lunes, 10 de diciembre de 2012

La unidad del Universo


(Segunda Parte de mi Pre-Tesis Doctorado Complejidad)

Frente a la propuesta newton-cartesiano de la disyunción de la realidad que genera a su vez una epistemología de primer orden mecanicista con causas y efectos, con leyes invariables y certezas que permitían conocer lo que ellos llamaban la realidad objetiva, absolutizándola, trataremos de demostrar que el universo se mueve en torno a su unidad y que el propio pensamiento y la inteligencia humana forma parte  del ser universal, todo lo cual  nos abriría las puertas para generar una epistemología de segundo orden, compleja y sistémica, única.

El movimiento de los microobjetos, señala Capra,[1]  se distingue cualitativamente de los cuerpos comunes en que no realiza su movimiento de un lugar a otro a lo largo de una trayectoria. En ese movimiento los microobjetos muestran su doble carácter de partículas con propiedades corpusculares y al mismo tiempo de ondas. Sus propiedades corpusculares limitan su movimiento a espacios muy reducidos, sin embargo sus propiedades de ondas le permite perturbar espacios muchos más extensos. Y en ese deambular periódico en el espacio y el tiempo va dependiendo de las condiciones físicas del sistema material al cual pertenece. Esta propiedad de los micro-objetos caracteriza a los sistemas complejos:  nada está aislado, cada partícula en el universo está de alguna manera vinculada a otra partícula, pero perteneciendo a la totalidad del sistema puede ser localizada en una parte de ese sistema, con capacidad además de manifestar sus particularidades independientemente de ese sistema.

Según Capra[2], esa relaciones de la región de localización de las partículas con el todo al cual pertenecen son denominadas por la mecánica cuántica como relaciones de incertidumbre. Y esas relaciones de incertidumbre son más indeterminadas en la medida en que se encuentre más ligada al todo. Y por el contrario, cuando disminuye su relación tiende a moverse en una región más vasta con una mayor determinación en su impulso. De esta manera se podía vislumbrar de una manera distinta lo fundamental de las cosas, aunque siempre en presencia de absurdos y situaciones paradógicas.

Capra[3] plantea que este nuevo paradigma podría denominarse como un concepto holístico del mundo, una concepción del mundo que lo considera más como un todo integrado que como una reunión de sus partes. También podría entenderse como un concepto ecológico del. La conciencia ecológica no es sólo comprender la unidad del universo, sino que se hace necesario reconocer además  la interdependencia fundamental de todos los fenómenos , y la integración de los individuos y las sociedades en los procesos cíclicos de la naturaleza.
Según Capra, [4]existen seis criterios para el nuevo paradigma:
En primer lugar, en este paradigma, la relación entre las partes y el todo tiene una mayor simetría: las propiedades de las partes contribuyen a la comprensión del todo, y al mismo tiempo, esas propiedades de las partes sólo podrán ser totalmente comprendidas a través de la dinámica de la totalidad. La totalidad es lo primario, y de ella se podrán inferir las propiedades y los patrones de interacción de las partes.
El segundo criterio del nuevo paradigma consiste en reconocer que el proceso es lo primario, lo básico, y que cada estructura observada es una manifestación de un proceso subyacente. El reconocimiento de que la masas es una forma de energía eliminó de la ciencia el concepto de sustancia material, y con ello también el de una estructura fundamental. Las partículas subatómica no están hechas de algún tipo de material sino que son modelos de energía. Todo lo que se ven el Universo son modelos dinámicos que cambian continuamente uno dentro del otro, una continua danza de energía. En la física moderna, señala Capra, la imagen del universo como una máquina en el sentido newtoniano ha sido sustituida por la de un conjunto dinámico e interconectado, cuyas partes son interdependientes.
En tercer lugar se supera según Capra, la concepción del antiguo paradigma que planteaban la objetividad de la ciencia,  es decir, la observación independiente del observador humano y del proceso del conocimiento. En el nuevo paradigma,  la epistemología forma parte integral de toda teoría científica. En la física cuántica, enfatiza Capra, no es posible ya separar al observador de lo observado, pero ambos son todavía perfectamente distinguibles;
El cuarto criterio sobre el pensamiento del nuevo paradigma es, tal vez, el más profundo de todos según Capra, y el que más difícil resulta a los científicos habituarse a él. Se refiere a la antigua metáfora del conocimiento como un edificio levantado sobre sólidos cimientos. En la ciencia futura no  se edificarán nuestros conocimientos sobre unos cimientos firmes, y entonces se sustituirá la metáfora de los cimientos por la metáfora de la red o de la telaraña. Al igual que vemos la realidad que nos rodea como una red de relaciones, señala Capra,  también nuestras descripciones, nuestros conceptos, modelos y teorías formarán una red interconectada que representará a los fenómenos observados. En dicha red, no habrá nada primario ni secundario, no habrá cimientos. Sólo la exigencia de que sus componentes sean congruentes unos con otros y también con ellos mismos. Ninguna de las propiedades de una parte de este entramado es fundamental; todas ellas dependen de las propiedades de las otras partes, y la consistencia total de sus interrelaciones determinará la estructura de todo el entramado.
El quinto criterio, según Capra, es que el conocimiento es sólo aproximado. Se estudian algunos fenómenos o grupos de fenómenos, dejando de lado los que nos parecen menos importantes. Comprendemos la naturaleza y la sociedad sin tener necesariamente que comprender todo. En este nuevo paradigma, de acuerdo a Capra,  se parte del supuesto que todas las teorías y conceptos científicos son limitados y aproximados. La ciencia nunca podrá darnos una comprensión completa y definitiva. Los científicos, entonces, tratan sólo con descripciones limitadas y aproximadas de la realidad, y entienden que cuando explican un fenómeno lo que muestran es cómo está conectado con todo lo demás, porque ningún objeto aislado puede ser explicado en su totalidad.
Como último criterio, Capra  se plantea que la ciencia no debe dominar y controlar la naturaleza, sino que se debe adoptar una actitud de cooperación y de no violencia profundamente ecológica.

Estas nuevas concepciones de la física cuántica van permitiendo superar todas aquellas concepciones que disjuntan, disgregan las cosas y nos ofrece la posibilidad de entender la unidad básica del universo. El cosmos y la naturaleza en general podían ser considerados dinámicamente, vivos, orgánicos, espiritual y material al mismo tiempo y como una realidad inseparable, no como  multiplicidad de cosas desligadas las unas de las otras. Con ello se van derribando las concepciones newtonianas y cartesianas que nos mostraban una realidad física con sus rígidas leyes respectivas, y que nos impedía ver que existían paralela y complementariamente otras realidades vinculadas a la primera y que condicionaban también los cambios en su trayectoria espacial. Según Lao Tse[5] el universo es una unidad coherente e interrelacionada. Está en permanente transformación y su esencia se puede observar en un ser humano, en cualquier objeto de la naturaleza o en cualquier existencia física. En todos ellos, señala May[6],  se encontrará energía y vibración, un sustrato común que hace uno a todo lo que existe.

May[7] continua señalando que el nuevo pensamiento busca la integralidad de las cosas, porque el holismo reconoce al universo como una totalidad no dividida, tomando como primicia fundamental el supuesto de unidad, según el cual “...el cosmos nos muestra un todo interrelacionado de energía en constante intercambio y transformación, una red vibratoria donde cualquier pulsación en cualquier parte, “toca” a todo el universo, donde cada acción, sentimiento, pensamiento, genera una consecuencia en el micro y macro cosmos”.  Una cultura en que no existe visión de continuidad genera personas sin sentido con vidas fundamentalmente individualistas indiferentes al legado de miles y millones de años que nos entrega no sólo la humanidad y su cultura, sino que el cosmos en su totalidad.

May[8] poéticamente nos dice que “El proceso cósmico es la ejecución de un gran concierto, aquel en el cual Pitágoras escuchaba la “música de las esferas”. En él, la realización de cualquier existencia es interpretar una nota precisa que en ese momento le corresponde en la sinfonía universal. La melodía va cambiando y cada ser se va transformando en un intérprete más refinado y abarcante hasta llegar a ser Uno con el gran concierto universal. Es al ser humano a quién le corresponde ir develando la partitura del cosmos e interpretando en total conciencia y libre albedrío”. (45);

May[9], al igual que Capra señala que el universo expresa un orden que ella denomina una pauta, o un principio mental. Y este principio mental es algo intrínseco, desde lo cual brota el universo. No hay una separación entre el principio mental y el cosmos mismo, agrega May, sino que éste es una manifestación de ese principio que está en él.  La mente universal es entonces, una cara interna, un aspecto implicado, no manifiesto que contiene el código que se manifiesta en las formas (ver David Bohm). Al modo en que la semilla contiene el código que se manifiesta en el árbol.  “El universo, la tierra y sus reinos son el aspecto desplegado, concretizado de una pauta intangible que expresan las leyes y regularidades cósmicas. Así como nuestro cuerpo es el despliegue del genoma, o el habla es el despliegue del pensamiento”.

Según Patricia May[10], “El ser humano es el universo que florece en la re-flexión. Lleva en sí una historia de millones y millones de años, estrellas y piedras, de continentes y mares, de instinto, de búsqueda. El ser humano es el universo que se mira a sí mismo y, sorprendido, se da cuenta de que existe. Allí comienza la historia de un ser errante en busca del paraíso, una historia de creación, libertad y soledad”.

Esta nueva visión de acuerdo a May[11], influyen en la visión de los científicos que implica  una revolución a la visión jerárquica que nos empuja a reubicar al planeta tierra en el contexto universal. Empezamos a concebirnos como uno más. Hemos recorridos en cinco siglos desde una visión que ubicaba al planeta en el centro, a otra “en que la tierra se integra como una partícula de polvo cósmico al universo”.

            El Físico y Astrónomo chileno Mario Hamuy[12] plantea que los humanos somos ciudadanos de universo, no sólo extraterrestres, sino que extrasolares.  Ni uno de los átomos que conforman nuestro cuerpo se originó en el Planeta Tierra. Somos polvo de estrellas, como lo señaló William Fowler, o un concentrado de estrella diluido en hidrógeno, como lo señala Hubert Reeves. En la mitología griega, señala Hamuy, todo procede de Urano, tanto el cielo como Gea Hoy ya se sabe que Gea nace efectivamente de Urano y por ello, según Hamuy, nosotros también provenimos de él, del cielo, del cosmos.  Este autor señala finalmente que “somos todos hijos del más allá”[13].

            Según Hamuy[14] y otros científicos, el Universo se originó en un Big Bang o estado muy compacto, denso y caliente a partir del cual comenzó la expansión que hoy se conoce.  En sus inicios no existían ni estrellas ni galaxias; sólo núcleos de átomo de hidrógeno a una temperatura de diez mil millones de grados celcius, además de electrones y mucha energía en forma de luz. La disminución de la temperatura permitió que los núcleos de hidrógenos (protones) comenzaran a fusionarse con sus pares para producir núcleos de átomos y helio.  A los pocos minutos de esta veloz expansión del Universo quedó en él una composición de 76 % de Hidrógeno y 24 de helio. Luego de millones de años en un marco de nuevas condiciones el Hidrógeno y el helio se condensaron y formaron estrellas. Son estrellas masivas que luego evolucionaron rápidamente y explotaron al cabo de tres millones de años, liberando nuevos elementos. El material expulsado por las primeras supernovas se mezcló con el material primordial dando origen a nubes  de gas con mayor diversidad de elementos. A partir de aquí se forman nuevas estrellas que también explotan. A partir de estas explosiones se formaron planetas como el nuestro que están constituidos por especies atómicas fabricados en los núcleos de estrellas de una generación anterior a nuestro sol. De aquí parte Hamuy para  llegar a la conclusión de la unidad del universo, señalando por ello que somos hijos del “más allá”, seres extraterrestres y extrasolares.

            El físico español Ramón Lapiedra[15] señala que el universo es altamente homogéneo. La distribución de materia y energía es la misma en todas direcciones, a pesas de las inhomogeneidades a pequeña escala cosmológica que se encuentran en las estrellas, galaxias, cúmulos de galaxias, etc,. La gravitación es siempre una fuerza atractiva y se nota por la concentración de masa que la produce. Lapiedra[16] sostiene que existiendo inhomogeneidades en la distribución de la materia y si la dejamos evolucionar, pero sometida sólo a las fuerzas gravitacionales, estas inhomogeneidades se incrementarán, porque allí donde hay más masas, más masa se concentrará en el futuro. Y esto a pesar de la existencia de una fuerza contraria como el calor que tiende a dispersar esas masas. La tendencia ha sido desde el Big Bang hasta ahora a que las inhomogeneidades de la época del desacoplamiento materia-radiación se vayan intensificando. Podemos señalar que en este universo unitario, el bucle gravitación-dispersión inducida por la temperatura produce más inhomogeneidades, que a su vez al incrementar la existencia de estas formas de materia, aumenta al mismo tiempo la relación gravitación-temperatura. La unidad del Universo se presenta y hoy día, a pesar de la recombinación del hidrógeno que implicó el desacoplamiento del bucle materia-radiación. Esta unidad del Universo se puede probar también por el hecho observacional que la radiación de microondas de fondo es altamente isótropa, que quiere decir que presenta las mismas características en cualquier dirección en el espacio. Por ello podemos concluir que la interacción entre la materia y la radiación antes de su desacoplamiento también estaba distribuida muy homogéneamente en todo el Universo, asegurando con ello su unidad.[17]

            Cuando Lederman[18] (1982) sostiene que “los físicos de partículas dirigen sus microscopios hacia abajo y que los astrofísicos miran con sus telescopios hacia lo alto, y ambos descubren que están mirando casi lo mismo”, nos está señalando la unidad del universo. Por  otro lado, la unificación einsteniana del ser del cosmos se manifiesta en la unidad existente entre el espacio, tiempo, curvatura y gravitación. En esta unidad se desarrollan todos los eventos físicos del Universo, y para que ello sea posible es fundamental la consistencia entre lo que sucede y lo que denomina como el ser del cosmos,[19] de acuerdo a la teoría de la relatividad. Schatrzmann sostiene que Einstein tuvo la intuición de la relación entre curvatura y gravitación, y que debió abandonar  la concepción newtoniana de tiempo y espacio para plantear esta unidad. Esta nueva mirada de la física abrió el camino a la formalización de la teoría de la relatividad general por Einstein.

          Prigogine también avanza en el mismo sentido de Einstein al sostener que “Uno de los objetivos de la evolución creadora es mostrar que el Todo es de la misma naturaleza que el yo, y que es aprehendido mediante una profundización cada vez más completa de uno mismo”[20]. Se plantea también que no sólo existe un código genético sino que también uno cósmico. Schwartzmann señala que “…el físico Heinz R. Pagels acuña fecundas ideas ilustrativas de este nuevo código. Para Pagels, la gran interrogante apunta a indagar si la historia del universo recién descubierta por el código cósmico, tal como se nos revela en la “arquitectura del universo”, representa “actualmente el programa para el cambio histórico posible[21]. Para Pagels, “el universo es una especie de mensaje codificado, él es el código cósmico, cuyo sentido debemos descifrar. En esta forma se aproxima a lo que hemos expuesto, con su pregunta acerca de si no ocurrirá que al revelarse la estructura del universo a través de la interpretación de dicho código, ello no determinará el “programa” del futuro cambio histórico[22]. Esto nos estaría mostrando lo real, lo cósmico, el universo como una totalidad indivisible que tendría un origen primordial común a todo lo que existe. Pero además Schwatzmann[23] nos señala que el estudio de plasmas cósmicos y la astrofísica se empiezan a mostrar como una sola disciplina unificada, y que este plasma es un elemento clave “no sólo para comprender la generación de los campos magnéticos en los planetas, sino también en las estrellas, galaxias, en los medios intergalácticos y en la aceleración de los rayos cósmicos”. Es un paso más en la comprensión de la unidad del universo.









[1] Capra, Fritjof El Tao de la Física. Editorial Sirio S.A. Novena Edición
[2]Capra,  Idem
[3] Capra, idem
[4] Capra Idem
[5] Ver Fritjol Capra Idem
[6] Patricia May.Todos los reinos palpitan en Ti. Grijaldo, 2001. Santiago de Chile
[7]May,  Idem, pág. 28
[8] May, Idem pág. 45
[9] May, Idem 52
[10] Idem, pág 147
[11] May, Idem pág 33
[12]  Hamuy, Mario Supernovas El explosivo final de una estrella.  Ediciones B. Santiago de Chile. 2008
[13]  Hamuy, Idem pág. 79
[14] Idem
[15] Lapiedra, Ramón. Las carencias de la realidad. Metatemas. España 2008.
[16] Lapiedra, idem ver págs 222-223
[17] Idem,Pág. 223
[18]  L. Lederman, Nature 28 de octubre 1982, ver en Shwartzmann, Felix, Dialéctica del Método de Einstein. Pág. 119. Dolmen Ediciones. Santiago de Chile. 1994
[19] Idem Schwartzmann, pág 334.
[20] Idem Schwartzmann, pág 486
[21] Idem Schwartzmann, pág 77.
[22] Idem Schwartzmann, pág 90
[23] Idem Schwartzmann, pág 536.

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