domingo, 9 de diciembre de 2012

Crítica al cartesionismo-newtoniano


(Primera Parte de mi Pre-Tesis del Doctorado en Complejidad)

El paradigma newton-cartesiano plantea que es posible percibir la realidad cotidiana en términos de objetos independientes, separados unos de otros. Son objetos aislados sometidos a leyes objetivas universales. El objeto se pensaba en plenitud ontológica y autosuficiente en su ser), como entidad cerrada, constituyente de sus propias propiedades sin ningún tipo de participación del entorno.

Esta forma de ver los sucesos señala que la realidad “objetiva” debe ser observada a través del análisis, es decir, la descomposición analítica de la realidad por especialistas disciplinarios con capacidad de entenderla tal cual es. Y ello implica el requisito de un observador-investigador neutral desde el punto de vista filosófico, político o ético que, parafraseando a Luis Pasteur, implicaba la exigencia de dejar fuera del laboratorio todas sus visiones y paradigmas que configuran su pensar.

La ciencia, según el cartesianismo, observa la realidad como algo independiente del sujeto observador  y obedece a una  racionalidad identificable. Desde esta perspectiva, la indagación y la observación no modifica la realidad que se trata de comprender, y surge entonces una verdad objetiva entendida como una pertinente adecuación entre un fenómeno observado y el espíritu pensante, convirtiéndose ese acto en la base de la labor científica. Se partía del convencimiento que la razón era capaz de resolver los problemas fundamentales de la vida. Si no se podía verificar empíricamente, dejaba de existir porque la visión cartesiana dividía la naturaleza en dos esferas separadas sin relación entre ellas: el de la mente (res cogitano) y el de la materia (res stensa).

Desde esta concepción se concluye además que en la actividad de la ciencia es posible acumular los datos de estos objetos en desunión a través del análisis mediante la observación y modelos conceptuales, preferentemente en lenguaje matemático. La cuantificación –que era la expresión de objetividad por definición- era considerada un criterio fundamental de la investigación científica. Su realidad objetiva se descubría cuando se le aislaba experimentalmente, cuando el objeto se podía descomponer y analizar en sus partes.

Se entendía por objetividad cuando los objetos eran comprendidos en forma independiente tanto del observador como de su medio natural, y desestructurados en pequeñas partes muy simples hasta llegar a su unidad bases o átomo. Desde esta mirada se asume que la existencia se manifiesta con absoluta independencia del observador que la conoce, ciego y sordo a la participación de él o ella en la constitución de lo que aceptan como una explicación de ella. La realidad vista de esa manera es lo que ellos entienden por dominios de realidad objetiva. Y esa realidad objetiva es sostenida como un dominio único de realidad con una referencia trascendental para validar las explicaciones que él/ella dan: religiones, leyes de la naturaleza y/o la sociedad que es de donde se intentan continuamente explicar su praxis del vivir, reduciéndolo todo a ello. Lo anterior los transforma en poseedores de la verdad objetiva, y a partir de esta supuesta verdad, obligan a los demás sin miramientos con los posibles desacuerdos de los demás, transformando sus argumentos de supuesto carácter objetivo en petición de obediencia para los demás. En definitiva, la realidad objetiva existe independientemente de qué hacen ellos, con que visión la ven: ellos/as dicen percibirlas tal como son.


Según Capra[1], este paradigma  consiste en un cierto número de ideas y de valores, entre ellos el concepto del universo como un sistema mecánico compuesto de “ladrillos” elementales y básicos, el concepto del cuerpo humano como una máquina y el concepto de la vida como una competitiva lucha por la existencia.

El positivismo ha pretendido por extensión aplicar el método de las ciencias físicas clásica a las ciencias sociales. Este paradigma mecanicista y cientificista, con un lenguaje cosificado de la realidad es capaz, según sus partidarios, de observar las propiedades reales de la materia a través de descubrir las  causas y efectos de los problemas, midiéndolas y cuantificándolas. En este sentido Comte[2] plantea que es posible que un estudio de la naturaleza nos entregue una base racional adecuada que nos permita actuar sobre la naturaleza con conocimientos de sus leyes. De esta manera, Comte legitimaba a las ciencias sociales emergentes ante la comunidad científica de aquel tiempo.

Los positivistas consideran que los conceptos y las teorías sólo son justificables en tanto entregan una representación de relaciones entre experiencias sensibles. Para ellos, los experimentos, las mediciones y las observaciones cuantitativas precisas son la base de las mutaciones en la ciencia. El positivismo reduce el conocimiento a lo observable, en el establecimiento de hechos y nexos entre estos hechos. El papel de la teoría se reducía a un simple instrumento de sistematización sin abrirse a la posibilidad de nuevos mundos no conocidos.

El último principio del  Discurso del Método de René Descartes consiste en   hacer enumeraciones tan completas y generales, que dieran le seguridad de no haber incurrido en ninguna omisión. [3] Pero ¿es posible presentar una descripción exhaustiva del sistema de electricidad de una casa, por ejemplo?... ¿de la dinámica de aprendizaje en un aula de clase?

En las reglas para filosofar se plantea además que no deben admitirse más causas de las cosas naturales que aquellas que sean verdaderas y suficientes para explicar sus fenómenos. [4]De esta manera si hacemos enumeraciones verdaderas y suficientes podemos afirmar con Descartes que no se incurre en ninguna omisión, nada queda al azar. Además también hace pensar al investigador cartesiano en la seguridad de no incurrir en omisiones el hecho que las mismas causas generen efectos iguales del mismo género. Si ello se produce la enumeración es exhaustiva.

Hawking plantea que Descartes señala en su obra El Discurso del Método la tesis de que los conocimientos que obtenemos de la realidad surgen de la razón, del entendimiento mismo. El conocimiento se construye deductivamente a partir de algunos principios fundamentales que se encuentran en los orígenes de nuestro razonar y ellos no se obtienen de la experiencia. De ahí parte Descartes para señalar que la deducción y la intuición intelectual es el método pertinente para el “ejercicio del pensamiento”. En este marco considera  las matemática como ciencia ideal, afirmando el poder de la razón y que con ella se puede alcanzar todo lo real, sin límites.[5]

Con esta posición sobre la razón, Descartes pretende haber construido un método único que conseguiría potenciar ilimitadamente el conocimiento de los seres humanos acercándose a la verdad sobre la materia. Sería además el único método en alcanzarla, en la medida que se respetarán sus reglas. Esto era reforzado al centrase en principios matemáticos no muy complejos, llegando a través de ellos a la delimitación del conocimiento utilizando determinados medios para resolverlos los problemas que plantea

En su propuesta de método, Descartes planteaba la necesidad del Análisis, dividiendo las dificultades que se examinan en un problema determinado en sus partes más simples, en  hacer enumeraciones tan completas y generales, que me dieran le seguridad de no haber incurrido en ninguna omisión. Luego recurría a la síntesis ordenando los pensamientos desde los más simples, para ir ascendiendo gradualmente hasta llegar a otros más complejos. En definitiva, el método era un orden que se  instalaba en el análisis de diferentes suceso para conocerlo objetivamente, para llegar a la verdad.

Según Hawking (2007), desde la física clásica, se aseguraba que era posible evaluar y medir la realidad y para ello era necesario un conjunto de condiciones iniciales, una cantidad determinada de causas que son las que definen el comportamiento de  sucesos con casi absoluta certeza. Desde la física pre-cuántica es posible plantear que la existencia de determinadas causas provocaba determinadas consecuencias y que las mismas causas provocaban situaciones iguales, es decir, en condiciones idénticas, los resultados deberían ser también idénticos. Otro elemento de la física clásica que hay que tener presente para entender a Decartes es que se propone que para entender un suceso tiene que ser comprendido en sus partes constitutivas porque cada una de ellas es una realidad bien definida y permite entender la totalidad. El análisis dividía el objeto de investigación en sus elementos de realidad, como señalaba Einstein, lo que permitía conocerlo en su totalidad. Resumiendo, podemos señalar con Hawking que existen las  certezas de la emergencia de determinados sucesos porque hay entendimiento de las causas de ellos. En fin, es una teoría determinista, de relación de causa-efecto.

Observar un objeto de esa manera presuponía que él es observado “tal cual es” y de forma definitiva, como una verdad que no debería cambiar. Esta mirada ignora nuestras visiones, puntos de vistas y prejuicios que hace que el objeto sea visto desde “nuestra” visión, desde “nuestros” llamados conocimientos previos, que efectivamente lo “crean y recrean” constantemente, dándole ubicación, propiedades y momento de existencia.

En esa perspectiva no hay objetividad en el sentido newton-cartesiano. Pero hay un “toque” de realidad porque lo que miramos está ahí, existe pero existe para nosotros de acuerdo a como lo vemos lo “creamos”. En el sentido de Maturana[6] es lo que él llama  ”objetividad con paréntesis” que hace que exista diversidad, diferencia en la forma de ver lo que existe miradas distintas de lo que existe.

Los profesores Humberto Maturana y Francisco Varela se suman a la crítica del positivismo. En primer lugar cuestionan el pensamiento objetivo u “objetividad sin paréntesis”, donde la existencia tiene lugar con independencia del observador,  si éste las conoce o las puede conocer a través de la percepción o la razón. Maturana señala que este camino de conocer es ciego y sordo a la participación del observador en la constitución de la explicación de las cosas, fenómenos o hechos. El objeto –denuncia Maturana-, será explicado en todos sus aspectos a partir sólo de él (el objeto), a partir de un acceso privilegiado del observador al objeto que explica su esencia “tal como es”. Aquí el conocimiento sobre el entorno será independiente de las propias experiencias perceptuales con que el observador experimenta y percibe dicho entorno .[7] La base de esta forma de pensar se encuentra en que el observador supone en cada objeto o fenómeno la existencia de “dominios únicos de realidad”, una referencia trascendental para validar las explicaciones que él/ella dan: religiones, leyes de la naturaleza y/o la sociedad que es de donde se intentan continuamente explicar su praxis del vivir, reduciéndolo todo a ello. Esta pretensión de conocimiento, señala Maturana, es una demanda de obediencia hacia los otros.

Se entendía por objetividad, entonces, cuando los objetos eran comprendidos en forma independiente tanto del observador como de su medio natural, y desestructurados en pequeñas partes muy simples hasta llegar a su unidad bases o átomo. El observador/conceptuador no participa en su construcción con sus visiones de entendimiento y culturales. Esta manera de ver la realidad también se le puede denominar objetividad trascendental o sin
“paréntesis” (Maturana y Varela)[8]. Desde esta mirada se asume que la existencia se manifiesta con absoluta independencia del observador que la conoce, ciego y sordo a la participación de él o ella en la constitución de lo que aceptan como una
explicación de ella. La realidad vista de esa manera es lo que ellos entienden por dominios de realidad objetiva.

Para el positivismo la materia sería es aquello que podemos percibir con nuestros sentidos. En esta concepción el elemento básico es el átomo, que se suponía desde Demócrito, que todos los elementos deberían estar formados por pequeñas partículas indivisibles. Se pensaba, entonces, que el átamo era la porción más pequeña de la materia. Desde esta concepción se partía de la visión de la Física clásica que el espacio sería tridimensional, absoluto, estático y siempre en estado de reposo, como si fuera un universo organizado por un potente mecanismo de relojería, que tiene sus causas y efectos.

Desde esta perspectiva, quien observara el universo y la materia como un gran mecanismo con causas y efectos se transformaba en poseedor de la verdad objetiva, y a partir de esta supuesta verdad, obliga a los demás sin miramientos con los posibles desacuerdos, a  aceptar sus argumentos de supuesto carácter objetivo en petición de obediencia. En definitiva, la realidad objetiva existiría independientemente de qué hacen los observadores, con que visión la ven, afirmando oque las percibirían tal como son (Maturana, Varela).[9]

Con la actual revolución tecnológica, el fetichismo del culto a la ciencia se ha incrementado y se manifiesta con la búsqueda de la verdad por medio del método científico. Se desarrolla una observación determinada por paradigmas mecanicistas que plantea un mundo lleno de leyes universales que lo van configurando, generando en los científicos en las aulas una epistemología instrumental racionalista. Esta nueva racionalidad impide con su positivismo a ultranza la unidad de la diversidad del universo , impidiendo el desarrollo de pensamientos más integradores y holístico.

Jorge Acevedo[10] señala que el experimento y las mediciones tienen un papel secundario: confirmar lo que, previamente, el físico ha descubierto de una manera puramente conceptual. Ortega y Gasset plantea que “La física es (...) un saber a priori confirmado por un saber a posteriori”. Esta confirmación es, ciertamente, necesaria y constituye uno de los ingredientes de la teoría física. Por tanto, no se trata de que el contenido de las ideas físicas sea extraído de los fenómenos. Las ideas físicas son autógenas y autónomas. Pero no constituyen física sino cuando el sistema de ellas es comparado con un cierto sistema de observaciones. Entre ambos sistemas no existe apenas semejanza, pero debe haber correspondencia. El papel del experimento se reduce a asegurar esta correspondencia. 

            En la obra que comentamos, Acevedo resalta la denuncia de Ortega cuando plantea que “nada  hubiera sorprendido tanto a Galileo, Decartes y demás instauradores de la nuova scienza  como saber que cuatro siglos más tarde iban a ser considerados como los descubridores y entusiastas del experimento; la innovación substancial de Galileo -indica el pensador- no fue el “expertimento”, si por ello se entiende la observación del hecho. Fue, por el contrario,  la adjunción al puro empirismo que observa el hecho de una disciplina ultraempírica: el “análisis de la naturaleza”. El análisis no observa lo que se ve, no busca el dato, sino precisamente lo contrario: construye una figura conceptual con la cual compara el fenómeno sensible. 

Capra[11] señala que el modelo mecanicista newtoniano del universo dominó el pensamiento científico. Era como la imagen de un dios monárquico, que gobernaba el mundo desde arriba, imponiendo en él su ley divina. Esas leyes de la naturaleza investigadas por los científicos eran consideradas como las leyes de Dios, invariables y eternas, a las que el mundo se hallaba sometido y trataba de conocer.

Koyré critica al positivismo señalando que este enfoque se basa en el planteamiento que la acumulación de nuevos hechos está radicado fundamentalmente en el peso del desarrollo de la experimentación y la observación de ésta, renunciando a la búsqueda de las causas en beneficio de la búsqueda de las leyes, en el abandono de la pregunta ¿por qué? y su sustitución por la pregunta ¿cómo?. Este mismo autor agrega que para el positivismo no son las condiciones del saber las que determinan las condiciones del ser fenoménico de los objetos, sino, que por el contrario, es la estructura objetiva del ser lo que determina el papel y el valor de nuestras facultades del saber.[12] 

            Popper plantea también reparos al pensamiento experiencial al señalar que los enunciados universales basados en la experiencia no establecen ningún tipo de verdad. No es posible señala, partir de enunciados singulares para obtener enunciados de mayor nivel o universales.  Todo principio inductivo que parte de lo singular o expertiencial a lo universal lleva a incoherencias lógicas porque plantea un lenguaje fenoménico libre de teoría. El inductivismo, hace notar Popper, sólo acepta enunciados reducibles a juicios de percepción porque para ellos sólo existe el “mundo de la experiencia”, y según este autor las leyes científicas no pueden reducirse lógicamente a enunciados elementales de experiencia. [13]

Con un enfoque desde la física clásica, evaluar y medir la realidad era posible y común estableciendo en primer lugar un conjunto de condiciones iniciales, una cantidad determinada de causas que actúan definiendo el comportamiento de  sucesos con casi absoluta certeza. Se podía afirmar con Lapiedra[14], que la física clásica señalaba que la existencia de determinadas causas provocaba determinadas consecuencias y que las mismas causas provocaban situaciones iguales, o dicho de otra manera, a medidas repetidas en condiciones idénticas, los resultados deberían ser los mismos. El segundo factor fundamental del llamado método científico proviene del hecho de que para entender un suceso era necesario comprenderlo en sus partes constitutivas porque cada una de ellas tenía una realidad bien definida. El análisis dividía el objeto de investigación en sus elementos de realidad, lo que permitía conocerlo en su totalidad.
Si observamos cómo caracteriza el epistemólogo Ezequiel Ander-Egg[15] lo que él llama el abordaje científico de la realidad, señala con razón que es a través del conocimiento de la totalidad que se puede entender las partes y componentes de un suceso, y no a la inversa, porque entiende que el todo es más que la suma de las partes. Ander-Egg[16] hace primar el todo por sobre los elementos que lo componen asumiendo lo que denomina como una mirada holista. Propone también estudiar los hechos en su situación de presente, en un momento determinado, pero también en su posibilidad de desarrollo futuro, “el presente en camino de futuro”, porque –dice- todo presente está preñado de futuro. En esta perspectiva, el autor rechaza el estudio de los hechos sociales como “que son lo que son” porque señala que se cae en un determinismo que rechaza toda “imaginación sociológica”. Aceptando en su concepción de modelo el modelo analítico de separación de las partes, busca captar la “futurización” del presente.

Ander-Egg[17] sostiene que la medición “… no es otra cosa que una forma de observación; en otras palabras, la ciencia es cuantitativa porque se basa en observaciones registradas y representadas en símbolos (…) medir es asignar numerales a objetos o acontecimientos de acuerdo con ciertas reglas”, originando con ellos diferentes tipos de escalas y diferentes tipos de medición. Entre las características que el autor entrega a la medición, están entre otras, que la medición debe tener validez cuando lo que mide puede ser demostrado, libre de distorsiones. Además agrega que la medición es fiable  cuando al aplicarse repetidamente a un mismo individuo o grupo o por investigadores distintos en el mismo memento da resultados iguales o parecidos. Y por último, una medición es precisa cuando localiza con exactitud la posición del fenómeno que se investiga.

Ander-Egg[18] define a la hipótesis como una tentativa de explicación de los hechos y sucesos que se quieren estudiar y debe ser una conjetura verosímil destinada a ser probada. Plantea que “…es una suposición basada en la inducción, la analogía y otras formas de razonamiento”. Pero señala además que su “…formulación implica y exige constituirse como parte de un sistema de conocimiento, al mismo tiempo que ayuda a la construcción de ese sistema”.

Las variables para este autor constituyen a la hipótesis porque éstas se construyen sobre la base de relaciones entre variables. La variable, de acuerdo a Ander_Egg[19], está tomado de las matemáticas y “…es una característica observable o un aspecto discernible que puede adoptar diferentes valores o expresarse en varias categorías”. Por lo general las variables asumen un rol de causalidad, dependencia, influencia, dándole un rol fuertemente determinista en la construcción de las hipótesis. La hipótesis es entonces una relación de variables que la determinan y que su demostración exige formas diversas de medición. Para ello se utilizan indicadores como forma de operacionalizar variables de alto grado de abstracción y que permitan de esta manera medirlas.

Hernández Sampieri[20] (1994:40) y los co-autores  de Metodología de la Investigación asumen la definición de Kerlinger  sobre teoría y plantean que “…es un conjunto de constructos (conceptos), definiciones y proposiciones relacionadas entre sí, que presentan un punto de vista sistemático de fenómenos especificando relaciones entre variables, con el objeto de explicar y predecir los fenómenos”. Esta forma de entender la teoría le da fundamentalmente un carácter causal determinista a la relación de variables o leyes que interrelacionan estas variables. De aquí se puede deducir que las proposiciones que se hacen de esas variables están interrelacionadas lógicamente, y que no es precisamente de la interrelación de la mirada holista como holomovimiento donde todo efectivamente está vinculado,  sino  que se refiere a que tiene un carácter de causalidad determinista en la perspectiva que generan necesariamente ciertas consecuencias.
Estos autores le dan como función a su concepción de la teoría explicar cómo, por qué y cuando ocurre un fenómeno. Busca las causas que determinan un suceso, un fenómeno, cómo surge y se desarrolla. Desde esta perspectiva se plantean sistematizar el conocimiento, es decir, ordenar las causas para saber  que cuando ellas aparecen, el fenómeno se desarrolla en una dirección determinada por esas causas. También plantean que conociendo lo que origina el fenómeno (las causas) se puede predecir con cierta certeza su desarrollo, es decir, hacer inferencias de futuro, crear modelos que predicen un fenómeno sin incertidumbres dadas ciertas condiciones. La teoría entonces, nos debe proporcionar, según estos autores[21]  “…conocimientos de los elementos que están relacionados con el fenómeno sobre el cual se habrá de efectuar la predicción”. La teoría entonces explica y describe y esto significa fundamentalmente definir las condiciones en que se presenta y las formas en que puede manifestarse. Es decir, hay certezas de su emergencia porque hay entendimiento de las causas del fenómeno. Es una teoría determinista, de relación de causa-efecto.

El grupo de metodólogos encabezado por Hernández Sampieri[22]  definen las hipótesis como “…proposiciones tentativas acera de las relaciones entre dos o más variables y se apoyan en conocimientos organizados y sistematizados”. Estas hipótesis involucran a dos o más variables y están sujetas a comprobación empírica, a ser verificadas por la realidad. Agregan además que una variable es una propiedad que puede adquirir diversos valores y esta variación es susceptible de medirse. Por el contrario, cuanto menor apoyo empírico tenga una hipótesis como relación de variables, se deberá tener un cuidado especial en su elaboración, porque al no poder medirse adecuadamente podrían generar hipótesis superficiales. Es decir, la medición en la concepción de hipótesis de estos autores es fundamental.

Ellos entienden por medición[23] como “el proceso de vincular conceptos abstractos con indicadores empíricos”. Esto se efectúa  clasificando y cuantificando los datos disponibles que ellos denominan Indicadores. En este proceso, el instrumento de medición o de recolección de datos es central, porque debe registrar  “…datos observables que representan verdaderamente a los conceptos o variables que el investigador tiene en mente”. Ellos apuestan que los instrumentos de medición tienen grados de validez apreciables en la medida que mide la variable que pretende medir. Aquí no hay dudas al respecto, sino sólo certezas propias de una epistemología fundada en la física clásica.

Mario Bunge[24] plantea varias características para la Hipótesis. Señala que no debe entenderse como una simple ficción, que tampoco expresa experiencias simples, los datos sueltos no la establecen, más bien refutan las hipótesis. Otro presupuesto fundamental en Bunge es que la hipótesis tiene la condición de rectificabilidad y que las actividades cognoscitivas de los seres humanos se desenvuelven en torno a ellas y no a los datos. Los supuestos de las hipótesis[25]  no son “…acerca de experiencias, sino acerca de hechos no experienciables y las usará para explicar su experiencia”.

Lasa hipótesis según Bunge es una proposición del tipo “Si p, entonces q” donde B presupones A sí y sólo si i) A es una condición necesaria de la significación o la verosimilidad de B, ii) A está fuera de discusión cuando se usa B o se somete a contrastación. (A--/ B). Esta forma de hipótesis exige fundamentalmente una comprobación mediante los sentidos o la observación empírica, asumiendo sólo con este requisito el carácter de hipótesis científica.

Bunge[26] sostiene que aquello que caracteriza al conocimiento científico es su verificabilidad: “siempre es susceptible de ser verificado”. El autor plantea[27] que las proposiciones que se refieren como hipótesis acerca de la naturaleza y la sociedad deben ponerse a prueba por procedimientos empíricos de medición. Sólo la verificación de enunciados formales, señala Bunge, acepta demostraciones racionales. Las hipótesis científicas en las ciencias fácticas deben pasar la prueba de la experiencia. Y esto obliga a descubrir pautas para poner a prueba las hipótesis. El único invariante en las hipótesis científicas es el requisito de verificabilidad: [28] “La inducción, la analogía y la deducción de suposiciones extra científicas (p.ej., filosóficas) proveen puntos de partida que deben ser elaborados y probados”.

Bunge plantea que hay una gran diferencia entre las teorías que pueden y no pueden someterse a comprobación empírica. Agrega que si una teoría no puede enriquecerse con hipótesis subsidiarias y con datos, hasta convertirse en una teoría contrastable, entonces no es una teoría científica. En conclusión la cientificidad de una teoría tiene que ver con su capacidad de ser contrastada. Pero no sólo eso, sino que además tiene que ser compatible con el grueso del conocimiento científico. La contrastabilidad por sí sola no hace a una teoría científica: debe hacer contrastabilidad y al mismo tiempo compatibilidad con la totalidad del cuerpo del conocimiento científico.

      Pero además Bunge señal categóricamente que las fórmulas de la mecánica cuántica se refieren exclusivamente a entes de la microfísica que actúan entre sí o entes microfísicas que actúan con entes macrofísicos, como los campos electromagnéticos o instrumentos de medición. Bunge señala que el observador lo que hace es sólo analizar, por ejemplo, la luz que emiten los átomos de hidrógeno que se encuentras en determinadas estrellas, y que esa observación objetivamente no los afecta. Todas las propiedades de los átomos, continua Bunge, no se explican por las observaciones de los observadores, sino que las estudian[29]  tal como existen independientemente de ellos mismos.  Bunge niega categóricamente que la observación del observador vaya a producir un colapso de la función de onda, como más adelante se planteará en la epistemología que surge desde la mecánica cuántica.





[1] Fritjot Capra El Tao de la Física. Editorial Sirio S.A. Novena Edición
[2] Comte, Augusto. Catecismo positivista. 1852
[3] Hawking, Stephen A hombros de gigantes. Las grandes obras de la Física y la Astronomía. 2007
[4] Idem
[5] Idem
[6] Maturana, Humberto y Varela, Francisco. “De Máquinas y Seres Vivos. Autopoiesis: la organización de lo vivo.”. 1994.
[7] Maturana, Humberto “La Objetividad un argumento para obligar”.  1997
[8] Idem
[9] Idem
[10] [10] Acevedo, Jorge “La Sociedad como Proyecto en la Perspectiva de Ortega”. 1994.  p. 27

[11] Capra, Fritjof El Tao de la Física. Editorial Sirio S.A. Novena Edición

[12] Koyré Alexandre. “Pensar la Ciencia”.  1994
[13] Popper, Karl. “La Lógica de la Investigación Científica”.
[14] Lapiedra, Ramón  Las carencias de la realidad. Metatemas. España 2008.
[15] Ander-Egg, Ezequiel . Técnicas de Investigación social. Editorial Lumen. Buenos Aires.1995
[16] Idem  1995
[17] Idem 1995: 111
[18] Idem 1995:96
[19] Idem 1995:101
[20] Kerlinger (1975), Citado por Hernández Sampieri y otros. Metodología de la Investigación. MacGrauw-Hill 1994:40
[21] Idem , pág 42
[22] Idem, pág 77
[23] Idem, pág 242
[24] Bunge, Mario La Investigación Científica. 1983 Editorial Ariel. Segunda Edición Barcelona
[25] Idem, 1983:252
[26] Idem 1983: 55
[27] Idem 1983:58
[28] Idem 1983: 68
[29] Bunge, Mario  Crisis y reconstrucción de la filosofía Barcelona.2002

0 comentarios:

Publicar un comentario

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More

 
Powered by Blogger