jueves, 19 de abril de 2012

Nosotros los seres humanos

El tema central a disipar cuando se trata de referirse a problemas relacionados a la
educación es cómo surge el observador -en este caso alumnas y alumnos-, con capacidad de
realizar explicaciones y descripciones que tengan carácter científico. Los seres humanos
como seres vivos somos una relación dialéctica entre organismo y medio. Nuestra
constitución genética determina el campo de posibilidades donde ocurren los hechos que
vivimos, gatillando el medio al mismo tiempo cambios en nosotros que son especificados
por nuestro propio organismo. Los seres humanos somos máquinas que transforman las
perturbaciones y anomalías del entorno en nosotros mismos, metabolizando dichas
perturbaciones y transformándolas en elementos de nuestra propia organización.


Los humanos somos seres vivos que en nuestro vivir vivimos como unidades
independientes, constituyendo constantemente nuestra autonomía como unidades discretas.
Este operar como unidades discretas se refiere al operar en una dinámica interna y una
dinámica relacional que tiene como producto una continua realización de sí mismos, donde
todo lo que pasa se refiere sólo a nosotros mismos. El ser humano como ser vivo genera la
red de producciones y transformaciones que lo producen y transforman permanentemente.
Dan también origen a bordes, quedando hombres y mujeres como sistemas cerrados sobre
sí mismo y separados del medio por límites. Desde esta perspectiva, los flujos de
perturbaciones que son incorporados en la dinámica de esta red, se integran a la red como
componentes de ella.

En este sentido Maturana define lo humano no como un fenómeno físico, sino como “un
fenómeno relacional. Es decir, históricamente lo humano se da y surge en la dinámica de
relación de los seres vivos como sistemas autopoiéticos determinados estructuralmente con
el origen del lenguaje. Sin embargo, aunque la existencia humana surge en una dinámica
determinista, su ocurrir es un fenómeno histórico, y por lo tanto no está
predeterminado”.

 El ser humano es un ser cultural, es decir, es un modo de convivir en
redes cerradas de coordinaciones recursivas de emociones y haceres en el lenguaje. Estas
redes se manifiestan en el conversar y las distintas culturas son diversas redes de
conversaciones.

Los seres humanos somos una corporalidad, una fisiología, pero al mismo tiempo un modo
de vivir humano que se da en el vivir en una comunidad humana. Maturana agrega que los
seres humanos somos seres que vivimos en un continuo coordinar del emocionar y del
hacer. Pero este modo de vivir humano no esta determinado sólo por la corporalidad a
través de su constitución genética y menos se conserva de esa forma. La vida individual
humana surge en la interacción del organismo con el medio en su hacer y resurge en cada
momento en que se produce el encuentro del organismo con el medio, es decir, el ser
humano se recrea en su constante interacción dinámica en el coordinar recursivo del hacer
entre dos o más sistemas independientes.

La recreación constante de los seres humanos no surge solamente de fenómenos causales
locales, sino que son fruto principalmente de determinadas coherencias históricas creadas
en comunidad por los seres humanos en su co-devenir ontogénico, es decir, en la historia de
transformaciones de los seres humanos como seres vivos producto de una historia de
interacciones a partir de su estructura inicial. Nosotros somos en ese sentido, el presente de
esta dinámica histórica espontánea de la constitución y conservación del ser humano. El
vivir se da, entonces en la realización de este modo de vida humano como ser vivo
autopoiético en un proceso dinámico de emergencia histórica de lo humano.

Entender el modo humano de su vivir plantea a la educación una forma de aprendizaje que
consiste fundamentalmente en participar en esta emergencia histórica de lo humano
fortaleciendo su adaptabilidad a un entorno siempre cambiante con conservación de la
identidad y autopoiésis que le son propios. Esto implica el respeto por su ser, por sus
coherencias operacionales creando los ambientes de conocimientos necesarios para que
estas coherencias estructurales que definen su modo de ver y lo transforman
permanentemente se puedan modificar y desarrollar. La transformación de los jóvenes en
su encuentro con profesoras y profesores debe realizarse a partir del respeto por ellos, es
decir, debe constituirse en un proceso biológico natural y espontáneo que permita
incorporar en las alumnas y alumnos estos nuevos elementos culturales asumidos y
transformados en elementos de ellos mismos, productos de su propia organización
autopoiética. En este proceso de enseñanza/aprendizaje las alumnas y alumnos deben
comportarse espontáneamente como sistemas vivos de organización circular, que en
palabras de Maturana y Varela hace emerger los fenómenos biológicos como sistemas que
se realizan y existen en la continua producción de sí mismo.


30 Maturana, Humberto y Varela, Francisco. “De Máquinas y Seres Vivos. Autopoiesis: la organización de
lo vivo.”. 1994.
31 Matura, Humberto. Transformación en la Convivencia”. 1999. Pág. 194.

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