viernes, 17 de agosto de 2012

Complejidad del Método


“Soy profesor de método científico,
pero tengo un problema:
el método científico no existe”
Popper


Morin (1977: El método, Tomo I, p.16) plantea que "Debemos partir de la extinción de las falsas claridades. No de lo claro y distinto (...). Es cierto, para empezar carecemos de método; por lo menos podemos disponer de un anti-método, donde ignorancia, incertidumbre, confusión se vuelven virtudes".

Según Feyerabend, pensar que un método fijo pueda abarcar en un momento dado toda la riqueza empírica, la opacidad e impredecibilidad del mundo físico y social, es una ilusión profunda sostenida sobre una confianza excesiva ante el hombre y el valor de su razón triunfante. Morín (1999) agrega que los dispositivos humanos de conexión y apertura al mundo exterior sólo representan un 2 % del aparato biológico humano, convirtiendo a este héroe cartesiano de la realidad clásica en verdadero autista cognoscitivo, limitando al extremo con ello el éxito de la investigación científica.

El conocimiento científico se revela a la vez imposible e ilusorio. Más bien, son los mismos objetos de estudio los que imponen al científico cual es el marco de pertinencia para estudiarlos, o sea el método correcto que conviene usar, caso por caso y de forma evolutiva. Fereyabend (1989: 32) señala que "todas las metodologías (...) tienen sus límites, y la única "regla" que sobrevive es: "Todo se vale".

Siguiendo a Feyerabend, podemos señalar que los científicos tradicionales por lo general no ponen en duda sus supuestos desde los cuales inician sus investigaciones, y los métodos ligados a ellos no son cuestionados. Los plantean como si fuesen los procedimientos lógicos que naturalmente les corresponden. Definen la investigación en los límites de supuestos Marcos Teóricos reducidos a diseños “metodológicos”, como si ellos fueran el centro de la investigación y no los sucesos que de veras nos interesan y que son enunciados en los títulos de las investigaciones. Los trabajos con los cuales nuestros postgradistas “investigadores e innovadores” buscan alcanzar ubicaciones académicas importantes en las universidades, parten con estos métodos experimentales sin siquiera haber demostrado una hipótesis o postulado, sino que para peor, plantean la verificación como si fuera la demostración, no permitiendo entonces que determinadas concepciones teóricas influyan en esas investigaciones experimentales, ignorando que lo experimental no hace otra cosa sino que coincidir con esos supuestos teóricos.

Pero aún entendiendo que toda investigación debe partir de postulados y no de investigaciones experimentales, las primeras además siempre se encuentran cercadas en algún momento de su desarrollo, por anomalías o perturbaciones del entorno que no se corresponden con ellas. Pero no sólo se presentan cercadas, sino que además ya han sido en alguna medida interpretadas por anteriores investigadores. Estas contradicciones se presentan aún en el mismo momento en que se plantean los fundamentos teóricos de la investigación. Pero si no fuera así, en algún espacio del trayecto de lo investigado y aprobado como circunstancialmente “la verdad”, se ve entorpecida en su desarrollo por estas perturbaciones. En este sentido se puede señalar con Vásquez (2006) que no hay “hechos desnudos”, y por ello la ciencia se transforma en compleja, caótica, llena de vaivenes impredecibles a simple vista.

Adolfo Vásquez (2006) citando a Feyerabend señala que éste plantea que no existen estándares invariables de racionalidad, incluso en la ciencia, y el conocimiento no sigue un camino prefijado. Agrega que hay anarquía en la ciencia y por ello es necesario la crítica y la tolerancia de sus inconsistencias y anomalías, y una necesaria libertad en la creatividad de ella. La ciencia avanza muchas veces no teniendo claro los caminos para avanzar. Y frente a los científicos empiristas con su dogmatismo acrítico que plantean que los hechos experimentales deciden sobre la verdad de sus teorías,  Fereyabend señala que se deben construir nuevas hipótesis que contradigan a esas supuestas teorías probadas como verdaderas, oponiéndoseles.

Feyerabend sostiene que no hay saltos en el vacío cuando se producen los descubrimientos, porque hay lógica y racionamiento en ellos, se construye sobre ciertas coherencias. Pero también hay elementos subjetivos, personales. Pero esta teoría, para explicar un cosmos o una sociedad que se va moviendo de lo simple a lo complejo, necesita teorías complejas. Feyerabend, para sostener su propuesta recuerda a Chiang-Tsé, que señala que lo más probable es que lo fundamental de la existencia no tenga una forma fija o definitiva, más aún, que no sea ninguna de las partículas llamadas actualmente elementales.

¿Qué hacer entonces? Fereyabend recuerda a Popper en sus aciertos para definir lo que es racional y lo que es irracional. Nos indica que es racional superar una teoría cuando ella –válida en un momento- entra en fuerte conflicto con la realidad que nos circunda. Irracional sería mantenerla. Pero el autor que analizamos nos recalca con fuerza que la ciencia es transformada por muchos malos académicos e investigadores en mitos, en religión no discutida, en dogma aceptado obligatoriamente, en buena nueva que permanece años y años ordenando un mundo que ya cambió, ciegos a lo que sucede en el entorno, sordos a los cambios constantes de la realidad.        Nuestros investigadores aseguran tener éxito “imitando” la realidad a través de lo que denominan método científico, dejando de lado todo lo que aparece como “subjetivo”, término con que descalifican aquello que se parezca a postulados científicos que proponen teorías con los cuales se pueden observar nuevos aspectos del desarrollo de nuestra sociedad y del propio planeta, que se vea ahí, donde antes no se veía. Popper (Vásquez, 2006:259) dice que una exigencia de fundamentación completa es desorientadora, en la medida en que plantea una reivindicación epistemológica que no sólo es imposible de satisfacer, sino que,  más importante todavía, no es necesaria”. Desde aquí podemos validar el rol de lo ficcional, las “conjeturas” que nos muestran cómo la historia está llena de eventos yuxtapuestos, poniendo en evidencia la complejidad de las decisiones de los seres humanos.

Popper (1982) señala respecto a la lógica inductiva que es una inferencia al pasar de enunciados singulares (experienciales o particulares) a enunciados universales, como hipótesis o teorías. Según este autor, los enunciados universales basados en la experiencia no establecen verdad, agregando que todo principio de inducción lleva forzosamente a incoherencias (incompatibilidades) lógicas. Popper afirma que la lógica inductiva conduce bien a una regresión infinita, bien a la doctrina del apriorismo. No proporciona un "criterio de demarcación" apropiado. El prejuicio inductivista, según este autor, es lo único que lleva a muchos a creer que podría existir un lenguaje fenoménico, libre de teorías y distinguible de un "lenguaje teorético",

La teoría del método deductivo de contrastar de acuerdo a Popper, se manifiesta cuando una hipótesis sólo puede contrastarse empíricamente y únicamente después de que ha sido formulada. Una teoría se contrasta, en primer lugar, encontrando la comparación lógica de las conclusiones unas con otra: sometiéndose con ello a contraste la coherencia interna del sistema.  Luego está el estudio de la forma lógica de la teoría, con objeto de determinar su carácter: si es una teoría empírica -científica- o sí, por ejemplo, es tautológica. Más tarde se compara con otras teorías, con el objeto de averiguar si la teoría examinada constituiría un adelanto científico en caso de que sobreviviera a las diferentes contrastaciones a la que se la somete. Finalmente se la contrasta por medio de la aplicación empírica de las conclusiones que pueden deducirse de ella. Las teorías científicas no son nunca enteramente justificables o verificables, pero son, no obstante, contrastables

Según Rosental (1964), el empirismo es una doctrina filosófica que coloca en la experiencia sensorial la fuente única del conocimiento. Se distingue el empirismo idealista y el empirismo materialista. El empirismo idealista reduce la experiencia al conjunto de sensaciones o de representaciones, y niega que la experiencia tenga por base la naturaleza material. El empirismo materialista señala que el fundamento de la experiencia sensible reside en los objetos de la naturaleza material. Aprecia además en su justo valor el papel de las teorías y de las abstracciones científicas. El conocimiento reposa en la experiencia sensorial para luego elevarse a la generalización;

Popper (1982) exige los siguientes requisitos al sistema teórico empírico:

a. Ha de ser sintético, de suerte que pueda representar un mundo no contradictorio, posible;
b. Debe satisfacer el criterio de demarcación, es decir, no será metafísico, sino representará un mundo de experiencia posible;  
c. Es menester que sea  un sistema que se distinga -de alguna manera- de otros sistemas semejantes por ser el que represente nuestro mundo de experiencia;

Popper plantea la necesidad de encontrar un criterio que permita distinguir entre las ciencias empíricas y los sistemas metafísicos. A ello le llama el problema de la demarcación. Los inductivistas según este autor, admiten únicamente como científicos los enunciados que son reducibles a enunciados elementales (o "atómicos") de experiencia - a "juicios de percepción", "proposiciones atómicas", "cláusulas protocolarias". Tratan de demostrar que la metafísica, por su misma naturaleza, no es sino un parloteo absurdo.  Sin embargo, las leyes científicas no pueden reducirse lógicamente a enunciados elementales de experiencia.  Los inductivistas no consiguen trazar una línea de demarcación entre los sistemas científicos o empíricos y los metafísicos o teóricos, entre la ciencia y las ideas metafísicas. El sistema llamado "ciencia empírica" representa únicamente un mundo: el "mundo real" o "mundo de nuestra experiencia".

Según Vásquez, el refutacionismo es la tesis fundamental de Popper y establece una demarcación entre lo que es ciencia y lo que no lo es. Señala que son científicos aquellos enunciados que pueden ser refutados. Por lo tanto, lo que define el carácter científico de una teoría es su contrastabilidad, y lo que define a ésta es la refutabilidad, y que una teoría es científica y significativa sólo si es en principio incompatible con algunos fenómenos observables. La falsabilidad de una hipótesis implica más que un cambio terminológico frente a la verificabilidad indusctivista: implica que toda conjetura se mantiene siempre en conjetura, aunque esté corroborada, pues no puede ser necesariamente falseada ni necesariamente corroborada.

Vásquez agrega que la falsación de Popper consiste en demostrar mediante la experiencia que si un enunciado observable es falso, se sigue deductivamente que la proposición universal es también falsa. El falsacionismo de Popper se sostiene en dos cosas: en las conjeturas atrevidas y en la libre crítica o la discusión crítica.  La filosofía que está detrás es el racionalismo crítico: todo puede y debe someterse a la crítica. Y esto se lleva a la práctica con argumentos y contrastaciones.


Poppar (1982) le impone las siguientes exigencias a la demarcación:

a. El criterio de demarcación inherente a la lógica inductiva -esto es, el dogma positivista del significado o sentido- equivale a exigir que todos los enunciados de la ciencia empírica deben ser susceptibles de una decisión definitiva con respecto a su verdad y a su falsedad;

b. El criterio de demarcación que hemos de adoptar no es el de la verificabilidad, sino el de la falsabilidad de los sistemas;

c. Popper no exige que un sistema científico pueda ser seleccionado de una vez para siempre, en un sentido positivo; pero sí que sea susceptible de selección en un sentido negativo por medio de contrastes o pruebas empíricas: ha de ser posible refutar por la experiencia un sistema científico empírico;

d. Para que la falsabilidad pueda aplicarse como criterio de demarcación, deben usarse enunciados singulares que puedan servir como premisas en las inferencias falseadoras;

e. El "enunciado básico" o "proposición básica" es un enunciado que puede servir de premisa a una falsación empírica: brevemente dicho, a la enunciación de un hecho singular;

f.  Los enunciados básicos están basados en las experiencias perceptivas, que mediante éstas se manifiesta la verdad de aquellos;

g. Se tenía también la impresión (exacta) de que los enunciados sólo pueden justificarse mediante otros enunciados: por ello, la conexión entre las percepciones y los enunciados permanecía obscura;

h. El problema de la demarcación consiste en encontrar un criterio del carácter empírico de la ciencia;

Para Popper (1981:385-6) no cabe duda alguna acerca de la objetividad de la ciencia, pero ésta no se funda en la imparcialidad u objetividad del hombre de ciencia. “En realidad, ... no cabe ninguna duda de que todos somos víctimas de nuestro propio sistema de prejuicios (o de «ideologías totales» si se prefiere esta expresión); de que todos consideramos muchas cosas evidentes por sí mismas; de que las aceptamos sin espíritu crítico e incluso con la convicción ingenua y arrogante de que la crítica es completamente superflua; y, desgraciadamente, los hombres de ciencia no hacen excepción a la regla, aun cuando hayan logrado librarse superficialmente de algunos de sus prejuicios en el terreno particular de sus estudios. Pero esta limpieza no tiene lugar.... con tornar sus mentes más «objetivas» no les bastaría para alcanzar lo que hemos denominado «objetividad científica». Y -extraña ironía- la objetividad se halla íntimamente ligada al aspecto social del método científico, al hecho de que la ciencia y la objetividad no resultan (ni pueden resultar) de los esfuerzos de un hombre de ciencia individual por ser «objetivo», sino de la cooperación de muchos hombres de ciencia. Puede definirse la objetividad científica como la intersubjetividad del método científico.”

Desde esta perspectiva, Popper plantea lo que él denomina objetividad científica y convicción subjetiva:

a. Si algo es válido para quien quiera que esté en uso de razón, entonces su fundamento es objetivo y suficiente. (Kant).

b. La objetividad de los enunciados científicos descansa en el hecho de que pueden contrastarse intersubjetivamente.

c. La contrastación intersubjetiva es un aspecto de la idea más general de la crítica intersubjetiva, o dicho de otro modo, de la idea de la regulación racional mutua por medio del debate crítico;

d. La objetividad de los enunciados se encuentra en estrecha conexión con la construcción de teorías -es decir, con el empleo de hipótesis y de enunciados universales-. Sólo cuando se da la ocurrencia de ciertos acontecimientos de acuerdo con reglas o regularidades -y así sucede con los experimentos repetibles- pueden ser contrastadas nuestras observaciones por cualquiera (contrastación intersubjetiva);

e. Sólo merced a tales repeticiones podemos convencernos de que no nos encontramos con una mera "coincidencia" aislada, sino con acontecimientos que, debido a su regularidad y reproductibilidad, son, en principio, contrastables intersubjetivamente;

f. Una experiencia subjetiva, o un sentimiento de convicción, nunca pueden justificar un enunciado científico; y de que semejantes experiencias y convicciones no pueden desempeñar en la ciencia otro papel que el de objeto de una indagación empírica (psicológica);

g. Por intenso que sea un sentimiento de convicción nunca podrá justificar un enunciado científico. Un sentimiento de convicción no puede aparecer en el campo de la ciencia objetiva más que en forma de hipótesis psicológica;

h. Una hipótesis psicológica puede confirmarse o refutarse mediante contrastaciones experimentales, pero no desempeña el menor papel en la cuestión de cómo pueden justificarse los enunciados científicos;

i. Al exigir que haya objetividad, tanto en los enunciados básicos como en cualquiera otros enunciados científicos, nos privamos de todos los  medios lógicos por cuyo medio pudiéramos haber esperado reducir la verdad de los enunciados científicos a nuestras experiencias;

j. Si pedimos que los enunciados científicos sean objetivos, entonces aquellos que pertenecen a la base empírica de la ciencia tienen que ser también objetivos, es decir, contrastables intersubjetivamente;

k. Pero la contrastabilidad intersubjetiva implica siempre que, a partir de los enunciados que se han de someter a contraste, puedan  deducirse otros también contrastables;

l. Por lo tanto, si los enunciados básicos han  de ser contrastables intersubjetivamente a su vez, no puede haber enunciados últimos en la ciencia: no pueden existir en la ciencia enunciados últimos que no puedan ser contrastados, y, en consecuencia, ninguno que no pueda -en principio- ser refutado al falsar algunas de las conclusiones que sea posible deducir de él;

m. De lo anterior se llega a la siguiente tesis: los sistemas teóricos se contrastan deduciendo de ellos enunciados de un nivel de universalidad más bajo; éstos, puesto que han de ser contrastables intersubjetivamente, tienen que poderse contrastar de manera análoga -y así ad infinitum;


A partir de lo anterior Poppar traza una frontera entre lo que debe considerarse ciencia y lo que no. Este criterio de demarcación, como ya lo hemos señalado, es el criterio de refutabilidad, según el cual habrán de considerarse científico aquellos enunciados que sean refutables (que no sean refutados, porque en ese caso ya no forman parte más del cuerpo de la ciencia).  De acuerdo al criterio demarcatorio, el interés principal del científico no debe consistir en defender su teoría sino en intentar atacarla, refutarla por todos los medios. Intentar demostrar que se equivoca. Esto equivale a decir que el científico debe estar en un estado de duda –auto-cuestionamiento- permanente.

La teoría de la complejidad se enriquece en el siglo XX con teorías como la del caos, catástrofe, estructuras disipativas, geometría fractal y otras, permitiendo romper con las visones tradicionales del newton-cartesianismo. Ayudan a entenderla la incorporación a la ciencia de conceptos como lo simple, lo complejo y lo simplificado; racionalidad y racionalización; la complejidad como método, como ciencia y como cosmovisión. También conceptos  como partículas últimas, no-localidad, orden implicado, holomovimiento, etc. Según Andrade (2001), para el físico David Bohm  la realidad y el conocimiento deben entenderse como procesos, donde todo puede ser creado y transformado, como también puede desaparecer. Por ello no es posible la existencia de partículas últimas como bases fundamentales de la materia. Él sostiene que todo lo que existe como singularidad, acontecimiento o suceso es sólo una abstracción de una totalidad aún no conocida o no definida. Plantea un realismo cosmológico frente al realismo local, asumiendo la primordialidad del suprarrealismo de la no-localidad frente a la separabilidad, a entender lo singular y los sucesos separados unos de otros y sin expresar la totalidad. Hay una interacción permanente entre todos los elementos que componen esa totalidad sin existencia de separabilidad, y ello es una característica propia de la naturaleza porque el universo emerge como un sistema cuántico que no tiene sentido determinado.

Esta teoría de David Bohm, es llamada también Teoría del Orden Implicado. Según Andrade, esta teoría sostiene que en cualquier elemento del universo se encuentra contenida la totalidad de éste y que esta totalidad incluye no sólo a la materia, sino también a la conciencia. Plantea que lo que se explica del mundo --el orden explicado-- son los sucesos aparentemente aislados en el espacio y el tiempo. El orden implicado es la totalidad que conforma la base de ese orden explicado, que sería lo derivado de él.  Todas las cosas sucesos son el despliegue de ese orden implicado u holomovimiento, o una totalidad universal desconocida de movimiento fluido que es autoexistente y fundamento primario de todo lo que existe.  

Prigogine (1988) afirma que la realidad, la vida cotidiana, el medio en que vivimos y estamos no son matemáticos. No son ni siquiera matematizables. Es el dominio de lo mutable, de lo impreciso, del más o menos, del aproximadamente. No existe el mundo finalizado. En todas partes hay un margen de imprecisión, de juego. Este autor señala que los cuerpos son estructuras disipativas coherentes, alejadas del equilibrio. En distintos campos físico-químicos se manifiesta la autoorganización espontánea, jugando en ellos un papel fundamental la irreversibilidad en estos procesos.

En estas condiciones de no equilibrio, la materia, según Prigogine, (1993) tiene capacidades espontáneas de percibir sus diferencias con el mundo que la rodea, y además de reaccionar a las fluctuaciones de ese entorno. De esta manera, reconoce que la naturaleza es un proceso abierto de producción y de invención, superando con ello la concepción estática de la misma, entendida como un mundo finalizado y asumiendo la idea de un universo donde la organización de los seres vivos y la misma historia del hombre  no son accidentes del devenir cósmico.  Sostiene que el universo tiene una evolución continua y que se va construyendo en una dialéctica entre la gravitación y la termodinámica como un fenómeno irreversible con capacidad constructora de nuevas estructuras permanentemente. Esta irreversibilidad del tiempo conduce la vida y al hombre, haciendo que provengan del tiempo en una evolución irreversible.

  La primera propuesta que nos hace la mecánica cuántica según Lapiedra (2008: 14) es el carácter probabilista indeterminista cuando busca predecir resultados de medida de una magnitud física que se está observando. Incluso desde esta perspectiva se sostiene que dos sistemas físicos idénticos pueden dar resultados diferentes en medidas repetidas. La predicción de la mecánica cuántica, sostiene Lapiedra, está centrada fundamentalmente en distribuciones de probabilidades en cada uno de los resultados posibles de una medida determinada.

¿Cómo satisfacer teóricamente una visión de la realidad objetiva de la naturaleza desde las exigencias de la mecánica cuántica? En mecánica cuántica no siempre se puede describir separadamente los objetos, porque hay vínculos irrompibles que nos impiden ver las partes por separado. ¿Todo en la naturaleza y la sociedad está determinado por antecedentes previos? ¿Hay una realidad previa, independiente de la experiencia de observar? Lapiedra nos presenta dos problemas centrales en la epistemología cuántica: un problema relacionado con el determinismo y otro con el realismo.

Este autor se hace la pregunta de ¿qué se puede conocer de un sistema cuántico? Responde que es posible predecir su evolución futura siempre y cuando conozcamos el estado inicial. Esto puede suceder también desde la posición de Hawking y su teoría de suceso. El cono del pasado guardaría los secretos del estado inicial que nos permitiría cierta predicción de su estado futuro. En mecánica cuántica no siempre se puede describir separadamente los objetos, porque hay vínculos irrompibles que nos impiden ver las partes por separado

Teóricamente la imposibilidad de  predecir con certeza el resultado de una medida tiene que ver con la propia realidad desde una mirada cuántica. Es decir, nunca podremos encontrar todos los antecedentes en el cono del pasado de un suceso que nos asegure predicciones ciertas. Dicho de otra forma, jamás podremos conocer completamente la función de onda de un suceso, entendido como cono del pasado donde está contenido todo lo que es posible saber de un sistema.

Frente a estas conquistas de la ciencia, Morín (1999:125) nos hace una propuesta compleja de investigación, una ruptura paradigmática y nos invita a una reintegración de las tres dimensiones consustanciales de la vida humana en su globalidad -ciudadano, individuo, científico- y concebir, como alternativa al pensamiento lineal, la perspectiva de una democracia cognitiva, en forma de amplio foro transdisciplinario, trans-generacional y trans-categorial que permita el encuentro regular de perspectivas múltiples acerca de un mismo problema colectivamente definido: "La llamada para la democracia cognitiva no es solamente la llamada a clases nocturnas, escuelas de verano, universidades populares. Es la llamada para una democracia donde el debate de los problemas fundamentales ya no sería el monopolio de los solos expertos y sería llevado a los ciudadanos". Tampoco es un llamado al abandono de la ambición científica ni invitación a la procrastinación intelectual, es decir, abandonando la realidad, evitando penetrar en ella. Ni menos el pensamiento complejo supone abandonar la búsqueda del  método científico, incluso bajo el modo de la aventura permanente. (Morin, 1977)

Si quisiéramos resumir en parte el pensamiento complejo de Morín, diríamos que nos señala varios problemas importantes. Entre ellos está la relación causalidad y determinismo, superando su reducción a una causación lineal y reconociendo la circularidad de los procesos de causación. Morín además reconoce en la auto-organización el segundo nivel en la estructura del método: Esta idea que está presente ya en otros autores, reconoce el papel constitutivo al desorden, la fluctuación, la inestabilidad, produciendo un cambio fundamental en la comprensión de las relaciones entre el orden y el desorden. En el pensamiento complejo orden y desorden ya no son antagónicos, sino que se  encuentran entrelazados, son partes de un proceso de autogeneración de los sistemas complejos. El paradigma moriniano nos abre a una nueva perspectiva de sistemas y la naturaleza como totalidad, cambiante y en proceso de auto-organización. Nos orienta a no perder de vista la emergencia, la no trivialidad de la Naturaleza, a comprender la dinámica de la auto-organización. Este autor nos indica que la complejidad es inabarcable,  pero intentando entenderla dentro de lo posible, estudiando las totalidades sin perder la contextualización correspondiente de lo que se pretende entender. El método de pensamiento complejo propuesto por Morín busca comprender una totalidad que no es abstracta y vacía, que no es un proceso separado de otros procesos, que tiene integridad y no es objeto, sucesos integrados por procesos y no sólo reducido a ellos, que siendo totalidad se concreta, incluyendo el orden y el desorden, existiendo en su inestabilidad estable o en su estabilidad inestable. Para el pensamiento newton-cartesiano anterior el mundo se presentaba ordenado, disjunto, cosa ya terminada, definitiva, ordenada. Son dos pensamientos distintos. El moriniano: complejo y asociado a desorden, azar, irracionalidad versus el cartesiano ligado al orden, razón y racionalidad. El pensamiento complejo es resultado de un descubrimiento fundamental: el descubrimiento de la organización, una "entidad" donde ocurren los procesos, el orden y el desorden, al "autos". Nos propone cambiar nuestra visión de mundos de “objetos” por el de mundo de “redes” de relaciones.

Según Morín, el proceso recursivo es todo proceso cuyos estados o efectos finales producen los estados o las causas iniciales. Se produce la situación en que el final de un proceso alimenta su principio, cuando el estado final de un contorno o círculo se vuelve sobre el estado inicial, convirtiendo la situación final en inicial sin perder sus características de final, y el estado inicial en final, aunque continua siendo inicial. Es decir, el bucle recursivo es un proceso en que los productos últimos de un suceso se convierten en los elementos primeros. Otra de las características del bucle recursivo tiene que ver con una organización que a través de procesos construye los elementos necesarios para su propia existencia, da nacimientos a los elementos que lo constituyen como suceso, donde la recursividad significa precisamente que el efecto de un acto determinado se convierte en su causa primera. La recursividad significa la producción-de-si y re-generación, generatividad.

La recursividad tiene un enfoque sistémico, una relación sistema-entorno donde el primero aisladamente no es generativo, no puede re-producirse, regenerarse. Entorno y sistema son una totalidad activa. Es este proceso en su totalidad lo que permite la generatividad embuclados, circularizados en sí mismo en momentos determinados o particulares que inducen a la producción-de-sí. Y esta producción regenetiva es una reorganización permanente del sistema bombardeado por perturbaciones de su entorno. Es una reproducción de sí mismo continua, sin interrupciones, con producción continua de entropía, su incremento frecuente con creces que no permite que su entropía interna se debilite porque significaría su incapacidad regenerativa fenoménica, de autoproducción y con ello muriendo, degenerando, desapareciendo como sistema.

Morín señala que lo que “forma cierra, que lo que cierra forma”. Da ejemplo del circuito espiral del remolino que abre al mismo tiempo que cierra, formándose y re-formándose constantemente. El bucle del remolino es a la vez abridor y cerrador, fijamente estable, fuertemente resistente a su disolución. Pero  el circuito espiral no sólo debe ser entendido como algo indisoluble, sino también como un proceso recursivo, donde “la apertura produce la organización del cerramiento, el cual produce la organización de la apertura”. Un círculo cerrado, al igual que un sistema solamente cerrado es un suceso vicioso, que se mueve sobre sí mismo constantemente, ignorando las perturbaciones entrópicas del entorno y sin necesidad de generar su propia entropía que lo empujarían a la re-generatividad constante. Lo vicioso de un sistema termina cuando es abierto, que permite ser una estructura disipativa, alimentada por entornos caóticas que con sus anomalías le permiten auto-organizarse constantemente. Al ser abierto el círculo, es  la oportunidad para transformarse en su propia alimentador. Al ser el circuito espiral un bucle cerrado/abierto puede adquirir su naturaleza generativa profunda, permitiendo con ello su carácter de auto-productor de sí mismo, de su ser y existencia. Su carácter abierto le permite su auto-producción, y el Sí mismo nos dice que es al mismo tiempo cerrado, que se re-genera a partir de si mismo, conservando su identidad y los elementos de su estructura que lo caracterizan como existencia definida.


La complejidad del método busca superar conceptos mutilados, disjuntos unos de otros. Para ello es necesario como ya hemos señalado de acuerdo a Morín, articular la ciencia antropo-social a la ciencia de la naturaleza, y ambas a la física. Y esto no implica asumir la física como lo primero, como la base objetiva de toda explicación, como fue la tradición newton-cartesiano.

En el conocimiento científico ni la observación micro-física ni la observación cosmos-física pueden ser separadas de su observador. Todo concepto no sólo se debe referir al objeto concebido, sino que también  al sujeto conceptuador. Y ello debe ser así porque todo objeto es pensado y es pensado por un observador que observa desde una cultura determinada, de una determinada sociedad hic et nunc, porque todo conocimiento esta determinado en alguna medida sociológicamente con una dimensión antropo-social. Ya no es posible negar que la ciencia natural tiene un origen cultural; y la ciencia física una naturaleza humana y natural, y esta última también un origen fisco.

Morin señala que la elucidación del bucle física-->biología-->antropo-sociología  topa con una triple imposibilidad:

1. Invade todo el campo del conocimiento y exige un saber enciclopédico imposible;
2. Frente al principio que aisla, el desarrollo de otro principio capaz de volver a unir lo aislado y separado;
3. El carácter circular de esta relación del bucle adquiere la figura de un círculo vicioso, es decir, de absurdo porque cada uno depende del otro;

Desde el punto de vista del enciclopedismo, hoy día las universidades niegan el conocimiento fundamental, general. Ello impide formar una visión del hombre y del mundo. El conocimiento general es acusado de abstracto, porque no se puede operacionalizar. Se prefiere un pensamiento lineal o ingenieril alejado del entorno que lo ha ayudado a generarse, a nacer. Se le reemplaza por conocimientos especializados, fragmentados, sin visión global con el único fin de ser capitalizado. En ese sentido las competencias de aprendices y tutores que se busca enseñar en las universidades actuales son definidas por el mercado que disocia las estructuras de todas las ciencias, que desvincula la física de la biología y ambas de la antropo- sociología, de la praxis social. Hay una atomización generalizada de los conocimientos, una parcelación criminal del saber, abundancia de saberes ignorantes al estar desvinculado con la totalidad, no hay cuestionamiento de la ciencia entre sí, y de ella misma consigo misma, No hay metodología para controlar la ciencia. La Universidad está renunciando al conocimiento porque no le interesa conocer al hombre y el mundo en que vive. Los que le interesa es el saber-aquí, es más rentable, es más útil a la actual sociedad globalizada y neoliberal. Se busca el predominio de la especialización sobre lo general. La excusa es que el exceso de información y su heterogeneidad impiden la visión de conjunto.

Frente a esta crisis, hoy se pone en duda los fundamentos del método cartesiano, la disyunción de los objetos y de las ideas entre sí, la disyunción del objeto y del sujeto. También se duda de que la verdad se encuentre en las ciencias y en las certidumbres previas, en la razón. Hoy se duda de la seguridad de la duda cartesiana. Morín duda de sí mismo, rechaza hacer tabla rasa en el pensamiento porque él es prejuzgante. El nuevo método científico debe encargarse de detectar las uniones, las articulaciones, las interdependencias y complejidades. Morín plantea que el método científico debe partir de la ignorancia, del caos, de las incertidumbres. Debe rechazar esta autoestima insoportable e inútil de los científicos modernos que disimula su ignorancia en un acto en que grita a todos como el más cierto, voceando que es propietario del conocimiento absoluto, ocultando este mal conocimiento de lo conocido y del conocedor.

Según Morín, el desorden termodinámico, la incertidumbre microfísica, el carácter aleatorio de las mutaciones genéticas entre otros logros del conocimiento actual nos obliga a transitar por caminos desconocidos en busca del nuevo método de la ciencia. Hoy se asume que la incertidumbre y la confusión son las propiedades naturales de la complejidad del cosmos, de la naturaleza y de la vida humana. Entonces se acepta que la relación circular físicaàbiologíaààantropo-social empujan a la incertidumbre de la realidad –según Moría-, que hace que los fundamentos ontológicos de ella se vayan perdiendo e imposibiliten el conocimiento objetivo.

Al circularizar la relación física/biológica/antropológica, Morín enfatiza que el pensamiento complejo se distancia del principio de disyunción/simplificación, rechazando la reducción de un suceso a principios mutilantes, rechazo a aceptar conceptos fundamentales que se encuentran en la base del conocimiento como la materia, el espíritu, Dios, etc. Se avanza, entonces, decididamente en el camino lleno de trampas del verdadero conocimiento objetivo, paradójico, incierto, complejo. Con una visión de estas características podemos entender que en cada suceso pueden existir proposiciones entendidas como verdaderas pero que se niegan al relacionarse, y esta negación no está fatalmente destinada a liquidarse mutuamente, superando necesariamente una a la otra, sino que nos obliga a aceptar su relación en disyunción pero interdependientes como dos caras de una verdad compleja. Esta forma de plantear el método transforma los círculos viciosos en virtuosos, en pensamiento reflexivo, circular, complejo.

Desde la perspectiva del enciclopedismo, Morín nos advierte que él debe ser entendido en su sentido originario: agkulkios paidea, que significa poner el saber en ciclo, en-ciclo-pediar, “aprender a articular los puntos de vista disjuntos en un ciclo activo”. Esta en-ciclo-pedismo, según Morín, articula lo disjunto permitiendo los conocimientos cruciales, los nudos de comunicación entre ellos, organizándolos, complejizando lo simplificado. El movimiento enciclante, señala el autor que citamos, genera un movimiento organizador del conocimiento donde descripción del objeto y descripción de la descripción y la visibilidad del descriptor potencia no sólo la articulación sino que también la oposición al interior de la descripción. Pensamos con nuestros conocimientos, pero también repensamos lo pensado con ellos en forma crítica, evitando la petrificación de nuestro entendimiento. Entonces las viejas formas de explicación caen, surgiendo nuevos principios y nueva organización del pensamiento. Reorganizamos nuestro sistema de pensamiento para desaprender y reaprender a aprender. Y esto es lo fundamental del nuevo método científico, el cual niega el pensamiento simplificante tradicional newton-cartesiano, el pensamiento que racionaliza, que encorceta toda realidad en determinados órdenes, le da rígidas normas, impidiendo que él se mueva libremente en busca de sus propios caminos.

Podemos concluir que el método no se define antes de la investigación, sino que durante ella, “en el momento en que el término vuelve a ser un nuevo punto de partida” ,en que el cierre se vuele a transformar en comienzo, en apertura, como un bucle circularizado. Nietzsche (2000) plantea que los métodos vienen al final, con una vuelta al comienzo con más sabiduría permitiendo el aprender a aprender




















Bibliografía consultada

Fereyabend 1989 Tratado contra el método, London
Lapiedra, Ramón (2008) “Las carencias de la Realidad”. Tusquets.
Morin,Edgar  1977: El método, Tomo I,
Morin, Edgar  1999 Los siete saberes necesarios a la educación del futuro, Paris, UNESCO
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