viernes, 12 de agosto de 2011

“Cambios en el uso de estrategias institucionales, que estimulen y promuevan la autonomía del alumno en el aprendizaje virtual”.


            Introducción

            La sociedad actual vive el paradigma de la sociedad de la información con base microelectrónica y computacional, de la producción tecnotrónica, de la información electrónica manipulada, procesada y codificada y de los flujos y redes de energía.

             Desde esta perspectiva, el desarrollo de la información y su transformación en conocimiento ha posicionado a la respuesta veloz como nueva arma estratégica para el desempeño profesional, como asimismo para que las empresas e instituciones modernas puedan sobrevivir en un mundo cada vez más competitivo. El aumento de la información ha incrementado la responsabilidad y delegación de cada persona, transformándola en base para el éxito de su liderazgo y de las organizaciones donde participa. Esta información se ha desmasificado, obligando a acumular y a ordenar mas datos y hechos con el propósito de garantizar la mantención de las relaciones entre las personas y las instituciones sociales.

            El aumento de la información está cambiando la percepción del modo de actuar que tiene la gente sobre la sociedad, modificando también el ritmo de nuestros propios archivos de imágenes, la forma de pensar, de sintetizar y de la manera de prever las consecuencias de nuestra acción. En definitiva, está creando un mundo simultáneo, próximo e interdependiente, obligando a las personas a interrelacionar grandes cantidades de relaciones causales.

            La actividad diaria de cada sociedad está cambiando, marcando la innovación el nuevo perfil del trabajo y del trabajador como efecto del conjunto de millones de combinaciones que nos facilita el actual destello de información.

            Las nuevas tecnologías de la información se han transformado en un mecanismo integrador, aumentando la cercanía entre los ciudadanos del mundo, donde todos tienen algo que compartir; desarrollando un proceso de globalización constante y al mismo tiempo pérdida de toda referencia local y disminuyendo incluso los contornos de lo social, lo económico y lo político.

            El actual desarrollo de tecnologías está subordinando el desarrollo de la ciencia, dependiendo esta última por la tanto, de determinados intereses económicos. Esto ha hecho que las bases éticas del trabajo y del bien común trascendente se estén perdiendo y que la producción de conocimientos sea útil sólo en la medida en que tenga fines productivos altamente rentables. Esta situación está transformando incluso la propia educación al plantearla equivocadamente como mera capacitación de recursos humanos para alcanzar conocimiento “útil”.

            En la actualidad el grado de modernidad de las empresas, instituciones y las personas está definido por el grado de incorporación de tecnología y de valor intelectual agregado a la producción de acontecimientos y fenómenos.

             En este marco, moderno es quién maneja y selecciona información y tiene habilidad para fundamentar su saber en los diversos lenguajes como la cibernética, informática, algebras modernas, etc. (Lyotard) y en sistemas de gestión y organización flexible. Aquellos que no poseen este perfil se mantienen en el mundo de los desinformatizados por el no manejo de las lógicas del nuevo intercambio simbólico, siendo brutalmente marginados de los beneficios que la cultura entrega a las personas.



            Sociedad.

            El análisis sistémico de la sociedad entiende a esta última como un sistema  integral autogobernado por mecanismos de dirección que le son propios. Ello es así porque todos los componentes de la sociedad se influyen mutuamente y se encuentran en diversas formas de interacción. Esta unidad de la sociedad crea las condiciones propicias para que, cambiando algunos de sus elementos, cambie las relaciones entre ellos, es decir, la propia estructura del sistema.

            El sistema social, según Niklas Luhman, es autopoiético y autoreferente. Esto implica que los sistemas crean sus propias estructuras y los elementos que la componen. Pero además es autoreferente y ello nos advierte que todo sistema, siendo diferente a su contexto, se reconoce a sí mismo como tal y con grados relativos de autonomía respecto a su entorno, pero al mismo tiempo incluyéndolo dentro de él.

            Todo sistema social de la época contemporánea o sociedad del conocimiento, es extraordinariamente complejo. Esta situación se debe a que en la actualidad la diversidad y pluralidad de componentes de una estructura impide que éstos tengan una relación directa entre todos ellos, como sucedía en la sociedad industrial. Es así, entonces, que hoy día, el sistema social no es una simple suma de relaciones.

            Su complejidad nos muestra que existe dificultad de contacto entre los componentes de una estructura por sobreabundancia de relaciones, dando con ello un excedente de posibilidades y de nuevas potenciales conexiones. En este marco, reducir esa complejidad pasa por su temporalización o contextualización, por su readecuación permanente a las exigencias tanto internas como externas del sistema.

            Según el mismo Luhmann, la tarea de temporalizar la complejidad de los sistemas sociales para diferenciar sus elementos y efectuar nuevas selecciones y conexiones, significa la creación permanente de nuevas interdependencias entre la disolución y la reproducción de los elementos de un sistema concreto. Esto es, el fortalecimiento de la tendencia a la desintegración y creación continúa de los sistemas.

            Lo anterior obliga a privilegiar lo dinámico por sobre lo estático, o dicho de otro modo, lo regular, la tendencia, las exigencias del entorno y a partir de ahí, la reconstrucción permanente de las contingencias del sistema, gestionando adecuadamente el carácter autopoiético y autorefente de éste.

            La sociedad actual está compuesta de estructuras demasiado plásticas y dinámicas, de complejidad creciente donde más que simples causas, lo que motivan las transformaciones son patrones de cambio. Esto obliga a modificar nuestro modo de pensar, pasando de modelos mentales dominados por causas/hechos a otros que reconozcan patrones  o tendencias de desarrollo y aquello que lo genera.

            Esta reducción de la complejidad obliga a la creación de un renovado y pertinente cuerpo conceptual elaborado científicamente, que explique las tendencias de cambio y la  complejidad, transformando esta última. Dicho de otra manera, las bases teóricas deben ser permanentemente renovadas para fijar y establecer lo que aparece complejo e indeterminado.


            Los profesionales y el nuevo liderazgo

      Frente a la complejidad de los fenómenos de la sociedad y de los procesos y estructuras que  se imponen en la producción y la gestión, el objetivo principal en la educación en todos sus niveles se traslada a terminar con la visión fragmentaria, casual y equivocada que hoy día tienen las personas  respecto del presente, y  fundamentalmente del futuro de la sociedad.

      Es necesario que el recurso fundamental de la producción -los obreros, empleados y profesionales- sean creadores, que adquieran un pensamiento a gran escala y teórico general, que ensamblen las piezas dispersas, generalicen pero al mismo tiempo sinteticen la realidad.

      La revolución de las comunicaciones no sólo ha transformado a la empresa, sino que está entregando todas las posibilidades para que esos cambios lleguen a cada una de las personas.   Las comunicaciones al invadir la sociedad están cambiando  también la mente, la forma de pensar, de sintetizar y de prever lo que viene. La actual tecnología está potenciando los conocimientos y el poder mental de la gente.

      Hoy día se está desarrollando una forma de ver la realidad que facilita al profesional comprenderla como no compuesta de elementos separables con facilidad, sino que por el contrario, una sociedad - problemas, procesos y estructuras-  llena de partes altamente influidas unas con otras que obliga al análisis de dependencia mutua.

      El ordenador facilita la profundización sintetizadora del conocimiento, debido a que puede recordar e interrelacionar gran número de fuerzas causales, profundizando toda la concepción que se tenía respecto a la causalidad. Esto permite perfeccionar, como señala Alvin Toffler,  nuestra comprensión del carácter interrelacionado de las cosas y nos ayuda a sintetizar todo lo que tiene de significado a partir de datos aparentemente inconexos arremolinados a nuestro alrededor. Estamos presenciando el surgimiento de una mente "postuniformizada".

      En la época en que se ha desatado una aguda lucha por el control de los conocimientos y las comunicaciones, -lucha que tendrá como producto final un cambio radical en el poder de las personas, empresas y países-, se necesitan profesionales y líderes formados para establecer las bases electrónicas de una sociedad muy acelerada que debe remodelarse sin cesar, adoptando nuevos formatos permanentemente.

      El gran desafío de las personas es ser capaces de conocer las tendencias del desarrollo contemporáneo, con el fin de que las veloces fluctuaciones que permanentemente se producen en la sociedad actual sigan el camino de la creación de fenómenos,  procesos y estructuras nuevas de un nivel y calidad superior.

      El filósofo Ervin Laszlo afirma que nos encontramos formando parte de un sistema interconectado de la naturaleza, y a menos que informados líderes "generalistas" asuman la tarea de elaborar teorías sistémicas de las pautas de interconexión, nuestros proyectos de corto alcance y nuestra limitada capacidad de control pueden conducirnos a nuestra propia destrucción .

      Todo lo anterior obliga a que se tenga una visión coherente de lo que viene. Luciano Tomassini sostiene que lo principal en los gestores modernos -o líderes- es definir y tomar en  cuenta los elementos contextuales en que las instituciones en general  se desenvuelven, esto es, las transformaciones económicas, tecnológicas, culturales, científicas, éticas, sociales, ecológicas y políticas, y de preferencia de la gente a fin de imprimir coherencia y eficacia a las organizaciones.

      Lo que se plantea es entonces, que  el gestor debe invertir en analizar las tendencias de los cuales surgirán los escenarios en que tendrá que desenvolverse las organizaciones en el futuro, siendo más capaz de prevenir que de solucionar los problemas que se le presentan. Por ello el nuevo profesional-lider-gestor debe ser un trabajador mucho más sensible a lo que viene, debido a la emergencia del nuevo paradigma tecnológico que está ampliando extraordinariamente las opciones personales.

      Todo lo hasta aquí comentado nos demuestra que nos encontramos ante la presencia de un nuevo tipo de profesional y líder. Su característica fundamental no es, como se plantea, la especialización, sino que posea una gran propiedad generalizadora y sintetizadora.

      Debe ser generalista. Su pensamiento no puede quedar reducido sólo a lo particular e individual. Tiene que ser capaz de conocer en profundidad las tendencias generales que se encuentran en la base del desarrollo de la sociedad y de las empresas, lo que le permitirá estar generando constantemente problemas nuevos.

      Poseer gran capacidad para comprender la complejidad de las cosas, aceptando y conociendo el hecho de la multiplicidad de conexiones de todas las cosas y fenómenos que ocurren en la realidad. Incluso tiene que tener la suficiente visión y perspicacia para determinar aquellas relaciones que no son visibles pero que están latentes, y que sin duda influyen también en los fenómenos que se analizan.

                  El nuevo líder debe poseer características trandisciplinarias, porque es lo único que le permitirá una permanente atención a todo lo novedoso que ocurre en el medio en que se desenvuelve. La transdisciplinariedad va mucho más allá de la simple especialización. Es la multiespecialización, pero sobre una nueva base: capacidad generalizadora, analítica y sintetizadora, con grandes atributos en el  conocimiento de lo complejo y poseedor de una gran cultura.

                  El profesional y líder de la época contemporánea debe ser sensible a los problemas sociales que acarrea la propia modernidad en el plano de la cultura - y de la capacitación en particular- para enfrentar esta nueva situación. El cambio del trabajo manual a la actividad intelectual y  supersimbólica es irreversible. Ello plantea una nueva forma de tratar a las personas, enfatizando el carácter singular de cada uno de ellas más que si fuesen una masa. Se debe favorecer todas las nuevas formas laborales y de tratamiento individual que van emergiendo en el marco de las nuevas tecnologías como el horario flexible, el teletrabajo, el trabajo compartido, beneficios individuales, diferenciación de honorarios, etc.

            El profesional moderno debe ser una persona que, conociendo el carácter y las necesidades de la época, sea capaz de construir el futuro anticipándose a lo que viene. Para asegurar este saber prospectivo, este saber pertinente, hay que desarrollar en ellos habilidades y conductas que los lleven a conjugar lo aprendido en la enseñanza superior, con la investigación científica de campo o en terreno.

            Como los conocimientos especializados son fundamentales en la formación académica, ellos deben ser combinados con aptitudes generalistas. El enfoque de análisis o desagregación permanente y de la visión newtoniana del tiempo como movimiento constante, invariable e idéntico a los demás propia del especialista, ha sido superado por el profesional líder actual a través de su capacidad de síntesis y de conceptualizar un modo de integrar distintas partes y funciones. Esta propiedad del generalista permite al nuevo liderazgo desarrollar la abstracción necesaria para generar ideas nuevas, favorecer una capacidad de percepción extraordinaria para detectar las diferencias, valentía para renunciar a lo sabido y afrontar el cambio, aprender a incorporar al presente consideraciones del futuro, conjugar creativamente elementos novedosos de un modo ingenioso, ser receptivo a estímulos externos muy heterogéneos y desarrollar fuerzas integradoras más sólidas.

            Se trata de formar un líder que sea sujeto protagonista del desarrollo científico-tecnológico y social del país. Sólo en este marco son posibles profesionales y técnicos líderes capaces de generalizar su práctica en el marco de las tendencias actuales del desarrollo de la sociedad, produciendo nuevos conocimientos. En esta perspectiva se hace realizable el momento de la síntesis y la transmutación entre los conocimientos adquiridos en la enseñanza superior y los nuevos, los originales, los que crea el propio profesional y técnico en su experiencia de terreno y de investigación. En síntesis, lo que se debe lograr es articular la formación superior, la investigación y sus prácticas sociales. En esta  situación es necesario que prevalezca el trabajo en equipo por sobre el trabajo especializado, pasando con ello hacia la colaboración y la cultura transdisciplinaria.  

            Para que lo anterior se cumpla, el líder debe poseer una doble visión de la dirección. Debe ser capaz de gestionar organizaciones en forma eficaz y, simultáneamente, crear condiciones para su constante transformación de acuerdo a las exigencias del entorno.



  
            Cultura y Enseñanza Superior.

            La modernización pasa por superar los problemas de atrasos científicos, tecnológicos, culturales y sociales que impiden que este país de los saltos cualitativos necesarios para pararse frente al mundo con seguridad y autoridad. Chile necesita de la energía que nos arrastre hacia el futuro. Esa energía es el desarrollo de las fuerzas productivas, -en especial la ciencia y la tecnología- de la cultura y de la equidad social. Lograr estas metas nos permitirá transformarnos en una sociedad madura, libre y soberana capaz de hablar con potente voz en el concierto de naciones.

            El desarrollo de toda ciencia exige creación, por lo tanto debe existir pluralismo y libertad, sin ningún asomo de “administración del pensamiento ni cánones dogmáticos”. que permita innovar en todos los ámbitos de la cultura y acceder a la creación científica. Para ello, debe suprimirse las restricciones sociales que impiden a las personas manifestar y desarrollar sus capacidades. No hay libertad donde hay hambre, ignorancia y miseria. El progreso presupone asegurar la existencia vital de todos los seres humanos en su aspecto físico e intelectual.

             Si la base del crecimiento de un país son las personas, el desarrollo tecnológico y la cultura en general, las opciones para mejorar la enseñanza superior constituyen un imperativo estratégico. En esta perspectiva debe ser mirada toda la enseñanza superior, entendida como aquella que se imparte en los Institutos Profesionales y las Universidades. El destino del país no está sólo ligado a lo que suceda en las Universidades, sino que compromete a todas las esferas de la formación técnico-profesional.

            Colom  y Mélich en “Después de la Modernidad” plantean que la educación no ha escapado al vértigo de la ideología postmoderna. La ausencia de fundamentos axiológicos supone el signo más inequívoco de su crisis, amenazando con ello su propia entidad.  La educación tiende a desarrollarse hoy día en función del poder político, económico-social y cultural de turno, reproduciendo constantemente el orden social existente y distribuyendo los bienes culturales de acuerdo a los intereses de los grupos dominantes. La educación actualmente estructura una vida mecánica que tiene como producto inmediato sólo el trabajo, el éxito, el dinero, ocio y consumismo,  lo que pone en peligro la propia libertad del ser humano.

            Las actuales condiciones sociales han creado nuevas situaciones que han facilitado que el carácter del saber cambie. Los tesoros del saber ya no pueden entenderse como una ciencia dada para siempre, petrificada, guardada en una sarcófago y protegida por regularidades, conceptos, categorías, variables y juicios eternos. Hoy día la velocidad de la información y el destello incontrolable de nuevos datos ha trasladado los fundamentos de los nuevos saberes a la comunicación y sus distintos lenguajes.

            Esta situación transforma también la educación que, habiendo  estado basada en la entrega de estos saberes cristalizados, hoy día se fundamenta en los permanentes avances y modificaciones continuas del conocimiento, que pervive sólo a través de sus mutaciones infinitas. Por ello, saber será en la actualidad innovar y cambiar sin cesar, y sobrevivir en un mundo de estas características exigirá adaptarse fatalmente a los cambios permanentes de la sociedad.

            Desde esta perspectiva, la formación tiene que entenderse como preparación para el cambio en un mundo laboral donde los instrumentos de trabajo son la utilización de tecnologías computacionales cada vez más complejas, el trabajo en equipo, la plurifuncionalidad, discrecionalidad en la toma de decisiones, responsabilidades mayores y aumento constante de la productividad y la eficacia.

            La enseñanza superior debe propender a un aprendizaje activo de los alumnos a través de la investigación y el trabajo en equipo, superando de esta manera el modelo de enseñanza limitado a traspasar y memorizar conocimientos. En este sentido, el proceso del aprendizaje debe estar centrado en el alumno con un trabajo exploratorio, cooperativo, de búsqueda y descubrimiento de nuevos conocimientos. Se trata de crear un “currículo de vida” a través de la entrega de destrezas cognitivas para desenvolverse con éxito en la vida real.
            Lo fundamental hoy día en cada nación es la producción mental, es la creación constante de capital intelectual. Los activos más valiosos de un país no son los tangibles, sino los activos intangibles como los conocimientos individuales e institucionales. Los  intangibles de competencia individual se refieren a la educación, experiencia, “know how”, conocimientos, habilidades, valores y actitudes de las personas. Los  institucionales son los métodos y procedimientos de trabajo, software, bases de datos, I+D, sistemas de dirección y gestión y la cultura de la organización. Los activos intangibles de estructura externa son todas sus relaciones con el entorno que aportan conocimientos a las personas e instituciones como  acuerdos de cooperación, alianzas estratégicas, de producción, tecnológicas y comerciales, entre otras.

            En definitiva, saber es gestionar adecuadamente el conocimiento. Su gestión implica la organización colectiva del aprendizaje permanente y abierto a todas las facetas concebidas del conocimiento y la acción, donde la violencia estructural, el castigo y la intimidación de la jerarquía son incompatibles con el conocimiento libre. Gestionar el conocimiento es articular una red de compromisos producida primariamente a través de promesas y peticiones entre las personas,  incrementar la toma de conciencia de los estudiantes sobre su participación en esta red de compromisos. Desde este punto de vista, gestión y comunicación son el mismo proceso.  La gestión no se refiere a la jerarquía organizativa de una administración clásica, sino a la capacidad de promover la innovación sistemática del saber y, al mismo tiempo, de sacarle el máximo de rendimiento en la producción de nuevos saberes.

            Gestionar significa utilizar el conocimiento como mecanismo para facilitar una mejora continua y asumir la responsabilidad sobre la acción de un sistema. Gestionar significa cómo influir sobre un sistema complejo, cómo dejar atrás la forma autoritaria tradicional en la educación y el aprendizaje para transformarse en una red compuesta por actores  -alumnos-profesores-autoridades institucionales- y organizaciones múltiples que aprenden colectivamente. Gestionar continuamente el conocimiento de todo tipo implica satisfacer necesidades presentes y futuras, para desarrollar nuevas oportunidades y lograr el liderazgo. Implica la planeación y control de acciones para desarrollar activos de conocimientos con el fin de alcanzar los objetivos personales y organizacionales.

            En este marco, la educación superior debe ser capaz de superar la actual rigidez de las clases con metodologías atrasadas e ineficaces. Por el contrario, debe buscar desarrollar  la capacidad de los alumnos para adaptarse a los procesos globalizadores, los cambios más intensos e imprevisibles, el tratamiento a la explosión informativa y el continuo avance tecnológico.

            La educación superior debe enfatizar la disposición de ánimo para adaptarse a todas las nuevas formas de organizar el trabajo que emergen junto al desarrollo de nuevas tecnologías: organizaciones horizontales, atención personalizada, productividad permanente, innovación constante, alto rendimiento, etc...

            Para cumplir con esta misión la Universidad se debe democratizar profundamente, garantizando la participación de todo su estamento en la discusión, creación, diseño, ejecución y evaluación de las políticas universitarias.  Debe ser autónoma del poder político y económico, rechazando legitimar los actuales desequilibrios y buscar formas nuevas de democracia que garantice el desarrollo integral de las personas. Se debe insertar en la creación e innovación permanente, fortaleciendo su capacidad prospectiva, adelantándose al futuro y desarrollando conocimientos pertinentes y necesarios al desarrollo de nuestra sociedad. 

            La crítica debe ser uno de los pilares esenciales de la universidad, permitiéndole crear valores que impregnen la conciencia de sus componentes y que moldeen la búsqueda incesante de formas sociales más justas. La enseñanza superior debe transmitir valores axiológicos fundamentales como la dignidad, libertad y solidaridad, percibir y vivir derechos y deberes, respetar la diversidad, buscar la equidad y asumir la crítica y el diálogo. Una Universidad comprometida con las artes, la ciencia y la cultura en la búsqueda de conocer los problemas del país y abrir constantemente nuevas posibilidades de desarrollo a la comunidad nacional.

            La Universidad debe ser capaz de crear líderes que tengan visión sistémica, estratégica, de futuro, innovadores, de manejo de complejidades e incertidumbres, generadores de cambios culturales profundos en los ámbitos de la ciencia, la tecnología, la política, la economía y lo social. Todo lo cual debe crear entornos favorables al desarrollo económico y la justicia social en la perspectiva del florecimiento integral de todos los integrantes de la comunidad nacional.

            La enseñanza superior, en fin,  debe propender a la formación cultural integral de la persona, a desarrollar a ésta en su perspectiva humanitaria plena, constructora permanente de más cultura, tolerante en la diversidad, constructivista, innovadora, respetuosa de la ecología, del equilibrio de la naturaleza y de los derechos humanos y comprometidos con la equidad social.



            Metodología

            Comprender estos nuevos rasgos de la sociedad actual obliga a elaborar metodologías que desarrollen nuevas formas de pensar basadas en las ciencias de punta y en la divulgación constante de nuevos conocimientos a través de los medios más modernos. Hay que partir integrando teoría científica, comunicaciones, práctica y contexto cultural, que nos dé una reconfiguración y vinculación adecuada y novedosa entre desarrollo económico y desarrollo socio-cultural. Lo económico debe asumir nuevamente su responsabilidad respecto a lo ético, étnico, político y social. De este convencimiento es posible sostener la necesidad de establecer un rol distinto de la reflexión filosófica sobre el papel de la ciencia y la metodología en el estado actual del mundo.

            Es fundamental integrar toda la ciencia y la innovación constante de ésta para que con un enfoque metodológico monista se logre una visión global y sintética de los problemas actuales de la humanidad y de los objetos y acontecimientos complejos que se estudian, dando respuesta a las exigencias específicas de las necesidades de la sociedad. Con ello la metodología de la investigación científica sistémica se orienta directamente, con un enfoque creador, a la solución de los problemas prácticos integrales. En este sentido la metodología adquiere además un carácter continuo.

            La metodología es meta-metodología cuando es analítico-explicativa y se refiere a tendencias, mutuas relaciones causales, necesidad y azar que nos muestran acontecimientos que “saltan” constantemente a nuevos estadios de complejidad. Es predictiva o sintética cuando es asertiva acerca de lo que viene, cuando plantea las condiciones para construir ese futuro, porque es capaz de ver ese futuro dentro del acontecimiento, problema u objeto que investiga.

            La metodología es episte-metodología cuando se transforma en un sistema de determinadas teorías científicas explicativas que cumplen el rol de principios dirigentes y de medios para la realización de las exigencias del conocimiento de un problema, acontecimiento o hecho. La metodología es una manera de abordar la realidad y debe reflejar las tendencias del desarrollo de esa realidad. Sólo el conocimiento de esas regularidades, necesidades, conectivas, patrones de conducta y mutuas relaciones nos permite aproximarnos al fenómeno que nos interesa conocer. Ello exige crear y desarrollar un marco teórico pertinente para avanzar en el esclarecimiento del objeto de investigación.

            La metodología conlleva la necesidad de “construir el futuro”, la idea de anticipación de un horizonte de posibilidades ilimitadas, de saber prospectivos: El marco teórico ayuda a decidir lo que se ha de observar. Sólo el descubrimiento de meta-saberes que nos lleve a algún principio formal universal podría conducirnos a resultados seguros. Siempre es indispensable una idea general del objeto a fin de “fijar los hechos”, a fin de marchar adelante. Los hechos no iluminados por la teoría se conservan opacos. Según una regla antigua y juiciosa las verdades se presentan contextualizadas; los errores, en cambio, aislados. (Luhmann).

            Lo anterior nos lleva a plantear el marco teórico como una sistema de conceptos, categorías, variables, patrones de cambio de largo plazo y redes causales que nos explica los porqué de hechos determinados, que nos ayuda a comprender acontecimientos y fenómenos de la actualidad en la perspectiva de su desarrollo futuro. Esto exige la permanente actualización de la comprensión en el tiempo con un entorno en que siempre está pasando algo, que siempre cambia e innova.

            Una episte-metodología con un marco teórico de estas características permite desarrollar capacidad de observación comprensiva que explique los hechos, acontecimientos, problemas o fenómenos desde su autorreferencia, es decir, que a pesar de que se refieren a sí mismo, incluyen además el entorno en la medida de su propia forma de operar. Entonces comprender y explicar es observar en relación al manejo de la autorreferencia, de cómo el entorno “cargado” de futuro se manifiesta en los componentes del sistema (fenómeno) que se investiga (Luhmann).

            Este tipo de marco teórico fortalece la posición del observador. Si a todo lo hasta aquí planteado, se asume también que las teorías científicas deben adecuarse a los hechos, y que ningún hecho es aceptado como controlado científicamente a menos que tenga cabida en alguna parte del edificio teórico establecido, se debe reconocer el papel relevante que ocupa la “observación del observador” en todas las etapas del proceso del conocimiento.

            La investigación asume como otro principio metodológico que la observación no es sólo igual a experimento o percepción sensible, que capta exclusivamente los fenómenos manifiestos, sus externalidades. Tampoco se supone que es desde el campo de experimentación desde donde se derivan concepciones y teorías por vía de la inducción.

            La mete-metodología sistémica nos obliga a establecer una correspondencia entre una figura conceptual o marco teórico y el fenómeno sensible, confirmando este último al primero, enriqueciéndolo además. El lugar que la metodología le da al análisis no sólo es de buscar datos, sino que construir una figura conceptual con la cual comparar el fenómeno sensible.

            El papel del experimento y la expresión en forma de ecuaciones y programación matemáticas de las relaciones entre distintos factores limitados, se reduce a asegurar esta correspondencia entre marco conceptual (teoría) y datos (Jorge Acevedo). Sólo cuando la información es utilizada y puesta en un marco contextual o teórico de referencia, se transforma en conocimiento. En esta perspectiva el conocimiento es la combinación de información, contexto, teoría y experiencia.

            Esto crea condiciones para la modificación de nuestro modo de pensar, que permitirá pasar de modelos mentales dominados por los hechos a modelos mentales basados en patrones de cambio de largo plazo y las estructuras subyacentes que generan esos patrones. Entonces lo que pensamos será una disciplina meta de ver totalidades, de ver interrelaciones en vez de cosas, de ver patrones de cambio en vez de “instantáneas” estáticas. (Peter Senge).

            Todos estos fundamentos de la metodología nos llevan al planteamiento de una metodología continua sostenida en el proceso del cognotivismo sistémico. Esto ayuda a crear nuevos conocimientos a partir de un enfoque total, no fragmentario, de los problemas y de entornos innovadores, que es la nueva fuente de poder (Colom-Mélich). Porque es el entorno inteligente el que crea personas inteligentes (Toffler). En esta perspectiva, una metodología moderna  exige entornos que faciliten la expansión de la capacidad para crear futuro, que opte por el aprendizaje generativo que aumenta la capacidad creativa basada en una visión compartida que potencia el entorno inteligente y renueva energías para el aprendizaje continuo. (Senge).

  
            Pedagogía

            Es necesario establecer un nuevo tipo de relación entre educación, metodología y alumno. El aula debe ser capaz de superar la actual rigidez de las clases debido al predominio de metodologías atrasadas e ineficaces. Por el contrario, lo que se debe buscar son formas nuevas de desarrollar capacidades en los alumnos para comprender las complejidades de la nueva sociedad en que vivimos: desarrollo tecnológico sin límites, explosión informativa, globalización, cambios intensos e imprevistos, innovación constante, alto rendimiento, etc.

            Para ello los objetivos educativos, las tecnologías pedagógicas, la capacidad del docente y la propia organización institucional deben tener un profundo sentido humanista. Si  educar es “aprender a aprender”, es enseñar a saber como conocer más, es aprender el mismo de sí mismo, entonces el educando debe transformarse en un sujeto capaz de explicar, comprender, prever y construir lo que viene. El enfoque de “aprender a aprender” implica además desarrollar el poder de abstracción y capacidad de pensar en términos de sistemas, capacidad de aprender experimentando, comunicarse efectivamente y trabajar colaborativamente.

            Las nuevas tecnologías pedagógicas deben encontrar la forma de crear novedosas redes conversacionales entre educador y educando, que introduzca a éste último en el mundo complejo, abstracto, heterogéneo, diverso, inconmensurable, plurívico, cibernético, cambiante e incierto actual. El profesor debe crear las condiciones para que el alumno desarrolle su propia  manera de ver el mundo y entenderlo.

            En esta perspectiva, como lo plantea Viola Soto, el currículo no puede ser  desagregado y jerarquizado, con materias aisladas entre sí y sobrevaloradas unas respecto a otras, dando por supuesto asignaturas dogmáticas, sesgadas y carentes de visión olística y con jerarquías rígidas. Ello rebaja la educación a un mero valor agregado de la producción que genera recursos humanos aptos sólo para la “dura batalla de los mercados”, legitimando entre otros, todo lo existente desde el punto de vista de la contradicción progreso tecnológico/regreso social.

            Por el contrario, los nuevos currículos deben ser integrados, que favorezca la horizontalización en la participación de los profesores y una mayor conversación y diálogo de éstos y los alumnos. Esto cuestiona por supuesto, toda la actual estructura de la educación, que no es capaz de ver la interrelación de los diversos problemas, haciéndose cómplice con ello de la profunda marginalización cultural que viven cada vez mayores sectores de la población de nuestro país.

            La educación superior debe enfatizar las competencias comunicacionales, la experiencia personal, la reflexión sobre la existencia y las relaciones humanas; crear contextos sociales al uso de las matemáticas para llenarlas de vida; fortalecer las capacidades de expresión y de apreciación del arte e integrar a los alumnos al aprendizaje de diseños de procesos y su adecuado uso.

            El modelo curricular debe ser integrador y flexible que incluya aprendizajes significativos de acuerdo al desarrollo actual de la sociedad, pero respetando al mismo tiempo los espacios geoculturales de las personas.

            Hay que buscar nuevas formas de educar para poder incorporar a aquellos sectores que están más postergados y han sido poco atendidos, acompañándolos en la necesidad de enfrentar y superar esta problemática de la sociedad actual que los dejó “no aptos”, recorriendo con ellos su reincorporación al sistema y la superación de esta brutal marginalización.

            Hay que maximizar la eficiencia curricular a través del aprovechamiento de la tecnología de la información existente, en especial el computador, internet y la propia televisión. Su aprovechamiento en un sentido pedagógico permitiría que los estudiantes y las personas en general adquieran un bagaje cultural mayor que abra la mente a  conocimientos innovados continuamente.

            Los medios de comunicación deben adaptarse a los planes y programas de estudios con contenidos mínimos significativos que permita a los educados a adquirir visiones universales y locales, a pensar globalmente y actuar localmente. Pero al mismo tiempo se debe desarrollar una actitud crítica frente a los mensajes que esos medios envían, permitiendo con ello que el estudiante  forme sus propios sistemas de conocimientos.

            El aprendizaje significativo debe desarrollar la flexibilidad y la creatividad, el pensamiento divergente, la pluralidad, el desarrollo de la voluntad, el respeto por el medio ambiente, escalas de valores y competencias y actitudes culturales e intelectuales para enfrentar la nueva realidad que les impone esta sociedad de la información y del conocimiento.

            El profesor debe ser capaz de guiar este proceso de aprendizaje para desarrollar la mente de los educandos. Para Krishnamurti la mente son los sentidos, capacidades, recuerdos, experiencias, conocimientos, etc. La mente de la gente encarna toda su experiencia, tanto personal como de la humanidad toda. Educar la mente es, entonces, dejarla propicia  con tecnologías pedagógicas actualizadas, para que pueda abarcar la vida en su conjunto sobre la base de un marco de libertad adecuado. Acrecentada de esta manera la inteligencia de la propia mente, aprender  según este autor, “implica aprender a pensar, a inquirir, a indagar, a buscar respuestas y soluciones a los problemas que plantea el existir. Lograrlo es la coronación exitosa de la labor propia del maestro entendido como líder del aula.

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