lunes, 17 de octubre de 2011

Información, conocimiento y comprensión ¿El siglo de la ceguera?

          Hay cierta tendencia a confundir información con conocimiento. La información está compuesta de datos y hechos los cuales deben ser ordenados, agrupados, analizados e interpretados. Al procesarlos se convierten en información. Este aumento de la información incrementa por si solo la responsabilidad del que la recibe, haciéndolo más interdependiente a su entorno. Toffler (1996) señala que el aumento de la información modifica no sólo el ritmo de los archivos de imágenes del sujeto, sino que además la manera de pensar y sintetizar, de prever las consecuencias de su acción.
El aumento de la información puede llegar a interrelacionar grandes fuerzas causales y hace interdependiente todos los desarrollos de los sucesos. Agrega Toffler que los actuales sistemas tecnológicos, nos obliga a utilizar al ordenador como interrelacionador de estas grandes fuerzas causales. Los datos –finaliza Tofller- sólo al ser conjugados y combinados de una determinada manera pueden ser útiles a un fin particular, y de esta manera conformar la información, transformándose en un factor estratégico relevante.
La importancia del pensamiento de Toffler consiste en que desde la Ciencia Política ve la interrelación de las cosas en un momento en que el pensamiento industrial aún predomina en el análisis social. Sin embargo, esta forma de pensar implica sólo una mirada más local que global, muy cercana aún al problema que se analiza, creyendo encontrar las causas y relaciones que originan los problemas desde la inmediatez de su cercanía. El observador que trata de explicar un proceso con la información que recibe puede incluso ser capaz de observar desde distintos dominios cognoscitivos, pero por lo general son todos ellos locales, porque sólo atiende y comprende esas relaciones locales y no las configuraciones sistémicas que en realidad le dieron origen.
Esta forma de ver raya en el enfoque computacionalista del pensar que niega la conciencia como algo fundamental para la cognición, y negar la conciencia, es decir el “yo” en el aprendizaje es negar al mismo tiempo la existencia de puntos de vistas coherentes, unificados desde donde pensamos, percibimos y actuamos. Ello facilita la consagración del pensamiento lineal porque impide observar los procesos humanos en el marco de sus relaciones lógicas estructurales, es decir, desde enfoques teóricos establecidos a priori. (Varela. 1996).
La trampa principal del pensamiento local (positivista) radica en su efectividad operacional en la construcción del hacer, en su dinamismo en el fabricar, en su capacidad del diseño ingenieril. El pensamiento lineal es atractivo porque sólo pone atención a sus tremendas capacidades operacionales concretas, resaltando con ello la racionalidad causal local porque la ve como el único origen de la eficacia y efectividad del quehacer cotidiano. Pero es un pensamiento tramposo porque pierde de vista el contexto relacional sistémico donde sólo tiene sentido lo local.
El pensamiento lineal ha transformado a la competencia como si fuera un fenómeno biológico natural, como si fuera el fundamento de la conducta social, no reconociendo que la sociedad es la naturaleza del ser humano, donde en convivencia, solidaridad y cooperación encontró siempre todo lo que lo humanizaba. El paso de la emulación cooperadora a la competitividad que ignora al otro y su correlato en la forma de pensar, - el pensamiento lineal-, transformó a la competitividad de fenómeno cultural como si fuese un fenómeno biológico constitutivo de la naturaleza humana. El pensamiento lineal positivista competitivo encubre todo esto con terciopelos de racionalización, justificando como si fuera natural las grandes concentraciones de riquezas y las guerras que se realizan para acrecentarlas y defenderlas, y reprimir a aquellos que se levantan en su contra desde el dolor y la desesperación de su marginalización y atropellos a su identidad y dignidad.

EL CONOCIMIENTO
Según Toffler(1996), el conocimiento es la creación de una nueva mentalidad en relación con el futuro, con el fin de anticiparse a las tendencias. Con una mirada desde el punto de vista de la economía y su creación constante de riqueza, este autor plantea que el conocimiento es el ingrediente más importante de la fuerza, la riqueza y del cierre de una buena decisión (de gestión económica). Plantea sin embargo con razón que el cambio de conocimiento es paradigmático, porque transforma nuestra visión del mundo y las suposiciones en que descansa dicha visión. Para que la información se transforme en conocimiento relevante –en su visión economicista- es fundamental que la información sea descodificada, entendida y relacionada con los objetivos organizacionales de la empresa, para que ésta desarrolle personas sensibles a las perturbaciones del entorno económico, de gestión y tecnológico. Por ello le da a estos sujetos observantes mayor sentido ético, carácter generalista, formación polifuncional y capacidad de innovación y creatividad.
Toffler asocia fundamentalmente el conocimiento a know how. Cuando la información está bien utilizada adquiere el don de conocimiento. Y que esté bien y gestionado pertinentemente el conocimiento significa invertir en programas de educación y transformaciones en los sistemas computacionales para adaptarlos a las necesidades presentes y futuras de las empresas, para cultivar y compartir fuentes de conocimientos y experiencias que existen dentro y fuera de la organización con el fin de desarrollar nuevos productos en función de las exigencias del entorno. Dado que reduce la necesidad de materias primas, trabajo, tiempo, espacio y capital, (A. Toffler, 1996) a conocimiento, éste pasa a ser el recurso central de la economía avanzada. Y a medida que esto sucede, su valor sube como la espuma. Por esta razón estallan por doquier las "Guerras de Información" luchas encarnizadas por el control del conocimiento, y se pregunta: ¿Podrá ocurrir que las guerras y revoluciones sociales del futuro sean a cuenta de él? Y si así sucediera, ¿qué papel desempeñarían los medios de comunicación del futuro?

CONOCIMIENTO Y COMPRENSIÓN
Maturana (1999:186) señala que “… el fenómeno del conocer tiene lugar en la relación cuando la conducta de un organismo resulta adecuada a la conservación de su existencia en un dominio particular. El fenómeno del conocer no ocurre en el sistema nervioso. El sistema nervioso participa en el fluir de las interacciones del organismo en su circunstancia y modula este fluir, pero no constituye a la conducta porque ésta es un fenómeno relacional”. Entonces el fenómeno del conocer no es un fenómeno neurofisiológico, sino de la relación entre un organismo y la circunstancia en la que conserva organización y adaptación.
Maturana (1999:244) sostiene que el entender (comprensión) “…requiere un espacio relacional amplio, en el cual uno encuentra una explicación. Yo entiendo (habla Maturana, N. del A.) una experiencia, en tanto me la explico en un contexto relacional más amplio, por eso es que para entender uno tiene que, por así decirlo, saber mucho más de lo que entiende. Tengo que saber mucho más porque el entender consiste en poder mirar aquello que entiendo, en su dinámica, en los procesos que los constituyen en un espacio relacional mucho más grande”.

Maturana y Varela (1995) nos plantean que todo conocer es un hacer por el que conoce, es decir, que todo conocer en el hacer depende de la estructura del que conoce. Plantean además que la descripción científica de un fenómeno es dada por un investigador que está involucrado en dicho fenómeno, pretendiendo que no lo está. Frente a la posición tradicional que el conocer es un conocer “objetivo” del mundo, y por tanto, independiente del observador que hace la interpretación del fenómeno, Varela y Maturana señalan categóricamente que no es posible conocer “objetivamente” fenómenos sociales en los que el propio observador-investigador que describe el fenómeno está involucrado.
Esta afirmación de los biólogos se sostiene en la afirmación de que el contenido del conocimiento es el conocimiento mismo. Si es así, dichos autores se hacen la pregunta de ¿Cómo puede la conciencia dar cuenta de sí misma, en términos tales que esta explicación descriptiva tenga validez universal, siendo que los significados usados en el lenguaje son siempre generados en una cultura particular?. ¿Cómo surge la propiedad de auto-descripción, de auto-observación, de auto-conciencia si esta es una propiedad de los observadores como componentes de un sistema social humano?
La respuesta a estas preguntas requiere de una teoría explicativa del proceso operacional que nos muestre cómo surge esta facultad del observador de dar descripciones sobre sí mismo, que nos explique el surgimiento del ser observador, del ser autoconsciente, que no sólo conoce, sino que además comprende. Esta teoría explicativa parte del supuesto que el ser humano se hace continuamente a sí mismo en un operar recursivo, en donde se generan permanentemente la autoconciencia de lo que el propio observador hace. Como no es posible conocer sino lo que hacemos, es decir, cómo nos hacemos, somos pues una continua creación y recreación humana, un hacernos continuamente a sí mismo. Esto se desprende de las dos propiedades fundamentales del conocer: por una parte, ser conexión entre el observador y su entorno, lo que le permite mantener su individualidad, y al mismo tiempo, la dimensión interpretativa del conocer, de excedente de significación. El ser cognitivo implica, según Varela (2000:66), en que el “...organismo, mediante su actividad autoproducida, llega a ser entidad distinta en el espacio, aunque siempre acoplada a su correspondiente medioambiente, del cual, no obstante, será siempre diferente. Un ser distinto coherente que, por el proceso mismo de constituirse (a sí mismo), configura un modelo externo de percepción y acción”.
Maturana y Varela nos proponen su teoría de la “circularidad cognoscitiva tautológica” para explicarnos el surgimiento del ser autoconciente, capaz de comprender. Para explicar el fenómeno de la tautología cognoscitiva, ellos parten de la premisa ya señalada anteriormente, que el contenido del conocimiento es el conocimiento mismo, que los sistemas vivos no actúan por instrucciones o información que surge como anomalía desde el entorno porque no son sistemas tribiales. Ellos sostienen que los seres humanos somos capaces de generar mecanismos explicativos, coherencias operacionales, diversas teorías explicativas que genere por sí misma el fenómeno que se quiere explicar, es decir el fenómeno en el cual el propio observador participa, hablándose por ello de una auto-descripción o auto-conciencia. Estas teorías explicativas son afirmaciones que se validan por sí misma porque el contenido del conocimiento es el propio conocimiento. Es una invitación a enfrentar lo “conocido por crear” como un acto colectivo generoso de aceptación mutua y preocupación por los demás.

EDGAR MORÍN, EL CONOCIMIENTO Y LA COMPRENSIÓN
Morín sostiene que hay un bucle indisociable entre computación y cogitación. La computación organiza de una manera el conocimiento y la cogitación produce una nueva forma de organización de ese conocimiento de tal manera que pueda ser reflexivamente considerado.
La relación de bucle entre la computación cerebral y la cogitación es fundamental, porque está última desarrolla una lógica compleja al asociar lo que la primera separa a través de la conjunción, coordinando palabras e ideas en discursos, sistematizándolas, etc. De este modo, afirma Morín, la asociación y la disociación adquieren esta forma lógica de conjunción, disyunción, afirmación, negación, condición, conmutación, distribución, entre otras.
Maturana y Varela recurren a la circularidad cognoscitiva tautológica y a las coherencias operacionales para pasar al proceso de comprensión porque el lenguaje por sí mismo no lo consigue. Para Morín también el lenguaje no es suficiente para realizar todas las dialógicas suficientes o lo logra sólo en algunos momentos. Tiene dificultades –señala Morín- en la dialógica análisis-síntesis, diversificación-unificación, percepción de lo diferente en lo mismo-percepción de lo mismo en lo diferente, concepción de la unidad en lo diverso y lo múltiple-concepción de lo diverso y lo múltiple en lo uno. Más allá de las reglas de la gramática y la sintaxis cuando se usa el lenguaje, es el pensamiento el que permite entender la forma de autogobierno de la organización de cualquier fenómeno con sus principios y categorías, desarrollándose en la esfera proposicional lingüístico-lógico.
Se trata entonces, de acuerdo a Morín, que la cogitación no sólo son operaciones computantes infralingüísticas e infralógicas, sino que fundamentalmente lógicas. La lógica a su vez controla y dirige las operaciones de pensamiento pero simultáneamente son elaboradas por el pensamiento, dando paso con ello no sólo al conocimiento de sucesos sino que da el inicia, es el punto de partida del proceso de comprensión.
El rol del lenguaje en este proceso de conocer y comprender es crucial porque permite traducir lo concreto, lo vivido, lo singular. La relación pensamiento-lengüaje resulta en una dialógica entre lo abstracto, lo concreto y lo vivido, dando como resultado un pensamiento complejo uniendo su pensar en la sociedad y en el mundo con su propia vivencia singular. Hasta aquí los tres autores (Maturana, Varela y Morin) siguen un camino parecido en la transformación del conocimiento en comprensión, utilizando sus propios sistemas conceptuales, pero el objetivo de este trabajo no es realizar un paralelo entre ellos.
La conciencia –continua Morín- es un nuevo paso para alcanzar la comprensión. Ella está ligada al pensamiento y al lenguaje. La conciencia vuelve al sujeto sobre sí mismo en un acto reflexivo del pensamiento. Podríamos decir que es autoconciencia de sí. En este nuevo acto de comunicación el observador va a realizar introspección y auto-análisis, retroactuando sobre su espíritu, recreándose él mismo, integrando al observador/conceptuador en la observación y la concepción, incorporando su propia identidad en el objeto por conocer. Pero la comprensión aún es sólo intermitente según Morin, epifenoménica.
El pensamiento supone estructuras computantes calculatorias e inter-macro computaciones cerebrales. Utiliza el lenguaje como instrumento del pensamiento constituyendo una infraestructura computante, y el cálculo numérico y las matemáticas se desarrollan al tenor de la escritura. Todo lo anterior influye en el aparecimiento de nuevas esferas de la computación, impulsando al pensamiento mucho más lejos. Estamos a las puertas entonces, según Morín, de la emergencia de metas esferas: la del espíritu, de la consciencia y la de un conocimiento cerebral cada vez más abstracto y más rico. Con el desarrollo de la filosofía y las ciencias el ser humano se abre a los misterios del mundo, del cosmos y de sí mismo. Se desautomatiza la inteligencia y el cerebro –según Morín- no es ya sólo una máquina supercomputante, sino que se transforma también en una máquina que piensa, de actividad pensante y consciente, crea su propia noosfera y el conocimiento se transforma de organización computante en organización cogitante-computante.
Para comprender los sucesos que les interesa al sujeto observador el cerebro y la inteligencia en el bucle cogitante-computante del pensamiento complejo debe ser capaz de estar más atento a la acción del suceso que al suceso como cosa aislada, casi inmóvil. Más atento a su organización, lo que produce y a su organizador. Comprender es entonces un tiempo creador (Bergson, citado por Morin), un partir del saber ya sabido hacia un saber por conocer.

¿SIGLO DE LA CEGUERA?
La sociedad de la información es una sociedad con sobreabundancia de datos y hechos los cuales deben ser ordenados, agrupados, analizados e interpretados. Cuando los datos son procesados se convierten en información. Crea un mundo simultáneo, próximo e interdependiente. El aumento de la información cambia la percepción del modo de actuar sobre el mundo, el ritmo de nuestros archivos de imágenes, de pensar y sintetizar, de prever las consecuencias de nuestra acción. El aumento de la información interrelaciona grandes fuerzas causales y hace interdependiente todos los desarrollos. La información se está desmasificando, aumentando por ello la complejidad y con ello la necesidad de mayor información para mantener las actuales relaciones entre las personas e instituciones.
Con los actuales sistemas tecnológicos los desarrollos de las cosas, acontecimientos y fenómenos son interdependientes, viéndonos obligados a utilizar al ordenador como interrelacionador de grandes fuerzas causales. Los datos sólo al ser conjugados y combinados de una determinada manera pueden ser útiles a un fin particular, y de esta manera conformar la información, transformándose en un factor estratégico relevante, con relación a un asunto especial. La información se transforma en un recurso productivo.
El desarrollo tecnológico comunicacional ha creado una civilización transnacional. Ello trae consigo el cambio del paradigma de la ilustración por el de esta modernidad, cuya base es la formación de estructuras empresariales transnacionales que están hegemonizando y dirigiendo a los estados nacionales. Estas organizaciones están extendiendo su control sobre las tecnologías de la producción, de la organización, de la comunicación y de la gestión del conocimiento. Pero su objetivo central es hoy día controlar la naturaleza y la sociedad, es decir, a los hombres. Para ello se ha formado una nueva alianza que domina el mundo: la alianza entre el capital financiero transnacional, la industria bélica y la tecnología de punta. En esta perspectiva la ciencia está siendo subordinada por la tecnología. La producción de conocimientos está determinado sólo si es útil para fines productivos. Por lo tanto, hoy día la ciencia depende más de los intereses económicos de estas nuevas clases hegemónicas que de servir al desarrollo humano. Con ello se pierden las bases éticas del trabajo y del bien común trascendente. Constituye un elemento dinamizador del negocio y un facilitador de las grandes transformaciones que muchas organizaciones necesitan para seguir compitiendo (F. Flores, 1990).
Morín señala que este camino de la eficacia y de ir cada vez más rápido es el camino que Occidente ha tomado. Es una carrera sin fin que dice buscar la calidad por sobre la cantidad, que busca constantemente las certezas de lo tangible en un mundo lleno de incertidumbre. Por el contrario, las tecnologías deben ser utilizadas como herramientas para enseñar a pensar, desarrollar las fuentes del saber y avanzar en una verdadera sociedad del conocimiento. El camino de la hiperespecialización se basa exclusivamente en el uso ciego de las tecnologías, ignorando las potencialidades estratégicas que ellas tienen. El conocimiento mediado por TICs sólo tiene significación teniendo presente el contexto en donde surge la información, globalizarla y situarla en un conjunto determinado. Este rol debe jugarlo las universidades.
La tarea consiste en liberar a la sociedad de la lógica cuantitativa a que está siendo sometido con el uso alienante de las tecnologías. Parece real sólo lo que se pueda medir y cuantificar, mercantilizando todo, incluido el arte, la bondad, el amor, el entusiasmo, las ganas de desarrollo personal. Sometidas al consumo, la sociedad actual ya no sabe si la globalización le está entregando una vida mejor o está degradando al ser humano. Frente a esta situación crítica con una sociedad impregnada de problemas y de crisis simultáneas en todas las esferas de la vida, Morín plantea que sólo caben dos soluciones: “o se tiende a una regresión o se cambia el sistema”.

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