miércoles, 25 de enero de 2012

Una nueva situación internacional

                                                                         “Siempre es un buen signo que el pueblo estadounidense
esté dispuesto a hacer la guerra”
(Proyecto para un Nuevo Siglo Estadounidense)
Santiago de Chile, 2003. A dos años de las Torres Gemelas


Una nueva hegemonía

Podemos afirmar que hoy día se ha creado de hecho una nueva hegemonía de carácter unipolar en el mundo que reemplaza a la multilateralidad que se vivió hasta el desmembramiento de la  URSS, y cuya máxima expresión eran las Naciones Unidas y fundamentalmente su Consejo de Seguridad con sus componentes permanentes.

Esta nueva hegemonía la integran los organismos financieros internacionales, el sistema financiero especulativo transnacional, las empresas tecnológicas de punta, la industria bélica con su increíble valor agregado, las organizaciones que han desarrollado nuevas formas de gestionar el conocimiento, la tecnología y el capital intelectual y los aparatos militares y diplomáticos, todo lo cual se corresponde con la emergencia de una nueva fase en el desarrollo del Estado norteamericano. Este es un imperialismo de un nivel tecnológico que asombra al mundo y a las potencias occidentales más poderosas con su enorme capacidad de destrucción. A partir de esta situación, el comportamiento del imperialismo norteamericano es abiertamente agresivo, ilegal y arbitrario tanto en el plano interno de su política doméstica como en el plano internacional.  A decir del intelectual norteamericano Noam Chomsky, los EE UU se han transformado en el “país terrorista mundial número uno”.

Para el mundo esta hegemonía internacional por parte de norteamérica está significando terrorismo político, militar y económico, fundamentalismo del mercado y locuras de los profesionales de uniforme, amenazas a la diversidad cultural y desamparo para muchas sociedades del tercer mundo, sobre todo de Africa y América Latina. Se está exigiendo una paz ciudadana mundial sobre la base de la sumisión y esclavitud total: destrucción de casas en palestina, cientos de miles de muertos en Irak –sobre todo niños- en estos doce años de agresión permanente, ocupación de países, robos de nuestros recursos naturales, convenios comerciales avasalladores y que dañan nuestro desarrollo industrial y económico en general, precios humillantes para nuestros recursos naturales, catástrofes naturales y ecológicas, una deuda externa impagable que crece sin límites sólo por la vía de los intereses que nos cobran, desnutrición, hambre y miseria, retraso cultural-tecnológico y epidemias que amenazan con el exterminio en muchos países africanos. Es decir, una guerra contra los pobres, los que disienten y los verdaderos demócratas de todo el mundo.

Al interior del propio EE UU esta paz de los cementerios está significando un fortalecimiento de la llamada “seguridad interior”  sobre la base del fortalecimiento altamente tecnificado de la inteligencia y la “seguridad” del país, lo cual ha significado nuevas leyes represivas que permite detenciones arbitrarias prácticamente sin derecho al debido proceso. Esta nueva legislación llamada “antiterrorista” viola la correspondencia personal como cartas, correos electrónicos y teléfonos. Todo lo que se diga o escriba es vigilado. Se está imponiendo sobre los norteamericanos un espionaje interno, como lo  denunció el historiador de ese país James Cockcroft.

Por otra parte se exige la “lealtad” del periodismo norteamericano que incluye incluso mentir, o como dice el Ministro de Defensa Donald Rumsfeld tan cínicamente “no ofrecer la verdad” en beneficio de la guerra y de los intereses de su país. En los EE UU se libra paralelamente otra guerra: es una guerra interna sobre la información que impide que se conozca la verdad de lo que está ocurriendo. Por el contrario, están intoxicando a su pueblo con la lucha al terrorismo tocando sus fibras más patrioteras y embarcándolo en un combate contra el mal que oculta sus verdaderas intenciones: el dominio absoluto del mundo. Bush está teniendo éxito y logra cambiarle la vida al pueblo norteamericano, transformándolo en su aliado más preciado. ¿De nada ha servido la experiencia fracasada de Hitler y la fanatización de un pueblo que más tarde fue brutalmente humillado por sus vencedores?

De lo que se trata es de la aspiración de los EE UU de pasar de su rol histórico de gendarme internacional a dictador universal con capacidad de intervenir y gobernar el mundo a sus anchas de acuerdo a sus mezquinos intereses.  Los objetivos estratégicos del gobierno de Bush son a) la hegemonía tecnológica no compartida con nadie porque ello le da supremacía política mundial; b) la dirección sin contrapeso de las economías locales de nuestros países por las transnacionales; c) como consecuencia de lo anterior, poner fin a los procesos democratizadores que el mundo venía viviendo desde fines de los años ochenta; d) imponer el miedo en los gobiernos y en los pueblos que buscan caminos de justicia social, equidad, respeto al medio ambiente y democracia avanzada; e) militarización de la política; f) control de los medios de información y su transformación en aliados estratégicos y centros ideológicos en el debilitamiento de todo aquello que surge alternativo a su poder; g) destrucción del actual sistema internacional expresado en la ONU y su reemplazo por otro que garantice su “gobernanza” terrorista unilateral universal; h) el dominio sin contrapeso de los principales recursos naturales, fundamentalmente del petróleo, base energética aún de su desarrollo para parte importante de este siglo;  i) impedir que otras potencias dominen regiones que las puedan transformar en grandes potencias hostiles a la hegemonía norteamericana;  j) oponerse incluso por la vía de la fuerza al surgimiento de cualquier nación o grupo de naciones que se puedan transformar en sus competidores globales y busquen debilitar el sistema político, económico y social que Bush y sus ideologos están construyendo en el mundo; k) desgastar a China en una carrera armamentista altamente tecnologizada e informatizada porque quizás es el único país que lo pueda enfrentar a largo plazo, y; l) asegurar su dominio en zonas declaradas reservas de vida como la patagonia y la amazonia entre otras, para compensar el daño ambiental que provocan las tecnologías sucias que aún son bases de su desarrollo económico.

¡Y cuales son las bases éticas del unilateralismo y del nuevo “gobierno universal” norteamericano? Más allá de su historial de intervenciones militares en distintas partes del mundo, derrocamientos de gobiernos democráticos y avasallamiento comercial y económico entre los países del tercer mundo, podríamos hoy día agregar su denuncia del protocolo de Kioto sobre el efecto invernadero y del tratado ABM de misiles balísticos (armas de exterminio masivo);  del tratado que instaura la Corte Penal Internacional; del tratado sobre minas antipersonales; del protocolo de armas biológicas (también de exterminio masivo); del acuerdo sobre armas de pequeño calibre; del tratado sobre prohibición total de armas nucleares (armas de exterminio masivo) y las convenciones de Ginebra sobre los prisioneros de guerra. A ello hay que agregar el uso de armas con uranio empobrecido que pueden ser consideradas también de exterminio masivo por sus efectos cancerígenos posteriores. Los EE UU nunca han ratificado los documentos de la ONU sobre problemas sociales y de los derechos de las personas; tampoco el convenio sobre el derecho de los niños ni el acuerdo sobre los derechos económicos, sociales y culturales; menos ha ratificado los convenios  sobre discriminación de la mujer ni la prohibición de la ejecución de menores.

Es sobre estas bases morales y jurídicas que el imperio que está construyendo Bush y sus ideólogos quieren gobernar el mundo y sustituir el actual ordenamiento.  Quizás su carácter terrorista es denunciado con toda nitidez cuando el Consejo de Seguridad, en un momento de debilidad y absoluta miopía política accedió a sus presiones y acordó liberar a los soldados norteamericanos y sus líderes militares, ideológicos y políticos de sus responsabilidades sobre el atropello de los derechos humanos ante la Corte Internacional, dejando en la impunidad a los crímenes de lesa humanidad que han cometido el ejército de los EE UU y sus aliados en Yugoeslavia, Afganistán y ahora en Irak.


La guerra preventiva

Nos encontramos en un estado de guerra universal y continua calculada para diez años y que tiene altos costos. Bush ha prometido que conducirá al “mundo” a la victoria en una guerra de muchas batallas y con una campaña prolongada sin parangón en la historia universal.

Los mismos que hoy día rodean a Bush hijo (Cheney, Rumsfeld y otros) ya teorizaban desde hace mucho tiempo (los años ochenta) sobre la necesidad de reorganizar a las fuerzas armadas norteamericanas, pertrechándolas con nuevas tecnologías.  El equipo de Cheney y Rumsfeld ya preveían en ese tiempo el carácter político de una nueva alianza entre la gran industria de la guerra y la industria de las tecnologías de punta que permitiría construir tal arsenal a los EE UU, que los transformaría hoy día en lo que ya están alcanzando: la única superpotencia mundial, que sobre la base de su desarrollo tecnológico,  ha logrado derivar la multilateralidad en un solo centro hegemónico integral dirigido por norteamérica. La guerra recuperó de pronto brutalmente su carácter de instrumento de la política exterior de un Estado.

En esta perspectiva se negaron a oír las veces que llamaban al desarme después del fin de la guerra fría. Por el contrario, siguieron armándose hasta los dientes pero con armas inteligentes a un alto costo que, por supuesto luego recuperarían con el botín de la propia guerra. El mundo cayó bajo el dominio de una nación poderosa cuyos dirigentes inescrupulosos, cínicos y faltos de toda visión y ética que tenga por centro las preocupaciones de la humanidad sólo aseguran al planeta guerras, muerte, sufrimiento y tortura.

Los sucesos del 11 de septiembre de 2001 dieron la excusa para plasmar abiertamente estas intenciones del grupo de Cheney y Rumsfeld. La “guerra preventiva” se transformó en la ideología oficial del Estado Norteamericano. Se iniciaba la cacería de “terroristas” por todo el mundo para garantizar la seguridad del pueblo estadounidense, pero la verdad era que se iniciaba abiertamente la búsqueda de la nueva hegemonía tan largamente soñaba: se está a las puertas de la construcción del siglo XXl como un “siglo yanqui”.

La guerra preventiva cambiaba el paradigma de la guerra contra el comunismo por otro que planteaba el choque frontal con todo país que dificultara su transformación de gobernante del mundo. El instrumento de esta estrategia era la “disuación anticipada” contra estados “canallas, ilegales y terroristas” que adquieran poder desproporcionado a través de armas de destrucción masiva y de tecnologías sofisticadas que amenacen los intereses norteamericanos y la construcción de su nuevo imperio. Según Cheney esta guerra es la “prefiguración del tipo de conflictos que podríamos tener en la nueva era”. Para esta guerra será necesario unificar y movilizar permanentemente al pueblo norteamericano por medio de la guerra contra los supuestos “terroristas” que amenazan a los EE UU. Las armas serán de todo tipo, incluso las nucleares. Los candidatos próximos después de Afganistán e Irak que sufrirán las consecuencias de esta nueva doctrina de dominio norteamericano pueden ser Siria, Irán, Norcorea, Libia, Cuba, la guerrilla colombiana, la “triple frontera” y todo grupo, nación, pueblo, partido, cultura, etnia, religión e incluso Estado poderoso que ose disputar en la sociedad de “libre mercado” la hegemonía norteamericana.


La nueva alianza estratégica que domina al mundo

El sentido de las nuevas crisis contemporáneas del sistema capitalista mundial globalizado y altamente informatizado es su carácter permanente o su repetición constante en plazos de tiempo cortos. Ello está relacionado con el incesante desarrollo científico-tecnológico que hace que todo lo nuevo tenga un carácter provisorio, obligando a los grandes conglomerados transnacionales a innovar constantemente sus tecnologías, sino son desplazados del mercado.  Este incremento constante de la innovación  obliga a que se formen alianzas estratégicas para enfrentarlo entre gobiernos, institutos de investigación, empresas transnacionales que utilizan tecnologías de punta y el sector financiero especulativo. Quién logra la innovación tecnológica permanente en todas las esferas de las sociedades postmodernas conquista la hegemonía planetaria, y mantenerla exige, en un círculo vicioso, acelerar estos procesos innovadores.

Sostener esta carrera irracional de creatividad e innovación permanente científico-tecnológica exige disponer de recursos nunca antes visto. Esto implica que el mismo sector financiero que participa en esta carrera domine los mercados mundiales a través de ilegítimas presiones para obtener altas tasas de ganancia sin contrapeso alguno. Lo mismo debe suceder con las empresas transnacionales de todo tipo, en especial las que dominan los sectores energéticos tradicionales como gas y petróleo y otros minerales estratégicos. Esta situación se desplaza  al plano de la política porque ésta es expresión concentrada de la economía, como asimismo al plano militar y de la guerra porque ésta es, a su vez, la continuación de la política por otros medios. Podemos concluir entonces que las fuerzas sociales y políticas mundiales que quieran mantener la hegemonía y dirección planetaria deben construir una nueva tipo de alianza que incluya Estados imperiales, la industria bélica, las industrias que desarrollan tecnologías de punta, el sector financiero especulativo, los organismos financieros y las principales transnacionales.

Y esto es justamente lo que estamos observando hoy día. La mundialización está optimizando a escala planetaria al capital financiero al extremo que las facilidades para que operen libremente está permitiendo que diariamente circulen por el mundo uno mil quinientos millardas de dólares, jugando y especulando con las variaciones de las divisas en todas partes. El gran juego del petróleo adquiere nuevos ritmos y las inversiones occidentales en el sector del mar del Caspio –con tres veces más reservas de crudo que el Medio Oriente-  ya están llegando a los 30 000 mil millones de dólares al mismo tiempo que se “pacificaba” la zona desde Afganistán a Yugoeslavia. La construcción de oleoductos y gaseoductos en ese mismo sector es prioridad para los gobiernos de la región como para las compañías occidentales interesadas en los recursos energéticos. Al mismo tiempo se está produciendo un reacomodamiento del sector financiero especulativo hacia los nuevos rubros de inversión más rentables: crudo, tecnología y armas inteligentes.

Sin embargo todo ello no es suficiente. Nuvarrones están amenazando la nueva hegemonía que recién se está construyendo. En efecto, la economía norteamericana se desacelera porque aún el grueso de los recursos financieros tienen un carácter especulativo y ello ha debilitado las inversiones y exportaciones norteamericanas. Pero la recesión no es sólo norteamericana sino que también de Europa y de Japón y que remontarla llevará más tiempo que el supuesto, y esta demora puede hacer colapsar al sistema financiero internacional.

Entonces la solución es la conquista de más mercados y ordenar a todas las potencias industrializadas en torno a los objetivos estratégicos de los EE UU. Se está levantando aceleradamente una economía de guerra que dominará la política durante largos años. Para ello se han creado los enemigos útiles y necesarios, -el terrorismo, Irak y otros países y grupos de diverso carácter-  con el fin de justificar la existencia de la industria bélica de alta tecnología y el aparato militar de los EE UU. Ese es el verdadero carácter del ataque estadounidense a Irak:  es el despliegue de miles y miles de soldados con un ejército ultratecnificado, que está desarrollando una guerra nunca antes vista en el planeta y que busca no sólo apoderarse del petróleo del Medio Oriente, sino fundamentalmente advertir a todas aquellas naciones –grandes o pequeñas, en desarrollo o industrializados, del norte o del sur, tercermundistas o europeas- que quién pretenda competir con él y desplazarlo de sus centros de dominio hegemónico que ha alcanzado en cualquier plano será castigado de igual manera.


¿Qué hacer?

En los grandes momentos de la historia de un país o de la humanidad responder esta pregunta es fundamental. La respuesta adecuada permite diseñar y establecer los parámetros pertinentes para enfrentar momentos difíciles de las fuerzas sociales y democráticas avasalladas por poderosas alianzas estratégicas que buscan dominarlas  por largo tiempo.

Lo fundamental en la actual situación política en que nos encontramos es fortalecer todo lo que haya de democrático en cuanta lucha se desarrolle a nivel local, nacional o internacional en cualquier parte del mundo. Hoy día en la sociedad postmoderna la contradicción entre lo global y lo local se manifiesta por un lado entre las fuerzas hegemónicas encabezadas por los EE UU y su política globalizadora capitalista neoliberal guerrerista, terrorista y de desprecio por la diversidad y las fuerzas que en el plano internacional buscan crear ordenamiento jurídico e institucional y situaciones que permitan controlar los desvaríos de estos sectores y aseguren la independencia política, social, económica, ética y cultural de los pueblos oprimidos del mundo. Pero al mismo tiempo se manifiesta por el enfrentamiento a nivel del Estado-nación entre estas mismas fuerzas encabezadas por norteamérica y las alianzas sociales, políticas y culturales que se construyen en cada pueblo y localidad en búsqueda de su libertad.

Hoy día es parte fundamental de esta estrategia apoyar cualquier disidencia que se manifieste entre las grandes potencias. La división del Consejo de Seguridad frente al ataque yanqui contra Irak es un ejemplo. Su división hizo coincidir por un momento los intereses referidos a la paz entre potencias como Alemania, Francia, Rusia y China y todas las fuerzas democráticas y progresistas del planeta que llegó a que manifiesten por la paz y en contra la guerra hasta treinta millones de personas en todo el mundo recientemente. Ello tenderá a repetirse en la medida en que los EE UU avance en la instalación de su hegemonía y tienda a avasallar incluso a estos países altamente industrializados.

El movimiento antiglobalización neoliberal es otro aspecto de las contradicciones contemporáneas. Este movimiento de una gran diversidad que desde Seattle, pasando por Génova, Washingthon, Davos, Praga hasta Porto Alegre en el Foro Social Mundial con más de veinte mil participantes se oponen enérgicamente en contra de la  hegemonía neoliberal capitalista.

En América Latina se manifiestan particularidades de este enfrentamiento contra el poder neoliberal. Fuerzas tan diversas como las que se desarrollan en Cuba y su revolución socialista, en Venezuela y la revolución bolivariana, los movimientos confrontacionales populares en Bolivia y su Estado Mayor del Pueblo, el movimiento social y político en Argentina, la victoria electoral en el Salvador de los ex_guerrilleros del Farabundo Martí,  el triunfo del presidente ............ en Ecuador y el triunfo de Lula en Brasil tienden a converger en la lucha contra el neoliberalismo.

Pero fortalecer el movimiento que enfrenta el dominio imperial neoliberal no sólo pasa por incrementar la lucha social. La tarea del día consiste también en desarrollar procesos críticos de la lucha política del pueblo en el último decenio y abrir caminos para la construcción de propuestas que efectivamente se transformen en políticas alternativas concretas. Sólo de esta manera será posible construir un contrapoder a las poderosas fuerzas políticas neoliberales transnacionales que una al pueblo a nivel local y global y le muestre efectivamente que otro mundo es posible.




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