miércoles, 2 de mayo de 2012

Algunos elementos para aproximarnos a la comprensión de la didáctica


Para entender el proceso de enseñanza/aprendizaje y el rol que juega la didáctica en él, primero hay que comprender el surgimiento de la autoconciencia en el ser humano en general y del alumno/a en particular. Maturana y Varela [1]nos proponen su teoría de la “circularidad cognoscitiva tautológica” para explicarnos el surgimiento del ser autoconciente. Para explicar el fenómeno de la tautología cognoscitiva, ellos parten de la premisa de que el contenido del conocimiento es el conocimiento mismo, que los sistemas vivos no actúan por instrucciones o información que surgen como anomalía desde el entorno. Ellos sostienen que los seres humanos somos capaces de generar mecanismos explicativos, coherencias operacionales, diversas teorías explicativas que genere por sí misma el fenómeno que se quiere explicar, es decir el fenómeno en el cual el propio observador participa, hablándose por ello de una auto-descripción o auto-conciencia. Estas teorías explicativas son afirmaciones que se validan por sí misma porque el contenido del conocimiento es él mismo, no es especificado por variables independientes de la definición dada. En esto consiste el carácter tautológico del operar cognoscitivo de los sistemas.

Estos autores nos señalan que la auto-conciencia es una actividad experiencial-operacional, es decir, formas de cognición, de afirmaciones (teorías) derivadas acerca de la praxis del vivir que es definida y constituida por el observador. Desde esta perspectiva se debe potenciar la participación de los estudiantes como observadores en la generación de lo conocido. Entonces el estudiante-observador especifica el fenómeno, construye el mecanismo generativo desde sí mismo, crea un fenómeno distinto gracias al mecanismo explicativo (generativo) y luego lo valida.  Y ello se repite recursivamente porque todo hacer nos lleva a un nuevo hacer como un círculo cognoscitivo. Maturana y Varela nos muestran esta nueva perspectiva sobre la naturaleza humana como una nueva cumbre desde la cual podemos visualizar coherentemente el propio "valle donde vivimos", desde donde alumnas y alumnos podrán construir y comprender el mundo que han construido y donde viven en convivencia con otros alumnos en la cultura que viven.

Niklas Luhmann[2] nos señala que el educando no es una "máquina tribial", es decir,  no reacciona a un determinado input produciendo un determinado output, sin tener en cuenta su respectiva situación. Por el contario, los alumnos como "máquinas no tribiales" no responden siempre de la misma manera, sino que lo hacen según su estado momentáneo. Los alumnos/as y las personas en general -continua este autor- son sistemas funcionales diferenciales y no dependen de cuándo y cómo ha empezado algo en el entorno que lo rodea. Lo que para ellos cuenta del entorno al cual pertenecen lo van determinando ellos mismos de acuerdo a criterios propios, internos de cada uno. Los seres vivos en aprendizaje poseen un cierre autorreferencial que implica, según Luhmann que no aceptan que sus conductas son rendimientos o expresiones del input exterior. Es el alumno como ser vivo el que construye todo lo que cuenta en el sistema en el propio sistema. A este fenómeno Luhmann lo denomina circularidad autorreferencial de las operaciones del sistema.

            Ahora bien, si el contenido del conocimiento -como señalan los biólogos- es el conocimiento mismo, y que los sistemas vivos no actúan por instrucciones o información que surgen como anomalía desde el entorno, y que por el contrario, los alumnos son capaces de generar mecanismos explicativos, coherencias operacionales, diversas teorías explicativas que genere por sí misma el fenómeno que se quiere explicar, hablándose entonces de auto-descripción o auto-conciencia. O como apunta el sociólogo alemán, que los alumnos son "máquinas no tribiales" con cierre autorreferncial, la didáctica debe apuntar como ciencia, práctica, tecnología y arte a fortalecer los conocimientos previos que alumnos/as poseen y desde donde se generan los nuevos conocimientos. La didáctica debe ser capaz de construir metodologías de aprendizaje en el alumno/a que fortalezca su autoconciencia o autodescripcción. Debe abandonarse la idea de instrucción a los alumnos/as, de entenderlos como seres tribiales que se comportan y rinden a través de output a partir de las informaciones y comunicaciones o input que reciben. El alumno no es un computador y no procesa información. Por el contrario, es un generador de conocimientos nuevos a partir de sus conocimientos previos.  La didáctica debe fortalecer este proceso de aprendizaje autónomos de alumnos/as.


[1] Maturana, Humberto y Varela, Francisco. “El Arbol del Conocimiento”.  1984

[2] Luhmann, Niklas. #Teoría de la sociedad y pedagogía".  1996

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