sábado, 7 de abril de 2012

LA CALIDAD DE LA EDUCACIÓN: Una búsqueda compleja en el Liceo Claudio Arrau León de Doñihue.

MAGÍSTER EN GESTIÓN PEDAGÓGICA Y CURRICULAR
CURSO: TECNOLOGÍAS INNOVADORAS



Autores del Artículo: José González Farías; María Angélica Vásquez Salinas;     Patricio Vásquez Salinas          
Grupo del  MAGÍSTER DE LA UNAB EN GESTIÓN PEDAGÓGICA Y CURRICULAR
CURSO: TECNOLOGÍAS INNOVADORAS  del cual soy profesor


1.      INTRODUCCIÓN

La calidad de la educación es el tema principal de este trabajo, aunque  también nos referimos a los temas  de la complejidad y la innovación tecnológica,  tratando de ver la aplicación de dichos temas en la realidad del liceo Claudio Arrau León de la comuna de Doñihue.

El tema de la calidad  es por cierto muy controvertido, nunca concluido, abierto al debate, y que genera posiciones antagónicas en lo referido a lo que debería ser la Educación de calidad que “entregan” los establecimientos educacionales.

Para  muchos la calidad está demostrada en los resultados de las mediciones estandarizadas como el SIMCE y la PSU, evaluaciones que sólo miden o evalúan los aspectos cognitivos (o los aprendizajes de conocimientos conceptuales la mayoría de las veces) de los estudiantes, pero que deja de lado ámbitos como lo afectivo, valórico y motriz.
Pretendemos acercarnos al concepto de calidad, de manera que nos permita discutir, reflexionar y comparar diversas posturas respecto del tema en discusión.  Además de vislumbrar, qué tan lejos está de las teorías, metodologías y epistemologías que se manejan actualmente, uno de los establecimientos en que nos desempeñamos: el liceo Claudio Arrau León, de Doñihue.

Hablar de la calidad de la educación en Chile nos lleva a un tema altamente controversial y complejo, en donde los acuerdos aún no están completamente establecidos ni el concepto claramente definido. Menos aún se puede hablar de medición de la calidad como lo indica la sigla SIMCE. Podemos medir la calidad de diversos productos, una fruta, por ejemplo, podría ser medida por su peso, su forma y hasta su sabor. Pero, los fenómenos sociales, tal como la educación, no pueden ser medidos, sino evaluados y, es en este aspecto, donde queremos enfocarnos y no limitarnos únicamente en la evaluación del logro escolar.

Es fundamental que al hacer referencia a calidad de educación, también se señale y discuta la importancia de la innovación tecnológica y cómo ésta contribuye a la consecución de una educación de calidad propia del contexto global en que estamos insertos.


2.      PALABRAS CLAVE
Calidad, SIMCE,  Complejidad, Innovación Tecnológica, Sociedad del Conocimiento,  
  
3.      MARCO TEÓRICO
3.1 Complejidad

La sociedad de la información y  del conocimiento en la cual estamos insertos, nos obliga a pensar la realidad como una construcción cuyos componentes constituyen un entramado que la convierten en algo muy complejo. Es por eso que  el Paradigma de la Complejidad nos permite observar y comprender la realidad de acuerdo a concepciones que tienen un muy diverso origen, pero que por lo mismo, amplían la mirada del que quiere acercarse con nuevas herramientas teóricas, metodológicas y en definitiva epistémica a la realidad.

“El pensamiento complejo es una estrategia de organización del conocimiento radicalmente diferente a la concepción clásica fundada en el paradigma positivista” (www.pensamientocomplejo.com.ar, octubre 2011), que como sabemos estudia la realidad desde los hechos individuales, aislados o simples y no en interacción con otros elementos que le otorgan la complejidad que en realidad poseen, pues no pretende abarcar la totalidad (o completud) de los fenómenos estudiados.

En palabras de Clara Romero (2011: 2)  “Los valores epistémicos que motivan esta reforma del pensamiento son, entre otros, los siguientes”:
a)      Conocer para hacer, es decir combinar teoría y práctica
b)      Conocer para innovar, en otras palabras conocer para crear nuevos conocimientos.
c)      Conocer para repensar lo conocido o pensado, para estudiar o intervenir la realidad.

El Paradigma de la Complejidad nos permite señalar que la naturaleza o la sociedad no son sistemas estáticos sino en permanente movimiento y, por lo tanto, al estudiarlos debemos considerar dicha característica. El pensamiento complejo pretende “integrar todos los elementos que puedan aportar orden, claridad, distinción, precisión en el conocimiento, pero rechaza las consecuencias mutilantes, reduccionistas, unidimensionalizantes que puede producir una simplificación abusiva” (Solís, 2011:1).

Pero, “¿qué es  complejidad? A primera vista es un tejido de constituyentes heterogéneos inseparablemente asociados, que presentan la paradójica relación de lo uno y lo múltiple. La complejidad es efectivamente el tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares, que constituyen nuestro mundo fenoménico” (Morín y otros, 2003: 54). Sin embargo, no debemos confundir complejidad con complicación o enredo puesto que lo que pretende es salir de una manera  de pensar simplificadora - aunque sin menospreciar lo simple-  sabiendo que la complejidad está en la base.

 “Se puede decir que aquello que es complejo recupera, por una parte, al mundo empírico, la incertidumbre, la incapacidad de lograr certeza, de formular una ley eterna, de concebir un orden absoluto. Y recupera, por otra parte, algo relacionado con la lógica, es decir, con la incapacidad de evitar contradicciones” (Morín y otros, 2003: 54). Esto claramente es distinto a lo que la educación formal muchas veces plantea al entregar “bloques de conocimiento” que tienden hacia la especialización,  sin mirar los vínculos que existen entre los diversos saberes que estudian la realidad.

         El pensamiento complejo, es un pensamiento que postula la “dialógica, la recursividad, la hologramaticidad, como sus principios más pertinentes” (Morín y otros, 2003: 65). Una breve descripción de estos principios nos lleva a sostener que: el principio dialógico permite mantener la dualidad en el seno de la unidad; el segundo principio de recursividad, sostiene que los productos y los  efectos son, al mismo tiempo, causas  y productores de aquello que lo produce. El principio hologramático postula que no sólo la parte está en el todo, sino que el todo está en la parte.

De acuerdo a esta breve descripción de los  principios básicos del pensamiento complejo, es que intentaremos ver más adelante, en el apartado de aplicación, el uso u olvido de estos principios, especialmente en la sala de clases,  del liceo Claudio Arrau León. 

3.2 Calidad

Existen distintos caminos para llegar a la calidad en la educación. Algunos nos señalan el camino de los números: mejores puntajes en el SIMCE y la PSU, mejores rendimientos, mayor cantidad de alumnos aprobados, menor cantidad de repitientes, menor cantidad de deserción, etc.

Respecto de este tipo de instrumento, una de las integrantes del equipo que lo creó nos señala: “Como calidad métrica el SIMCE es excelente. Ahora, como uso, el SIMCE es pésimo…….nosotros lo hicimos con una intención bien definida: proporcionar información externa principalmente a los profesores y directores, para que tuvieran un elemento más para identificar sus fortalezas y sus debilidades. Es una forma de proporcionar información y punto. No es calidad de la educación” (Erika Himmel Köning, 2011). Queda claro que el uso que se le ha dado a los resultados del SIMCE ha  desvirtuado el objetivo principal, al realizar con ellos ranking de escuelas, suponiendo equivocadamente que dichos resultados, son evidencia de la calidad de la educación que cada escuela entrega.

Creemos que el camino no está en esas evaluaciones estandarizadas puesto que “los resultados de las pruebas estandarizadas aplicadas al aprendizaje no muestran si una escuela es más buena o menos buena que otra, sino la diversidad socioeconómica y cultural de los sectores de que provienen los alumnos, a lo que se agregan los resultados de la selección que las escuelas subvencionadas privadas y privadas hacen de ellos” (Redondo, 2012).  Pese a la afirmación anterior, no ignoramos que los docentes  jugamos un papel fundamental en la formación de nuestros alumnos a través de la actividad pedagógica que desarrollamos en el aula. Más aún, cuando investigadores como Juan Casassus (2003: 86 y 87), nos han demostrado que: “respecto de una situación que se da en la escuela hay variables que son alterables en el corto plazo y variables estructurales que no son alterables en el corto plazo”. En relación a  las primeras, en el ámbito del alumno y su contexto familiar, el autor nos señala que pueden cambiar en el corto plazo, “el interés y participación de los padres en la educación de los hijos, o la disposición del estudiante hacia el trabajo en clases”. En el ámbito educativo, se pueden incluir “la gestión pedagógica llevada a cabo por el docente en el aula”, que incluye “las técnicas pedagógicas, las expectativas de los docentes hacia sus alumnos, los materiales didácticos simples, la capacitación y el perfeccionamiento”. Todo lo anterior nos demuestra claramente que muchas de las variables que influyen en la calidad de la educación son de carácter interno, por lo que los de carácter externo ya no tienen un papel tan protagónico o de peso, como el que se le había asignado habitualmente.

3.3.            Innovación tecnológica

Por otra parte, tampoco podemos decir que el mejoramiento de la infraestructura o la adquisición de medios tecnológicos (computadores, pizarras interactivas o tablet) por sí solos, conllevan a mejorar la calidad educativa. Más aún cuando estos elementos con frecuencia,  no son considerados “extensiones tecnológicas del cerebro”.

La ubicuidad, característica  de los aparatos tecnológicos actuales permite desarrollar y pensar el conocimiento a partir de una net-epistemología, vale decir, una epistemología que funciona a través de los recursos de la red de internet y que abre un mundo de posibilidades de interacción con datos, información, nuevos conocimientos  -en la medida que exista una explicación-, personas, grupos, a través de, por ejemplo, una aula virtual, video conferencias, chat, etc.  Se trata, por tanto, de lograr que dichas posibilidades o escenarios educativos diversos de los habituales, sean aprovechados y comprendidos como un apoyo al aprendizaje en cualquier lugar y en cualquier momento.  

Desde esta perspectiva, Burbules (2011:21) señala que la combinación de la portabilidad de los dispositivos y la expansión de la conexión inalámbrica permite que el aprendizaje suceda en cualquier lugar y momento: en la casa, en el trabajo, en el bar, en la biblioteca. Una de las formas más efectivas de observar el impacto de las tecnologías en la escuela surge a través de la relación entre la escuela y los otros ambientes de aprendizaje.

Por lo tanto, resulta fundamental fortalecer en los estudiantes el buen uso de las tecnologías, ya que éstas han generado una nueva dinámica en la relación entre personas y un elemento más de complejidad en el ámbito educativo.
Las tecnologías de la información y la comunicación son la base de un nuevo tipo de relaciones, las relaciones en red. Estas permiten no sólo la digitalización electrónica, sino que también importan los efectos de integración, interconexión y formación de redes. Son las tecnologías las encargadas de aportar complejidad al proceso de aprendizaje, debido a que hacen posible la convergencia entre diversos medios de comunicación y también entre múltiples y diferentes actividades que por mucho tiempo se mantuvieron separadas (Brünner, J.J., 2003: 77)

Sin embargo, sabemos que lo anterior no es suficiente.  La relación e interacción del tutor- aprendiz es la que permite la generación de nuevos conocimientos en todos los ámbitos. En palabras de Ausubel, el “conocimiento nunca se da en el vacío y en el proceso de desarrollo permanente de la estructura cultural del observador se puede dar el “anclaje”, conectándose con conocimientos previos”. Por su parte, y a diferencia de Ausubel, Feuerstein, plantea que “la estructura cognitiva es modificable pero sólo a través de un mediador”, puesto que el ser humano es un organismo “abierto y receptivo al cambio, haciendo que su estructura cognitiva sea modificable”. El profesor  no debe ser un mero transmisor de información o de significados, sino que debe reflexionar sobre su práctica formulando “hipótesis sobre los procesos mentales que tienen lugar en los alumnos y en los procesos sicosociales dentro del grupo curso” (Yanes, 2012: 112-113). 

Entonces, resulta necesario un replanteamiento serio y riguroso de las técnicas de enseñanza tradicionales. Existe una gran necesidad de diseñar entornos para aprender: espacios con recursos, enlaces, conexiones con personas y herramientas que nos ayuden a aprender, pensando más allá de las aulas. (Grané, 2011: 68)
En este momento, en que la web es un entorno social y participativo, los jóvenes no se conectan sino que están conectados. La información se comparte, la inteligencia es colectiva y los desarrollos pueden hacerse de forma colaborativa. El aprendizaje es social, entre iguales y entre diferentes, autónomo, libre, y a veces no está ni siquiera planificado; es formal, no formal, informal y puede darse en cualquier momento. Pero es un aprendizaje constructivista, requiere una autorregulación del que aprende, para llegar a ser aplicable, útil y significativo. (Burbules,  2011: 21)

Sólo de esa manera, dialogando con nuestros alumnos, negociando significados, formulando hipótesis, estimulando la defensa  de argumentos, partiendo de los conocimientos previos, siendo “capaces de adaptarse a los cambios tecnológicos, (y) a los cambios del conocimiento”  (ya que los conocimientos pueden quedar rápidamente obsoletos), estaremos estimulando la construcción de nuevos conocimientos y saliéndonos de un esquema de transferencia de ellos. “El buen aprendizaje tiene lugar en procesos y contextos transaccionales, no en procesos meramente transmisivos, en los cuales el alumno logra intercambiar, negociar diría Bruner, sus hipótesis, sus ideas, sus significados, con lo que aparece en el libro, con lo que dice el profesor, con lo que plantea el otro alumno, etc.” (Molina, 2000: 42). Molina agrega que “los sujetos que participan en el proceso educativo están funcionando en un ámbito interaccional, transaccional, dialógico, negociador”. Queda claro con dichos argumentos que la relación profesor-alumno, o tutor-aprendiz, es de la mayor relevancia ya que implica la creación conjunta de conocimientos nuevos y no la reiteración de lo que dijo o expresó el profesor, como habitualmente ocurre en las aulas chilenas, en que se plantea la relación como vertical de tutor-aprendiz, como de alguien que sabe (tutor), o sabe más, hacia el que no sabe (aprendiz) o sabe menos. Planteadas así las cosas, como una relación transmisiva y no constructiva, impide un aprendizaje que sirva para enfrentar la incertidumbre, el error y la simplificación.

Existen  múltiples posibilidades y ejemplos del cómo incorporar las innovaciones tecnológicas en el trabajo de aula. Por ejemplo, se pueden usar los juegos y la simulación en la clase de historia, como forma de alentar a los jóvenes a reflejar preguntas del tipo “qué hubiera pasado si”, intentando ejecutar ejercicios de historia contrafactual; cuestionamientos que permitan, de este modo, entender la profunda lógica de los análisis históricos, en lugar de simplemente reproducir los datos del pasado.

Los maestros tienen que despojarse del aura de autoridad absoluta cuando ingresan a un mundo en el que nadie sabe todo, y en el que todos tienen un valor potencial para contribuir (Jenkins, 2011: 80- 81).

4.      Aplicación

En relación a la realidad del Liceo en donde nos desempeñamos, los indicadores cuantitativos como los resultados en el SIMCE o la PSU no son los mejores, sin embargo, el Liceo es reconocido por la comunidad en que está inserto, por su permanente preocupación  en la formación valórica de sus alumnos, además de contar con un cuerpo docente y directivo, con una formación profesional idónea,  con resultados de competente y destacado en la Evaluación Docente y que realizan habitualmente cursos de perfeccionamiento tales como licenciaturas, diplomados, magíster y hasta un doctorado.

Además, existe una constante preocupación por elevar los niveles de desarrollo de la ciencia y el uso de la tecnología a través del impulso de diversos proyectos y generación de redes de apoyo. Por ejemplo, proyectos relacionados con el cuidado del medioambiente con la creación de una Estación Meteorológica (convirtiéndose en el segundo liceo en Chile que dispuso de ella) y la fabricación de compost utilizando los desechos proveniente del comedor escolar, con lo cual nuestros alumnos (as) lograron ser  líderes a nivel comunal puesto que debieron ser tutores de otros niños al crearse una red con varios colegios de Educación Básica a los cuales también se les instaló este recurso al segundo año. Todo esto les dio la oportunidad de ampliar su visión de mundo y fortalecer los niveles de tecnologización e información a través del uso de instrumentos metereológicos y el manejo de diversos datos. No obstante, estos avances son muy pequeños, no son equitativos, no todos los educadores participan de ellos pues no tienen el tiempo ni la disposición para realizar y apoyar tareas como ésta.
También creemos que es necesario asumir una propuesta curricular con un diseño integrado de todas las asignaturas para desarrollar en nuestros alumnos y alumnas competencias como espíritu crítico, comprensión de la realidad social, económica, política y cultural. Sin embargo, éstas son sólo pequeñas luces a través de proyectos de mejoramiento que duran un tiempo determinado y en los cuales la evaluación es un importante factor para la continuidad de ellos.

Cabe mencionar, también, lo que se refiere a recursos materiales, especialmente tecnológicos, pero fundamentalmente, al uso que se hace de ellos. En el Liceo existe un laboratorio adecuado en su infraestructura, que cuenta con computadores en buen estado, con notebook, banda ancha, data, impresora, recursos de uso frecuente, con la posibilidad, incluso, de ser utilizados fuera del horario de clase, a disposición de los alumnos, los jóvenes se manejan con los software de aplicaciones básicas (Excel, internet, planilla electrónica, procesador de texto, presentaciones de Power Point, correo electrónico, etc.) Pero, pese a todo este manejo de las tecnologías, como parte del trabajo académico desarrollado por profesores y alumnos, muchas veces éste se limita a la ejecución de algunas tareas y actividades, que en lugar de ser ejecutadas en la sala de clases, usando pizarrón, cuadernos y textos de estudio, utilizan el laboratorio de computación, elaborando los mismos trabajos y empleando los recursos disponibles de la manera más simple posible. Un ejemplo claro de esto, y de la incomprensión del valor de las tecnologías, es la instalación de programas que impiden o censuran el uso de ciertas páginas web al interior de los laboratorios. Las páginas bloqueadas por estos sistemas corresponden frecuentemente a aquellas que se usan como redes sociales (facebook, twitter, chat, entre otras).

Por otra parte, como se dijo en el marco teórico, en relación a los principios del pensamiento complejo: el dialógico, el recursivo y el hologramático, cuando se piensa en el primero, en relación a lo que sucede en el liceo,  se observa que la interacción que se da entre tutor y aprendiz, generalmente, es de carácter vertical, es decir, se piensa la relación en términos transmisivos, entre alguien que sabe (el profesor) hacia alguien que no sabe o sabe menos (alumno). No se piensa en la relación pedagógica como la construcción conjunta de aprendizaje, de ambos protagonistas (tutor-aprendiz). Generalmente no se plantea la relación en términos dialógicos, de pensar por ejemplo, lo global y lo local como una dualidad en el seno de una unidad. Se piensa que lo local ha sido “tragado” por lo global, y por lo tanto habría que hacer el esfuerzo por rescatar lo local.

El autor  Martiniano Román Pérez (2005: 11), por ejemplo,  habla de lo “glocal” para significar la unión de ambos conceptos, pero conservando la dualidad global y local.

El principio de recursividad, pocas veces se aplica. Se piensan los fenómenos sociales o naturales, en términos de una direccionalidad lineal, como fruto de una causa. Esto es fácilmente comprobable en, por ejemplo ciencias sociales, en que hechos importantes como la independencia de los países americanos, se presenta como consecuencia de varias causas directas e indirectas, pero no se ven esas mismas causas como efectos del mismo proceso.

Respecto del principio hologramático, no se observa que en el liceo se plantee enseñar un conocimiento que dé cuenta que lo que se enseña es parte de un todo más general, así como la parte está en el todo, ya que muchas veces los contenidos se plantean como islas sin vinculaciones más generales y profundas que realmente poseen. Se busca la simplificación y no la complejidad, entendida como tejido y no como complicación, que nos ayude a comprender mejor los fenómenos sociales y naturales.

Los conocimientos en el liceo, son “entregados” por el liceo como, conocimientos completos, terminados (bloques de conocimiento). Sin embargo, para el pensamiento complejo,  enseñar no implica enseñar un conocimiento completo. El pensamiento complejo rechaza la completud. “Un pensamiento complejo nunca es un pensamiento completo. No puede serlo. Porque es un pensamiento articulante y multidimensional” (Morín 2003: 66,67).

         En el ámbito del currículum formal o  entendido de forma restringida como programas de estudio, se plantea en el liceo como una realidad asignaturista o separado y no integrado. Precisamente lo que el pensamiento complejo pretende  mostrar son “las articulaciones entre dominios disciplinarios fracturados por el pensamiento disgregador (uno de los principales aspectos del pensamiento simplificador)” (Morín 2003: 67).

         Por su parte, la autora Clara Romero (2011:2) destaca la dualidad  teoría-práctica, la innovación para crear nuevos conocimientos y conocer para repensar lo pensado. Todo lo anterior, marca este cambio de paradigma que debería llevar al liceo a emprender la tarea de entregar una educación y estrategias para la vida. Sin embargo, se plantea como reproductora de conocimientos de otros, los cuales son replicados como verdades absolutas y finales por los alumnos a petición de los profesores, en  evaluaciones o pruebas que reproducen lo que el profesor o el libro les enseñó. Esto es lo que hay que cambiar para poder comprender y modificar la sociedad en que nos desarrollamos y convivimos.

         “El pensamiento complejo sabe que existen dos tipos de ignorancia: la del que no sabe y quiere aprender y la ignorancia (más peligrosa) de quien cree que el conocimiento  es un proceso lineal, acumulativo, que avanza haciendo luz allí donde antes había oscuridad, ignorando que toda luz también produce, como efecto, sombras” (Morín 2003: 67-68). El liceo parte de la base de que a la certeza se llega mediante la entrega de conocimientos acabados, finales (bloques de conocimiento) que las ciencias han alcanzado, sin considerar que la labor del liceo debería ser, enseñar a “aprender a aprender”, o sea a aprender constantemente y toda la vida,  a caminar a partir de la ignorancia, la incertidumbre y  la confusión. Eso no significa que los seres humanos no busquemos legítimamente ciertas seguridades, pero no podemos  ignorar la presencia constante de la “oscuridad” en nuestras vidas. O como lo dice el mismo Morín (2011: octubre) en otro escrito: “la primera e ineludible tarea de la educación es enseñar un conocimiento capaz de criticar el propio conocimiento”.


5.      Conclusiones:
1.      El mundo actual nos exige como educadores un papel de orientadores y mediadores de los modelos pedagógicos, que se han construido con aportes de muchas ciencias humanas (psicología, antropología, filosofía, semiótica), para que sean llevadas al aula “en el marco de un enfoque sistémico, holístico tecnológico y complejo que permita entender la actual sociedad del conocimiento”. La calidad de la educación no se mide, puesto que por ser un fenómeno social, ella se evalúa. Un fenómeno tan complejo como la educación no se puede reducir a la medición de aprendizajes cognitivos, dejando fuera ámbitos tan importantes como el afectivo, valórico y motriz.  Pensamos que  el camino para  lograr la calidad en educación está en la formación de seres integrales, es decir, focalizando los esfuerzos no sólo en el ámbito cognitivo sino en el desarrollo de todas las capacidades y dimensiones del alumno que lo llevarán a construir su propia identidad y así no sólo insertarse sino convertirse en un agente transformador o sujeto histórico-crítico de la sociedad.

2.      No basta con llenar de computadores las escuelas, como si fueran entes independientes del cerebro humano, para que  los jóvenes se incorporen  al mundo de la información, puesto que ésta debe convertirse en conocimiento para que realmente tenga impacto en los estudiantes.  “…la incorporación de sólo tecnología no asegura aprendizaje. Sólo permite recolectar datos y ordenarlos como información. La generación de nuevos conocimientos a partir de ellos exige procesos metodológicos y epistemológicos de bastante complejidad. Es la convergencia de ambos procesos –tecnología y epistemología- lo que asegura calidad de la educación, la transformación de alumnos y alumnas  en seres energocibernéticos y anticaosógenos”  (Yanes, 2011:1).

3.      Para optimizar el uso de las tecnologías en la escuela, el primer paso, tras la implementación material y de recursos, es capacitar a los docentes en el uso de ellas, para que junto a los estudiantes sean los forjadores de los nuevos conocimientos. Y quizás sea ella la tarea más compleja, debido a que se deben emparejar las competencias de los inmigrantes tecnológicos (profesores) y los nativos tecnológicos (alumnos). Conseguido esto, las tareas siguen incrementando su complejidad. Correspondería determinar metodologías apropiadas para traspasar la ingente información y datos disponibles en nuevos aprendizajes (Yanes; 2011).

4.      El problema ya no es la búsqueda de la información, ese asunto está resuelto. Ahora, corresponde “aprender a aprender” y enseñar a seleccionar, a evaluar, a interpretar, a clasificar y usar dicha información. Según palabras de José Joaquín Brünner (2003: 82) “hay una cuestión adicional envuelta aquí: cómo desarrollar las funciones cognitivas superiores –funciones de identificación y resolución de problemas, planteamiento, reflexión, creatividad y conocimiento en profundidad- que son indispensables en un medio saturado de información, evitando así que la enseñanza quede reducida al nivel de destrezas elementales únicamente”.

5.  El Liceo es una institución compleja, los alumnos son sistemas complejos, el contexto es un sistema complejo, por lo tanto, es una mirada sistémica, holística y compleja la que permitirá entender y mejorar los procesos pedagógicos que redundará en la mejora de la calidad de la educación. Lo anterior implica una nueva relación  y formas de pensar  la interacción tutor-aprendiz, además de que la calidad “está estrechamente vinculado con la comprensión del tipo de sociedad en que se vive, los avances de la ciencia y la tecnología para configurar nuevas visiones y con los modelos pedagógicos”.

6.  Desde la experiencia docente vivenciada por los autores de este trabajo, se puede señalar que la distancia que existe en el uso de los medios tecnológicos por parte de los profesores está muy por debajo de los conocimientos y habilidades adquiridas por los estudiantes. Esto genera desconfianza por parte de los docentes y algo de distancia hacia el uso de estos implementos.  Sin embargo, “Si los educadores no estamos en la red, si hoy no participamos del conocimiento colectivo que estamos creando los ciudadanos del mundo, no podremos ayudar a crecer a nuestros alumnos. Los educadores debemos ser mediadores entre contenidos, redes, personas, recursos, herramientas, y entre el grupo de alumnos y alumnas” (Grané, 2011:69).

7.      La observación de la realidad educativa que muchos colegios vivenciamos está muy lejos de las tendencias educativas actuales, que demandan uso de tecnologías que muchas veces no son entendidas como extensiones del cerebro, sino que más bien como aparatos novedosos que nos introducen en mundos virtuales de los cuales no formamos parte.

Nuestro deber como pedagogos o profesionales de la educación es acercar estos dos polos, de manera que la construcción de la calidad en los procesos pedagógicos, sea entendida como un proceso dinámico, en permanente cambio y construcción. Y no un producto hecho, determinado y estático que sólo es resultado y no proceso en construcción.

8.     De forma parecida ocurre la interacción de profesores y alumnos en la sala de clases en que se apela  a actividades que movilizan los cuerpos, en lo que se llama, “clases interactivas”, en vez de poner el acento en movilizar las ideas, el cerebro en definitiva. El papel del pedagogo seguirá siendo el de movilizador de dichas ideas, estimulador de ideas creativas, pero no el de transmisor que entrega un conocimiento supuestamente acabado. El concepto de calidad, es un proceso dinámico, hasta podríamos decir que es un ideal que perseguimos pero que carece de definición única y por lo tanto limitada.
  
•          BIBLIOGRAFÍA GENERAL

1.      Brünner, José Joaquín. “Educación e Internet ¿La próxima revolución? Fondo de Cultura Económica. México, primera Edición, 2003.
2.      Casassus, Juan. La escuela y la (des)igualdad. Editorial Lom. Primera edición marzo de 2003.
3.      Gvitrtz, S., Necuzzi, C., “Educación y tecnologías: las voces de los expertos”. Edición CABA: ANSES, Primera Edición, 2011.
4.      Himmel Köning, Erika. “Revista Docencia” (Contratapa). Año XVI, Santiago de Chile,  diciembre 2011.
5.      Morín, Edgar, Roger Ciurana, Emilio, Motta, Raúl. “Educar en la era planetaria”. Editorial Gedisa, primera edición 2003.
6.      Morín, Edgar. “Los siete saberes según Edgar Morín”. Consultado en octubre de 2011.
7.      Redondo, Jesús y otros. “Equidad y calidad de la Educación en Chile”. Consultado en el sitio www.opech.cl en marzo de 2012.
8.      Román Pérez, Martiniano. “La sociedad del conocimiento y refundación de la escuela desde el aula”, Editorial Universidad del Mar,
9.      Solis, Lucia. “El Pensamiento Complejo”. Artículo consultado en el sitio www.pensamientocomplejo.com.ar en octubre de 2011.
10.  Romero Pérez, Clara. “Paradigma de la complejidad, modelos científicos y conocimiento educativo”. Universidad de Huelva, 2011.
11.  Yanes Guzmán, Jaime. “Calidad de la educación (Crítica al libro de Mario Waissblut “se acabó el recreo”)”. Artículo consultado en www.pensarlopensado.cl  en marzo 2012.
12.  Yanes Guzmán, Jaime. “Las Tic y la crisis de la Educación”. Biblioteca digital Virtual Educa, consultado en marzo de 2012.
13.  Yanes Guzmán, Jaime. Apuntes de clases, sábado 10 de marzo 2012.
14.  Yanes Guzmán, Jaime. “El mLearning y el aprendizaje en el sistema educacional” (26 de noviembre de 2011). Artículo consultado en www.pensarlopensado.cl




2 comentarios:

Ange Danielle dijo...

Buenas tardes, interesantes aportes. Por favor, podrían compartir todas las referencias mencionadas en el documento, cómo la de Grane 2011. Gracias, muchos éxitos.

Jaime Yanes Guzman dijo...

Todo lo que está en el Blog es para compartirlo, pero siempre señalando el origen.
Saludos

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