miércoles, 25 de julio de 2012

El “Desanclaje" de Giddens y “Siete Saberes Necesarios para la Educación del Futuro”, de Edgar Morin


Giddens nos plantea que en la época actual se produce un distanciamiento entre el suceder del suceso y el tiempo y el espacio. Esta situación, según él,  es la base de la naturaleza crecientemente dinámica de la modernidad. Este desanclaje de los fenómenos sociales sucede debido a la producción constante de conocimientos de las personas y los grupos sociales fundamentalmente hoy día a través de las tecnologhías electrónicas. Ello se produce por dos fenómenos que de desarrollan simultáneamente: las señales simbólicas o medios de intercambio que pueden ser pasados de unos a otros sin consideración por las características de los individuos o grupos que los manejan, y los sistemas expertos o sistemas de procesos tecnológicos o de experiencia profesional  capaces de organizar áreas del entorno material y social en el que vivimos, todo ello muy alejado de los contextos locales.

Giddens agrega que el desanclaje es consecuencia de la separación del espacio del lugar local al crear medios de comunicación global que  fomentan  relaciones comunicacionales entre los que no están en el mismo lugar, entre  "ausentes". Los espacios locales son penetrados por las redes de relaciones que se generan a mucha distancia de ellos. Surge el "espacio vacío“: representación del espacio sin referirse a un lugar local específico. El autor que comentamos afirma que la primera condición para el proceso de desanclaje es cortar las conexiones entre la actividad social global y su vínculo con las singularidades en los sucesos locales.

Superar este desanclaje implica que el conocimiento debe ser entendido como un universo abierto, donde el azar y la necesidad se entrelazan en un sistema flexible hasta saltar a un nuevo estadio de complejidad La nueva forma de pensar debe enfatizar en el enfoque total no parcializado de los problemas, poniendo en primer  plano la interrelación mutua de los distintos subsistemas. La creación de nuevo conocimiento es propio del cognotivismo sistémico. El proceso del conocimiento está sustentado en la actualidad en un entorno de comunicaciones veloces compuesto de complejos y diversos lenguajes. Hay que abrir lo existente a otras posibilidades, ampliando los sucesos de lo que puede suceder. El conocimiento debe ser capaz de introducirse en la esencia de la época, con su carga de contradicciones y tendencias, con sus transformaciones, a través de los procesos dialécticos del desarrollo, en otra época nueva, en un nuevo tiempo. Saber en la actualidad es innovar y cambiar sin cesar. El conocimiento debe enseñar a saber cómo conocer más, aprender cada uno de sí mismo, ser capaz de explicar, conocer, comprender y prever lo que viene. Debe desarrollar personas que tengan visión sistémica, holística, estratégica, de futuro, innovadores, de manejo de complejidades e incertidumbres, generadoras de cambios culturales profundos en todos los ámbitos del saber y del hacer.

En este marco, los Siete saberes para la Educación presentado por Morín a la Unesco son fundamentales para terminar con lo Giddens denomina “desanclaje”. Se debe comprender lo que es el conocimiento y el conocimiento del conocimiento. La capacidad de observar la observación en el sujeto le permite enfrentar a éste riesgos permanentes de error y de ilusión que están siempre presente en la mente humana. Como señala Morin, hay que armar cada mente en el combate vital por la lucidez. El conocer hoy implica herramientas tecnológicas que ha creado para cada persona  un cúmulo de información, transformando al mundo de hoy día es una red de relaciones donde interactuamos a través de un gigantesco sistema hipermedial, sino el más grande, el único que ha movido las estructuras de la Sociedad. Saber hoy día implica la necesidad de promover un conocimiento capaz de abordar los problemas globales y fundamentales utilizando las tecnologías de la información para inscribir allí los conocimientos parciales y locales, terminando con ello con el desanclaje denunciado por Giddens. Se debe desarrollar, como dice Morin, la aptitud natural de la inteligencia humana para ubicar todas sus informaciones en un contexto y en un conjunto, y para ello las TICs juegan hoy día un papel fundamental.

Otra forma de superar el desanclaje es a través de la enseñanza de lo que Morín señala como la condición humana: su integridad como ser físico, biológico, cultural, social e histórico. La educación debe buscar reconocer la unidad y la complejidad de todo lo humano, debe planearse integrar nuevamente todo lo que concierne a lo humano, superar lo que las ciencias especializadas ha desunido y con un enfoque monista convocar de nuevo la unión de lo diverso, los lazos intrínsecos entre lo social, lo económico, lo tecnológico, lo ético y otras esferas de la vida, la relación dialéctica entre lo universal, lo particular y lo singular que aparece hoy día desvinculado por la irrupción violenta de las tecnologías en la vida humana.

El desanclaje  de la sociedad humana entre el desarrollo de las tendencias globales y los sucesos locales también se supera  con enseñar la identidad terrenal del género humano, su destino planetario, la complejidad de la vida en el planeta, y sobre todo su tremenda crisis ecológica que enfrenta a todos los humanos, como señala Morin a la disyuntiva de la vida y la muerte en una misma comunidad de destino.

Los siete saberes de la educación planteados por Edgar Morin también nos induce a enfrentar la incertidumbre. El desarrollo actual de  la educación debería apostar a la comprensión de lo que Morin señala como las incertidumbres que han aparecido en las ciencias físicas (microfísica, termodinámica, cosmología), en las ciencias de la evolución biológica y en las ciencias históricas. Ello permitiría a la humanidad la superación de muchos de sus problemas a través del diseño de estrategias para enfrentar lo desconocido, lo inesperado, lo incierto usando la información pertinente que este mundo conectado tiene a través de sus diversos nodos. Aprenderíamos a navegar, como señala Morin “…en un océano de incertidumbres a través de archipiélagos de certeza”.

Otra forma de superar el desanclaje a mi modo de ver será asumir también la propuesta de Morin de enseñar la comprensión, de educar para la comprensión, de inducir a la comprensión mutua. Para ello es necesario el cambio de mentalidad, y ello es tarea de la educación en todos sus niveles para que las relaciones humanas salgan de esta situación de barbarie en que se encuentra cuando algunos reciben los beneficios fastuosos de la información, la ciencia, el saber, la tecnología, sumiendo al mismo tiempo a las grandes mayorías de la población planetaria en profundos estados de marginalización. Para ello es necesario destruir sus bases perniciosas como los racismos, las xenofobias y los desprecios en general. Ello sería el camino que abre la puerta a una paz definitiva de toda la especie humana.

Y por último, el desanclaje puede ser abortado si se pone en el centro de la educación lo que Morin denomina una antropo-ética que busca respetar profundamente la condición humana de carácter ternario en su triple relación de individuo-sociedad-especie. No habría desanclaje posible si con una profunda democracia existiera un  control mutuo –señala Morin- de la sociedad por el individuo y del individuo por la sociedad. Agrega el autor que analizamos  que todo desarrollo verdaderamente humano debe comprender el desarrollo conjunto de las autonomías individuales, de las participaciones comunitarias y la conciencia de pertenecer a la especie humana. La gran tarea que tenemos por delante, señala Morin es  desarrollar la voluntad de realizar la ciudadanía terrenal.

1 comentarios:

Belinda Ballart Vagas dijo...

Leer este texto, me hace pensar en lo que habrán sentido los esos tres astronautas que por primera vez vieron ese punto azul en el universo, su tierra, su mundo y lo que debieron pensar "somos de ahí, ese es nuestro mundo", el amor que debe haber surgido en sus corazones, seguro desde esa latitud, no se sintieron estado unidenses, sino, ciudadanos del planeta tierra.
El principal sueño y meta de la educación desde la más tierna infancia, debería ser enseñar a cada ser humano el cuidado de esta casa que nos cobija, una casa a la que hay que amar, respetar y cuidar, todo aquello que esta contiene, cada piedra, cada cerro, cada ser vivo que co-habita con nosotros.
Somos cuerpo, mente y alma. La educación ha dejado de lado el aspecto más trascendental del ser humano, la formación de su espíritu, lo trascendental que nos hace humanos, invisibiliza lo que nuestros pueblos originarios enseñaron generación tras generación, el amor, el respeto y cuidado a la madre tierra. Y como dice nuestro gran Humberto Maturana, "nacemos como seres amorosos", los bebes no nacen odiando, pero si con la facultad, por tanto la esencia de la bondad, el amor al prójimo, está presente como condición humana y como tal somos responsables de cultivarla.
Soy educadora de párvulos y trabajo desde hace 30 años en aula y considero que los educadores debemos entregar conocimientos, pero conocimientos para la vida, para una vida que proteja la vida, la sustentabilidad del planeta, para una vida feliz y plena. Una ciudadanía terrenal como señala nuestro gran y querido Edgar Morin.

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