miércoles, 17 de agosto de 2011

Calentamiento global, ética cósmica y pensamiento holístico-sistémico


 El Informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) emitido el 2 de febrero recién pasado es categórico: El calentamiento global del clima es inequívoco, y su origen es muy probablemente la actividad humana. Y esa actividad humana no es otra que el proceso de industrialización vivido por la sociedad humana en los últimos tiempos tanto en el sistema capitalista como socialista. Ello ha provocado fuertes emisiones de dióxido de carbono (CO2), cuya concentración en la atmósfera ha llegado a 379 partículas por millón en 2005, acelerándose este proceso en el decenio 1995-2005, en 1,9 partículas por millón cada año.
Esta nueva situación que vive la humanidad, y que ha sido confirmado por más de 3 000 científicos de distintas partes del mundo que han participado en el Panel Internacional de la ONU, traerá como consecuencias para el planeta un cambio climático irreversible que no podrá ser detenido al menos durante un siglo. Esta nueva situación implicará aumento de la temperatura de la Tierra, provocando con ello profundos trastornos metereológicos como grandes olas de calor con elevación de la temperatura del agua lo que incrementará los huracanes, ciclones, tifones, fuertes sequías, inundaciones, pérdida y/o desapariciones de glaciares, pérdida de superficies fértiles, desaparición y migración de especies y cambios drásticos, en fin, de la biodiversidad del planeta.
Este calentamiento que el planeta experimentará durante el siglo que recién comienza será de entre 1,8 a 4,0 grados Celsius de promedio, lo que hará que el mar aumente también como promedio en unos 58 centímetros producto del derretimiento de hielos polares. Este aumento de las aguas del mar no será parejo, y en algunas costas será mucho mayor –de hasta seis metros-, provocando grandes catástrofes como migraciones humanas por desaparición de ciudades y el fin de algunas especies consideradas hoy día vulnerables o en peligro de extinción.
Este momento de extremo peligro para un conjunto de especies del planeta Tierra, entre ellas la de hombres y mujeres, obliga a desarrollar una nueva filosofía del saber y del pensar humano que tenga como base la integración de todos los conocimientos, habilidades, capacidades, intuiciones y el saber ser que permita comprender y desarrollar una nueva forma de aproximarse de la sociedad toda, a la naturaleza y a la vida diaria. Desde esa perspectiva, se plantea que la cultura, la economía y la educación deben ser entendidas como parte del medio ambiente y, en esta integralidad, como base de todo proyecto de desarrollo humano. (Romero, Cruz y Hernández. 2006).

EL PROCESO FORMATIVO
Los seres humanos somos seres que aprendemos y en este aprender vamos conservando o cambiando un mundo que surge constantemente de las interacciones que efectuamos entre nosotros. Este construir colectivo es un proceso biológico natural cuando se realiza por medio de situaciones de consensualidad, estableciendo dominios de conducta a través de interacciones recursivas que están determinadas por los cambios estructurales coherentes que en ellos se producen debidos a su propia plasticidad estructural.
Aprender en el educar como proceso biológico natural y normal se constituye cuando niños, jóvenes y adultos conviven con el otro creando espacios de convivencia donde sus maneras de vivir se van haciendo cada vez más congruentes. Esto se construye sobre la base ética de aceptarse y respetarse a sí mismos, aceptando y respetando a los otros. Por lo tanto, la educación es desde el punto de vista de la ética de la naturaleza, convivir con el otro en respeto y dignidad entre ellos y de ellos con su entorno social y natural.
Por el contrario, cuando el mundo que se construye no es sobre la base de la consensualidad sino de la imposición y la violencia, del no respeto por el legítimo otro que se manifiesta en profundas diferencias sociales, opresión de unos por otros, guerras y marginalidad, depredación, destrucción de los ecosistemas, no sustentabilidad de determinados modelos económicos impuestos por la fuerza va acompañado de una educación que no es ética, natural y normal porque reproduce esta forma no social, violenta y agresiva de vida.
Al reproducir la educación estas formas de relacionarse de los humanos en su no aceptación mutua y desconocimiento de la dignidad de cada uno, en el no respeto del otro, la otra y lo otro y en la ignorancia del entorno, el aprendizaje no transcurre como un proceso biológico, biosocial, porque no es capaz de construir espacios de convivencias y los seres humanos se van haciendo cada vez más incongruentes, distantes unos de otros, competitivos, agresivos buscando el éxito personal construido sobre la base de la competitividad que implica necesariamente la derrota del otro, tan propio y característico del sistema capitalista.
La crisis planetaria que hoy día vivimos se debe justamente porque no se han creado los espacios de convivencia como una forma de relacionarse de los humanos no sólo en el mutuo respeto entre ellos, sino que de todos los seres vivos y en la convivencia con la Gaia en general, base de toda ética cósmica y, por supuesto, de nuestra propia naturaleza.
La nueva situación de crisis planetaria exige la formación de una nueva ética y conciencia para la comprensión de la complejidad del calentamiento global, y la exigencia del desarrollo de profundos conocimientos en la confluencia interdisciplinaria de todos los seres humanos de diversas profesiones, en un esfuerzo por implementar una nueva educación ambiental que atreviese a todos los sectores económicos, sociales, culturales y políticos de la sociedad en el mundo entero.
Esta nueva manera de ver la crisis ambiental debe realizarse teniendo presente la contradicción que impera en la actualidad entre la implementación de diversos modelos económicos –entre ellos el capitalista neoliberal y el desarrollo industrial Chino- y las políticas medioambientales necesarias de respetar, con una cada vez menos capacidad de los ecosistemas de soportar modelos de desarrollo económico insustentables, que no tienen en sus perspectivas el respeto por la vida toda.
Martha Roque Molina (Cuba, 2006) plantea una serie de principios de la educación ambiental que hoy día es necesario tener presente, como que ella debe tener una ética ambiental, un carácter ideológico, sistémico e interdisciplinario, una clara interdependencia entre la problemática ambiental y el desarrollo, un carácter global e histórico. Que se produzca unidad y respeto entre soberanía, independencia y colaboración internacional en el contexto de las políticas ambientales internacionales. Unidad además entre el saber científico y el saber tradicional en el contexto de las relaciones ser humano-sociedad-naturaleza. Vínculo estrecho entre lo cognitivo y lo afectivo, entre ciencia y tecnología y entre disciplina colectiva y responsabilidad individual, todo ello agregamos, construido sobre la base de una macroética de la vida.
Esta posición de Martha Roque obliga a superar en la educación tradicional una enseñanza/aprendizaje segmentada en áreas de conocimientos desvinculadas entre sí, reemplazándola por una formación que consiga en los aprendices una formación integral, asociativa, holística y sistémica. Desde esta perspectiva es necesario integrar conocimientos inter y transdiciplinariamente para asegurar el saber ambiental en los distintos niveles de formación que se entregan en nuestros países, con el fin de que se entienda que el ser humano y todas las demás especies se mantienen vivos sólo en su relación constante con una naturaleza perfectamente equilibrada sobre la base de su propia ética.

PENSAMIENTO SISTÉMICO-HOLÍSTICO Y ASOCIATIVIDAD
El universo es diverso y su unidad se fundamenta en la integración de las diferencias que permiten la sincronización, el movimiento, el desarrollo y la evolución. La evolución tiende a una mayor diversidad y complejidad. Pero el universo, y la naturaleza dentro de él, aceptan, comprende e integra esta diversidad. El universo y la naturaleza acogen a todo en sí: es la ética cósmica y la ética de la naturaleza, es el universo entendido como una expresión mental que actúa y se organiza con pautas y procedimientos coherentes integrando lo micro y lo macro cósmico, es decir, integrando la diferencia (May, 2001). En este sentido la naturaleza está comprendida en sí mismo, no existiendo ningún principio exterior que la proteja. Las “barandas” que sostienen a la naturaleza son intrínsecas, propias de ellas, creadas por ella misma en un libre juego dialéctico entre la diversidad de sus componentes.
La naturaleza y sus diversos territorios es un todo interrelacionado de energía que interactúa constantemente condicionándose los unos a los otros sostenida en un sustrato ético de fondo, en una flecha del tiempo que le da sentido a la vida. Cualquier movimiento o cambio en cualquier singularidad del todo tiene que ver con el todo en movimiento. En este sentido la humanidad es vida en la vida. Somos naturaleza porque estamos entramados en las grandes redes de la naturaleza. Más aún, la humanidad está sincronizada con todo lo vivo, formando parte de sus ritmos biológicos, de su ética.
La permanencia de la especie humana en el tiempo está condicionada por la subsistencia de todos los componentes de la naturaleza: vegetales, minerales, agua, calor, frío y para seguir viviendo debemos mantenernos en equilibrio igualitario y horizontal, no jerarquizado con todos los reinos existentes en la naturaleza.
La vida tiene la capacidad de moldear las condiciones de la tierra que le permitan seguir viva, satisfacer sus propias necesidades en los marcos del respeto a la ética de la naturaleza y del propio cosmos. Existe una relación dialéctica entre la vida y su entorno territorial: la vida ha configurado, ha ido creando sus propias condiciones para vivir, creando un entorno territorial apto para ella, un entorno que le permita vivir, desarrollarse, evolucionar. Al principio, el entorno territorial creó condiciones mínimas para la vida y en el transcurso de su desarrollo, a su vez la vida fue desarrollando un entorno cada vez más favorable para que la vida evolucionara a través de la relación entrópica entorno/sistema y del incremento de la complejidad. En este sentido, el planeta debe ser considerado como un ente vivo que es regulado en los marcos de la ética de la naturaleza, por esta relación sistémica entorno/seres vivos que algunos denominan Gaia. La existencia de la Gaia como sistema de control ha transformado la evolución actual del planeta en una construcción biológica (J. Lovelock, 2005) que la protege contra las perturbaciones tanto de su entorno más lejano como de las generadas dentro del propio sistema.
Este sistema de control de Gaia ha sido de una gran invariabilidad en el tiempo que le ha permitido hasta ahora defenderse de las agresiones de elementos del cosmos como la tendencia al recalentamiento de las estrellas, entre ellas del sol. Hasta hoy día también ha sido capaz de mantener la vida en el planeta a pesar de las propias perturbaciones territoriales que el ser humano ha ido creando en su devenir industrial actual, pero también con sus cultivos y ganado depredando los ecosistemas. Este continuo y prolongado consumo de los recursos naturales de los diversos territorios del planeta, ¿cómo influirá en el devenir de este sistema de control de la vida que es la Gaia? ¿Será capaz de seguir protegiendo el entorno territorial de los daños que cada vez más le produce la humanidad? En las actuales condiciones de calentamiento global ¿será capaz la Gaia de seguir manteniendo los distintos territorios del planeta en condiciones para que la vida pueda seguir viviendo? ¿Se mantendrá en el tiempo esta ética de la naturaleza como sostenedora de la vida, o ella será avasallada por la actividad inmoral de los centros empresariales y gubernamentales capitalistas hegemónicos nacionales y transnacionales que controlan las tendencias principales de la actividad humana global?
Frente a esta delicada situación, el ser humano debe incrementar el desarrollo de su conciencia en un sentido de amplitud a través de un pensamiento global que le permita entender hacia donde va la evolución de los seres vivos, entre ellos, los humanos. En esta nueva conciencia debe entender que los seres humanos somos criaturas creadas a imagen y semejanza del orden universal y de nuestra propia naturaleza y de que lo que nos mantiene como seres vivos es esta ética de la naturaleza o ética cósmica.
Los seres humanos debemos abandonar la mentalidad antropocéntrica, individualista y egocéntrica que nos separa del resto de la naturaleza y su ética, que nos escinde del mundo y nos empuja a vivir en la particularidad egoísta de lo personal sin entender que estamos vinculados al todo a través de infinitas redes que nos permiten seguir vivos.
La mente humana debe ser expresión de la gran mente cósmica que lo induzca a vibrar con el todo en la unidad con la naturaleza, en profundo respeto por sus procesos de evolución y conservación de sus diversos territorios, permitiendo que éstos sean, se expresen y vivan en relación a su propio propósito. El ser humano debe desarrollar una conciencia global que le permita actuar localmente con una visión de unidad abarcante, integradora, asociativa, inclusiva que ve lo Uno en lo diverso, que vea el territorio en el marco de la totalidad a la cual pertenece, en definitiva que vea la diversidad territorial de la naturaleza -base de la ética cósmica-, como el centro generador y regulador de las condiciones (Gaia) para que la vida siga su curso en cada territorio y en el planeta entero.
Se debe desarrollar una nueva conciencia que supere la visión de la supremacía del hombre sobre la naturaleza, y que partiendo de esta creciente preocupación por el equilibrio y la sustentación que hoy día existe, pase aceleradamente a una conciencia centrada en la ética de la integración de todas las formas de vida y la responsabilidad colectiva por el conjunto del planeta, satisfaciendo las necesidades de toda la Gaia. Todo lo anterior exige la adopción de una postura que asuma el respeto por todas las diversas esferas de la vida, es decir, la preservación y la integración de la vida toda. Esta es la única posibilidad de seguir manteniendo al Planeta Tierra como un sistema de vida que sustente la vida humana y todas las formas de vida. El sistema educacional chileno debe asumir urgentemente esta nueva forma de pensar y de entender la relación entre seres humanos-totalidad de los seres vivos-naturaleza sobre la base de una sólida ética cósmica.


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