contradicciones se presentan aún en el mismo momento en que se plantean los fundamentos teóricos de la investigación. Pero si no fuera así, en algún espacio del trayecto de lo investigado y aprobado como circunstancialmente “la verdad”, se ve entorpecida en su desarrollo por estas perturbaciones. En este sentido se puede señalar con Vásquez (2006) que no hay “hechos desnudos”, y por ello la ciencia se transforma en compleja, caótica, llena de vaivenes impredecibles a simple vista.

Adolfo Vásquez (2006) citando a Feyerabend señala que éste plantea que no existen estándares invariables de racionalidad, incluso en la ciencia, y el conocimiento no sigue un camino prefijado. Agrega que hay anarquía en la ciencia y por ello es necesario la crítica y la tolerancia de sus inconsistencias y anomalías, y una necesaria libertad en la creatividad de ella. La ciencia avanza muchas veces no teniendo claro los caminos para avanzar. Y frente a los científicos empiristas con su dogmatismo acrítico que plantean que los hechos experimentales deciden sobre la verdad de sus teorías,  Fereyabend señala que se deben construir nuevas hipótesis que contradigan a esas supuestas teorías probadas como verdaderas, oponiéndoseles.

Feyerabend sostiene que no hay saltos en el vacío cuando se producen los descubrimientos, porque hay lógica y racionamiento en ellos, se construye sobre ciertas coherencias. Pero también hay elementos subjetivos, personales. Pero esta teoría, para explicar un cosmos o una sociedad que se va moviendo de lo simple a lo complejo, necesita teorías complejas. Feyerabend, para sostener su propuesta recuerda a Chiang-Tsé, que señala que lo más probable es que lo fundamental de la existencia no tenga una forma fija o definitiva, más aún, que no sea ninguna de las partículas llamadas actualmente elementales.

¿Qué hacer entonces? Fereyabend recuerda a Popper en sus aciertos para definir lo que es racional y lo que es irracional. Nos indica que es racional superar una teoría cuando ella –válida en un momento- entra en fuerte conflicto con la realidad que nos circunda. Irracional sería mantenerla. Pero el autor que analizamos nos recalca con fuerza que la ciencia es transformada por muchos malos académicos e investigadores en mitos, en religión no discutida, en dogma aceptado obligatoriamente, en buena nueva que permanece años y años ordenando un mundo que ya cambió, ciegos a lo que sucede en el entorno, sordos a los cambios constantes de la realidad.        Nuestros investigadores aseguran tener éxito “imitando” la realidad a través de lo que denominan método científico, dejando de lado todo lo que aparece como “subjetivo”, término con que descalifican aquello que se parezca a postulados científicos que proponen teorías con los cuales se pueden observar nuevos aspectos del desarrollo de nuestra sociedad y del propio planeta, que se vea ahí, donde antes no se veía. Popper (Vásquez, 2006:259) dice que una exigencia de fundamentación completa es desorientadora, en la medida en que plantea una reivindicación epistemológica que no sólo es imposible de satisfacer, sino que,  más importante todavía, no es necesaria”. Desde aquí podemos validar el rol de lo ficcional, las “conjeturas” que nos muestran cómo la historia está llena de eventos yuxtapuestos, poniendo en evidencia la complejidad de las decisiones de los seres humanos.

Popper (1982) señala respecto a la lógica inductiva que es una inferencia al pasar de enunciados singulares (experienciales o particulares) a enunciados universales, como hipótesis o teorías. Según este autor, los enunciados universales basados en la experiencia no establecen verdad, agregando que todo principio de inducción lleva forzosamente a incoherencias (incompatibilidades) lógicas. Popper afirma que la lógica inductiva conduce bien a una regresión infinita, bien a la doctrina del apriorismo. No proporciona un "criterio de demarcación" apropiado. El prejuicio inductivista, según este autor, es lo único que lleva a muchos a creer que podría existir un lenguaje fenoménico, libre de teorías y distinguible de un "lenguaje teorético",

La teoría del método deductivo de contrastar de acuerdo a Popper, se manifiesta cuando una hipótesis sólo puede contrastarse empíricamente y únicamente después de que ha sido formulada. Una teoría se contrasta, en primer lugar, encontrando la comparación lógica de las conclusiones unas con otra: sometiéndose con ello a contraste la coherencia interna del sistema.  Luego está el estudio de la forma lógica de la teoría, con objeto de determinar su carácter: si es una teoría empírica -científica- o sí, por ejemplo, es tautológica. Más tarde se compara con otras teorías, con el objeto de averiguar si la teoría examinada constituiría un adelanto científico en caso de que sobreviviera a las diferentes contrastaciones a la que se la somete. Finalmente se la contrasta por medio de la aplicación empírica de las conclusiones que pueden deducirse de ella. Las teorías científicas no son nunca enteramente justificables o verificables, pero son, no obstante, contrastables

Según Rosental (1964), el empirismo es una doctrina filosófica que coloca en la experiencia sensorial la fuente única del conocimiento. Se distingue el empirismo idealista y el empirismo materialista. El empirismo idealista reduce la experiencia al conjunto de sensaciones o de representaciones, y niega que la experiencia tenga por base la naturaleza material. El empirismo materialista señala que el fundamento de la experiencia sensible reside en los objetos de la naturaleza material. Aprecia además en su justo valor el papel de las teorías y de las abstracciones científicas. El conocimiento reposa en la experiencia sensorial para luego elevarse a la generalización;

Popper (1982) exige los siguientes requisitos al sistema teórico empírico:

a. Ha de ser sintético, de suerte que pueda representar un mundo no contradictorio, posible;
b. Debe satisfacer el criterio de demarcación, es decir, no será metafísico, sino representará un mundo de experiencia posible;  
c. Es menester que sea  un sistema que se distinga -de alguna manera- de otros sistemas semejantes por ser el que represente nuestro mundo de experiencia;

Popper plantea la necesidad de encontrar un criterio que permita distinguir entre las ciencias empíricas y los sistemas metafísicos. A ello le llama el problema de la demarcación. Los inductivistas según este autor, admiten únicamente como científicos los enunciados que son reducibles a enunciados elementales (o "atómicos") de experiencia - a "juicios de percepción", "proposiciones atómicas", "cláusulas protocolarias". Tratan de demostrar que la metafísica, por su misma naturaleza, no es sino un parloteo absurdo.  Sin embargo, las leyes científicas no pueden reducirse lógicamente a enunciados elementales de experiencia.  Los inductivistas no consiguen trazar una línea de demarcación entre los sistemas científicos o empíricos y los metafísicos o teóricos, entre la ciencia y las ideas metafísicas. El sistema llamado "ciencia empírica" representa únicamente un mundo: el "mundo real" o "mundo de nuestra experiencia".

Según Vásquez, el refutacionismo es la tesis fundamental de Popper y establece una demarcación entre lo que es ciencia y lo que no lo es. Señala que son científicos aquellos enunciados que pueden ser refutados. Por lo tanto, lo que define el carácter científico de una teoría es su contrastabilidad, y lo que define a ésta es la refutabilidad, y que una teoría es científica y significativa sólo si es en principio incompatible con algunos fenómenos observables. La falsabilidad de una hipótesis implica más que un cambio terminológico frente a la verificabilidad indusctivista: implica que toda conjetura se mantiene siempre en conjetura, aunque esté corroborada, pues no puede ser necesariamente falseada ni necesariamente corroborada.

Vásquez agrega que la falsación de Popper consiste en demostrar mediante la experiencia que si un enunciado observable es falso, se sigue deductivamente que la proposición universal es también falsa. El falsacionismo de Popper se sostiene en dos cosas: en las conjeturas atrevidas y en la libre crítica o la discusión crítica.  La filosofía que está detrás es el racionalismo crítico: todo puede y debe someterse a la crítica. Y esto se lleva a la práctica con argumentos y contrastaciones.


Poppar (1982) le impone las siguientes exigencias a la demarcación:

a. El criterio de demarcación inherente a la lógica inductiva -esto es, el dogma positivista del significado o sentido- equivale a exigir que todos los enunciados de la ciencia empírica deben ser susceptibles de una decisión definitiva con respecto a su verdad y a su falsedad;

b. El criterio de demarcación que hemos de adoptar no es el de la verificabilidad, sino el de la falsabilidad de los sistemas;

c. Popper no exige que un sistema científico pueda ser seleccionado de una vez para siempre, en un sentido positivo; pero sí que sea susceptible de selección en un sentido negativo por medio de contrastes o pruebas empíricas: ha de ser posible refutar por la experiencia un sistema científico empírico;

d. Para que la falsabilidad pueda aplicarse como criterio de demarcación, deben usarse enunciados singulares que puedan servir como premisas en las inferencias falseadoras;

e. El "enunciado básico" o "proposición básica" es un enunciado que puede servir de premisa a una falsación empírica: brevemente dicho, a la enunciación de un hecho singular;

f.  Los enunciados básicos están basados en las experiencias perceptivas, que mediante éstas se manifiesta la verdad de aquellos;

g. Se tenía también la impresión (exacta) de que los enunciados sólo pueden justificarse mediante otros enunciados: por ello, la conexión entre las percepciones y los enunciados permanecía obscura;

h. El problema de la demarcación consiste en encontrar un criterio del carácter empírico de la ciencia;

Para Popper (1981:385-6) no cabe duda alguna acerca de la objetividad de la ciencia, pero ésta no se funda en la imparcialidad u objetividad del hombre de ciencia. “En realidad, ... no cabe ninguna duda de que todos somos víctimas de nuestro propio sistema de prejuicios (o de «ideologías totales» si se prefiere esta expresión); de que todos consideramos muchas cosas evidentes por sí mismas; de que las aceptamos sin espíritu crítico e incluso con la convicción ingenua y arrogante de que la crítica es completamente superflua; y, desgraciadamente, los hombres de ciencia no hacen excepción a la regla, aun cuando hayan logrado librarse superficialmente de algunos de sus prejuicios en el terreno particular de sus estudios. Pero esta limpieza no tiene lugar.... con tornar sus mentes más «objetivas» no les bastaría para alcanzar lo que hemos denominado «objetividad científica». Y -extraña ironía- la objetividad se halla íntimamente ligada al aspecto social del método científico, al hecho de que la ciencia y la objetividad no resultan (ni pueden resultar) de los esfuerzos de un hombre de ciencia individual por ser «objetivo», sino de la cooperación de muchos hombres de ciencia. Puede definirse la objetividad científica como la intersubjetividad del método científico.”

Desde esta perspectiva, Popper plantea lo que él denomina objetividad científica y convicción subjetiva:

a. Si algo es válido para quien quiera que esté en uso de razón, entonces su fundamento es objetivo y suficiente. (Kant).

b. La objetividad de los enunciados científicos descansa en el hecho de que pueden contrastarse intersubjetivamente.

c. La contrastación intersubjetiva es un aspecto de la idea más general de la crítica intersubjetiva, o dicho de otro modo, de la idea de la regulación racional mutua por medio del debate crítico;

d. La objetividad de los enunciados se encuentra en estrecha conexión con la construcción de teorías -es decir, con el empleo de hipótesis y de enunciados universales-. Sólo cuando se da la ocurrencia de ciertos acontecimientos de acuerdo con reglas o regularidades -y así sucede con los experimentos repetibles- pueden ser contrastadas nuestras observaciones por cualquiera (contrastación intersubjetiva);

e. Sólo merced a tales repeticiones podemos convencernos de que no nos encontramos con una mera "coincidencia" aislada, sino con acontecimientos que, debido a su regularidad y reproductibilidad, son, en principio, contrastables intersubjetivamente;

f. Una experiencia subjetiva, o un sentimiento de convicción, nunca pueden justificar un enunciado científico; y de que semejantes experiencias y convicciones no pueden desempeñar en la ciencia otro papel que el de objeto de una indagación empírica (psicológica);

g. Por intenso que sea un sentimiento de convicción nunca podrá justificar un enunciado científico. Un sentimiento de convicción no puede aparecer en el campo de la ciencia objetiva más que en forma de hipótesis psicológica;

h. Una hipótesis psicológica puede confirmarse o refutarse mediante contrastaciones experimentales, pero no desempeña el menor papel en la cuestión de cómo pueden justificarse los enunciados científicos;

i. Al exigir que haya objetividad, tanto en los enunciados básicos como en cualquiera otros enunciados científicos, nos privamos de todos los  medios lógicos por cuyo medio pudiéramos haber esperado reducir la verdad de los enunciados científicos a nuestras experiencias;

j. Si pedimos que los enunciados científicos sean objetivos, entonces aquellos que pertenecen a la base empírica de la ciencia tienen que ser también objetivos, es decir, contrastables intersubjetivamente;

k. Pero la contrastabilidad intersubjetiva implica siempre que, a partir de los enunciados que se han de someter a contraste, puedan  deducirse otros también contrastables;

l. Por lo tanto, si los enunciados básicos han  de ser contrastables intersubjetivamente a su vez, no puede haber enunciados últimos en la ciencia: no pueden existir en la ciencia enunciados últimos que no puedan ser contrastados, y, en consecuencia, ninguno que no pueda -en principio- ser refutado al falsar algunas de las conclusiones que sea posible deducir de él;

m. De lo anterior se llega a la siguiente tesis: los sistemas teóricos se contrastan deduciendo de ellos enunciados de un nivel de universalidad más bajo; éstos, puesto que han de ser contrastables intersubjetivamente, tienen que poderse contrastar de manera análoga -y así ad infinitum;


A partir de lo anterior Poppar traza una frontera entre lo que debe considerarse ciencia y lo que no. Este criterio de demarcación, como ya lo hemos señalado, es el criterio de refutabilidad, según el cual habrán de considerarse científico aquellos enunciados que sean refutables (que no sean refutados, porque en ese caso ya no forman parte más del cuerpo de la ciencia).  De acuerdo al criterio demarcatorio, el interés principal del científico no debe consistir en defender su teoría sino en intentar atacarla, refutarla por todos los medios. Intentar demostrar que se equivoca. Esto equivale a decir que el científico debe estar en un estado de duda –auto-cuestionamiento- permanente.

La teoría de la complejidad se enriquece en el siglo XX con teorías como la del caos, catástrofe, estructuras disipativas, geometría fractal y otras, permitiendo romper con las visones tradicionales del newton-cartesianismo. Ayudan a entenderla la incorporación a la ciencia de conceptos como lo simple, lo complejo y lo simplificado; racionalidad y racionalización; la complejidad como método, como ciencia y como cosmovisión. También conceptos  como partículas últimas, no-localidad, orden implicado, holomovimiento, etc. Según Andrade (2001), para el físico David Bohm  la realidad y el conocimiento deben entenderse como procesos, donde todo puede ser creado y transformado, como también puede desaparecer. Por ello no es posible la existencia de partículas últimas como bases fundamentales de la materia. Él sostiene que todo lo que existe como singularidad, acontecimiento o suceso es sólo una abstracción de una totalidad aún no conocida o no definida. Plantea un realismo cosmológico frente al realismo local, asumiendo la primordialidad del suprarrealismo de la no-localidad frente a la separabilidad, a entender lo singular y los sucesos separados unos de otros y sin expresar la totalidad. Hay una interacción permanente entre todos los elementos que componen esa totalidad sin existencia de separabilidad, y ello es una característica propia de la naturaleza porque el universo emerge como un sistema cuántico que no tiene sentido determinado.

Esta teoría de David Bohm, es llamada también Teoría del Orden Implicado. Según Andrade, esta teoría sostiene que en cualquier elemento del universo se encuentra contenida la totalidad de éste y que esta totalidad incluye no sólo a la materia, sino también a la conciencia. Plantea que lo que se explica del mundo --el orden explicado-- son los sucesos aparentemente aislados en el espacio y el tiempo. El orden implicado es la totalidad que conforma la base de ese orden explicado, que sería lo derivado de él.  Todas las cosas sucesos son el despliegue de ese orden implicado u holomovimiento, o una totalidad universal desconocida de movimiento fluido que es autoexistente y fundamento primario de todo lo que existe.  

Prigogine (1988) afirma que la realidad, la vida cotidiana, el medio en que vivimos y estamos no son matemáticos. No son ni siquiera matematizables. Es el dominio de lo mutable, de lo impreciso, del más o menos, del aproximadamente. No existe el mundo finalizado. En todas partes hay un margen de imprecisión, de juego. Este autor señala que los cuerpos son estructuras disipativas coherentes, alejadas del equilibrio. En distintos campos físico-químicos se manifiesta la autoorganización espontánea, jugando en ellos un papel fundamental la irreversibilidad en estos procesos.

En estas condiciones de no equilibrio, la materia, según Prigogine, (1993) tiene capacidades espontáneas de percibir sus diferencias con el mundo que la rodea, y además de reaccionar a las fluctuaciones de ese entorno. De esta manera, reconoce que la naturaleza es un proceso abierto de producción y de invención, superando con ello la concepción estática de la misma, entendida como un mundo finalizado y asumiendo la idea de un universo donde la organización de los seres vivos y la misma historia del hombre  no son accidentes del devenir cósmico.  Sostiene que el universo tiene una evolución continua y que se va construyendo en una dialéctica entre la gravitación y la termodinámica como un fenómeno irreversible con capacidad constructora de nuevas estructuras permanentemente. Esta irreversibilidad del tiempo conduce la vida y al hombre, haciendo que provengan del tiempo en una evolución irreversible.

  La primera propuesta que nos hace la mecánica cuántica según Lapiedra (2008: 14) es el carácter probabilista indeterminista cuando busca predecir resultados de medida de una magnitud física que se está observando. Incluso desde esta perspectiva se sostiene que dos sistemas físicos idénticos pueden dar resultados diferentes en medidas repetidas. La predicción de la mecánica cuántica, sostiene Lapiedra, está centrada fundamentalmente en distribuciones de probabilidades en cada uno de los resultados posibles de una medida determinada.

¿Cómo satisfacer teóricamente una visión de la realidad objetiva de la naturaleza desde las exigencias de la mecánica cuántica? En mecánica cuántica no siempre se puede describir separadamente los objetos, porque hay vínculos irrompibles que nos impiden ver las partes por separado. ¿Todo en la naturaleza y la sociedad está determinado por antecedentes previos? ¿Hay una realidad previa, independiente de la experiencia de observar? Lapiedra nos presenta dos problemas centrales en la epistemología cuántica: un problema relacionado con el determinismo y otro con el realismo.

Este autor se hace la pregunta de ¿qué se puede conocer de un sistema cuántico? Responde que es posible predecir su evolución futura siempre y cuando conozcamos el estado inicial. Esto puede suceder también desde la posición de Hawking y su teoría de suceso. El cono del pasado guardaría los secretos del estado inicial que nos permitiría cierta predicción de su estado futuro. En mecánica cuántica no siempre se puede describir separadamente los objetos, porque hay vínculos irrompibles que nos impiden ver las partes por separado

Teóricamente la imposibilidad de  predecir con certeza el resultado de una medida tiene que ver con la propia realidad desde una mirada cuántica. Es decir, nunca podremos encontrar todos los antecedentes en el cono del pasado de un suceso que nos asegure predicciones ciertas. Dicho de otra forma, jamás podremos conocer completamente la función de onda de un suceso, entendido como cono del pasado donde está contenido todo lo que es posible saber de un sistema.

Frente a estas conquistas de la ciencia, Morín (1999:125) nos hace una propuesta compleja de investigación, una ruptura paradigmática y nos invita a una reintegración de las tres dimensiones consustanciales de la vida humana en su globalidad -ciudadano, individuo, científico- y concebir, como alternativa al pensamiento lineal, la perspectiva de una democracia cognitiva, en forma de amplio foro transdisciplinario, trans-generacional y trans-categorial que permita el encuentro regular de perspectivas múltiples acerca de un mismo problema colectivamente definido: "La llamada para la democracia cognitiva no es solamente la llamada a clases nocturnas, escuelas de verano, universidades populares. Es la llamada para una democracia donde el debate de los problemas fundamentales ya no sería el monopolio de los solos expertos y sería llevado a los ciudadanos". Tampoco es un llamado al abandono de la ambición científica ni invitación a la procrastinación intelectual, es decir, abandonando la realidad, evitando penetrar en ella. Ni menos el pensamiento complejo supone abandonar la búsqueda del  método científico, incluso bajo el modo de la aventura permanente. (Morin, 1977)

Si quisiéramos resumir en parte el pensamiento complejo de Morín, diríamos que nos señala varios problemas importantes. Entre ellos está la relación causalidad y determinismo, superando su reducción a una causación lineal y reconociendo la circularidad de los procesos de causación. Morín además reconoce en la auto-organización el segundo nivel en la estructura del método: Esta idea que está presente ya en otros autores, reconoce el papel constitutivo al desorden, la fluctuación, la inestabilidad, produciendo un cambio fundamental en la comprensión de las relaciones entre el orden y el desorden. En el pensamiento complejo orden y desorden ya no son antagónicos, sino que se  encuentran entrelazados, son partes de un proceso de autogeneración de los sistemas complejos. El paradigma moriniano nos abre a una nueva perspectiva de sistemas y la naturaleza como totalidad, cambiante y en proceso de auto-organización. Nos orienta a no perder de vista la emergencia, la no trivialidad de la Naturaleza, a comprender la dinámica de la auto-organización. Este autor nos indica que la complejidad es inabarcable,  pero intentando entenderla dentro de lo posible, estudiando las totalidades sin perder la contextualización correspondiente de lo que se pretende entender. El método de pensamiento complejo propuesto por Morín busca comprender una totalidad que no es abstracta y vacía, que no es un proceso separado de otros procesos, que tiene integridad y no es objeto, sucesos integrados por procesos y no sólo reducido a ellos, que siendo totalidad se concreta, incluyendo el orden y el desorden, existiendo en su inestabilidad estable o en su estabilidad inestable. Para el pensamiento newton-cartesiano anterior el mundo se presentaba ordenado, disjunto, cosa ya terminada, definitiva, ordenada. Son dos pensamientos distintos. El moriniano: complejo y asociado a desorden, azar, irracionalidad versus el cartesiano ligado al orden, razón y racionalidad. El pensamiento complejo es resultado de un descubrimiento fundamental: el descubrimiento de la organización, una "entidad" donde ocurren los procesos, el orden y el desorden, al "autos". Nos propone cambiar nuestra visión de mundos de “objetos” por el de mundo de “redes” de relaciones.

Según Morín, el proceso recursivo es todo proceso cuyos estados o efectos finales producen los estados o las causas iniciales. Se produce la situación en que el final de un proceso alimenta su principio, cuando el estado final de un contorno o círculo se vuelve sobre el estado inicial, convirtiendo la situación final en inicial sin perder sus características de final, y el estado inicial en final, aunque continua siendo inicial. Es decir, el bucle recursivo es un proceso en que los productos últimos de un suceso se convierten en los elementos primeros. Otra de las características del bucle recursivo tiene que ver con una organización que a través de procesos construye los elementos necesarios para su propia existencia, da nacimientos a los elementos que lo constituyen como suceso, donde la recursividad significa precisamente que el efecto de un acto determinado se convierte en su causa primera. La recursividad significa la producción-de-si y re-generación, generatividad.

La recursividad tiene un enfoque sistémico, una relación sistema-entorno donde el primero aisladamente no es generativo, no puede re-producirse, regenerarse. Entorno y sistema son una totalidad activa. Es este proceso en su totalidad lo que permite la generatividad embuclados, circularizados en sí mismo en momentos determinados o particulares que inducen a la producción-de-sí. Y esta producción regenetiva es una reorganización permanente del sistema bombardeado por perturbaciones de su entorno. Es una reproducción de sí mismo continua, sin interrupciones, con producción continua de entropía, su incremento frecuente con creces que no permite que su entropía interna se debilite porque significaría su incapacidad regenerativa fenoménica, de autoproducción y con ello muriendo, degenerando, desapareciendo como sistema.

Morín señala que lo que “forma cierra, que lo que cierra forma”. Da ejemplo del circuito espiral del remolino que abre al mismo tiempo que cierra, formándose y re-formándose constantemente. El bucle del remolino es a la vez abridor y cerrador, fijamente estable, fuertemente resistente a su disolución. Pero  el circuito espiral no sólo debe ser entendido como algo indisoluble, sino también como un proceso recursivo, donde “la apertura produce la organización del cerramiento, el cual produce la organización de la apertura”. Un círculo cerrado, al igual que un sistema solamente cerrado es un suceso vicioso, que se mueve sobre sí mismo constantemente, ignorando las perturbaciones entrópicas del entorno y sin necesidad de generar su propia entropía que lo empujarían a la re-generatividad constante. Lo vicioso de un sistema termina cuando es abierto, que permite ser una estructura disipativa, alimentada por entornos caóticas que con sus anomalías le permiten auto-organizarse constantemente. Al ser abierto el círculo, es  la oportunidad para transformarse en su propia alimentador. Al ser el circuito espiral un bucle cerrado/abierto puede adquirir su naturaleza generativa profunda, permitiendo con ello su carácter de auto-productor de sí mismo, de su ser y existencia. Su carácter abierto le permite su auto-producción, y el Sí mismo nos dice que es al mismo tiempo cerrado, que se re-genera a partir de si mismo, conservando su identidad y los elementos de su estructura que lo caracterizan como existencia definida.


La complejidad del método busca superar conceptos mutilados, disjuntos unos de otros. Para ello es necesario como ya hemos señalado de acuerdo a Morín, articular la ciencia antropo-social a la ciencia de la naturaleza, y ambas a la física. Y esto no implica asumir la física como lo primero, como la base objetiva de toda explicación, como fue la tradición newton-cartesiano.

En el conocimiento científico ni la observación micro-física ni la observación cosmos-física pueden ser separadas de su observador. Todo concepto no sólo se debe referir al objeto concebido, sino que también  al sujeto conceptuador. Y ello debe ser así porque todo objeto es pensado y es pensado por un observador que observa desde una cultura determinada, de una determinada sociedad hic et nunc, porque todo conocimiento esta determinado en alguna medida sociológicamente con una dimensión antropo-social. Ya no es posible negar que la ciencia natural tiene un origen cultural; y la ciencia física una naturaleza humana y natural, y esta última también un origen fisco.

Morin señala que la elucidación del bucle física-->biología-->antropo-sociología  topa con una triple imposibilidad:

1. Invade todo el campo del conocimiento y exige un saber enciclopédico imposible;
2. Frente al principio que aisla, el desarrollo de otro principio capaz de volver a unir lo aislado y separado;
3. El carácter circular de esta relación del bucle adquiere la figura de un círculo vicioso, es decir, de absurdo porque cada uno depende del otro;

Desde el punto de vista del enciclopedismo, hoy día las universidades niegan el conocimiento fundamental, general. Ello impide formar una visión del hombre y del mundo. El conocimiento general es acusado de abstracto, porque no se puede operacionalizar. Se prefiere un pensamiento lineal o ingenieril alejado del entorno que lo ha ayudado a generarse, a nacer. Se le reemplaza por conocimientos especializados, fragmentados, sin visión global con el único fin de ser capitalizado. En ese sentido las competencias de aprendices y tutores que se busca enseñar en las universidades actuales son definidas por el mercado que disocia las estructuras de todas las ciencias, que desvincula la física de la biología y ambas de la antropo- sociología, de la praxis social. Hay una atomización generalizada de los conocimientos, una parcelación criminal del saber, abundancia de saberes ignorantes al estar desvinculado con la totalidad, no hay cuestionamiento de la ciencia entre sí, y de ella misma consigo misma, No hay metodología para controlar la ciencia. La Universidad está renunciando al conocimiento porque no le interesa conocer al hombre y el mundo en que vive. Los que le interesa es el saber-aquí, es más rentable, es más útil a la actual sociedad globalizada y neoliberal. Se busca el predominio de la especialización sobre lo general. La excusa es que el exceso de información y su heterogeneidad impiden la visión de conjunto.

Frente a esta crisis, hoy se pone en duda los fundamentos del método cartesiano, la disyunción de los objetos y de las ideas entre sí, la disyunción del objeto y del sujeto. También se duda de que la verdad se encuentre en las ciencias y en las certidumbres previas, en la razón. Hoy se duda de la seguridad de la duda cartesiana. Morín duda de sí mismo, rechaza hacer tabla rasa en el pensamiento porque él es prejuzgante. El nuevo método científico debe encargarse de detectar las uniones, las articulaciones, las interdependencias y complejidades. Morín plantea que el método científico debe partir de la ignorancia, del caos, de las incertidumbres. Debe rechazar esta autoestima insoportable e inútil de los científicos modernos que disimula su ignorancia en un acto en que grita a todos como el más cierto, voceando que es propietario del conocimiento absoluto, ocultando este mal conocimiento de lo conocido y del conocedor.

Según Morín, el desorden termodinámico, la incertidumbre microfísica, el carácter aleatorio de las mutaciones genéticas entre otros logros del conocimiento actual nos obliga a transitar por caminos desconocidos en busca del nuevo método de la ciencia. Hoy se asume que la incertidumbre y la confusión son las propiedades naturales de la complejidad del cosmos, de la naturaleza y de la vida humana. Entonces se acepta que la relación circular físicaàbiologíaààantropo-social empujan a la incertidumbre de la realidad –según Moría-, que hace que los fundamentos ontológicos de ella se vayan perdiendo e imposibiliten el conocimiento objetivo.

Al circularizar la relación física/biológica/antropológica, Morín enfatiza que el pensamiento complejo se distancia del principio de disyunción/simplificación, rechazando la reducción de un suceso a principios mutilantes, rechazo a aceptar conceptos fundamentales que se encuentran en la base del conocimiento como la materia, el espíritu, Dios, etc. Se avanza, entonces, decididamente en el camino lleno de trampas del verdadero conocimiento objetivo, paradójico, incierto, complejo. Con una visión de estas características podemos entender que en cada suceso pueden existir proposiciones entendidas como verdaderas pero que se niegan al relacionarse, y esta negación no está fatalmente destinada a liquidarse mutuamente, superando necesariamente una a la otra, sino que nos obliga a aceptar su relación en disyunción pero interdependientes como dos caras de una verdad compleja. Esta forma de plantear el método transforma los círculos viciosos en virtuosos, en pensamiento reflexivo, circular, complejo.

Desde la perspectiva del enciclopedismo, Morín nos advierte que él debe ser entendido en su sentido originario: agkulkios paidea, que significa poner el saber en ciclo, en-ciclo-pediar, “aprender a articular los puntos de vista disjuntos en un ciclo activo”. Esta en-ciclo-pedismo, según Morín, articula lo disjunto permitiendo los conocimientos cruciales, los nudos de comunicación entre ellos, organizándolos, complejizando lo simplificado. El movimiento enciclante, señala el autor que citamos, genera un movimiento organizador del conocimiento donde descripción del objeto y descripción de la descripción y la visibilidad del descriptor potencia no sólo la articulación sino que también la oposición al interior de la descripción. Pensamos con nuestros conocimientos, pero también repensamos lo pensado con ellos en forma crítica, evitando la petrificación de nuestro entendimiento. Entonces las viejas formas de explicación caen, surgiendo nuevos principios y nueva organización del pensamiento. Reorganizamos nuestro sistema de pensamiento para desaprender y reaprender a aprender. Y esto es lo fundamental del nuevo método científico, el cual niega el pensamiento simplificante tradicional newton-cartesiano, el pensamiento que racionaliza, que encorceta toda realidad en determinados órdenes, le da rígidas normas, impidiendo que él se mueva libremente en busca de sus propios caminos.

Podemos concluir que el método no se define antes de la investigación, sino que durante ella, “en el momento en que el término vuelve a ser un nuevo punto de partida” ,en que el cierre se vuele a transformar en comienzo, en apertura, como un bucle circularizado. Nietzsche (2000) plantea que los métodos vienen al final, con una vuelta al comienzo con más sabiduría permitiendo el aprender a aprender




















Bibliografía consultada

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Lapiedra, Ramón (2008) “Las carencias de la Realidad”. Tusquets.
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Vásquez, Adolfo La Epistemología de Feyerabend: Esquema de una teoría anarquista del   
                           Conocimiento. Revista Observaciones Filosóficas. Abril 2006












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