sábado, 11 de febrero de 2012

El objeto, la objetividad, el sujeto y el pensamiento vinculante


El paradigma newton-cartesiano plantea que es posible percibir la realidad cotidiana en términos de objetos independientes, separados unos de otros. Son objetos aislados sometidos a leyes objetivas universales. El objeto se pensaba en plenitud ontológica y autosuficiente en su ser (Morin), como entidad cerrada, constituyente de sus propias propiedades sin ningún tipo de participación del entorno.
Desde esta concepción se concluye además que en la actividad de la ciencia es posible acumular los datos de estos objetos en desunión a través del análisis mediante la observación y modelos conceptuales, preferentemente en lenguaje matemático. La cuantificación –que era la expresión de objetividad por definición- era considerada un criterio fundamental de la investigación científica. Su realidad objetiva se descubría cuando se le aislaba experimentalmente, cuando el objeto se podía descomponer y analizar en sus partes.
Se entendía por objetividad cuando los objetos eran comprendidos en forma independiente tanto del observador como de su medio natural, y desestructurados en pequeñas partes muy simples hasta llegar a su unidad bases o átomo. El observador/conceptuador no participa en su construcción con sus visiones de entendimiento y culturales (Morin). Esta manera de ver la realidad también se le puede denominar objetividad trascendental o sin “paréntesis” (Maturana y Varela). Desde esta mirada se asume que la existencia se manifiesta con absoluta independencia del observador que la conoce, ciego y sordo a la participación de él o ella en la constitución de lo que aceptan como una explicación de ella. La realidad vista de esa manera es lo que ellos entienden por dominios de realidad objetiva. Y esa realidad objetiva es sostenida como un dominio único de realidad con una referencia trascendental para validar las explicaciones que él/ella dan: religiones, leyes de la naturaleza y/o la sociedad que es de donde se intentan continuamente explicar su praxis del vivir, reduciéndolo todo a ello.
Lo anterior los transforma en poseedores de la verdad objetiva, y a partir de esta supuesta verdad, obligan a los demás sin miramientos con los posibles desacuerdos de los demás, transformando sus argumentos de supuesto carácter objetivo en petición de obediencia para los demás. En definitiva, la realidad objetiva existe independientemente de qué hacen ellos, con que visión la ven: ellos/as dicen percibirlas tal como son (Maturana, Varela).
Sin embargo, el mundo no es una colección de objetos independientes sino una red de relaciones entre las diversas partes de un todo unificado. Las tradiciones espirituales indúes reconocían la relatividad, la interconexión y la impermanencia como aspectos fundamentales de la realidad física. La filosofía bootstrap (ver Capra,2003) plantea que en esta red dinámica de sucesos interrelacionados, ninguno de ellos es fundamental, porque todas las partes se configuran a partir de las propiedades de las otras partes, y la consistencia consigo misma y con la totalidad de las interrelaciones determina la estructura de la totalidad de lo real.
Según esta teoría, en el universo existirían partículas (fotones: de luz y electromagnéticas) con propiedades únicas, incluso la de carecer de masa. Esta propiedad de dichas partículas les permite actuar dentro del resto de las partículas, provocando pequeñas perturbaciones, pero suficientes para provocar cambios significativos no sólo en la partícula donde actúan, sino que a través de ellas en toda la red cósmica.
Estos sucesos de apariencia débil, aislados modifica las características de la observación y la medición y de la realidad objetiva. Un observador en apariencia ve objetos fijos, aislados, interrelacionados pero casi sin movimiento. No ve este potente proceso de transformación constante de todas las partículas por la influencia de estos sucesos débiles, pero que transforman constantemente la globalidad de la red interrelacionada.
Entonces podemos concluir que la realidad llamada objetiva es una situación en constante movimiento y cambio. Hay que partir de esta idea, no aceptando por ello conceptos absolutos, porque la existencia de estas partículas sin masa que se introducen en el resto de las partículas o sólo en algunas de ellas, transforma en puntos débiles y cambiantes la totalidad de la red.

Desde esta perspectiva, la teoría bootstrap indica que para la autoconstrucción de la realidad objetiva es necesario la participación de la conciencia junto con los demás aspectos de la naturaleza. Entonces la ciencia -plantea Chew- (Ver Capra, 2003) tiene que cambiar su sentido, de una concepción absoluta con leyes del universo y la naturaleza inamovible a otra metáfora denominada de red o entrelazamiento, en que nada es fundamental. Y como lo existente está en red, cualquier explicación puede partir de cualquier parte. Vivimos en un holomovimiento donde lo que importa es la estructura de ese movimiento y la diversidad y la unidad del universo, desde donde emergen todas las formas de aquel.

EL SUJETO EN LA OBSERVACIÓN DEL OBSERVADOR
Según Morin, las teorías cartesianas y newtonianas del orden cómico crea un observador abstracto. El orden elimina la incertidumbre y entonces toda certidumbre, según este autor, se toma como realidad objetiva. Es la incertidumbre lo que hace surgir al espíritu humano porque el desorden cuestiona nuestras certezas, hace que nos preguntemos si lo que tenemos por realidad es una simple apariencia o es realmente una realidad, es percepción o ilusión, es algo que no es posible de racionalidad por falta de entendimiento o por ignorancia.
La pérdida de teorías trascendentales en el ser humano que le dieran un punto de vista privilegiado de observación de toda la existencia del cosmos como un acto de creación, potencia la subjetividad. Si no hay un creador emergen infinitas preguntas respecto a qué somos los seres humanos, desde dónde emergemos y cómo observamos, explicamos, percibimos. Y al centrarnos en nosotros mismo –señala Morín- descubrimos nuestra naturaleza de seres biológicos organizados en posición de un cerebro que nos permite ser seres culturales, sociales poseedores de un conjunto de saberes que denominamos ciencia.
Y con esta ciencia vemos y creamos el universo con nuestra propia visión. La ciencia tiene sus limitaciones en la medida que se desarrolla en función de los medios de producción de conocimientos que la humanidad ha alcanzado. Pero no se puede transformar en una producción de carácter ideológico alejado de todo fundamento. De ahí al solipsimo hay un paso, negándose a disponer de referentes exterior, creando un mundo real irreal.
Maturana y Varela (1995) por su parte señalan que el ser humano es un sistema viviente y sus habilidades cognitivas son fenómenos biológicos, y ello se prueba cuando esas habilidades se alteran o desaparecen al ser su biología alterada o él o ella mueren. Ambos autores sostienen que el ser humano como observador poseen entre sus propiedades constitutivas la incapacidad de distinguir en la vida experiencial lo que es percepción e ilusión. La forma de superar este problema, señalan ambos autores, es caracterizar su propia experiencia a través de una referencia a otra experiencia diferente, y así otra vez, de una referencia a otra va clasificando lo que observa de percepción o ilusión.
Los autores mencionados concluyen que la observación del observador no tiene lo que ambos llaman “base operacional” para explicar acontecimientos como si ellos existieran en forma independiente del o la observador/a. Por el contrario, afirman, la existencia de lo que observan se constituye y emerge con las propiedades que a través de coherencias operacionales de los observadores/as le dan. Esto significa que es el observador/a el que genera la realidad que observa y explica a través de sus operaciones de distinción, y que es responsable de ello.
Pero esta no es una posición solipsista que sólo acepta la propia interioridad, negándose el medio circundante y donde el sistema funciona en el vacío, siendo todo posible. Esta posición no permite explicar la adecuada conmensurabilidad entre el mundo y el operar de los sistemas u organismos.
Al mismo tiempo, una posición solipsista debilita la noción de perturbación en el acoplamiento estructural, porque da la espalda a la importancia que tienen las regularidades emergentes. Estas regularidades, según Varela (2000:447) “... son una historia de interacción en donde el dominio cognitivo no se constituye ni internamente ni externamente...” sino que hace “...de la reciprocidad histórica la clave de una codefinición entre un sistema y su entorno”.
Por último, hay que afirmar que son planteamientos no reduccionistas ni trascendentales porque no se plantean como la única y última explicación. Esto permite a los distintos observadores/as entender que viven en un multiverso, es decir en distintas y legítimas realidades explicativas, invitando a la reflexión en convivencia.

EL PENSAMIENTO VINCULANTE
La observación de este nuevo cosmos lleno de incertidumbres necesita terminar con aquellos principios que han mutilado nuestras visiones. Es necesario, como plantea Morin, articular la ciencia antro-social a la ciencia de la naturaleza, recreando con ello la estructura actual del saber. Este autor nos invita a plantear una nueva concepción del hombre como un concepto trinitario individuo-sociedad-especie, donde ningún término se subordine al otro. Nos invita también a vincular la esfera antropo-social a la esfera biológica y ambas a la esfera física. Y además nos señala que hay que reintegrar al observador en la observación, porque el sujeto observante y conceptualizador es un ser cultural, y por ello toda realidad concebida no sólo se remite al objeto sino que también a ese sujeto cultural conceptualizador.
De esta manera la realidad antro-social se proyecta, siguiendo a Morin, en la esencia misma de la física y de las ciencias naturales, terminando con la disyunción que condenan a las ciencias humanas a la inconsistencia extra-física, y a las ciencias naturales a la inconsistencia de su realidad social, haciéndolas por el contrario, dependientes entre sí.
La ciencia hoy día, señala Morin, es capaz de controlar los objetos de ella, pero no ha creado ningún método científico que ponga a la ciencia misma como objeto de la ciencia y al científico como sujeto de este objeto: no hay ciencia de la ciencia y mientras eso sea así, la relación planteada más arriba será un círculo vicioso. Y es un círculo vicioso porque no articula las ciencias físicas, biológicas y antro-social, no vuelve a unir lo que se ha desunido.
Morín llama a poner en duda metódicamente el método científico cartesiano, que provoca la disyunción de los objetos entre sí, de las nociones entre sí, la disyunción entre objeto y sujeto. Esa es la gran tarea histórica de esta época. Encontrar un método que nos ayude a develar las uniones, las articulaciones, las interdependencias y complejidades de todo lo que existe. Hay que denunciar la ignorancia oculta, la simplificación mutiladora, la disyunción, las certidumbres, el reduccionismo, en fin, la incapacidad de nuestros saberes en lo que llamamos conocimiento científico.
Por el contrario, hay que poner a la vista de todos el desorden termodinámico, la incertidumbre microfísica, el carácter aleatorio de las mutaciones genéticas, las interrelaciones, la confusión que van abriendo paso al pensamiento complejo.
La relación física-biología-antropo-social es circular, y se nos muestra como un círculo vicioso porque presenta en su relación tres problemas no disipados aún: la imposibilidad del saber enciclopédico, epistemológico o la ausencia de un nuevo principio de organización del saber y la presencia del principio de disyunción, y, la muralla lógica o presencia del círculo vicioso.
Morín plantea la necesidad de transformar el círculo vicioso en círculo virtuoso, transformándolo en un movimiento reflexivo del pensamiento sobre el pensamiento, generador de un pensamiento complejo. La circularidad no debe ser rota, señala Morin, pero su ruta debe ser en espiral, poniendo el saber en ciclo activo para generar aprendizaje, articulando los puntos de vista disjuntos del saber en un en un movimiento permanente, evitando encerrar la realidad en la lógica de un sistema, energetizar a los conocimientos cruciales, los puntos estratégicos, los nudos de comunicación, las articulaciones organizacionales superando la disyunción. La barrera enciclopédica para instaurar un nuevo método de la ciencia para la ciencia consiste en dejar de entender el enciclopedismo como acumulación de conocimientos en términos de totalidad, sino que debe entenderse, como señala Morín, en términos de organización y de articulación de saberes en el seno de un proceso circular activo.
Lo que está pendiente para superar el viejo método científico cartesiano que disyunta lo que siempre ha estado unido es la constitución de un nuevo principio organizador del conocimiento que, según Morín, asocie a la descripción del objeto la descripción de la descripción y el surgimiento del descriptor, dando fuerza a su vez tanto a la articulación y a la integración, como a la distinción y a la oposición. Concluye Morín señalando que “Nos servimos de nuestra estructura de pensamiento para pensar. Necesitamos también servirnos de nuestro pensamiento para repensar nuestra estructura de pensamiento. Nuestro pensamiento debe volver a su fuente en un bucle interrogativo y crítico”.

1 comentarios:

Jaqueline Duque dijo...

hola Jaime, excelente su trabajo, en aras de poder citar el trabajo, podrías incluir en los escritos la referencia bibliográfica de los autores mencionados?. mil gracias, nuevamente excelente aporte al estudio de la complejidad

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