martes, 2 de agosto de 2011

La metodología: el siniestro corset de la educación (Parte I: Un enfoque epistemológico desde la física tradicional


 física clásica con su modelo newton-cartesiano ha creado una manera de ver el mundo, centrado fundamentalmente en un afán de medir la realidad, estableciendo en primer lugar  una cantidad determinada de causas que actúan definiendo el comportamiento de  sucesos con casi absoluta certeza. Esta mirada determinista señala que la existencia de definidas causas provocaba determinadas consecuencias y que las mismas causas provocaban situaciones iguales, o dicho de otra manera, a medidas repetidas en condiciones idénticas, los resultados deberían ser los mismos. El segundo factor fundamental  de ese método científico  es que para entender un suceso es necesario comprenderlo en sus partes constitutivas y luego sumando sus partes permitiría conocerlo en su totalidad.


Este modo de pensar basado en la causación determinista certera  predomina hoy día en aula de todo el sistema educacional de nuestro país, y se ha transformado en un verdadero corset que impide que los centros de enseñanza en todos sus niveles desarrollen un espíritu innovador entre los estudiantes  chilenos.

El newton cartesianismo como paradigma de investigación
          En la sociedad industrial, la ciencia tradicional positivista centra su manera de ver en la objetividad del conocimiento, en la simple descripción de las cosas, en el análisis desagregando la realidad en sus partes más pequeñas, en las relaciones de causa y efecto lineales y, con ello, en la absolutización del determinismo en el surgimiento de los fenómenos y de los sucesos, la validez indiscutible de la experiencia sensible, el inductivismo, el análisis de procesos y la verificación empírica como única forma de entender que un suceso es real. El cartesianismo carga el enfoque en el estudio de los casos aisladamente considerados, hacen hincapié en el análisis de los componentes, con frecuencia, a expensas del contexto. (Toffler, 1989). La física clásica obliga a la epistemología y la metodología a moverse entre rígidas coordenadas. Este modo de ver que inundó el espíritu industrial con su paradigma durante los últimos tres siglo, se planteaba la existencia de la realidad claramente delimitada, perfectamente inteligible, lógica con sucesos continuos, unos detrás de otros, como simples peldaños, con un mundo siempre predecible y un todo siempre ordenado, con leyes posibles de conocer.

Los positivistas consideraban que los conceptos y las teorías sólo son justificables en tanto entregan una representación de relaciones entre experiencias sensibles. Para ellos, los experimentos, las mediciones y las observaciones cuantitativas precisas son la base de las mutaciones en la ciencia. El positivismo reduce el conocimiento a lo observable, en el establecimiento de hechos y nexos entre estos hechos alejados del desarrollo continua. El papel de la teoría se reducía a un simple instrumento de sistemización bibliográfica, sin abrirse a la posibilidad de nuevos mundos no conocidos.


Koyré (1994) critica al positivismo, señalando que este enfoque se basa en el planteamiento que la acumulación de nuevos hechos está radicado fundamentalmente en el peso del desarrollo de la experimentación y la observación de ésta. Este mismo autor agrega que para el positivismo no son las condiciones del saber las que determinan las condiciones del ser fenoménico de los objetos, sino que, por el contrario, es la “estructura objetiva” del ser lo que determina el papel y el valor de nuestras facultades del saber. 


Los profesores Humberto Maturana y Francisco Varela (1995) se suman a la crítica del positivismo. En primer lugar, cuestionan el pensamiento objetivo que ellos califican de trascendental, donde la existencia tiene lugar con independencia del observador, donde las cosas existen independientemente de si éste las conoce o las puede conocer a través de la percepción o la razón. Ambos autores señalan que este camino de conocer es ciego y sordo a la participación del observador en la constitución de la explicación de las cosas, fenómenos o hechos. Aquí, el conocimiento sobre el entorno será independiente de las propias experiencias perceptuales con que el observador experimenta y percibe dicho entorno 

Ander-Egg (1995:46) sostiene que la medición en la metodología“… no es otra cosa que una forma de observación; en otras palabras, la ciencia es cuantitativa porque se basa en observaciones registradas y representadas en símbolos (…) medir es asignar numerales a objetos o acontecimientos de acuerdo con ciertas reglas”, originando con ellos diferentes tipos de escalas y diferentes tipos de medición. Entre las características que el autor entrega a la medición, están entre otras, que la medición debe tener validez cuando lo que mide puede ser demostrado, libre de distorsiones. Además agrega que la medición es fiable  cuando al aplicarse repetidamente a un mismo individuo o grupo o por investigadores distintos en el mismo momento da resultados iguales o parecidos. Y por último, una medición es precisa cuando localiza con exactitud la posición del fenómeno que se investiga.

Hernández Sampieri (1994:40) y los co-autores  de Metodología de la Investigación asumen la definición de Kerlinger (1975:9) sobre teoría y plantean que “…es un conjunto de constructos (conceptos), definiciones y proposiciones relacionadas entre sí, que presentan un punto de vista sistemático de fenómenos especificando relaciones entre variables, con el objeto de explicar y predecir los fenómenos”. Esta forma de entender la teoría le da fundamentalmente un carácter causal determinista a la relación de variables o leyes que interrelacionan estas variables. De aquí se puede deducir que las proposiciones que se hacen de esas variables están interrelacionadas lógicamente, y que no es precisamente de la interrelación de la mirada holista como holomovimiento donde todo efectivamente está vinculado,  sino  que se refiere a que tiene un carácter de causalidad determinista en la perspectiva que generan necesariamente ciertas consecuencias.

Ellos entienden por medición (1994: 242) como “el proceso de vincular conceptos abstractos con indicadores empíricos”. Esto se efectúa  clasificando y cuantificando los datos disponibles que ellos denominan Indicadores. En este proceso, el instrumento de medición o de recolección de datos es central, porque debe registrar (1994: 242)  “…datos observables que representan verdaderamente a los conceptos o variables que el investigador tiene en mente”. Ellos apuestan que los instrumentos de medición tienen grados de validez apreciables en la medida que mide la variable que pretende medir. Aquí no hay dudas e imprecisión al respecto, sino sólo certezas propias de una epistemología fundada en la física clásica.

Bunge (1969:55) sostiene que aquello que caracteriza al conocimiento científico es su verificabilidad: “siempre es susceptible de ser verificado”. El autor plantea (1969: 58) que las proposiciones que se refieren como hipótesis acerca de la naturaleza y la sociedad deben ponerse a prueba por procedimientos empíricos de medición. Sólo la verificación de enunciados formales, señala Bunge, acepta demostraciones racionales. Las hipótesis científicas en las ciencias fácticas deben pasar la prueba de la experiencia. Y esto obliga a descubrir pautas para poner a prueba las hipótesis. El único invariante en las hipótesis científicas es el requisito de verificabilidad: (1969: 68) “La inducción, la analogía y la deducción de suposiciones extra científicas (p.ej., filosóficas) proveen puntos de partida que deben ser elaborados y probados”.
      
       Conclusión
      Esta forma de entender la metodología en la investigación científica está cercenando toda posibilidad de transformar a nuestras universidades y sus aulas y laboratorios en verdaderos centros de creación e innovación. Los alumnos son obligados a realizar “investigaciones” donde la explicación de la metodología cartesiana utilizada es lo central, cumpliendo el rol principal de ellas la medición casi exacta de las dimensiones o factores que podrían caracterizar las variables que determinan un problema. El determinismo, la certeza, la medición enfermiza es el centro de toda investigación, lo cual se ha transformado en un verdadero corset que tiene enclaustrada a nuestra educación secundaria  y universidades, alejadas de todo posibilidad de participar creadoramente en el desarrollo de nuestro país.



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