domingo, 24 de junio de 2012

El complejo proceso logicial del bucle computación/cogitación


Los seres humanos
Morin se refiere a los seres vivientes como sujetos ontológicos-lógicos-rganizacionales. Desde esta perspectiva el sujeto es mucho más que una singularidad físico-química, sino que es fundamentalmente un sujeto egocéntrico, centrado en sí mismo, computando todo lo que sucede a su alrededor en una referencia ego-céntrica. Esta característica autorreferente del sujeto es su cualidad fundamental, porque se pone en el centro de todo, posee un potente “yo” que ve y hace todo para sí. Morin (doctorado, 2012) señala que “…en esto reside el drama del sujeto: se auto-trasciende espontáneamente aunque no sea más que una cresa microscópica, una migaja periférica, un momento efímero del universo).

Morin agrega que los seres  humanos estamos dotados de consciencia, de lenguaje y de cultura y por ello nos transformamos en “individuos-sujetos computantes/cogitantes” capaces de “tomar decisiones, de elección, de estrategia, de libertad, de invención, de creación, pero sin dejar de ser animales, sin dejar de ser seres-máquinas”. La estrategia permite transformar circunstancias difíciles para el sujeto en situaciones favorables.  Es posible entonces tomar decisiones en situaciones ambiguas e inciertas en un doble determinismo, tanto genética como ecológica y socio-cultural, donde también el azar juega un rol. Por ello determinismo y azar no deben desjuntarse. En los marcos de estos determinismo y el azar que le ofrece el entorno, el ser humano desarrolla aptitudes organizadoras que lo diferencian y autonomizan del resto de las especies y de su propio entorno. El ser humano es autónomo, y en esa autonomía se construye y reconstruye permanentemente, define su propia vida.

Es el cómputo el que le da la posibilidad de elección al ser humano en situaciones difíciles de decidir. Con su aparato neurocerebral con su capacidad  –según Morin-  auto-(geno-feno-ego)eco-re-organización, el sujeto puede elaborar un sin número de estrategias.
El ser viviente, al potenciar su cerebro constantemente, va evolucionando en su historia desde una máquina determinista trivial a una no trivial y con ello va desarrollando estas capacidades de elección libremente hasta surgir un sujeto con una organización extremadamente compleja, con niveles inconmensurables de organizador, es decir, el hombre como sujeto consciente, pensante, una subjetividad no común en la naturaleza.

El pensamiento cogitante
Y es el propio pensamiento el que supera la computación del ser humano, flexibilizando su inteligencia, desautomatizándola. Este pensamiento cogitante actúa sobre su actividad computante y la va transformando en el lenguaje, las desarrolla y las comunica a los demás reflexionada, consciente, a pesar de que pudiesen existir actividades computantes infralingüísticas.

La cogitación al desarrollarse a partir de la computación le entrega más capacidades organizadores del pensamiento con la formación de palabras y el sentido que cada una de ellas va teniendo. Surge entonces el discurso y su sentido como un bucle computación à cogitación. El discurso es organizado, reflexivamente analizado, va simultáneamente separando y asociando palabras, ideas y sentidos,  y con ello va logrando que esté siempre contenido en un universal (Kant, citado por Morin), capaz al mismo tiempo de ver ese universal en lo particular: pensar universal, actuar local

La computación cerebral, según Morin,  descompone, aisla y distingue a través del análisis y luego busca realizar una síntesis jerarquizando, reuniendo, globalizando, pero lo hace no simultáneamente sino por separado. Mientras que la cogitación busca al mismo tiempo separar, diversificar lo unido, nucleándolo, uniéndolo al mismo tiempo, percibe lo indiferente en lo mismo y lo mismo en lo diferente, realizando unidad en lo diverso y lo múltiple, en lo uno. Y para ello utiliza según este autor, un logicial de la cogitación con determinados principios/reglas/categorías para asegurar la consistencia de estos procesos  computantes/cogitantes.

      Y en este proceso logicial de la cogitación se produce una especial aparamiento entre el lenguaje y el conocimiento, porque el conocimiento (Rubinstein, 1965) como proceso social e histórico se halla vinculado a la aparición del lenguaje. Maturana (2007: 49) nos dice que “El lenguaje es un fenómeno de convivencia, es un fluir en la convivencia que (describe) como las coordinaciones de coordinaciones conductuales consensuales. Ahora, si esto es así, y lo que uno hace en el lenguaje pertenece a ese espacio, quiere decir que la distinción de sí mismo, el “Yo” pertenece a ese espacio también”.  Este mismo autor nos plantea que “el fenómeno de la autoconciencia pertenece al lenguaje, pero el lenguaje, en tanto coordinación de coordinaciones conductuales consensuales, no es una cosa etérea y con el fluir del vivir y del convivir, de modo que la autoconciencia es una operación en la cual se distingue al que hace la distinción como un fenómeno que existe en la relación, de modo que el yo viene a ser un  fenómeno relacional, una distinción en el lenguaje para la disipación de una corporalidad en un fluir de relaciones conductuales de coordinaciones de coordinaciones. (2007: 240-1); Como dice Beneviste (citado por Morín), "el hombre se constituye como sujeto en y por el lenguaje" y Morin añade: como sujeto consciente, pues el sujeto precede  a la consciencia.

Al mismo tiempo, los planteamientos de Rubinstein nos obliga a hacernos las siguientes preguntas:  ¿es el conocimiento un reflejo del mundo como realidad objetiva. ¿Son la sensación, la percepción, la conciencia las imágenes del mundo exterior? Este autor marxista ha señalado que  fenómenos psíquicos como las sensaciones y las percepciones son “imágenes del mundo externo que existe fuera de la conciencia e independientemente de ella” (idem: 48). Con ello este pensador admite la existencia de los objetos “independientemente de sus imágenes”. Esta es una corriente que se opone y critica al monismo idealista, “ epistemológico” de Mach, quien sitúa la “sensación en el lugar de los objetos” (Citado por Ribinstein: 48). Este monismo materialista dialéctico plantea que el contenido gnoseológico del objeto no puede separarse de ella, por el contrario, señala una correspondencia entre la imagen y el objeto.

Pero ese conocimiento no debe ser comprendido como simplemente un reflejo del mundo como realidad objetiva. Ese conocimiento teniendo un “toque de realidad objetiva” es una objetividad con paréntesis (Maturana, 1995). Hay un círculo genético -como señala Piaget (1966:113)- donde ambos se apoyan “… necesariamente (el uno) en el otro en una formación solidaria y en perpetua acción recíproca…”. Morin agrega que el lenguaje, el hombre y la cultura tienen una relación compleja donde los tres se reconfiguran permanentemente, uno haciendo al otro, el otro haciendo al uno: el lenguaje à al hombre-à a la cultura à al lenguaje à al hombre…. Y así, al infinito en un proceso que va potenciando la inteligencia, la consciencia, el conocimiento y el pensamiento. Y en este proceso complejo se recrea constantemente las hipercomplejidad del cerebro, el discurso y se entiende la complejidad de la realidad, observándola no en una mirada lineal, sino sistémica, desde la totalidad y globalidad desde donde emerge esa realidad, en una relación dialógica –como señala Morin- entre lo abstracto-à lo concreto-à y lo vivido, desde lo más concreto y singular a lo más abstracto y universal, de lo lineal y su entorno más cercano, a lo universal-cósmico, desde la complejidad de la realidad a la complejidad del lenguaje, del pensamiento, de la cultura  y la consciencia, y por supuesto viciversa, dialógico, desde lo universal-cósmico a lo concreto-singular, en un ir y venir sin cesar.

Morin nos señala que la conciencia es comunicación y separación de la imagen con el objeto, de un “sí a sí, de sí a los demás, de sí al mundo” Esta simultánea comunicación/distanciación agrega el autor, favorece, permite el análisis de los diversos componentes, de la complejidad del conocimiento humano con sus componentes como la representación, percepción, lenguaje, lógica, pensamiento, facilitando con ello la introspección, la integración del observadaor/conceptuador en la observación y la concepción. Entonces –señala Morin- la consciencia retroactúa sobre el espíritu y el alma del hombre, modificándolo, reformándolo, recreándolo.

            El cerebro y la mundialidad de la computación y la cogitación

El desarrollo tecnológico ha permitido el surgimiento de la era de la inteligencia artificial, construyendo determinadas máquinas inspiradas en el cerebro humano. Han pretendido imitar las miles de conexiones que él tiene. El cerebro puede ejecutar hasta doscientos billones de operaciones en un segundo simultáneamente (Campbell, 1997). El cerebro no llega serialmente a una conclusión, paso a paso a partir de determinadas premisas o programa, como lo podría hacer un computador. El cerebro humano carece de estos programas, y lo que hace es analizar sucesos a partir de una vasta red de conocimientos, de visiones, de valores adquiridos en su mundialidad, en su vivir constante. Así piensa y razona el ser energocibernético.

Las computadoras hacen cálculos y superan a la mente humana con sus capacidades maratónicas para manipular números. Trabajan con algoritmos que son instrucciones precisas para resolver problemas y que están programados en la máquina que computa. Esos algoritmos no pueden actuar como la mente humana, que frente a un determinado conjunto de información puede descartar parte importante de ella porque podría estimar que no le sirve. La máquina, por el contrario, la utilizaría toda si el programa así lo tiene estipulado (Campbell, idem). Son máquinas que no pueden lidiar con el mundo real. Porque no poseen   los aspectos mundanos de la inteligencia, construidos en el largo proceso de desarrollo de la especie humana y que orientan nuestra cotidianidad. No poseen las características del razonamiento humano que permite trabajar con agrupamientos de sucesos y a partir de ellos, llegar a conclusiones interesantes.

Esta mundialidad vinculada al conocimiento es una ciencia aún en pañales y se separa radicalmente de lo que se denomina sólo como información: no es lo mismo información que conocimiento. El conocimiento no es sólo lógico, es además la historia del cerebro, y en ese sentido los seres energocibernéticos hacen posible su viaje por el espacio porque son capaces de tomar decisiones con los conocimientos que poseen, adquiridos en el contexto cotidiano de su actividad, lo cual les permite entender la información que reciben, transformándolos en nuevos conocimientos. Podríamos decir que el ser energocibernético,
a partir de sus saberes ya sabidos transforma la nueva información en saberes por conocer, es decir, en nuevos conocimientos.

La Inteligencia artificial es un universo abstracto y vacío de cosas materiales, pasivo, mera copia de la experiencia. Piaget (comentado por Campbell, idem) plantea que el conocimiento es activo y que va cambiando en los distintos períodos de desarrollo del ser humano, porque la mente va dotando de sentido al mundo y al ser humano, que se plasman en principios que constituyen su estructura cognitiva y que va construyendo en su interacción con el entorno. La inteligencia humana se manifiesta porque tiene estructuras innatas en su sistema nervioso que le da conocimientos previos. Son conjeturas, al decir de Popper (Campbell, idem:190), “redes en las que tratamos de atrapar al mundo real”. Este autor señala que las opiniones que tenemos no son espejos de la realidad, sino que sólo un conjunto de relaciones que nos permiten interpretar esa realidad con los datos que recibimos.

Los seres energocibernéticos deben ser capaces de construir constantemente esas visiones pertinentes y adecuadas para entender las perturbaciones que el mundo les gatilla constantemente. Y estas visiones no son productos de la existencia de algún patrón que brotó de algún modo, sino que son redes neuronales específicas que evolucionan y aprenden constantemente, se trata de esa mundialidad de que habla Campbell,  de esa historia del vivir en el mundo, desde los orígenes del ser humano como tal, una inteligencia mundana desde el comienzo de sus tiempos, característica que la inteligencia artificial no tiene.

          Podemos concluir con Morin (Doctorado, 2012)  de que “el cerebro se convierte no ya en una máquina suspercomputante, sino tambien en una máquina de pensar, el espíritu no sólo adquiere forma de actividad cognitiva, sino de actividad pensante y consciente. El espíritu, que se despliega y desarrolla, desarrolla y despliega su propia esfera o noosfera (del término griego noos que significa espíritu). El conocimiento ya no es solamente fruto de una organización computante, es fruto de una organización cogitante ---> computante”.

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