lunes, 12 de septiembre de 2011

La Crisis de la Educación, La Mecánica Cuántica y la Comprensión de los Sucesos. Una aproximación a la Calidad de la Educación.

(Dedico este artículo principalmente a mis ex alumnos de Teoría de la
Ciencia de la Escuela de Gobierno de la Universidad de Chile, con quienes
emprendimos la hermosa tarea de ligar los aportes de las actuales conquistas
científicas contemporáneas a la resolución de problemas complejos en nuestro
país, transformando la inteligencia teórica en inteligencia práctica)

Introducción

Ya es un lugar común señalar que la educación en nuestro continente
Latinoamericano y Caribeño, y en particular en Chile vive una profunda crisis. Ella
no es sólo por la falta de recursos negados desde los años ’80 por la aplicación de
política neoliberales impuesta en la mayoría de nuestros países por dictaduras
militares, como tampoco lo es fundamentalmente por la presencia insuficiente de
tecnologías de la información y de las comunicaciones (TIC’s) en nuestras aulas.
Esta última situación tiende a superarse con un incremento cada vez más
importante de las TICs en la escuela, nuestros liceos y la educación terciaria.

El tema central de la crisis son los modelos pedagógicos que se siguen
aplicando en el sistema de enseñanza/aprendizaje, donde continua aún
privilegiado el enfoque newton/cartesiano con su mirada estática de la realidad, y
un rol aún muy relevante del profesor/a sobre el alumno/a. Creemos que esta
crisis se puede superar con un radical cambio de mirada de los tutores y del
sistema educacional en general, colocando en primer lugar un aprendizaje más
autónomo de los aprendices por sobre la enseñanza tradicional de los
profesores/as, recreando las ciencias del saber y pertrechando para ello a
nuestros alumnos/as de modelos pedagógicos novedosos y de una episte2
metodología basada en los nuevos descubrimientos de la física cuántica, de la
biología de lo humano, de la antropología y de la neurociencia, entre otros.

Palabras claves

Mecánica cuántica, sucesos, episte-metodología, partículas, ondas,
fluctuaciones, superposiciones, colapso, incertidumbre, determinismo, flechas del
tiempo, computar, cogito, disyunción, energocibernético.

La teoría de sucesos

La mecánica cuántica, con su teoría de sucesos, puede también desarrollar
aspectos interesantes sobre otro tipo de episte-metodología para fundamentar
formas nuevas de pensar en el aula actual entre los tutores y aprendices. Un
suceso, de acuerdo a Hawking (1988), es una superficie determinada en el
espacio-tiempo que marca las posibles direcciones para los rayos de luz que
actúan en el espacio sideral en un momento dado. Un suceso es algo que tiene
lugar en un punto específico en el espacio-tiempo, de tal manera que la densidad
de materia y elementos que lo componen, y la curvatura de ese espacio-tiempo
que lo incluye, se hacen infinitas. La singularidad o suceso se forma cuando
distintos acontecimientos tienden a agruparse densamente con volumen nulo,
creando un colapso gravitacional. Luego de formada esta nueva singularidad, ella
tiende a su expansión. Cualquier sistema que colapsa, tanto del cosmos, de la
naturaleza o la sociedad, termina en una singularidad, y a su vez, a partir de esa
densidad de materia, espacio y tiempo, el sistema se expande.

Para que un hecho cualquiera se transforme en suceso se necesita una
cantidad de energía mínima que no puede ser arbitraria, sino que tiene que tener
la condición de perturbar al hecho mismo, dándole mayor velocidad en una
cantidad que no puede ser predicha de antemano. Pero si es imposible calcular
con precisión la posición del hecho es porque la velocidad está siendo fuertemente
perturbada. Para salir de la posición relativamente pasiva en que se encuentra el
hecho, desde el punto de vista de su velocidad, y poder transformarse en suceso,
necesitará entonces un gasto mayor de energía para aumentar drásticamente esa
velocidad. Con ello, su posición no podrá ser observada con facilidad. En una
situación de estas características no se pueden predecir con exactitud los
acontecimientos futuros del conjunto de sucesos de un sistema cosmológico, de la
naturaleza y de la propia sociedad y del pensamiento humano. Se podrán percibir
las tendencias de su desarrollo, pero no el estado presente ni menos el futuro con
absoluta precisión.

La filosofía bootstrap (ver Capra,2003) plantea que en esta red dinámica de
sucesos interrelacionados, ninguno de ellos es fundamental, porque todas las
partes se configuran a partir de las propiedades de las otras partes, y la
consistencia consigo misma y con la totalidad de las interrelaciones determina la
estructura de la totalidad de lo real.

Según esta teoría, en el universo existirían partículas (fotones: de luz y
electromagnéticas) con propiedades únicas, incluso la de carecer de masa. Esta
propiedad de dichas partículas les permite actuar dentro del resto de las
partículas, provocando pequeñas perturbaciones, pero suficientes para provocar
cambios significativos a través de perturbaciones no sólo en la partícula donde
actúan, sino que a través de ellas en toda la red cósmica.

Estos sucesos de apariencia débil y de aislamiento modifican las
características de la observación y la medición, y de la propia realidad objetiva. Un
observador en apariencia ve objetos fijos, aislados, interrelacionados pero casi sin
movimiento. No ve este potente proceso de transformación constante de todas las
partículas por la influencia de estos sucesos débiles, pero que transforman
constantemente la globalidad de la red interrelacionada.

Entonces podemos concluir que la realidad llamada objetiva es una
situación en constante movimiento y cambio. Hay que partir de esta idea, no
aceptando por ello conceptos absolutos, porque la existencia de estas partículas
sin masa que se introducen en el resto de las partículas o sólo en algunas de
ellas, transforma en puntos débiles y cambiantes la totalidad de la red de sucesos.

Desde esta perspectiva, la teoría bootstrap indica que para la
autoconstrucción de la realidad objetiva es necesaria la participación de la
conciencia junto con los demás aspectos de la naturaleza. Entonces la ciencia –
plantea Chew- (Ver Capra, 2003) tiene que cambiar su sentido, de una
concepción absoluta con leyes del universo y la naturaleza inamovible a otra
metáfora denominada de red o entrelazamiento, en que nada es fundamental. Y
como lo existente está en red, cualquier explicación puede partir de cualquier
parte. Vivimos en un holomovimiento donde lo que importa es la estructura de ese
movimiento y la diversidad y la unidad del universo, desde donde emergen todas
las formas de aquel.Ello se debe a que los sucesos y sus componentes no poseen
posición y velocidad definitiva por separado, sino que una combinación de ambas
llamada estado cuántico.

El movimiento germinal del mundo cuántico

Lapiedra (2008) sostiene que tanto el macrocosmos, el universo en general
y todos los objetos macroscópicos clásicos que contiene, accesibles a la
experiencia, incluida la conciencia y su libertad, han sido producidos desde el
microcosmos o mundo germinal de la materia. Tanto el cosmos como sus objetos
macroscópicos son una consecuencia de la organización compleja del espacio
sideral según su naturaleza, el tiempo, la materia y propiedades ontológicas, es
decir, de su esencia, substancia, de su ser en general, de sus posibilidades de
existencia desde su apertura originaria.

Este autor sostiene que es en la materia microfísica donde debe hallarse el
fundamento de la existencia del universo, del alcance y la forma de comprender su
determinismo. Es al mismo tiempo lo que nos permitiría entender lo que es real o
ilusión en nuestro mundo de percepción de lo que nos rodea. Ya hemos señalado
que la función de onda de las partículas es el principio de la dualidad corpúsculo5
onda. Ellas tienen un valor (Psi) que depende de la posición en el espacio y en el
tiempo y de otras variables. El valor (Psi) de acuerdo a Lapiedra se transforma en
valor (Psim) cuando es un valor posible en un incremento de la cantidad de su
energía de una determinada magnitud “M”.

Estas partículas cuánticas al carecer de masa pueden actuar dentro del
resto de las partículas, creando con ello una variedad de estados posibles y que
no se realizan. Al actuar como ondas no actúan como movimiento de la materia,
sino que “en” la materia, dentro de ella trasmitiendo energía, información,
“novedades”. El universo cuántico (Capra. 2007) intercambia su naturaleza
constantemente, transformando sin cesar sus componentes. En este estado, una
partícula o suceso de influencia es aparentemente débil porque son difíciles de
percibir, y puede encontrarse en un medio relativamente cercano compuesto de
otras partículas o sucesos, y al mismo tiempo no estar en ninguna. Esto es
posible por la existencia de la realidad holográfica como forma natural de
interconexión indivisible de la naturaleza, que hace que todas las partículas estén
comunicadas entre sí al parecer a una velocidad mayor que la de la luz, con un
trasfondo de realidad que desconocemos por ser de otra dimensión, y sólo la
presentimos separada porque la mirada humana fracciona la realidad
Ello implica que se encuentra en posibles localizaciones superpuestas con
la probabilidad de materializarse dentro de determinados valores espaciotemporales
al producirse un determinado campo gravitacional y densidad cero. Se
produce entonces el colapso de la función de onda que significa que el estado
cuántico de superposición queda concretado a su mayor velocidad y capacidad de
perturbar a una de ellas, pasando así desde la superposición a la concreción de
un valor preciso o (Psim). Entonces colapsar implica que una onda superpuesta en
un conjunto de localizaciones posibles como partícula, se concreta en sólo una de
ellas, haciéndolo en un punto determinado de atracción gravitatoria suficiente,
asumiendo un sólo valor de sus magnitudes. Esto nos muestra que la actividad
cuántica de las partículas está en continuas transición con sus influencias de
apariencia débil de unas sobre otras, produciendo colapsos que transmiten sus
efectos al mundo macroscópico a través de la emergencia constante de nuevos
sucesos.

Desde el punto de vista del principio de incertidumbre de Heisenberg
(citado por Hawking, 1988), los elementos de un suceso (sus partículas) no tienen
una posición bien definida, ocupando el espacio del suceso o cono del suceso
(Hawking, 1988) con cierta distribución de probabilidad. Ello se debe a que la
energía que posee cada elemento de un suceso, y la energía total de éste, no
pueden ser medidas con exactitud. Desde esta perspectiva de la mecánica
cuántica, en los elementos de un suceso y en el propio suceso es imposible
calcular con precisión y seguridad la posición y la velocidad. Esta situación hace
que la emergencia y el desarrollo de estos nuevos sucesos suceden con grados
de incertidumbre, y ello se deriva por supuesto de la naturaleza de las partículas y
de los estados de superposición. Como es sabido, se hace prácticamente
imposible medir con cierta precisión dos variables como la posición y la velocidad
de las partículas de un sistema cuántico. Lograr medir una de ellas produce de
inmediato un efecto de incertidumbre en el valor de la otra. Es esto lo que crea las
relaciones de incertidumbre entre los sistemas cuánticos y de éstos con los
sistemas macroscópicos.

En efecto, el mundo cuántico está indeterminado porque no es posible
predecir qué valores de la medida producidos en el colapso van a hacerse
realidad. En este sentido, el desarrollo del mundo cósmico no está establecido,
sino que vive un proceso continuo de creatividad. Esta creatividad se constituye
porque sólo emergen continuamente algunos valores con cierta exactitud de entre
un conjunto de posibilidades superpuestas, las cuales nunca llegarán a ser
realidad. Por ello que el desarrollo de la realidad cuántica está sometida sólo a
conceptos y a fórmulas probabilísticas. Podríamos derivar a partir de Lapiedra,
que el universo macroscópico es un bullir interactivo de colapsos y
superposiciones en una ontología cuántica profunda.

Los sucesos también se mueven en los marcos de las denominadas flechas
del tiempo, que se refieren al desorden y la entropía con que se va desarrollando
cada suceso. Existen tres flechas del tiempo. La primera de ellas --según
Hawking-- es la flecha termodinámica que nos muestra la dirección del tiempo en
la que aumenta el desorden o la entropía. De acuerdo a la segunda ley de la
termodinámica, hay una mayor tendencia al desorden que al orden. Esto significa
que desde que emerge un suceso como suceso ordenado, y en la medida que
transcurre el tiempo, esta singularidad irá evolucionando y su estado irá
cambiando, mutando, metamorfoseando. Tutores/as y aprendices deben ser
capaces de observar estas mutaciones desde el aula.

Debido a su relación con un entorno fuertemente perturbador, el sistema
tenderá en su evolución a desordenarse constantemente, pudiendo incluso saltar
hacia otro estado cualitativamente distinto. La complejidad al ser resuelta,
aumenta la complejidad. Esto genera nuevos sucesos y la necesidad de generar
nuevas visiones que permitan el entendimiento de lo nuevo como un nuevo
conocimiento generado por el o los observadores.

Lapaiedra nos indica que la ciencia cuántica nos va señalando que los
procesos germinales creadores de la realidad son en parte indeterminados, y
como ya se señaló, sólo conocidos por estadística y probabildad. Hoy se hacen
preguntas si es posible conocer estos procesos primordiales. Algunos sostienen
que es sólo una insuficiencia de la capacidad de conocer que los humanos
tenemos de las pequeñas fluctuaciones y variaciones de las condiciones iniciales
de las partículas microscópicas. Es decir, se trata de un problema epistemológico
real, porque estas “variables ocultas” hasta el momento son imposibles de
conocer. Se trataría de la segunda flecha señalada por Hawking como la flecha
psicológica, la cual está relacionada con la mirada o visión de los observadores,
cómo éstos sienten que pasa el tiempo, que ven de una manera determinada el
suceder del suceso, que observan como éste se expande. Esta segunda flecha
está fuertemente determinada por la flecha termodinámica porque los
observadores van advirtiendo la expansión del suceso en la misma medida en que
la entropía aumenta, en que el desorden crece.

Otros apuestan a que el asunto es más profundo, y que tiene un alcance
real ontológico, la imposibilidad de conocer la forma de existencia de las
fluctuaciones de estas partículas. Son variables no visibles que expresan un
determinismo causal objetivo aplicables a los fenómenos cuánticos y
macroscópicos, que sucede realmente en el mundo, independientemente de la
existencia de los observadores. Concluye el autor que estas indeterminaciones
cuánticas que surgen de los colapsos de estos sistemas cuánticos en
superposición de estados posibles, son los que transmiten sus efectos hacia el
mundo macroscópico, causando las indeterminaciones de éste.

Por último, está la flecha cosmológica que se refiere a la dirección del
tiempo en que se expande el universo o se desarrolla la naturaleza y la sociedad,
entorno que le imprime fuertemente su impronta al suceso, situación que hay que
tener presente para observar su desarrollo.

Una nueva episte-metodología

Lo señalado hasta aquí es una realidad descubierta por la mecánica
cuántica muy diversa a la que nos ha mostrado durante trescientos años la
mecánica clásica. Este enfoque newton-cartesiano nos ha hecho creer que la
conducta humana es producto de un sistema biológico que debe ser entendido
como computador neuronal, que procesa información como si tuviera programas
determinados por la evolución natural. Sería un determinismo que nos
transformaría en simples robots.

El cerebro no es una máquina pasiva que recibe en forma de input
instrucciones del exterior; no es un simple depósito de imágenes o saberes que
luego son procesados y enviados al exterior en forma de output. El cerebro de las
personas no procesa como máquinas alopoiéticas como los computadores u otras
creadas por los seres humanos, sino que al ser seres vivos, se transforman en
seres autopoiéticos, y crean conocimientos efectivamente a partir de sus propios
conocimientos previos porque son máquinas no tribiales.

Morín (1986) por su parte sostiene que hay un bucle indisociable entre
computación y cogitación. La nueva relación ética entre tutores y aprendices en el
aula debe generar las condiciones para comprender que la actividad computante
de los alumnos/as organiza de una manera el conocimiento, y la cogitación
produce una nueva forma de organización de ese conocimiento de tal manera que
pueda ser reflexivamente considerado.

La relación de bucle entre la computación cerebral y la cogitación es
fundamental, porque permite desarrollar en el aula una interrelación tutor/aprendiz
de lógica compleja, que busca asociar lo que la primera (la actividad
computacional humana) disyunta, buscando la conjunción de lo separado
artificialmente, coordinando palabras e ideas en discursos, sistematizándolas, etc.
De este modo, afirma Morín, la asociación y la disociación adquieren esta forma
lógica de conjunción, disyunción, afirmación, negación, condición, conmutación,
distribución, entre otras.

La estructura del cerebro de los seres humanos está determinada por el
contexto histórico del desarrollo celular y que las posibles combinaciones de
neuronas se realizan en cifras expresadas con un diez con un millón de ceros.
Esta interconexión de neuronas o mapas sinápticos es importante porque organiza
el cerebro y favorece la adaptación del organismo a los entornos complejos
cambiantes, lo que transforma al ser humano en un ser anticaosógeno (Yanes,
2009), en un ser energocibernético. Esta situación es potenciada hoy día
exponencialmente por las tecnologías de la información y las comunicaciones.
May (2001:24) nos dice que hoy , como nunca en la historia de la humanidad,
“…podemos interactuar con la diversidad de hechos, culturas, enfoques, visiones,
valores mundiales y esto, que indudablemente representa un enriquecimiento y
ampliación de la conciencia es, al mismo tiempo, sin un fondo ordenador, algo que
nos deja confusos, sobrestimulados, en un caos donde ya no somos capaces de
descifrar un sentido, algo que organice y nos devuelva la sensación, que muchos
pueblos anteriores a nosotros tuvieron, de vivir en un “cosmos” en un todo
armónico en el cual podamos ubicar la experiencia integrada a un sustrato de
fondo que dé dirección a la vida”. El ser humano busca incesantemente
comprender el mundo que vivimos, presiente que hay razones que no las ve que
podrían definir nuevos horizontes, un “todo” que integre la multiplicidad de
nuestras vidas en una esfera más abarcante que nos haga sentir que ésta cobra
rumbo, pulso, que tras los múltiples latidos hay un solo corazón. (May:26). La
autora coincide con los teóricos cuánticos de que el cosmos es un todo
interrelacionado de energía en constante intercambio y transformación, una red
vibratoria donde cualquier pulsación en cualquier parte, “toca” a todo el universo.
Esta nueva forma de pensar supera la mecánica-clásica de entender el mundo,
reubicándonos como seres humanos y planeta en un todo sideral, como uno más,
comprendiéndonos sólo como una partícula de polvo cósmico en el universo.

Estamos cada vez más cerca de entender que somos simplemente parte de
una red universal. Esta naturaleza cósmica a la cual pertenecemos es una mente
colectiva que entrega pautas de expresión a todas las formas de existencia
universal. Son fluctuaciones cuánticas microcósmica que al colapsar se
transforman en sucesos macroscópicos de todas las múltiples existencias como
los minerales, vegetales, animales y el propio ser humano. De esta manera nos
transformamos en expresión “del alma colectiva que da la pauta” a todos los
reinos, entre ellos el humano, alma colectiva que no reflexiona ni crea ideas, pero
define con sus fluctuaciones cuánticas todo la conducta en el vivir macroscópico
de todos los seres que en ella vive.

En este marco, las potencialidades de las estructuras de los seres
energocibernéticos como el ser humano, están relacionadas con sus capacidades
de incremento constante de la variedad residual estructural que poseen como
seres vivos, lo cual les permite generar profundos cambios internos con el fin de
superar la resistencia del medio o entorno caosógeno, condicionado por la
segunda ley de la termodinámica, la complejidad, la incertidumbre y el caos. Esta
propiedad del hombre como especie compleja le permite crear los sistemas
adaptativos correspondientes, conservando sus propiedades autopoiéticas y de
identidad, a través de las diversidades de lenguajes, sistemas de comunicación,
visiones paradigmáticas y epistemológicas, el pensar el saber, diversos
metaconocimientos científicos, redes nerviosas digitales, realidades virtuales,
cultura tecnológica, nuevas invenciones, conocimiento profundo de la sociedad,
inteligencia artificial, en fin, con el conjunto de la cultura que la sociedad ha ido
creando, todo lo cual ayuda a conocer su entorno, pensar lo pensado y aprender a
vivir en este medio complejo y hostil, garantizando su existencia, desarrollo y
permanencia como organismo vivo complejo. Pero ésta reacción frente a las
fluctuaciones resuelve el problema epistemológico del conocer. ¿Y el problema
ontológico de las fluctuaciones cuánticas superpuestas y luego colapsadas que
nos muestran estas nuevas formas de realidad, de realidad mecánico-cuántica
que transforma constantemente los sistemas macroscópicos, cómo las
enfrentamos?

Lapiedra señala que el determinismo no es el soporte físico apropiado para
explicar estas nuevas formas de realidad cuántica. Agrega que este soporte para
explicar la conciencia y la libertad de los seres humanos podría encontrarse en la
ontología cuántica, en la propia forma de ser de la realidad física de nuestros
cerebros. A esta forma de comprensión él la denomina “neurología cuántica”. Ella
es capaz de amplificar a niveles macroscópicos sus fluctuaciones cuánticas, esas
partículas de onda que perturban nuestro cerebro y de las cuales no tenemos
conciencia inmediata, pero que las conocemos sólo cuando se transforman en
sucesos visibles. Ello transforma también a los seres humanos en seres no
predecibles, al igual que el resto de los seres vivientes. Esta conducta
macroscópica impredecible de los humanos son las transiciones de la información
imperceptible que como partículas de onda incrementadas por la velocidad de las
Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs) en la época actual,
tienen lugar en nuestros cerebros. Los problemas sociales de alta complejidad que
se escapan momentáneamente de la comprensión de toda construcción
epistemológica son expresión de aquellos, por ejemplo la huelga de los llamados
“pingüinos” (estudiantes de enseñanza media) en Chile el 2006. ¿Cómo conocer
esa frontera en que lo cuántico en nuestro cerebro comienza a construir la
evolución de los estados posibles en las decisiones de los seres humanos,
creando con ello objetos macroscópicos que se harán realidad explotando como
sucesos con sus conos del pasado y del futuro?

El pensamiento vinculante

La observación de este nuevo cosmos lleno de incertidumbres necesita
terminar con aquellos principios que han mutilado nuestras visiones, y la de los
alumnos en nuestras universidades. Es necesario, como plantea Morin, articular
la ciencia antro-social a la ciencia de la naturaleza, recreando con ello la
estructura actual del saber. Este autor nos invita a plantear una nueva concepción
del hombre como un concepto trinitario individuo-sociedad-especie, donde ningún
término se subordine al otro. Nos invita también a vincular la esfera antropo-social
a la esfera biológica y ambas a la esfera física. Y además nos señala que hay que
reintegrar al observador en la observación, porque el sujeto observante y
conceptualizador es un ser cultural, y por ello toda realidad concebida no sólo se
remite al objeto sino que también a ese sujeto cultural conceptualizador.

De esta manera la realidad antro-social se proyecta, siguiendo a Morin, en
la esencia misma de la física y de las ciencias naturales, terminando con la
disyunción que condenan a las ciencias humanas a la inconsistencia extra-física, y
a las ciencias naturales a la inconsistencia de su realidad social, haciéndolas por
el contrario, dependientes entre sí. Esta nueva situación nos permitiría de mejor
manera entender las superposiciones de las partículas cuánticas que al adquirir
mayor velocidad por incremento de su energía, perturban con fuerza el mundo
macrofísico haciendo posible la emergencia de los sucesos.

La ciencia hoy día, señala Morin, es capaz de controlar los objetos de ella,
pero no ha creado ningún método científico que ponga a la ciencia misma como
objeto de la ciencia y al científico como sujeto de este objeto: no hay ciencia de la
ciencia y mientras eso sea así, la relación planteada más arriba será un círculo
vicioso. Y es un círculo vicioso porque no articula las ciencias físicas, biológicas y
antro-social, no vuelve a unir lo que se ha desunido, dando como consecuencia la
incomprensión de la emergencia de los sucesos sociales desde las perturbaciones
cuánticas de nuestro propio cerebro.

Morín llama a poner en duda metódicamente el método científico
cartesiano, que provoca la disyunción de los objetos entre sí, de las nociones
entre sí, la disyunción entre objeto y sujeto. Esa es la gran tarea histórica de esta
época: encontrar un método que nos ayude a develar las uniones, las
articulaciones, las interdependencias y complejidades de todo lo que existe. Hay
que denunciar la ignorancia oculta, la simplificación mutiladora, la disyunción, las
certidumbres, el reduccionismo, en fin, la incapacidad de nuestros saberes en lo
que llamamos conocimiento científico. Por el contrario, hay que poner a la vista
de todos el desorden termodinámico, la incertidumbre microfísica, la irrupción de
los sucesos macrofísicos a partir de las fluctuaciones de las partículas cuánticas,
el carácter aleatorio de las mutaciones genéticas, las interrelaciones, la confusión
que van abriendo paso al pensamiento complejo.

La relación física-biología-antropo-social es circular, y se nos muestra como
un círculo vicioso porque presenta en su relación tres problemas no disipados aún:
la imposibilidad del saber enciclopédico, epistemológico o la ausencia de un nuevo
principio de organización del saber, y la presencia del principio de disyunción, y, la
muralla lógica o presencia del círculo vicioso.

Morín plantea la necesidad de transformar el círculo vicioso en círculo
virtuoso, transformándolo en un movimiento reflexivo del pensamiento sobre el
pensamiento, generador de un pensamiento complejo. La circularidad no debe ser
rota, señala Morin, pero su ruta debe ser en espiral, poniendo el saber en ciclo
activo para generar aprendizaje, articulando los puntos de vista disjuntos del saber
en un movimiento permanente, evitando encerrar la realidad en la lógica de un
sistema, energetizar a los conocimientos cruciales, los puntos estratégicos, los
nudos de comunicación, las articulaciones organizacionales superando la
disyunción. La barrera enciclopédica para instaurar un nuevo método de la ciencia
para la ciencia consiste en dejar de entender el enciclopedismo como acumulación
de conocimientos en términos de totalidad, sino que debe entenderse, como
señala Morín, en términos de organización y de articulación de saberes en el seno
de un proceso circular activo.

Lo que está pendiente para superar el viejo método científico cartesiano
que disyunta lo que siempre ha estado unido es la constitución de un nuevo
principio organizador del conocimiento que, según Morín, asocie a la descripción
del objeto la descripción de la descripción y el surgimiento del descriptor, dando
fuerza a su vez tanto a la articulación y a la integración, como a la distinción y a la
oposición. Concluye Morín señalando que “Nos servimos de nuestra estructura de
pensamiento para pensar. Necesitamos también servirnos de nuestro
pensamiento para repensar nuestra estructura de pensamiento. Nuestro
pensamiento debe volver a su fuente en un bucle interrogativo y crítico”,

Bibliografía

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Hawking W., Stephen “Historia del Tiempo. Del big bang a los agujeros
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Documentalistas)&cd=1&hl=es&ct=clnk&gl=cl
http://www.documentalistas.org/colaboradores/firmas/p5/jaime_yanes8.php
http://www.documentalistas.org/secretaria/publicaciones/revista/anterior.php?recor
dID=14
http://www.facebook.com/notes/flavia-dhyan-ilaa/el-poder-del-cerebro-es-brutaleduardo-
punset-primera-parte-/363780047826

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