martes, 14 de febrero de 2012

Información, conocimiento y comprensión ¿El siglo de la ceguera?

 
Hay cierta tendencia a confundir información con conocimiento. La información está compuesta de datos y hechos los cuales deben ser ordenados, agrupados, analizados e interpretados. Al procesarlos se convierten en información. Este aumento de la información incrementa por si solo la responsabilidad del que la recibe, haciéndolo más interdependiente a su entorno. Toffler (1996) señala que el aumento de la información modifica no sólo el ritmo de los archivos de imágenes del sujeto, sino que además la manera de pensar y sintetizar, de prever las consecuencias de su acción.
El aumento de la información puede llegar a interrelacionar grandes fuerzas causales y hace interdependiente todos los desarrollos de los sucesos. Agrega Toffler que los actuales sistemas tecnológicos, nos obliga a utilizar al ordenador como interrelacionador de estas grandes fuerzas causales. Los datos –finaliza Tofller- sólo al ser conjugados y combinados de una determinada manera pueden ser útiles a un fin particular, y de esta manera conformar la información, transformándose en un factor estratégico relevante.
La importancia del pensamiento de Toffler consiste en que desde la Ciencia Política ve la interrelación de las cosas en un momento en que el pensamiento industrial aún predomina en el análisis social. Sin embargo, esta forma de pensar implica sólo una mirada más local que global, muy cercana aún al problema que se analiza, creyendo encontrar las causas y relaciones que originan los problemas desde la inmediatez de su cercanía. El observador que trata de explicar un proceso con la información que recibe puede incluso ser capaz de observar desde distintos dominios cognoscitivos, pero por lo general son todos ellos locales, porque sólo atiende y comprende esas relaciones locales y no las configuraciones sistémicas que en realidad le dieron origen.
Esta forma de ver raya en el enfoque computacionalista del pensar que niega la conciencia como algo fundamental para la cognición, y negar la conciencia, es decir el “yo” en el aprendizaje es negar al mismo tiempo la existencia de puntos de vistas coherentes, unificados desde donde pensamos, percibimos y actuamos. Ello facilita la consagración del pensamiento lineal porque impide observar los procesos humanos en el marco de sus relaciones lógicas estructurales, es decir, desde enfoques teóricos establecidos a priori. (Varela. 1996).
La trampa principal del pensamiento local (positivista) radica en su efectividad operacional en la construcción del hacer, en su dinamismo en el fabricar, en su capacidad del diseño ingenieril. El pensamiento lineal es atractivo porque sólo pone atención a sus tremendas capacidades operacionales concretas, resaltando con ello la racionalidad causal local porque la ve como el único origen de la eficacia y efectividad del quehacer cotidiano. Pero es un pensamiento tramposo porque pierde de vista el contexto relacional sistémico donde sólo tiene sentido lo local.
El pensamiento lineal ha transformado a la competencia como si fuera un fenómeno biológico natural, como si fuera el fundamento de la conducta social, no reconociendo que la sociedad es la naturaleza del ser humano, donde en convivencia, solidaridad y cooperación encontró siempre todo lo que lo humanizaba. El paso de la emulación cooperadora a la competitividad que ignora al otro y su correlato en la forma de pensar, - el pensamiento lineal-, transformó a la competitividad de fenómeno cultural como si fuese un fenómeno biológico constitutivo de la naturaleza humana. El pensamiento lineal positivista competitivo encubre todo esto con terciopelos de racionalización, justificando como si fuera natural las grandes concentraciones de riquezas y las guerras que se realizan para acrecentarlas y defenderlas, y reprimir a aquellos que se levantan en su contra desde el dolor y la desesperación de su marginalización y atropellos a su identidad y dignidad.

EL CONOCIMIENTO
Según Toffler(1996), el conocimiento es la creación de una nueva mentalidad en relación con el futuro, con el fin de anticiparse a las tendencias. Con una mirada desde el punto de vista de la economía y su creación constante de riqueza, este autor plantea que el conocimiento es el ingrediente más importante de la fuerza, la riqueza y del cierre de una buena decisión (de gestión económica). Plantea sin embargo con razón que el cambio de conocimiento es paradigmático, porque transforma nuestra visión del mundo y las suposiciones en que descansa dicha visión. Para que la información se transforme en conocimiento relevante –en su visión economicista- es fundamental que la información sea descodificada, entendida y relacionada con los objetivos organizacionales de la empresa, para que ésta desarrolle personas sensibles a las perturbaciones del entorno económico, de gestión y tecnológico. Por ello le da a estos sujetos observantes mayor sentido ético, carácter generalista, formación polifuncional y capacidad de innovación y creatividad.
Toffler asocia fundamentalmente el conocimiento a know how. Cuando la información está bien utilizada adquiere el don de conocimiento. Y que esté bien y gestionado pertinentemente el conocimiento significa invertir en programas de educación y transformaciones en los sistemas computacionales para adaptarlos a las necesidades presentes y futuras de las empresas, para cultivar y compartir fuentes de conocimientos y experiencias que existen dentro y fuera de la organización con el fin de desarrollar nuevos productos en función de las exigencias del entorno. Dado que reduce la necesidad de materias primas, trabajo, tiempo, espacio y capital, (A. Toffler, 1996) a conocimiento, éste pasa a ser el recurso central de la economía avanzada. Y a medida que esto sucede, su valor sube como la espuma. Por esta razón estallan por doquier las "Guerras de Información" luchas encarnizadas por el control del conocimiento, y se pregunta: ¿Podrá ocurrir que las guerras y revoluciones sociales del futuro sean a cuenta de él? Y si así sucediera, ¿qué papel desempeñarían los medios de comunicación del futuro?

CONOCIMIENTO Y COMPRENSIÓN
Maturana (1999:186) señala que “… el fenómeno del conocer tiene lugar en la relación cuando la conducta de un organismo resulta adecuada a la conservación de su existencia en un dominio particular. El fenómeno del conocer no ocurre en el sistema nervioso. El sistema nervioso participa en el fluir de las interacciones del organismo en su circunstancia y modula este fluir, pero no constituye a la conducta porque ésta es un fenómeno relacional”. Entonces el fenómeno del conocer no es un fenómeno neurofisiológico, sino de la relación entre un organismo y la circunstancia en la que conserva organización y adaptación.
Maturana (1999:244) sostiene que el entender (comprensión) “…requiere un espacio relacional amplio, en el cual uno encuentra una explicación. Yo entiendo (habla Maturana, N. del A.) una experiencia, en tanto me la explico en un contexto relacional más amplio, por eso es que para entender uno tiene que, por así decirlo, saber mucho más de lo que entiende. Tengo que saber mucho más porque el entender consiste en poder mirar aquello que entiendo, en su dinámica, en los procesos que los constituyen en un espacio relacional mucho más grande”.

Maturana y Varela (1995) nos plantean que todo conocer es un hacer por el que conoce, es decir, que todo conocer en el hacer depende de la estructura del que conoce. Plantean además que la descripción científica de un fenómeno es dada por un investigador que está involucrado en dicho fenómeno, pretendiendo que no lo está. Frente a la posición tradicional que el conocer es un conocer “objetivo” del mundo, y por tanto, independiente del observador que hace la interpretación del fenómeno, Varela y Maturana señalan categóricamente que no es posible conocer “objetivamente” fenómenos sociales en los que el propio observador-investigador que describe el fenómeno está involucrado.
Esta afirmación de los biólogos se sostiene en la afirmación de que el contenido del conocimiento es el conocimiento mismo. Si es así, dichos autores se hacen la pregunta de ¿Cómo puede la conciencia dar cuenta de sí misma, en términos tales que esta explicación descriptiva tenga validez universal, siendo que los significados usados en el lenguaje son siempre generados en una cultura particular?. ¿Cómo surge la propiedad de auto-descripción, de auto-observación, de auto-conciencia si esta es una propiedad de los observadores como componentes de un sistema social humano?
La respuesta a estas preguntas requiere de una teoría explicativa del proceso operacional que nos muestre cómo surge esta facultad del observador de dar descripciones sobre sí mismo, que nos explique el surgimiento del ser observador, del ser autoconsciente, que no sólo conoce, sino que además comprende. Esta teoría explicativa parte del supuesto que el ser humano se hace continuamente a sí mismo en un operar recursivo, en donde se generan permanentemente la autoconciencia de lo que el propio observador hace. Como no es posible conocer sino lo que hacemos, es decir, cómo nos hacemos, somos pues una continua creación y recreación humana, un hacernos continuamente a sí mismo. Esto se desprende de las dos propiedades fundamentales del conocer: por una parte, ser conexión entre el observador y su entorno, lo que le permite mantener su individualidad, y al mismo tiempo, la dimensión interpretativa del conocer, de excedente de significación. El ser cognitivo implica, según Varela (2000:66), en que el “...organismo, mediante su actividad autoproducida, llega a ser entidad distinta en el espacio, aunque siempre acoplada a su correspondiente medioambiente, del cual, no obstante, será siempre diferente. Un ser distinto coherente que, por el proceso mismo de constituirse (a sí mismo), configura un modelo externo de percepción y acción”.
Maturana y Varela nos proponen su teoría de la “circularidad cognoscitiva tautológica” para explicarnos el surgimiento del ser autoconciente, capaz de comprender. Para explicar el fenómeno de la tautología cognoscitiva, ellos parten de la premisa ya señalada anteriormente, que el contenido del conocimiento es el conocimiento mismo, que los sistemas vivos no actúan por instrucciones o información que surge como anomalía desde el entorno porque no son sistemas tribiales. Ellos sostienen que los seres humanos somos capaces de generar mecanismos explicativos, coherencias operacionales, diversas teorías explicativas que genere por sí misma el fenómeno que se quiere explicar, es decir el fenómeno en el cual el propio observador participa, hablándose por ello de una auto-descripción o auto-conciencia. Estas teorías explicativas son afirmaciones que se validan por sí misma porque el contenido del conocimiento es el propio conocimiento. Es una invitación a enfrentar lo “conocido por crear” como un acto colectivo generoso de aceptación mutua y preocupación por los demás.

EDGAR MORÍN, EL CONOCIMIENTO Y LA COMPRENSIÓN
Morín sostiene que hay un bucle indisociable entre computación y cogitación. La computación organiza de una manera el conocimiento y la cogitación produce una nueva forma de organización de ese conocimiento de tal manera que pueda ser reflexivamente considerado.
La relación de bucle entre la computación cerebral y la cogitación es fundamental, porque está última desarrolla una lógica compleja al asociar lo que la primera separa a través de la conjunción, coordinando palabras e ideas en discursos, sistematizándolas, etc. De este modo, afirma Morín, la asociación y la disociación adquieren esta forma lógica de conjunción, disyunción, afirmación, negación, condición, conmutación, distribución, entre otras.
Maturana y Varela recurren a la circularidad cognoscitiva tautológica y a las coherencias operacionales para pasar al proceso de comprensión porque el lenguaje por sí mismo no lo consigue. Para Morín también el lenguaje no es suficiente para realizar todas las dialógicas suficientes o lo logra sólo en algunos momentos. Tiene dificultades –señala Morín- en la dialógica análisis-síntesis, diversificación-unificación, percepción de lo diferente en lo mismo-percepción de lo mismo en lo diferente, concepción de la unidad en lo diverso y lo múltiple-concepción de lo diverso y lo múltiple en lo uno. Más allá de las reglas de la gramática y la sintaxis cuando se usa el lenguaje, es el pensamiento el que permite entender la forma de autogobierno de la organización de cualquier fenómeno con sus principios y categorías, desarrollándose en la esfera proposicional lingüístico-lógico.
Se trata entonces, de acuerdo a Morín, que la cogitación no sólo son operaciones computantes infralingüísticas e infralógicas, sino que fundamentalmente lógicas. La lógica a su vez controla y dirige las operaciones de pensamiento pero simultáneamente son elaboradas por el pensamiento, dando paso con ello no sólo al conocimiento de sucesos sino que da el inicia, es el punto de partida del proceso de comprensión.
El rol del lenguaje en este proceso de conocer y comprender es crucial porque permite traducir lo concreto, lo vivido, lo singular. La relación pensamiento-lengüaje resulta en una dialógica entre lo abstracto, lo concreto y lo vivido, dando como resultado un pensamiento complejo uniendo su pensar en la sociedad y en el mundo con su propia vivencia singular. Hasta aquí los tres autores (Maturana, Varela y Morin) siguen un camino parecido en la transformación del conocimiento en comprensión, utilizando sus propios sistemas conceptuales, pero el objetivo de este trabajo no es realizar un paralelo entre ellos.
La conciencia –continua Morín- es un nuevo paso para alcanzar la comprensión. Ella está ligada al pensamiento y al lenguaje. La conciencia vuelve al sujeto sobre sí mismo en un acto reflexivo del pensamiento. Podríamos decir que es autoconciencia de sí. En este nuevo acto de comunicación el observador va a realizar introspección y auto-análisis, retroactuando sobre su espíritu, recreándose él mismo, integrando al observador/conceptuador en la observación y la concepción, incorporando su propia identidad en el objeto por conocer. Pero la comprensión aún es sólo intermitente según Morin, epifenoménica.
El pensamiento supone estructuras computantes calculatorias e inter-macro computaciones cerebrales. Utiliza el lenguaje como instrumento del pensamiento constituyendo una infraestructura computante, y el cálculo numérico y las matemáticas se desarrollan al tenor de la escritura. Todo lo anterior influye en el aparecimiento de nuevas esferas de la computación, impulsando al pensamiento mucho más lejos. Estamos a las puertas entonces, según Morín, de la emergencia de metas esferas: la del espíritu, de la consciencia y la de un conocimiento cerebral cada vez más abstracto y más rico. Con el desarrollo de la filosofía y las ciencias el ser humano se abre a los misterios del mundo, del cosmos y de sí mismo. Se desautomatiza la inteligencia y el cerebro –según Morín- no es ya sólo una máquina supercomputante, sino que se transforma también en una máquina que piensa, de actividad pensante y consciente, crea su propia noosfera y el conocimiento se transforma de organización computante en organización cogitante-computante.
Para comprender los sucesos que les interesa al sujeto observador el cerebro y la inteligencia en el bucle cogitante-computante del pensamiento complejo debe ser capaz de estar más atento a la acción del suceso que al suceso como cosa aislada, casi inmóvil. Más atento a su organización, lo que produce y a su organizador. Comprender es entonces un tiempo creador (Bergson, citado por Morin), un partir del saber ya sabido hacia un saber por conocer.

¿SIGLO DE LA CEGUERA?
La sociedad de la información es una sociedad con sobreabundancia de datos y hechos los cuales deben ser ordenados, agrupados, analizados e interpretados. Cuando los datos son procesados se convierten en información. Crea un mundo simultáneo, próximo e interdependiente. El aumento de la información cambia la percepción del modo de actuar sobre el mundo, el ritmo de nuestros archivos de imágenes, de pensar y sintetizar, de prever las consecuencias de nuestra acción. El aumento de la información interrelaciona grandes fuerzas causales y hace interdependiente todos los desarrollos. La información se está desmasificando, aumentando por ello la complejidad y con ello la necesidad de mayor información para mantener las actuales relaciones entre las personas e instituciones.
Con los actuales sistemas tecnológicos los desarrollos de las cosas, acontecimientos y fenómenos son interdependientes, viéndonos obligados a utilizar al ordenador como interrelacionador de grandes fuerzas causales. Los datos sólo al ser conjugados y combinados de una determinada manera pueden ser útiles a un fin particular, y de esta manera conformar la información, transformándose en un factor estratégico relevante, con relación a un asunto especial. La información se transforma en un recurso productivo.
El desarrollo tecnológico comunicacional ha creado una civilización transnacional. Ello trae consigo el cambio del paradigma de la ilustración por el de esta modernidad, cuya base es la formación de estructuras empresariales transnacionales que están hegemonizando y dirigiendo a los estados nacionales. Estas organizaciones están extendiendo su control sobre las tecnologías de la producción, de la organización, de la comunicación y de la gestión del conocimiento. Pero su objetivo central es hoy día controlar la naturaleza y la sociedad, es decir, a los hombres. Para ello se ha formado una nueva alianza que domina el mundo: la alianza entre el capital financiero transnacional, la industria bélica y la tecnología de punta. En esta perspectiva la ciencia está siendo subordinada por la tecnología. La producción de conocimientos está determinado sólo si es útil para fines productivos. Por lo tanto, hoy día la ciencia depende más de los intereses económicos de estas nuevas clases hegemónicas que de servir al desarrollo humano. Con ello se pierden las bases éticas del trabajo y del bien común trascendente. Constituye un elemento dinamizador del negocio y un facilitador de las grandes transformaciones que muchas organizaciones necesitan para seguir compitiendo (F. Flores, 1990).
Morín señala que este camino de la eficacia y de ir cada vez más rápido es el camino que Occidente ha tomado. Es una carrera sin fin que dice buscar la calidad por sobre la cantidad, que busca constantemente las certezas de lo tangible en un mundo lleno de incertidumbre. Por el contrario, las tecnologías deben ser utilizadas como herramientas para enseñar a pensar, desarrollar las fuentes del saber y avanzar en una verdadera sociedad del conocimiento. El camino de la hiperespecialización se basa exclusivamente en el uso ciego de las tecnologías, ignorando las potencialidades estratégicas que ellas tienen. El conocimiento mediado por TICs sólo tiene significación teniendo presente el contexto en donde surge la información, globalizarla y situarla en un conjunto determinado. Este rol debe jugarlo las universidades.
La tarea consiste en liberar a la sociedad de la lógica cuantitativa a que está siendo sometido con el uso alienante de las tecnologías. Parece real sólo lo que se pueda medir y cuantificar, mercantilizando todo, incluido el arte, la bondad, el amor, el entusiasmo, las ganas de desarrollo personal. Sometidas al consumo, la sociedad actual ya no sabe si la globalización le está entregando una vida mejor o está degradando al ser humano. Frente a esta situación crítica con una sociedad impregnada de problemas y de crisis simultáneas en todas las esferas de la vida, Morín plantea que sólo caben dos soluciones: “o se tiende a una regresión o se cambia el sistema”.

sábado, 11 de febrero de 2012

El objeto, la objetividad, el sujeto y el pensamiento vinculante


El paradigma newton-cartesiano plantea que es posible percibir la realidad cotidiana en términos de objetos independientes, separados unos de otros. Son objetos aislados sometidos a leyes objetivas universales. El objeto se pensaba en plenitud ontológica y autosuficiente en su ser (Morin), como entidad cerrada, constituyente de sus propias propiedades sin ningún tipo de participación del entorno.
Desde esta concepción se concluye además que en la actividad de la ciencia es posible acumular los datos de estos objetos en desunión a través del análisis mediante la observación y modelos conceptuales, preferentemente en lenguaje matemático. La cuantificación –que era la expresión de objetividad por definición- era considerada un criterio fundamental de la investigación científica. Su realidad objetiva se descubría cuando se le aislaba experimentalmente, cuando el objeto se podía descomponer y analizar en sus partes.
Se entendía por objetividad cuando los objetos eran comprendidos en forma independiente tanto del observador como de su medio natural, y desestructurados en pequeñas partes muy simples hasta llegar a su unidad bases o átomo. El observador/conceptuador no participa en su construcción con sus visiones de entendimiento y culturales (Morin). Esta manera de ver la realidad también se le puede denominar objetividad trascendental o sin “paréntesis” (Maturana y Varela). Desde esta mirada se asume que la existencia se manifiesta con absoluta independencia del observador que la conoce, ciego y sordo a la participación de él o ella en la constitución de lo que aceptan como una explicación de ella. La realidad vista de esa manera es lo que ellos entienden por dominios de realidad objetiva. Y esa realidad objetiva es sostenida como un dominio único de realidad con una referencia trascendental para validar las explicaciones que él/ella dan: religiones, leyes de la naturaleza y/o la sociedad que es de donde se intentan continuamente explicar su praxis del vivir, reduciéndolo todo a ello.
Lo anterior los transforma en poseedores de la verdad objetiva, y a partir de esta supuesta verdad, obligan a los demás sin miramientos con los posibles desacuerdos de los demás, transformando sus argumentos de supuesto carácter objetivo en petición de obediencia para los demás. En definitiva, la realidad objetiva existe independientemente de qué hacen ellos, con que visión la ven: ellos/as dicen percibirlas tal como son (Maturana, Varela).
Sin embargo, el mundo no es una colección de objetos independientes sino una red de relaciones entre las diversas partes de un todo unificado. Las tradiciones espirituales indúes reconocían la relatividad, la interconexión y la impermanencia como aspectos fundamentales de la realidad física. La filosofía bootstrap (ver Capra,2003) plantea que en esta red dinámica de sucesos interrelacionados, ninguno de ellos es fundamental, porque todas las partes se configuran a partir de las propiedades de las otras partes, y la consistencia consigo misma y con la totalidad de las interrelaciones determina la estructura de la totalidad de lo real.
Según esta teoría, en el universo existirían partículas (fotones: de luz y electromagnéticas) con propiedades únicas, incluso la de carecer de masa. Esta propiedad de dichas partículas les permite actuar dentro del resto de las partículas, provocando pequeñas perturbaciones, pero suficientes para provocar cambios significativos no sólo en la partícula donde actúan, sino que a través de ellas en toda la red cósmica.
Estos sucesos de apariencia débil, aislados modifica las características de la observación y la medición y de la realidad objetiva. Un observador en apariencia ve objetos fijos, aislados, interrelacionados pero casi sin movimiento. No ve este potente proceso de transformación constante de todas las partículas por la influencia de estos sucesos débiles, pero que transforman constantemente la globalidad de la red interrelacionada.
Entonces podemos concluir que la realidad llamada objetiva es una situación en constante movimiento y cambio. Hay que partir de esta idea, no aceptando por ello conceptos absolutos, porque la existencia de estas partículas sin masa que se introducen en el resto de las partículas o sólo en algunas de ellas, transforma en puntos débiles y cambiantes la totalidad de la red.

Desde esta perspectiva, la teoría bootstrap indica que para la autoconstrucción de la realidad objetiva es necesario la participación de la conciencia junto con los demás aspectos de la naturaleza. Entonces la ciencia -plantea Chew- (Ver Capra, 2003) tiene que cambiar su sentido, de una concepción absoluta con leyes del universo y la naturaleza inamovible a otra metáfora denominada de red o entrelazamiento, en que nada es fundamental. Y como lo existente está en red, cualquier explicación puede partir de cualquier parte. Vivimos en un holomovimiento donde lo que importa es la estructura de ese movimiento y la diversidad y la unidad del universo, desde donde emergen todas las formas de aquel.

EL SUJETO EN LA OBSERVACIÓN DEL OBSERVADOR
Según Morin, las teorías cartesianas y newtonianas del orden cómico crea un observador abstracto. El orden elimina la incertidumbre y entonces toda certidumbre, según este autor, se toma como realidad objetiva. Es la incertidumbre lo que hace surgir al espíritu humano porque el desorden cuestiona nuestras certezas, hace que nos preguntemos si lo que tenemos por realidad es una simple apariencia o es realmente una realidad, es percepción o ilusión, es algo que no es posible de racionalidad por falta de entendimiento o por ignorancia.
La pérdida de teorías trascendentales en el ser humano que le dieran un punto de vista privilegiado de observación de toda la existencia del cosmos como un acto de creación, potencia la subjetividad. Si no hay un creador emergen infinitas preguntas respecto a qué somos los seres humanos, desde dónde emergemos y cómo observamos, explicamos, percibimos. Y al centrarnos en nosotros mismo –señala Morín- descubrimos nuestra naturaleza de seres biológicos organizados en posición de un cerebro que nos permite ser seres culturales, sociales poseedores de un conjunto de saberes que denominamos ciencia.
Y con esta ciencia vemos y creamos el universo con nuestra propia visión. La ciencia tiene sus limitaciones en la medida que se desarrolla en función de los medios de producción de conocimientos que la humanidad ha alcanzado. Pero no se puede transformar en una producción de carácter ideológico alejado de todo fundamento. De ahí al solipsimo hay un paso, negándose a disponer de referentes exterior, creando un mundo real irreal.
Maturana y Varela (1995) por su parte señalan que el ser humano es un sistema viviente y sus habilidades cognitivas son fenómenos biológicos, y ello se prueba cuando esas habilidades se alteran o desaparecen al ser su biología alterada o él o ella mueren. Ambos autores sostienen que el ser humano como observador poseen entre sus propiedades constitutivas la incapacidad de distinguir en la vida experiencial lo que es percepción e ilusión. La forma de superar este problema, señalan ambos autores, es caracterizar su propia experiencia a través de una referencia a otra experiencia diferente, y así otra vez, de una referencia a otra va clasificando lo que observa de percepción o ilusión.
Los autores mencionados concluyen que la observación del observador no tiene lo que ambos llaman “base operacional” para explicar acontecimientos como si ellos existieran en forma independiente del o la observador/a. Por el contrario, afirman, la existencia de lo que observan se constituye y emerge con las propiedades que a través de coherencias operacionales de los observadores/as le dan. Esto significa que es el observador/a el que genera la realidad que observa y explica a través de sus operaciones de distinción, y que es responsable de ello.
Pero esta no es una posición solipsista que sólo acepta la propia interioridad, negándose el medio circundante y donde el sistema funciona en el vacío, siendo todo posible. Esta posición no permite explicar la adecuada conmensurabilidad entre el mundo y el operar de los sistemas u organismos.
Al mismo tiempo, una posición solipsista debilita la noción de perturbación en el acoplamiento estructural, porque da la espalda a la importancia que tienen las regularidades emergentes. Estas regularidades, según Varela (2000:447) “... son una historia de interacción en donde el dominio cognitivo no se constituye ni internamente ni externamente...” sino que hace “...de la reciprocidad histórica la clave de una codefinición entre un sistema y su entorno”.
Por último, hay que afirmar que son planteamientos no reduccionistas ni trascendentales porque no se plantean como la única y última explicación. Esto permite a los distintos observadores/as entender que viven en un multiverso, es decir en distintas y legítimas realidades explicativas, invitando a la reflexión en convivencia.

EL PENSAMIENTO VINCULANTE
La observación de este nuevo cosmos lleno de incertidumbres necesita terminar con aquellos principios que han mutilado nuestras visiones. Es necesario, como plantea Morin, articular la ciencia antro-social a la ciencia de la naturaleza, recreando con ello la estructura actual del saber. Este autor nos invita a plantear una nueva concepción del hombre como un concepto trinitario individuo-sociedad-especie, donde ningún término se subordine al otro. Nos invita también a vincular la esfera antropo-social a la esfera biológica y ambas a la esfera física. Y además nos señala que hay que reintegrar al observador en la observación, porque el sujeto observante y conceptualizador es un ser cultural, y por ello toda realidad concebida no sólo se remite al objeto sino que también a ese sujeto cultural conceptualizador.
De esta manera la realidad antro-social se proyecta, siguiendo a Morin, en la esencia misma de la física y de las ciencias naturales, terminando con la disyunción que condenan a las ciencias humanas a la inconsistencia extra-física, y a las ciencias naturales a la inconsistencia de su realidad social, haciéndolas por el contrario, dependientes entre sí.
La ciencia hoy día, señala Morin, es capaz de controlar los objetos de ella, pero no ha creado ningún método científico que ponga a la ciencia misma como objeto de la ciencia y al científico como sujeto de este objeto: no hay ciencia de la ciencia y mientras eso sea así, la relación planteada más arriba será un círculo vicioso. Y es un círculo vicioso porque no articula las ciencias físicas, biológicas y antro-social, no vuelve a unir lo que se ha desunido.
Morín llama a poner en duda metódicamente el método científico cartesiano, que provoca la disyunción de los objetos entre sí, de las nociones entre sí, la disyunción entre objeto y sujeto. Esa es la gran tarea histórica de esta época. Encontrar un método que nos ayude a develar las uniones, las articulaciones, las interdependencias y complejidades de todo lo que existe. Hay que denunciar la ignorancia oculta, la simplificación mutiladora, la disyunción, las certidumbres, el reduccionismo, en fin, la incapacidad de nuestros saberes en lo que llamamos conocimiento científico.
Por el contrario, hay que poner a la vista de todos el desorden termodinámico, la incertidumbre microfísica, el carácter aleatorio de las mutaciones genéticas, las interrelaciones, la confusión que van abriendo paso al pensamiento complejo.
La relación física-biología-antropo-social es circular, y se nos muestra como un círculo vicioso porque presenta en su relación tres problemas no disipados aún: la imposibilidad del saber enciclopédico, epistemológico o la ausencia de un nuevo principio de organización del saber y la presencia del principio de disyunción, y, la muralla lógica o presencia del círculo vicioso.
Morín plantea la necesidad de transformar el círculo vicioso en círculo virtuoso, transformándolo en un movimiento reflexivo del pensamiento sobre el pensamiento, generador de un pensamiento complejo. La circularidad no debe ser rota, señala Morin, pero su ruta debe ser en espiral, poniendo el saber en ciclo activo para generar aprendizaje, articulando los puntos de vista disjuntos del saber en un en un movimiento permanente, evitando encerrar la realidad en la lógica de un sistema, energetizar a los conocimientos cruciales, los puntos estratégicos, los nudos de comunicación, las articulaciones organizacionales superando la disyunción. La barrera enciclopédica para instaurar un nuevo método de la ciencia para la ciencia consiste en dejar de entender el enciclopedismo como acumulación de conocimientos en términos de totalidad, sino que debe entenderse, como señala Morín, en términos de organización y de articulación de saberes en el seno de un proceso circular activo.
Lo que está pendiente para superar el viejo método científico cartesiano que disyunta lo que siempre ha estado unido es la constitución de un nuevo principio organizador del conocimiento que, según Morín, asocie a la descripción del objeto la descripción de la descripción y el surgimiento del descriptor, dando fuerza a su vez tanto a la articulación y a la integración, como a la distinción y a la oposición. Concluye Morín señalando que “Nos servimos de nuestra estructura de pensamiento para pensar. Necesitamos también servirnos de nuestro pensamiento para repensar nuestra estructura de pensamiento. Nuestro pensamiento debe volver a su fuente en un bucle interrogativo y crítico”.

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